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Obama se compromete a reformar la política energética en los próximos meses

  • El vertido del Golfo, por "error humano o chapuzas", impulsa la agenda verde
  • Obama quiere que el Senado apruebe la limitación de las emisiones de CO2
  • Obama apuesta por reducir los créditos fiscales a las petroleras

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El presidente de EE.UU., Barack Obama, se ha comprometido a encontrar los votos necesarios para que el Senado reforme la política energética del país.

La Cámara de Representantes ya aprobó una ley para reducir en un 17% las emisiones de gases de efecto invernadero, pero el proyecto se ha estancado en el Senado. Hasta el punto que no se esperaba su debate hasta después de las elecciones de noviembre, cuando se renueva un tercio de la cámara.

"Puede que no contemos con los votos ahora mismo, pero tengo la intención de encontrarlos en los próximos meses", ha prometido Obama en la ciudad de Pittsburgh, Pennsylvania.

Apuesta verde

La apuesta de Obama por las energías limpias no es nueva; ha sido uno de sus compromisos electorales y la ha blandido como solución para impulsar la economía tras la Gran Recesión. "Trabajaré con cualquiera, de cualquier partido, para conseguirlo. Ha llegado la hora de que, de una vez por todas, esta nación abrace plenamente un futuro de energía limpia", defiende Obama.

Sin embargo, los planes de estímulo -dan resultado, Obama espera el viernes buenos datos de empleo-, la reforma sanitaria y la reforma financiera en ciernes han relegado la legislación energética en el Congreso. Amén de la oposición de los lobbies del carbón y el petróleo.

No en balde, Obama ha avanzado algunas medidas que harán daño al sector. Quiere recortar "miles de millones de dólares" en los créditos fiscales a las petroleras, "de modo que podamos priorizar las inversiones en energías limpias e I+D".

Tampoco gustan a la industria los derechos de emisión que incluye el proyecto, un sistema similar al que rige en Europa para limitar la contaminación. Más respaldo tiene la apuesta por la energía nuclear o la explotación de las reservas de gas natural del país.

Contrarrestar el desgaste político

El momento elegido para el impulso no es casual. El vertido de crudo en el Golfo amenaza con convertirse en la imagen del año para los estadounidenses. Los analistas políticos lo equiparan ya a la crisis de los rehenes con Irán, más que al huracán Katrina. Prima la duración -el secuestro se prolongó 444 días-, y con ella, el desgaste para el Ejecutivo.

Los intentos para frenar el vertido han fracasado hasta ahora. Este miércoles, se ha atascado la sierra del robot que intentaba seccionar el oleoducto de subida,  paso previo para instalar una campana que tapone la válvula. Y la alternativa que tiene más probabilidades de éxito -perforar un segundo pozo que absorba el derrame del primero- llevará meses.

De ahí que la administración Obama haya decidido recuperar la iniciativa política y trata de dar la vuelta a los 44 días de la peor catástrofe medioambiental que ha sufrido el país. La retórica no vale para solucionar los problemas de ingeniería y el Gobierno no cuenta con medios técnicos más avanzados que los de la petrolera.

Error humano y chapuzas

La ofensiva política complementa el cerco a las petroleras, en especial a la responsable del vertido, BP. Obama ha apuntado que "la catástrofe que tiene lugar en el Golfo ahora mismo puede acabar demostrándose que ha sido resultado de un error humano, o de empresas que optaron por chapuzas peligrosas que pusieron en peligro la seguridad".

En este sentido, el Fiscal General ha abierto una investigación penal para determinar si violó las leyes medioambientales. Además, Obama ha impuesto una moratoria de seis meses en la prospección de nuevos pozos de petróleo en Alaska y el Golfo. Y avanza que las perforaciones frente a la costa sólo sirven para satisfacer a corto plazo las necesidades energéticas del país.