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No recomendado para menores de 12 años Víctor Ros - T2. Capítulo 1: Ave del paraíso - ver ahora
Transcripción completa

Un real,

para un pobre enfermo que se dejó la salud en las colonias...

Un real...

Qué Dios se lo pague.

No.

Con que me digas dónde está el café del Oso me conformo.

En el número quince...

Acuérdate de mi cara y de que soy buen limosnero...

¿Qué va a ser?

No pienso quedarme... Y usted tampoco.

Ey...

Blázquez...

¿no tienes nada mejor que hacer?

Nos vamos de aquí.

No voy a permitir que siga matándose...

¡Ehh!

-¿Qué haces imbécil?

Si te estoy haciendo un favor.

Hace rato que te están desplumando porque tienen las cartas marcadas.

¿Es eso verdad?

-¿Cartas marcadas? Yo... eh...

¡Que alguien llame a los guardias!

(Ruidos de pelea)

Mañana, en la entrevista,

¿hablarás de todas esas mujeres?,

¿de cómo es su vida en el penal?

¿Esto es un chantaje?

Por favor...

Debería encerrarte.

(Pájaros)

Poco se puede hacer, más que rezar

y que el aire de la montaña limpie sus pulmones.

-No, no, no, hermana, yo no quiero que la traten como a una más...

Es demasiado joven.

Tiene que salir adelante,

que para eso me estoy gastando los dineros.

-Hay cosas que no están en la mano del hombre.

-Pocas, hermana. Muy pocas.

Ahora, si me disculpa...

Tu ya verás cómo Elisa vuelve a casa hecha una rosa.

Haga falta un año o dos.

Estar aquí arriba me curaría hasta a mí...

Y si no fuera porque está lleno de monjas

me quedaría una buena temporada...

Yo he cumplido.

Tu esposa tiene a los mejores médicos.

Ahora espero que tu cumplas tu parte y salga todo como dijiste...

-Creo que ya lo tengo.

Acuérdate que las cosas nunca son lo que parecen, Juanito...

Pero, ¿cómo tengo que decirlo?

Que ya uso pantalones largos.

¿Tanto cuesta llamarme Juan, sin más?

Perdón, es la costumbre...

Bueno, ¿te lo digo o no?

¿El qué?

El acertijo. Ah, sí, sí, dime.

A ver, ¿Qué es lo que hasta

el ser mas insignificante de toda la tierra puede encontrar,

y Dios en todo el Universo jamás hallará?

Estoy esperando.

Una esposa.

¿Una espo...

Una esposa, Dios no tiene esposa.

Basta ya de acertijos Juan.

Recoge tus cosas, no hagamos esperar al tutor...

Juan debería estar centrado en sus obligaciones...

Como tú en las tuyas.

Ah, ¿y cuáles son mis obligaciones? Tú única obligación soy yo.

Juan recoge, que vamos a llegar tarde.

Por cierto, tenéis que venir a comisaría.

Rosales ha insistido en que hay que hacer un retrato

con toda mi familia para el periódico...

Tengo que pasarme a primera hora por la imprenta

para recoger unos pasquines...

Pero y entonces ¿cuál es la respuesta?

Cuando la sepas la respuesta, no hará falta que yo te diga nada.

Termina de recoger.

Y esos pasquines ¿no pueden esperar?

Esas presas ya han esperado bastante

para que alguien se preocupe por ellas.

¿O prefieres que me quede de brazos cruzados?

Uy, no, no creo que pudiera conseguirlo tampoco.

Está bien Inspector,

estaré a tiempo para su retrato...

Espero.

¿Quién decía que llegábamos tarde?

Ah, por cierto, su Cono de Apolonio, Juanito.

¿Qué quieres que te diga?

Ya has publicado todos mis casos en tu periódico...

Pero la gente ya está al tanto de sus investigaciones,

quieren saber más sobre el héroe de la Metropolitana.

¿Quién es realmente Víctor Ros?

Vas a hacerme una foto con mi esposa y con mi hijo,

¿qué más quieres Rosales, de verdad,

si yo soy solo un policía,

no soy una cupletista del teatro, ellas sí que interesan de verdad.

La falsa modestia no le sienta nada bien.

