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Europa se postula para liderar la reforma del sistema financiero mundial

  • Brown, Merkel y Sarkozy apuestan por fundar un nuevo sistema financiero internacional
  • La Comisión Europea confía en mejorar la coordinación entre los 27
  • Los líderes europeos debaten las medidas tomadas para hacer frente a la crisis
  • Los países del antiguo bloque comunista recelan de la fuerte intervención pública

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La Unión Europea ha enarbolado con fuerza la bandera de la renovación del sistema financiero mundial tras la crisis durante la cumbre que están celebrando los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 en Bruselas.

Espoleados por el documento presentado en el encuentro por el primer ministro británico, Gordon Brown, donde se pide más transparencia y nuevas reglas que prevengan crisis como la actual, los líderes europeos han aunado fuerzas para llevar la iniciativa en la respuesta política contra la crisis.

"Esta crisis es la crisis es la crisis del esceso. Hace falta refundar el sistema", ha declarado categórico el presidente francés, Nicolás Sarkozy, también presidente de turno de la UE.

Sarkozy ha subrayado que esta refundación "no puede hacerse sin Europa", una idea que le comunicará al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en la reunión que ambos y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, mantendrán el sábado en la Casa Blanca.

En la misma línea se han pronunciado el primer ministro británico, Gordon Brown, y la canciller alemana, Ángela Merkel, que han apostado por que Europa lidere la respuesta a la crisis financiera internacional convocando una cumbre internacional que dé lugar a nuevas normas que regulen el sistema financiero mundial, similar a lo que ocurrió en los Acuerdos de Bretton Woods en 1944.

Ese primer objetivo ya lo han logrado, forzando al G8 a convocar una reunión en noviembre.

Nuevo 'Bretton Woods'

Brown, reconvertido al europeísmo, se ha convertido en el protagonista de la cumbre al presentar un documento en el que ha instado a los Veintisiete a no detenerse en la reacción en caliente de las medidas tomadas por el Eurogrupo para luchar contra los efectos de la crisis.

El lider británico ha planteado a sus socios de la UE una revisión completa del modelo de gobernanza de los mercados financieros, en cooperación con todas las grandes economías del mundo, desde Estados Unidos a los países emergentes.

"Necesitamos un nuevo Bretton Woodsha señalado el primer ministro británico, en alusión a la localidad estadounidense donde en 1944 se acordó la creación del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). El 'premier' británico ya apuntó esta idea.

Por su parte, Merkel ha apoyado firmemente la idea de que una cumbre internacional es la forma más rápida de modernizar las estructuras de Bretton Woods, a través de una cumbre del G8 y de los países emergentes.

En la misma línea se expresó el presidente francés, Nicolás Sarkozy, al término de la reunión de los cuatro países europeos miembros del G8 hace dos semanas.

Más coordinación

Por su parte, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, que ha pedido a los estados miembros de la UE un "nivel de coordinación sin precedentes" ante una "situación sin precedentes".

Por contra, el presidente del Eurogrupo y primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, ha opinado que no son necesarias más medidas contra la crisis financiera.

"No creo que necesitemos más medidas, lo que necesitamos es la aplicación de las medidas tomadas", ha declarado el ex primer ministro luxemburgués.

Acuerdo con reservas

Todos ellos han hecho estas declaraciones antes de entrar en una cumbre de dos días en la que se espera que respalden las medidas acordadas por los países de la Eurozona contra la crisis crediticia y emprendan una primera reflexión sobre la reforma del sistema financiero internacional.

Los Veintisiete, miembros y no miembros del euro, tratan de mantenerse unidos en la respuesta a la crisis, mientras crece el temor a que las turbulencias terminen hundiendo al continente en la recesión.

Si bien todos los socios aceptan las medidas de rescate como algo necesario, la inyección sin procedentes de dinero público -casi dos billones de euros- en apoyo de un solo sector económico somete a dura prueba las reglas básicas de funcionamiento del Mercado Común.

Polonia, por ejemplo, se siente discriminada porque Bruselas no ha dudado en prohibir el salvamento de sus históricos astilleros, mientras acepta, sin apenas discusión, multimillonarias ayudas para resucitar de la quiebra bancos occidentales mal gestionados.

En general, los nuevos estados miembros de Europa central y oriental salidos del comunismo recelan de la intervención pública y temen que la crisis acabe introduciendo un doble rasero en la aplicación de las normas de libre competencia y ayudas de Estado, prohibidas en principio por el tratado.