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Activistas cantan canciones en homenaje a Mandela AFP AFP PHOTO / ODD ANDERSEN

Sudáfrica encara su incierto futuro sin Mandela

  • La muerte de Mandela deja al país sin su referente moral

  • La inseguridad, la desigualdad y la pobreza, focos de conflicto

  • Su partido, con la imagen dañada por la corrupción, pierde a la gran referencia

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"Espero que el foco que puso sobre la reconciliación viva y florezca en Sudáfrica por mucho tiempo", indicó el pasado miércoles el expresidente afrikáner, Frederik de Klerk, a la salida de la capilla ardiente de Nelson Mandela. Sus palabras sugieren una cierta inquietud. ‘Madiba’ era un icono moral para el país, un recordatorio constante del éxito del camino de la reconciliación. Pero hoy algunos guardan el temor de que, con un país asediado por la corrupción, la desigualdad, la criminalidad y el desempleo, puedan resucitar los odios raciales, ahora que el líder sudafricano no está para amainarlos.

El de Mandela fue el talento de un gran estadista al servicio de la reconciliación. Pero para el sacerdote y director de la revista Mundo Negro, Jaime Caldera, ahora ese mensaje se empieza a esfumar. “Me da la impresión de que en los últimos años esto se ha ido diluyendo y la confrontación vuelve a ser bastante fuerte”, asegura a RTVE.es.

Sus herederos políticos, gobernantes surgidos de su propio partido, no parecen haber sabido continuar la estela. “Mandela fue un orgulloso miembro del partido durante muchos años, pero el partido hoy no es el partido del que era miembro. Ha cambiado radicalmente”, aseguraba a AFP el experto Jeremy Sampson. Casi 20 años después de iniciarse el proceso de transición, el 42,9% de los sudafricanos son considerados pobres según un estudio del Banco Mundial de 2010.

“Estas desigualdades tan evidentes provocan tensión. Que el pobre vea que la riqueza está tan cerca y no tenga acceso a ella, automáticamente se rebota y crea una tensión social”, comenta Caldera. La difícil transición obligó a dejar cuestiones pendientes que, lejos de haberse resuelto, están profundizando en la brecha social.

El problema de la tierra

Una de las más importantes fue la de la propiedad de las tierras. La garantía de respetar los derechos de propiedad ‘afrikaners’ fue una de las concesiones clave para alcanzar la reconciliación. Hoy, el país posee uno de los cocientes de desigualdad social más grandes del continente y las grandes fortunas y propiedades siguen en manos de la minoría blanca.

“Las diferencias entre diferentes grupos raciales, especialmente las que afectan al grupo negro de la población han aumentado significativamente”, aseguraba en un informe el grupo de estudios alemán Bertelsmann Stiftung.

Sudáfrica no ha conseguido acabar con la desigualdad entre blancos y negros

“Cuanto mas fuerte sea la división social, económica, más fuerte es la tensión. Y Sudáfrica ya está entre los países con un nivel de violencia más alto, precisamente por estas grandes diferencias sociales”, recuerda Jaime Caldera. Algunos jóvenes líderes negros empiezan a plantear cuestiones que modifican el mensaje de Mandela.

Una juventud desencantada

Julius Malema podría ser un ejemplo de esa nueva juventud. Nació en 1980, y tenía 10 años cuando liberaron a Mandela. Pronto se convirtió en un líder enérgico de las Juventudes de Congreso Nacional Africano (CNA). Sus incendiarios discursos, cargados de racismo y revanchismo contra los blancos, le han valido varias condenas y reprobaciones tanto ante la justicia como dentro del partido.

“La doctrina de Malema no deja de ser un tanto racista, excluye a la población blanca, y Mandela nunca cayó en esta trampa,” comenta el sacerdote Caldera.

En 2011, el joven líder negro declaró una “guerra económica” contra la población blanca para “reclamar lo que es nuestro”. Expulsado del CNA, en 2013 fundó una nueva formación, el movimiento de los Luchadores por al Libertad Económica con un mensaje revisionista.

Quizás sea la más radical, pero la suya no es una visión única. Algunos líderes del CNA ya empiezan a plantearse una ‘revisión’ de los pactos de reconciliación que logró Mandela. Por su parte, el Gobierno comienza a considerar algunas de estas propuestas. De hecho, el Ejecutivo de Jacob Zuma se ha comprometido transferir tierras para 2014 a los sudafricanos negros.

Corrupción y falta de liderazgo

Los abucheos Zuma durante el funeral de Mandela pusieron de manifiesto la poca credibilidad que tiene el Gobierno actual. No en vano, al mandatario le asedian casi 800 acusaciones de fraude y corrupción. El presidente ha despertado las iras de muchos sudafricanos, algunos de ellos votantes incondicionales del CNA al que se denomina, casi instintivamente, el ‘partido de Mandela’.

Quizá sea la figura más representativa de uno de los males endémicos del país: la corrupción de toda una suerte de aristocracia política.“Muchos se han aprovechado de la imagen de Mandela, porque Nelson Mandela tiene mucho tirón”, indica Jaime Caldera. “Es muy fácil unir el CNA con Nelson Mandela, y ponerse la etiqueta de Mandela, identificar al CNA como el partido salvador de Sudáfrica”.

Pero el CNA está perdiendo fuerza, por la corrupción y por la falta de líderes carismáticos. No obstante, según observadores citados por AFP, se espera que consiga un 60% de los votos en 2014.

“Hay un cierto desgaste que está pasando factura, pero les sigue salvando que cuando llegan las elecciones se siguen presentando como los que trajeron la libertad a Sudáfrica… Y es verdad, pero esto fue hace 20 años, ahora ya no”, apunta el director de Mundo Negro.

Según Transparencia Internacional, Sudáfrica ocupa hoy el puesto 72º del mundo en el índice de percepción de la corrupción. En torno al Congreso Nacional Africano se suceden continuamente las acusaciones. Incluso la propia familia de Mandela está en entredicho.

Esta corrupción tiene un peso transcendental en el desarrollo de una economía estancada. Según un informe de Competitividad Global, Sudáfrica se encuentra hoy entre las 10 economías menos competitivas. El paro alcanza ya el 25% de la población, el 40% entre los jóvenes.

“Viví el apartheid y lo sobreviví. Con la llegada de la democracia, esperaba vivir una vida mejor junto a mis hijos. Nunca pensé que iba a ser más pobre de lo que era antes”, explicaba en 2012 a la cadena BBC la enfermera retirada Nomvula Ndlovu.

En los últimos 20 años, la imagen sudafricana ha sufrido mucho. La Sudáfrica democrática tiene ahora un gran reto: el de estar a la altura de su padre fundador. Y tendrá que hacerlo sin la tutela moral de Nelson Mandela.

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