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No recomendado para menores de 12 años Víctor Ros - T2. Capítulo 4: Hierro, fuego, veneno y calumnia - ver ahora
Transcripción completa

Tengo que volver a la sierra...

Quizás, si damos con ella,

sea la pieza que necesitamos para saber dónde esconden el oro.

¿Es que no oyó lo que dijo el Vizacaíno?

Esa gente no para ni dos días quieta en el mismo sitio.

El buhonero me dijo que conocía una mujer que había escrito

semblanzas de los bandoleros. Quizá ella pueda ayudarnos...

Irene de Suberwick.

Víctor Ros, Enchanté...

Sé que se ha visto varias veces con los bandoleros.

Me gustaría acompañarle en su próximo encuentro.

Cabramonte ¿Y al Estepeño, no le gustaría hacerse un retrato?

Eres tu, ¿verdad? nadie más tiene esa mirada...

Ven conmigo.

Podría decirte muchas cosas de tu hijo...

Y ahora te necesita más que nunca.

Te lo puedo explicar todo Juana, de verdad.

Te he dicho que me llamo Elena.

Emma, la hermana de Clara,

dice que Juan ha cogido un tren sin su permiso,

que quería estar conmigo.

Blázquez, quiero que recorras todas las estaciones de Linares

y averigües quién pidió esas bombonas.

La persona que recogió las mercancía es un mal bicho,

le llaman, "El Zíngaro".

¿Volverá a encontrarse con los bandoleros?

El Estepeño quiere verme...

Por estos montes uno no ve mujeres tan guapas todos los días.

Que nadie se mueva o le disparo.

Márchese.

¿Dónde está el oro?

(Disparos)

En la casona encontré unas bombonas de oxígeno

que sirven para tratar la sífilis...

¿sabes de quiénes son?

Sí, lleva una máscara

¿Por eso estás en Linares? ¿Siguiendo al forastero ese?

Sí, pero todavía me lleva ventaja.

(Música)

Eres muy bella y bailas muy bien.

Pero no has venido a eso.

-Hoy tengo el mando yo.

Cuanto más fuerte le ate, mejor lo pasaremos.

¿Cómo está, magistrado Del Campo?

¿Qué se siente al estar indefenso?

-¿Qué haces?

¿Quién eres?

-Quién soy es lo de menos,

lo importante es lo que voy a hacer.

Siento decirle que el indulto no ha sido concedido.

-Muchas gracias por la cura.

No puedes marcharte:

por Juan y porque me debes una explicación...

¿Y qué quieres saber?

¿Que la mala suerte me persigue?

Empieza por donde quieras.

Llevaba dos años en prisión cuando hubo un motín.

Murió un carcelero.

Yo no tenía na que ver,

pero les dio igual.

Me metieron en el saco, con las demás.

Aumentaron tu condena...

Treinta años.

Allí, si no te mata el hambre, te mata la enfermedad

¿Cómo le iba a hacer eso a Luis, a mi hijo?

Al poco, mi compañera de celda murió de una pulmonía.

Elena Guzmán.

Como allí dentro nadie tiene papeles,

sólo tuve que decirles que se llamaba Juana

cuando vinieron a por el cuerpo...

¿Y por qué no fuiste a buscar a tu familia cuando saliste?

No tienes ni idea por lo que he pasao.

Ni se te ocurra juzgarme.

Ahora tienes otra oportunidad para cambiar tu vida...

Yo no puedo ser la Juana

que tu conocías... No puedo ser madre...

No me obligues...

Podría quitarte la navaja si quisiera...

pero no serviría de nada...

Algún día tendrías la oportunidad para marcharte.

Y si volver a ver a tu hijo no hace que te quedes,

nada lo va a hacer...

Ahora nos entendemos...

Pero los guardias te buscan.

Y los bandoleros te vieron llegar conmigo.

No creo que te dejen volver a la sierra.

Y cuando el Estepeño te vea, te va a matar.

Si no lo hace antes ese hombre de la máscara...

Tu no sabes lo que lleva en ese cargamento.

Ayúdame a recuperarlo

y te prometo que te dejaré libre sin cargos...

¿Eso es lo único que te interesa Víctor?

¿Ese cargamento? No has cambiado tanto.

Tú tampoco tienes ni idea por lo que yo he pasado...

Y me da igual.

Como a ti te doy igual yo...

Sólo nos utilizas para demostrarle a todo el mundo que eres el mejor.

Una vez creí que eras mi amigo.

Pero no volveré a caer en el mismo error.

-Muy guapa...

con ella se te hace más fácil, ¿no?,

olvidar a Clara...

No te consiento que me hables así, Juan.

Debería coger mis cosas y volverme a Lisboa...

Esa mujer está ayudándome a dar con la gente que está detrás del oro

y de la muerte de Clara.

Es que...

lo siento...

¿Qué sabemos del Zíngaro?

Esas botellas de oxígeno nos pueden llevar hasta el oro...

Anoche lo vi en Cantarranas...

¿Adivina con quien estaba de cháchara?

Con nuestro querido sargento Giralda...

Por la gloria de Dios...

Un real pa un pobre hombre que no tié ni un mendrugo de pan

que echarse al buche...

Gracias...

He leído que el congreso americano ha dado vía libre

a un crédito de 50 millones de dólares...

La guerra es cuestión de días...

Jefe, por favor, ponga los pies en la tierra

¿Qué le vamos a decir a Buendía si nos pide informes?

Que no es fácil atrapar al hombre que está detrás del robo.

Sabía que íbamos detrás de él cuando pusimos un pie en Linares.

Se quedará muy tranquilo.

¿No querías realismo?

¿Usted cree que...

que Giralda le puso sobre aviso?

No hizo falta.

¿Recuerdas cuándo te dije que las botellas de oxígeno

servían para el tratamiento de la sífilis?

Una enfermedad que también puede afectar a la cara...

¿Adónde quiere llegar?

Café del Oso, la noche que llegamos,

había un mendigo. Llevaba una máscara...

Era él, Blázquez. Por eso no ocurrió nada en el café.

Esperaban que llegara Sarabia... y nos presentamos nosotros...

