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El matrimonio de EE.UU. con la "Nueva Europa" hace aguas

  • Nuevo desaire: Obama no estará en la conmemoración de la caída del Muro

  • La popularidad de Obama es menor en Europa del Este

  • El desmantelamiento del escudo antimisiles levanta ampollas

  • La revelación de las cárceles secretas mina la credibilidad de Washington

  • Obama corteja a Rusia para lograr su respaldo en Irán

  • Todo sobre el 20 aniversario en el vídeo interactivo del Muro de Berlín

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Obama no estará en la conmemoración de la caída del Muro de Berlín. En sólo un año, la estrecha relación que mantenía la anterior administración Bush con Europa del Este ha dado paso a las rencillas propias de un viejo matrimonio. Los recelos y los reproches han sustituido a la alianza incondicional con la Nueva Europa. Nueva en contraposición a la Vieja, la decrépita y poco fiable parte occidental, en expresión infausta del ex secretario de Defensa, Ronald Rumsfeld.

Poco queda del amor juvenil que había entre los países del Telón de Acero y la primera potencia mundial. La retórica es ahora mucho más tibia que aquel discurso en Berlín del ex presidente Ronald Regan en 1987: "Señor Gorbachov, tire abajo este muro". La práctica es sensiblemente diferente de cuando Europa del Este cerraba filas con Washington en las guerras de Irak y Afganistán.

En la superficie, se multiplican los gestos. La ausencia de Obama en Berlín se suma al último desaire. Ni él, ni su vicepresidente, Joe Biden, ni siquiera la secretaria de Estado, Hillary Clinton, participaron en el 70º aniversario del inicio de la II Guerra Mundial en Polonia. Peor aún: EE.UU. envió como representante a William Perry, un conocido escéptico sobre la expansión de la OTAN. Las quejas fueron de tal nivel que al final también acudió el asesor de Seguridad Nacional, James Jones.

El precio de reiniciar las relaciones con Rusia

Los gestos reflejan un cambio de fondo en el papel que juega Europa Oriental en las prioridades de la nueva administración. El ejemplo más sonado es la decisión de Obama de desmantelar el escudo antimisiles de su antecesor en Chequia y Polonia. Bush lo justificaba como defensa contra la amenaza iraní, pero Rusia siempre lo vio como una amenaza directa desde lo que sigue considerando su patio trasero.

La respuesta de los aliados de Washington fue fulminante. El pasado mes de julio, 22 pesos pesados de Europa del Este, incluyendo figuras históricas como el checo Vaclav Havel o el polaco Lech Walesa, firmaron una carta en la que denunciaban el declive de los lazos trasatlánticos.

Suma y sigue. Tampoco han sentado nada bien las acusaciones de que Polonia, Rumanía y Lituania han albergado cárceles secretas para interrogar y torturar a los sospechosos de terrorismo. Los tres países lo han desmentido pero el daño está hecho. La próxima vez que Washington busque complicidad bajo cuerda, lo tendrá más difícil.

Detrás del giro anida un cambio de estrategia fundamental en la política estadounidense. Frente al unilateralismo y mano dura de Bush, Obama ha tendido la mano a Rusia para lograr su apoyo ante Irán. Moscú es su principal aliado y es la puerta para frenar el programa nuclear de Teherán. Incluso si fracasan las negociaciones, Washington necesita el respaldo ruso para imponer nuevas sanciones.

Para Europa del Este, la preocupación es hasta dónde llega en la práctica ese giro. Dos pistas. El pasado día 22 de octubre, el vicepresidente Biden dijo en Rumania que los países de la región "deben involucrarse más en las amenazas de seguridad y trabajar más de cerca con sus vecinos ex soviéticos, más allá de la OTAN". En este sentido, es significativo que la responsable de Seguridad Nacional para Europa, Liz Sherwood-Randall, trabajara con Perry y comparta su opinión sobre la ampliación de la Alianza.

El desamor en la calle

Cabe objetar que una cosa son las relaciones entre gobiernos y administraciones y otra bien distinta es el sentimiento entre los ciudadanos. Al fin y al cabo, el escudo antimisiles era muy impopular en Polonia y Chequia y ha desatado ruidosas manifestaciones en contra. Y conviene recordar la cálida acogida que tuvo el discurso de Obama en Praga.

Sin embargo, la última encuesta del German Marshall Fund, un grupo de estudio estratégico independiente, muestra que Europa Occidental es en la actualidad mucho más proamericana y proatlantista Europa del Este.

Dos de cada tres búlgaros, checos, polacos y rumanos apoyan la política exterior de Obama. Parece un respaldo robusto, pero palidece en comparación con el que goza en la parte "vieja". Allí el apoyo es de nueve de cada diez ciudadanos.

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