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No recomendado para menores de 12 años Víctor Ros - T2. Capítulo 3: Hijos de un Dios extraño - ver ahora
Transcripción completa

Han detonado la bomba a las doce en punto según ese reloj...

pero el ruido ha debido tapar lo que estaba pasando

en otro sitio.

Algo mucho más gordo que todo esto.

¿De cuánto estamos hablando?

-Mucho. Casi toda la reserva de oro.

Es una de las doce monedas que hizo el Gobierno Provisional en 1870,

una de las cuales desapareció ese día.

¿De dónde ha sacado esta moneda?

Nos la dio el Estepeño...

¿Y por qué nadie hace nada contra esos bandoleros?

¿Y qué van a hacer? La sierra es un laberinto

y nadie mejor que El Estepeño la conoce.

La partida del Estepeño está echando a esta gente del pueblo.

Hay que ayudarles, ¿no cree?

No tiene ni idea cómo se las gastan los bandoleros de Sierra Morena...

Desde luego aquí los guardias no se andan con chiquitas, ¿eh?

El que manda tiene tela.

No se llamará por casualidad Giralda.

El mismo.

Pero este, ahí donde lo ves, uña y carne de José María Llanos...

el Estepeño.

Hablé con el Marmolejo

y me dijo que Giralda y el Estepeño son viejos amigos.

¡Señor Ros!

-Antes de irme oí decir al Guapo que iban a arrasar con todo.

Pa pagar con el pueblo sus problemas con el Estepeño...

Lo que no saben es que vamos a ser nosotros

quienes ataquemos primero.

En la sierra, con los bandoleros...

Había una mujer.

Te juro que me pareció que era Juana.

¿Juana...?

La madre de Juan. La esposa de Luis el Conquense...

Pater noster, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum...

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris...

Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo.

Amen.

Perdóname...

El Comisario insiste en que es vital mantener en secreto

el robo en el Banco de España.

La posición del gobierno en el conflicto con Estados Unidos

sería patética si todo esto se hiciera público.

Saben que estamos cerca.

Pero no van a mover pieza hasta que no tengan la seguridad

de que pueden sacar el cargamento de la sierra sin ningún problema.

Si hubiéramos atrapado al Estepeño, otro gallo nos cantaría...

Jefe, no se preocupe por Juanito, está en Portugal,

disfrutando en buenas manos.

Pedí información al penal de Alcalá,

donde estuvo presa Juana. Lo recibí ayer.

Juana falleció en 1894 de una pulmonía.

Lo mismo que le dijo el Conquense.

Olvide el asunto...

¿Cómo voy a olvidar que la madre de Juan puede estar viva?

¿Y si no me equivoco, Blázquez? Y si es ella.

El chico merece saberlo, ¿no cree?

Tengo que volver a la sierra...

Quizá, si damos con ella, sea la pieza que necesitamos

para saber dónde esconden el oro.

¿Y cómo atrapamos al Estepeño?

Qué hacemos, ¿nos tiramos al monte, a lo loco, como las cabras?

¿Es que no oyó lo que dijo el Vizacaíno?

Que esa gente no para ni dos días quieta en el mismo sitio.

Y a Giralda le ha faltado poco tiempo

para trasladar al Vizcaíno al penal de Ceuta...

Pero sé quién nos puede ayudar: León Cavestany.

El buhonero me dijo que conocía una mujer que había escrito

semblanzas de los bandoleros. Quizá ella pueda ayudarnos...

Monasterio de Montesión.

Han robado la cabeza incorrupta de Santa Catalina.

Llévese a Blázquez,

entre los dos la encontrarán más rápido.

Sargento, de este asunto me puedo encargar yo solo.

Le aseguro que en un día estará resuelto...

¿Y qué... qué hará el bueno de Blázquez en Linares?

Supongo que nada que ver con la partida del Estepeño.

Supone bien, sargento.

Pero si usted tiene alguna información sobre el Estepeño,

estaremos encantados de colaborar.

¿A quién no le gustaría tener en su expediente

la detención del último bandolero de Sierra Morena?

¡Ros!

cuidadito con las insinuaciones de compadreo.

¿No será usted el que me está esquilmando algo?

Yo sólo intento hacer bien mi trabajo.

Bien,

llévese a Hércules.

Aquí el amigo está deseando ver cómo trabaja el famoso Víctor Ros.

Hable con el buhonero,

hay que localizar a esa escritora...

Aunque hace más de cincuenta años que murió,

descubrimos que su cabeza se hallaba incorrupta.

La guardábamos con celo en nuestra cripta.

Ella... ella guía nuestras oraciones.

Lo que realmente me preocupa es cómo una criatura de Dios

es capaz de semejante barbarie,

de obrar con tanta violencia...

Pensaba que el ladrón sólo había robado la cabeza.

Oh no... ese impío destrozó de un hachazo la urna

y se llevó la cabeza incorrupta.

Nuestra Santa sangró por la ofensa de la herida...

¿Ha dicho que sangró?

Sí...

Le presento a Adela del Castillo,

la restauradora y encargada del mantenimiento de nuestra reliquia.

Víctor Ros, encantado...

Si me permite un consejo, no debería rascarse,

agravará el picor y contagiará el otro ojo...

¿Usted también cree que se trate de un milagro?

Bueno, ¿qué otra cosa podría ser sino un milagro?

-Adela vive en la casona contigua,

donde se hospedan los forasteros que vienen a tomar las aguas.

Obviamente, aquí solo habitamos los veinte monjes de la orden.

Entonces, ¿por qué sólo hay diecinueve velas encendidas?

Tenía entendido que, cada vela,

simboliza la oración personal de los monjes...

¿Hay alguno que se ha olvidado de rezar por su reaparición?

Veo que conoce bien la liturgia.

Su marcha fue tan reciente que aún me acostumbro a contar con él...

El hermano Cosme se marchó antes de este desgraciado incidente.

¿Podría visitar su celda?

El hermano Cosme sabía leer y escribir.

Parece que llevaba un escrupuloso seguimiento del huerto.

Se pasaba las horas allí, tenía buena mano.

Mucho más no puedo decirle sobre él...

Aquí la mayoría hace votos de silencio.

Si necesitamos hablar con alguien, tenemos a Dios.

Ah, pues podría preguntarle dónde está su reliquia...

A mí no suele escucharme.

Es tarea de los hombres honrarle.

