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No recomendado para menores de 12 años Víctor Ros - T2. Capítulo 6: La taranta del inglés - ver ahora
Transcripción completa

Nuestra única esperanza es el Zíngaro.

Tiene una diana en la cabeza y nada que perder...

Primero tenemos que encontrarlo...

Las manos donde las pueda ver.

Es De la Rubia quién nos interesa.

No le debes nada.

A él, no. Pero hice un juramento, señor Ros.

Y juré no revelar ciertos secretos,

a no ser que sea con los míos, en voz baja

y siempre que la persona más cercana esté a más de cuarenta pasos.

¿Pero qué leches está diciendo?

El reglamento de la Mano Negra. ¿Recuerda?.

Esperemos que el Zíngaro nos lo aclare.

¿Cómo ha podido ocurrir esto?

Hombre, debió de estar dándole patadas,

hasta que cedió...

-¡Zíngaro!

-Calla, mujer...

-¿Qué pasa, que ya no me reconoces? ¿eh?

-Tú eres una de mis putas...

-Ya no...

-Tranquila...

-Quieta... Ven aquí!

Le meto un tiro en la cabeza....

-¡Víctor!

el Zíngaro tiene a Lola... Va a matarla.

Vamos.

Suelta el arma.

¡Suelta el arma!

¡No! No...

Se la debía, Víctor.

Se la debía.

-El Zíngaro ha muerto...

-Supongo que no vendrás a cobrar.

-Porque lo que ha ocurrido, ya lo sé...

-¡Vamos, vamos Canela!

-Ya me gustaría tener a mí a un "secretario"

como el suyo, Jones.

-Paco es destajero en mi mina de Pozo Ancho,

pero conoce este monte como nadie, ¿verdad, Paco?

-Claro, Señor, ¿un trago?

-Gracias.

Señor, creo que deberíamos coger por otra senda.

Conozco veredas mejores que esta con unas liebres asín de gordas.

Además.

A esto le llaman la Dehesa del Muerto

y eso trae mal fario.

-The Spaniards and their stupid superstitions...

-As well, If you accept the offer for the mine,

you can turn to be a very rich man.

-Este vino está rancio...

-Lo siento, señor, es peleón, pero calma un rato las entrañas...

-I have to relieve myself... -All right.

-¡Allí, señor! En aquellos matojos,

se ha movío una liebre... Allí se ha movío una liebre.

-Creo que le he dao...

Jones...

¿Jones...?

¡Joooones...!

¡Joooones...!

-Los han encontrao en un granero de Vilches,

amontonaos como sacos de patatas.

Una carnicería.

¿Y el cuerpo del Estepeño? ¿no está?

Pero aquí está toda su cuadrilla...

Igual está muerto, como estos desgraciaos...

Se ve que los tratos con De la Rubia

no han llegado a buen puerto...

Está soltando lastre.

Se ha deshecho de los bandoleros

porque ya no necesita que le sigan escondiendo el oro...

Va a trasladarlo.

Exacto...

Por dónde empezamos, jefe?

No tenemos guardias suficientes para poner una pareja

en cada camino...

Habría que peinar los cortijos y los alrededores de Vilches,

por si el Estepeño ha salido vivo de ésta...

¿se le ocurre algo más, jefe?

Ahora mismo, lo único que nos puede salvar,

es que la Mano Negra cometa un error

y que nosotros sepamos verlo...

El director de una de las minas más importantes de Linares,

desapareció ayer, mientras cazaba...

Se llama Aaron Jones.

El Viceconsulado Británico me está presionando.

Supongo, señores, que no es necesario que les explique

lo importante que es la comunidad británica para nosotros...

-Hace unas semanas mataron a otro inglés,

un tal Charles Brooks, o algo así.

Mi capitán, haremos lo que podamos.

-Eso espero.

La compañía de Jones tenía una línea privada de ferrocarril

y les daría salida hasta Huelva...

Algunas han montado vías desde los yacimientos hasta mar,

para sacar el mineral...

¿Ese sería el error que estamos esperando?

No lo sé... A ver, dónde vive Jones.

Tenía una habitación en el hotel Sevilla.

Bien, que traigan sus objetos personales.

Señores, yo no sé si esto tiene algo que ver con la Mano Negra.

Pero no podemos rendirnos.

Yo fui pá allá un segundo, pa ver si se había cobrao la pieza,

y cuando vine, se lo había tragao la tierra.

Batimos el monte entero, pero no encontramos ná.

Yo les dije a los señores que no era bueno venir

por la Dehesa del Muerto.

Que estas tierras son mu traicioneras

y se ha perdío mucha gente.

Dicen, dicen que aquí está la boca del mismo infierno...

Vamos a dejar el diablo a los curas

y nosotros nos ocuparemos de las personas.

El señor Jones desapareció con suma facilidad

o alguien se lo llevó contra su voluntad...

está claro que el diablo no ha tenido nada que ver.

Gracias, Martos...

El director del hotel asegura

que nadie ha entrado ni salido de su habitación

desde su desaparición.

Jones era un huésped inmejorable,

un caballero inglés de los de verdad.

Desayuna, almuerza y cena siempre a la misma hora.

Soltero...

¿Recibió algún tipo de visita en el hotel?

Llegó de Londres hace unas semanas y, desde entonces,

lo único que ha hecho ha sido trabajar...

¿Hay algo por ahí que le llame la atención?

Nada relevante;

libros de ingeniería, ropa comprada en Savile Row,

Londres;

zapatos italianos hechos a mano.

El tipo tenía buen gusto.

¿Jefe?

Adhesivo para peluquines,

Blázquez,

creo que nuestro amigo Jones no se ha fugado...

Si no, se habría llevado todo esto, ¿no le parece?

¿Un secuestro?

Puede.

Pero ¿por qué no han dejado ninguna nota al rescate?

