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No recomendado para menores de 12 años Víctor Ros - T2. Capítulo 2: Centauros de Sierra Morena - ver ahora
Transcripción completa

Treinta años.

Un currículum impoluto repleto de casos resueltos.

Una familia perfecta.

Jefe de la brigada metropolitana...

¿Qué puede esperar de la vida Víctor Ros?

Que me sorprenda.

Creo que le va a encantar el grabado de la medalla.

¿en qué puedo ayudarles?

-En poca cosa, la verdad...

-Víctor... Clara...

-Ahora, Gordo, que prendan las mechas.

Han detonado la bomba a las doce en punto según ese reloj...

pero el ruido ha debido tapar lo que estaba pasando en otro sitio.

¿Qué puede haber más grande?

Pues eso es lo que tenemos que averiguar.

Va a ser verdad lo que dicen de ti.

Lees las mentes.

-¡Alto el fuego!

¿De cuánto estamos hablando?

-Mucho. Casi toda la reserva de oro.

-Es curioso, verdad Ros, cómo en unas pocas horas

se puede pasar de ser el mejor policía del país,

a convertirse en un perdedor.

Necesito salir de esta cama.

Ahí fuera están los que organizaron todo esto,

los que mataron a Clara.

Es evidente que están bien organizados,

pero sólo había una forma de saber

dónde estaría Clara la mañana del sábado,

¿quién estaba al tanto de que iría a recoger esa medalla?

¿quién puede entrar y salir de una comisaría

sin llamar la atención?

Un policía.

¿Quién te pagó, Aitor?

Tú eliges.

Sarabia, Sarabia, Sarabia...

Sólo sé que se llamaba Sarabia.

Tú no eres más que un peón, ¿verdad?

Vamos, vamos.

Antes mártir que confesor...

¡Blázquez! No, ¡Blázquez, no!

No, ¡ven aquí!

Señor, sé dónde se han llevado el oro

que robaron del Banco de España.

El sábado,

una hora después de que se produjera el atraco al Banco de España,

salió un ferrocarril que hacía la línea Madrid-Cádiz.

Una de las estaciones de parada es Linares,

allí desengancharon algunos vagones.

Señor, sabe que soy el único que puede encontrar ese oro...

Tiene que darme carta blanca para partir de inmediato.

Este es el plan, estarán esperando a Sarabia.

Buendía ha ocultado su muerte. Debemos fingir un a pelea.

La posibilidad de que vengan los guardias,

le asustará.

Se irá corriendo del café al notar que el asunto se puede poner feo...

Por ahí, se fue por ahí, por la calle Riscos.

¡No tienes escapatoria!

¡Alto!

¡alto, alto!

¡Blázquez!

¡Blázquez!

Sargento Giralda, los de la capital...

-Adelante.

Bienvenidos a Linares,

señores ¿Un clarete para celebrar...?

Señores, creo que no hemos empezado con buen pie....

Yo sólo veo dos opciones para solucionar esta situación.

Pues dígalas ya porque se me está cansando el brazo de apuntar.

La primera es que comprobemos quién de nosotros es el mejor tirador,

aunque dos van a morir seguro.

Uno va a ser usted, Sargento Marcos Giralda...

y el otro mucho me temo que vas a ser tu, Blázquez.

¿Y cuál es la otra opción? Porque esta no me gusta nada, jefe.

La otra es que bajemos las armas e intentemos solucionar esto

de forma civilizada.

Usted primero, si no es mucho pedir.

-¡Qué está pasando aquí!

Virgen de Linarejo...

¡Les ordeno que bajen inmediatamente las armas!

No, hasta que el sargento nos diga

por qué le disparó a mi compañero, anoche.

Se montó jarana en el café del Oso

y estos dos petimetres empezaron a seguirme.

Porque salió huyendo.

Fui a buscar refuerzos.

Capitán, no sabía quiénes eran.

-Sargento guarde el arma

¡Y usted también, por Dios!

-A sus órdenes, mi capitán.

-Sargento, usted es la autoridad en el puesto de Linares,

¿cree que será capaz de mantener el orden?

-Aquí los nuevos desenfundaron primero.

-Es evidente que si vinieran de un cuerpo militar,

sabrían respetar la cadena de mando.

Sin duda ha habido una equivocación,

¿verdad, Blázquez?

Le pedimos disculpas, capitán. Y a usted también, sargento.

Muchas gracias, señores.

Y que no se vuelva a repetir.

Ya que está todo claro,

¿qué tal si nos tomamos unos vinitos?

para calmar los ánimos y ponernos al día...

Sentados,

que ese pie seguro que necesita descanso...

Será un placer...

¡Vamos, vamos, acérquense sin miedo!

¡Sin miedo, no se lo pierdan!

Les voy a relatar las maravillosas hazañas de Víctor Ros,

el mejor policía de España... Y tal vez del mundo entero...

No se lo pierdan,

¿conocen "los misterios de la Casa de Aranda",

en la que una esposa endemoniada tuvo que acuchillar a su marido?

¿Quieren saber cómo el valiente Víctor Ros

se enfrentó al malévolo Dr. Brunetto...?

-¡Cuentos de viejas!

-¡Vamos, acérquense!,

después pueden comprar el magnífico "Crecepelo Víctor Ros"

patentado por un servidor y testado en Viena.

¡Se acabaron los calvos! ¡Y las calvas...!

-Como si ése fuera el problema de esta tierra...

¡El Inspector Ros

es el más prestigioso investigador de la capital!

De eficacia probada,

igual que el producto que lleva su nombre...

-Será en Madrid;

en Jaén lo único que funciona, es la injusticia...

-No se vayan, no se vayan, no se vayan

¡También tengo relojes, leontinas, todo de oro de ley!

...Vamos, no hagan caso a este pobre hombre,

que se ve que ha vaciado la frasca de vino

y no dice más que insensateces...

¡No se vayan!

¡Eh, mozo!

¿Te parece de recibo arruinarme la venta?

Que los tenía ya juntando monedas...

-Sólo he dicho la verdad.

-En esta tierra, o te conviertes en asesino

o acabas muerto... No se puede confiar en nadie.

-¿Y qué culpa tengo yo de eso?

-Tienes que comprarme algo por ahuyentarme la clientela...

¿Me has oído?

¿Me has oído?

Eh ¡mozo!

-Ahora sí... Bienvenidos a Linares.

El Oso es Linares;

los que se ganan sus buenos cuartos con los yacimientos,

burgueses, también mineros dejándose los cuartos,

braceros del campo y, sobre todo, mucho desocupado...

-Falta el trabajo por la sequía. Y sobra el hambre...

-Y sinvergüenzas, que tenemos los calabozos a reventar...

-Los calabozos, las calles y la mitad de la sierra...

-Ese es otro cantar: los bandoleros.

Perla, dime que te debo.

No, no, yo me encargo. Le debo una disculpa... Insisto.

Un coñac...

-Manco, los cuartos sobre la barra, que yo los vea.

-La última moneda p'al viaje...

