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Las amenazas de Corea del Norte caen en saco roto en el nuevo contexto regional

  • Kim Jong-un usa la táctica que dio buen resultado a su padre
  • La presidenta de Corea del Sur había tendido la mano al norte
  • China advierte que no quiere "guerra ni caos"

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Corea del Norte cierra la puerta a Corea del Sur

La actual tensión entre las dos Coreas no es algo nuevo. Kim Jong-il, padre y predecesor del actual líder norcoreano, Kim Jong-un, también era dado a las amenazas para hacer valer su posición en las negociaciones sobre su programa nuclear, o para obtener concesiones económicas. En aquellos intercambios sempre estuvo claro que la posibilidad real de un enfrentamiento abierto quedaba muy lejos.

En esta ocasión, sin embargo, la escalada verbal y las provocaciones en uno y otro lado en forma de pruebas nucleares o maniobras se producen en un contexto distinto, con nuevos mandatarios y distintos enfoques políticos en los países de la zona.

A la continuación de la saga de los Kim en Corea del Norte hay que añadir la elección de Park Geun-hye como presidenta del sur; el nombramiento de Xi Jingping como nuevo hombre fuerte de China; la elección de Shinzo Abe en Japón y la política de sanciones de EE.UU.

Los motivos de Kim Jong- un

Vástago de la única dinastía comunista del mundo, Kim Jong-un llegó al poder en 2010 como un total desconocido en el panorama mundial. Las noticias sobre su formación en el extranjero y gestos como aparecer en televisión junto a su esposa se intepretaron como posibles signos de apertura.

Los ciudadanos de su país pueden ser un público cautivo de sus apariciones televisivas, pero los militares son otra cosa. Kim Jong-un ha de demostrar ante el Ejército, sostén del régimen, que se adhiere a la política militarista de su padre, y que asegura a las Fuerzas Armadas un alto porcentaje en el presupuesto de la maltrecha economía nacional.

Así habría que interpretar el test nuclear realizado en febrero y acciones anteriores, como el bombardeo de la isla de Yeongpyeong, tan solo dos meses después de acceder al cargo.

Según ha declarado a Reuters Joseph DiTrani, ex miembro de los servicios de seguridad de Estados Unidos, el "cambio de cadencia" de Kim Jong-un indica que está bajo la presión de la élite militar del país. "Tiene que presentar una imagen de fortaleza a esos elementos", asegura.

La Casa Blanca reconoce que hasta el momento las frases grandilocuentes y las imágenes propagandísticas no han venido respaldadas por ningún movimiento de tropas detectable. Lo mismo puede decirse de las amenazas directas a EE.UU.: no está demostrado que Corea del Norte tenga misiles balísticos capaces de dañar objetivos estadounidenses.

Nueva política de Obama

En el pasado, estas bravatas sirvieron a Pyongyang para abrir las negociaciones sobre su programa nuclear y obtener incentivos a cambio de su contención, como ayuda humanitaria en los momentos de crisis.

Ahora es diferente y en Washington ya no son tan sensibles a las tácticas de los Kim. La política actual de Barack Obama es la del rechazo total a nuevas concesiones y la imposición de sanciones hasta que Pyongyang suspenda su programa nuclear.

Estados Unidos ha firmado además con Corea del Sur un acuerdo de respuesta conjunta en caso de agresión del norte, y ha deplegado nuevo armamento en la península, como los bombarderos B-12.

El temor creciente es que, si la crisis se alarga, no puede descartarse un incidente armado que sea la chispa para una confrontación mayor.

"Lo más probable es el error de cálculo" - dijo el lunes el ex secretario de Defensa de EE.UU., Leon Panetta, en la CNBC - "El mayor peligro es que hagan algo que pueda suponer una escalada rápida".

En este mismo sentido se ha manifestado, en declaraciones a la agencia Efe, Christopher Hill, principal negociador de EEUU con Corea del Norte desde 2005 a 2008. "Los norcoreanos parecen jugar a la política del riesgo calculado y llevarla al mismo límite de la posibilidad de un conflicto". El peligro es, advierte, que "se pasen de la raya".

Una interlocutora dispuesta en Seúl

Al sur del paralelo 38 las cosas también han cambiado recientemente. Por primera vez una presidenta, la conservadora Park Geun-hye, dirige los destinos del país.

Curiosamente, Park continúa una saga familiar, al igual que Kim: es la hija del dictador Park Chung-hee, quien dirigió con mano de hierro el país durante los años 60 y 70, en plena Guerra Fría. Chung-hee fue asesinado en 1979 y su esposa, la madre de Geun-hye, lo había sido anteriormente, en 1974, a manos de un agente norcoreano.

Con estos antecedentes, los coreanos consideran a Geun-hye una líder fuerte, que no dudará en responder a un ataque. Recuerda que cuando conoció la muerte de su padre, la ahora presidenta preguntó si todo estaba tranquilo en la línea de demarcación.

La política de Geun-hye hacia su vecino pretende aunar firmeza y apertura al diálogo, ya que su antecesor, Lee Myung-bak, optó por la línea dura sin obtener resultados. Tanto en declaraciones como por escrito, la presidenta ha reiterado que busca una relación "basada en la confianza" y que la ayuda humanitaria quede al margen de los desencuentros políticos.

Los últimos acontecimientos, sin embargo, han llevado a su gobierno a plantearse la posibilidad de una "respuesta rápida" o incluso un ataque preventivo.

"Considero que las amenazas son muy serias" - dijo Park a sus generales el lunes - "Si el Norte intenta cualquier provocación contra nuestro pueblo y nuestra nación, debéis responder con fuerza en el primer contacto con ellos sin ninguna consideración política".

China no quiere "ninguna guerra o caos"

El recambio de líderes también se ha producido en China. En el gigante asiático, aliado de Pyongyang, Xi Jinping accedió hace menos de un mes a la presidencia con un discurso centrado en alcanzar una posición política central en el sureste asiático.

Pekín ha mostrado una actitud más asertiva en el Mar de China, donde mantiene disputas territoriales con Japón y Vietnam, entre otros. La mayor presencia naval estadounidense en Corea no puede sino preocupar a los gobernantes chinos.

Pero, como ha dejado claro este mismo miércoles su viceministro de Exteriores, Zhang Yesui, China "no quiere ver ninguna guerra o caos" en la península coreana.

Zhang ha destacado que su país se opone a "declaraciones provocativas o actos que minen la paz y la estabilidad de la península y la región por cualquiera de las partes".

Sin embargo, Pekín mantiene un tratado de mutua defensa con Pyongyang, que podría obligarle a actuar en caso de que el territorio norcoreano o la supervivencia del régimen se vean amenazados.

En medio de este cruce de declaraciones sorprende que Japón aún no se haya manifestado. El país eligió en diciembre a Shinzo Abe como nuevo primer ministro, con una promesa de firmeza en los contencionsos regionales.

Abe, sin embargo, no ha hecho ninguna referencia directa a las amenazas de Pyongyang que, de momento, no se han dirigido contra Tokio.

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