Yo mismo le di una limosna...

Hay que seguir tirando del hilo del Zíngaro,

aunque no le guste al sargento Giralda.

Vamos.

Tenemos que sacar el cargamento.

-¿Desde cuándo das tú las órdenes, Zíngaro?

El oro lo sacaremos cuando yo diga;

ahora, debemos ocuparnos de mi buen amigo Víctor...

Muerto el perro, se acabó la rabia.

-Tengo un amigo que nos puede hacer el camino más fácil...

-Ros,

quiero presentarle a unas personas.

Don Luciano Viada,

Don Ángel Setién

y don Mateo Alcaraz...

Eran magistrados de la Audiencia y, ahora que se han retirado,

parecen ser víctimas de una broma de mal gusto.

Señores, el inspector Víctor Ros.

Mucho gusto.

En el periódico de la mañana han aparecido cuatro esquelas.

Además de las tres suyas,

la del ilustre Don Emilio Del Campo,

magistrado también.

Yo a los presentes, les veo muy bien.

Debería hacer más pruebas, pero creo que están vivos.

El compañero Ros acaba de llegar a Linares

y no sabe todavía dónde pone el pie... Me lo disculpan...

-Lo excusaremos por esta vez.

¿Qué fecha tienen las esquelas?

Según ese libelo, yo debería morir hoy.

Le exijo que detenga inmediatamente al autor de este insulto...

Y usted, señor Viada, morirá mañana.

Y usted, señor Setién: dentro de dos días.

Mis queridos amigos dan excesivo pábulo a ese papel...

Es el resultado de la principal afición de este país:

la envidia.

¿Y el señor Don Emilio del Campo?

Según la esquela, debió morir ayer.

Dios,

qué poco ilustre ha quedado el ilustre Don Emilio del Campo...

Discúlpeme, ¿podría traer un termómetro, por favor?

Gracias.

El servicio tuvo la noche libre,

como siempre que el señor Del Campo recibía sus prostitutas,

es decir, que no hay testigos...

Parece mentira que, a su edad,

tuviera el cuerpo para tanta feria...

Gracias.

No quiero aguarle la fiesta Ros, pero no tiene calentura;

está más muerto que Cánovas del Castillo...

La temperatura corporal nos dirá cuándo fue asesinado.

Ah...

¿Alguna suposición?

Que el señor del Campo

era un degenerao, eso se ve a primera vista...

Sí... Tenía gustos masoquistas.

¿Se ha fijado en la biblioteca?

Había libros como el de Justine, del Marqués de Sade...

Claro, claro, claro... eh...

Y entonces llegó la ramera,

hizo su teatrito y le dio un capón

como a los conejos.

Aunque no conozco a ninguna por aquí que le gusten estos jueguecitos...

Tiene razón; quizá deberíamos empezar a buscar por otro sitio...

¿Y qué me dice de la puesta en escena?

¿No le resulta familiar?

La capucha, la silla,

la pieza de hierro con la que lo mataron...

Garrote vil...

Garrote Vil.

¿Y no podríamos decir que ha muerto de un infarto en pleno acto?

Lo digo por mor del honor del ilustre Emilio...

Eucalipto...

Poca clientela iba a tener una ramera que huele a campo...

Se lo digo yo, que soy experto en eso.

Murió antes de las doce:

justo lo que marcaba la esquela.

Y fíjese en el pañuelo,

tiene señales de tinta:

¿conoce alguna prostituta que sepa escribir?

En resumen, que esto no es cosa de una ramera...

No.

Vamos a ver, publicó las esquelas cuando ya lo tenía todo listo:

luego esperó a que el señor del Campo

recibiera sus meretrices como siempre

y se hizo pasar por una de ellas.

Dejó su firma,

simulando una ejecución al garrote...

y ahora es el turno de los demás.

Con lo tranquilo que estaba yo persiguiendo a bandoleros

por Sierra Morena.

Ros, con ésta me juego mi puesto.

Quiero que ponga los cinco sentidos en este caso...

Deberíamos empezar por el Noticiero;

quizá alguien nos pueda decir quién mandó publicar esas esquelas.

El infalible Inspector Ros ha traído la justicia a esta tierra.

Los calabozos se pueblan de malhechores

y las calvas de los hombres de bien, de pelo.

Es el milagro de la ciencia.

Vamos, por tres pesetas, dos frascos y, de regalo,

una cuchilla Piel Roja...

-Te echaba de menos, mujer...

-Tampoco me quieras tanto,

que entre tú y yo no hay na firmao, ¿eh?

-Pero sí mucho que hablar.

Ven conmigo... que me tienes que explicar por qué te fuiste

con ese policía...

-¿Así es como me agradeces tú que te salvara el pellejo en la cueva?

-¿Qué te crees, que soy imbécil?

No me va a vender uno de los míos...

aunque sea una mujer.

-Muchas gracias caballero.

-¿Pero cuándo te fallao yo a ti, hombre?

Aunque sea mujer... -Dímelo tu.

-¡Guardias!

¡Que alguien llame a los guardias!

-Y tú te callas la puta boca.

-Lo siento mucho, caballero...

otros pueblos más seguros reclaman mi ciencia...

-Es una vergüenza que no nos dejen salir de aquí.

Nadie lo impide.

Sólo le recomendamos que se queden aquí, por su bien.

Mucho me temo que hay alguien ahí fuera que quiere comprarles

un pasaje para el otro mundo.

¿Y cree que eso me asusta?

Tengo una cita y no veo motivo para suspenderla...

-Queremos que vuelvan a sus casas lo antes posible

y para eso necesitamos su colaboración.

Dadas las circunstancias de la muerte del señor Del Campo,

habrá que tener en cuenta las esquelas.

-¿Qué han sacado en claro hasta ahora?

Al señor Del Campo le asesinaron imitando una ejecución

del garrote vil.

Eso, sumado a las cuatro esquelas,

hace pensar que hay alguien que tiene algo en contra de ustedes.

En contra de los cuatro.

Posiblemente, alguna sentencia que dictaron.

Pues si la sentencia fue al garrote,

tendrán que buscar a ese hombre en el cementerio...

