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Bienal de Venecia 2017: VIVA ARTE VIVA

Emisión 21 de junio de 2017 · La 2

Por
Metrópolis - Bienal de Venecia 2017 (I): Viva Arte Viva

El primero de los dos programas que Metrópolis dedica a la Bienal de Venecia 2017, ofrece un recorrido por la exposición central VIVA ARTE VIVA, concebida por Christine Macel como una celebración del arte inspirada en el humanismo.

Con este enfoque curatorial no temático, poco habitual en el arte actual, la comisaria ha querido invocar el papel de los artistas en un mundo lleno de conflictos, reuniendo no tanto reflexiones críticas sobre realidades concretas como ejemplos centrados en su capacidad de mediar y sanar, de soñar y diseñar otros mundos posibles.

El resultado es una exposición sumamente visual, poética y anticipatoria, que se desarrolla como un viaje a lo largo de nueve capítulos o “familias de artistas” llamados “trans-pabellones”, concepto que alude a la estructuración histórica de la bienal a la vez que se distancia de ella por su carácter transnacional.

Bienal de Venecia 2017: VIVA ARTE VIVA

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Los dos primeros trans-pabellones están ubicados en el Pabellón Central de los Giardini, cuya fachada ha sido intervenida por Sam Gilliam (1933, Estados Unidos).

En el PABELLÓN DE LOS ARTISTAS Y LOS LIBROS se propone una reflexión sobre la práctica artística, a medio camino entre el ocio y la acción, con retratos de artistas como Mladen Stilinović (1947, Serbia – 2016, Croatia) o Franz West (1947 – 2012, Austria), ambos fervientes defensores de la importancia de la holgazanería y del reposo para el proceso creativo. En otro apartado se despliegan los mundos material y espiritual de los artistas a través de su relación con libros, textos y el conocimiento en general. Aquí se exponen las esculturas realizadas con libros de John Latham (1921, Zambia – 2006, Reino Unido), los libros pintados de Geng Jianyi (1962, China), los diarios de Abdullah Al Saadi (1967 Emiratos Árabes Unidos) o las imágenes de libros sobre arte y artistas copiadas y acumuladas en respectivos cuadros de Ciprian Muresan (1977, Romania). La presentación de los libros y objetos de escritorio hechos con lana y telas bordadas de Katherine Nuñez & Issay Rodriguez (1992/1991, Filipinas) introduce otro de los temas tratados en el pabellón: el estudio de artista y su paulatina conversión en taller de trabajo colectivo. Este enfoque colectivo de la práctica artística está representado por la propuesta de Olafur Eliasson (1967, Dinamarca), que invita a refugiados, inmigrantes, estudiantes y visitantes a aprender a fabricar lámparas modulares. Y Taus Makhacheva (1983, Rusia) reflexiona, en su sobrecogedor video, sobre la invisibilidad de un inmenso número de obras de arte almacenadas en museos.

El PABELLÓN DE LOS GOZOS Y LOS MIEDOS explora la relación entre el individuo y su propia existencia con obras de, entre otros, Luboš Plný (1961, República Checa), Kiki Smith (1954, Alemania/Estados Unidos), Hajra Waheed (1980, Canadá) o Sebastián Díaz Morales (1975, Argentina/Holanda), que reflejan como reemergen, en el mundo actual, emociones subjetivas como el miedo, la ansiedad o el odio, a la vez que se imponen, con fuerza, sentimientos de alienación y distorsión, fragilidad y vulnerabilidad, suspensión y olvido.

Ya en el Arsenale, el PABELLÓN COMUNAL reúne obras en torno a la noción de un mundo compartido y posibles modos de construir comunidad, una corriente surgida entre los años 60 y 70 y caracterizada por sus componentes antropológicos y participativos. Al compartir su cámara con los miembros de la tribu Yanomami, Juan Downey (1940, Chile – 1993, Estados Unidos) rompió la relación tradicional entre observador y observado. Maria Lai (1919 – 2013, Italia) se nutrió de la cultura material y espiritual de su Cerdeña natal para, literalmente, tejer lazos con su tierra y su comunidad. Del grupo de artistas compuesto por Antoni Miralda (1942, España), Joan Rabascall (1935, España/Francia), Dorothée Selz (1946, Francia) y Jaume Xifra (1934, España – 2014, Francia) se expone la documentación de una ceremonia multitudinaria realizada en 1971, que además se conmemoró con un banquete durante la inauguración de la Bienal. Las propuestas de David Medalla (1938, Filipinas/Gran Bretaña) y Lee Mingwei (1964, Taiwan/Francia) solo cobran forma a través de contribuciones por parte del público, y para Franz Erhard Walther (1939, Alemania) el cuerpo y la imaginación del espectador son material escultórico y parte integrante de sus trabajos.

