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"Dentro de una casa hay mucha tristeza cuando se vive a oscuras y hace frío"

  • El 18% de las familias tendrá problemas para calentar su casa este invierno
  • La llamada pobreza energética hace mella en mayores y familias en paro
  • Los altos costes agua, luz o gas impiden prosperar y obligan a privaciones
  • Las ONG piden a empresas y Administración más ayudas a grupos vulnerables

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Cada vez más personas tienen problemas para mantener una temperatura adecuada en su casa.
Cada vez más personas tienen problemas para mantener una temperatura adecuada en su casa. Getty Images/iStockphoto THINKSTOCK

Con el invierno oficialmente a la vuelta de la esquina y el frío ya bien instalado, impacta saber que casi el 18% de los hogares españoles no podrán mantener su vivienda suficientemente cálida en invierno y que se trata de un número que ha crecido 4,3 puntos desde 2007.

Estos datos conocidos en la Encuesta de Condiciones de Vida 2012 del Instituto Nacional de Estadística (INE) ponen de nuevo el foco sobre un término acuñado recientemente, el de la pobreza energética, que alude a una situación que, sin ser nueva, toca a cada vez más familias, que no disponen de agua, luz o climatización para las necesidades básicas, como mantener la vivienda a una temperatura adecuada para la salud (18 a 20ºC en invierno y 25ºC en verano).

Por ser un asunto doméstico, el frío y la oscuridad que se apoderan de estos hogares pasan más inadvertidos y esconden las dificultades por las que pasan muchas familias.

"Hay un deterioro total en algunas casas que produce una gran precariedad y una gran pobreza en el interior. Dentro de una casa hay mucha tristeza cuando faltan cristales, las puertas no cierran, se vive a oscuras, hace frío, las familias viven amontonadas o hay humedades", explica Mercè Darnell, responsable de los programas y servicios de Cáritas de Barcelona.

Poca renta, viviendas mal equipadas y altos costes

No poder mantener la temperatura adecuada perjudica de manera evidente el bienestar personal y hace que la salud se deteriore. Quienes viven así sufren más de dolores de espalda, de cabeza, niños y adultos se constipan más...

Es lo que ocurre en casa de Marisa Hag, madre en paro de cinco hijos que vive en el barrio madrileño de Vallecas. Con la voz tomada por un fuerte catarro, explica a RTVE.es que con unos ingresos de 398 euros al mes, tras los gastos del alquiler y el comedor escolar de sus hijos, le quedan apenas 23 euros para ir pagando los recibos cuando puede. Se ha quedado sin suministro en alguna ocasión: "Hace mucho frío, pero no ponemos la calefacción", cuenta.

La mayoría de afectados tiene en común ser personas o familias que han tenido recursos y ya no los tienen, lo que afecta más a personas mayores con pensiones bajas y familias en paro sin apenas ingresos.

Existen tres causas principales que terminan desembocando en estas situaciones: un bajo nivel de renta, una baja calidad de las viviendas que no permite retener la temperatura y acarrea mayores gastos y el incremento en el precio de los suministros de energía, que, señala Cruz Roja, se han encarecido más del 50% sobre el aumento del coste de la vida. En concreto, el recibo de la luz ha subido un 70% desde 2008, según datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

El 41% de las familias a las que atiende Cruz Roja destinan de media entre 100 y 200 euros al mes para pagar electricidad, agua y calefacción, una cantidad que obliga inevitablemente a racionar los recursos cuando son escasos y más si lo son desde hace tiempo. En consecuencia, siete de cada diez de estas familias tiene dificultades para pagar las facturas y un seis por ciento no puede pagarlas de ninguna manera.

Es el caso de Laura García, que vive en Ripoll (Girona) con su hija en un piso de renta baja que le ayuda a pagar su madre. "Con los ingresos que tengo -apenas 400 euros al mes- pago algún recibo de agua o de luz y solo me quedan 80 euros para pasar todo el mes".

