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Aventura

Expedición Nemo, la vuelta al mundo a brazadas de Nacho Dean

  • El aventurero, que completó la vuelta al mundo a pie en 2016, está uniendo a nado los cinco continentes
  • Con su último desafío, Dean lanza un mensaje por la conservación de los océanos

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Expedición 'Nemo', la vuelta al mundo a brazadas de Nacho Dean

“A veces piensan que estoy buscando la muerte. No. Estoy buscando aquello que me hace sentir vivo, lo que me apasiona”. Es Nacho Dean (Málaga, 1980), reflexionando sobre su última gran aventura, la Expedición Nemo, la que le convertirá en el primer español en unir a nado los cinco continentes.

Nacho, aventurero e hijo de marino, saltó a la palestra en 2013, cuando decidió ponerse a caminar y dar la vuelta al mundo a pie. Una experiencia increíble que llenó tres años de su vida. Asombró su gesta, pero en su cabeza quedó una espinita. “Cada vez que llegaba a una costa tenía que coger un medio de transporte, porque caminar sobre el agua es imposible. Tras escribir el libro sobre aquella experiencia, me dije... ¿y unir los cinco continentes nadando?” Dean quiso cerrar el círculo y se puso manos a la obra.

“Yo sabía nadar, pero no es lo mismo nadar 15-20 metros en una piscina que 15-20 kilómetros en el mar”. Acostumbrado a la tierra firme y con miles de kilómetros en sus piernas, Nacho decidió cambiar de medio y colocarse frente a un nuevo reto. RTVE.es le acompañó en uno de sus entrenamientos en el embalse del Burguillo, en Ávila, donde desmenuzó los detalles de su última aventura.

“Tuve que empezar de cero, lo que lo vuelve más complicado y más estimulante. Durante la vuelta al mundo entré en un estado de armonía, de sincronía, en el que tus sentimientos, tus acciones y tus ideas se alinean. Estás en tu camino. Y tienes hasta ganas de que haya adversidades para ponerte a prueba, para ver hasta dónde eres capaz de llegar", indica. 

Ignacio Dean da la vuelta al mundo a pie

De Gibraltar a Aqaba, sus cinco retos

Frente a su globo terráqueo, Nacho convirtió su sueño en un ambicioso programa con cinco retos: unir Europa y África por el estrecho de Gibraltar (15,1 km.); Europa y Asia en la treavesía Meis-Kas (15 km.); América y Asia por el estrecho de Bering (3,7 km.); Asia y Oceanía de Indonesia a Papúa-Nueva Guinea por el mar de Bismarck (19 km.); y Asia y África por el estrecho de Áqaba (25 km.). La Expedicion Nemo, "un desafío sin precedentes", estaba en marcha. 

Tras unos intensos quince meses de trámites burocráticos y entrenamientos en solitario, con gira por el litoral español incuída, Nacho Dean puso fecha al comienzo de su aventura: 8 de junio, día mundial de los océanos. La Expedición, como su vuelta al mundo, tenía un sentido: elevar la voz por la protección mediambiental: "Quiero mandar un mensaje de conservación de los océanos. Vivimos en un planeta en el que más del 70% de su superficie está cubierto por agua".

Quiero mandar un mensaje de conservación de los océanos

Aunque la climatología atrasó el comienzo de la Expedición, Dean arrancó con éxito al unir a nado el estrecho de Gibraltar. Y la emoción lo embargó cuando tocó tierra africana: “Llega un momento en el que tocas la roca, has llegado a la costa, has llegado a Marruecos, has llegado a África... has unido Europa con África nadando y en ese momento te invade una gran sensación de euforia, de alegría. La expedición había comenzado con buen pie, y era el momento de pensar en el segundo reto”.

Sin apenas tiempo para saborearlo, Nacho y su equipo volaron a Turquía para unir a nado la isla griega de Castelorizo con la población turca de Kas: “Fue impresionante, la travesía se celebra en un área marina protegida, en la que hay fauna marina, hay tortugas y fue muy estimulante”.

"Bering, palabras mayores"

Tras su segundo reto, la Expedición Nemo llegaba a su ecuador y viajaba hacia su mayor reto logístico y climatológico: el estrecho de Bering. “Cada estrecho que he ido realizando era el más difícil hasta el momento, pero Bering eran palabras mayores”, explica Nacho. “Es una travesía que han hecho muy pocas personas en el planeta y estás en un lugar remoto del mundo. Solo llegar allí ya es una odisea”.

Necesitó varios vuelos para llegar a Alaska, un vuelo interno hasta Nome y coger un helicóptero que solo vuela con condiciones óptimas poco habituales en aquella zona para alcanzar la isla de Little Diomede. Allí, una población inuit esperaba su llegada. Solo ellos podían autorizar su aventura. “Para entrar allí necesitaba una autorización del consejo de esquimales. Luego tienes que conseguir una embarcación de apoyo, alguien que la maneje, un capitán esquimal. Pero aquello es una economía de subsistencia, viven de la caza. Si creen que el dia es bueno para ir a cazar... van a ir a cazar, no van a acompañarte a ti con la barca, lo que te añade un extra de incertidumbre”. Pero, pasados los días, llegó el momento de superar el tercer reto.

Solo llegar a Bering ya es una odisea

“Solamente por estar allí había merecido la pena todo el esfuerzo. La travesía fue dura. Solo eran cuatro kilómetros, con corrientes muy fuertes en un mar que, sin viento, ya está completamente picado. El agua está a tres grados de temperatura y la sensación es que te quema. Me llevó una hora y 11 minutos llegar hasta la isla rusa de Big Diomede”.

Con sus tres primeros estrechos conseguidos, Nacho afronta los dos últimos. Este mes de noviembre afrontará la unión de Indonesia y Papúa Nueva Guinea, donde compartirá el agua "con fauna marina algo delicada, hay tiburones y medusas irukandji, pequeñas pero con una picadura que tiene la potencia de veneno de la cobra". Después, Dean irá al estrecho de Aqaba, entre Egipto y Jordania, el cierre a su Expedición, que alumbrará un documental.

"Considero que lo que hago es normal, pero no lo es"

Así es la vida de Nacho Dean, un aventurero que no deja de fantasear con nuevos retos naturales y que transmite por todos sus poros la creencia de que el ser humano puede hacer "lo que se proponga". “Creo que es un milagro estar vivos, que estamos en este mundo de paso y hay que apostar por nuestros sueños”.

Nos tienen que enseñar a creer en nosotros mismos

Una charla con Nacho Dean es toda una inyección de vida. Es común encontrar en la agenda del aventurero malagueño citas con empresarios que buscan la motivación perdida. “Yo todos los días me miro al espejo y considero que lo que hago es normal, pero no lo es. No es nada frecuente ni nada común... pero todos tenemos un potencial increíble física y mentalmente, lo que nos tienen que enseñar es a creer en nosotros mismos. Esto de la vuelta al mundo y unir los cinco continentes a nado es solo una prueba del potencial que tenemos. Somos capaces de hacer cosas impresionantes, pero hay que creer en ellas”.

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