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'Misántropo', el precio de buscar la verdad a toda costa en el siglo XXI

  • Miguel del Arco lleva los arquetipos del siglo XVII francés al XXI español
  • Con Israel Elejalde y Bárbara Lennie, hasta el 22 de junio en el Teatro Español

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Israel Elejalde y Bárbara Lennie son Alcestes y Celimena, la pareja protagonista de 'Misántropo'.
Israel Elejalde y Bárbara Lennie son Alcestes y Celimena, la pareja protagonista de 'Misántropo'. Eduardo Moreno

¿Qué es la verdad? Ninguna de las grandes preguntas de la humanidad tienen una respuesta unívoca. Sin embargo, cada época busca su forma de contestarlas y, desde la antigua Grecia, el teatro se puso al servicio de la filosofía para ayudar en la ardua tarea de trasladar el veredicto al gran público.

Parece increíble que los pensamientos de Aristóteles o Plauto puedan seguir tan vivos en los tiempos que corren. Los temas son universales aunque las personas cambian. Por eso resulta tan actual la adaptación libre de El Misántropo de Moliére dirigida por Miguel del Arco que Kamikaze Producciones presenta estos días, y hasta el 22 de junio, sobre las tablas del Teatro Español de Madrid.

Volviendo a reunir al equipo que logró los éxitos de La función por hacer (2009) y Veraneantes (2011), el director, uno de los más aplaudidos del panorama teatral nacional, ha llevado los arquetipos del siglo XVII francés al siglo XXI español.

Un elenco encabezado por Israel Elejalde, Bárbara Lennie (Águila Roja) y un soberbio Raúl Prieto (Los Misterios de Laura), que encarna a los banqueros, políticos y artistas cargados de ego y prejuicios que con un exquisito empleo del lenguaje transforman la verdad a conveniencia para acercar, en la medida de lo posible, el ascua a su sardina.

No se puede decir que exista una evolución en los personajes. Todo lo contrario, son planos y se quedan donde están. Sin embargo, el mérito de del Arco es que consigue que el que se mueva sea el espectador, ya que los personajes funcionan como una maquinaria perfectamente engrasada para dibujar las múltiples caras de un individuo.

En las cloacas de la sociedad

La puesta en escena es fundamental. Todo tenía que pasar en un callejón oscuro bajo la luz de unas farolas. La trastienda de una sala de fiesta, la cara fea del mundo, la parte de atrás. Donde las conversaciones huelen y saben mal, solo allí pueden aflorar los verdaderos sentimientos, solo allí la hipocresía se quita el disfraz.

“Escarbar, profundizar, investigar”, así explica del Arco el abordaje del texto de Molière. “Cuando pintáis a los hombres, hay que hacerlo del natural”, aclara. La música, el eco vibrante, eléctrico y bullicioso de los cuerpos que bailan, las manos que brindan, las miradas que juzgan, las lenguas que murmuran, los enredados en amores y miedos, en vanidades y euforias, las dichas y desdichas de los hombres retratadas en sus sombras.

¿Merece la pena buscar la verdad cuando su esencia áspera y dura puede desbaratar nuestra imperiosa necesidad de confort y placer? “Alcestes (Elejalde), nuestro protagonista, quiere, anhela vivir en la verdad y pone en peligro su integridad por defenderla. Quiere ser honesto y sincero y que los demás lo sean con él. Pero como cualquier ser humano está lleno de contradicciones”, razona el autor. “Un personaje clásico metido dentro de una comedia”, explica. La vida misma.

En resumen, un dibujo contemporáneo y ácido de la aversión al trato humano en el que el humor y el ritmo vertiginoso de la puesta en escena no sólo no esconden sino que descubren la profundidad del clásico. Un gesto simultáneo de desconfianza y de esperanza en las personas que hace pensar en la relación entre lo que decimos y lo que hacemos.

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