Parece que el hermano Cosme,

debió escapar con prisas para dejar sus ropas aquí...

El alma del hombre es compleja...

Muchos llegan aquí sin dar explicaciones, buscan refugio...

supongo que no son santos, precisamente.

Están ustedes en mitad de ninguna parte.

Y este sitio es un buen escondite para alguien que está huyendo.

Se puede huir de todo, menos de Dios.

Aquí buscan consuelo y aprenden a abrazar la fe...

Y si la pierden, son libres para irse.

Como el hermano Cosme.

Y ahora, si me permite debo dar parte al Obispo

sobre el milagro de la sangre.

No me gustaría llevarle la contraria,

pero mucho me temo que este milagro tiene una explicación terrenal,

eso sí, no podré dársela hasta mañana...

¿Podríamos quedarnos a dormir?

Daré orden de que le preparen una habitación.

Bien. Ah, y otra cosa.

¿Podría indicarme dónde están las cocinas?

Necesitaría un mendrugo de pan. Apenas he almorzado.

De mañana, la Suberwick anda por el barrio minero.

Y, de noche, en el Oso. Como todo Linares.

Lleve o no lleve falda.

No parece el ambiente más adecuado para una dama...

¿Hago las presentaciones?

-Ya me encargo yo, buhonero. Tómate un vinito a mi salud.

Me dijeron que andaba preguntando por la gabacha

y no me lo quería creer.

Esa señorita es una embustera con un poquito de imaginación

y mucha mala follá...

Podría darme información sobre la partida del Estepeño...

No sé si está al tanto de las barbaridades que ha escrito

sobre la Guardia Civil...

Quizás haya sido un poco injusta, sí,

pero no perdemos nada por preguntarle,

¿no le parece, sargento?

Disculpen...

Muy buenas Madame...

Quisiera hablar con usted y, si es posible,

en un ambiente un poco más tranquilo...

Pasear a estas horas de la noche, con un desconocido, por Linares...

Je ne sais pas... Es peligroso para una dama.

-Para una dama, a lo mejor.

Señores.

No creo que haga falta decirle quién soy yo.

-Mon Dieu, la Guardia Civil, pero qué honor...

-El señor Blázquez cree que, detrás de sus artículos

en el Noticiario, puede haber algo de verdad.

¿Por qué no intenta convencerme a mí,

de que sí sabe cómo ponerse en contacto con la partida del Estepeño?

-¿La verdad? No tengo ningún interés.

Verá,

hace dos días,

esos hombres tenían atemorizada a toda una aldea.

Lo único que le pedimos es que nos ayude a encontrarlos...

¿Y por qué debería hacer yo eso?

-Porque lo digo yo, que soy la autoridad y punto.

No sé en Francia, pero aquí se hace lo que yo diga.

-Ah, ¿y la "autoridad" necesita que una mujer les ayude?

Vaya, pensaba que aquí eran más... Comment dit-on? Más "machos",

que tenían más... "cojones".

-Mire, Señora Madame...

Le hago el favor de no meterla en chiquero por agravio a la autoridad,

que es lo que tendría que hacer...

Pero a mí me sobran los cojones y se lo demuestro cuando quiera.

-¿Le parece un buen momento ahora?

(Bullicio)

Le digo una cosa:

yo me paso a Napoleón por el Arco del Triunfo,

que por algo me llaman "El Tigre de Linares"...

Le confieso, padre, que cuando le pedí un mendrugo de pan

no era porque estuviera hambriento.

En realidad dejé el mendrugo aquí, donde estaba la Santa...

para demostrarles algo.

Virgen... un milagro...

¡un milagro!

Siento decepcionarles;

pero la "sangre" que han visto en este mendrugo,

la misma que encontraron en la urna donde estaba la Santa...

es una bacteria.

La serratia marcenses debió propagarse por toda la cripta

gracias a la humedad... Y supongo que esta es también la culpable

de la conjuntivitis que sufre Adela y alguno de los monjes.

Pensará que somos unos incautos...

No son los primeros en confundir este pigmento rojo con sangre...

Estará al tanto que al Papa Urbano IV

le sucedió algo similar mientras celebraba una misa.

Los alimentos que bendecía sangraron,

como el cuerpo de Cristo.

Por suerte ya sabemos que el milagro no fue tal... eso sí,

la Iglesia salió ganando: desde entonces, cada año,

celebramos la festividad del Corpus Christi.

Deus dedit, Deus abstulid...

Dios lo da y Dios lo quita, ¿no es verdad, señor Ros?

Aunque debo recordarle que la razón no puede explicarlo todo.

La razón y no un milagro

será lo que nos ayudará a encontrar la cabeza de la santa, padre.

-En el monasterio tengo muchas tareas;

me encargo del mantenimiento del retablo, el altar,

además de la Santa, claro...

Usted se encargó de embalsamar la Santa, ¿verdad?

Ambos sabemos que esa cabeza no ha podido mantenerse intacta,

durante cincuenta años, sin la intervención humana...

¿Pero, cómo se ha dado cuenta?

Tiendo a desconfiar de los milagros...

El embalsamamiento es algo habitual en estos casos,

aunque la Iglesia quiera esconderlo.

Es obra de una mezcla de resinas, sales de sodio

y algo más... mi padre guarda la fórmula en secreto.

Usted tiene razón, él embalsamó a la Santa

cuando la sacaron de su tumba;

mire,

hizo un gran trabajo ¿no cree?

Pues sí...

Mi padre se llama Humberto del Castillo.

Hace años que vive en Roma,

en el Vaticano le tienen por un genio.

Perdone, ¿Podríamos ir a ver esa zona de ahí?

¿Le importa?

La desaparición de la reliquia ha detenido la vida en el Monasterio,

la verdad.

Eso y su visita ha sido lo único interesante

que ha ocurrido aquí en mucho tiempo...

Aquí no sucede prácticamente nada.

Pues a mí no deja de sorprenderme.

Cuando vi las ropas del hermano Cosme en su celda,

supuse que había algo que le había hecho irse

precipitadamente,

pero nunca pensé que este sería su final.

Entonces, ¿usted cree que él robó...?

Puede ser.

Fíjese, tiene restos rojos de serratia marcenses

en los dedos... Y en las uñas tiene tierra.

Puede que estuviera escarbando

y escondiera la reliquia por aquí...

Hércules,

necesito que cave en esta zona,

no creo que la cabeza de la Santa ande muy lejos.