-Ya, ya...

Pero, ¿por qué vinieron justo aquí, a este café?

Es curioso, ¿no?

Y lo que más me extraña...

¿Por qué carajo me siguieron?

-Eso, ¿por qué...?

Bueno, el caso es que...

Puede decírselo Blázquez, estamos entre compañeros.

El Monstruo de Arganzuela.

Un peligroso asesino que tenía por mala costumbre

decapitar a sus víctimas.

Hemos sabido que se ha escapado del penal de Cartagena...

Y lo sentimos mucho sargento,

pero guarda un gran parecido con él.

Sí, son ustedes clavaos, como dos gotas de agua.

Y ya sabe que por la noche... todos los gatos son pardos.

¿El Monstruo de Arganzuela?

Nunca habíamos oído hablar de él, ¿verdad, sargento?

Como les digo ha sido una confusión.

Yo también lamento el agujero que le hice en el pie,

Blázquez.

Bueno, ¿conocen ustedes alguna pensión por aquí cerca?

Porque en el cuchitril donde dormimos anoche,

nos han comido las chinches.

Hay una a dos calles más abajo, lo de la Rosario.

Díganle que van de mi parte, le harán precio.

¡Perla! Regístrale los bolsillos,

va a ser la única forma que el Manco te pague la copa...

-Nada, más vacíos que el saco un minero...

Ahora,

que a este le cobro yo, ¿eh?, en cuanto se despierte,

vamos, le saco los reales aunque sea a palos....

Señores, mucho me temo que este hombre no va a despertar.

Si respirase,

el vaso estaría empañado en vaho...

Con el pinchazo que lleva,

lo raro es que se estuviera de pie...

¿Necesita nuestra ayuda?

Esto no tiene ningún misterio, Ros.

El Manco Heredia se ofrecía de escolta,

para proteger de los bandoleros

a los viajeros que cruzaban el Paso de Despeñaperros...

En cuanto encuentre a su compadre, el Marmolejo,

asunto resuelto.

En Linares las discusiones, suelen acabar así.

-¿Quién es?

-Un problema. Eso es...

¡Oiga, oiga!

Es usted la Sra. Rosario.

Mire, que nos envía el Sargento Giralda

y buscamos dos habitaciones.

Ahora bajo.

Vamos.

Se come a la una.

Y nada de mujeres, ¿eh? que esta casa es mu decente.

No se preocupe, señora. Estaremos muy ocupados.

Sí, pero los hombres, hombres son y hay mucha casquivana,

que este pueblo ha cambiao mucho

y ya no se puede una fiar.

¿Cuánto tiempo se van a quedar?

Poco, señora, muy poco,

tan pronto como solucionemos un asuntillo volvemos pa Madrid.

Bueno, la habitación grande son veinte pesetas a la semana

y la pequeña, quince.

No sé si ese matasanos quería curarme el pie

o arrancármelo de cuajo.

Ha tenido suerte de que le viera a tiempo.

Se le podría haber gangrenado.

Podríamos haber aprovechado para que le echara un vistazo

a sus heridas.

Mis heridas están bien. No se preocupe.

Ahora debemos asegurarnos de que el oro está en Linares;

que este viaje no ha sido en balde.

¿Jefe, usted cree que el Sargento Giralda

está implicado en el asunto?

Lo que creo es que, esta mañana,

nos ha mentido tanto como nosotros a él.

Martos, vaya preparando mi caballo.

-A la orden.

-Sargento...

-¿Capitán?

-Voy a salir a Jaén, a la Comandancia.

Parece que hay novedades en torno a las colonias...

-Marche tranquilo, Capitán.

-Muy bien ¡Vamos!,

vámonos, ay, bonito.

-¿Alguna novedad?

-Los dos pájaros no han salido de la pensión.

-Tome, esto es para usted.

Madera de granadillo, muy dura.

He pensado que le vendría bien...

De granadillo, muchísimas gracias.

No hay de qué, así puede ir a juego con su compañero...

Acompáñeme a los calabozos,

que tengo una conversación pendiente con el Marmolejo.

Estoy empezando flojito, mira Marmolejo

que no te quiero hacer daño.

-No voy a confesar algo que no hice por un par de tortas...

-No me busques que me vas a encontrar.

El Manco Heredia y tú vais juntos a todo.

¿Qué pasó esta vez? ¿Te robó?

¿O se metió en la cama con tu parienta?

-Era como mi hermano.

-Sí, ya. Ya veo cómo le lloras.

Le recomiendo que nos diga que es lo que sabe.

Tenemos a un hombre muerto,

con un agujero en la boca del estómago

y, digo yo, que solo no se lo haría...

No importa tanto la fuerza ni el número de golpes,

si no dónde se dan.

¿Cómo lo ha hecho?

El pobre sufre anquilostomiasis, la anemia del minero.

Fíjese en las ronchas que tiene en los tobillos.

Y la palidez de las encías...

Falta de hierro, sargento.

Seguramente tiene el estómago infectado de esos gusanos,

así que con una ligera presión en el lugar adecuado...

¿Por qué no nos cuenta qué es lo que pasó

con el Manco Heredia? y haré llamar a un médico...

El Manco, el Manco se llevó la moneda...

¿Qué moneda?

Vino un desgraciado,

un cabrero rubio de Casas Santisteban...

andaba buscando hombres para hacer frente

a la partida del Estepeño.

-¿Y qué tienen en ese pueblo con los bandoleros?

-Ni lo sé, no se lo pregunté.

Nos lo llevamos a un callejón...

Le dimos una paliza y le quitamos la bolsa...

Pero luego, el Manco me la jugó:

entre los duros que traía el cabrero,

había una moneda de oro y se la quedó...

-Claro, te pusiste farruco y le metiste un navajazo...

¿Dónde está esa moneda de oro?

No lo sé, el Manco se ha llevado a la tumba dónde la metió...

¿Sargento, tenemos el cadáver todavía?

¡Esperen, esperen, esperen!

¿Me permite?

La Perla lo registró bien y no llevaba ni un real encima...

Oí al Manco que decía que su última moneda era "para el viaje"...

¿Y?

A los difuntos se les pone una moneda en la mano

para que paguen al barquero y puedan cruzar al otro lado...

¿Dónde está ese pueblo de Casas Santisteban?

Son cuatro horas a caballo, en la falda de Sierra Morena...

Casas Santisteban es uno de esos pueblos que se levantó para asegurar

el Paso de Despeñaperros...

Trajeron colonos franceses,

Holandeses...

Por eso hay rubios en Andalucía.

-Por esos andurriales, como poco,

te roban hasta los pantalones en el primer cruce de caminos...

Me parece justo cerrar esta historia

y devolver a ese pobre hombre la moneda.

¿Cómo que pobre hombre?

Bajó a Linares en busca de unos hampones

para liarse a tiros con El Estepeño...

Con más razón entonces...

No hay que dejar que se enfrente solo a ese bandolero.

¡Quieto ahí, Ros! Me cago en mi estampa.

