
Carlos Chen, superviviente de una de las cinco matanzas de Río Negro. El fue quien nos presentó a Juana

Los hermanos Chen, Juan y Juana, con el retrato de su madre asesinada; único resto de su naufragioEN PORTADA
FICHA TÉCNICA
Guión: Yolanda Sobero
Realización: Virginia Valdez
Imagen: Ignacio Garcés
Sonido: Juan A. Barroso
Montaje: Mercedes Munárriz
YOLANDA SOBERO Año 2006, Rabinal, Guatemala. El país que ha sufrido el conflicto más largo de América contaba ya diez años desde que se firmaran los acuerdos de paz de una guerra que se cobró más de 200.000 vidas y que fue especialmente sangrienta con la población indígena.
Al pasar en coche, una mujer menuda se apoyaba, con los ojos arrasados de lágrimas, en la puerta de la Oficina del Resarcimiento. Era una de las víctimas del genocidio. Poco después, esa mujer, una indígena más que podría pasar desapercibida, nos adentraba en el terror.
Nos la presentó otro superviviente, Carlos Chen Osorio. Juana había venido a Rabinal para solucionar el papeleo de la ayuda oficial. Se mostró dispuesta a hablar ante la cámara de En Portada en la parte de atrás de una casita de unos conocidos. A las primeras preguntas, sobre las ayudas, se limitó a responder con poco más que monosílabos. Una entrevista difícil, fallida, hasta que una pregunta anodina le debió romper algo dentro y desbordó su relato.
Fueron 40 minutos ininterrumpidos, en los que Juana, una mujer de 34 años, casada y con varios hijos, se transformó en una niña de diez años sumida, junto a su hermano Juan, de cuatro, en el reino del terror. Pese a los 24 años transcurridos, volvió a un pasado más presente que aquella entrevista.
Asesinaron a su madre, a su hermano menor, a 107 mujeres y 70 niños
Juana era una niña sufriente que, con apariencia adulta, expresaba en cada unos de sus gestos su dolor profundo, incurable y su mirada no podía apartarse del trayecto de horror, más vivo que revivido, del 13 de marzo de 1982, en que los soldados y los patrulleros llegaron a su comunidad, ahogaron los gritos y lamentos en sangre y asesinaron a su madre, a su hermano menor, a 107 mujeres y a 70 niños. Y como después, la llevaron junto a su hermano Juan a otro pueblo y con otra familia, que les cambió el nombre y les maltrató.
Juana y Juan Chen Osorio Cuidan muestran con melancolía y dolor la foto de su madre asesinada, el único resto del aquel naufragio. Son supervivientes de una de las matanzas perpetradas en Río Negro, de una de las 625 masacres documentadas por la Comisión de Esclarecimiento Histórico. De un genocidio aún vivo en Juana Chen Osorio, una mujer, una indígena más que podría pasar desapercibida, que nos adentró en el terror y que no olvidaré nunca.

Juana Chen
"Estábamos rodeados de soldados para que nada se escapara de ahí. Ya no había lugar…. Y después dijo uno de ellos que tenían que matar a 10 mujeres y a 10 niños cada soldado. Y mandó uno de ellos.
Cuando empezaron a matar a las mujeres, las embrocaban en el hoyo, embrocaban y les tiraban el balo en la espalda. Y después agarraron a los niños, agarraron a los niños de los pies, los mataban en la piedra, ellos se les rajaba la cabeza y se iba su sangre, se iba su sangre de una vez… Y los tiraban allí, en ese hoyo, en donde estaban matando a las mujeres…
Eran bastantes, bastantes mujeres. Ya terminó un soldado de matar y uno de matar 10 niños y venía otro, porque el que no mataba de los soldados se quería muerte allí de una vez, es así que dijeron, que lo iban a matar de una vez. Vino, todos los mataron. Bastante, bastante que los mataron. Eso empezó a las 11 de la mañana y se terminó a las 5 de la tarde….
Bueno, ya había sólo 15 mujeres nada más y estaba sentada mi madre todavía, en medio de ellas. Y había 16 niños sentados en el monte y yo les dije, dónde van. Nosotros nos regalamos con los soldados y esos judiciales… Está bien, les dije yo. Y me dijeron, por qué no te vas tú. Pero no hay, quién me va a llevar. Yo vine y le dije a mi madre, mamá, yo me voy a quedar con esos niños, yo no quiero morirme. Quedáte, me dijo mi mamá, llevá a tu hermanito…
Jalé a mi hermano y lo cargué. Me senté con los 16 niños… Y ya éramos 18 cuando yo me senté allí con ellos, porque nosotros somos dos. Y me dijo mi madre, hay un Dios que les va a ayudar, me dijo, yo me voy a morir, se va a morir tu hermano. Está bien, mamá. Y yo me fui a sentar…
Lo vi cuando llevaron a mi madre… Gritó mi madre cuando la mataron… Y a mi hermanito, de un año, le agarraron el pie…. Y se murieron todos".
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