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EE.UU. quiere comprobar las intenciones rusas antes de aceptar su propuesta para Siria

  • John Kerry se reune con Serguei Lavrov en Ginebra
  • El control de las armas químicas sirias podría llevar años
  • Los republicanos acusan al Presidente de debilidad

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En Ginebra, Rusia y Estados Unidos intentan acercar posiciones sobre la crisis de Siria

Trust, but verify. "Confía, pero verifica". El proverbio ruso que tanto le gustaba repetir al ex presidente Reagan al referirse a las relaciones con la Unión Soviética, vuelve a escucharse estos días en Washington. El presidente de EE.UU., Barack Obama, confía en que la propuesta rusa para desarmar a Siria de sus armas químicas sea un paso positivo, pero quiere comprobar que no sea una táctica dilatoria.

La Casa Blanca y el Congreso han apretado el botón de pausa, pero con el dedo en el gatillo. Advierte la administración Obama que la presión militar continuará, mientras se explora la vía diplomática: el Congreso ha aplazado la votación para autorizar el uso de la fuerza, comienzan nuevos intentos en el hasta ahora bloqueado Consejo de Seguridad de la ONU y el secretario de Estado, John Kerry, se reúne este jueves con su homólogo ruso en Ginebra. Un encuentro que podría durar días, advierte la Casa Blanca, porque la situación en este momento no es fácil. Y los sentimientos en Washington, encontrados.

La "propuesta Kerry"

Esta nueva vía diplomática se abría inesperadamente hace apenas 72 horas, cambiando el oscuro escenario que se avecinaba para todos. La opción del desarme sirio no es nueva. Pero sí había sido descartada, tras meses de repetidas negativas de Moscú y Damasco.

Por eso nadie esperaba que Kerry la rescatara el pasado lunes, fuera de guión: "Al Asad podría entregar cada una de sus armas químicas a la comunidad internacional esta semana... pero es algo que no va a hacer, ni se puede hacer, obviamente."

Ha usado un simple "argumento retórico sobre la imposibilidad de que Asad entregue armas que niega tener", aclaraba la portavoz del departamento de Estado poco después, en medio de la inmediata avalancha de críticas aquí. "Todas las vías diplomáticas están agotadas", especificaba la embajadora de EEUU ante la ONU, Samantha Power, minutos más tarde.

No era la primera vez que Kerry se salía del guión en su carrera política. Pero esta vez, sin pretenderlo, abrió un camino hacia una salida diplomática. Rusia reformuló la propuesta y Siria aceptó la mediación en cuestión de horas.

Por supuesto todos aseguran que nada hay de improvisación en esta nueva oportunidad. Washington y Moscú dicen haberla estado sopesando desde antes del G20. Y en EEUU pronto comenzó a hablarse de la "opción Kerry", en palabras de la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, la primera en hilvanar el confuso desarrollo de los acontecimientos en un discurso que concluía en una victoria diplomática, política y militar estadounidense.

En un primer momento, esta puerta abierta hacia el desarme parecía un regalo caído del cielo. La opción que gustaba a todos. Con rapidez se sucedieron las reacciones positivas internacionales, desde el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, al primer ministro británico, David Cameron. Todos parecían ansiosos por encontrar una solución que evitara la opción militar.

Allí y aquí. "Gracias a Dios", llego a exclamar el senador demócrata Joe Manchin al conocer la respuesta siria, desde un congreso que ya apuntaba a una votación mayoritariamente en contra de los planes de ataque militar del presidente Obama. Nadie aquí ocultó cierto alivio.

Pero poco a poco las voces más críticas han comenzado a elevar el tono. Desde el senador republicano John McCain que ahora dice dudar de la palabra de Rusia y Siria, y teme que sea una táctica para ganar tiempo, al senador Bob Corker que desconfía de la debilidad de Obama "que no está cómodo en su cargo de Comandante en Jefe y no sabe dirigirse al mundo como tal", decía en referencia al discurso a la nación del presidente el pasado martes desde la Casa Blanca.

Un país con una desconfianza histórica hacia Rusia, se pregunta por qué Moscú ha cambiado de repente de posición, por qué iba a poner en bandeja al presidente Obama una salida tan digna y si será tan fácil que Siria cumpla su palabra. Técnicamente no será rápido ni sencillo localizar y destruir uno de los arsenales químicos más grandes del mundo. Algunos expertos hablan incluso de años hasta poder llegar a completar la tarea. Sin un alto el fuego, el trabajo sobre el terreno será complicado. Todo eso suponiendo que finalmente se cuente con toda la prometida colaboración del régimen de Al Asad para entregar las armas que tanto tiempo ha negado tener. El fantasma de Irak vuelve a escena.

La mejor salida para Washington

La administración Obama quiere confiar, pero antes verificar. En teoría, ésta parece una de las mejores salidas a la crisis para Washington. El Congreso esquiva la obligación de votar una autorización militar que le estaba costando mucha oposición ciudadana, pensando ya en las elecciones legislativas de 2014.

El presidente de EEUU evita un potencial revés parlamentario, que hubiera puesto en duda su credibilidad dentro y fuera del país. Y también aplaza una intervención militar sin aval de la ONU y con la oposición de una opinión pública cansada de guerras, justo cuando acaban de cumplirse 12 años del 11S. Pero que nadie piense que este es un escenario ideal para Obama.

Las encuestas indican que tiene uno de los índices más bajos de popularidad de este año. Las críticas arrecian por sus cambios constantes de rumbo, de aquellos que le acusan de improvisar la política exterior de la nación más poderosa del planeta y de no tener un plan sólido para Oriente Medio. Al fin y al cabo hablamos de un desarme químico, que no impedirá que miles de sirios sigan muriendo a manos de armas convencionales.

"Esta negociación diplomática es lo más responsable que podemos hacer", explicaba ayer el portavoz, Jay Carney. La Casa Blanca continúa tratando de explicar el repentino cambio de estas últimas horas, como había tratado de explicar hasta ahora cuál era el plan de Obama en Siria, cuya justificación no consiguió hacer llegar ni al Congreso, ni a los ciudadanos pese a la intensa ofensiva comunicativa de estas últimas dos semanas.

¿Es la negociación diplomatica un paso atrás por miedo, que se da justo cuando peor pintaban las cosas para el presidente Obama? ¿O es un signo de fortaleza política, evitar una opción militar cuyas consecuencias nadie sabe calcular? "Jamás negociemos por miedo, pero nunca temamos negociar", decía John F. Kennedy. La eterna y delgada línea que define el verdadero liderazgo. Y Barack Obama está pasando por una dura prueba, una de las más difíciles de su presidencia.

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