En ese pueblo ya hay guardia civil

y desde el puesto de Linares no nos podemos encargar

de todas las aldeas de Jaén...

No me complique la vida.

¿Y qué quiere que haga?

El Capitán nos pidió que echáramos un vistazo a la finca del Perico;

le han robado unos costales de aceitunas.

Y el Perico es familia del Gobernador

o sea que tenemos que quedar bien. ¿Queda claro?

Meridiano, mi sargento.

¿Y la jodida moneda?

Busca la moneda, ¡coño!

Menos mal que ha entrado en razón;

no sé qué se le ha perdido a usted con esa gente de Casas Santisteban.

Le recuerdo que estamos aquí para recuperar el botín del ba...

Mírela bien,

es una de las doce monedas

que hizo el Gobierno Provisional en 1870,

una de las cuales desapareció ese día.

El Manco Heredia y el Marmolejo

se la robaron a un pobre cabrero de Casas Santisteban.

Hay que averiguar cómo la consiguió...

Muy bien, muy bien jefe... ¿Cuándo partimos?

Yo partiré al amanecer.

¿Usted? ¿Sólo?

Es que no hay oído lo que ha dicho Hércules de esas tierras...

Blázquez, debemos movernos con discreción.

Al menos,

hasta que sepamos en quién podemos confiar en este pueblo.

Y, ahí entras tu.

Además, con este pie, no puede ir dando brincos

por la sierra.

Ya, mi pie, ¿Y sus heridas, qué? ¿eh?

¿Esas heridas no cuentan?

Te necesito aquí, en Linares.

(Campanas)

Si se queda con hambre le puedo freír un par de huevos.

No, déjelo ya, por Dios,

que con todo esto se alimenta el regimiento entero de Castilla.

Como pagan pensión completa y su amigo no porta por aquí,

yo le sirvo las dos raciones juntas, que una es mu honrá...

Por cierto, ¿y el señor Ros, qué, de romería?

No, ha tenido que salir de amanecida.

El sargento lo ha enviado a solucionar un asunto.

Ni un solo día hemos tenido para instalarnos.

Por cierto, el sargento Giralda

es de las personas que no pueden parar quietas,

debe ser el orgullo de la Guardia Civil...

Marcos... ¿Marcos Giralda...?

Yo no digo na,

que a mí no me gustan los chismorreos pero...

una escucha cosas, ¿sabe usté?

Serán cosas buenas.

Ya le digo que a mí los chismes no me van...

Hace usted bien, es mejor no dar crédito a las habladurías.

Qué clase de persona sería usted

si hiciera caso de todo lo que le cuentan en el mercao.

Mire, lo que pasa es que hay cosas que una no se puede callar...

¿Sabe que se dice que el sargento maneja medio Linares?

Bueno, pero ese, ese es su deber, ¿no?

por algo está al mando del puesto y su función es controlar.

Que no, no, no, no me sigue...

Le digo que anda enredao con gente de mal vivir,

pero como es Guardia Civil,

pues nadie le dice ni mú.

¿Está segura de lo que dice?

Vamos a ver, que no es trigo limpio;

casao y con cuatro hijos,

pero de aquí he tenío que sacarlo con más de una querida.

Que yo no consiento con esos vicios.

Por eso se ha buscado habitación donde la Paquita,

que a ésa,

por unas cuantas pesetas, no le duelen prendas...

Menuda procesión ronda su casa...

Y por casualidad...

¿Dónde para la pensión de la Paquita?

Buenos días.

Don Gervasio, Don Gervasio.

Mire, mire, le aseguro que no le van a defraudar

las propiedades del reconstituyente del Doctor Breuer;

ni un solo miembro de su familia volverá a caer enfermo de melancolía.

-Tenemos que plantarles cara.

-¿Y cómo, hijo...? ¿Con azadas...?

Si mi difunto marido, el Conde,

levantara la cabeza sabría cómo enfrentarles,

pero en esta aldea sólo quedan labradores.

Y hemos perdido los duros que nos quedaban...

-Hijos de satanás,

si es que no hay un alma decente en to Linares...

Disculpen,

creo que esto es suyo...

¿Cómo la ha conseguío?

¿Quién es usted?

Antes de presentarme, prefiero yo hacer las preguntas:

¿de dónde ha sacado esta moneda?

Nos la dio el Estepeño...

-Ya has hablado bastante, hijo:

que todavía no sabemos quién está haciendo las preguntas...

Perdón,

no me lo puedo creer

¿Es usted el auténtico Víctor Ros?

No se vaya, no se vaya,

voy a traerle un producto mío... ¡que le va a enamorar!

No se vaya.

Víctor Ros, inspector de policía destinado al cuartel de Linares.

Mucho gusto.

Hay poco que se pueda hacer ya en este pueblo...

Porque estamos dejaos de la mano de dios.

¿Cómo ibas a protegernos tú solo de la partida del Estepeño?

-Matías ha hecho todo lo que estaba en su mano.

Pero la gente ya no puede más.

Está recogiendo sus bártulos y marchándose...

¿Pero, de qué vamos a vivir

si nos quitan hasta el último saco de trigo?

-Cada vez peor, hace unos días,

bajaron de nuevo...

-Saca vino y manduca si no quieres que quememos el pueblo.

¡Vamos!

-¡Matías!

¿estás bien?

-¡Sí!

-¡Venga para fuera!

¡Vamos, fuera!

Mira lo que he encontrado...

-A mis hijas, ¡no, no les hagas nada!

-¡Ven aquí! La próxima vez que vengamos,

las violamos a todas.

-¡Basta! ¡Guapo, déjalo en paz!

-Toma, con esto tienes suficiente para darnos avío.

Cuando acabemos, nos iremos como el viento.

¿Estamos?

(Sollozos)

Con esa moneda y los cuatro duros que pudimos juntar,

me fui a Linares...

Era nuestra última esperanza.

Hacernos con unos hombres que pudieran defendernos, pero...

pero no...

-Hijo, ¿pero qué culpa ibas a tener tú?

¿Y por qué nadie hace nada contra esos bandoleros?

¿Y qué van a hacer? La sierra es un laberinto

y nadie mejor que El Estepeño la conoce.

Lo malo es que, hace cosa de un mes,

este pueblo se le ha metido entre ceja y ceja y...

-Ya no sé cuántos vecinos se han quedado sin nada

por culpa de los bandoleros.

Han ido vaciando el pueblo...

Otros, se van antes de que les roben lo poco que les queda...

He pedido cien veces que me manden refuerzos,

pero nadie hace caso...

-A lo mejor ha llegado el momento de marcharse.

A mí me duele más que a nadie,

mi marido dio estas tierras para construir este pueblo,

pero así no se puede vivir.

Aquí nadie va a tener que abandonar este pueblo...

No pongo en duda que usted sea un buen policía;

yo también he servido en el ejército.

Pero los dos solos... no somos suficiente...

Por supuesto que no,

necesitaremos la ayuda de los vecinos...

(Llaman a la puerta)

¿Oiga?

¡Señorita!

