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EL PORQUÉ DE LA CIENCIA

Las moléculas tensoactivas y el secreto del jabón

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¿Por qué limpia el jabón?
El jabón consigue limpiar la gracias a sus moléculas tensoactivas, que se disuelven en agua y grasa junto con la suciedad

Oxígeno activo

En los últimos tiempos algunos detergentes para lavar la ropa añaden a su composición ‘oxígeno activo’. Según explica el químico Claudi Mans en su libro ‘El secreto de las etiquetas’ (Ed. Ariel), es la manera comercial de referirse sustancias que eliminan las manchas oxidando, “una función similar a la que desempeña la lejía, pero menos agresiva”. Por su estructura química, durante el lavado liberan burbujitas de oxígeno de la misma manera que lo hace elagua oxigenada.

Si tenemos las manos sucias, vamos a la pila, restregamos jabón mezclado con agua sobre ellas, frotamos para crear espuma y en un santiamén notamos cómo la suciedad ha sido arrastrada y se va por el desagüe.

Lo mismo ocurre con la ropa. Si nuestra camiseta tiene una mancha no hay más que frotar detergente sobre la prenda mojada. En poco tiempo y una vez aclarada, la mancha habrá desaparecido.

Los detergentes, jabones, champús, geles de baño limpian gracias a unas moléculas incluidas en su composición llamadas tensoactivos. Lo hacen atrayendo la suciedad y confinándola dentro de pequeñas burbujitas, que son arrastradas con el agua.

Los tensoactivos son moléculas largas. Tanto que cada extremo se comporta de manera distinta.  La cabeza es soluble en agua y la cola en grasas.

Es así porque la cabeza es polar (es decir, con carga, generalmente negativa) y la cola es neutra. En química hay una máxima que reza: “Lo semejante disuelve a lo semejante”. Así lo polar se disuelve en lo polar y lo neutro en lo neutro.

Por eso, la cabeza es soluble en agua, que es una molécula polar. Y la cola está más cómoda entre moléculas no polares, como la grasa.

Gracias a esta ‘doble personalidad’ las moléculas se organizan en presencia de grasas y agua formando una estructura en forma de burbuja que se llama micela (imagen).

Con sus colas (verde en la imagen) atrapan las grasas en el interior mientras las cabezas (azul) quedan en contacto con el agua. Con esta disposición la superestructura con la grasa atrapada es soluble en agua y puede ser arrastrada.

Un invento de hace 4.500 años

La primera mención al jabón conocida es de hace milenios. Una tablilla babilónica del 2.500 a.C. sugería mezclar agua, sebo y cenizas para producir una sustancia jabonosa.

En 1.500 a.C el papiro egipcio de Ebers, sobre medicina, menciona una serie de sustancias que combinadas producen una sal jabonosa.

Por su parte, el historiador romano Plinio El Viejo escribió sobre el sapon que “era una especie de ungüento grasiento de sebo de cabra y cenizas de haya que los pueblos bárbaros se dan en el pelo”.

Con una mezcla parecida, de sebo y cenizas, se lavó la ropa hasta el siglo XVIII, cuando los avances en química permitieron crear jabones a gran escala. Gracias a ello, este artículo se popularizó y la higiene de la población mejoró.

La consecuencia directa de algo tan sencillo fue la reducción de la mortalidad, sobre todo infantil. Algunos expertos afirman que “el jabón junto con la cloración del agua es la medicina que más vidas ha salvado”.

El reinado de jabón tradicional terminó con la llegada de los tensoactivos sintéticos, que son los que se utilizan ahora. Son derivados del petróleo y retiran la suciedad de la misma manera que lo hacen los derivados del sebo.