Localice al capataz de la mina. Un tal Connor Wells, es inglés.

Seguramente él nos pueda contar más cosas de Mr. Jones.

Bien.

Mándame a unos guardias a las ventas de aquí a La Carolina,

a ver si hay...

¡Bustos!

¿Quiere que le arreste por insubordinación?

-No, no, no, no, no, culpa mía.

Bustos me estaba contando que tiene familia en Bordeaux...

pero ya me iba.

En cuanto me cuente qué ha pasado...

-Pues fundamentalmente, que me está hinchando los mismísimos,

"madame", eso es lo que ha pasado...

-No se da cuenta que no tendrá que verme más

en cuanto me dé toda la información que necesito

para terminar mi libro...

-Hola, sargento...

-No te muevas.

¡Hércules!

-Sargento.

-Avisa a Ros.

¿Por qué te has entregado?

Porque ya no me queda na...

por lo menos, que De la Rubia

pague por todo lo que le ha hecho a mi gente,

aunque sea lo último que haga en esta miserable vida.

¿Qué pasó?

Ese hijo de puta nos vendió.

Lo tenía to preparao...

Salieron unos desgarramantas de la nada

y nos acribillaron a tiros.

A mí me dieron mal y caí... Me dieron por muerto...

En el carro abrí el ojo y vi a toda mi gente...

Si no llega a ser por el dolor de las heridas,

hubiera pensao que estaba en el infierno...

Salté del carro y me escondí en el monte...

¿Y por qué deberíamos creerte?

Tú verás lo que haces...

Pero sé lo que estáis buscando:

el oro que robaron del Banco de España, ¿no?.

Y también sé por dónde piensa sacarlo ese malnacío.

Dentro de tres días. Por el camino de Andújar.

-¿Podemos hablar un momento a solas?

Si nos ha dicho la verdad

tenemos que decírselo al capitán Barrera

y avisar a la Comandancia para que nos manden refuerzos.

Al contrario, sargento.

Si nos ha dicho la verdad,

lo que menos necesitamos ahora es un regimiento haciendo ruido

para llamar la atención de la Mano Negra.

Cambiarían de planes.

¿Y entonces qué hacemos?

De momento, que nadie más que nosotros hable con el Estepeño.

A estas alturas, la Mano Negra ya sabrá que se ha entregado.

Quizá quieran evitar que cuente lo que sabe...

A ver, os lo he explicado cien veces.

Será por aquí, por el camino de Andújar

que lleva a Córdoba.

Luego a Sevilla y, después, al puerto de Huelva

para sacarlo en barco por el mar...

-Esta zona de aquí es muy agreste,

pero es un buena para hacerles una emboscada.

¿Tú crees que van a sacar el oro todo de una vez?

Es mucha cantidad, ¿no te parece?

El convoy de muleros

que lleva las loza a Sevilla todos los años es grande,

no se notará la diferencia.

El oro irá camuflado en la mercancía.

¿Y sabes desde dónde saldrá?

De la Rubia se guardó mucho de decirme dónde lo llevaba,

pero no andará mu lejos...

Yo creo que, si salen de madrugá,

a medio día pueden estar cerca de Andújar,

más o menos por aquí...

¿Y de la Rubia sabe que estás al tanto del plan?

No, se lo oí decir mientras mandaba a uno de sus hombres.

¿Pa qué me iba a decir na si me iba a matar?

-¡Candela!

-¿Ha sío tu padre quién me ha sacao?

-Sí, y de nada, ¿eh?.

Pensaba que te ibas a alegrar un poco, o algo.

-Pa que lo sepas; no necesito que ningún señorito

llame a su familia...

-¿No? A lo mejor te preferirías quedar en el calabozo.

¿No te das cuenta de que si sigues así,

vas acabar mal?

-¿Y de dónde quieres que saque el parné?

¿Tú sabes lo que cuesta un billete de tren?

-¿Te quieres ir? ¿Adónde?

-A París...

-¿A París?

¿Y qué te crees que allí te va a ir mejor que aquí?

Pues no, en las ciudades, los pobres son aún más pobres...

-A mí me vale con llegar a tiempo a ver a mi madre.

Se muere de tuberculosis...

Espero que perdone nuestro retraso.

No podemos hacer gala de su puntualidad británica...

El señor Connor Wells, supongo.

Inspector Ros, sub-inspector Blázquez.

Siéntese, por favor.

Usted es el capataz de la mina de Pozo Ancho,

a cargo del señor Aaron Jones. ¿No es así?

¿Qué quieren de mí?

Bueno, su jefe ha desaparecido de la faz de la tierra,

sin dejar ninguna huella.

Queríamos hacerle unas preguntas, si no es molestia.

¿Vio al señor Jones la mañana de su desaparición?

Vino a la oficina para firmar papeles,

cosas de la compañía...

¿Y sabe si tiene algún enemigo, o discutió con alguien,

o quizá alguien le quisiera ver muerto?

Mr. Jones está recién llegado de Londres.

Sólo le interesa su trabajo en la mina.

Y la caza.

Acompañó en alguna ocasión a Mr. Tanner...

¿Mr. Tanner? Sí,

¿podría hablarnos del señor Tanner?

¿Sabe si Jones lo consideraba como un amigo?

Más que amigos, partners...

La compañía de Mr. Tanner hizo algunas ofertas

para comprar la explotación de Pozo Ancho... Es público.

Sí, sí, por supuesto, estoy al tanto...

Pozo Ancho no sólo es rico en plomo,

también posee una línea privada de ferrocarril,

que el señor Tanner no tiene...

Mi trabajo es que los españoles trabajen como deben...

Y el nuestro encontrar al Señor Jones lo antes posible.

Muchas gracias por su tiempo.

Si necesitamos más información, le buscaremos.