Padre,

¿podría analizar el cuerpo de Cosme en algún lugar tranquilo?

La culpa le empujó...

"Venid a mí, todos los que estáis fatigados

y cargados, yo os ayudaré a descansar".

¿Usted cree que la culpa puede tirar plantas y romper macetas?

En ese huerto había señales evidentes

de una pelea...

¿Cree que hay alguien más implicado en la desaparición de la reliquia?

Soy consciente del valor que le dan a Santa Catalina.

Pero su desaparición ahora mismo es secundaria.

El hermano Cosme no se suicidó. Le asesinaron.

Sin duda, él robó la reliquia. Pero alguien lo descubrió.

Cosme escondió la cabeza de la Santa en algún sitio,

antes de ser cazado.

Se enfrentó a su agresor... pero no pudo hacer nada.

Y tal vez el asesino intentó arrastrar el cuerpo...

y decidió simular un suicidio ahorcándole.

Padre, ¿podría prestarme su crucifijo, por favor?

Fíjense,

el arma homicida.

En este Monasterio todos llevamos crucifijo.

Hasta a los forasteros les prestamos uno nada más llegar.

Entonces el asesino será alguno de ustedes.

Señor Ros.

Estaba esto junto a las tomateras

...Estaba casi a ras del suelo.

-Alabado sea Dios.

-Está muy deteriorada, tardaré días en dejarla como antes.

Tendrá que hacerlo en el cuartel.

Padre, necesito llevarme la cabeza de la Santa para examinarla.

Parece que las cosas se le complican,

Ros, ¿no decía que lo resolvería en un día?

El misterio del robo está resuelto;

lo que no sabíamos es que nos encontraríamos

con un asesino en el Monasterio...

Las pruebas no dejan lugar a dudas, sargento.

-¿Por dónde cree que van los tiros?

He interrogado a los monjes y no he sacado nada en claro;

y los forasteros parece que tampoco tienen ganas de hablar.

Eso sí, hay uno que me da mala espina...

Lo vi en la escena del crimen.

Pero Blázquez me ayudará a descubrir si ocultaba algo.

Se vestirá de hombre adinerado que quiere probar esas aguas curativas

y así podrá entablar relación con ese forastero.

¿Pretende que crean que Blázquez es un señoritingo?

Para eso sí que va a necesitar usted un milagro, Ros.

En eso tiene razón el sargento, jefe.

Yo de ricachón no me veo...

Escúcheme, sabrá desenvolverse...

También voy a necesitar su ayuda,

Hércules: necesito que encuentre a la familia de Cosme

y les comunique su muerte.

La cadena de mando, Ros.

Sargento.

Encontré este traje en la celda de Cosme.

Un traje demasiado caro para él, ¿no cree?

Fíjese, sastrería Saturnino Baeza.

Seguramente se la regaló algún familiar...

Si localizamos a ese sastre, sabremos más cosas de Cosme.

Hércules...

-Sargento...

-Localice al sastre y me lo trae al cuartel.

-A sus órdenes, mi sargento...

-Yo mismo le sonsacaré a ese forastero

qué es lo que pinta él en todo esto.

Por lo que me ha dicho Blázquez,

la última vez que intentó sonsacarle información a alguien,

solo se llevó un dolor de cabeza...

La gabacha esa debió de echarle algo a mi aguardiente.

No he tenido una resaca tan mala en mi vida.

Claro, y seguro que ha cogido más de una.

Pues sí, he cogido tantas como embusteros.

Aquí, el bueno de Blázquez pues pensaba que, que Madame...

Madame.

Bueno, que la gabacha esa sabía algo del Estepeño

y esa mujer no ha visto a un bandolero ni en pintura...

Hércules...

-Sargento...

-Búsqueme un traje bueno. Que parezca un ministro.

-A sus órdenes, mi sargento...

El sargento se esforzó anoche de lo lindo

para que la francesa no nos diera ni las buenas noches.

Pero, tal vez, si usted le hace una visita...

Tiene usted muy buen ojo.

Con solo unos trazos, ha conseguido darle vida al retrato...

No es mérito mío; son ellos, la espartera...

son todos tan pintorescos...

Irene de Suberwick.

Víctor Ros, enchanté

¿Y por qué a una mujer como usted le interesa tanto

esta gente humilde?

"El Sur", amigo mío... Il est magnifique.

Burdeos es una ciudad muy gris y aburrida.

Un día me harté de los bailes de salón

y del magret de canard.

Sentí que mi vida necesitaba más aventura...

Pues entonces ha venido al lugar perfecto.

Conocer a unos bandoleros tiene que ser de lo más emocionante.

Vaya, pensaba que estaba intentando cortejarme.

Pero ya veo que busca otra cosa...

No finja que se ha ofendido. No soy su ideal de hombre.

En eso lleva razón, es poco español,.

Por cierto ¿qué tal se encuentra el Tigre de Linares?

Bien... pero mucho me temo que el sargento Giralda

no volverá a ser el mismo después de haber pasado

la noche con usted.

Le hice un favor.

Nadie sale bien parado después de enfrentarse

a la cuadrilla del Estepeño.

Yo no quiero enfrentarme a ellos. Al menos de momento.

Sólo quiero saber dónde se esconden.

Gracias.

Sé que se ha visto varias veces con los bandoleros.

Conoce bien a toda la gente que va con el Estepeño...

Me gustaría acompañarle en su próximo encuentro.

Sólo he hablado con el Cabramonte,

y... Mire, llevo mucho tiempo viajando yo sola

y la gente siempre me ha abierto las puertas de su casa.

Y eso es porque pueden confiar en mí.

No entiendo por qué iba a cambiar ahora...

Usted misma lo dice: sólo se ha visto con el Cabramonte.

¿No le gustaría entrevistar a alguien más importante?

¿Al Estepeño, por ejemplo...?

¿Sabe lo qué es una "bicha"?

Aquí llaman así a las serpientes, pues eso es el Estepeño,

una bicha venenosa y escurridiza.

Y dudo que consigan atraparlo,

al menos con los hombres que hablé ayer...

No pierde nada por dejarme acompañarla.

Organice un encuentro con el Cabramonte...

y consiga que vengan todos los demás...

el Estepeño, todos...

¿Y por qué iba el Cabramonte a querer hacer eso?

Los bandoleros son vanidosos.

Estoy seguro que les gustaría retratarse...

para ilustrar su libro, por supuesto.

