
El Papa Benedicto XVI asu llegada a Parque del Bicentenario de Silao en Guanajuato (México), con un sombrero de charro mexicano.EFE/ Jorge Nuñez
Benedicto XVI ha pedido hoy en México a los cristianos que resistan a la tentación de una fe "superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente", y que superen el "cansancio" de la fe.
El Pontífice hizo estas manifestaciones antes varios cientos de miles de mexicanos en el Parque del Bicentenario de Silao, ciudad cercana a León, en el centro de México, a la misa que oficia en su tercer día de visita a este país.
El Obispo de Roma ha reiterado la necesidad de una nueva evangelización en este continente que conoce a Jesucristo desde hace ya más de 500 años, pero en el que avanza la secularización y la penetración de las sectas.
El papa ha señalado que la misión evangélica continental puesta en marcha tras su visita a Aparecida, en Brasil, en 2007, tiene ese objetivo.
A la misa oficiada por Benedicto XVI han asistido 250 cardenales y obispos y los presidentes de las 22 Conferencias episcopales de América Latina y del Caribe.También prelados de todo el continente americano, incluidos de EE.UU. y Canadá, y tres mil sacerdotes.
El papa llegó al recinto tras sobrevolar el Santuario de Cristo Rey, en la cima del cerro del Cubilete, a cuyos pies se encuentra el Parque del Bicentenario, construido para conmemorar el bicentenario de la independencia mexicana.
El Obispo de Roma recorrió el recinto en el papamóvil, en medio de los aplausos, vivas y cánticos de los presentes, muchos de los cuales le esperaban en el Parque del Bicentenario desde 24 horas antes, para garantizar un buen sitio, soportando estoicamente el calor.
Al papa le fue entregado un sombrero charro mexicano, que el Pontífice no dudo en colocarse y con el que prosiguió su recorrido entre los asistente.
La misa corresponde al quinto domingo de Cuaresma y en la misma cantará una orquesta formada por 60 músicos y un coro compuesto por 200 personas.
El Pontífice fue recibido en el altar mayor por el arzobispo de la ciudad de León, José Martín Rábago, quien le dio la bienvenida y dijo que viene como mensajero de buenas nuevas, a reanimar a los mexicanos y a invitarles a una nueva evangelización.
El prelado resaltó los males que vive México, entre ellos la violencia y muerte, "que han generado -dijo- la penosa sensación de temor, impotencia y duelo".
Martín Rábago agregó que esa "dramática" realidad tiene raíces perversas que la alimentan: la pobreza, la falta de oportunidades, la corrupción, la impunidad, la deficiente procura de justicia y el cambio cultural que lleva a la convicción de que esta vida sólo vale la pena ser vivida si permite acumular bienes y poder rápidamente y sin importar sus consecuencias.
El arzobispo le pidió al papa un mensaje de esperanza.
Durante la celebración religiosa, el papa regaló un mosaico de Cristo Rey para que sea colocado en el interior del Santuario del Cubilete.
Concluida la misa y el ángelus, el papa se dirigió a una imagen de la Virgen de Guadalupe, patrona de México y de Latinoamérica, ante la que oró.
Después bendeció 91 reproducciones de la Virgen de Guadalupe destinada a todas las diócesis de México.
El papa ha querido celebrar esta misa bajo la estatua de Cristo Rey, uno de los símbolos del catolicismo mexicano y uno de los lugares que no pudo visitar Juan Pablo II en sus cinco viajes a México, para así, dar continuidad a aquellas visitas y honrar hoy su memoria.
La estatua de Cristo Rey del Cubilete es la segunda estatua más imponente del mundo tras la del Cristo de Corcovado de Río de Janeiro y uno de los mayores monumentos religiosos mexicanos, meta de una peregrinación anual a caballo el día de la Epifanía.
La estatua está colocada en la cima del cerro del Cubilete, el más alto de la región, con 2.700 metros de altura, elegido ahí porque es el centro geográfico de México.
La escultura de bronce pesa 80 toneladas y mide 22 metros de altura. El Cristo tiene los brazos abiertos y a cada lado tiene ángel, uno tiene en su mano una corona real y el otro una corona de espinas.
No es la original. La original fue realizada en 1923 y destruida en 1926 en un bombardeo ordenado por el presidente Plutarco Elias Calles al principio de la revuelta de los cristeros (1926-1929).
La actual escultura fue inaugura en 1940 y cofinanciada por el Gobierno mexicano como gesto de buena voluntad hacia la Iglesia.
La Guerra Cristera fue un conflicto armado entre 1926 y 1929 entre partidarios y miembros de la Iglesia Católica y el entonces gobierno de México, por disconformidad de los religiosos con la aplicación de los preceptos constitucionales relativos a materia eclesiástica.
Antes, el papa Benedicto XVI se reunió este domingo en Guanajuato con un grupo de ocho familiares de víctimas de la criminalidad organizada mexicana, según ha informado el Gobierno mexicano, que precisó que el encuentro fue a iniciativa del presidente, Felipe Calderón.
Se trata de María Elvia Valencia, madre de un policía federal desaparecido en Ciudad Hidalgo, Michoacán; María Herrera, de Michoacán, madre de cuatro hijos desaparecidos a causa de la delincuencia organizada, y Alicia Ulloa Conde, hermana de Gabriela Ulloa, víctima de un secuestro.
También participaron en la reunión Araceli Quintanilla Ocaña, de Monterrey, Nuevo León, cuya hermana falleció en un fuego cruzado, y María Guadalupe Dávila, de Cuidad Juárez, Chihuahua, cuyo hijo, Rodrigo Cadena, es una de las víctimas de Villas de Salvárcar.
Las otras son Josefina Torres Espinoza, esposa de un militar muerto en una operación contra el crimen organizado en Durango; Verónica Cavazos, viuda del alcalde de Santiago, Nuevo León, Edelmiro Cavazos, y Norberto Ortega Tafoya, quien fue víctima de un secuestro, posteriormente liberado.
El encuentro se produjo tras la reunión que mantuvieron en la tarde del sábado en el palacio del Conde Rul, en Guanajuato, Benedicto XVI y el presidente Calderón.
Benedicto XVI no se ha reunido con víctimas de los abusos sexuales cometidos por fundador de los Legionarios de Cristo, el mexicano Marcial Maciel (1920-2008), castigado por Benedicto XVI por abusos sexuales a seminaristas y por la triple vida que llevó.
En otros viajes, el pontífice se reunió con víctimas de clérigos pederastas, como ocurrió en EEUU, Australia, Gran Bretaña y Malta, pero en esta ocasión, precisó Lombardi, los obispos mexicanos no lo han pedido.
Sobre el caso de las víctimas de Maciel, que el sábado pidieron al papa que reconozca la responsabilidad de la Iglesia y denunciaron que el pontífice no ha querido reunirse con ellos, Lombardi dijo que es "injusto" acusar a Benedicto XVI de oponerse a la verdad y a la transparencia.
Según Lombardi, las víctimas de Maciel han mostrado "cierta agresividad y ambigüedad" al pedir el encuentro, "ya que se decía de querer encontrarlo, pero no se le quería escuchar de manera profunda".
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