¿Por qué el fulano ese de Tanner se niega a colaborar?

Como si no tuviera que someterse a la autoridad española...

Habrá que buscar otras vías para hablar con él.

Gracias...

Thomas me ha dicho que quería hablar conmigo...

¿Nos conocemos...?

Don Enrique De la Garza. Y no, no tenemos el placer.

Estoy de paso por negocios y no quería perder la ocasión

de conocerle, Señor Tanner.

Quisiera adquirir unos terrenos y me han dicho

que usted es el mayor experto en minas de Linares...

¿Es usted ingeniero?

Así es.

Mi especialidad es el hierro, el cobre y el manganeso...

pero esta zona centro ibérica de Sierra Morena

y su alternancia de paquetes pizarrosos y cuarcita,

produce un plomo de altísima calidad.

Así que también me interesa el plomo.

Verá, es que ahora estoy un poco... ocupado...

¿Por qué no viene a cenar con su esposa

y así nos conocemos mejor?

¿Mi esposa?

Por su anillo entiendo que está casado...

Será un placer, señor Tanner.

Toma, te lo ha guisao mi mujer... ten...

-Se agradece, sargento.

Y er vino no te digo na.

Te sienta bien el uniforme:

menudo mandamás estás hecho.

Pero me alegro.

De trincarme un guardia civil, mejor tú que nadie.

-Hombre, trincarte, trincarte lo que es trincarte,

no te he trincao yo...

-No, me he tenío que entregar pa que me cojas...

-Cabrón...

-Quién nos lo iba a decir, ¿eh?

¿Te acuerdas cuando éramos unos zagales de Estepa

que robaban melones?

-Y después nos íbamos de cabeza a remojarnos en los lavaeros.

-En los lavaeros,

los lavaeros.

Siempre fuiste como un hermano mayor pa mí, Marcos.

-Cago en tus muelas.

Te tenías que haber quedao en lo de los melones.

No, después ya vinieron los jamones,

los cortijos y lo demás...

-¿Y qué hago? Si no tenía ná que echarme al buche...

Así es la vida.

-¿Por qué te metiste a hacer tratos con esta gente?

Sabiendo lo peligrosos que son.

-Por la avaricia, sargento, por la avaricia.

Yo creía que me podía retirar de los montes

con lo que me iban a pagar.

¿Tu sabes cuánto me iban a pagar? Y estar con mi cría,

tener una vida decente...

Y lo único que he hecho es llevar a mi gente al campo santo.

-Sabes que, a lo mejor, de esta te dan garrote ¿no?

¿Cuánto tiempo hace que no ves a la niña?

-María está bien, no te preocupes.

-Tarde o temprano la Mano Negra va a saber que les has vendido.

Y si les muerdes, van a ir a por lo que más quieres.

Tu hija.

Dime dónde está...

te prometo que yo me encargo de ella.

-Mira, no me vengas de santurrón y ocúpate de lo tuyo...

Te he dicho que lo tengo todo solucinao, ¿te enteras?.

Marcos, ¡que si te enteras!

-Sí, me entero...

Come.

¡Eh!

Todo lo necesario para que te conviertas en mi "amada" esposa.

Sólo por una noche.

La señora Amelia Eguizábal, nacida en San Sebastián,

de buena familia, por supuesto y, evidentemente,

tiene que tener joyas acorde con su posición...

No voy a dar la talla, Víctor.

Además, nunca he estado en San Sebastián.

Juana, necesito que me ayudes a resolver un caso.

¿Y por qué iba yo a ayudar a la policía?

¿Y juntarme con esa gente de alto copete?

La gente de "buena familia" me da urticaria, Víctor.

No te serviría de nada.

Yo, en cambio, creo que eres perfecta.

Para robarles, aprendimos cómo se comportan los ricos.

Les conocemos mejor de lo que ellos mismos se conocen.

Seguro que seguimos siendo los mejores.

No, Víctor, no.

Lo siento, Víctor.

Ya habrá más ocasiones.

¿Y si no las hay?

Juan y yo seguramente,

en un unos días, regresamos a Madrid.

¿Tan cerca estás de hacerte con ese oro?

Sabes que no solo te lo estoy diciendo por eso.

La cena es a las ocho,

por si cambias de idea.

El Sargento Giralda me ha dado permiso

para entrevistar al Estepeño.

Está sellado...

-Tiene usté el don de aparecer en los sitios más inesperados.

-Cuando algo me interesa...

-¿Y qué le interesa?

¿eh?

¿Ver al Estepeño humillao y entre rejas?

No es algo que merezca la pena ver, la verdad.

Lo que sí merece la pena es que me cuente su historia

para que no se olvide. Y más ahora que...

-¿Qué?

¿Ahora qué...?

Venga dígalo,

no sea tímida...

¿Ahora que me van a dar garrote?

-¿Por qué se ha entregado?

Nunca pensé que un bandolero como usted se rendiría...

-Váyase ya...

¿No le han dicho que soy muy peligroso

y que las rubias me hacen perder la cabeza?

-¿Por qué no me cuenta qué hace que un inspector

de la talla de Víctor Ros siga sus pasos?

¿Por qué está tan interesado en usted?

-¿Y qué carajo es esto de un permiso especial?

¿Madame?

Esta vez se ha pasado de lista, madame.

Podría detenerla por lo que acaba de hacer.

-Adelante.

Pero que sea en una celda cerca de la del Estepeño.

-¿Usted no... no se cansa nunca?

-El señor Ros me lo prometió a cambio de mi colaboración.

-Exactamente: el señor Ros, no yo.

Y da la casualidad de que soy yo el que está al mando

de este puesto...

-Bueno, quizás podría encontrar la forma de recompensárselo

convenientemente.

Esta entrevista podría ser el culmen de mi libro...

