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El niño que engañó al Ébola

  • Mamadee, de 11 años, ha sobrevivido al virus con una actitud excepcional
  • Médicos Sin Fronteras ha sido testigo de su historia en Foya, en Liberia

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Mamadee, el niño que engañó al Ébola

Un pequeño transistor y un espíritu excepcional. Es todo lo que ha necesitado Mamadee, un niño de 11 años, para impartir una lección magistral de vida en medio de la devastación que el Ébola causa en Liberia.

En el centro de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Foya, aproximadamente dos de cada tres pacientes no sobreviven al virus. La gente está débil. Yace en sus camas mientras se debate entre la vida y la muerte en una partida tramposa que tienen difícil ganar. Todo es languidez. Todo, excepto la risa de Mamadee.

Desde una radio suena un ‘Azonto’, un género musical procedente de Ghana, y el niño se pone a bailar. Salta, se agacha, balancea sus caderas y sacude sus brazos. No se detiene. No se cansa. A su alrededor todos le miran entre extrañados e impresionados. Aunque no lo parezca, el pequeño también es un paciente confirmado de Ébola.

Contagio de buena energía

Cuando Mamadee llegó al centro por primera vez el 15 de agosto, los análisis dieron negativo por Ébola y fue dado de alta. Tras pasar la noche en una pensión, su pueblo, Sarkonedu, queda demasiado lejos, desarrolló algunos síntomas y fue readmitido al día siguiente. Presentaba varios síntomas: náuseas, fiebre, dolor muscular, cansancio intenso, dolor abdominal y diarrea.

El 20 de agosto, el segundo resultado de la prueba del Ébola resultó como se esperaba: positivo por virus de Ébola. Lo único que no encajaba en la imagen era que, mientras tanto, el joven Mamadee ya se sentía bien y andaba corriendo por ahí.

"No podíamos creerlo", dice la doctora de MSF Roberta Petrucci. "Pensamos que debía haber sido un error." Cuando el personal médico realizó otro análisis de sangre pocos días después, se dieron cuenta de que no había habido ningún error. Mamadee todavía daba positivo por el virus.

"Su historial médico es sobresaliente, aunque no excepcional", afirma la doctora. Petrucci. "Pero sin duda, su actitud sí que es lo es. Todos los días, Mamadee contagia su buena actitud a los pacientes y al personal. Siempre está sonriente y feliz. Agrada a todo el mundo. Al mismo tiempo que deseamos que salga de aquí lo antes posible, va a ser muy triste y le echaremos de menos una vez que se vaya".

Un juego mortal

Rodeado de los pacientes enfermos, Mamadee era la distracción del lugar, explican desde la organización. Pasaba sus días durmiendo, comiendo, charlando con los otros pacientes, y bailando por supuesto. Y era capaz de convertir cualquier cosa en un juguete, ya fuera una hoja de papel, una lata de refresco o una bolsa de agua.

Pero un centro para pacientes de Ébola no es un parque para niños. Mamadee ha tenido que ver cosas terribles. "Este lugar está lleno de gente que muere. El Ébola es una enfermedad que te hace vomitar y sangrar por la nariz y acaba con tu vida", dice el pequeño. "Así se lo contaré a mis amigos cuando vuelva a casa”.

El regreso al hogar tardó en llegar. Su hermana Maya, de 14 años, también resultó infectada. No sobrevivió al virus. Falleció en una tienda de campaña contigua a la suya sin que esos “hombres con impermeable amarillos” pudieran hacer nada por evitarlo.

En total, según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 2.917 personas han muerto y se han detectado 6.263 casos en los cinco países africanos afectados: Liberia, Guinea, Sierra Leona, Nigeria y Senegal.

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