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El Papa Francisco publica en italiano su libro sobre la corrupción

  • Bergoglio condena la corrupción, uno de los grandes problemas de Argentina
  • El papa advierte también de los peligros de la corrupción entre religiosos
  • Escribió el libro en 2005, cuando era arzobispo de Buenos Aires

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El papa Francisco durante la misa papal del Domingo de Ramos en la plaza de San Pedro del Vaticano
El papa Francisco durante la misa papal del Domingo de Ramos en la plaza de San Pedro del Vaticano Reuters REUTERS/Max Rossi

“Pecadores, sí. Corruptos no”. Este es el mensaje principal del Papa Francisco en el libro “Guarire dalla corruzione” que este lunes se publica en italiano. En castellano su título es “Corrupción y pecado”.

"La concatenación de pecados no conduce a la corrupción, sino que es la cualidad de ellos lo que lleva a generar actitudes que deterioran la capacidad de amar y ensalzan el egoísmo", explica el Santo Padre.

En el ensayo del pontífice se dice que también que, a menudo, confundimos pecado y corrupción. "No es lo mismo aunque sean dos actitudes íntimamente ligadas", aclara el Papa Francisco. "El corrupto ni siquiera se da cuenta de su situación. Es una telaraña que se agranda imponiendo la complicidad".

Bergoglio condenó la corrupción política en Argentina

Se trata de una reflexión escrita por el papa cuando era arzobispo de Buenos Aires el 8 de diciembre de 2005 y que ha sido completado con una meditación del presidente del Senado, Pietro Grasso, que asegura que "es posible curarse de la corrupción".

Según el Sumo Pontífice, "la corrupción es la hierba mala de nuestros tiempos. Infecta la política, la economia, la sociedad. Amenaza hasta a la iglesia. Es el cáncer moral que ha envuelto Argentina".

"El corrupto pone cara de no haber hecho nada, se merecería un doctorado Honoris causa en cosmética social", sentencia con ironía el argentino Jorge Mario Bergoglio.

"No habría corrupción sin corazones corruptos" señala el pontífice.

En el libro recurre a abundantes referencias bíblicas para constatar que el corazón no quiere problemas, tampoco entre los religiosos. Bergoglio advierte de que la cotidianeidad espiritual es una forma de corrupción también para los hombres y mujeres consagrados, a quienes alerta para alejarse de la mediocridad y la tibieza.

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