-Seguro que con su florida imaginación

podrá terminar el libro sin José María Llanos el Estepeño.

Madame.

Au revoir.

-Se nos va a hacer tarde...

Era una pena devolver el vestido y las joyas.

La verdad es que no elegiste nada mal...

Por eso me casé contigo, "Amelia".

Voy a ser la envidia de la noche.

Pero si queremos ser la familia perfecta

nos falta algo...

El hijo perfecto,

Juan.

-¿Qué te parece, Víctor? ¿Voy elegante?

He pensado que me podría llamar Heriberto.

Juan está bien... Juan De la Garza.

Mr. Tanner; mi esposa Amelia...

Encantado...

Y mi hijo Juan.

Eh... Veo que Don Enrique es un hombre muy afortunado.

Nice to meet you, man.

Tell me; do you like geology, like your father?

-I like it, but I try to study law, like my grandfather.

-Well, It's always good have a lawyer in the family.

Siempre nos sentiremos orgullosos de él.

No has entendido nada.

¿Se ha notao...?

Vaya, Mr. Tanner.

Veo que le interesan las antigüedades.

Una de mis pasiones, sí.

Esta tierra también es una "mina", en ese sentido.

¿Conocen ustedes el asentamiento romano de Cástulo?

-No...

-Esta es mi pieza más valiosa,

en Londres pagarían más de tres mil libras por ella.

Representa a Juno...

¿Tomamos una copa?

Bienvenido, Don Álvaro.

Le presento al ingeniero Don Enrique de la Garza

y a su adorable familia; Amelia y Juan.

-Don Enrique...

-Bueno, caballeros...

Please, pasamos directamente a la mesa.

Ustedes los españoles cenan muy tarde.

En Londres ya estaría un rato en la cama.

No defienda a esos rufianes, Don Álvaro,

las mayores aficiones de los mineros españoles

son la embriaguez, el juego y la prostitución...

-Puede, pero se olvida del durísimo trabajo

que hacen en sus minas jugándose la vida todos los días.

-A usted le gustan porque ha amasado una fortuna vendiéndoles vino

a esos infelices. Pero yo sé cómo son...

-¿Y cómo son, señor Tanner?

¿Acaso son peores que los mineros ingleses?

¿Y los críos que trabajan en la mina en lugar de estar en la escuela?

También serán peor que los críos ingleses.

Como las mujeres que se parten la espalda

por un jornal de miseria, también son p...

Amelia, por favor...

No censure a su esposa, Don Enrique.

Sin duda, Mr. Tanner se olvida mencionar

que, a pesar de lo fastidiosos que le resultan los mineros españoles,

su empresa saca importantes beneficios

gracias a ellos...

-My God. Esperen al postre para fusilarme.

No quiero quedarme sin probar el pudding...

Mr. Tanner... Si quisiera instalarme aquí,

¿usted cree que podría utilizar su ferrocarril para sacar el plomo?

No sea impaciente, Don Enrique.

Ya hablaremos de negocios.

Y puede estar tranquilo,

a mí me gustan las mujeres con carácter.

Aunque tampoco sería fácil convencerla

para que se casara con usted...

-Bueno, en realidad fue, más bien, al revés.

Desde que tengo uso de razón, me recuerdo enamorada de Enrique.

Sin embargo, él tenía otros intereses,

como esas piedras de las que tanto habla...

-El dinero, la profesión, son importantes, señor De la Garza:

y, ¿de qué valen si uno no puede disfrutarlos en compañía?

Toda la razón, Señor Tanner.

Y, gracias a Dios, he tenido una segunda oportunidad.

Y no pienso desaprovecharla...

Y ahora, si me disculpan, debo ir al escusado.

En cuanto regresa Don Enrique del escusado,

podemos pasar al salón a tomar una copa.

-¡Mr. Tanner...!

Me preguntaba si me dejaría probar alguna de sus ginebras.

Por lo que he oído la Plymouth Dry es exquisita.

-Ah, pues iba a por unos puros, pero acompáñeme,

le preparo un trago.

-¿Ya tienes lo que querías?

Están empezando a entrarme sarpullidos.

Aún no... por favor...

Pues vas a tener que terminar tu solo, Víctor;

yo me voy.

-Habanos, lo mejores...

Es una pena que los americanos

estén a punto de chafarles la partida en las colonias.

-No venda la piel del oso antes de cazarla, Mr. Tanner.

No es necesario que me agradezca lo de antes...

No sé lo que está buscando aquí, Sr. Ros,

pero espero que lo encuentre

y que ese hijo de la pérfida Albión se lleve su merecido...

Por cierto,

le alabo el gusto escogiendo "esposa".

-Lástima que deban marcharse tan pronto.

Quizás, mañana temprano me acompañe a cazar,

y así podríamos hablar de sus intereses

en estas tierras...

¿A qué estás jugando?

Una mujer que ha fingido su propia muerte no se derrumba

porque un inglés trate como a ganado a sus obreros...

¿Y tú qué sabrás de lo que me hace daño?

Álvaro Cuendías. Os conocéis, ¿verdad?

Alguna noche vino a casa del Zíngaro... No es tan raro...

Yo era puta.

Yo me habré olvidado de sus caras,

pero está claro que ellos de la mía no...

Víctor, nadie puede borrar su vida...

Soy una imbécil.

No hay segundas oportunidades para mí...

¿Es verdad lo que has dicho en la cena?

Tan verdad como lo que tú has dicho.

Entonces, sabrás que no te voy a dejar escapar otra vez.

Mira Juana, yo no, no sé

dónde va a ir a parar todo esto, no, no lo sé.

Pero lo que sí te puedo asegurar es que,

esta vez no te fallaré. Supongo que ahora ya sabemos...

Antes de que todo se estropeara...

No sabes la de veces que soñé con esto.

En tu mano está recuperar todo lo que perdiste.