Joan Peris, un jubilado de Barcelona, ha tenido que cambiar sus hábitos domésticos y prescindir de algunas necesidades básicas, explica en un vídeo editado por Cruz Roja. "La ropa que llevamos tiene más años que nosotros y si compras zapatos es porque ya 'respiran'. Nos privamos de todo lo que podemos y ni así llegamos a cubrir gastos".

Pagar el recibo antes que llenar la nevera

La elección es clara y terrible: comer o calentarse, y poco de ambas cosas. Así, parejas con niños que viven en casas viejas cuyas puertas y ventanas no cierran bien y carecen de sistema de calefacción, van tirando con una estufa -pero solo una- para no disparar el gasto, recurren a los bocadillos en lugar de encender la cocina, o personas mayores van con mantas de un lugar a otro y calientan la cama con bolsas de agua.

En Cáritas de Barcelona, que ha triplicado en 2013 el dinero que destina a ayudas en los suministros, tienen claro que la gente quiere pagar sus gastos de energía, pero no puede, y que la presión ante una amenaza de corte es muy poderosa.

"Si no tienes la ropa adecuada no hay tanta presión como si la compañía te va a cortar la luz"

"Es un gasto que hay que pagar sí o sí. Si una familia tiene algo de dinero, lo primero que hace es pagar los recibos y luego se queda con la nevera vacía. Cuando se acumulan recibos impagados es porque la situación es totalmente desesperada", subraya Mercè Darnell.

Ese es otro daño, el anímico. Las familias experimentan una intensa angustia por la presión de los pagos atrasados y la amenaza de un corte en el suministro. "Si no tienes la ropa adecuada no hay tanta presión como si la compañía te vaya a cortar la luz o la calefacción", señala José Javier Sánchez Espinosa, subdirector de Inclusión Social en Cruz Roja.

Por eso, las ONG trabajan en varios frentes: intentan reducir la presión existente con los pagos buscando acuerdos con las compañías suministradoras de energía, ayudan con las facturas o proporcionan recursos tan básicos como estufas o mantas, al tiempo que trabajan con las familias en el ahorro doméstico, para enseñarles a ventilar o aislar una habitación, a usar los aparatos de calefacción para consumir lo mínimo o a fregar sin gastar demasiada agua.

Los costes energéticos, una barrera para mejorar

Y hay un problema adicional al de costear el día a día de las facturas, y es que los costes de los suministros llegan a convertirse para muchas familias en la causa que les impide salir de la precariedad.

"Hay familias con hijos a las que ayudamos a pagar el alquiler de una habitación para vivir en casa de otra persona", explica Mercè Darnell. "Y a veces les ofrecemos el alquiler social de un piso, más barato, pero al pasar a ser los titulares han de pagar los suministros de agua, luz y gas, así que prefieren no mudarse, porque el gasto se dispara en invierno y no saben cuánto les va a costar al mes siguiente".

Es lo que le ocurre a Marisa Hag, que evitó el desahucio de su vivienda tras salir su caso en los medios de comunicación. Le han ofrecido un programa de inserción y una vivienda social, pero en la que el alta de los servicios corre de su cuenta.

Sin posibilidad de recibir a día de hoy una ayuda, tampoco está convencida de la alternativa, vivir en un ático con una terraza que considera peligrosa para uno de sus hijos, hiperactivo, y además en un barrio "conflictivo". "Nos llegaron a escupir desde una terraza cuando fuimos a verlo. Uno de mis hijos se puso a llorar y a decir: 'Mamá, no quiero vivir aquí'", relata.

Esta madre también se resiste a alejar a sus hijos de su entorno actual, donde están arraigados, o del colegio, donde sacan buenas notas. Mientras busca un trabajo que los empleadores se resisten a darle cuando conocen sus responsabilidades familiares, espera que el año nuevo traiga noticias mejores.

