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Tour 2018 | Análisis

El tiempo que se esfuma

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El BMC, ganador de la contrarreloj por equipos del Tour 2018.
El BMC, ganador de la contrarreloj por equipos del Tour 2018.

El filósofo ilustrado alemán Inmanuel Kant sostenía que el tiempo y el espacio son conceptos, recursos, formas de conocimiento que nuestra mente posee antes de aprenderlos y que nos sirven para relacionarnos con aquello que se encuentra fuera de nosotros, la realidad.

Como la mayoría de las personitas que transitamos humildemente por la vida no llegamos a tal nivel de erudición y comprensión, necesitamos creer que lo que vemos, delimitamos y medimos es cierto. Necesitamos creer que el tiempo existe, que está ahí -entre la línea de salida y la de meta-, que es cuantificable con la sencilla tecnología de un reloj, que se pierde y que se gana, que se conoce y se teme…¡ay!

Como también se temen las contrarreloj por equipos -acabamos de vivir una de ellas en la tercera etapa de este Tour- porque las diferencias que se produzcan pueden suponer un trecho imposible de superar; a corto plazo la victoria de etapa, a largo la general. Por este motivo tal vez sean los kilómetros más caros, que más presupuesto exigen de toda la temporada, para una escuadra ciclista.

Durante el año, un importante montante de dinero es destinado por los equipos para adquirir la última tecnología que les permitan ganar esos ‘tic-tacs’ que marquen la diferencia. Además de ese capital, esta disciplina requiere mucho esfuerzo y horas invertidas en simulaciones, túneles de viento que indiquen la mejor posición del corredor para solventar el rozamiento del viento, reconocimiento previo de la etapa, previsiones meteorológicas que pueden modificar los valores de las variables consideradas a priori, gigas de información sobre el estado de forma de los corredores y un largo etcétera. Sin embargo, no siempre el dinero se traduce en victorias.

Dónde se quedaron esos cinco segundos

Por mucho que los equipos pretendan dominar al tiempo por medio del poder la realidad esquiva esa determinación través de los pequeños detalles, de las brechas que existen entre la razón y la práctica: las emociones humanas. Fueron cuatro segundos los que separaron al primer clasificado, el BMC (un gran especialista en la materia) del segundo, el todopoderoso Team Sky (máximo favorito tras avasallar en el Criterium de Dauphiné a sus rivales hace escasamente un mes) y siete con el tercero, el Quick-Step Floors.

Si hacemos caso a las declaraciones del líder del BMC, Richie Porte, quien según él hicieron una ‘crono’ perfecta, los otros cometieron dos errores. Los chicos del Quick-Step aminoraron la marcha cuando Fernando Gaviria se quedó descolgado, miraron hacia atrás, sacrificaron a un corredor para que ayudase al esprínter colombiano a finalizar la etapa en tiempo y no ser descalificado, y perdieron, así, toda posibilidad de victoria. Fue una duda del director del equipo, una decisión lenta, una victoria que no fue.

Tampoco lo fue para el Sky de Chris Froome. El equipo británico diluyó sus esperanzas de victoria al perder prematuramente a dos de sus componentes fruto de unos endiablados relevos de su líder. Chris Froome, probablemente enrabietado por la caída y pérdida de tiempo de la primera etapa, quiso demostrar su buen estado de forma derrochando un exceso de potencia en un repecho que reventó a Wout Poels y, poco después, a Luke Rowe. Poels fue el primero de los Sky en quedarse, una sorpresa que nadie esperaba y que condicionó el resultado final de la etapa.

Este contratiempo es especialmente relevante en un grupo de trabajo que se ha distinguido por el tratamiento científico de todas las variables inimaginables que les permitan controlar todos los parámetros posibles. Así es como obtienen lo que ellos denominan ‘marginal gains’, ganancias marginales. Afortunadamente, aún no han dedicado todo su arsenal monetario en estudiar la manipulación de la naturaleza humana. Ojalá que los ‘errores’ sigan escribiendo ese tiempo que se esfuma y la historia que se cuenta; ya que, así, ganamos todos.