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Trichet pasa el relevo a Draghi en el BCE sin sofocar la crisis de deuda que amenaza al euro

  • Trichet mantuvo los tipos 78 veces, los subió 11 y los bajó siete
  • El gobernador del Banco de Italia seguirá el camino de la ortodoxia

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Trichet y Draghi
Mario Draghi sigue los pasos de Jean-Claude Trichet. REUTERS REUTERS

El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, dice adiós este jueves a su mandato al frente de la institución financiera más importante de la Unión Europea. Un francés que pasa el relevo a un italiano, Mario Draghi, hasta ahora gobernador del Banco de Italia, en medio de la peor crisis de deuda de la zona euro.

La gestión de Trichet se resume en tres cifras: 78 mantenimientos de los tipos de interés, 11 subidas y 7 bajadas. Los mercados habían anticipado una bajada pero al final le ha pasado la patata caliente a su sucesor.

A lo largo de su mandato, Trichet ha sido fiel al compromiso fundacional del BCE de mantener los precios cerca, pero por debajo del 2%. Bajo su batuta, la inflación media de la eurozona se ha situado precisamente en el 2%, aunque en septiembre se ha disparado hasta el 3%.

La independencia del BCE ha sido otro de los principios que Trichet ha defendido a capa y espada, incuso desoyendo los llamamientos del jefe del Estado francés, Nicolas Sarkozy, para que bajara los tipos. Su recompensa ha sido la consolidación de la credibilidad de la entidad, una institución que nació en 1999 junto con la moneda única.

Lento de reflejos

En el debe del actual presidente del BCE hay que anotar su inercia a la hora de mantener los tipos o incluso subirlos cuando ya había estallado la crisis. Así, los mantuvo en el 2% desde que accedió al cargo hasta diciembre de 2005 lo que contribuyó a inflar la burbuja financiera e inmobiliaria en países como España e Irlanda. Después, en julio de 2008, subió los intereses del 4 al 4,25%, en medio de la crisis financiera y este año el BCE ha elevado los tipos del 1 al 1,5% pese a la crisis de deuda soberana.

La política de compra de bonos de Italia y España y de los países rescatados, una desviación para los economistas más ortodoxos del mandato del BCE, acarreó la renuncia del economista jefe y miembro del Comité Ejecutivo de la entidad, Jürgen Stark, que se oponía a esa actuación. La dimisión abrió una brecha en la institución y supuso un desafío al liderazgo de Trichet, que sigue manteniendo las medidas extraordinarias en pro de la estabilidad del euro.

Otra muestra de su carácter fue la filtración de la carta que el BCE dirigió al gobierno italiano. En la misiva, Trichet y el resto del consejo del BCE dictaban al Ejecutivo de Berlusconi las medidas de ajuste que a renglón seguido tomó Italia.

La pelota está ahora en el tejado de Mario Draghi que asume la presidencia del BCE bajo sospecha. Los alemanes desconfían de él por ser italiano y sus compatriotas temen que sea aún más ortodoxo que Trichet. Ambos gobernadores se vieron salpicados por un escándalo antes de comenzar su labor al frente del BCE. El 18 de junio de 2003, Trichet fue absuelto del caso Crédit Lyonnais, tras haber sido acusado de falsificación contable en el periodo 1990-1991. Mientras que a Draghi se le cuestiona por haber sido vicepresidente para Europa del banco de inversiones Goldman Sachs de enero de 2002 a enero de 2006.

Misión: salvar el euro

Aparte de la decisión inmediata sobre los tipos, Draghi hereda una misión mucho más complicada: salvar a la zona euro de los ataques de los mercados y en el fondo de si misma. En su hoja de ruta, la consolidación de la gobernanza económica europea y en un horizonte quizás no muy lejano, un Ministerio de Finanzas europeo, como propuso su antecesor.

La presidencia del BCE ha seguido un orden descendente con respecto al tamaño de las economías de la zona euro, con la excepción del holandés, Wim Duisenberg, su primer titular. El segundo presidente fue un francés, Jean-Claude Trichet y el tercero un italiano, Mario Draghi. De seguir esa tendencia, el próximo presidente podría ser un español, aunque para entonces, el 31 de octubre de 2019, España debería seguir siendo la cuarta economía de la zona euro y la moneda única deberá haber superado una crisis que pone en duda su existencia. Todo esto, siempre que Alemania no tenga nada que objetar.

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