¿A qué viene esa cara, sargento?

Esto es de mi María... se lo hice llegar por su santo.

¿Qué pasa? ¿Dónde está...?

-Lo hablé con el Inspector Ros.

Me dijo que, aunque tú no quisieras,

fuera en busca de tu hija...

esos tíos eran unas malas bestias...

La han encontrado muerta en el cortijo de la Manuela...

Si me lo hubieses dicho cuando te lo pregunté,

hubiese tenido tiempo, cabrón...

Te dije que la Mano Negra iba a por ti.

-No han podido ser ellos...

-A ver, ¿qué más te tienen que hacer para que te des cuenta?

Primero tus hombres, ahora, tu hija...

¿Qué tenía? ¿Quince años?

-De la Rubia me prometió...

-¿Qué te prometió...? Dime, ¡qué te prometió!

-Me prometió que no le harían nada a la niña

si hacía lo que me pedían...

Tenía que entregarme

y deciros que iban a sacar el oro por el camino de Andújar...

-Ros me dijo que te pusiera a prueba...

Yo le dije que nunca me mentirías, pero, al parecer,

no te conozco lo suficiente...

¡Guardia!

Deja que la cría se despida de su padre...

Good morning.

-Good morning.

-Aquí se lo traigo, Mr. Tanner.

Les deseo buena caza.

-Thank you...

¿Por qué no se queda?

Así seríamos pares y podríamos ir en mano,

quizá nos cobremos un buen jabalí.

Paco era la escopeta negra del Señor Jones,

pero como él ya no la necesita, ¿por qué no aprovechar ese talento?

Ah, sí... El desgraciado incidente de señor Jones.

Pero ¿por qué ha dicho "era"?

¿Piensa que no lo van a encontrar?

Es una forma de hablar.

Aunque desgraciadamente, no creo que la guardia civil

sea capaz de encontrarlo nunca.

Usted trabajó para el señor Jones...

¿Cómo era el patrón?

Puede ser franco conmigo, Paco.

Era como el otro patrón que hubo antes,

y como todos los patrones que yo he conocío.

Tenga cuidao por donde anda por aquí, Don Enrique,

este terreno está lleno de socavones

y de cuevas que picaron los mismos romanos.

(Disparo)

¡No...!

Me lo ha matao...

Ha matao a mi Canela, señor.

¡Me la ha matao!

-Hubiera cazado algo si ese condenado perro

no se me hubiera echado encima.

Tranquilo, Paco...

Te daré dinero

para que te compres diez más como ése.

-Caballeros. Yo me retiro.

-No, no lo haga, Don Enrique... Ese vino está rancio,

lo que pasa es que lo dejo ahí

pá que vaya haciendo madre, ¿sabe usté?

Ahí abajo hay un arroyo.

Voy a ir a por agua pa que se refresque.

¿Me ha confundido con una perdiz, Don Enrique?

No, mi nombre es Víctor Ros y ahora mismo

va a decirme dónde está Aaron Jones.

No, no, no lo sé, lo juro...

Y por qué ha escondido esto...

Por eso el perro se le echó encima.

He visto cómo Connor se lo ha dado.

Esa tarde que fui a visitarle a su casa

él también estaba en su despacho, ¿verdad?

¿verdad?

Espere, se se lo contaré todo, no dispare.

Llegué a un acuerdo con Connor...

Pero yo no he hecho nada.

¿Y qué más le entregó Connor?

Además de la insignia de Jones de la Orden del Imperio de la India.

Imperatricis auspiciis: Bajo el auspicio de la Emperatriz.

Era una carta pidiendo un rescate por Jones.

Exigían diez mil libras esterlinas.

La quemé...

Claro.

A usted le interesa que el señor Jones esté muerto

para quedarse con su línea de ferrocarril...

Al no tener respuesta de la primera carta,

los secuestradores le amputaron el dedo al señor Jones,

esperando a que reaccionaran... Pero lo que no sabían

es que usted y el señor Connor estaban dispuestos

a sacrificar una vida sólo por ganar unas libras más...

Sólo, sólo son negocios...

¿Negocios?

Es usted un despreciable.

No,

no, no, no, no...

Levántese...

Fíjate.

El anillo le está justo a pesar de que el dedo

ha sido amputado...

Ese es el sello de la Universidad de Oxford,

¿verdad?

Tierra, parece galena

y esto...

es Plomo.

Estuvo escarbando... Intentó escapar.

Pero, ¿por dónde?

Porque en esta tierra,

levantas una piedra y hay plomo...

¿Inspector?

He hecho lo que me pidió...

La bota de vino, abierta en canal.

Y con mucho cuidado de no tocar nada de dentro...

Perfecto.

Como si fuera azufre...

El olor no es el único defecto de este polvo...

Y yo que pensaba que había probado los peores caldos de este país...

Pobre del que haya bebido de esa bota.

Pues ese pobre no ha sido otro que Mr Jones.

Este polvo es Lytta vesicatoria. Más conocida como cantárida.

Proviene de la mosca española.

La cantárida le hizo sentirse débil...

Se apartó de la gente...

Y, entonces, se convirtió en una presa fácil...

Blázquez, vámonos, no hay tiempo que perder.

¡Eh, señor Ros!

¿Si?

¿Y mis honorarios?

-Vi la cara que se te puso cuando el inglés

dijo lo que valía la estatuilla...

Si quieres venderla, en Cantarranas

hay un gachó que vende estas cosas...

Aunque yo no sé si te pagará tanto.

-Pero, ¿cómo la has conseguido?

-¿Para qué necesitas el dinero? ¿Es para Candela?

-A ver, es que tiene que hacer un viaje muy largo.

Y no le quería pedir el dinero a Víctor...

-No tienes que darme explicaciones de nada.

Si hubiera podido, le habría quitao hasta los calzones al inglés...