A no ser que anden detrás de un resucitao...

El condenado sería un hombre;

salvo Mariana Pineda,

no ha habido más ejecuciones de mujeres en Andalucía...

Sin embargo,

al señor Del Campo no le mató un hombre.

Le mató una mujer.

Una mujer que tenía lazos con ese hombre

que descansa en el cementerio...

¿Una mujer?

¿me están diciendo que estamos aquí encerraos, atemorizaos por una mujer?

No debería despreciarla;...

les aseguro que el señor del Campo no pasó su mejor noche.

¿Ésta es la respuesta de la Guardia Civil?

Me parece a mí que sus hombres

no tienen ni idea de lo que hay que hacer...

Discúlpeme, pero esa mujer lleva años planificando estos crímenes.

Publicó esas esquelas para que sepan qué les pasará.

Para que sepan que van a morir por culpa de una de sus sentencias.

Con eso, el señor Ros,

no quiere poner en duda sus condenas,

que buen seguro serán merecidísimas, ¿cierto?

Pueden ayudarnos a encontrar esa sentencia.

O pueden despreciar a esta mujer y olvidar las esquelas.

Si es así,

es mejor que vayan despidiéndose de sus familias.

Que vayan despidiéndose de sus familiares

¿Cómo tiene los santos cojones de decirle eso a los magistrados?

No tiene ni idea el cabreo que tiene ahora mismo el capitán.

El miedo puede hacerles colaborar, sargento.

¿Qué es esto?

Las esquelas originales.

Me las ha dado el Licenciado Vinuesa,

del periódico.

Las publicaron porque no venía el año

y pensaron que era un recordatorio...

Según la caligrafía, le podría decir

que la autora es zurda.

Y ya sabe lo que dicen: "no hay zurdo bueno".

¿Y el olor?

Eucalipto. Como los pañuelos.

¿Permite?

Tuvieron que reducirlas para que entraran en dos columnas.

Esta frase no se ha publicado y se repite en todas las esquelas,

de forma parecida:

en la de don Emilio Del Campo "tu vigor a prueba de hierro",

en la de don Mateo Alcaraz "tu vigor a prueba de fuego".

En la de Viada "tu vigor a prueba de veneno"

y en la de Setién "tu vigor a prueba de calumnias".

Al parecer, la autora,

andaba cortita de imaginación...

Hierro, fuego, veneno y calumnias...

¿Alguna idea de lo que quiere decirnos?

-Venga, corre, antes de que se acaben.

-Pero si yo no necesito pan.

-Calla y coge el tuyo.

Que donde el Pedregal nos lo compran.

-...los guardias.

Y poco después de... de que me arruinara la venta de crecepelos,

yo... Señor Ros, ¿usted cree que el Estepeño

vendrá a matarme mientras duermo?

Debería hacer como Madame de Suberwick

y dejar Linares.

Quien ronda a los bandoleros, ronda a la parca...

No creo que tenga ningún interés en usted.

No, no pienso quedarme ni un minuto más.

No soy ningún reo.

-Ros, hágale entrar en razón...

Señor, le recomiendo que se quede en el cuartel.

Y yo le recomiendo que se aparte de mi camino.

Señor Setién,

le mandaremos a alguien a su casa para que le proteja.

-Me basto y me sobro para defenderme.

(Gritos)

¡Fuego, fuego!

Hierro, fuego, veneno y calumnias.

Ésas son las formas en las que dará muerte a los magistrados.

Toma, tu parte.

¿Ves cómo merecía la pena coger el pan que dan los encapuchaos?

-Toma, quédatelo tu, a mí no me hace falta el dinero.

-Si crees que te lo voy a discutir, vas listo.

¿Tú de dónde eres? No me suena tu cara del pueblo...

-Yo, de Madrid.

-Ya decía yo, así eres de lechuguino.

-Pero cómo que lechuguino, yo no soy ningún lechuguino...

-Oye, y ¿París es más grande que Madrid?

Mi madre está allí.

Se fue a buscar el jornal cuando mi padre murió en la mina.

-Claro, París y Londres son las dos ciudades más grandes que hay.

-¿Sí? Pero mi madre, a veces, me manda dinero que no es de aquí,

se llaman de otra manera.

-¿Francos?

-Eso.

-A ver quién te da algo en Linares a cambio de francos.

Con suerte te llevas dos guantás.

Pero vamos,

tu madre tiene que dejarte la bolsa bien llena de duros...

-No...

-Venga, no seas mentiroso.

Mira ¿Ves que tengo el vestido medio roto?

Seguro que tú podrías prestarme pa uno nuevo...

-A ver, te estoy diciendo que no soy ningún lechuguino.

-Si vas a quedarte en Linares, deberías espabilar un poco más.

-¿Por?

-Te lo sisé en la cola del Pósito...

Aquí hay que andarse con ojo, lechuguino...

Deberías regalarme un vestido;

que yo te he perdonado el reloj.

(Canta)

Nos va a dar el amanecer revisando todas estas sentencias...

Este es el único camino que tenemos.

En alguno de esos juicios que trabajaron los cuatro jueces,

tiene que estar la respuesta que buscamos...

Si hubiera estado en el cuartel

en lugar de estar en Cantarranas buscando al Zíngaro...

Total, para lo que ha servido.

Ahora resulta que nadie lo conoce...

Alguien manipuló el abrigo de Alcaraz

antes de que éste entrara en el cuartel.

Rellenó el forro con nitrato de celulosa.

Y, al tenerlo en la calle,

una chispa bastó para que se prendiera fuego

y, aprovechando la confusión, escapó...

Mucha faena para una sola mujer...

Ánimo.

Espero que no te importe.

El buhonero me ha contado que la tuviste con el Estepeño...

¿Duele?

¿Tienes algo pa beber?

Me dieron la oportunidad de fugarme.

Llevaría cinco años en el penal... pero me parecieron cien.

Sabía que tenía que pagar a esa gente de alguna manera...

Pero nunca pensé que sería así.

Al salir me vendieron.

Como un trozo de carne...

No todas las rameras están en los prostíbulos porque quieren...