¿Hace cuanto que murió Aldanza?

¿Cinco años?

-Cuatro años y siete meses.

Disculpen.

No debería...

Rosales, le presento al agente Aitor Menta.

Todo el mundo me conoce como "Tormenta".

Menos el inspector Carballo.

-Dígame, ¿cómo es trabajar codo con codo

con el mejor detective del país?

Agente Tormenta, a ver si usted me desvela algún detalle

que no sepa del señor Ros...

-Bueno, en primer lugar es un honor, sin duda.

y quizá la afición que tiene a los folletines

que publica su periódico.

¿Cómo ha sabido de esa querencia?

Cada día le recojo su prensa.

Las hojas de los folletines suelen tener la tinta

de los números de página más borrosos,

como si hubiera pasado más tiempo en ellas...

-Veo que su modo de trabajar es contagioso.

No todo el mundo tiene la capacidad

de retener datos de importancia del agente Tormenta...

Gracias.

Déjeme probar a mí:

¿eso significa que el tiempo que ha pasado

desde que cerró el caso de Aldanza...

también es importante?

Hay una lápida en el cementerio, con mi nombre, desde entonces.

¿Es necesario hablar de el?

Está bien, está bien, nada de Aldanza...

Bien.

No me está poniendo las cosas fáciles

¿quién es Víctor Ros?

¿Qué piensa?

¿Qué puede decirme de su familia?

Por cierto, ¿está al tanto de la situación de las reclusas

en el penal de Alcalá?

Seguro que Víctor no te ha creído,

porque y ¿si te pide ahora ver los pasquines, qué?

No sé. No lo he pensado.

¿O si va a verlo a la imprenta?

Víctor estará pensando en esa entrevista,

o en cualquier otro caso. ¿Quién sabe lo que piensa Víctor?

Sí. pues como no lo sepas tú...

Buenos días.

Buenos días.

Le agradezco su celeridad, señor Marabini.

Estoy al tanto de lo ocupado que está el taller...

Mentiría si le dijera que nos sobra el tiempo,

pero es un placer trabajar para quien lo merece,

y poner nuestro granito de arena en el homenaje a su esposo.

Creo que le va a encantar el grabado de la medalla.

Juan, ¿crees que le gustará a Víctor?

Treinta años.

Un currículum impoluto repleto de casos resueltos.

Homenajeado en ciernes. Una familia perfecta.

Jefe de la brigada metropolitana

¿Qué puede esperar de la vida Víctor Ros?

Que me sorprenda.

Buenos días, ¿en qué puedo ayudarles?

-En poca cosa, la verdad...

Bájate al taller, que ya me quedo aquí arriba.

A ver, ¡al primero que se mueva le reviento el pescuezo!

¿queda claro?

-¡Le ha pegado un tiro en la cabeza!

¡Sí, lo he visto! Por favor, tienes que intentarlo,

tienes que salir.

No me voy a ir de aquí sin ti, no me voy a ir de aquí sin ti,

me da igual.

-Aquí falta dinero.

-¿No irás a acusar a un superior sin prueba alguna, eh Tormento?

-Inspector, que está justo para el regalo.

-No, para lo que está justo es para mi almuerzo.

A lo mejor sobra algo

y le puedo invitar al compañero Crespo a unos chatos.

-Jefe, ya sabe que yo no bebo en horas de servicio.

¿Cómo lleva los preparativos

el encargado de festejos de la Metropolitana?

Todo en orden, señor.

Ya avisé a la señora Alvear de debiera recoger el regalo

donde Marabini.

-Muy bien, Tormento.

al final te vas a convertir hasta en un policía de verdad.

-Gordo, qué pasa, ¿no me has oído? ¡Al taller!

¡Berzas!

Todo el mundo quieto, ¿eh?

Tienes que hacerlo tú que tú eres mucho más rápido que yo, por favor.

Que me da igual, que a lo mejor, si nos estamos quietos

no nos hacen nada.

Que no, que han entrado con la cara descubierta...

¿Tú crees que les importa que nos movamos?

Por favor, vete, se lo tienes que decir a Víctor.

(Gritos)

Te cacé, palomita.