¿Tú te acuerdas lo que te dije de las cartas?

-Que algunos empiezan con más cartas que otros...

-Sí, pero no le digas nada a Víctor que me mata, ¿eh?

...No creo que él vea las cosas como nosotros...

-Elena... ¿Qué está pasando?

-No sé por dónde empezar, cariño...

Te mentí,

cuando eras un niño...

A ti y a tu padre.

Sé que es muy difícil de entender, Juan,

pero lo hice por vosotros...

-¿Qué tienes tú que ver conmigo?

-Tu no te acuerdas.

Me metieron en el penal de Alcalá...

yo estaba segura de que jamás iba a salir de allí...

-No es verdad...

-Por eso...

-No es verdad...

-Cariño, yo...

yo no quería que tu padre

pasara la vida pendiente de mí,

ni tú...

Por eso os hice creer que había muerto.

-Juana...

-De verdad que había perdido todas las esperanzas, cariño...

Jamás pensé que la vida me iba a dar esta segunda oportunidad...

-¡No me toques!

Tú no eres mi madre.

Tú no eres mi madre.

-Sí lo soy.

-Tú no eres mi madre. Mi madre está muerta.

Mi madre es Clara y está muerta. Tu no eres nadie,

nadie.

¡Pacorro!

¿Dónde está Jones?

Desapareció... yo no sé más na...

Le aseguro que hubiese preferido que el final fuera otro, Paco.

Debí sospechar de esas ampollas,

creí que eran consecuencia del trabajo.

Dirigí la investigación hacia Tanner.

Pero el inglés sólo quiso aprovecharse de la situación.

¿Recuerda cuando le quise coger la bota de vino

durante la cacería...?

No lo haga, Don Enrique... Ese vino está rancio...

Y, entonces, percibí un olor extraño:

la cantárida...

Es el que usó para fabricar el veneno, ¿verdad?.

Esas ampollas son consecuencia de haberla manipulado

y haberla echado en el vino...

Entonces Jones lo bebió, se sintió mal

y se apartó de los demás...

Allí señor, en aquellos matojos, se ha movío una liebre.

Pero, en ese momento,

usted estaba distrayendo a Tanner...

¿Quién más le ayudó?

Nadie, se lo juro...

Le hubiese bastado con un minero más de su cuadrilla de destajeros.

Después escondieron a Jones

en un lugar que previamente habían preparado y...

Voilá, el señor Jones desapareció como por arte de magia.

No les daré ningún nombre. No son delincuentes;

son simples mineros.

Nunca quisimos hacerle daño.

El inglés tenía mucho dinero,

pero no atendía a las notas que les mandamos...

Déjese de historias Pacorro, ¿dónde está Jones?

La dehesa del muerto.

Tenga cuidao por donde pisa por aquí, Don Enrique,

este terreno está lleno de socavones

y de cuevas que picaron los mismos romanos.

Es un sitio perfecto para esconder a Jones

y estoy seguro de que está en esa zona, Paco...

Quieto... quieto...

Y, probablemente, a pocos pasos de dónde desapareció.

A veces, el mejor lugar para esconder algo

es hacerlo a la vista de los demás.

Justo donde estaba.

No se mueva,

no se mueva....

Vamos, arriba, eso... vamos... ahí, espere, espere.

Ya está, ya está, ¡Blázquez, ayúdame!

Vamos.

Vamos, vamos pa arriba.

Vámonos, vamos...

¡Suficiente!

¡Pero qué dices, atontao...!

Esto es más que suficiente...

¿Pero se puede saber de dónde has sacao tanto parné?

-Mejor no preguntes.

Lo que importa es que ese dinero te hace falta a tí más

que a nadie... el resto da igual.

-Uy... Tu te has metío en algún lío, seguro...

-Yo no sería tan pejiguero y saldría pitando.

-A ti te ha pasao algo...

-Pues que, a veces,

me gustaría estar solo como tú, ¿sabes?

Cogerme un tren e irme y olvidarme de todos,

pero de todos.

-Mira tú por dónde, lechuguino, te voy a echar de menos

y tó cuando esté en París.

-Buen trabajo, Ros...

Aunque parece mentira que un viejo minero

haya podido orquestar él solo todo el secuestro.

Sí, la verdad es que sí, pero conoce la dehesa

como la palma de su mano y la cantárida ha hecho el resto...

Ah, se me olvidaba; hay alguien que quiere darle

las gracias en persona.

-He perdido un dedo, pero podía haber sido mucho peor.

Por fortuna, gracias a esa droga, apenas recuerdo lo que sucedió,

así que tampoco tendré que esforzarme en olvidar...

Le llevaremos sus pertenencias al hotel...

Ah, y su anillo de Oxford.

Qué tiempos aquellos...

Les reitero mis agradecimientos.

Son un orgullo para este país.

Buenas noches.

Señores.

Bueno, jefe.

Ahora creo que deberíamos ir a descansar.

No, no podemos Blázquez,

hasta que no resolvamos este asunto.

Por el amor de Dios, jefe.

Este olor es peor que el del veneno ese...

El señor Brooks murió hace más de dos semanas.

¿Qué esperabas?

¿Qué abriéramos la tapa y que oliera a rosas?

Me resultó extraño que el anillo del señor Jones

no encajara con el dedo amputado...

¿Por eso estamos aquí? ¿Por un anillo...?

No exactamente.

¡Por el amor de Dios!

¡Por todos los demonios! ¡Qué está haciendo jefe!

Eso es sacrilegio...

No, es solo un peluquín...

Y de muy buena calidad, por cierto;

es pelo hindú, muy cotizado.

Entre las pertenencias también había esto,

adhesivo para peluquines...

Mi querido Blázquez;

mucho me temo que el cadáver que tenemos en esta mesa,

no es el señor Brooks.

