Enlaces accesibilidad

Festival de San Sebastián 2013

Álex de la Iglesia: "Las mujeres me fascinan y me dan mucho miedo"

  • El director presenta en San Sebastián Las brujas de Zugarramurdi
  • La ilusión de su vida sería haber sido un director del Hollywood clásico
  • Cree que el cine se estrenará simultáneamente en internet y salas

Por
FESTIVAL SAN SEBASTIÁN
El realizador, Álex de la Iglesia. EFE EFE/Juan Herrero.

Álex de la Iglesia es pura acción y movimiento. Detrás de tanto nervio cuesta adivinar de dónde viene la reflexión y las ideas que maneja con tanta facilidad. Pide disculpas por pedantería cuando cita a antropólogos vascos como Julio Caro Baroja, al círculo de Eranos, a Jung, o a Robert Graves. Sabe de lo que habla aunque en Las brujas de Zugarramurdi, que mezcla mitología vasca con el culto a la diosa madre, no hay más que un interés lúdico y voluntad de divertir.

Vuelve con a escribir a cuatro manos con Jorge Guerricaecheverria (coguionista de todas sus películas salvo Balada triste de trompeta y La chispa de la vida) con quien disfruta las replicas ácidas, y vuelve al Festival de Donostia para presentar fuera de concurso su artefacto disparatado "antropológicamente hablando".

PREGUNTA.: No paran de decirte que has regresado.

RESPUESTA.: Me gustan que digan eso pero también me da un poco de pena porque parece que algún momento me he ido. Creo que sí, al ser una comedia de terror o una comedia romántica de terror, recuerda mucho a El día de la bestia y Acción mutante por el nivel de locura. Me siento más cerca de Balada triste de trompeta que de películas anteriores. Las brujas de Zugarramurdi es una especie de recuerdo de unos sueños pasados pero sin amargura, con ganas de divertir, de hacer una comedia loca y desmadrada, antropológicamente hablando. Hay mucho de disfrute y muchas ganas de entretener y de hacer que la gente se lo pase bien.

En Las Brujas hay muchas ganas de entretener"

P.: La película pertenece a un subgénero: una aventura real que se sumerge de pronto en lo fantástico.

R.: A mí me recuerda mucho, por supuesto, a Abierto hasta el amanecer porque comienza con un atraco y termina con unos mediozombies pero, sobre todo, a Los Goonies, esa idea de gente metida en un mundo absurdo. Y también hay una especie de Sloth, que es Javier Botet.  Hay mucho de muchas películas y al final no es de ninguna porque es una especie de mezcla pero si te pones a pensar, la cena me recuerda también a La matanza de Texas, el punto ese de estar allí atados esperando a que te coman, lo que pasa es que desde un punto de vista más cómico.

P.: En la película hay un retrato de lo femenino que en ocasiones parece un ajuste de cuentas.

R.: No, hay una batalla de sexos y, de alguna manera, yo me pongo siempre del lado del más débil (risas). Pero también me pasa una cosa curiosa: quiero que los personajes digan lo que sienten y para eso tienes que entender a los personajes. Por ejemplo, en el caso del discurso del personaje de Carmen Maura al final cuando dice: ¡Justicia, justicia!, estoy de acuerdo, pienso que esta sociedad en la que vivimos es insoportable y miente. Y hubo un tiempo en el que las mujeres reinaban y, en vez de dios, había una diosa y el mundo era mucho más cercano a la naturaleza, con otros problemas pero esa especie de pasado matriarcal es necesario para que las cosas funcionen. Es necesario que haya una confrontación de dos mundos que, tal vez, no se vayan a entender nunca pero en esa lucha, en ese choque entre una manera de ver las cosas surge lo que surge en la película: un beso.

P.: ¿Pero te ha secuestrado alguna vez un grupo de brujas, en sentido figurado?

R.: Lo que pasa es que a mí me gusta todo lo que me da miedo, y las mujeres me gustan mucho y me dan mucho miedo. Estoy de acuerdo con el personaje de Mario cuando le dicen  "Tu novia te da miedo". Y él dice: "¿Miedo yo? Pues sí, me da miedo". Lo que te gusta te fascina y, a la vez, te da respeto y algunas veces miedo.