Señores, ¡el cementerio está lleno de héroes!

-En el taller no hay ventanas.

Va a pegar un pepinazo de los buenos...

¿Es que no pueden dejar de rezar?

Me sacan de quicio...

Me sudan las manos, Tarso.

Y, si me sudan las manos, no puedo hacer el trabajo...

Por no hablar del tiempo, que se nos echa encima...

-¿Y qué quieres que haga, Gordo? ¿Qué quieres que haga?

¿Les meto un tiro? ¡Les voy a meter un tiro, hombre!

-¡Pues sería una solución. O que dejen de rezar!

-Mira, ya han elegido ellos.

Juanito...

¡Víctor! Víctor... Clara...

Seis hombres, quizá más...

La joyería tiene un taller en el sótano.

No sabemos si puede haber más hombres abajo.

Ahora, Gordo. Ahora sí, que prendan las mechas.

Las calles están cortadas

y tenemos guardias en los edificios del perímetro,

pero la línea de disparo es difícil,

los carruajes tapan casi toda la visibilidad.

¿Tiene alguna otra salida la joyería?

Ninguna.

Ros.

Señor, vamos a necesitar a todos nuestros efectivos...

Toda la policía de Madrid está aquí.

-¿Quiere que me encargue yo?

Estoy bien.

Juanito, Juanito, mírame,

hiciste lo que tenías que hacer,

si Clara tiene alguna oportunidad, es gracias a ti.

¿Ros, qué hacemos?

(Gritos)

¡Clara!

¡Clara!

¡Víctor!

Clara...

mierda.

Nos están entreteniendo...

¿Qué ha dicho, Ros?

Que nos están entreteniendo, señor.

El verdadero golpe no es aquí.

¿Desde dónde más se puede ver ese reloj?

Es el Palacio del Marqués Casa, Irujo...

En toda la calle Alcalá.

¿Qué quiere decir con que este no es el verdadero golpe?

Que nos han estado atrayendo hasta aquí.

Rompieron la cristalera para hacer ruido

y dejaron que el niño se escapara, no,

esos hombres no son unos novatos para fallar algo así...

¿Y para qué querrían que toda la policía de Madrid estuviera aquí?

Este sitio es una ratonera: los carruajes, la explosión,

todo ¿y cuál es su plan de fuga?

No tienen, saben que no van a salir con vida,

por eso entraron con la cara descubierta

y por eso nos querían aquí.

Han detonado una bomba a las doce en punto

según ese reloj...

Va adelantado;

pero el ruido ha debido tapar lo que está pasando en otro sitio...

Algo mucho más gordo que todo esto...

Marabini es la joyería de la Casa Real...

¿usted sabe la cantidad de dinero que hay solo en piedras preciosas?

¿Qué puede haber más grande?

Pues eso es lo que tenemos que averiguar.

Cójase a unos hombres y váyase a la calle Alcalá,

a ver desde dónde más se puede ver ese reloj...

Ustedes tres, conmigo, ¡vamos!

Tengo que entrar.

¿Quién está al mando?

¿Puedes oírme?

No vale la pena lo que estás haciendo...

Ellos tampoco lo van a conseguir...

Da igual lo que te hayan prometido.

¿Y si no me han prometido nada?

¿Y Juan? ¿Está bien?

Está bien, y tú también lo estarás...

¿De verdad que vas a morir sólo por acatar unas órdenes?

No, no te equivoques,

¡aquí nadie quiere acabar en el hoyo!

Hagamos un trato.

Los que te han metido en este callejón sin salida...

ellos son los culpables.

Ayúdame a atraparlos y te prometo que nadie...

¿No se te ocurre nada mejor?

¿Tan asustado estás, Víctor Ros?

¿En qué estás pensando?

En que todo esto es un teatro. Y estás ganando tiempo.

Vaya, va a ser verdad lo que dicen de ti.

Lees las mentes.

(Disparos)

¡Alto!

¡Hay inocentes!

¡Alto!

¡Maldita sea!

¡Alto el fuego!

(Disparo)

¡Dime que no es verdad!

Vamos, ¡rápido!

Usted, a este lado, ustedes dos en ese.

Estén preparados, no sabemos qué nos vamos encontrar.