Algunas estábamos pagando un precio.

Por eso jamás pude ir a buscar a mi familia...

Dime quién era, Juana.

Y te juro que lo llevaré a la cárcel...

¿Y eso borrará todos estos años?

No, Víctor. No lo hará.

Tu te crees que el Estepeño es una especie de cabrón sin escrúpulos...

pero no es así.

Él me sacó de allí...

me dejó ir a la sierra, con su gente...

¿De verdad que prefieres volver a la sierra

en vez de recuperar a tu hijo?

Están buscándome, Víctor...

¿Pa qué le voy a decir quién soy?

¿Pa que llore mi entierro?

Solo me dejarán en paz cuando esté muerta.

No si dejas de ser la mujer que ellos conocen...

Confía en mí.

"Declaramos a los ricos fuera del derecho de gentes,

declaramos que, para combatirlos como se merecen y es necesario,

aceptamos todos los medios que mejor conduzcan a tal fin,

incluso el hierro, el fuego,

el veneno y aún la calumnia".

La virgen, señor Ros.

¿Qué pretende? ¿pararme el corazón?

Le traigo negocio...

Sabe bien que, para un servidor,

ayudar al más insigne inspector de este país es un placer.

Siempre y cuando no ponga en juego mi salud,

ya he tenido suficiente dosis de aventura...

¿Y entre todo esto, también hay ropas que parezcan buenas?

Aún debe quedarme algún modelo de unos vestidos que traje de Londres

y que resultaron no ser muy del gusto de estas tierras...

¿Y para qué dama sería?

No, no, no, lo digo por encontrar un patrón que favorezca su fisonomía...

Tendrá que venir a mi pensión y tomarle las medidas.

Y necesitamos ser discretos.

Colabora en un caso y no puede mostrarse en la calle.

Pero estoy seguro que, entre sus cosas,

encontraremos lo necesario para acabar con su encierro...

Entiendo...

¿Qué necesitamos, exactamente?

Por hacerle un presupuesto...

Que no parezca ella.

Ropas nuevas.

Otro peinado.

Y papeles.

Una cédula de identificación.

Normalmente son ustedes, los policías,

los que dan esos papeles.

Es que los quiero falsos.

Estará al corriente

que lo falso es más costoso que lo verdadero...

Por supuesto.

¿Qué es la Mano Negra?

¿Nunca ha oído hablar de ellos?

Un sindicato del crimen.

-La Mano Negra terminó.

Hace quince años que la descabezamos.

No sé qué relación puede tener con nosotros ahora...

"Aceptamos todos los medios que mejor conduzcan al fin,

incluso el hierro, el fuego, el veneno y aún la calumnia".

¿Les resulta familiar?

¿Forma parte del reglamento de la Mano Negra?

A esas organizaciones anarquistas

siempre les ha gustado la palabrería.

Una pieza de hierro sirvió para matar al señor Del Campo

y el fuego acabó con la vida de Alcaraz;

y ahora sabemos que, para ustedes, les espera el veneno y la calumnia.

No parecen palabrerías precisamente.

¿Me van a contar qué paso en ese juicio?

Dios quiera que me equivoque,

pero si la Mano Negra pervive, no sé qué van a hacer ustedes

para evitar nuestras muertes...

¿Puede hacer que un mozo me traiga algunos enseres de mi casa?

Al menos, me gustaría cambiarme...

Por supuesto,

¿A qué nos enfrentamos señores?

Creció en todas partes.

Delincuentes, pero también mineros y braceros del campo...

Había un pacto de silencio:

todos conocían la mano negra, pero nadie hablaba de ella.

-Recuerdo los estragos que causaron en esta tierra.

Jugaban con el miedo,

incluso mataban a los suyos si no acataban sus órdenes...

Tengo entendido que en 1883,

condenaron a ocho hombres al garrote.

La cúpula de la Mano Negra.

Señores.

Capitán.

¿Ustedes creen que, después de eso,

una organización secreta como esta puede seguir existiendo?

Puede ser.

Una mujer mató al señor Del Campo,

de eso no hay ninguna duda.

Pero, ¿quién hizo arder al señor Alcaraz?

Alguien más está implicado...

Era un ejército...

Y, ahora, han vuelto para vengarse por haberlos mandado al patíbulo...

Capitán, necesitamos reunir a los familiares de los condenados.

Si esta organización sigue existiendo,

las viudas o los huérfanos, tendrán contacto...

Está bien.

He oído que Ros ha hecho llamar a los familiares de los condenados...

Desde que llegaron a este cuartel parece el coño de la Bernarda.

Vamos, lo único que me falta es que aparezca por la puerta

el buhonero o la gabacha...

Tengo entendido que madame de Suberwick se ha ido de Linares.

No seré yo quien la eche en falta...

¿Por qué anda buscando al Zíngaro?

Contrabando... Poca cosa...

No quiero detenerlo ni nada, no...

tan sólo quiero hacerle algunas preguntas...

Tienen una forma muy extraña de trabajar en la capital...

Aquí, hasta que no aparece un muerto, no empezamos a hacer preguntas...

Bueno, se irá acostumbrando.

Pero puedo asegurarle que es el método más eficaz.

Ya, ya sé cómo se las gasta Ros...

Me imagino que a ustedes les parecerá igual de extraño

nuestra forma de mantener el orden, ¿verdad?...

Sí, en algunos aspectos, es muy...

muy peculiar.

El Zíngaro organiza partidas de cartas donde La Melitona...

A estas horas, cuando no hay parroquianos.

Se mueve mucho dinero...

Gracias, sargento...

Dejadnos solos.

¿Tenemos algo a medias y no lo sé?

Porque me llega que pregunta mucho por mí...

¿Tantos socios tiene que ya no se acuerda

ni de sus nombres?

Más que socios, lo que tengo son amigos.

Puede estar tranquilo; no tengo nada contra usted.

Tan sólo busco unas cajas que recogió en la estación.

Llevaban el sello de una compañía inglesa:

Smith Jones. ¿Qué contenían?

¿Cómo sabe que yo cogí esas cajas?

De la misma forma que sabe que le ando buscando.