Milagrosa o no, este agua ha hecho desaparecer mi artritis.

-Pues debería usted probar el balneario de Mondariz

en Galicia... Allí los chuletones sí que son un milagro...

¡Y menudo milagro me eché yo entre pecho y espalda

la última vez que estuve allí!

Aunque, claro,

lo mío son las ostras y el champán

y así me va la gota,

que por mucha agua bendita que beba,

esto no lo arregla ni Dios.

Me cago en el monóculo de los cojones.

La costumbre de llevar anteojos; a este invento no me hago.

-Buenas tardes.

Por la cuenta que nos trae, señor Ros, espero que no nos reconozcan.

Ante todo, no se ponga nervioso, ¿de acuerdo?

sólo somos dos fotógrafos.

Hacemos los retratos, la señorita su entrevista

y nos vamos a casa.

Mejor volver a Linares.

Llevamos hora larga aquí esperando,

no viene nadie...

Tranquilícese.

Son bandoleros, mon ami, no tienen puntualidad británica;

les dejé un mensaje en el Noticiero,

en mi artículo.

Aparecerán, siempre nos vemos aquí,

aunque no puedo asegurar que vengan todos los que usted pretendía...

-¿Todos?, ¿todos?

Mire señor Ros,

sabe que me apasiona seguir sus pasos,

pero esto no, esto no...

¿Qué hace? Va, ¿qué hace?

¿A qué viene esto, Cabramonte?

-Afloja, coño... que sólo vamos a un sitio más tranquilo.

¿Tu no querías retratarnos a tos pa tu libro?

Eah, ahí nos vas a tener.

¿Quién es el incauto al que has engañado esta vez

para que juegue una partida contigo Aranguren?

-Don Álvaro Cuendías, vinatero de Jerez.

-Praxímedes de Elorriaga.

-Encantado.

-¿Así que vinatero?

-Eso es.

-Pues entonces tendrá que echar de menos sus caldos,

porque con semejantes aguas...

-Guardo una botella en el equipaje, luego daremos buena cuenta de ella.

Eso sin que nos descubran los monjes, claro.

-¿Y qué me dicen del monje muerto?

A saber si no ha sido uno de ellos...

Porque se lo encontraron por aquí cerca, pobre hombre...

-No, no lo crea ¿eh?.

El hermano Cosme tampoco se hacía querer...

-¿A qué se refiere?

-Pues mire, una vez discutí con él. Estábamos jugando al tresillo

y salió el tema del atentado al Teniente Narciso Portas

a manos de un anarquista.

-Sí, algo leí en los periódicos,

que pegaron dos tiros al salir de un teatro,

pero sólo resultó herido...

-El hermano Cosme decía que,

lástima que no lo hubiesen matado. A mí eso me calentó...

-Por lo que se dice, ese Teniente es un torturador.

-Hay que tener mano dura con los anarquistas

que están revolucionando a la gente.

Usted lo sabrá de buen seguro,

que lo habrá sufrido con sus jornaleros...

-Aranguren. el mundo está cambiando muy deprisa

y, no sólo por el cinematógrafo y los automóviles,

también la relación entre patrono y obrero...

-Miren, en el mundo, cambiarán lo que quieran.

Pero, en mi fábrica, mando yo.

Y el hermano Cosme me dijo que no me extrañara si me tiraban una bomba.

Vamos, porque vestía hábitos que si no...

Ándese con ojo. Y lejos de los monjes,

ya le aviso que no son de fiar... Y tienen las manos muy largas;

además de reliquias, aquí desaparece todo lo que valga dos duros...

-Bien, bien, bien, muy bien, muy bien...

-...¿lo de la Finca del Perico?

Después de los costales de aceitunas,

volvimos: había tres puercos ahín de hermosos...

cómo se revolvían los hijoputas...

-Ahora otra pero sin trabuco, ¿eh?

Que ya se sabe que las armas las carga el diablo.

-Cabramonte ¿Y al Estepeño, no le gustaría hacerse un retrato?

-Gabacha, al Estepeño, ni te arrimes...

Que a él no le van estas cosas...

Bueno, qué, ¿cambiamos ya o qué?

-Sí, sí, sí, cambiamos, cambiamos, venga, cambiamos, sí, sí...

-¡Fotógrafo!

Póngase...

que vamos a hacer una como si le estuviera rajando el gaznate...

-Sí, sí, sí, sería un honor,

pero no... no puedo, yo, yo tengo que estar al manejo de la cámara...

-No se imagina la impresión que me da tener tan cerca

al bandolero más peligroso de Sierra Morena.

-Pues tiene fácil solución.

Que no quiero yo que la impresión la mate.

¡Cabramonte, to el mundo fuera ya! ¡Se acabaron los los retratos!

-Pero, a ver... vamo a ver

¿pa quién hablo yo? ¿Pa las cabras?

Anda tira, tira pa fuera.

Eres tu, ¿verdad?

nadie más tiene esa mirada...

No tientes al demonio, fotógrafo...

La dueña de la pensión se puso a pegar voces

cuando vio que estábamos allí.

A ti no se te ocurrió otra cosa

que saltar por la ventana de la escalera

y al caer te tropezaste y te torciste el tobillo,

luego te levantaste y te diste en la cara contra la pared,

pero tu seguiste corriendo.

¿Y cuá... cuánto te llevaste?

Seis pesetas, ¿verdad?

Mira, yo no sé de quién estás hablando,

pero esa no soy yo.

Yo me llamo Elena.

Y ahora vete por donde has venío o no respondo.

Tengo muchas preguntas que hacerte,

pero también tengo muchas respuestas.

¿No quieres escucharlas?

Que dejes de hablar como si me conocieras.

Podría decirte muchas cosas de tu hijo...

Y ahora te necesita más que nunca.

¡Fotógrafo! ¡Hora de irse!

O apareces o rajamos a tus amigos...

-Ocho pesetas.

Fueron ocho pesetas lo que robé de la pensión, no seis...

Hace tiempo que ya no respondo al nombre de Juana.

Ven conmigo.

El Estepeño está haciendo tratos con quien no debe

y esto se está poniendo muy peligroso...

Ven conmigo.

No, Juan está mejor con Luis.

Pa él, su madre está muerta y así tiene que seguir.

Yo no le voy a traer na bueno...

No le digas nada de esto a Luis...

¿Eh?

Luis murió hace cuatro años... Le asesinaron.

¿Por qué?...

Por mi culpa.