Los proyectos expuestos en el PABELLÓN DE LA TIERRA reflejan la preocupación de un gran número de artistas con el medio ambiente y el futuro de nuestro planeta. Algunos, como las coloraciones verdes de Nicolás García Uriburu (1937 – 2016, Argentina) o la recuperación comunitaria de espacios urbanos degradados promovida por Bonnie Ora SHERK (Estados Unidos) se remontan a los inicios del activismo ecologista en los años 70. Otros reflejan las teorías actuales sobre la relación entre clima y capitalismo, ya sea mediante la yuxtaposición de la belleza de las puestas de sol con la impertinencia de la cuenta atrás de un reloj, de Charles Atlas (1949, Estados Unidos); la hiperestetización del litio, uno de los recursos naturales sobreexplotados por la sociedad de consumo, de Julian Charrière (1987, Suiza/Alemania) o la exposición del papel que jugó el caucho en la colonización del Sudeste Asiático de Thu Van Tran (1979, Vietnam/Francia). La añoranza de un mundo en vías de desaparición está inscrita en los dibujos de Kananginak Pootoogook (1935 – 2010, Canadá) que reflejan los profundos cambios vividos por los Inuit en recientes décadas, y en los poéticos mosaicos compuestos por fotografías y objetos procedentes de lugares específicos, de Michelle Stuart (1933, Estados Unidos). Las esculturas “en proceso” de Michel Blazy (1966, Monaco/Francia), finalmente, evocan la superioridad de las fuerzas naturales sobre las empresas humanas.

En el PABELLÓN DE LAS TRADICIONES, artistas contemporáneos establecen un diálogo con técnicas y prácticas artesanales que, habiendo sido rechazadas por las vanguardias del siglo XX, han sido recuperadas en décadas recientes para ser investigadas, revisadas y reinterpretadas. Leonor Antunes (1972, Portugal, vive y trabaja en Berlín) interviene una de las salas del Arsenale con una serie de esculturas realizadas con materiales naturales tradicionales. Teresa Lanceta (1951, España) que lleva años reinterpretando y adaptando motivos de la tradición textil marroquí, defiende que los tejidos artesanales son un género artístico con un lenguaje estético propio. Achraf Touloub (1986, Marruecos/Francia) trabaja con el concepto de una “tradición en movimiento”, desarrollando variaciones de motivos clásicos como la ola. Gabriel Orozco (1962, Mexico/Japón) presenta una instalación en torno a una técnica tradicional de la arquitectura japonesa y Anri Sala (1974, Albania/Alemania) ha convertido un rodillo para imprimir papel de pared japonés del siglo XIX en una caja de música que traduce el diseño en sonido.

Los artistas reunidos en el PABELLÓN DE LOS CHAMANES han hecho suya la labor de exorcismo y purificación espiritual de las heridas sufridas tanto en el pasado como en el presente, transformando el arte en una acción que es, a la vez, sanadora y estética.

Ernesto Neto (1964, Brasil) ha invitado a líderes espirituales de los Huni Kuin a Venecia para llevar a cabo sesiones de limpieza y curación del espacio y sus visitantes; Ayrson Heráclito (1968, Brasil) presenta un díptico que documenta rituales de purificación realizados en dos lugares altamente identificados con la explotación y esclavitud sufridas por los afrobrasileños; Enrique Ramírez (1979, Chile) recupera, en su performance, el “diablo norteño”, una máscara utilizada en las danzas tradicionales de los Andes como burla de los conquistadores españoles; y las filigranas estructuras suspendidas de Rina Banerjee (1963, India/Estados Unidos) llevan inscrita una reinterpretación irónica del repertorio visual colonial.

El PABELLÓN DIONISÍACO celebra los placeres mundanos con un enfoque especial en la música y el cuerpo femenino, cuya imagen es reinventada por una serie de mujeres artistas como Huguette Caland (1931, Líbano/Estados Unidos) o Zilia Sánchez (1926, Cuba). Kader Attia (1970, Francia) usa varios formatos para presentar su investigación sobre sonido y transgénero en la tradición musical del Norte de África y Oriente Medio; y el tríptico de Nevin Aladag (1972, Turquía/ Alemania) constituye un concierto audiovisual generado por objetos cotidianos y el viento en el espacio urbano.

El PABELLÓN DE LOS COLORES está concebido como una explosión visual al final del Arsenale, donde convergen todas las cuestiones planteadas a lo largo del recorrido. Y efectivamente la suma de las obras de Karla Black (1972, Reino Unido), Abdoulaye Konaté (1953, Mali), Hale Tenger (1960, Turquía), Sheila Hicks (1934, Estado Unidos/Francia) y Takesada Matsutani (1937, Japón/Paris), que cubre la gama completa de colores, produce un fuerte impacto sensorial y consiguiente suspensión mental que predispone al visitante para los temas tratados en el último de los nueve capítulos.

El PABELLÓN DEL TIEMPO Y DEL INFINITO refleja la reaparición de la noción del tiempo en el arte actual a través de labirintos borgianos y especulaciones sobre un futuro ya incorporado en el presente o en un infinito ideal. En la instalación de Liliana Porter (1941, Argentina/Estados Unidos) se produce un choque de escalas y de continuidad en el tiempo que pone en duda la relación entre causa y efecto; Sebastián Díaz Morales (1975, Argentina/Holanda) presenta otra de sus sugerentes películas, transmitiendo aquí una extraña combinación de sensaciones, que van de la soledad a la libertad y al infinito; Alicja Kwade (1979, Polonia/Alemania) ha colocado versiones de un mismo objeto en diferentes estados evolutivos en un espacio definido por espejos, creando la ilusión de una repetición infinita, concepto central también de la minimalista, pero muy efectiva, videoinstalación de Vadim Fiškin (1965, Rusia/Eslovenia) al final del recorrido.

La Bienal de Venecia 2017 está abierta al público hasta el 26 de noviembre.