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El triunfo de la fotografía móvil cuando es social

  • Cada vez más gente comparte fotografías hechas con el móvil
  • Numerosas aplicaciones sacan partido de la menor calidad de imagen
  • Otras aplicaciones utilizan el factor nostalgia

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Muchas de estas aplicaciones juegan con el efecto nostalgia al ofrecer la posibilidad de aplicar efectos visuales que simulan el resultado que se obtendría utilizando cámaras antiguas y de película.
Muchas de estas aplicaciones juegan con el efecto nostalgia al ofrecer la posibilidad de aplicar efectos visuales que simulan el resultado que se obtendría utilizando cámaras antiguas y de película.

Salvo unas pocas excepciones, la cámara que incorporan los móviles aún están lejos de ofrecer una calidad de imagen comparable al que logra una compacta media, principalmente debido a la limitación impuesta por el tamaño de la lente, y queda muy lejos de lo que ofrece una réflex típica.

Pero esto no impide que en la práctica sean las cámaras más utilizadas. De un tiempo a esta parte las aplicaciones y servicios relacionados con la fotografía tomada con el teléfono móvil estén entre lo más demandado por los usuarios de smartphones.

Tanto es así que incluso existen accesorios para la cámara del móvil, desde trípodes a distintos tipos de lentes intercambiables, incluso teleobjetivos. Como si de una réflex se tratara.

La clave, compartir instantáneas

Recientemente servicios como Instagr.am o Path, pensados para capturar fotografías y compartirlas desde el teléfono móvil, han sido objeto de atención al lograr inversiones de millones de dólares para su desarrollo.

Al margen de cualquier otra discusión, empezando por dónde está su modelo de negocio, lo anterior es indicativo de la creciente popularidad de estos servicios de redes personales, redes de contactos a menor escala y con un interés específico como la fotografía móvil en este caso.

La fotografía móvil tiene como aliados a las aplicaciones y al acceso a internet

La mayor ventaja de la cámara del teléfono móvil respecto a cualquier otra es que siempre está a mano, justo cuando se necesita. A esto se suma que con la llegada de los smartphones aparte de una mejora en la calidad de imagen la cámara del móvil cuenta con dos aliados clave: la aplicaciones móviles y sobre todo el acceso Internet 3G que permiten compartirlas –persona a persona o a través de Facebook u otros servicios online– al instante de haberlas tomado.

En plataformas móviles como Android y iPhone existen literalmente decenas de aplicaciones destinadas únicamente al uso de la cámara del móvil. Aplicaciones como Hipstamatic (iPhone) o Vignette (Android) disimulan la limitación del hardware.

Efecto nostalgia

Estas por un lado añaden o simulan funciones destinadas a obtener mejores fotografías o un mayor control sobre la exposición, permitiendo jugar con los tiempos de exposición y la profundidad de campo, algo en principio imposible en este tipo de cámaras.

Muchas aplicaciones aplican efectos que simulan cámaras antiguas

Pero sobre todo muchas de estas aplicaciones juegan con el efecto nostalgia o con la estimulación de los recuerdos de infancia de muchos de los usuarios al ofrecer la posibilidad de aplicar efectos visuales que simulan el resultado que se obtendría utilizando cámaras antiguas y de película.

Por ejemplo, se puede obtener una imagen tan degradada que parece salida de una cámara barata de los años 70 con un carrete de película caducada o parcialmente velada.

Para muchos de los actuales usuarios de smartphones el resultado es una estética familiar, la misma que ven en sus viejas fotografías de la infancia.

Megapíxeles vs. compartir al instante

Estos efectos además maquillan e incluso amplifican a propósito la falta de calidad de la cámara del móvil, lo que de algún modo también "justifica" su utilización.

Si otros aspectos de la imagen como el tema o la composición acompañan, entonces el resultado será una instantánea que probablemente le resultará atractiva a un montón de gente.

Tal vez resulte irónico que este tipo de imágenes poco nítidas, emborronadas y de baja resolución casi ganen más atención y público que la alta definición.

Pero la idea de compartir las imágenes propias –sea con una persona o con cien– y ver las de los demás, sean familiares, amigos u otro tipo de contacto personal al tiempo que se producen y aunque sea en baja resolución, tiene un atractivo mayor que cualquier promesa de una imagen mejor pero que probablemente terminará olvidada en el fondo del disco duro.