Por protegerme...

¿Y tú qué tenías que ver con Luis?

¿eh? ¿Qué hacías con él?

¿O es que ya no eres policía?

Ojalá hubiera podido evitarlo pero no puede...

desde entonces estoy cuidando de tu hijo lo mejor que puedo...

Ven conmigo, te lo puedo explicar todo Juana,

de verdad.

Te he dicho que me llamo Elena.

¡Cabramonte! ¡Está aquí!

Pa ti, estoy muerta. Y tú pa mí también ¿estamos?

Juana, por favor.

Dame eso niña...

¿Qué? Fotógrafo...

¿Rondando a nuestras mujeres?

Eso está muy feo...

¡Vamos!

¡Camina!

Parece mentira que lleve cincuenta años muerta, ¿eh?

-Estoy haciendo lo que buenamente puedo.

Es una lástima,

porque se ha levantado parte del maquillaje,

tendría que volver a limpiar toda esta zona

y repetirlo.

-Por Dios bendito, ¿quién ha traído a Santa Catalina?

Esa reliquia debería estar en su templo.

Ros quiere examinarla bien, pero... mejor se lo explica él...

¿Se puede saber qué hace vestido de esa guisa, Ros?

Virgen del amor hermoso ¿Quién es este mamarracho?

La madre que me parió...

¿Se puede saber dónde ha metido la formalidad del cuerpo?

-Hombre, mi Capitán...

-¡No me rechiste! ¡No me dirija la palabra

hasta que no se ponga el uniforme!

-Lo mío tiene justificación pero, ¿y lo suyo?

-Hemos ido a hacer una foto a los bandoleros...

Todo iba bien... hasta que, de repente,

la cosa se han precipitado un poco...

La señorita Suberwick,

no ha sabido mantener las distancias con el Estepeño...

-Ros, a mi despacho.

Así que ha ido a buscar a los bandoleros sin mi permiso...

El Estepeño es un hombre peligroso.

Quiero pensar que no le molesta que vaya tras el... sargento.

Lo que me preocupa es su salud.

No me gustaría que le pegaran un trabucazo.

¿Cómo le ha ido en el Monasterio?

Bien, estuve jugando a las cartas con Aranguren.

Un buen hombre.

Y es verdad que no se llevaba bien con Cosme,

pero no es un asesino; al parecer,

Cosme era anarquista y, Aranguren, dueño de una fábrica de textiles,

o sea que de Anarquista, poco.

¿O sea que cree que el robo de la reliquia

ha sido un acto contra la Iglesia?

No, es un robo, sin más.

Cualquier capillita daría una fortuna por esa cabeza.

Y, además, ha habido más robos en Montesión:

relojes, cadenas de oro...

¿Y por qué no hemos encontramos nada en la celda de Cosme?

Mi teoría es que tenía un compinche.

Y Cosme no quería compartir la cabeza de la Santa,

y...

Si tiene razón, creo que sé quién puede ser ese compinche.

Aunque va a ser difícil sonsacarle algo...

El hermano Albero ha hecho voto de silencio.

Todavía no ha nacido ladrón al que yo no le haga hablar...

(Campanas)

¡Señor Ros!

¡Ay, abra por lo que más quiera!

Doña Rosario, por el amor de Dios, que no son horas...

¿Qué ocurre?

Le ha llegado un cable.

Y a mí no me gusta meterme donde no me llaman,

pero no he podío evitar leerlo así de refilón... Su chiquillo,

que se ha escapao de Lisboa.

¿Juanito?

Emma, la hermana de Clara,

dice que Juan ha cogido un tren sin su permiso:

que quería estar conmigo. Este niño, que cabezota que es.

Gracias Rosario.

Póngase en contacto con todas las estaciones

que hay de camino a Linares.

En la primera estación que pare el tren,

que suba un guardia y que acompañe a Juan hasta aquí,

¿de acuerdo?

De acuerdo...

¿Piensa decirle lo de su madre?

No lo sé, Blázquez.

Ya, ya sé que no tengo permiso para estar aquí,

pero me gustaría tanto rezar una oración por Santa Catalina.

Le aseguro que será un momento...

-¡Eh! ¿Dónde vas con tanta prisa?

-Me parece que vamos a tener que repasar los diez mandamientos,

se nos ha olvidado el de "no robarás"...

¡qué!,

te gusta sisar a los forasteros.

-¿Qué pasa? ¿Te ha comido la lengua el gato?

-No, tiene voto de silencio.

Solo puede hablar para confesar sus pecados ¿verdad?

Pues anda, confiesa, que somos todo oídos.

Porque, o hablas por las buenas,

o la única hostia que te vas comer es la que yo te pegue.

O peor,

la que te va a dar aquí el grandote.

-Yo solo quiero... irme lejos.

-Estabas conchabado con, con Cosme,

¿verdad? Y robabais cadenas, medallas...

pero no te dijo nada de la cabeza de la Santa.

-Eso no, no fue culpa mía...

es el diablo,

que, que vive aquí dentro.

-Ya, ya...

¿Y lo mataste o fue cosa también del diablo?

-El Abad...

discutió con Cosme la noche que...

desapareció.

En la casona,

encontré un recipiente de cristal que servía para inhalar,

en un armario, una bombona de oxígeno vacía...

Y eso, eso qué demonios significa...

La oxigenoterapia sirve para mejorar la calidad de vida

de los enfermos de sífilis,

siempre que estos puedan pagar un tratamiento tan caro.

¿Y un bandolero de Sierra Morena

está al corriente de esos avances y tan caros?

No, pero el forastero para quien trabaja el Estepeño,

sí.

Ése es el hombre a por el que tenemos que ir.

Entonces nuestro hombre tiene sífilis...

Exacto.

Blázquez, quiero que recorras todas las estaciones de Linares

y averigües quién pidió esas bombonas.

Y pregunta también por la compañía inglesa que las mandó:

Smith Jones.

Si seguimos tirando del hilo, puede que demos con él...

Buenas tardes, señores.

El desgraciao de Albero, aparte de ladrón,

es más tonto que Abundio.

Le he requisao todo lo robado, de todas formas,

lo he dejado suelto.

Dice que Cosme no ha robado nunca nada,

pero que, la noche que desapareció, lo vio discutir con el Abad.

Tampoco he levantado la liebre,

hasta que no le echemos un ojo a esto...

El libro de cuentas del Monasterio.