"Mi obsesión era meter a Yoko Ono en los créditos"

P.: Los créditos de inicio funcionan como un tiro mostrando imágenes de brujas a lo largo de la historia que culminan con Simone de Beauvoir, Tatcher y Merkel. ¿Te dejaste a alguien fuera por pudor?

R.: Te voy a confesar un secreto que no he confesado a nadie: mi obsesión era meter a Yoko Ono (risas) pero no pude no conseguí los derechos de la foto. Un desastre, había que mandarle el guion y no pudo ser.

P.: ¿Y Merkel aprobó el guion?

R.: (risas) Teníamos los derechos de la foto y ahí no hubo ningún problema. De todas formas no todas las mujeres que salen son mujeres que me dan miedo. Hay algunas a las que respeto como Simone de Beauvoir, pero también me da miedo, como Frida Khalo.

P.: Me da la impresión de que poder rodar la escena del aquelarre final, tan abigarrado visualmente, justificaría para ti la realización de la película.

R.: Era la escena por antonomasia, nos llevó muchísimo tiempo prepararla y tuvimos que resolverla en cinco días. Fue un esfuerzo prácticamente titánico. Teníamos que trabajar con un personaje que no está (la diosa femenina construida digitalmente). Y eso que se ve en lo making de rodaje tipo El señor de las anillos, pues descubres lo complejo porque era la primera vez que nos enfrentábamos a una cosa tan difícil. Y estamos muy contentos y muy orgullosos de los resultados, pero hemos sustituido el dinero por sudor. Hay un equipo de gente que ha estado prácticamente un año de su vida sin tiempo libre. Ha sido un trabajo de 12 horas incluyendo sábados y domingos. Un equipo de 50 personas, en Madrid, en Barcelona, en Miami y en Los Ángeles. Todos españoles, gente que ha trabajado en Mortadelo y en Harry Potter. Pepe Valencia es, por ejemplo, el que hizo la animación y ha hecho grandes películas.

"Necesito rodar. Me da pánico cuando se apaga el proyector"

P.: Siempre dices que no te gusta el cine de autor aunque pones mucho de tí en las películas.

R.: Te lo agradezco muchísimo. A mí me gustaría no serlo. Un tío que me encanta es Sydney Lumet,  que parece que no tiene personalidad y que lo único que une una película con otra es que todas son muy buenas. Me gusta también huir de mí mismo pero, joder, parece que es que es imposible. Al final te surgen, las cosas que te gustan, las cosas que te obsesionan, y a la hora de plantear una secuencia dices vamos a hacerlo así porque no hay otra manera.

P.: El estilo son tus limitaciones.

R: Exacto. Estás atrapado. Tú dices limitaciones y yo las llamo enfermedad. Yo creo que tengo una enfermedad y se me ven los granos todo el rato.


P.: Viéndote trabajar en el plató parece que si dejarás de rodar sería el fin.

R.: En el momento que se pare es como cuando se apaga el proyector, me da una especie de pánico de que no se va a volver a encender. Necesito rodar. La vida en un rodaje me resulta tan increíblemente agradable pese al esfuerzo, al trabajo y a la locura de esta profesión. No considera nada mejor. Vivir rodando es cuando de pronto dices: las cosas funcionan.

P.: Si todas las películas definen a su creador, las tuyas se caracterizan por una sana inmadurez y por la imposibilidad de la dignidad del ser humano.

R.: Hay una especie de canto a la inmadurez, una elegía la inmadurez. No soporta a las personas que dicen que han llegado. No soporto a los que dicen: lo tengo todo muy claro. Creo en la inestabilidad y el desequilibrio, el mantener siempre un punto de riesgo y de juego, de apostar. Yo creo que soy un jugador de casino. Digo ¡al 13! (golpea al mesa) y luego ¡Hostia, ha salido el 24! Pero ese rollo de jugar es absolutamente necesario en cine. No puedo hacer una película que ya sepa hacer.

No soporto a los que dicen: lo tengo todo muy claro"

P.: ¿Seguirás jugando dentro de 20 años?