Pues no se me ocurrió abrirlas.

¿Qué había dentro? ¿Tabaco de la Pérfida Albión?

Me conformo con que me diga quién le hizo el encargo.

Hice un trabajo, me lo pagaron

y, si se enteran que hablo de más, no volverán a fiarse de mí.

Manga ancha con el contrabando.

Porque ése es el negocio que tiene con el mozo de la estación,

¿no es cierto?

Mercancía del puerto de Cádiz, de Madrid...

Le prometo que no vamos a entrometernos...

Nadie lo ha hecho hasta ahora.

Las cosas pueden cambiar.

Un hombre del Estepeño me pidió que recogiera esas cajas

y que las llevara donde el taller del Larios.

¿Qué más?

Nada más.

Me da que no ha hecho un buen negocio.

No sé tanto como esperaba, ¿verdad?

Hércules, vaya a buscar a los magistrados.

Hágales cruzar la sala con cualquier excusa...

¿Piensa interrogar a todos los familiares?

No,

con esa mujer nos basta.

Fíjate cómo respira a través del pañuelo.

Por eso quería que vieran a los jueces de cerca.

Los nervios, a veces,

pueden provocar ataques de asma...

En la casa del señor Del Campo,

encontré unos pañuelos con eucalipto,

un remedio común contra el asma...

¿Usted cree que esa es la mujer que contrató Del Campo?

Un poquito raro el magistrado, ¿no?...

El asma es una dolencia que puede ser hereditaria.

De momento,

lo único que tenemos para llegar a esa Mano Negra,

es la mujer que mató a Del Campo...

¿Y usted cree que es familiar de esa mujer?

...Bien, ¿la hago venir?

No, no, no, no.

Si la interrogamos, puede que se cierre en banda...

Acérquese a ella, como si la cosa no fuera importante.

Utilice sus encantos y averigüe si tiene alguna hija

y dónde la podemos localizar.

Bien.

Estaba asustada y no quería hablar...

pero, por lo que dicen los demás,

todo el proceso contra la Mano Negra fue una patraña...

Un invento para callar a los jornaleros

que se levantaron en huelga contra los señoritos...

No había ningún sindicato del crimen.

¿Y has averiguado si tiene alguna hija?

Tuvo un marido, Juan Ruiz,

pero lo ejecutaron de muy joven,

así que solo tuvieron la posibilidad de tener una hija.

Se llama Carmen,

es maestra y anda muy pendiente de la madre.

Es la que le consigue las hojas de eucalipto

para hacer los vapores, que como usted ya bien sabe,

es lo único que calma el asma...

Y, desgraciadamente, las dos lo padecen.

Una buena hija.

Cualquiera puede ser soldado de la Mano Negra...

Quizás nos estamos equivocando.

No sé jefe, a mi, a mi es que me parecen decentes.

¿Y dónde ha dicho que da esas clases?

La madre me dijo que daba clases hasta la hora del almuerzo.

¿Esperamos por si le da por aparecer?

Dudo que lo haga.

La madre se mostró reservada en todo menos en un aspecto:

su hija.

Hasta le dijo que seguía soltera...

Sí, estaba orgullosa de ella.

Tanto como para ser su cómplice.

Vamos a ver, nos ha hecho venir hasta aquí,

le ha dado el horario de la escuela...

¿Para qué querría hacerlo?

Nos ha mandado hasta aquí para tener vía libre...

Vamos, ¡vamos Blázquez!

¡Cierren las puertas!

¡Que nadie entre y salga del cuartel!

No toque esa comida, puede estar envenenada.

¿Quién la ha traído?

Imposible: la han traído de la cocina del Hotel Sevilla...

y Barrera nos ha dicho que un guardia

ha estado todo el tiempo al lado del cocinero.

-Santo Dios...

No, no lo abra.

Démelo...

Lo ha enviado mi esposa, debe estar preocupada.

¿Quién se lo ha entregado?

Un mozo, hace un momento.

No sé su nombre:

llevaba gorra y una chaqueta larga...

Dijo que venía de mi casa...

Vamos. ¡Abran la puerta!

Jefe, se ha esfumado...

Disculpe, me he confundido...

Me ha asustado...

¿Aviso a los guardias?

¡Carmen!

¡Carmen! ¡Detente!

Cuando se haga justicia.

¡Carmen!

Ricina, sargento.

Hubiese salido del sobre

y habría matado a Viada...

¿Y qué ha escrito esa loca?

Vamos a verlo:

"Es lo mismo no oponerse a un hecho

que convenir por unanimidad en su ejecución".

Ha salvado al juez. Habrá tiempo de coger a esa mujer.

Esto no tiene nada que ver con una organización,

esto es una cruzada personal,

ella solo está haciendo justicia... pero, ¿por qué?

Quizás vuelva a intentarlo con Viada...

No si cree que ha cumplido con su objetivo.

Que Viada haya muerto envenenado.

Eso nos dará tiempo...

Necesito revisar la sentencia de la Mano Negra...

Ros...

¿Sargento?

Está haciendo un buen trabajo.

El proceso de la Mano Negra fue un teatro:

usaron el nombre de una leyenda, para atrapar a esos huelguistas...

Pero he revisado la sentencia y no hay ninguna prueba que indique

que esa organización existió.

No siempre nos toca defender a los buenos, jefe.

Mire, ahí es.

éste es el sitio que me dijo el Zíngaro.

He estado rondando por el taller,

pero no se ha movido ni un alma.

Los vecinos dicen que el Larios hace tiempo que no aparece por aquí.

¿Sabemos algo más del ceramista?

Sí, es un buen hombre, soltero.

Heredó el negocio de su padre, pero dicen que es más fino...

que tiene... que tiene mejor mano.

Blázquez... No dejes de sonreír,

pero creo que nos han traído hasta aquí para matarnos.

No me fastidie jefe,

que no es fácil sonreír en una tesitura como esta...

Fíjate en el labriego que tienes a tus espaldas,

lleva más tiempo de lo normal liándose un cigarro.

Y en el saco que tiene al lado, hay una escopeta recortada.

¿Nos liamos a tiros?

No, no, creo que no saldríamos con vida...

