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Con ataques suicidas, o con lanzagranadas y fusiles. En Kabul, grupos talibanes han logrado golpear la zona protegida donde están el parlamento, las embajadas y el Cuartel General de la OTAN, atrincherados en edificios cercanos.

El sargento Robert Bales, de 38 años, casado y padre de dos hijos de tres y cuatro años, es el presunto asesino de 16 civiles afganos, nueve de ellos niños, en un fatal suceso ocurrido el pasado 11 de marzo, que ha puesto en jaque la misión de la OTAN en Afganistán y ha desatado la ira de los talibanes. El soldado ya ha llegado a la base militar Fuerte Leavenworth en Kansas donde estará en régimen de aislamiento.

La Casa Blanca insiste en que cumplirá su calendario de retirada, en 2014. Mientras, ya viaja rumbo a una prisión militar de Estados Unidos, el sargento acusado de matar a 16 civiles en Kandahar.

Doce soldados turcos han muerto al caer su helicóptero sobre unas casas en la localidad afgana de Bagrami, cerca de Kabul, según ha confirmado el Estado Mayor del Ejército turco. Hay además un número aún indeterminado de muertos entre los civiles afganos que habitaban las viviendas sobre las que ha caído el aparato.

El helicóptero, de tipo Sikorsky, se ha precipitado al suelo en Bagrami, cerca de la capital, Kabul, por causas que aún se desconocen. El Ejército turco ha enviado un equipo de investigación a la zona. Se trata del mayor número de soldados turcos muertos en Afganistán en el marco de su participación en el despliegue de la OTAN.

Es casi imposible saber qué le pasa a un soldado por la cabeza cuando tortura, como consta que hicieron los marines en Irak, o cuando mata a civiles, como hizo un sargento en Afganistán. El Pentágono todavía investiga un vídeo de soldados orinando sobre cadáveres, y el caso de Calvin Gibss, condenado a cadena perpetua por montar comandos de la muerte. Todos estos casos se estudian en el Departamento de Salud del ejército de EE.UU. Las consecuencias están en las estadísticas: la tasa de suicidios en el ejército ha subido un 80% desde 2004.