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Nadal se sobrepone a la osadía de Dolgopolov

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Rafa Nadal ya está en octavos del Masters de Madrid, aunque no sin esfuerzo. El español venció al ucraniano Dolgopolov por 6-4 y 6-3 en un partido más incómodo de lo que refleja el marcador. [Datos y estadísticas]

En una tarde fría para ser el mes de mayo, Nadal llegó a verse contra las cuerdas en el segundo set, con un punto de rotura de servicio en contra. Pero supo rehacerse y dio la vuelta a la manga para poner las cosas en su sitio y certificar el pase a octavos por la vía rápida.

Ahora le espera en octavos de final el 'gigante' John Isner, al que se midió en el pasado Masters 1000 de Indian Wells en el único partido entre ambos hasta la fecha. El estadounidense demostró entonces ser un rival complicado con su servicio en pista dura.

Por diferencia de nombres y rango, parecía que se iba a ver un paseo de Rafa en la pista central de la Caja Mágica. Pero lejos de ser un camino cómodo para el número uno español y tres del mundo, Dolgopolov se encargó de llenarlo de 'chinitas'.

El encuentro se ofreció como el último de la sesión matinal para no eclipsar la final de la Europa League del Atlético de Madrid. De hecho, en la grada prodigaban las bufandas, banderas y camisetas rojiblancas. Las primeras hicieron un buen servicio a más de uno ante la temperatura de la pista.

"¡Aupa Atleti!", se escuchó en más de una ocasión entre punto y punto. Nadal, conocido madridista, debió de sentirse algo incómodo ante tanto colchonero, puesto que empezó algo cohibido.

Golpes raros

Se aclimató más rápido Dolgopolov al frío -lógico- y pronto se vio que no pensaba dejarse intimidar por el caché de su rival. El ucraniano jugó con osadía y oreció un recital de dejadas y derechazos, fuertes y con efecto éstos, que a punto estuvieron de sorprender a Nadal.

"Daba golpes un poco raros, te cortaba el ritmo continuamente con dejadas, es difícil de restar y hace unos gestos en definitiva algo extraños", reconoció Nadal en rueda de prensa.

Un Nadal que también admitió haber disputado "un partido flojo" y haber jugado "pasivo, corto y poco agresivo" en algunos momentos, aunque achacó parte de los problemas a la altitud de Madrid. La única pega que puso a la capital, puesto que afirmó sentirse "muy feliz por ver a la gente animar de esa manera".

El de Manacor resolvió la papeleta del primer set acertando en el único punto de 'break' de toda la manga. A partir de entonces, a dosificar y a esperar el sexto juego con su servicio.

Pero dejó que su oponente se creciera y se viera con fuerzas para el segundo, tal vez animado por la cantidad de 'gente guapa' que había en la grada.

"Cristiano, vente al Rayo"

"Cristiano, vente al Rayo", "Raúl, quédate", fueron algunos de los gritos que se oyeron ante la presencia de los dos madridistas en el palco de invitados. Unas butacas más allá, otra leyenda de los merengues como Zidane.

Alguna, incluso, se olvidó del tenis y corrió como una posesa en el descanso entre los dos sets para 'robar' una foto de su ídolo y volver junto a sus padres con lágrimas en los ojos por la emoción.

Sabiéndose observado por un público tan distinguido, Dolgopolov empezó el segundo set permitiéndose dejar en blanco a Nadal con su servicio y poniendo en apuros al mallorquín en el resto. Blanco estaba el respetable ante el desafío del ucraniano.

Y tuvo la sorpresa en sus manos en el cuarto juego de la manga, con 2-1 a su favor y saque de Nadal. Después de salvar un par de ventajas para el español en el 'deuce' tuvo la rotura a su favor, pero falló.

Ahí estuvo otra de las claves. Dolgopolov alternaba grandes puntos con errores no forzados, y ante regalos como esos Nadal no perdona.

Otro momento clave: con 3-3 y servicio para el ucraniano, Nadal tiró de casta para forzar el 'break' y ponerse 4-3 con su saque. Rafa celebró los puntos con su habitual gesto de rabia, inédito hasta entonces. Había despertado.

No volvió a conceder un solo juego el español, que incluso remató el partido con otra rotura de servicio. Para qué esperar.

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