R.: No sé, siempre cometemos la desfachatez de hablae de grandes directores. Nos ponemos a hablar de John Ford o de Hitchcock. Me siento más cerca de Juan Piquer Simón o de James Franco. Me gustaría no perder esa inocencia, poder estar apostando. Ves a tíos como Ridley Scott, que tiene 70 y tantos y no se cansa. Me gusta la gente que comprende que es su vida y va a seguir, me gustaría verme rodando y metiéndome en follones.

"La ilusión de mi vida hubiese sido ser director de estudio"

P.: Por lo que dices, tu lugar ideal hubiera  sido ser un director de estudio de los años 50.

R.: La ilusión de mi vida. Y no salir del estudio; tener una casita en el estudio. Como se hacía en los 40, estaba la casa de Clark Gable, la casa de Cary Grant; tú estabas allí, escribías allí, cuando terminabas de escribir te metías en un plató que estaba allí y rodabas. Y salía Katherine Hepburn de su habitación y se metía en el paltó. Es que esa era la manera: evitar el mundo. 800 balas trata sobre eso: ¿Qué ocurriría si generas tu propio mundo y te metes en un decorado a vivir?

P.: "Internet es el futuro del cine". La cita te de los Goya 2011 te acompaña aunque en un mundo tan cambiante no tienes por qué defenderla siempre.

R.: Me siento orgulloso y sigo manteniéndolo. Lo que me fascina es que ahora escuchas a gente tan respetable como Spielberg y Lucas haciendo declaraciones parecidas a las que hice yo. Efectivamente, estamos en un mundo que está cambiando y es de tontos no darnos cuenta. Me apena mucho dejarnos llevar por un sentimiento de anclaje y, sobre todo, es una pena perder el tren y que sean los americanos los que no digan cómo tienen que funcionar las cosas. Va a haber un momento en que vamos a estrenar en cine a la vez que en Internet y es una pena no haberlo hecho nosotros primero. Hay gente que está dando ejemplo: Juan Carlos Tous con Filmin, gente que ha aprovechado la oportunidad y ha generado una empresa. Hay pistas, hay señales. ¿Qué ocurriría si se genera  un estudio que viviera solo de películas que se desarrollan para Internet?

Es una pena perder el tren de internet"

P.: ¿Qué ocurriría?

R.: ¿Qué ocurriría si una página web fuera como un estudio? Imagínate una Paramount en pequeñito, la misma página en la que encuentras los mismos de actores, un grupo de directores, un grupo de proyectos y una interacción directa con el público sin intermediarios.

P.: Al final la clave es que haya un retorno económico viable y, en principio, parece una cuestión relacionada con los derechos de autor. En Las brujas de Zugarramudi  aparece en un cameo Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas. ¿Hay algún mensaje en ese sentido?

R.: Hombre, Víctor es amigo y por eso está ahí, y porque daba el papel.  Pero también es una manera de decir: oye, no voy a sacar solo a mis colegas del cine.

P.: ¿Pero piensas que hay una falta de protección de los derechos de autor en España, en Internet, ahora mismo?

R.: Es como en el oeste, parece que estamos todos en esas carreras de las diligencias por conseguir un terreno. Necesitamos gente que sepa sobre el asunto,  gente que nos coloque en nuestro sitio y entienda como funciona el negocio. Por supuesto que creo que hay que cambiar las cosas y generar una nueva ley de los derechos de autor que contemple todas las alternativas porque  el escenario es totalmente distinto.

P.: Siguiendo el ejemplo Netflix, ¿serán las empresas tecnologías las que asuman la labor de crear los contenidos sustituyendo a la industria cultural tradicional?

R.: Es posible. O que los grandes estudios se conviertan en empresas tecnológicas, lo que pasa es que es una reconversión industrial que les da mucho miedo, claro.

P.: Estudiaste Filosofía. ¿Cómo se conjuga tanta trascendencia y tanto juego?

R.: Joder, es que es como habar de héroes, son superhéroes hablando sobre cómo funciona el mundo. Es una especia de novela impresionante en la que una gente intenta descubrir quién es el asesino. No deja de ser literatura y es una literatura muy fascinante. Alguien que te dice que él sabe cómo funcionan las cosas y que te les va a explicar. Es que apetece leerlo.

Noticias

anterior siguiente