Alemania-Grecia: el partido de la crisis del euro

  • Las dos selecciones simbolizan dos formas de entender la política
  • Las relaciones entre ambos países se encuentran en su peor momento
  • La germanofobia amenaza con extenderse por el sur de Europa
  • En España, las críticas a Merkel son crecientes y han subido de tono
  • ¿Quieres jugar a la copa del euro?
Ampliar fotoUn hincha alemán y otro griego animarán a sus selecciones en Gdansk.

Un hincha alemán y otro griego animarán a sus selecciones en Gdansk.

ESTEFANÍA DE ANTONIOESTEFANÍA DE ANTONIO 

¿Con quién vas en el Alemania-Grecia? "Prefiero que ganen los griegos, total, parece que es la única forma de que puedan meterle un gol a Merkel". Esta respuesta escuchada por doquier entre los hinchas españoles es un síntoma de que esta noche, a pesar de que los líderes políticos intenten quitarle hierro al asunto, se juega algo más que un partido de fútbol.

“Nuestros chicos mostrarán que los alemanes no solo saben ahorrar, sino también jugar al fútbol”, ha declarado el ministro del Interior alemán Hans-Peter Friedrich, mezclando arriesgadamente deporte y economía.

El provocativo diario germano Bild se ha encargado de calentar el encuentro con una de sus escandalosas portadas. “Han podido salvarse y quedarse en el euro, pero hoy no se salvarán", afirma y anima al entrenador Joachim Löw a que “destruya” a la defensa rival. "Jogi, envía a los griegos camino al infierno", pide también el Morgenpost de Hamburgo.

En Atenas, tampoco se han quedado cortos."Llévales a la ruina", clama el diario deportivo líder griego Sport Day.  Incluso el respetado periódico conservador  Kathimerini asegura desde sus páginas que "el que piense que el partido de hoy es solo un juego está equivocado".

"Para muchos griegos, la victoria representará el triunfo de los débiles frente a la riqueza, el poder y la arrogancia de los poderosos... Si ganan los alemanes, ellos lo verán como la confirmación de su diligencia, la estrategia, el talento y ahorro", asegura el diario, que afirma que este partido se juega contra un enemigo, culpable de condenar a Grecia a un programa de austeridad punitivo, un desempleo crónico y años de profunda recesión económica.

Griegos, vagos y derrochadores

La impopular política económica de la canciller Angela Merkel entre las opiniones públicas de los países más castigados por la crisis amenaza con propagar por el sur de Europa una ola de germanofobia que, en el caso de Grecia, es ya una realidad.

Un 78% de los griegos tienen una opinión desfavorable hacia Alemania y un 84% censura la gestión de Merkel en la crisis económica, según la última encuesta del Pew Research Center realizada esta primavera. Al revés, las percepciones son similares. La simpatía hacia Grecia ha descendido 13 puntos (del 40 al 27%) desde 2010 a 2012 en el país germánico. Además, los alemanes señalan a los griegos como los menos trabajadores de la Unión Europea y de los más corruptos.

Solo hay que echar un vistazo a las portadas de periódicos de uno y otro país durante los últimos meses para darse cuenta de que las relaciones bilaterales no pasan por su mejor momento.

Desde el Bild los ataques helenos han sido constantes, pero sin duda el titular "¡Vended vuestras islas, griegos quebrados! Y vended la Acrópolis también", ha sido uno de los más polémicos.  En la revista de orientación liberal Focus, tampoco duraron en ridiculizar al país jactándose de sus “2.000 años de decadencia”. Una fotografía manipulada de la Venus de Milo levantando de forma grosera el dedo corazón hacia arriba acompañaba en la primera página el siguiente titular “Mentirosos en la familia del euro”. “Grecia nos quita nuestro dinero y ¿qué pasa con España, Portugal e Italia.?”, señalaba.

Alemanes, imperialistas y arrogantes

En Grecia, han contraatacado las incesantes críticas de vagos y derrochadores, con apelaciones al nazismo e imperialismo germánico. Las imágenes de Merkel con bigote hitleriano o la esvástica en el hombro también han sido recurrentes.

Así, en el diario Eleftheros Typos la tradicional imagen de la diosa en la columna de la victoria de Berlín sostiene una esvástica en lugar de la corona de laurel. “Se extiende la propiedad económica del IV Reich…”, dice el titular y dentro se puede leer “la economía nazi amenaza a Europa (…) El coste del desarrollo de la Alemania oriental en los años 60 fue pagado por los contribuyentes griegos”.

¡Desde la primera mensualidad nos debéis las indemnizaciones de guerra!”, reclama la revista Ho Topos Mou.

Pero esa “germanofobia” creciente no solo se ha palpado en los medios de comunicación. Durante las huelgas generales celebradas en Grecia, la hoguera de banderas nazis y alemanes calentaba las calles de Atenas. Así mismo la unión de consumidores griega INKA llamó al boicot de los productos alemanes.

De alguna forma, los griegos han recuperado el sentimiento antialemán que nació con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial para denunciar otra forma de sometimiento, esta vez económico, en el que la política ortodoxa de austeridad y recortes es impuesta a Atenas a cambio de un rescate financiero.