Por eso discutieron el Abad y Cosme

y aquí, Don Praxímedes Elorriaga, se hizo con él.

¿Hay algo llamativo?

Que, aún teniendo voto de pobreza,

el monasterio está ganando un potosí con las dichosas aguas.

Y no entiendo, por qué, porque saben a estiércol...

Voy a ponerme el uniforme para detener al Abad,

hay que mantener la compostura...

Sargento,

déjeme que hable primero con él...

No sabemos el motivo por el cuál mató a Cosme,

si es que fue él quien lo hizo.

No debería creer todo lo que dice el hermano Albero, señor Ros.

Dios no le ha dado el don de la inteligencia.

Sé que tiene problemas con la propiedad ajena...

Se lo he reprochado muchas veces, pero...

No sé, tal vez por ello su corazón

me guarda rencor y ha extendido todos esos embustes.

Sin embargo, he podido revisar un libro

y hay un pequeño detalle que se me escapa

¿a qué vienen esas donaciones de iglesias cercanas?

¿Por eso discutió con Cosme?

Le recuerdo, señor Ros,

que este monasterio alberga la imagen de Santa Catalina,

que ha obrado milagros para las gentes de esta comarca.

Es normal que mucha gente quiera expresar su gratitud.

Veo que usted imagina en este lugar,

un secreto terrible...

-Ros, acompáñeme...

-Dios mío, que horror...

¿qué ha podido pasar?

-¡Dejen, dejen que el Señor Ros haga su trabajo,

por favor...!

Murió hace apenas unos minutos,

ni siquiera tiene las pupilas dilatadas...

Fíjese...

Sé a quién pertenece este gemelo de oro.

Emilio Aranguren.

Gracias por atenderme.

Sólo espero que no le haya pasado nada al señor Aranguren.

-Ni rastro.

En su habitación están todas sus pertenencias,

pero nadie le ha visto.

¿Cuándo fue la última vez que estuvo con Aranguren?

Jugamos una partida a las cartas con Don Praxímedes...

Aunque mucho me temo que ése no sea su nombre real...

-Giralda, Sargento Giralda.

-Después de la partida,

Aranguren y yo nos fuimos a cenar a la casona.

Él siguió toda la noche con eso de que los monjes

eran todos unos ladrones y unos anarquistas.

Recordará usted

que nuestras opiniones, nuestras posturas diferían...

Antes de que la conversación se convirtiese en una discusión,

me despedí de él y me fui a la cama.

¿Y no volvió a encontrarse con él?

Me pareció verlo, esta misma mañana,

en los alrededores del huerto,

pero ¿creen que es él el asesino de los monjes?

Discúlpenos.

No me pareció un hombre capaz de empuñar un arma...

Lo suyo era bravuconería.

El Abad estaba conmigo mientras alguien asesinaba a Albero.

Si no ha sido Aranguren, ¿quién ha podido ser?

Ordenaré a los guardias que monten una batida por los alrededores;

no debe de andar lejos.

Espero que resuelva pronto ese caso,

porque si no se va a morir media congregación.

Dios no lo quiera...

¿Cómo le ha ido en las estaciones de tren?

Tengo los pies como morcillas.

Me he paseado por todas las estaciones preguntando

por esas dichosas bombonas...

¿Y? ¿Alguien recordaba que hubiera llegado

un cargamento desde Inglaterra?

Pues sí, un mozo, previo pago de ciertas monedas...

Desde que hemos llegado a este pueblo, entre unos y otros,

me están dejando la cartera vacía...

El caso es que, lo único que he podido averiguar,

es que hace una semana llegó un envío de una compañía inglesa,

Smith...

Smith Jones.

Eso es, Smith Jones.

La persona que recogió la mercancía es un mal bicho,

vive en el barrio de Cantarranas,

le llaman "El Zíngaro".

"El Zíngaro"...

El Estepeño es imbécil.

No puedo hacer nada si es tan borrego

como para encontrarse con la gabacha...

A saber qué le habrá contao...

-A mí me preocupas más tú.

-Yo siempre me las he apañao, Zíngaro...

-Cuando no tenías a ese Ros metido en el cuartel.

-Pues ya te puedes ir buscando a otro.

Tu te crees que me tienes pillao por los huevos

pero, a lo mejor, soy yo quien te ha pillao a ti.

-¿Te quedas más ancho pensando eso, eh?

Porque tú y yo sabemos que no es verdad.

Toma,

gracias por el aviso.

¿No decías que estaba muy enfadado?

¿Sabes el susto que le has dado a Emma?

¡Y a mí!

¿A quién se le ocurre coger un tren sin permiso?

¿Qué pasa, que sigues siendo un niño?

No...

¿Y desde cuándo has empezado a fumar?

Es que... en realidad...

todavía no he aprendido a liarlos.

Mira, Juanito, mañana mismo coges un tren

y regresas a Madrid con la esposa de Blázquez.

No, no, no...

¡Sí!

Víctor, ¡no!

No, ¡Sí!

Por favor... Que no es por su esposa, me parece muy agradable...

Pero que quiero estar contigo.

Y, aparte, quiero hacer algo por cazar

al que organizó lo de la joyería...

Clara era mi madre.

Si el chaval se porta bien, a lo mejor,

pues no molesta tanto, jefe... no...

Entra, al menos querrás descansar...

Y coge la maleta.

La madre del monje muerto, del primero, del anarquista.

Su padre murió. Y usted tenía razón:

Saturnino Baeza, sastre.

La madre se llama Ángela y, ahí está la pobre,

destrozá.

¿Y sabemos algo de Aranguren?

Pues que se lo ha debido de tragar la tierra,

porque ni su familia ni nadie tiene noticias de él...

Y supongo que Aranguren y Cosme no se conocían de nada,

antes de que éste ingresara en el monasterio...

No, el zagal tuvo que ser un prenda.

Metido en líos de anarquistas con...

cuando le salió el bigote...

Su padre terminó por echarlo a la calle,

cuando supo que lo guardias iban detrás de él.

Y, huyendo, llegó al Monasterio de Montesión...

Y ahí está la pobre, con la pena negra

porque no volvió a verlo desde que se fue...

¿Y cómo sabía que estaba en el Monasterio?

¿Cosme le escribía?

No, su hermana seguía en contacto con él.

Fue a visitarlo alguna vez, hasta que se fue a Barcelona

hace tres años...

Dios mío...

Qué...

¿Por qué Cosme robó la reliquia?