¡Disculpe!

¡Uy! ¿Cómo usted por aquí, inspector?

Pues... pues dando un paseo, haciéndome con la ciudad,

¿ocurre algo?

No,

pero va muy deprisa, ¿no? y no creo que eso sea bueno

para el pie, teniendo en cuenta cómo está...

Ni lo siento, ni lo siento, va... fenomenal,

estoy, estoy estupendamente.

¿Y ese sobre?

¿Qué sobre...?

Una carta,

una carta para... para mi mujer Mariana, vamos, menuda es,

menuda es si si si no le escribo todos los días.

¿Por cierto, dónde esta la estafeta de correos?

Tres calles más abajo, en la calle a la Estación.

Pues muchas gracias...

maldita sea mi estampa...

Es increíble que utilice mi nombre sin permiso.

¿De qué está hecho esto?

Ron de quina, fundamentalmente.

Y algún que otro ingrediente secreto...

oiga, ¿no cree que usted y yo podríamos llegar a un acuerdo, eh?

Si me deja utilizar su nombre podría darle una parte de las ganancias.

No, no me interesa, buhonero.

Bueno, quien dice una parte, dice ¿un tercio?

...¿más? Vamos Sr. Ros,

este producto se vende como rosquillas

desde que le puse su nombre.

Debería sentirse orgulloso por contribuir

en el avance de la ciencia...

-Estas mantas son lo único que tengo.

Matías se ha ido al cortijo de Doña Cayetana...

y yo dormiré afuera, en el granero.

-Para mí no es necesario.

Dormiré en mi carro, es más confortable que un hotel.

Hace tiempo que no se usa...

Era nuestra habitación, ya nunca entro ahí,

me recuerda demasiado a Dora.

En realidad, apenas si piso la casa;

ella está por todas partes... No, no sé si me entiende.

Por eso duermo fuera en el granero...

Me la mataron, Sr. Ros...

Yo andaba con las cabras,

de trashumancia, dos meses fuera...

y cuando regresé, esos bandoleros,

habían arrasado el pueblo y se le habían llevado.

Me eché al monte pa buscarla

pero lo único que encontré fueron sus ropas manchadas de sangre...

Ni siquiera pude enterrarla como Dios manda.

Lo siento de verdad.

Sé que fue Paco el Guapo,

me dijeron que se la llevó como si fuera un animal...

Si lo tiene a tiro...

Usted no sabe qué es que le quiten a uno

lo que más quiere...

¿Le servirá de algo...?

Pegarle un tiro al Guapo...

¿Apagará su dolor?

Se lo diré cuando le vea muerto.

(Ovejas)

Sargento Giralda, qué sorpresa...

La misma que me llevé yo al acercarme donde el Perico

y me dijera que por su finca no había portado un alma

¿Cómo me dijo usted? Meridiano, mi sargento.

Me pondré con el asunto de los costales.

¿Qué entienden por meridiano en la capital?

Lo siento.

Pero la partida del Estepeño

está echando a esta gente del pueblo.

Hay que ayudarles, ¿no cree?

No tiene ni idea cómo se las gastan los bandoleros de Sierra Morena...

(Gallo)

Con estos dos y con un guardia civil que no se mantiene tieso,

no sé cómo piensa solucionar en un día

lo que llevamos sufriendo por aquí siglos.

De alguna forma tendremos que detener al Estepeño.

No vamos a abandonar a esta gente...

Sería una vergüenza.

Pues a lo que usted llama vergüenza,

yo le llamo sentido común.

Hombre,

justo a tiempo para unirse a la cuadrilla...

No, en realidad, venía a despedirme.

Pero antes de coger el carro, quería hacerle un regalo.

Quedarse en esta aldea puede ser prejudicial para la salud,

y por desgracia tengo una salud muy delicada...

Una pena...

Podría haberle contado algunos detalles

que darían más realismo a sus historias.

Un momento, un momento y...

puede contármelo ahora...

Puedo retrasar mi marcha...

No, no, no puedo, tengo que emboscar a unos bandoleros

y para eso necesito la colaboración de algunos valientes...

Si se quedase, podríamos hablar de esos detalles...

Lo malo es que las armas y los bandoleros

me producen urticaria.

Yo soy pacifista por naturaleza Señor Ros.

Como decía el gran poeta Victor Hugo:

"On resiste a l' invasion des armes".

Resistir a la invasión de las armas,

pero no a la de las ideas.

Qué lástima

porque también quería hablarle sobre el tema del crecepelo...

En fin, bon voyage.

Un pie delante.

-Espere, espere Señor Ros ¡trato hecho!

¡Yo le hago compañía,

pero usted y yo vamos a medias en el negocio...!

-¡Quita, carajo!

Ros, nos volvemos a Linares.

Con esta gente nos estamos cavando nuestra tumba...

Por suerte contamos con su experiencia...

y su puntería, supongo...

¿No la estará poniendo en duda?

No, no. Estoy deseando verla.

¿Lo ve? Con usted a mi vera, estoy seguro.

¡Ah!, y contamos con otro valiente.

¿Con este mamarracho?

-Si no le importa, mi sargento...

Preferiría el término "renacentista".

-¿Qué desalmado le ha pegado un tiro a mi paloma?

Han matado a mi marchenero...

¿Ros, qué, qué piensa hacer para cazar al Estepeño?

Les emboscaremos. aquí.

Les daremos lo que parece que llevan buscando hace mucho tiempo:

un pueblo abandonado.

Saldrán de Casas Santisteban por ese camino

en el que pillaron desprevenido al cabo Matías.

La partida del Estepeño

debe tener a alguien vigilando la zona...

A la cabeza, irá un hombre vestido con el uniforme de Matías,

que crean que hasta la Guardia Civil deja la aldea.

Deben hacer ruido, llamar la atención...

Bajarán al pueblo para comprobar que ha quedado desierto...

Y nosotros les estaremos esperando.

¿Como estamos guapo...?

Oye, ¿tu qué te cuentas?

-Ven acá guapetón, que te voy a enseñar dos cosillas.

Muchas gracias, señora, muchas gracias.

Hola, hombretón... ¿Buscas compañía?

Esto no es lo que parece, señorita...

Tan solo quería hablar con usted un momento.

Ay, que usté es de esos... Pues yo no hablo gratis, guapo.

Ya...

¿Y de qué quieres hablar...? ¿Del tiempo...?

Eso después,

primero quiero saber de qué conoce al Sargento Giralda...

¡Ey, ey! ¡Alto ahí!

-¡Que viene la guardia, que viene la guardia!

-Alto, ¡no corra! ¡Deténgase!

-¡Vamos, Carmen!

-Acompáñeme.

-Oiga, oiga... ¿No le da vergüenza?

A plena luz del día,

a su edad y habiendo burdeles decentes...

No se confunda, amigo...

Soy policía y estaba interrogando a una sospechosa.

Y yo soy el Ministro de Gobernación.

Los papeles.

Faltaría más...

Le advierto que pertenezco a la Brigada Metropolitana de Madrid

y he sido transla...