Si esta germanofobia se puede o no extender al resto de Europa, es difícil de predecir. Tiene mucho que ver con la memoria colectiva de los pueblos y en España ese sentimiento anti-germánico nunca ha existido. Los objetivos de nuestras iras nacionales hay que buscarlos en la pérfida Albión, los contubernios bolcheviques y en el invasor napoleónico. Aún así, las críticas hacia la intolerancia de Merkel, presentada como la culpable de nuestros males económicos, son crecientes y despiertan comentarios y reproches hacia todo un país.

¿Germanofobia en España?

"Noto un cambio de opinión en los españoles. No solo lo veo en los medios, sino en las redes sociales y también la calle. Del tono jocoso se ha pasado al enfado”, asegura a RTVE.es el alemán Thilo Schäffer, residente en España desde hace más de 15 años durante los que ha trabajado para el diario Público, El País y el Financial Times Deutschland, entre otros. También fue correponsal del periódico Cinco Días en Berlín y ahora escribe para el semanal Mallorca Zeitung.

"Hay un fondo de crítica más que justificado porque las políticas de Merkel no benefician ni a España ni al resto de Europa, pero creo que las críticas en los medios de comunicación son desmedidas y que al Gobierno de Rajoy también le conviene fijar la atención en la canciller para disimular su gestión de la crisis", añade. 

En su círculo de amigos y conocidos cada vez son más quienes le reprochan la "arrogancia" y el "autoritarismo" de los alemanes. "Me dicen que la economía alemana se aprovecha del euro", explica a RTVE.es. Pero sobre todo dice que han sido las anécdotas de la Eurocopa las que le han hecho ver hasta qué punto su país ya no despierta las mismas simpatías.

"En el Mundial, todos apoyaron a Alemania en el partido contra Argentina, la gente respetaba a mi selección. Ahora todo el mundo quiere que ganen los griegos", señala. 

La misma percepción tiene Alexandra Wilms, otra periodista que llegó a Mallorca en 2004. Admite que en los últimos meses se ha tenido que convertir a la fuerza en “la portavoz de Merkel”.  “Hay veces que me veo obligada a defender su política aunque no esté del todo de acuerdo, me siento como si estuviera en medio. Intento explicar cómo se sienten los alemanes, hacer entender a los españoles que no tienen por qué dar su dinero a toda Europa”, afirma a RTVE.es.

Alexandra acusa, sobre todo, las comparaciones con el nazismo como un golpe bajo. “Creo que las bromas sobre alemanes se están yendo de las manos en los medios. Somos hipersensibles con el tema de Hitler, todo el mundo lo sabe y es peligroso que en periódicos serios encontremos estos ataques”, considera.

90 minutos de fútbol para la historia

Bern Weichselgartner también vive en Mallorca, donde reside la mayor colonia alemana en España, y cree que “esto de la germanofobia se está exagerando”. “Mi mujer es española y todavía no me ha echado de casa”, confiesa, entre risas, a RTVE.es. Y tiene razón, según la encuesta de Pew, Merkel sigue siendo la líder más valorada entre los españoles, aunque su popularidad ha caído 10 puntos desde 2011 hasta el 63%. Según Metroscopia, el 60% tiene una opinión favorable de Alemania y un 30% desfavorable (20 puntos más que en 2010).

Bern reconoce en los alemanes cierta "prepotencia", "orgullo" y "falta de autocrítica que nos lleva a pensar que lo que funciona en Alemania, debería funcionar en España pero esto no es así". Y añade: "Como soy alemán, la comparación fácil es caer en el tópico del nazismo... Pero la realidad es que estoy tratando de sobrevivir económicamente igual que cualquier español", sostiene este autónomo, que también tiene que hacer encaje de bolillos para llegar a final de mes.

Cuando el árbitro pite el inicio del partido en la simbólica Gdansk -la Danzig ocupada durante el III Reich- y el balón empiece a rodar se concentrarán en el estadio Arena todas las emociones que suscita un partido de cuartos de final y algo más. "Lo más importante para nosotros es dar algo de felicidad a los griegos, eso es todo", afirma el jugador heleno Giannis Maniatis.

"Ojalá alguien me comprara un billete y pudiera ir allí y tirarle un yogur (a Merkel) a la cara", dice a Reuters Theodosis Giannitsis, de 65 años desde Atenas. La canciller, forofa del fútbol, adelantó la reunión con sus colegas europeos en Roma para llegar a tiempo al partido.

Para Diego Maradona, si 300 espartanos pudieron frenar a 10.000 persas en las Termópilas, 11 griegos tendrán verdaderamente una oportunidad contra 11 alemanes. Serán 90 minutos para ver si el débil vence al fuerte. A David contra Goliat. A apelar a la heroica o a constatar que el poderío germano se impone también en el terreno de juego. Sí, ya sabemos que no hay que mezclar la política y el fútbol pero, esta vez, los caprichos de la Eurocopa lo han puesto demasiado fácil.

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