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La primavera no llega al banquete de Mugabe

  • El Gobierno de Zimbabue autoriza la intercepción de todas las comunicaciones
  • La lista de violaciones de derechos humanos en el país africano es interminable
  • La oposición oficial se conforma con las migajas de poder del presidente

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Mugabe, durante la inauguración del cuartel general de la Unión Africana, en Etiopía.
Mugabe, durante la inauguración del cuartel general de la Unión Africana, en Etiopía. AFP REUTERS

Interception of Communications Bill. Apenas tres palabras y media para definir el descaro y la satrapía del régimen de Robert Mugabe, en Zimbabue.

¿Qué permite esta Interception of Communication Bill? Pues básicamente autoriza al Gobierno a interceptar conversaciones telefónicas, correos electrónicos y sms de cualquier ciudadano de Zimbabue. De cualquiera. Sin autorización de juez alguno.

Esta semana me contaba una amiga de Harare que el propio ministro de Información reconoce abiertamente que todos los políticos son conscientes de que sus teléfonos están pinchados. Incluido el suyo, claro.

¿Y cómo lo hacen? Pues aquí entro en el terreno del rumor sin confirmar que circula por cualquier calle de Harare o Bulawayo.

El Gobierno de Mugabe ha cerrado algunos contratos de telecomunicaciones con China a cambio de que esas empresas chinas les proporcionen la tecnología para, por ejemplo, acceder a todas las wifis de los hoteles en los que se alojan los periodistas. Las organizaciones utilizan siempre websites encriptadas.

Violaciones de derechos humanos

Otro ejemplo: Hace un año, una profesora de derecho de la Universidad de Zimbabue, Munyaradzi Gwisai, fue detenida junto a otros 46 universitarios por mostrar un vídeo de las revueltas de la Primavera Árabe en Túnez y Egipto. Les acusaron de traición.

La lista de violaciones de Derechos Humanos en Zimbabue es interminable. Detenciones de periodistas y activistas, torturas indiscriminadas, vejaciones a ciudadanos normales y corrientes, pucherazos electorales… Y enriquecimiento más que sospechoso de su presidente, Robert Mugabe.

Mugabe surgió como el gran libertador de la vieja Rhodesia del Sur. Provocaba admiración entre sus vecinos africanos e incluso entre los dirigentes occidentales.

Soñó con ser un Mandela, antes incluso de la gran irrupción de Mandela… Pero todo se vino abajo cuando llegó el momento de ser generoso en la gobernanza.

¿Primavera zimbabuense?

Es tan sagaz que nadie en todo Zimbabue ha logrado acercarse a su grado de maldad. Hasta tiene adormecida a una oposición más que sui géneris, porque se sigue considerando oposición a pesar de disfrutar –no administrar- de múltiples ministerios. Y ése es el gran problema de Zimbabue.

La oposición se conforma con las migajas del banquete que Mugabe lleva obsequiándose desde hace 32 años.

¿Y es posible una primavera zimbabuense? Posible es, pero el zimbabuense es poco dado a las revoluciones… Y sabe que Mugabe cuenta con el Ejército, la policía y los veteranos de guerra, fuerza de choque del régimen que no se anda con contemplaciones cuando toca romper piernas o abrir cráneos.

Y también está Sudáfrica, que mantiene desde hace años un incomprensible respaldo al sátrapa del norte.

Y termino. Adoro Zimbabue. Es sin duda mi país preferido de África. Lo he recorrido de arriba abajo y en varias ocasiones. Quizá por eso, la sal en su herida me escuece como si fuera mía.

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