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Santos, el sueño del poder

  • El presidente electo colombiano representa la continuidad de Uribe
  • Es economista y fue subdirector de El Tiempo, periódico de su familia

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El candidato oficialista del Partido de la U, Juan Manuel Santos
Santos, en un mitin.

Dicen quienes le conocen que desde joven soñó con ser presidente. Y ahora que tiene 59 años Juan Manuel Santos ha cumplido su sueño y toca el cielo con las manos.

Tal vez la tenacidad le venga de aquella época, de cuando estudió en la Academia Militar de Cartagena y su apellido bajó a la tierra y perdió a aureola que rodeaba a los Santos.

Juan Manuel demostró ser uno más, sufrió la milicia y los madrugones como el resto de muchachos, y allí forjó un carácter luchador y perseverante que le ha acompañado hasta estos días.

Y sin embargo su ambición política tardaría en salir.  Porque en una familia de periodistas lo normal era que un Santos prefiriera escribir en privado antes que hablar en público. De sus años como subdirector de El Tiempo, el periódico de la familia,  muchos recuerdan su etapa como editorialista durante nueve años.

El periodismo se acabaría como profesión (no como pasión) en 1991, cuando el presidente liberal César Gaviria lo nombró Ministro de Comercio Exterior.

Allí llegó con la experiencia de siete años en Londres al frente de la Federación Internacional del Café, y con la lección bien aprendida de un economista graduado en la Universidad de Kansas. Después ocupó otros dos ministerios, y a la hora de hacer balance, el Santos economista siempre presenta los resultados.

Luces y sombras en el Ejército

Dicen que sabe delegar y que confía en sus posibilidades. Y dicen también que le gusta presumir cuando le llegan los éxitos. Lo hizo, por ejemplo, como Ministro de Defensa, cuando aquella histórica Operación Jaque sacó de la penumbra de la selva a Ingrid Betancourt y a otras 14 personas que llevaban años secuestradas por la guerrilla.

Allí estaba Santos, esperando a que Ingrid bajara del avión para sacarse la foto mientras la gente pensaba dónde estará el presidente Uribe.

Tampoco le tembló el pulso cuando llegaron los problemas. Santos compareció impasible para anunciar la destitución de 27 militares por el escándalo de los falsos positivos, esa perversa práctica de decenas de militares que asesinaban a civiles y los vestían de guerrilleros para cobrar jugosas recompensas.

La gente que lo conoce dice que sufrió en privado, pero el semblante frío lo mantuvo igual cuando le pidieron explicaciones, cuando la prensa se preguntó de dónde veían las órdenes y si él y el presidente Uribe no tendrían que asumir alguna responsabilidad.

Los falsos positivos lo han perseguido en esta campaña, y él repite impasible, con la misma frialdad, que el problema venía de lejos y que fue su Gobierno quien lo identificó y lo atajó.

A pesar de que durante la larga campaña iba perdiendo apoyo en los sondeos en favor de Mockus, estuvo a punto de ser elegido ya en primera vuelta y ha logrado en la segunda un hito, al obtener el 69% de los votos, con lo que supera al propio Uribe y lo que ningún candidato había conseguido en medio siglo.