¡Me han robado...!

Maldita sea, ¡que me han robado!

Mire, le advierto que soy policía y está usted interfiriendo

en mi trabajo...

Ahora sí que voy a "interferir...

Acompáñeme al cuartel.

Que no tengo que acompañarle a ninguna parte, quítame...

¡que yo no he hecho nada!

¡Acompáñeme al cuartel!

¡Maldita sea!

Doña Cayetana y los que quedan, están en sus casas.

Ni hacen lumbre ni van a pisar la calle...

Bien, quedaros en la plaza; hay que atraerlos hasta aquí,

que piensen que sois los últimos, ¿de acuerdo?

...El Sargento y yo estaremos esperándoles.

Esos no se andan con juegos, señor Ros...

Esos pegan el trabucazo y luego, miran a ver qué le han dado...

No me diga que no se ha encontrado con situaciones parecidas

en el ejército...

Serví en Guadalajara, en la Unidad de Aeroestación.

Cuarto Batallón.

Le aseguro que es más peligroso la barquilla de un globo aerostático

que esto.

Al menos, no saldremos en llamas por culpa

de un generador.

Lo que no entiendo es por qué no recogéis vuestras cosas

y os largáis de aquí.

Que el Estepeño se quede con estas cuatro piedras, hombre...

-Sargento: esto es lo único que me queda en mi vida.

Un trozo tierra y los recuerdos de mi esposa...

-¿Y de qué valen los recuerdos y la tierra?

No le van a dar de comer.

Lo que tendría que buscarse es un jornal en las minas.

-Decían que la ladera de la sierra estaba llena de, de plomo, plata

y también cobre.

Unos ingleses estuvieron con un aparato raro...

con unas patas y un tubo... Mirando por todos los sitios.

Puede que vuelvan...

Esto no es Linares ni La Carolina.

Aquí no van a abrir minas, ni van a dar trabajo...

El único que se acuerda del pueblo, es el Estepeño.

-Ros, ¿por qué no se sienta con nosotros

y nos entretiene contando la historia del Monstruo de Arganzuela?

No tiene que ser plato de gusto

que se escape un asesino al que has mandado al penal...

O, o si prefiere,

¿por qué no nos cuenta que pasó en la Joyería Marabini?

No supimos controlar la situación.

Los ladrones se atrincheraron dentro de la joyería...

Hubo muertos,

entre ellos mi esposa...

¿Y pudo dar con el que...?

Si lo atrapa,

no le dé ni una oportunidad... Usted y yo necesitamos lo mismo.

Por suerte, amigo, creo que nuestras historias son bien distintas.

Sargento,

hay que resguardarse... No creo que tarden en llegar.

¡Un poquito de silencio!

¡Usted debería avisar al Capitán Barrera!

¡Él le dirá quién soy!

¡Avise al capitán!

Desde luego aquí los guardias no se andan con chiquitas, ¿eh?

A mi me tenían que haber mandado al médico...

pero na... y el que manda tiene tela;

te mete dos guantazos antes de darte los buenos días;

y eso que yo conozco al pollo desde críos...

No se llamará por casualidad Giralda.

El mismo.

Pero este, ahí donde lo ves, uña y carne de José María Llanos...

el Estepeño.

Yo creo que ya estamos pasando frío tontamente.

No van a venir.

-Quieto, León, quieto... ¿no oyes los cascos?

-Nos vamos a estar quietos o me hago un collar con vuestras orejas.

¿Se puede saber qué coño hacéis en el pueblo todavía?

-Los demás que hagan lo que quieran;

pero a nosotros nadie nos va a echar de nuestras casas.

Díselo al Estepeño.

-Tú tranquilo, que está de camino. Llegará justo pa tu entierro.

-Les pillaremos por la espalda...

Sargento, hay que esperar al Estepeño.

No aparecerá.

Además, qué cojones, ¿quién manda aquí?

¡Quietos!

¡Alto a la Guardia Civil!

¡Bajad el arma!

Vamos, ¡Bajad de los caballos!

¡Venga!

Al suelo.

¡No, no, no!

¡No dispares, no dispares!

Espérate, Guapo, espérate...

A ver si podemos resolver esto sin muertes.

-Nos ha salido gallito...

Bonita medalla...

Tienes dos opciones: o devolvérmela,

o que te la quite yo mismo cuando te mate.

Cuidadito, que tengo el gatillo flojo.

-¡Estepeño!

Esto ha sido una estupidez.

Cogeremos nuestras cosas y nos iremos de aquí...

-Muy bien Sargento,

cada uno en su casa y Dios en la de todos.

-Así va a ser...

-Así va a ser.

Dejad a estos desgraciaos...

-¡No puedo más, Sargento!

¿De qué va a valer dar nuestra vida por este pedazo de tierra?

-Vale ya, Matías...

Se lo dije, con el Estepeño no se juega.

Han estado a punto de matarnos por su culpa.

¿Por mi culpa?

...Yo diría que alguien nos ha vendido

y les ha dicho cuál era nuestro plan, Sargento.

Será mejor que no te muevas...

ay, que haya gente que piensa

que los bandoleros son los héroes del pueblo...

como la extranjera esa, la gabacha,

que va publicando artículos alabándolos.

Pues yo no sé qué bandoleros habrá conocido,

porque los que yo he visto, son unos auténticos salvajes...

-La gente se va de la aldea,

no podemos hacer nada... Hasta Matías abandona el puesto...

Le doy cinco minutos, después nos vamos...

¿Puedo ir con ustedes?

No, prefiero que se quede.

Se lo compensaré...

No se preocupe por mí, estaré bien...

-Malditos canallas,

al final no nos va a quedar otra

que abandonar el pueblo...

Yo soy muy vieja

para empezar una nueva vida, pero no hay otro remedio.

Dios nos ampare, hijo.

Ha sido un honor conocerle, Sr. Ros.

Su fama de hombre valiente y tenaz es más que merecida.

(Ronquidos)

(Golpes a la reja)

¡Eh!

Toda la noche de viaje

y, al llegar, mira lo que me encuentro, hombre.

Me cago en su estampa...

¿Seguro que usted está muy sorprendido, ¿verdad?

Me han... Me han dicho que es usted un pichabrava...

La próxima vez que quiera echarse una canita al aire,

le puedo indicar un par de sitios decentes,

donde no se cogen ladillas.

¿Va a sacarme de aquí?

Todo esto le pasa por ir haciendo preguntitas sin documentación,

hombre de Dios.

Tiene que saber que la gente de aquí es muy desconfiá...

Menos mal que me informaron de todo.

Claro, menos mal...

(Gentío)

Hombre Matías,

he visto a los campesinos del pueblo en la calle del Pósito...

me han dicho que te habían acercado hasta aquí...

Tocaba celebrar que he salido de ese infierno...

-¡Eh! ¿Otra vez la vamos a liar por aquí?

Sólo quiero hablar con mi amigo.

Siéntate.

¿Me puedes explicar qué es esto?

