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El candidato laborista a la alcaldía de Londres, Ken Livingstone (izquierda), junto al actor Richard Wilson en la presentación del cartel de campaña
El candidato laborista a la alcaldía de Londres, Ken Livingstone (izquierda), junto al actor Richard Wilson en la presentación del cartel de campaña. Reuters

Cameron confía en Londres ante unas elecciones locales que se le auguran adversas

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Las elecciones locales de este 3 de mayo en el Reino Unido no llegan en el mejor momento para el primer ministro, David Cameron. Al contrario, se renuevan 181 ayuntamientos en el punto más bajo de popularidad desde que llegó a Downing Street.

Unos presupuestos generales que provocaron críticas generalizadas, tropiezos alarmistas de algún ministro, una recaída en la recesión y, además, los Murdoch con ganas de airear sus contactos privados con el Gobierno. Toda una serie de desdichas políticas y económicas que han colocado a los conservadores hasta diez puntos por debajo de los laboristas.

Según las encuestas y los analistas, Cameron solo podrá salvar la cara, curiosamente, con la ayuda de Boris Johnson: alcalde conservador de Londres, candidato a la reelección y, se dice, rival interno del primer ministro, con la mirada puesta en el futuro liderazgo de los tories (aunque Johnson, en su florido lenguaje, insiste en que tiene tantas opciones de suceder a Cameron como de “ser encerrado en un frigorífico en desuso o ser decapitado por un Fressbe”).

Sin duda, la batalla electoral que más atención despierta es la de Londres, porque es la capital y por la fuerte personalidad de los dos principales candidatos, conocidos aquí, simplemente, por sus nombres: Boris y Ken. El conservador Boris Johnson busca un segundo mandato, después de ganar las elecciones de 2008, frente al laborista Ken Livingstone, que quiere volver al ayuntamiento, al City Hall. Fue alcalde durante ocho años, con su partido y también como independiente, después de romper temporalmente con el laborismo.

Batalla por Londres

La campaña por la Alcaldía de Londres comenzó con el viento totalmente a favor de Boris. Su victoria se daba por garantizada. En vísperas de las elecciones, el actual regidor sigue en cabeza de los sondeos, pero Ken ha ido recortando distancias y en algunas encuestas (muy cambiantes, por cierto), el laborista se ha situado a solo dos puntos de diferencia. “Nada está garantizado”, dice Tony Travers, profesor de la London School of Economics y experto en la política metropolitana londinense.

El resultado de la lucha ‘Boris contra Ken’ se conocerá hacia la noche del viernes, después de una campaña centrada en el alto precio del transporte público, la necesidad de vivienda asequible y la seguridad. Evidentemente, los primeros afectados por la elección serán los londinenses, pero el resultado tendrá lectura nacional.

En este momento, Boris está mejor valorado que su partido. “Tiene una extraordinaria capacidad para desafiar la ley de la gravedad política”, comenta Tony Travers. En cambio, la popularidad de Ken es inferior a la que registran, nacionalmente, los laboristas. Conclusión: “Si gana Boris, la victoria será de Boris; si gana Ken, la victoria será de su partido”.

El argumento también vale en sentido contrario. Una derrota de Livingstone se atribuirá a Livingstone; de una derrota de Boris, seguramente, se culpará a Cameron. En ese caso, el primer ministro añadiría un nuevo episodio a su serie de desdichas políticas.

El líder conservador prefiere mantener a Boris ocupado en el City Hall cuatro años más. Será un alivio, igual que la lluvia de los últimos días para Inglaterra. Como dicen los comentaristas más ácidos, es de lo poco que le ha ido bien al Gobierno últimamente: declaró la sequía y no ha parado de llover desde entonces.

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