Para Joan Peris, exempleado de banca, también fue "un golpe muy fuerte" dejar el hogar "donde llevaba media vida", en el barrio de Gràcia en Barcelona. En su caso, mudarse a un pueblo a 80 kilómetros a cambio de un alquiler más barato donde sus ingresos sí le alcanzan para pagar los suministros fue la solución para poder "vivir dignamente" junto a su pareja.

Ayudas públicas y privadas para personas vulnerables

Poco a poco, esta realidad empieza a tocar la sensibilidad política. Esta misma semana, CiU y ERC han alcanzado un acuerdo para que de noviembre a marzo se impida en Cataluña cortar la electricidad a personas y familias en una situación de extrema vulnerabilidad, la conocida como 'tregua invernal', aunque la deuda que se llegue a acumular no se perdonará, sino que se aplazará.

El Gobierno ha aprobado también este viernes un Plan Nacional de Acción para la Inclusión Social 2013-2016, con fondos especiales para combatir la pobreza infantil, que refuercen la atención a los hogares con hijos con privaciones materiales graves, así como para atender situaciones "de extrema necesidad de las familias".

En Cataluña se aplicará la 'tregua invernal' y se hacen descuentos en el agua a colectivos vulnerables

Antes, la empresa de suministro de agua en Barcelona y su zona metropolitana, Agbar, ha dado un par de pasos ejemplares con sendos acuerdos este año 2013 con Cáritas y Cruz Roja -este, específico para personas mayores- para realizar un descuento en el consumo de agua, una ayuda de cuatro meses de hasta 54 euros que cubre la parte del recibo que corresponde al consumo de agua (no cubre las tasas), el equivalente a un consumo de 100 litros por persona y día en un hogar de tres personas.

"Es positivo y de valorar, pero nos gustaría que se hiciera también con la luz y con el gas, que se paga mucho más", señala Mercè Darnell, de Cáritas.

Es solo un primer paso."No está resuelto el caso del gas butano, que es un suministro que usan mucho las personas vulnerables, que no tiene ninguna bonificación establecida y que ha subido un 20% desde 2011", recuerda Susanna Roig, directora de la atención a personas mayores en Cruz Roja en Cataluña. "Nos preocupa, porque sin butano no hay para encender un fuego o para encender las estufas", añade.

"El bono social no es suficiente"

En noviembre, el PP rechazó en la Comisión de Industria del Congreso prohibir a las empresas eléctricas cortar el suministro eléctrico por impago a familias vulnerables, como habían planteado varias formaciones políticas mediante enmiendas parciales al proyecto de ley del Sector Eléctrico.

La ayuda con la que se cuenta actualmente es el bono social, del que se benefician unos tres millones de usuarios, existente desde 2009 y que se basa en la congelación de los precios de electricidad para personas en especial vulnerabilidad, pero que pretende incluir unos mínimos de renta para aquellas familias numerosas que quieran mantenerlo.

"Deberían añadirse otros baremos sociales que se adaptena a la situación actual de muchas familias"

"El bono social no es suficiente, y además encontramos que muchas personas no tienen conocimiento de él, es una ayuda muchas veces desconocida", afirma Susanna Roig.

Al margen de los criterios para optar a esta ayuda pública, Roig cree que "deberían revisarse y añadirse otros baremos sociales que se adapten a la situación actual de muchas familias. Por ejemplo, hay personas mayores que tienen una pensión más alta que la que da derecho a una ayuda pero que tienen muchos familiares a su cargo".

La solución, a juicio de José Javier Sánchez, depende de la acción conjunta de empresas y poderes públicos. "Como en todos los temas de vulnerabilidad, es la sociedad en su conjunto, tanto la parte pública como la privada, la que tiene que buscar que ningún hogar tenga dificultades para comer o para calentarse en invierno", y reivindica que "cualquier estrategia tiene que poner en el centro a la persona".

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