La Orquesta Filarmónica de Rochester graba la Sinfonia Londres de Vaughan Williams

  • Vaughan Williams la definió como la Sinfonía de un londinense
  • Seaman dedica la grabación a Adrian Boult, amigo de Vaughan Williams
  • 'Serenata a la música' de V. Williams completa la grabación
Ampliar fotoCEREMONIA DE INAUGURACIÓN DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS LONDRES 2012

La bandera británica es proyectada sobre la fachada de la abadía de Westminster, con el Big Ben atrás, el viernes 27 de julio de 2012, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, en Londres.EFE/Rolf Vennenbernd

JON BANDRÉS 

Querido Christopher:

¿Nos permites a tus viejos amigos Boult enviarte este modesto "bravo" por el Londres de V. W de esta mañana? Era algo maravillosamente vivo y "justo". Nos ha encantado . A Ursula Vaughan Williams (poetisa y segunda esposa del compositor) también. Acaba de decírmelo por teléfono.

Adrian C. Boult

Christopher Seaman que dirige a la Filarmónica de Rochester en esta grabación reproduce en la carpeta del CD, esta carta que en su día -hace ya muchos años- le enviara el prestigioso director de orquesta británico Adrian C. Boult, fallecido en 1983; uno de los mejores amigos  e intérpretes del autor de la Sinfonía de Londres, el compositor inglés Ralf Vaughan Williams. (1872-1958)

Seaman define esta misiva como "un tesoro" de quien a su vez le animó  y ayudó a él. Recuerda como Boult y su esposa seguían regularmente a través de la BBC los primeros conciertos que dirigió Seaman.

El CD publicado ahora por Harmonia Mundi incluye además de la Sinfonía Londres -la nº2 de Vaughan Williams, estrenada en 1914- la Serenata a la Música (1938) -que el mismo autor británico escribió a petición de Sir Henry Wood, el "inventor" de los famosos Proms (Promenade Concerts) de Londres- interpretada por la misma orquesta junto a cantantes solistas de la Mercury Opera Rochester.

La enrevesada historia de la sinfonía Londres

La segunda sinfonía de Vaughan Williams fue estrenada en concierto, en Londres, un 27 de marzo de 1914. Como ningún editor se decidía a publicarla, el compositor británico, nacido en Gloucestershire, pero que definía la obra como "la sinfonía de un londinense", envío el manuscrito de la partitura a Alemania. Tenía la esperanza de corriera mejor suerte en el continente.

Pero, pocas semanas, más tarde, estallaba la Primera guerra mundial. En el caos, la partitura se perdió y nunca volvió a aparecer.

Gracias a las particellas utilizadas durante el estreno, la obra pudo recomponerse. Vaughan Williams revisó varias veces la obra a lo largo de su vida. Al final de ésta, hablaba como una de sus creaciones preferidas.

De las brumas a la campana Big Ben

De un modo tradicional, pero también con mucha emoción personal y fuerte sentimiento nacionalista, Vaughan Williams elaboró este homenaje sinfónico a Londres, en el que encontramos temas originarios del repertorio popular.

La obra comienza con un lento que evoca las brumas del amanecer. Un ambiente que reflejaron a la perfección pictóricamente Monet y Turner. Podemos escuchar ya en el primer movimiento (que pasará de lento a allegro risolutto) cómo el sol va calentando ese paisaje urbano. E incluso las campanas de la Torre de Isabel o del Reloj del palacio de Westminster, conocido popularmente por extensión como el Big Ben (que es en realidad el nombre de una campana de esa torre).

Escuchamos a partir de ese momento lo que seria el tumulto londinense de principios del siglo XX: calesas, trenes y el murmullo de vendedores y viandantes. El movimiento alcanza pasajes grandilocuentes, en tono épico.

El segundo movimiento -lento- refeja sin embargo, la cara más sombría, silenciosa y melancólica de la capital británica. Sería algo sí como reflejo de la grisura de un cielo que vierte lluvia sobre la urbe.

El scherzo nos lleva hasta el lado nocturno de una gran ciudad, en la que no falta animación ni espectáculo (music-hall). Pero todo se desvanece pronto en el silencio.

El río pasa, Londres pasa, Inglaterra pasa...

Vaughan Williams evocó la novela Tono-Bungay de H.G Wells para explicar de algún modo el amplio epílogo contenido en el último movimiento de su sinfonía. En ese relato, un hombre desciende en barco el Támesis, en dirección al mar.

"Una tras otra" -explicaba el compositor- "todas las luces se van apagando".

Y añadía : "Inglaterra, el Reino Unido, la Gran Bretaña y el Imperio, los orgullosos obsoletos y los deberes seculares se deslizan sin ruido de la proa a la popa, desaparecen en el horizonte, y pasan, todo pasa...El río pasa, Londres pasa, todo pasa


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