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Vettel se convierte en el campeón del mundo de Fórmula 1

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La carrera decidió, la estrategia se impuso y coronó a un campeón. Pero no fue Fernando Alonso, el asturiano de Ferrari que desde hace unas semanas había reclamado la corona del mejor piloto del mundo y era el máximo favorito. El piloto campeón del Mundial de Fórmula Uno 2010 es un joven e imberbe alemán, Sebastien Vettel, que consigue el primer título de su carrera y da el doblete, campeonato de pilotos y constructores, al mejor equipo del año, Red Bull.

El teutón llegó a 15 puntos de Alonso y se marchó de Abu Dabi con cuatro de margen sobre el español, que hubo de conformarse con el subcampeonato, con cinco victorias en Grandes Premios y con volver a sentirse piloto a bordo del Ferrari. 256 puntos frente a 252, y final infeliz de una apasionante historia [Así hemos vivido la carrera en Abu Dabi] [Resultados del GP de Abu Dabi] [Clasificación del Mundial de Fórmula 1] [Las mejores imágenes de la carrera].

El joven piloto alemán, beneficiado de una rara situación de carrera, con un 'safety car' a las primeras de cambio y una precipitada salida a boxes de Webber y Fernando Alonso, logra así convertirse a su 23 años, cuatro meses y 11 días en el campeón más joven de la historia de la Fórmula 1. El 'niño bonito' de la escudería Red Bull, irreverente, fan de los Beatles, no sólo ha logrado también el título de constructores para Red Bull -que ya tenían ganado matemáticamente-, sino que también enarbola las marcas de ser el más joven en participar en una sesión de libres, el más joven en lograr una 'pole position' -ha logrado diez este año, culminadas con cinco carreras ganadas- y el más joven en ganar un Gran Premio.

Para ganar, Vettel ha tenido que dejar en la cuneta las aspiraciones de su compañero de equipo, el australiano Mark Webber, deprimido en las últimas carreras por la mala suerte y huérfano de un apoyo manifiesto por parte de su escudería. El equipo de Chris Horner y Dietrich Mateschitz, mientras apostaba por la "política de igualdad" y por no interferir, ha apostado al mismo tiempo por la juventud. En apariencia, la ausencia de órdenes de equipo era un disparo en el propio pie, un lastre para sus objetivos, podía convertirse en el hazmerreír del 'paddock', pero lo que ha hecho al final la escudería austriaca es jugar a presente y futuro, y ganar.

En el magnífico e imprevisible ajedrez en que en muchas ocasiones se convierte este deporte, han intervenido como variables determinantes un 'safety car' y una mala estrategia de paradas por parte de Ferrari, acechando los movimientos de Webber, lo que desbarató la estrategia defensiva que tenía planteado el equipo del 'cavallino rampante'. La furia del toro rojo alemán, su indiscutible talento y velocidad, decidieron el resto en la partida final.

Y eso que la salida fue prometedora por lo sencilla para Alonso, quien salió con frialdad con la intención de manejar a tres bandas los intentos de escapada de Vettel, la acometida de Webber y las incursiones de los McLaren. Dio permiso a Button para que le pasara en la primera curva para no arriesgar su posición con un toque inesperado. Cosa que sí hizo el Mercedes de Michael Schumacher, que dio un trompo y provocó que el Force India de Liuzzi se le subiera encima y saliera el 'safety car' ya en la primera vuelta, una desfortunada manera para el heptacampeón mundial de terminar la temporada de su regreso.

El orden de los monoplazas dejaba a Vettel al frente, Hamilton segundo, Button tercero, Alonso cuarto y el rival a seguir, Mark Webber, asomándole por el retrovisor, escoltado a su vez por Felipe Massa. La situación era complicada para Alonso, sin margen para el error (si caía quinto adelantado por Webber, ganaría Vettel) ni tampoco para arriesgar y terminar fuera de carrera, cuando en la vuelta seis se relanzó la persecución.

Webber en boxes, y Alonso cae en la trampa

"Todo se decide en la carrera", era el leit-motiv de los pilotos implicados en la resolución del campeonato. Y la carrera quiso que Webber tocara el guardarraíl y tuviera que adelantar su entrada en boxes para cambiar su maltrecha rueda, descendiendo al decimosexto puesto por detrás del Toro Rosso de Jaime Alguersuari, que por momentos obstaculizó al piloto del equipo 'mayor'.

Ahí Ferrari también cambió su estrategia y mandó tanto a Massa como a Alonso a repostar para tratar de mantener el marcaje. Alonso apuró un poco más para tratar de ganar tiempo, y consiguió, con una entrada y salida vertiginosa en boxes, meterse por delante de su máximo rival. Vuelta 16 de 55, pulsaciones a mil, y todo un mundo por delante, con la mano aparentemente ganada.

Sin embargo, en la salida el Ferrari del asturiano se encontró con la incómoda presencia de Petrov y de Rosberg, que ya habían pasado por boxes, y que ponían a Alonso en una virtual sexta posición que le arrebataba el título en favor de Vettel, primero sin discusión. De esta manera, la parada de Webber estaba pasando factura al español y poniendo en bandeja el título a su compañero de equipo.

Alonso se vio en una trampa, intentando desesperadamente pasar al Renault del ruso Petrov, hasta el punto de hacer un recto y salirse de la pista, aunque pudo reengancharse. Apenas un segundo y medio entre Hulkenberg, Petrov y Alonso estaba dejando al español sin el título por el que llevaba peleando un año, tres años.

Mientras, Vettel volaba en la pista, marcando tiempos de vuelta rápida, con Button por delante, pero sin que el británico hubiera hecho ninguna parada. En cuanto el McLaren se hizo a un lado, el Mundial dio el último vuelco.

El ritmo de Vettel fue imparable, rapidísimo, incontestable, la radio del equipo le masajeaba el ánimo del alemán camino a su primer campeonato del mundo, mientras el Ferrari no encontraba la marcha máxima y las posiciones se mantenían, a la vez que, paradojas de la vida, un Renault impedía el acceso de Fernando Alonso a su tercer título mundial.

El alemán terminó primero, subió al podio con los McLaren de Hamilton y Button, y Fernando Alonso se tuvo que conformar con un decepcionante séptimo puesto y la sensación del pudo ser y no fue, aunque también con la satisfacción del luchador que mantuvo la esperanza hasta los últimos giros.

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