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Los republicanos mantienen vivo su enfrentamiento con Obama pese a la derrota

  • El ala derecha interpreta el acuerdo presupuestario como una derrota temporal
  • Las encuestas muestran que han perdido popularidad
  • Los partidarios del Tea Party califican el acuerdo de "terrible"

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El ala derecha del partido republicano mantiene vivo su enfrentamiento con Obama pese a la derrota en el presupuesto

El acuerdo del Congreso de Estados Unidos para aumentar el techo de deuda y reabrir la administración federal señala el alto el fuego en la última batalla entre los dos partidos, demócratas y republicanos, y entre estos últimos y el presidente, Barack Obama. Una batalla que, en esta ocasión, han perdido los miembros del partido del elefante.

Sin embargo, el acuerdo firmado este mismo jueves por Obama es más un armisticio que un tratado de paz: el ala derecha del Partido Republicano sigue empeñada en minar las políticas sociales demócratas, y en especial el seguro sanitario, a cualquier precio. Y tendrán una nueva oportunidad de plantar cara en febrero, cuando tendrá que pactarse de nuevo el techo de deuda.

Daños para los republicanos

El precio, sin embargo, además de traducirse en pérdidas económicas, puede conllevar pérdida de votos. No solo la derrota del miércoles, el mismo pulso de estas semanas ha dañado la popularidad del Great Old Party (el Viejo y Gran Partido, GOP), como llaman en EE.UU. al Partido Republicano.

Un sondeo del Washington Post y ABC News muestra que el 74% de los encuestados desaprobaba la manera en que los republicanos están llevando las negociaciones hasta el 13 de octubre. Demócratas y Obama tampoco aprobaban: un 61% se mostraba disconforme con los primeros y un 53% con la actitud del presidente.

"Es el capítulo más lamentable que he visto en los años que llevo en el Senado", ha reconocido el veterano político republicano, y excandidato a la Casa Blanca, John McCain.

“Hemos conseguido dividirnos en algo en lo que estábamos unidos,  por un objetivo que no era alcanzable", ha dicho Roy Blunt, senador republicano por Missouri.

En el centro de las maniobras republicanas ha estado el presidente de la Cámara de Representantes,  John Boehner.

"Ha sido una buena batalla, solo que no hemos ganado. Váyanse a descansar", les dijo a sus correligionarios, tras admitir el fracaso en su intento de recortar los beneficios del Obamacare a cambio de levantar el veto sobre el techo de deuda.

Representantes republicanos de todas las tendencias han reconocido su difícil labor, al menos cara a la galería. Curiosamente son los mismos políticos que han sido incapaces de ponerse de acuerdo, dentro de su mismo partido, en una propuesta unitaria que Boehner pudiera usar como puente con los demócratas.

El Tea Party no da su brazo a torcer

El editorial del New York Times de este jueves advierte que lo ocurrido "ha amenazado con alterar permanentemente el  equilibrio de Washington dando a un grupo marginal un poder desmesurado sobre el  Ejecutivo y el normal funcionamiento del gobierno".

El grupo al que se refiere el NYT es el de los conservadores respaldados por el llamado Tea Party, el movimiento político-ciudadano ultraconservador. Pero estos, precisamente, no dan la batalla por perdida.

Ted Cruz, senador por Texas y una de las caras del Tea Party, se negaba a votar el acuerdo alcanzado, que calificaba de "terrible", mientras acusaba a sus compañeros de partido de ceder fácilmente.

"Desafortunadamente, el establishment de Washington no escucha al pueblo americano" - ha dicho Cruz. "Si los republicanos del Senado se hubieran unido y apoyado a los de la Cámara de Representantes, el resultado hubiera sido muy diferente, ojalá hubiera ocurrido".

Cruz es uno de los más duros opositores al Obamacare y con aspiraciones a la carrera presidencial de 2016.

Y no es el único. Como señala Ross Douthat, comentarista político, en el NYT, los medios conservadores más radicales mantienen viva la misma mentalidad de todo o nada que ha provocado el presente choque (véase la página de RedState, donde se insta a los republicanos a prescindir de Boehner por blando).

Detrás de este división partidista está una distinta concepción del Estado y de las relaciones económicas, como pudo verse en la campaña electoral de 2012.

Entonces fue el candidato republicano, Mitt Romney, quien representó la ortodoxia neoliberal: menos Estado, menos impuestos y menos trabas al enriquecimiento, frente a los estímulos económicos, el mantenimiento de ayudas sociales y la extensión de la cobertura médica propugnada por Obama.

Ganó este último, pero desde entonces los republicanos han usado su mayoría en la Cámara de Representantes para obstaculizar sus propuestas e intentar obtener lo que no ganaron en las urnas. Hasta este miércoles.

Obama, ganador de la apuesta

"Obama gana", es el lacónico título de un artículo en Politico, la publicación online de referencia para conocer los entresijos políticos de la capital de EE.UU.

El presidente se había negado a modificar su reforma sanitaria o a pactar acuerdos menores que permitieran reabrir algunos servicios federales. Obama se ha mantenido en sus trece y finalmente han sido los republicanos los que han dado un paso atrás al borde del abismo.

Pero ni el presidente ni los demócratas han celebrado la victoria, conscientes del daño causado y de que la calma puede ser temporal.

"La conclusión es: millones han sufrido, millones no han recibido sus nóminas, la economía se ha frenado. Este no es un día feliz, es sombrío", declaraba el senador Charles Schummer.

Su compañera de partido la senadora Patty Murray espera que los republicanos hayan aprendido la lección. "Ahora que han visto las consecuencias de un cierre parcial del gobierno, no creo que estén ansiosos por repetirlo".

El acuerdo garantiza la financiación federal hasta el 15 de enero y el margen de endeudamiento hasta el 7 de febrero. Las espadas, por tanto, siguen en alto, y en febrero todo puede repetirse, a menos que los republicanos cambien de estrategia.