¿A qué vienen esas maneras? ¿El Sargento sabe que usted...?

Estos tubos se atan a la pata de las palomas mensajeras;

para llevar despachos...

Se le cayó al Guapo en la plaza.

Sé que tú nos has vendido a los bandoleros...

¿Pero qué está diciendo? Eso no tiene ni pies ni cabeza.

No deberías haberme dicho

que serviste a la Compañía de Aeroestación.

Y perdóname,

pero no pareces un ingeniero...

Ni siquiera sabías que el fuego es uno de los mayores peligros

de los generadores de hidrógeno que sirven para los globos.

Creo que allí, en Guadalajara,

serviste en otra sección,

Batallón de Telégrafos,

compañía de Palomas Mensajeras...

Eso era antes...

En Casas Santisteban,

Doña Cayetana es la aficionada a los palomos,

yo sólo le he ayudado con la crianza,

para sacarme unos duros...

Sí, pero la condesa

ni siquiera sabe diferenciar las especies que tiene.

No supo ver que la paloma que se cayó en el pueblo...

Era una paloma belga y no un marchenero...

Han matado a mi marchenero.

Sé que tu estás mandando mensajes a la cuadrilla del Estepeño

para avisarles.

Me di cuenta cuando vi que las palomas del pueblo se iban,

pero nunca regresaban.

¿Dónde esta ese palomar, Matías?

Las palomas pueden ir donde quieran...

No me tomes el pelo...

Que las palomas mensajeras siempre regresan al palomar

donde se criaron.

Has estado fingiendo todo este tiempo,

incluso cuando te dieron la paliza...

¿Cuánto tiempo me queda de servicio?

¿De qué voy a vivir cuando no pueda cargar ni con la escopeta?

Quiero oírlo de tu boca ¿Quién cojones te paga?

La gente del Estepeño...

Metí sus palomas en el palomar de Doña Cayetana...

La señora no se daba ni cuenta...

Y les avisaba cuando sabía que era seguro bajar...

Siento por el cabrero,

siempre me ha tratado bien...

¿Y así es como se lo agradeces?

El tiro que le pegaron le ha reventado el hombro.

A estas horas, podría estar muerto...

Lo siento de verdad.

Yo no quería que le hicieran daño a nadie y menos al muchacho...

Has deshonrado a la Guardia Civil,

pero todavía puedes evitar ir a prisión...

¿Te queda alguna de esas palomas mensajeras?

¿Jefe?

Jefe.

¿Qué tal ha ido por el pueblo? ¿Alguna pista del oro?

No, los bandoleros lo tendrán escondido en la sierra...

La Virgen... aquí huele a chotuno que tira pá tras...

Mejor no me digan de dónde han venío que no quiero saber ná...

Les voy a preparar un baño caliente y después a cenar...

y no quiero excusas.

Te advierto que es mejor no llevarle la contraria...

¿Dónde has estado?

Es un poco largo de contar...

He descubierto algo importante...

Giralda es un corrupto a todas luces; tiene un picadero

lleno de contrabando y creo que él y el grandote

se llevan un buen pico de las prostitutas

que hacen la calle...

Vaya, no pierde el tiempo.

Intercepté un sobre lleno de dinero para ellos...

Pero cuando me sacaron del chiquero y me dieron mis pertenencias,

el sobre ya no estaba.

Cómo, ¿has estado en el calabozo...?

Bueno, lo importante es lo que descubrí allí dentro:

hablé con el Marmolejo

y me dijo que Giralda y el Estepeño son viejos amigos.

Crecieron juntos.

Por eso se presentó en Casas Santisteban...

tenía más interés en que dejáramos en paz a ese bandolero

que en detenerlo...

La madre que me parió...

Con su permiso, sargento...

Quisiéramos pedirle disculpas;

tiene toda la razón con el tema de Casas Santisteban.

La partida del Estepeño nos viene grande.

Así que, Blázquez y yo, nos vamos a olvidar del tema

y estamos a su entera disposición para lo que necesite.

Sí, eso es, a su entera disposición.

Bien,

pues podrían empezar por el asunto de los costales de aceitunas.

Veo que está repasando la prensa de hace tres semanas...

Justo en esas fechas es cuando se escapó del penal

El Monstruo de Arganzuela...

Sí... sí, sí, sí, le he pedido a un amigo mío del periódico

que me de informe sobre este delincuente...

Po, por, por si pasa por Linares...

Por supuesto...

No se me parece a mí en absoluto...

No sé cómo ha podido confundirse conmigo.

Además, en persona es mucho más bajito....

Y si se fija, jefe, tiene, tiene menos dientes...

Vale ya, ya está bien de mamarrachadas...

¡Fuera!

¡Y tú de qué carajo te ríes, copón!

Cable de Buendía.

El Gobierno está presionando.

Requieren resultados de inmediato.

Podríamos dar parte al Comisario; podría pedir ayuda al ejército

para ir a la sierra detrás del Estepeño...

No, no,

dígale que estamos muy cerca del oro,

que necesitamos algo más de tiempo, nada más.

Implicar al ejército sería hacer demasiado ruido...

Y ¿usted qué piensa hacer?

Volver al pueblo.

Si el Sargento Giralda pregunta por mi,

dígale que me estoy ocupando del dichoso tema de las aceitunas.

La única manera

de dar con el cargamento del Banco de España

es atrapar al Estepe...

¿Y cómo va a hacerlo?

Averiguando por qué están acosando a la gente de Casas Santisteban.

Y ahí es dónde tú me vas a ayudar. Lee.

"La compañía minera inglesa Davenport Lead Lead Mine...

Lead Mines: minas de plomo. Siga leyendo.

"... anuncia la próxima construcción de una línea privada de ferrocarril

desde sus explotaciones a los enclaves..."

Jefe, ¿qué tiene que ver con todo esto?

Tú me vas a dar la respuesta a esa pregunta desde aquí,

desde Linares.

¿Se encerró con el aquí, en el reservado?

Sabía que no iba a soltar el hueso tan rápido.

A cuento de qué si no va detrás de Matías...

-¿Y si te está buscando las cosquillas?

-Uno huye del pasado y el pasado siempre vuelve

para jodernos, Perlita.

Pero no tiene nada...

-Ándate con ojo.

Que ese tío es mu listo...

Y yo no quiero problemas.

-Tú sigue como si nada.

Ya sabes lo que tienes que hacer con el dinero.

Ese gachó es muy cabezota,

no va a ser fácil hacerlo mirar para otro lao...

-Ése es tu problema.

-El "Remedio Milagroso del Dr. Cavestany "

lo cura, casi todo...

Bueno, técnicamente no soy doctor,

aunque tengo algunas nociones de anatomía patológica...

Y también estoy trabajando una mixtura

para eliminar las almorranas.

-Escuece como un demonio.

-No te quejes tanto... Deberías estar agradecido,

cosa que me lleva a la cuestión de ¿cómo piensas pagarme?

¿con cabras?

-Yo no te he pedido que te quedes.