Y posiblemente son más de uno, quizá nos estén esperando dentro...

¿Y qué hacemos?

¿Cuál es el plan?

Porque tiene un plan, ¿no?

Lo siento mucho, jefe...

No sé cómo pude creerme a pies juntillas

cada mentira del Zíngaro...

Quizá, lo que ha pasado hoy, no sean tan inútil

y nos lleve hasta el oro...

Justo a tiempo, señor Ros.

Espero que lo considere dinero bien invertido...

Papeles a nombre de Elena Guzmán.

Tuve que echarle un poco de imaginación;

nació en el 73 y es de Cartagena,

en homenaje a una enamorada que tuve...

No soy yo...

¿Y no es eso lo que buscábamos?

Sí, sí, sí...

¿Cuánto tiempo hacía que no paseabas sin miedo

a ser descubierta?

No sé si lo he hecho alguna vez...

¿Te acuerdas cuando éramos unos críos en La Latina?

Estábamos convencidos de que seríamos capaces

de conseguir lo que quisiéramos.

Sí, aunque lo que queríamos no era bueno...

Ya...

Robar, ser los amos de la ciudad...

Recuerdo más a mi madre llorando y rezando

para que no me pasara nada.

Tú siempre has tenido claro lo qué está bien

y lo qué está mal...

Quizá, yo no sea capaz de ver esa diferencia...

Bueno, a veces, no es fácil encontrarla...

Ya....

Víctor, lo que te ha traído hasta aquí... No...

no es un caso más, ¿verdad?

Como esas historias que me ha contado el buhonero...

Ese hombre, el de la máscara...

orquestó un golpe en Madrid...

atracó una joyería y se llevó todo el oro del Banco de España;

es lo que tienen escondido en la sierra.

Y... Clara...

mi esposa murió en la joyería.

Lo siento mucho Víctor.

Tengo que dar caza a ese hombre,

se lo debo, Juana.

Yo te he contado to lo que sé...

Juana,

¿de qué manera se veían el Estepeño y el hombre de la máscara?

A veces, alguien le traía un mensaje al Estepeño...

No sabíamos quién era ni lo volvíamos a ver...

¿Y has oído hablar de un hombre al que le llaman el Zíngaro?

Él fue el que me sacó del penal de Alcalá...

y después me encerró en sus prostíbulos...

Víctor, prométeme una cosa,.

Si algún día tienes la oportunidad: mátalo.

Ése Ros tiene ojos en la espalda...

-Yo no soy un asesino.

-Tu serás lo que yo te diga, Marcos.

¿O prefieres que todo el mundo sepa lo que has estado haciendo?

-¡Lárgate de aquí!

¿No me oyes?

No quiero volver a verte...

-Si quieres dejar de verme, mata a Víctor Ros.

¿Qué ocurre Doña Rosario?

El niño...

Que ha cogido calentura.

Mira que me lo veía venir... Voy por unos paños...

Jefe, el chaval ha cogido frío, nada más...

Juan...

na, te está bajando la fiebre,

en unas horas estarás como nuevo...

Disculpe, ¿el inspector Ros?

Está en la habitación...

¿Qué ocurre Hércules?

Se trata del magistrado Viada. Ha muerto.

-Yo me marcho de aquí.

¿Me ha oído, Barrera?

Sus hombres no pueden protegerme de la Mano Negra.

Los guardias han hecho su trabajo.

Y es obvio que ha sido insuficiente.

Fue un guardia quién encontró el cuerpo del Señor Viada:

¿dónde estaba usted, señor Setién?

En el piso de arriba, no quise tomar una copa con Viada.

Estaba muy cansado, quería dormir.

¿No notan como, un olor peculiar?

Como de almendras amargas.

Cianuro.

Alguien lo puso en la copa de vino del Señor Viada...

Dios lo tenga en su seno...

-Cuando amanezca me marcharé en el primer tren...

No me importa dónde vaya.

Cualquier sitio será más seguro que éste.

¿Por qué sigue acusando a esa organización?

Usted sabe tan bien como yo que estos asesinatos

tienen otro motivo. Otra autora.

Si está tan convencido, ¿por qué no la detiene?

Ella mató al señor del Campo y al señor Alcaraz.

Pero no pudo matar al señor Viada

porque, para ella, ya estaba muerto.

Fue usted quien le asesinó.

¿Me está usted acusando?

Todavía no tengo pruebas.

Pero estoy seguro que usted es el único que pudo envenenarle.

Quizá le trajeron cianuro

cuando pidió una maleta con ropa limpia...

No quería que se supiese la verdad sobre el proceso a la Mano Negra.

¿No es así?

Ros... no se exceda.

Si no tiene pruebas para acusar al magistrado,

será mejor que le deje en paz...

¡Por qué condenó a Juan Ruiz!

¡Ros!

¡Ros!

¡Quiere que le detenga!

Está bien capitán, está bien...

"Es lo mismo no oponerse a un hecho

que convenir por unanimidad en su ejecución".

¿Sabe por qué escribió eso en el sobre?

Porque es lo mismo que hizo el señor Viada:

abstenerse en las votaciones.

El sabía que Juan Ruiz no tenía que ir al garrote,

pero no tuvo el valor para enfrentarse a los jueces...

para enfrentarse a usted.

Y el tribunal que usted presidía condenó a ocho hombres.

Todos pertenecían a la Mano Negra.

Ocho sindicalistas que no tenían nada que ver con la Mano Negra...

Ros, basta ya...

¿No se da cuenta que está poniendo en tela de juicio el sistema?

Todo el sistema.

Esto es una barbaridad, Ros...

Uno de ellos era Juan Ruiz.

El guardés de un cortijo en la sierra.

Un cortijo de su propiedad, señor Setién...

Ni siquiera participó en huelgas...

Basta de acusaciones.

Le ruego que nos disculpe, magistrado.

Haré todos los preparativos necesarios para su viaje...

¿Por qué mandó al garrote a Juan Ruiz?

¿Cuál es la verdad, señor Setién?

Permita, al menos,

que mis hombres le acompañen hasta la estación de tren.