Adelante:

ábranla...

Apártese.

Virgen Santa...

-¿De cuánto estamos hablando?

-El personal del Banco de España

todavía tienen que hacer inventario.

Nos darán una cifra definitiva en cuanto acaben...

-Mucho, señor, mucho.

Casi toda la reserva de oro, piedras preciosas,

colecciones de monedas antiguas...

-¿Testigos?

-Unos vecinos de los Madrazo vieron salir unas diligencias

justo antes de que nosotros llegáramos.

Era sábado por la mañana y el bando estaba cerrado,

sí, los vecinos escucharon un estruendo,

pero al ver salir humo de la joyería

pensaron que la explosión había sido allí.

Comisario, debería ver el túnel por el que llegaron.

Eso no se hace en un día.

Esto no lo han hecho unos ladrones del tres al cuarto,

han debido estar meses trabajando

y eso significa mucho dinero y mucha gente.

-¿Alguna idea de quién puede estar detrás de todo esto?

-No.

-Entonces, mejor cállese Carballo. No soy imbécil.

Que es algo grande, es evidente.

Comisario ¿Qué pasó en la joyería?

¿Quién pudo disparar contra la mujer de Ros?

-Una bala perdida,

y ella tuvo la desgracia de encontrarla...

¿Qué más da ahora de dónde salió?

-Lo siento, señor...

Si pudiera hacer algo para ayudarle...

Juanito está en mi casa.

Mi esposa cuidará bien de él...

¿por qué no nos deja esto a nosotros?

Quiero hablar con él.

¿Servirá de algo si le digo que no?

Sáquenlos de aquí, ¡vamos!

Venga, ¡arriba!,

arriba, ¡vamos!

-Yo no sabía que esto iba a terminar así...

Me obligaron a hacerlo. Se lo juro por lo más sagrado;

me cogieron en la mina

y me dijeron que tenía que poner unos explosivos, nada más...

Pero el medio-metro ese estaba loco.

¿Cómo se llamaba? Su nombre...

Tarso.

Pero que venga Dios y me fulmine si miento:

yo no sabía que esto iba a terminar...

¡Cállate!

Estoy diciendo la verdad... ¿A que usted me cree?

Si dependiera de mi ahora mismo te pegaba un tiro.

No me diga eso, leches...

Que yo no me he metido en líos en mi vida.

Mire a ver si tengo...

¿Te contrató Tarso?

¿Por dónde se movía?

Al principio, era todo muy raro... Me pagaba dos mil pesetas

y sólo tenía que robar un poco de pólvora de la mina

y reventar una caja fuerte. Eso es lo que dijeron.

Todo iba a ser limpio y...

¿Para quién trabajaba Tarso?

¿Hay más jefes...?

No quiero seguir perdiendo el tiempo contigo.

Déjeme, por favor...

Artificiero en una mina y ¿cuántos explosivos pusiste, eh?

Sabías que no iba a quedar ni una piedra preciosa

de ese sitio... Te juro que como me vuelvas a mentir

te reviento la cara. Ven aquí..

¡Siéntate!

El nombre de quien organizaba todo esto

¡dímelo!

Tarso era el que tenía el contacto.

¡Como se llama!

¡Aldanza!

¡Se llama Aldanza!

¡Deja de mentirme!

Deja de mentirme.

¡Hijo de puta!

Te mataré, te voy a matar.

Tranquilícese jefe, tranquilícese...

Soltadme.

¿En qué está pensando? Este hombre es todo lo que tenemos.

Muerto no nos servirá de nada...

Perdóneme, señor, por intentar resolver un caso...

Me pongo en su lugar y yo habría hecho lo mismo:

y si usted estuviera en mi lugar, haría lo que yo voy a hacer ahora:

no puede encargarse de este caso Ros.

Lo hago por su bien;

Descanse. Ocúpese del muchacho.

Llore la pérdida de su esposa como se merece...

Lo que se merece mi esposa

es encontrar a quién provocó su muerte...

Blázquez, no se aparte de su lado.

No es bueno que Ros esté solo en estos momentos...

Y manténgalo alejado de la investigación...

Comisario, sabe que no es fácil darle órdenes.