(Ladridos)

Los bandoleros... Vienen a rematarnos.

Shhh... Tranquila, tranquila,

voy a soltarla.

¿Quién es...?

Yo hago las preguntas.

Hay alguien que quiere hablar contigo.

Dora...

-Lo siento.

Lo siento mucho.

-Estás...

-Creía que ibas a morir.

Te dije que tu historia y la mía no terminaban igual.

Yo, pensaba que...

Si... yo también, al principio...

Pero los junquillos me hicieron sospechar.

Son unas plantas que necesitan ciertos cuidados

y Van Houten siempre está fuera, pastoreando;

así que alguien debía cuidarlas.

Toque la tierra.

Está húmeda...

En los pequeños detalles está la clave.

¿Y por qué fingió su muerte?

Por vergüenza...

En una de las incursiones de los bandoleros,

Paco el Guapo la violó.

Van Houten no estaba en ese momento...

Ella se quedó embarazada

y, por miedo a que el cabrero repudiara al niño,

se echó al monte con los bandoleros.

Le hizo pensar que estaba muerta para que no le buscara.

Y, de vez en cuando, bajaba al pueblo

a escondidas para hacerle una visita y para cuidar las plantas.

¿Por qué ha vuelto justo ahora?

Gracias a Matías;

la partida del Estepeño lo usaba para decirles

cuándo era seguro bajar al pueblo...

En Linares hice un trato con el:

le dejé marchar

a cambio de que mandara un último mensaje:

que Van Houten se estaba muriendo...

Sabía que Dora bajaría a despedirse.

¡Señor Ros!,

tenemos que salir del pueblo.

-Antes de irme oí decir al Guapo que iban a arrasar con todo.

Pa pagar con el pueblo sus problemas con el Estepeño...

Lo que no saben es que vamos a ser nosotros

quienes ataquemos primero.

¿Nosotros? Un momento...

¿Nosotros?

De momento me conformo con que me pagues

con una buena remesa de tu crecepelo.

Necesito que me cuente todo lo que sepa de los bandoleros.

Nunca hablaban de negocios delante de nosotras...

Me basta con que me digas

cuál es la manera más rápida de llegar adonde acampan...

Saldremos por la mañana.

Voy a acompañarle,

aunque sólo sea para ver qué demonios hace con mi producto

más vendido.

A lo mejor tiene alguna otra aplicación

que desconozco.

Pensaba que preferías seguir los consejos de Víctor Hugo.

Bueno...

Víctor Hugo nunca estuvo en Sierra Morena.

La leche jefe,

este pueblo está donde Cristo perdió las sandalias.

Pensé que no iba a llegar nunca...

¿Qué hace aquí?

Tengo lo que me pidió...

El trazado del ferrocarril

que la compañía inglesa quiere construir.

León Cavestany, para servirle... Imagino que usted es Blázquez,

el fiel compañero del Sr. Ros.

No sé por qué me lo imaginaba más joven...

¿Por qué no utiliza mi crecepelo, caballero?

Veo que su bosque no es demasiado frondoso

que digamos.

¿Por qué no va a buscar a su caballo?

Sí...

Todavía no me ha dicho para qué los quiere.

Te lo contaré de camino.

Tenemos que salir ya si queremos sorprenderles.

Sorprender a quién... ¿A los bandoleros?

A esto le llamo yo llegar y besar el santo.

¿Qué leches piensa hacer con eso, jefe?

Explosivo...

Servirá para sorprenderles y crear confusión.

Menos mal que no lo compré.

Vaya...

qué sorprendente a dónde les ha llevado el caso

de los costales de aceitunas, ¿no?

Prefiero que salgan con vida de ésta;

no quiero cargar con sus muertes

¿qué, tienen algún maravilloso plan?

Solo hay que impregnarlo y prenderlo como si fuera una mecha.

¿De verdad piensa utilizar mi crecepelo

como si fuera una bomba?

Funcionará.

Esta vez, espero su señal.

Bien.

Uno de sus hombres, allí arriba, ustedes por detrás.

Blázquez, por allí.

Venga, vamos, que nos van a dar los Hornazos, coño.

Blázquez ¡cúbreme!...

Me cago en...

¡No me obligues a disparar, suéltala, vamos, vamos!

¿Ves que suerte has tenido?

Al final no me ha hecho falta matarte para recuperarla.

Ahora vas a cantar por soleares...

¿Dónde habéis escondido el oro?

Así que eso es lo que queréis saber, ¿eh?.

Pues si queréis que os diga algo, soltadme.

Además tengo un par de cosillas

que seguramente os interesaría saber...

¿Qué estás haciendo aquí?

Les seguí...

Lo siento, señor Ros, pero tengo que hacerlo...

Espera, no hagas ninguna locura, le necesitamos vivo.

Ese cabrón... violó a mi mujer...

No, escúchame, si le matas tendremos que detenerte...

¿Cómo vas a llamar al bastardo? ¿Paquito...?

No lo escuches, no lo escuches, de verdad.

Con un poquito de suerte te sale tan guapo como yo...

(Disparo)

Los demás se han echado al monte con la mujer.

Ahora mismo estarán quemando el pueblucho ese...

No, tranquilo, tranquilo.

En este pueblo ya no queda nadie,

pero todavía tiene que pagarnos.

-¿De qué hablan?

-Este anillo es falso.

¿Tan mal la dejó el conde?

-Este zafiro es auténtico... debería sobrar para...

Me lo han debido de robar esos canallas...

Lo dudo... Todavía lo llevaba cuando llegué al pueblo.

A mí me duele más que a nadie...

Y también lo tenía cuando nos despedimos.

Ha sido un honor conocerle, Señor Ros...

Así que se lo dio al Guapo para que terminara el trabajo,

porque estoy seguro que se ha quedado sin nada de valor,

después de haber pagado a Matías por sus servicios.

Yo no he hecho nada...

Gracias a Matías, los bandoleros estaban informados,

pero me di cuenta de todo

cuando el cabrero me habló de esos aparatos,

no servían para hacer prospecciones mineras.

Eran instrumentos topográficos.

No les interesaban las minas, sino el terreno...

Entonces leí la noticia en el periódico

y mi compañero Blázquez

me consiguió los planos de la línea del ferrocarril

que pretendía construir la compañía inglesa.

Y qué sorpresa;

atraviesa Casas Santisteban.

Usted no podía pagar a esa gente por las tierras,

por eso quería que se fueran del pueblo

y por eso acudió a los bandoleros.

Así podría habérselo dado todo a la compañía minera

y hacerse con una fortuna.

Este pueblo se fundó gracias al patrimonio de mi marido...

Pero esos haraganes se querían quedar con ese trozo de tierra

como si fuera de oro...

Una tierra que, por derecho, me pertenecía.

No, no le pertenecía,

esta gente se ha ganado la tierra con el sudor de su frente.

Nadie les ha regalado nada...

Señora... Tendrá que venir a darnos explicaciones al cuartel.

-¡Cuidado!

-Sr. Ros, usted nos ha devuelto la vida...

