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El efecto Kennedy en la reforma sanitaria

  • La muerte de Kennedy priva a los demócratas de su mayoría en el Senado
  • Su fallecimiento complica la aprobación de la reforma sanitaria
  • Kennedy podría haber sumado el apoyo de suficientes republicanos
  • La reforma era uno de sus proyectos más queridos
  • Rechazó la oferta de Nixon para instaurar una cobertura sanitaria universal

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La muerte del senador Ted Kennedy complica las posibilidades de éxito de la reforma sanitaria que impulsa Obama. El estado de Massachusetts exige un mínimo de cinco meses hasta que se convoquen elecciones para sustituirlo. Entretanto, su fallecimiento deja a los demócratas sin los 60 escaños necesarios para evitar el filibusterismo parlamentario. Una táctica que consiste en dilatar indefinidamente la aprobación de una ley mediante un simple recurso: a la oposición le basta con ocupar la tribuna y hablar. Horas y horas. Da igual el contenido del discurso. Basta con que se turnen y no dejen de hablar.

Sin embargo y en la práctica, el partido Demócrata ya carecía de esa mayoría a prueba de verborrea. Para empezar, dos de sus senadores son independientes. Además, Kennedy no era el único con problemas de salud. Y para enmarañar aún más la situación, en Estados Unidos no existe la disciplina de voto. Cada representante es responsable ante sus electores. Y hacen gala de ello.

Si en España es excepcional que se rompa esa disciplina, en Estados Unidos es la norma. Y esa discrepancia con los deseos expresos del Presidente no es mera hipótesis: dentro de las propias filas demócratas hay muchos que rechazan la reforma y exigen que se elimine la opción pública en la cobertura sanitaria.

Los Demócratas pierden a uno de sus mejores activos

La realidad es que la muerte de Kennedy priva a Obama de uno de sus mejores senadores. Su capacidad negociadora, sus contactos trabajados durante medio siglo, su habilidad para cortejar a la oposición con una simple llamada telefónica, hubieran podido aunar voluntades y sacar adelante el proyecto.

Con el apoyo de ambos partidos, como quiere Obama. Ahora sólo queda que el fallecimiento desate una reacción emocional y el Congreso apruebe la reforma como tributo a Kennedy. Al menos, ese es el deseo del ex presidente Carter. Poco probable.

Ironías del destino. Lograr una sanidad universal era uno de los sueños del senador. Su muerte le ha impedido alcanzarlo justo cuando parecía al alcance de la mano. Quizás sea el castigo divino por haber rechazado la posibilidad de lograrlo hace 40 años. El presidente Richard Nixon le ofreció un trato para poner en marcha una sanidad universal, al estilo europeo. Kennedy declinó la oferta.