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TEATRO

'La larga cena de Navidad': 90 Nochebuenas en una hora

  • El teatro de La Guindalera muestra en  Navidad sus éxitos en los Teatros del Canal

  • 'La larga cena de Navidad' y 'Odio a Hamlet' pueden verse hasta el 6 de enero

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"Que buena pinta tiene el pavo" (y dónde dice pavo podríamos poner "pato", "capón"...) humm, y cómo huele...Al ataque", "Hasta la más pequeña ramita está cubierta de nieve, ¡es algo inaudito!", "qué hermoso ha sido el sermón, me ha hecho llorar", "mi madre sabia también apreciar los sermones y cantaba villancicos todo el año"

Estan son tan sólo algunas réplicas, que año tras año, generación tras generación, se van repitiendo por parte de los personajes de La larga cena de Navidad de Thornton Wilder, ganador de 3 premios Pullitzer, que ahora podemos ver con la compañía Guindalera, bajo la dirección de su fundador, Juan Pastor, en los teatros del Canal.

Una pieza sutil, profunda y ligera tan solo en apariencia, que nos habla fundamentalmente sobre el paso del tiempo. Y también de la vida, la muerte o la familia, que el Teatro Guindalera lleva ofreciendo en Navidad, desde 2004.

Lo hace a través del sabor agridulce que tiene la tradicional cena de Nochebuena en los países de tradición cristiana, como el nuestro. Cenas que son largas, como recuerda el título, en las que se quiere ser agradable con comentarios intrascendentes, en la que se recuerda a quienes ya no están.

Es muy curioso precisamente como en este montaje está plasmado ese paso del tiempo.

Llega un primo a la mesa, se entabla una conversación. La abuela pierde el hilo, la doncella la acompaña, siguen hablando sus descendientes y al rato, el espectador, se da cuenta que estamos ya en la Nochebuena siguiente.Ya, un minuto después hablan en pasado de la pobre abuela..y siguen sentados los mismos personajes a la mesa vacía (en ella sólo hay un adorno floral, ni copas, ni platos, ni cubiertos pero podemos asegurar que los comensales cortan, trinchan, comen y beben)

Y vemos incluso, como sin necesidad de recurrir a artificios, los propios personajes envejecen a ojos vista. La que era la hija pronto se convierte en la madre mayor y luego en abuela. El joven hijo de pronto es padre maduro, luego patriarca, hasta desvanecerse...

También los pequeños paréntesis líricos sirven para separar escenas, años por tanto, de una Navidad a otra, en la que aparece un bebé, desaparece un anciano, se marcha una prima, aparece otra...

Personajes entrañables y excéntricos

Es importante recalcar que todos los personajes (de una misma familia Los Boyardo) están marcados por la memoria. Y los vemos desprotegidos, entrañables pero excéntricos, sus defectos y sus "tics" nos hacen sonreír, se entusiasman contando anécdotas del pasado y se enorgullecen al poder contarlas o escucharlas fingiendo interés.

Y en el animalario familiar, hay bichos de todas las especies: abuelitos entrañables contando batallitas, abuelitas que pierden un poco la cabeza, primas locuelas, otras con vocación de solteronas ácidas, jóvenes impulsivos y hasta varios bebés que atraviesan en cochecito el escenario.

Los mayores hablan de lo que quieren (repiten sus batallitas, sus recuerdos, en cada cena, cada ñao) sin importar mucho si viene a cuento o no, si interesa o no a los demás. Los jóvenes les siguen la corriente fingiendo sorprenderse de lo que cuentan los viejos, como si fuera la primera vez que escucharan esa anécdota.

Y así, como quien no quiere la cosa, en apenas una hora, cuatro generaciones de la misma familia se van incorporando a la mesa de una larga cena de noventa años, repitiendo comentarios, chistes, y canciones heredadas de cenas anteriores y cuando les llega el “momento” se despiden levantándose amablemente de la mesa en un mutis definitivo.

Por todo esto, la tan solo una hora que dura la obra parece ser mucho más. Es mucho cronológicamente lo que contiene. Y es mucho también de emociones, ideas, tradiciones lo que hay condensado en la obra; emociones y tradiciones que el espectador conecta inmediatamente con su propia historia familiar.

Y además...'Odio a Hamlet'

Y el programa doble que actualmente muestra el Teatro de la Guindalera se completa, a las 21 horas, e igualmente hasta el 6 de enero, con 'Odio a Hamlet', de Paul Rudnick. Una primera versión de este montaje fue estrenado en La Guindalera en 2006.

La llegada de un actor de televisión a la casa donde vivió su idolatrado John Barrymore hace que la vida de este joven dudoso de su talento y con poco charme entre las mujeres se termine convirtiendo, con más o menos capacidad de convicción, en todo un Hamlet de nuestro tiempo.

Risas, divertidos bailes, trajes de época y luchas entre espadachines hacen amena una obra  puesta en marcha por la compañía Guindalera que permanecerá en la Sala Verde de los Teatros del Canal hasta el mes de enero y después continuará en la sede de Guindalera. El actual montaje se ha puesto en marcha sin subvenciones públicas.

Con Raúl Fernández como protagonista, en Odio a Hamlet destaca el papel de José Maya como un resucitado Barrymore y la de la agente inmobiliaria brillantemente interpretada por una cómica Ana Alonso, informa Paula Quintana.

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