¿Cómo podemos pagarle?

Haciendo que este pueblo no desaparezca

y que todo esto haya valido la pena.

Dora,

quería preguntarle algo.

En el monte, con los bandoleros...

había una mujer.

Sí, Elena... Vive con la gente del Estepeño...

Cuando me planté allí,

bueno, yo estaba muerta de miedo

y fue ella la que me cuidó...

¿Y está segura que se llamaba Elena?

¿Por qué lo dice? ¿La conoce?

No, no... Supongo que no.

Ojalá nuestras historias se parecieran más...

Y pudiera recuperar a su esposa...

A Clara le encantaban los junquillos...

Yo no sé ná de ninguna moneda de oro,

se lo juro.

El Estepeño solo hablaba de los asuntos gordos con el Guapo.

¿Y el Guapo no te dijo nada?

Ná de ná... Estaba muy a malas con el Estepeño por lo del pueblo.

Decía que se había vuelto un flojeras

desde que recibía órdenes del forastero.

¿Forastero? ¿Qué forastero?

¿Cómo era?

Por la Virgen que no lo sé... Yo no le he visto en la vida.

Tú nos vas a decir dónde está la guarida de el Estepeño.

Nos vas a llevar hasta el.

Nunca duerme más de dos noches en el mismo sitio.

-La próxima vez,

que quiera interrogar a un detenido sin mi permiso

procure que no me entere.

Si van a estar bajo mi mando

tendremos que aprender a hacer las cosas de una manera más...

coordinada, ¿no le parece?

Puede que tenga razón, sargento...

Pero, ser un viejo amigo del Estepeño,

¿no cree que es algo que debería haber comentado con sus "hombres"?

No tengo nada que ocultar...

No vengo de una casa con alcurnia,

como Barrera, por eso sé que nunca pasaré de sargento.

Mi padre era espartero

y me crie en un pueblucho con José María Llanos,

aún no se hacía llamar el Estepeño.

Pero lo mío no era robar jamones; me sientan mejor los uniformes...

Y como ve,

nuestras vidas fueron por caminos muy diferentes.

No sé... Igual tendría que haber dejado al Guapo

que le pegara un tiro.

-Buenas noches, Sargento.

-Capitán;

¿Qué tal le ha ido la reunión en la Comandancia de Jaén?

espero que le hayan dado alguna alegría.

-Hace tiempo que este país no está para ninguna alegría.

Don Fernando de Villalmil está preparando una escuadra en Cádiz,

en cuanto la tenga lista, partirá para Cuba.

Me temo que cualquier mañana nos despertamos con la noticia

de que ha comenzado la guerra.

Por cierto, ¿qué tal con los nuevos?

-Ya están aprendiendo cómo se hacen las cosas en Linares.

Disculpe jefe, Doña Rosario dice que bajemos a cenar.

Eh... baja tú... Yo no tengo apetito.

¿Qué le pasa?

No, es sólo que...

no dejo de darle vueltas a algo que no entiendo.

En la sierra, con los bandoleros...

Había una mujer.

Te juro que me pareció que era Juana.

¿Juana...? ¿Qué Juana?

La madre de Juan. La esposa de Luis el Conquense...

...Tú eras el que no se conformaba con robar carteras

y te seguimos.

Nos hemos jugado el pellejo por ti.

¿Y eso, no cuenta?

Es aquí...

No entres ahí... No te conviertas en uno de ellos...

Usted, usted me dijo que...

que había muerto hace mucho tiempo de una pulmonía,

cuando, cuando Juanito apenas era un crío...

Sí...

y la esposa del pastor me dijo que se llamaba Elena,

pero...

No, no le dé más vueltas;

quizás no era ella.

Aquí lo importante es que el oro está en Linares.

Tiene razón, Blázquez...

Hay que dar con ese forastero...

sea quien sea,

el Estepeño está bajo su mando...

Hemos quedado como unos idiotas delante del forastero

por culpa de Víctor Ros.

-Que la culpa es del Guapo,

que se empeñó en arrasar to el pueblo.

-Tu te callas, mujer. Que nadie te ha pedío opinión...

-El Guapo se lo ha buscao... pero era uno de los míos.

Esperad fuera, con los caballos...

El polizonte ese nuevo que ha llegao a Linares

ha matao a dos de mis mejores hombres como si fueran chivos.

Y tienen a otro preso... Se llama Víctor Ros.

-Controla mejor a tus hombres, contrólalos o no habrá trato.

De momento,

vamos a estarnos quietos sin llamar la atención.

Hasta que llegue la oportunidad.

Y pueda acabar con él de una vez.

No es fácil escapar de Víctor Ros, te lo aseguro...

-Ya veremos...

-Monasterio de Montesión.

Han robado la cabeza incorrupta de Santa Catalina.

-Le presento a Adela del Castillo,

la restauradora y encargada del mantenimiento de nuestra reliquia.

Soy consciente del valor que le dan a Santa Catalina.

Pero su desaparición ahora mismo es secundaria.

El hermano Cosme no se suicidó. Le asesinaron.

...el arma homicida.

Están ustedes en mitad de ninguna parte.

Y este sitio es un buen escondite para alguien que está huyendo.

Veo que usted imagina en este lugar,

un secreto terrible...

El buhonero me dijo que conocía mujer que había escrito semblanzas

de los bandoleros.

Quizás ella pueda ayudarnos...

Irene de Suberwick.

Víctor Ros. Enchanté...

No creo que haga falta decirle... quién soy yo.

-¿La verdad? No tengo ningún interés.

¿Volverá a encontrarse con los bandoleros?

El Estepeño quiere verme...

no sé qué le habrá hecho cambiar de opinión...

El Estepeño es un hombre peligroso.

Gracias por el aviso.

Póngase en contacto

con todas las estaciones que hay de camino a Linares.

En la primera estación que pare el tren,

que suba un guardia y que acompañe a Juan hasta aquí,

¿de acuerdo?

¿Piensa decirle lo de su madre?

No lo sé, Blázquez.

Tengo que volver a la sierra...

Quizás, si damos con ella,

sea la pieza que necesitamos para saber dónde esconden el oro.

Eres tu, ¿verdad? nadie más tiene esa mirada...

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Víctor Ros - T2. Capítulo 2: Centauros de Sierra Morena

27 jul 2019

Ros y Blázquez se trasladan a Linares para investigar el robo del oro español. Para poder trabajar de incógnito ambos declaran que están allí en busca de un peligroso asesino en serie, "El Monstruo de Arganzuela", una tapadera que el sargento Giralda, suboficial de la guardia civil del puesto de Linares a cuyas órdenes tendrán que trabajar, no acaba de creerse.
Una vez en Andalucía, Ros se enfrenta a su primer caso: salvar a los lugareños de un pequeño pueblo de Sierra Morena del acoso de un grupo de bandoleros capitaneados por El Estepeño. Allí se hará un nuevo amigo y encontrará a una mujer de su pasado a la que daba por muerta.

Histórico de emisiones:
10/11/2016

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