No puedo encargarme de él ahora Blázquez,

¿sabe lo que ha pasado en el Banco de España?

Esto es un asunto de Estado.

Y hasta que reciba órdenes de Gobernación

quiero discreción máxima, ¿está claro?

Sí, sí.

Me disculpo.

Ahora está usted al mando, Carballo...

Denos algo pronto, por la cuenta que nos trae

a todos...

-Haré lo posible, señor...

-Tengo que ir a informar al Ministerio.

Intente sacar algo más que esa absurda historia de Aldanza...

-¿Tú crees que ese hijo de puta puede estar vivo?

-No parece que te haya tratado como te mereces

el rey de los policías...

-Está descontrolado...

-De eso se trata Gordo, de eso se trata.

¿No le habrás contado nada, verdad?

-Nada, te lo juro. Mira cómo me ha dejado.

-En este reino, todo tiene su recompensa Gordo.

Una de las monedas de oro del Gobierno Provisional.

Cortesía del Banco de España. Guárdala como es debido, ¿eh?.

-¿Cómo me vais a sacar de aquí?

-Tu por eso no te preocupes Gordo,

tu por eso no te preocupes.

No te va a hacer falta.

...No se pudo hacer nada.

Cuando llegó el médico, ya estaba muerto.

¿Cómo estaba la celda?

El Gordo estaba tumbado boca arriba.

Tenía una bala que le atravesó el corazón.

Había una silla delante, y huellas en el suelo.

Un número de pie más o menos como el mío.

Quien fuera, se sentó y, quizá, habló con él...

Se conocían. ¿Qué más?

Nada más, jefe, nada más.

He puesto la comisaría patas arriba, ningún extraño,

nadie que entrara o saliera...

La trayectoria de la bala...

La bala tenía un orificio de salida por debajo del hombro izquierdo.

Zurdo, posiblemente.

Busqué más huellas, pero no encontré ninguna.

Debía llevar guantes...

¿Dónde buscaste las huellas? En esa celda tiene que haber mil...

Encontramos una moneda de oro en el bolsillo del Gordo.

Una de una serie limitada de doce

que fabricó el Gobierno Provisional en 1823

y forma parte del botín que han robado en el Banco de España...

Dejaba una moneda a su víctima, será hijo de puta...

No jefe, no, todo esto es absurdo.

El Gordo estaba mintiendo.

A lo mejor leyó en los periódicos que Aldanza

dejaba monedas a las prostitutas que mataba...

¡Qué sé yo!

Pero lo único cierto es que Aldanza está muerto y hace mucho tiempo.

Solo hay una manera de averiguarlo.

Ustedes dirán que era millonario,

pero debió de gastarse todo el dinero en vida...

como debe de ser, ¿qué falta hacen aquí los billetes?

Señor no está enterrado en esta parte del cementerio.

Esto es muy macabro.

Le dije mil veces que quitara esto de aquí.

Aquí es donde quiero enterrar a Clara,

hasta que yo venga a su lado...

Sigamos.

¿Viene alguien a visitar esta tumba?

A los que están enterrados en esta parte del cementerio

no los visita nadie.

Son todos delincuentes, gente sin familia...

bastante han tenido con tener cristiana sepultura...

¿Se queda conforme?

Quiero desenterrarle.

Es Paco Pepe.

El pájaro de uno que trabajaba aquí.

Se marchó sin decir adiós,

y el bicho se ha quedado en el cementerio.

Esto no va a ser agradable.

Voy a ir al Banco de España y después pasaré por casa de Víctor.

¿Se ha quedado solo?

No, no he dejado a Tormenta vigilando

por si se le ocurre hacer alguna tontería,

que me avise...

No se ha movido de ahí desde que llegó...

Intenta que coma algo.

¿Cómo está Víctor?

¿Cómo estás tú?

Hace poco quería que Víctor y Clara me llamaran Juan...

Nada de Juanito, que ya no era un niño...

Y, ahora me siento pequeño...

Todos nos sentimos pequeños...

Hemos perdido mucho...

Víctor la quería muchísimo...

Es que no puedo imaginarnos sin ella...

Él, tampoco...