Es algo que todavía no sabemos.

Y seguimos sin saberlo... ¿O no?

Mírela. Son idénticas.

¿La madre y la santa?

Sargento, pregúntele si tiene algún retrato de su hija.

La que se cree en Barcelona.

Perdone señora,

¿tendría usted un retrato de su hija? La de Barcelona.

Santa Catalina es la hermana de Cosme...

La madre que me parió...

Y ahora quién le dice a esa mujer

que tengo la cabeza de su hija, aquí, metida en una caja.

-Ni un alma le va a decir nada del Zíngaro...

¿Usted tampoco?

Hay cosas que se aprenden a palos. Parece usted un buen hombre.

No sea tonto como yo...

Debería decirme lo que sabe,

¿o prefiere que hablemos en la comisaría?

Yo no sé en la capital, pero en Linares

la autoridad no manda tanto como quisiera...

La iglesia de Santiago de la Espada,

la Iglesia de Quesada y la Iglesia de Beas de Segura.

Las tres hicieron donaciones muy importantes al monasterio.

Y las tres, por lo que he podido averiguar,

guardan cuerpos incorruptos de beatas.

¿Y para eso ha tenido que traer todas estas reliquias al cuartel?

¡Esto es sacrílego!

Capitán, no creo que a los santos les importe desplazarse.

Es que esto, más que un cuartel,

parece una procesión.

-Un poco de respeto, sargento, por las beatas.

Víctor, como se equivoque, tiene la excomunión asegurada.

-Al parecer,

hay alguien al que le van a cerrar las puertas del Paraíso Eterno,

Ros...

No lo dude, sargento.

Pero ¿quién está detrás de todo esto?

Todos los cuerpos, en realidad, son como el de Santa Catalina...

Esto, esto, esto es una locura...

¿Es que no... no va a haber ni un cuerpo incorrupto de verdad?

Puede que la respuesta esté en los mismos cuerpos.

Y creo que sé quien me puede ayudar.

Todos están embalsamadas con la técnica de mi padre.

Pero, la técnica de su padre

¿no era un secreto?

La reconozco por el olor.

Desprenden un aroma dulzón, como a resina...

Esa de ahí es más reciente...

conserva mejor el tono de la piel, y el olor es más intenso,

como si la hubieran embalsamado hace poco...

Pero, ¿eso es posible?

Usted me dijo que su padre hacía años que vivía en I...?

¿Y estos números?

Los descubrí cuando quitaba el maquillaje de esa zona...

29871...

Me llamaron la atención porque esa fecha

es la fecha de mi nacimiento...

Pero no sé por qué mi padre lo grabaría.

Ni tampoco sé qué relación puede tener mi cumpleaños

con la reliquia.

Puede que sea un mensaje.

Su padre sabía que usted se ocuparía del mantenimiento de la reliquia.

Quizá quería decirle alguna cosa sin que nadie más lo entendiera.

Pero, si mi padre quería enviarme un mensaje

¿para qué ocultarlo tanto?

No sé, podría haberlo escrito en las cartas...

¿Puedo ver esas cartas?

Esto es un criptograma.

Todos los números señalan dónde están las palabras

que forman el mensaje y cada número se refiere a una línea.

Fíjese: Línea 8:

"Abad",

Línea 29. "Cruz"

y Línea 71. "Cripta".

Las tres palabras se repiten en todas las cartas,

en las mismas líneas...

Abad... Cripta...

Cruz.

Ahora ya no podrá quejarse

de que nunca le pasa nada interesante.

Desde luego, estos días no los voy a olvidar nunca...

Cruz... deprisa.

¿Así que Blázquez ha estado preguntando por "El Zíngaro"?

-Yo no le dije na, ¿eh?.

-Pero, lo de menos es que sepa quién es...

-Gracias Perla...

¡Hércules!

-Mi sargento.

-Llévate a las beatas de aquí.

-¿Dónde, mi sargento?

-Por mí como si las metes en los calabozos.

-A sus órdenes, mi sargento.

-Eh chaval ¿tú a dónde vas?

-Me llamo Juan, señor,

venía buscando a Víctor Ros... Soy su ahijado.

-El ahijado de Víctor Ros...

-Sí...

-¿Quieres un cigarrito?

-¿Un cigarro?

-Porque tú ya fumarás, ¿no?

-Eh... sí.

Aún vive.

Sólo está sedado...

-¿Padre? ¡Padre!

-Pensaba que no volvería a verte nunca...

-...todos estos años ¿has estado aquí?

-Sí, el Abad me encerró...

y a ti te hizo creer que había marchado lejos.

Necesitaba que le embalsamara los cuerpos,

la iglesia paga mucho dinero por un cuerpo incorrupto...

Pero, mucho me temo, que no usted no trabaja sobre la base

de los santos originales...

El Abad siempre elige a personas que se asemejen a los santos...

pero no se mancha las manos.

El hermano Albero se encargaba de matarlos...

Era incapaz de decirle que no al Abad.

Por eso quería escaparse de aquí.

Sí, yo también quise huir cuando supe

quién era Santa Catalina...

Y si no me mató fue porque necesitaba

que siguiera embalsamando los cadáveres...

Luego, los metía en un sepulcro

y cuando se exhumaban, milagro,

aparecía un "cuerpo incorrupto".

El pobre Cosme tubo que enloquecer cuando supo

que Santa Catalina era su hermana...

Intentó contárselo a alguien pero no pudo, Albero le mató.

Ricina...

ingerida puede ser mortal.

Usted envenenó a Albero...

El Abad sabía que los guardias andaban detrás de Albero;

tenía miedo de que lo confesara todo.

Me dijo que si no lo hacía, le haría daño a Adela.

Decidió cargar las culpas en este hombre...

Yo mismo coloqué su gemelo en la mano de Albero...

(Cristales)

Escóndanse y no hagan ruido.

Al menos ha servido de algo que Juan empiece a fumar.

¿Por qué está haciendo todo esto, padre?

El mundo ha perdido el miedo...

y el miedo es lo que nos mantiene vivos

y nos hace temerosos de Dios...

De un Dios extraño, que ha abandonado a sus hijos...

Mi deber es recordarle a los hombres su existencia,

a través de los milagros.

Unos milagros un tanto retorcidos ¿no cree?

...Es usted un embustero y un asesino, padre.

¿Cómo verá su Dios estos actos?

¡Mi obra está bendecida,

sólo sigo los designios del Todopoderoso!