-No, gracias. Prefiero que lo haga mi servicio.

Y no dude de que en Gobernación de Madrid

se van a enterar de la incompetencia de esta dotación.

-¿Puedo hacer algo para que cambie de opinión?

-Sí, avise al mozo, que se lleve mi maleta.

-Ya me han puesto al día de la que organizó con Setién...

Me pidió que pusiera los cinco sentidos en este caso

y eso es lo que estoy haciendo.

Algunas veces, nos toca perder, Ros.

Y, aunque no nos guste, el Capitán va a escoltar al juez

hasta la estación. No lo fastidie.

-Sargento...

¿Qué hace usted aquí?

Ahora ya le puedo decir

que significa morir por calumnias...

"Debemos declarar, y declaramos,

que el magistrado Setién,

cometió su último crimen al envenenar a Don Luciano Viada".

¡Cómo se atreve!

¿Le ofende?

De camino a la estación está lleno de estos pasquines

¿Cree que su buena honra podrá soportar estas injurias?

Es precisamente lo que buscaba,

¿no es así, Carmen?

Su mano;

me di cuenta cuando tuvimos nuestro primer encontronazo.

Apenas la podía mover...

Habría preferido otro final...

Baje el arma.

Está apuntando a la persona equivocada.

Él es el asesino.

Le he dicho que baje el arma.

Puedo entenderte, Carmen,

pero no puedo dejar que lo hagas.

Yo no tengo nada que perder.

No quietos, bajen las armas, ¡bajen las armas!

Señor Setién,

si tiene que decir algo para defenderse,

ahora es el momento.

Se valieron del juicio de la Mano Negra

para tapar sus vergüenzas.

¿Qué importaba uno más que menos?

Y a los cuatro les interesaba cerrarle la boca a mi padre.

Carmen...

¿Recuerda aquella noche?

Sólo tenía trece años...

Y cada día, al ver mi mano, inútil, me tengo que acordar...

-Habíamos bebido demasiado...

-¡Di lo que hicisteis!

Mi padre cuidaba el cortijo...

De vez en cuando, venían allí a comer y a beber, con rameras...

Pero esa noche os encaprichasteis de una niña...

Dios mío.

Fue sólo una vez...

-Hijo de puta.

Me pegaron.

La mano es solo un poco de lo que me hicieron.

Abusaron de mí.

Y querían quedar libres de castigo.

Pero mi padre no iba a callarse, no, el era un buen hombre...

¿Cómo iba a pasar por alto lo que le habían hecho a su niña?

-Lo siento... yo... no.

-Tus disculpas no le devolverán la vida a mi padre.

Esta no es la manera, Carmen.

Piensa en tu padre: él quería hacer justicia...

Deja que nosotros nos encarguemos,

deja que todo el mundo sepa qué es lo que te hicieron...

Puede que ya sea demasiado tarde,

pero tu padre todavía puede ganar la batalla...

Júreme que se hará justicia.

Tienes mi palabra.

Parece que el destino me reserva el mismo final que a mi padre:

el garrote.

Pero habrá cumplido con su objetivo.

Setién no soportará que su historia se haga pública...

Es un hombre que tiene en alta estima su honor.

Quizás, demasiado...

No, no tengo hambre.

Coma.

En cinco minutos vendrá el cambio de guardia

y se llevarán la comida...

Se arrepentirá de no haber probado bocado...

Solo cumplo mi palabra,

hacer justicia.

Carmen...

¿qué hay de verdad en la leyenda de la Mano Negra?

¿La verdad?

No lo sé...

-Un real por la gloria de Dios...

unas moneas pa este siervo del Señor...

¿Y a qué señor sirves tú?

Es indignante.

Esa asesina se fuga... y yo tengo que hacer frente

a las infamias que pone en esos pasquines...

¿Y cómo calificaría sus actos?

El honorable magistrado Setién,

abusando de una pobre niña indefensa...

Ninguna corte me condenará,

ha pasado demasiado tiempo...

No todas las condenas se dictan en los juzgados.

Y puede estar seguro que el inspector Ros

encontrará las pruebas necesarias para demostrar

que usted asesinó a Luciano Viada.

¿Y Ros? ¿Dónde se ha metido?

Bustos me ha dicho que le ha visto irse hacia un calabozo

no hace mucho...

(Sollozos)

¿Quién te ha traído, el inspector Ros?

Sólo estaba pidiendo.... Na más...

Sargento, ¿es que es delito ser pobre?

-¿Y tu ropa?

Un real, por favor,

un real...

Sube al carro...

¡Tira!

¡Venga, que nos van a dar los maitines...!

¿Tienes un puro, Zíngaro?

estos todavía les queda jornal...

-En la sierra no hay costumbre de catar estas cosas...

-Venga, que todavía quedan cajas.

¿Tu qué has venío, a mirar...?

Venga, venga...

-¿Un puro?

Lo mejor que nos ha dao Cuba...

Pa la tarde estará listo.

-Te encomendé un trabajo. Y no supiste cumplir.

-No sé qué dice...

-A estas horas, Víctor Ros debería estar muerto...

-Y debe estarlo...

-Si de verdad estuviera muerto,

¿me puedes explicar qué es lo que está haciendo aquí?

¿Es usted un fantasma, señor Ros?

Sólo hay una manera de averiguarlo.

(Disparo)

-¡Corra, Ros!

¡Corra!

-¡Apartaos!

¡Dejádmelo a mi!

Le felicito por haber llegado tan lejos, señor Ros.

Cuando supe que su esposa había muerto,

intuí que usted me iba a dar problemas.

No voy a negarle que hubiese preferido encontrarle

en circunstancias más favorables...

Uno no tiene siempre todo lo que desea.

Al menos,

¿voy a tener el privilegio de saber

quién se esconde debajo de esa máscara?

Dudo que me recuerde.

Su voz me resulta familiar... y su afición al disfraz:

estaba disfrazado de mendigo cuando llegué a Linares...

Aunque mucho me temo que la sífilis le ha obligado a ponerse

esa máscara, ¿no es así?

Las bombonas de oxígeno resultan inútiles.

