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Vuelta a España 2019

¿A Roglic no se le escapa esta Vuelta o saltará la sorpresa? Ander Izagirre y Marcos Pereda contestan

  • RTVE.es pone frente a frente a los dos escritores para analizar la última fase de la ronda ciclista española

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Primoz Roglic (i) y Alejandro Valverde (d) en la llegada de la decimoquinta etapa de la Vuelta a España 2019.
Primoz Roglic (i) y Alejandro Valverde (d) en la llegada de la decimoquinta etapa de la Vuelta a España 2019. EFE sag

La Vuelta a España 2019 entra en su tercera semana, en la decisiva y destacan por encima del resto dos opciones de victoria, dos estilos muy diferentes. La del líder sólido que encarna Primoz Roglic (Jumbo) que no muestra fisuras de aquí a La Cibeles o la de la sorpresa que pudieran protagonizar Alejandro Valverde (Movistar), Miguel Ángel 'Supermán' López (Astana) o el joven Tadej Pogaçar (UAE)

[Sigue el especial Vuelta a España 2019 en RTVE.es]

RTVE.es ha colocado frente a frente a dos de los más seguidos escritores de la literatura ciclista para saber lo que les gustaría visualizar en una Vuelta que se resolverá en la Sierra de Guadarrama y en la Sierra de Gredos.

A Ander Izagirre, autor de 'Plomo en los bolsillos' y 'Pirenaica', le gustaría ver sufrir a un contrarrelojista como Roglic sufrir pero acabar manteniendo el rojo mientras que Marcos Pereda, autor de 'Una pulga en la montaña' y 'Arriva Italia. Gloria y miseria de la nación que soñó ciclismo', espera con ilusión ese vuelco en la general tan característico de la Vuelta ciclista a España.

Mientras el primero pide más recorrido contra el crono y alaba a esos campeones que dosifican su renta centésima a centésima si fuera necesario, el segundo se ilusiona con lo no logrado, con la incertidumbre, con la épica con la que se ha fabricado el ciclismo.

Ander Izagirre: "Echo de menos ese tipo de ganador arrastrado"

Para mí es una de las escenas más impresionantes del ciclismo: un contrarrelojista con el maillot de líder sufre y sufre en la montaña, a cola de grupo, diez metros detrás del grupo, cien metros detrás del grupo, apretando los dientes, calculando el equilibrio entre su capacidad máxima de agonía y los segundos que puede ceder. Sí: fui de Olano, soy de Dumoulin y sería de Roglic si se la jugara contra un Bernal, un Carapaz, algún escalador más fuerte que los de esta Vuelta.

A todos nos gusta el ciclismo épico, el ataque explosivo, el revolcón. Yo también disfrutaría con el chaval Pogaçar desperdigando a los favoritos en una cabalgada loca hasta el maillot rojo, o con Valverde aprovechando un desfallecimiento 'gorospiano' del líder en Serranillos y rascando una bonificación para ganar la Vuelta, o con cualquier otro sorpresón del estilo. Pero también aprecio mucho los triunfos dosificados al milímetro de esos rodadores que en la montaña no parecen ciclistas tan buenos —y son buenísimos—. 

En esta época de ciclismo cuestacabrista y youtubero, echo de menos ese tipo de ganador arrastrado: el que no puede seguir a los mejores cuesta arriba, que resiste un rato, que cede, que vuelve a entrar, que se vuelve a quedar, que calcula la ventaja que les lleva, que se exprime hasta la meta en una angustiosa cuenta atrás para conservar el maillot. Anquetil, incapaz de seguir a Poulidor hasta la cima del Puy de Dôme, mantuvo el maillot amarillo por catorce segundos y dijo que muy bien, que le sobraban trece. De vez en cuando, algún año que otro, dadnos un poco más de contrarreloj y quitadnos algún rocodromo de esos en los que ahora acaban demasiadas etapas.

Me gustaría que ganara Roglic. Me gustaría, sobre todo, que empezara a flojear, que en la Sierra de Guadarrama perdiera tiempo ante los escaladores puros y que luego se descolgara en los puertos tendidos de Ávila, lo justo como para hacernos creer que va a perder la Vuelta y no perderla. Me gustaría que alguna vez ganara un tipo más parecido a cualquiera de nosotros, uno que no tenga magia pero que aguante y aguante y aguante.

Marcos Pereda: "En ciclismo todas las etapas son el 5 de enero"

Robert Millar es el ganador de la Vuelta Ciclista a España. Bueno, en realidad faltan un par de etapas para concluir la prueba, pero lo tiene todo controlado. Amable, tímido, con un punto de altanería intelectual, el escocés se va a convertir en el primer anglosajón que conquista una carrera de tres semanas. Solo que nunca llegará a lograrlo. No. Lo imposible se hace realidad, lo impensable se disfraza de guion perfecto. Es mayo de 1985 y Pedro Delgado, a quien todos llaman “Perico”, va a voltear la clasificación. Niebla, viento y nieve. Millar, decepcionado, llora en el coche de su equipo…

Es un tiro de baloncesto que vale veinte puntos. O un gol que hace subir tres al marcador. Nada de eso existe en otros deportes, claro. Pero esa es, precisamente, la gracia del ciclismo. Que allí es posible. Ha pasado, volverá a pasar. Lo de la última línea es, más que frase tópica, certeza aprendida desde hace más de cien años. Nunca está ganado del todo, jamás nada se ha perdido por completo. Porque cada segmento es una oportunidad nueva, una que se puede aprovechar desgastando al rival, picoteando veinte segundos tras veinte segundos. Pero también es posible llegar a la sumisión, lograr el golpe definitivo, hundir al rival en lo más profundo de sus dudas y sus miedos. Eso.

Lo han visto muchas veces. Hace no demasiado. Con Fabio Aru, por ejemplo, subiendo la Morcuera. O más atrás. Hinault en Serranillos. Son los momentos más especiales, los más icónicos. Porque se admira al que gana, pero el amor verdadero solo se siente por aquel que tiene todas las de perder. Aunque en ocasiones, nadie es perfecto, ceda a la tentación de lo hortera y no pueda evitar echarse una Vuelta a la buchaca. Lo tendremos que perdonar.

No siempre el más fuerte se impone, y resulta hermoso que así sea, porque la sorpresa es hija del deseo y madre de todas las sonrisas. Esto va de andar en bici, no de sumar y restar watios. Y menos mal. Por eso merece la pena ver cada jornada de la Vuelta a España. Porque en ciclismo todas las etapas son la noche del cinco de enero…

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