Cuando muera seré recompensado...

(Disparo)

Estamos de enhorabuena, Ros.

Al parecer, Aranguren se recupera...

según dicen los doctores.

Caso cerrado, don Praxímedes de Elorriaga.

Señor Ros, estaba buscándole

¿le importa que hablemos un momento a solas?

...Quería disculparme, mon ami,

sé que nos echaron de allí los bandoleros por mi culpa,

a veces soy un poco impetuosa.

Por eso quería ofrecerle que me acompañara.

¿Volverá a encontrarse con los bandoleros?

El Estepeño quiere verme,

no sé qué le habrá hecho cambiar de opinión...

Y he pensado que usted querría seguir hablando con esa mujer,

la que vive ahí con ellos.

¿Creía que no me había dado cuenta?

Usted no es el único que se fija en los pequeños detalles,

señor Ros...

No sé quién será esa mujer, pero le importa.

Y mucho.

-Yo no sé qué le pasa a Víctor.

Desde que he llegado aquí apenas hemos cruzado palabra.

Yo creo que es que no está cómodo conmigo aquí, no sé...

No, no es eso, Juanito.

Tiene muchos frentes abiertos y está preocupado.

No, no, yo no soy Clara; Clara lo calaba al segundo...

pero vamos, te aseguro que a Víctor le pasa algo más.

Vendrán a buscarme al claro.

Usted puede seguirnos,

pero más le vale que mantenga la distancia.

No quiero que me estropee mi entrevista con el Estepeño...

Vamos...

Eah...

Estepeño, ahí la llevas, toa tuya...

-Me alegra que haya accedido a verme.

-Por estos montes uno no ve mujeres tan guapas todos los días.

-Lamento si le molesté el otro día,

sólo quiero escribir sobre su vida, que me cuente sus aventuras...

De hecho podemos empezar ahora mismo,

si quiere...

Te va a acordar de mi toda tu vida, gabacha...

Que nadie se mueva o le disparo.

Nos ha seguío, Estepeño, no le he visto de venir...

-¿Le has traído tú?

Madame de Suberwick, mucho me temo que el Estepeño

no quería charlar con usted.

Márchese, vamos, rápido...

Vete por donde has venío ¿o quieres acabar en el hoyo?

En lo que tardas en coger el trabuco,

te he pegado tres tiros. Así que ni te muevas.

La navaja...

¡la navaja!

Bien, ¿dónde está el oro?

Quiero respuestas y tú me las va a dar...

Qué te crees,

¿que es la primera vez que me veo así?

Habla o te juro que ésta es tu última aventura,

Estepeño...

(Disparo)

Ya sé que estás muy ocupado... pero,

un rato para estar conmigo, ¿no vas a tener?

Claro que sí, Juan.

Pero tu, mejor que nadie, sabes por qué estamos aquí...

Y me estoy acercando.

¿Quieres que me vaya?

Que vuelva a Lisboa...

Pero dímelo, te prometo que no me voy a enfadar.

Desgraciadamente me gusta que estés aquí.

¿Los detendrás?

No lo sé, Juan.

Pero de una cosa sí estoy seguro:

y es que este viaje ha valido la pena.

Bueno, hasta mañana.

Descansa.

(Tocan a la puerta)

Gracias...

¿He hecho algo mal?

¿Sabes que solo esa pared te separa de tu hijo?

No, no me obligues, por favor.

No sabría qué decirle ahora...

Yo no sé por qué he venío aquí contigo,

es una tontería...

No, espera, espera, espera.

Tienes razón, ya lo hablarás cuando estés preparada.

Me gustaría que me contaras algo.

En la casona encontré unas bombonas de oxígeno

que sirven para tratar la sífilis ¿sabes de quiénes son?

Sí, hace tiempo, un forastero vino a hacer tratos con el Estepeño.

No sé quién es,

ni cómo se llamaba...

pero es él, el que usaba esas bombonas.

¿Le viste alguna vez?

De lejos; sólo se trataba con el Estepeño.

Supongo que la sífilis le debe haber afectado a la cara...

Lleva una máscara...

Que le cubre media cara.

Sí...

Mierda...

¿cómo no me di cuenta antes?

¿Por eso estás en Linares?

¿Siguiendo al forastero ese?

Sí,

pero, todavía me lleva ventaja.

Ando buscando al Zíngaro... ¿pueden decirme dónde para?

¿Tu de dónde te has caío?

En el periódico de la mañana han aparecido cuatro esquelas.

Además de las tres suyas, la del ilustre

Don Emilio Del Campo.

Al señor Del Campo le asesinaron imitando una ejecución

del garrote vil.

¿Cómo está, magistrado Del Campo?

¿Qué se siente al estar indefenso?

Eso, sumado a las cuatro esquelas, hace pensar

que hay alguien que tiene algo en contra de ustedes.

Si es así, es mejor que vayan despidiéndose de sus familias.

¿De verdad que prefieres volver a la sierra

en vez de recuperar a tu hijo?

Están buscándome, Víctor... ¿Pa qué le voy a decir quién soy?

-Te echaba de menos, mujer...

-¿Pa que llore mi entierro?

No tienes ni idea por lo que he pasao.

Ni se te ocurra juzgarme.

-Hay que sacar el cargamento.

-¿Desde cuándo das tú las órdenes, Zíngaro?

El oro lo sacaremos cuando yo diga;

ahora, debemos ocuparnos de mi buen amigo Víctor...

-Yo no soy un asesino.

-Tu serás lo que yo te diga, Marcos.

¿O prefieres que todo el mundo sepa lo que has estado haciendo?

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Víctor Ros - T2. Capítulo 3: Hijos de un Dios extraño

03 ago 2019

El sargento Giralda no duda en asignar a Víctor Ros un caso del que nadie quiere hacerse cargo: el robo de una reliquia en el Monasterio de Valparaíso donde, aparentemente, hace años que se vienen produciendo escenas milagrosas.
Mientras Blázquez y Ros intentan seguir el rastro de los ladrones del oro español, y que aparentemente están relacionados con los bandoleros de Sierra Morena, aparece en Linares madame de Suberwick, una joven aristócrata francesa que se dedica a recorrer las tierras de Andalucía recogiendo las tradiciones y costumbres de la gente de los pueblos de la Sierra.

Histórico de emisiones:
10/11/2016

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  1. Chiti

    Poner el capitulo 4

    25 nov 2016