Uno puede escapar de la justicia,

pero no se puede escapar de la enfermedad...

Le llevaron preso a las colonias.

Trabajos forzados...

De la Rubia...

Me encantaría verle morir poco a poco.

Como yo lo haré...

Lo organizaste todo, ¿verdad?

El Banco de España,

la joyería...

llevarme tras el fantasma de Aldanza...

Lo tomaré como un cumplido.

Pero aquí termino todo.

-¡Corre, Ros!

-¿Me enseñarías a hacer esas cosas?

-Tu deberías estar guardando cama...

-Ya, bueno, pero ya estoy mejor...

Me ha dicho Rosario que te quedaste conmigo toda la noche...

-Anoche tuviste pesadillas...

-Sí, pero no, no son por la, no son por la fiebre.

Las tengo de antes.

-Cariño, puedes confiar en mí...

¿Es Clara, verdad?

Víctor me ha hablado de ella...

me contó lo que pasó en Madrid...

-Siempre sueño con la joyería...

cuando me dijo que me fuera de allí,

fue la última vez que hablé con ella...

pero no le digas nada de esto a Víctor,

por favor, no le quiero preocupar...

-Tranquilo;

a veces es bueno desahogarse.

Yo también perdí mi familia.

Y la echo muchísimo de menos...

-Quédatela de recuerdo.

-Si me enseñas a hacer lo que tú haces...

-Venga, trato hecho.

Le ha visto las orejas al lobo, jefe...

Suerte que el sargento le vio ir...

Yo también hubiese preferido un ejército conmigo,

pero no tuve oportunidad...

Tenga en cuenta que no le puedo salvar la vida todos los días.

Bien, y ahora, ¿qué?

¿me va a contar quién es ese tío tan feo que quería matarle?

Y ¿qué ha venido a hacer aquí, a Linares?

Se llama De la Rubia.

Organizó un golpe en Madrid.

La joyería Marabini.

Eso sólo fue una maniobra de distracción.

Mientras nosotros nos ocupábamos del atraco,

él desvalijó toda la cámara acorazada del Banco de España...

Eso que había en las cajas, sargento:

es el oro de España.

El Gobierno quiere mantener en secreto todo este asunto.

Sargento, no puede decírselo a nadie.

Ni siquiera a Barrera.

Su viejo amigo, el Estepeño,

trabaja para él.

Y, ahora, sabemos que el Zíngaro también está implicado...

Aunque no creo que De la Rubia le perdone la vida...

La leche, Ros... ¿y por qué me lo cuentan?

Con lo a gusto que yo vivía...

-¿Qué ha pasado, sargento?

-Que espero que el Zíngaro no me coja la espalda...

-¿Me pongo a buscarlo?

-No hay nada peor que un animal herido...

Y eso es lo que es el Zíngaro ahora... No...

-La empuñadura pesa más que la hoja...

Así que tienes que cogerla así, del filo...

-¿Así?

-¿Quieres probar?

¿Por qué no?

Ros está muy cerca...

-Pero no imagina hasta dónde llega la Mano Negra...

Esa mujer no es mi amante, Lola.

Víctor, no hace falta que me des explicaciones.

Es la esposa de Luis el Conquense.

¿Elena es la madre de Juan?

Tu padre era el hombre más valiente y noble que ha nacido.

Víctor, nadie podrá sustituir a Clara.

Y, si todavía corre sangre por tus venas,

necesitas vivir.

Nuestra única esperanza es el Zíngaro.

Yo puedo enterarme dónde está.

No tienes que ponerte en peligro para ayudarnos...

Me han dicho que vosotros sabéis dónde anda el Zíngaro.

He "rajao" el cuello a hombres por menos de esto...

Madame de Suberwick.

Tenía entendido que había partido de viaje.

En Linares hay más información para mis artículos.

Igual que personajes dignos de una semblanza,

como el Zíngaro...

-Te daré uno de los lingotes si me traes al Zíngaro.

Muerto.

-No hace falta que se quite el sombrero, Ros.

Nos esperan en el palacio de Linares...

Una doncella apareció anoche muerta al pie de las escaleras.

Luchó para no ser arrojada al vacío.

Pero alguien la agarró con fuerza...

le dejó el miedo grabado en su rostro...

Los marqueses son un matrimonio temeroso de Dios...

-No les hemos contado toda la verdad sobre lo que ocurre en esa casa.

Los extraños sucesos que en ella acontecen...

-¿Hay algún espíritu en esta sala?

-Y aquí todos sabemos quién fue.

El fantasma de la niña.

(Grito)

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Víctor Ros - T2. Capítulo 4: "Hierro, fuego, veneno y calumnia"

10 ago 2019

Las esquelas de cuatro antiguos magistrados aparecen en el periódico de Linares. Nada extraño, salvo por un detalle: esos cuatro hombres todavía no han muerto. Víctor Ros comprueba pronto que no se trata solo de una broma de mal gusto, ya que el primer magistrado de esa macabra lista ha sido asesinado. Mientras tratan de mantener con vida a los jueces, la investigación sacará a la luz la identidad del asesino y, también, el oscuro secreto que ha puesto en marcha esta venganza. Por primera vez en mucho tiempo, Ros cuestionará su fe en la justicia. Pero ésta no será la única dificultad a la que tendrá que enfrentarse. Juana sigue escondida en la pensión tras huir de la partida de El Estepeño; acorralada y temerosa de confesarle la verdad a su hijo, a la vez que intenta ayudar a Víctor a resolver el caso que le ha traído hasta ese pueblo: el oro del Banco de España. Una búsqueda que, por primera vez, pondrá a Ros frente al hombre que está detrás de ese gran robo.

Histórico de emisiones:
24/11/2016

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  1. Yoyivalen

    Me sucede lo mismo, se detiene y no va más, se agradece el esfuerzo de rtv, pero cuando uo sigue una serie y sucede esto es cuando no deseamos agradecerles, pero sorry no debería ser, si podemos avisarles ke la serie se ve malisima, los trozos ke logro ver, gracias

    13 ene 2017
  2. Carlos

    Video defectuoso, no puedo verlo. No termina de arrancar.

    01 dic 2016