Es el auténtico Aaron Jones...

(Ruidos)

Esto no me lo esperaba, sargento...

No lo hago por ti. Lo hago por tu hija.

Que para saber de tu vida,

va a tener que leerse el libro de la gabacha...

Que de ti no va a salir nada...

Le va a preguntar delante mía

y no se mueva de ahí, dele.

¡Y tu! No cuentes muchas mentiras...

-Así va a ser difícil ¿no puedo sentarme a su lado?

-¿Prefiere que nos vayamos...?

-Da igual, rubia... si así nos escuchamos igual...

-Podemos empezar hablando de sus orígenes.

De su infancia en el pueblo de la Estepa...

¿Cómo era?

-Hambre... Hambre por tó laos.

Hacíamos lo que podíamos pa divertirnos,

como cualquier zagal.

Le puedo contar algunas cosas del sargento,

que crecimos juntos...

Por ejemplo, sus líos con la Serafina...

-Esto es para contar cosas de tu vida,

no de la mía...

-¿Eran amigos, de niños? ¿Y quién es esa Serafina?

-Ven...

-¡Suéltala!

-No te muevas o te juro que le atravieso el cuello.

¡Abre!, ¡abre!

-Sabes que no puedo hacer eso.

-¡Abre la celda

o me la llevo por delante!

No tengo naque perder, Marcos.

Abre la puerta, Marcos.

Dame la pistola, dame la pistola,

dame la pistola Marcos...

-Tranquilo.

-Dame la pistola,

dame la pistola.

Tranquilo, tranquilo, tranquilo, ya está, ya, ya, ya, ya... venga.

-Tranquila, no va a pasar nada.

-Tira pa atrás, tira pa atrás.

Shhh, quieta, quieta, quieta, quieta, tu no te muevas.

-Tranquila...

De aquí no vas a poder salir,

piensa en tu hija.

-Por eso lo hago, pa que sepa que su padre nunca se rindió.

Y tú pegaíta a mí. Venga, vámonos.

¡Eh!, ¡eh!.

Tranquilos, aquí nadie tiene por qué morir, tranquilos.

-¡Tranquilos!

No lo hagas, aún estás a tiempo.

A lo mejor en el juicio no te dan garrote.

-Quiero un caballo en la puerta...

¡Ahora!

¡Y decidle a todo el mundo que José María Llanos

no morirá de rodillas!

-No me haga nada, por favor...

-¡Haced lo que dice!

-Pero jefe, ¡lo tengo a tiro!...

-¡Que hagáis lo que dice, coño!

-Quieta,

no te la juegues conmigo, o te meto un tiro, gabacha...

-¡Noooo...!

-José, Joder...

¿Por qué lo has hecho, José? ¿Por qué...?

-Ya me conoces, Marcos... La cabra siempre tira al monte.

-¡Llamad a un médico, joder!

-¡Ya está, ya está! De esta no salgo, Marcos...

Cuida de mi hija, Marcos,

cuida de mi hija...

Mr. Jones,

¿se va de viaje?

Después de lo que ha pasado, estoy deseando regresar a Londres

con mi familia.

Deje ya de fingir, hombre, que no tenemos todo el día.

¿Quién es usted en realidad? ¿Brooks?

¿Y por qué ha suplantado la verdadera identidad de Jones?

¡Esto es un atropello, caballeros!

¡Voy a dar parte al Viceconsulado Británico!

Puede usted dar todos los partes que quiera

pero de aquí no se mueve hasta que no cante por soleares.

Está bien, está bien, pero no me hagan nada...

No puedo aguantar más.

Solo soy un actor de comedias que hace un papel...

¿Y quién le contrató?

Un hombre extraño... Al principio, me negué...

Un hombre con una máscara.

Pagaba muy bien.

El me proporcionó todos los datos, la ropa, todo...

¿Y qué le pidió que hiciera?

Sólo tenía que dejarme ver por las oficinas de la mina

y firmar algunos documentos cuando él me lo pidiera.

¿Qué tipo de documentos?

Cosas triviales, autorizaciones para hacer envíos de plomo

hacia un puerto privado que el ferrocarril

de la empresa de Jones tiene en Huelva.

Envíos de plomo...

Hoy era el día que nos dijo el Estepeño

que el convoy saldría por el camino de Andújar.

Mientras nosotros íbamos hacia monte, ell...

¡Blázquez, tenemos que irnos!

¿Y qué hacemos con este fulano?

Ya nos ocuparemos de él más adelante...

De la Rubia va a sacar el oro en el tren.

¡Vamos!

Blázquez, ve al andén,

dile a los mozos que descarguen la mercancía...

¡vamos!

De acuerdo.

Disculpe, policía, ¿me permite?

Apártese de esa caja...

Tire el arma lejos de usted...

Mi buen amigo Víctor Ros,

le hacía camino de Andújar...

pero es evidente que no es fácil desprenderse de usted...

No quería que se marchara sin antes despedirme.

Habría sido más fácil para los dos,

haber terminado nuestro affaire sin lágrimas...

Usted por su lado y yo por el mío.

¿Debo esperar más invitados?

Por supuesto...

La estación está rodeada de toda la guardia civil...

Yo sí he venido acompañado.

Pero dudo de que a usted le acompañe alguien más aparte de Blázquez...

Pensó que había ganado la partida, ¿verdad?

Que nos habíamos creído el señuelo del Estepeño...

Vino aquí con todo el cargamento y esperaba que el personal

de la estación lo subiera al tren, sin ningún problema.

¿Quién iba a sospechar de unas cajas de una compañía minera?

Pasa por alto un detalle.

Yo llevo el arma.

Eso es algo que puede cambiar en cualquier momento.

No tuvo bastante con lo de la joyería,

con lo de Clara...

¿Tanto me odia?

Tiene la mala costumbre de darse demasiada importancia, señor Ros.

Y hace lo propio conmigo.

Siento decepcionarle,

pero yo no tuve nada que ver con lo que ocurrió ahí.

Yo sólo recogí las cajas en Linares.

¿Y entonces quién organizó el golpe al Banco de España?

La Mano Negra es más poderosa de lo que usted cree...

Siempre hay alguien por encima.

Lástima que vaya usted a morir sin ponerle cara.

Pero el Gran Maestre es demasiado sabio.

Incluso para usted...

El Gran Maestre...

el mismo que también quien se la ha jugado a usted...

¿Ha visto lo que hay dentro de las cajas?

Yo ya he abierto dos.

Seguro que el resto son iguales...

Adelante...

Apártese, apártese...

¡No puede ser!

¡No puede ser!!

¡No puede ser!,

apártese...

Tiene gracia, ¿verdad?, pensar que íbamos a morir

por unas cajas llenas de plomo;

no se sienta mal:

el peso del plomo es semejante al del oro.

Usted pensaba que era más importante, ¿verdad?

¡No!

Ya le dije que las tornas podían cambiar en cualquier momento.

Dese la vuelta.

Muévase, ¡vamos!.

Blázquez, ya te estaba echando de menos.

Hace mucho que nos conocemos, ¿verdad, De La Rubia?.

Usted no es "creyente"...

Se sirvió de la Mano Negra solo para volver a resurgir.

¿Y por qué no pasar el resto de su vida en un sanatorio

con todos los cuidados?

Sabes que yo te lo puedo conseguir...

Negociando otra vez con el gran Víctor Ros,

es usted un hombre tan noble...

Si cumple su palabra,

les prometo que les diré quién es el Gran Maestre...

Él fue el que lo organizó todo,

él fue quien mató a su esposa,

el fue...

(Disparo)

-¿Sabe...?

Yo podía haber acabado como él.

Pero me metí a Guardia Civil

pa salir de esta puñetera hambre,

pero él siguió robando.

Si yo hubiese seguido su camino,

ahora mismo tendría un tiro en el pecho...

-Pero no lo hizo...

Siento que todo haya acabado así.

-¿Y qué le digo yo a su hija?

-Que hizo todo lo que pudo por su padre...

¿Por qué no seguimos hablando en un lugar más privado?

No sé en qué andaba metido el Estepeño...

pero parece que cometió un error,

que hizo tratos con quien no debía, ¿verdad?

-¿Y usted "madame", no se cansa de hacer tantas preguntas?

-Prometo no incluirlo en mi libro.

Pero ya que soy la amante del sargento,

tendré que disfrutar del privilegio de conocer algún secretillo, ¿no?.

Ya sabes lo que me gustan las buenas historias...

-Pues, te vas a tener que esforzar, un poquito más,

para hacerme hablar...

-Puedo llegar a ser muy persuasiva, ¿eh?

-¿Eso es sangre?

Mejor no preguntes...

¿Y Elena?

Cuando yo he llegado a la pensión, ya no estaba.

Hablamos por la tarde...

¿Tu sabías que era mi madre?

¿Por qué no me dijiste nada?

Juan,

no va a marcharse sin más.

Volverá.

Confía en mí.

Caballeros,

necesito hablar con el Capitán Barrera.

-Es un honor recibir a nuestro alcalde...

¿en qué podemos servirle?

-Se va a producir un asesinato. Y deben evitarlo a toda costa.

Y supongo que usted sabe a quién van a asesinar...

A mí.

-Estamos al borde de una guerra

y el país necesita que todos arrimemos el hombro...

Quite los impuestos o, la próxima vez,

no se lo vamos a exigir con palabras.

El pueblo se echará a la calle con lo que sea...

De la Rubia solo era una pieza más de la organización.

¿Cuántos son en la Mano Negra, carajo?

Esto parece un ejército...

Es que son un ejército, sargento.

Abajo, están los soldados:

chirleros, prostitutas, mineros, jornaleros del campo...

Están mezclados entre la gente y solo responden ante una persona.

(Latigazo)

El gran Maestre.

Si queremos acabar con todo esto,

tenemos que dar con el.

Todos tememos a la muerte.

Tu no eres diferente...

Y empezarás a sentir ese miedo

cuando te des cuenta de que, por mucho que grites,

Víctor Ros no podrá escucharte...

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Víctor Ros - T2. Capítulo 6: La taranta del inglés

24 ago 2019

Víctor Ros debe resolver la desaparición de un importante empresario de minas inglés. Para ello, se infiltrará en la colonia británica haciéndose pasar por un respetado ingeniero padre de familia acompañado por Juana y Juan. Una situación que animará a Juana a confesarle la verdad a su hijo, antes de que un inesperado acontecimiento les aleje de nuevo. Mientras, para sorpresa de la Guardia Civil, El Estepeño se entrega dispuesto a colaborar para coger al culpable de matar a todos sus hombres: De la Rubia. La ambición de Suberwick hace peligrar la operación, poniendo contra las cuerdas a un enamorado Giralda. Gracias a su capacidad deductiva, Víctor Ros tendrá en su mano dar el golpe definitivo a la mano Negra.

Histórico de emisiones:
08/12/2016

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  1. Rafael

    Estupenda serie ojala, siga la serie, estoy esperando la tercera temporada..... para cuando...

    03 ene 2017
  2. Bea

    Hola sigo desde el principio la serie y me encanra. En el avance del siguiente capitulo md ha parecido q sale el actor Alfonso Begara. Me podeis decir si es el.

    14 dic 2016
  3. O.G.M.

    Enhorabuena por la serie, y,los actores. También por la rapidez en tenerla disponible en la web. Sigan haciendo series de este tipo y con esta calidad. En mi opinión mejorarían bastante.

    09 dic 2016