Las cajas de seguridad que no lograron abrir

han sido repartidas por diferentes bancos de la ciudad

hasta que la cámara esté rehabilitada.

-¿Tenemos ya un conteo exacto de las cantidades sustraídas?

-El Gobernador del Banco de España les facilitará una información

mucho más precisa al respecto...

Señor Eguilor.

-Robaron tres colecciones de monedas antiguas,

una caja de piedras preciosas, pagarés...

Pero lo más importante es el oro:

hablamos de algo más de tres toneladas,

casi un tercio de las reservas...

El monto total ascendería

a quinientos veintisiete millones de pesetas...

-¿Cómo pudieron entrar y salir sin llamar la atención?

-Señor, ayer era sábado.

El Banco estaba cerrado y todos nuestros agentes

en los alrededores de la joyería Marabini.

Creo que está al tanto de los hechos que allí sucedieron...

-¿Y usted, está al tanto de que este robo

es la bancarrota del país?

-Tres toneladas es mucho oro...

No pueden haberlo hecho desaparecer...

-Algunos vecinos dicen haber visto unas diligencias en la calle

de los Madrazo.

En esa misma calle, en el número siete,

en el sótano este es desde donde se escavó el túnel...

Suponemos que sacaron el oro por ese túnel

y, luego, en las diligencias, fuera de Madrid...

-¿Alguna idea de adónde exactamente?

-Todavía, no.

-Esto no puede hacerse público.

La peseta caería a mínimos históricos

y la nación no puede soportar ahora una crisis de semejante magnitud...

-¿Cuántos hombres están al tanto?

-Los aquí presentes y algún miembro más

de la Metropolitana.

-¿Por qué no está Víctor Ros aquí?

-Señor, el inspector Ros no está en condiciones

de encargarse de este caso; tenga en cuenta que su esposa...

-¿Se da cuenta de la situación a la que nos enfrentamos?

Dios nos libre de la guerra con Estados Unidos,

pero la situación en Cuba y Filipinas

no da para muchas alegrías y menos aún después de lo del Maine.

-Desde la voladura, la prensa americana

insiste en hacernos culpables del desastre.

Están decididos a llevarnos contra las cuerdas...

-Si esto sale a la luz,

este año de 1898 puede ser el del fin de nuestra nación.

Lamento la muerte de la esposa del inspector Ros,

pero cuando un soldado va al frente,

no tira el mosquetón al suelo cuando cae un amigo...

¿me entiende?

-Le entiendo perfectamente, señor.

Pero, mientras tanto, le pido que confíe en el resto de miembros

de la Metropolitana...

-¿Quiere confianza?

Recupere el oro.

Entonces, creeré en su palabra más que en la del Santísimo Padre.

-¿Tenemos alguna novedad, Carballo?

-Estamos tratando de identificar a todos los implicados

en el robo de la joyería, pero, no es fácil...

La mayoría son de fuera de Madrid...

-Es decir, que no tenemos una mierda, Carballo.

¿Cómo lo está llevando Ros?

Necesitamos tener de vuelta al hombre de siempre...

No creo que volvamos a ver al Víctor Ros que conocíamos...

¡Hombre!

¿No se le habrá perdido otro muerto?

El pájaro. Paco Pepe se llamaba, ¿verdad?

No sé por dónde andará...

Me interesa su dueño.

¿El Tarso?

Sí, el Tarso

¿Cuánto hace que no aparece por aquí?

Hace un par de semanas... Desapareció

y me dejó con todo el tajo.

La gente ya no respeta ni los días de fiestas pa'morirse...

Mire, señor, yo no sé lo que le habrá dejado a deber

ese desgraciado del Tarso,

pero yo no tengo nada que ver con él...

¿Con quién se movía? ¿Lo viste con Aldanza?

¿Aldanza, el muerto?

¡Sí, el muerto! ¿Lo viste con él?

Yo con el Tarso solo trataba aquí, en el cementerio.

Y tampoco mucho.

Me crucé con el una vez por la Cava Baja...

Creo que tenía una habitación en el callejón.

(Pájaro)

No ha salido de casa, señor.

Bien.

¡Jefe!

¡Jefe!

¡Maldita sea!

Le prometo que no he perdido ripio, señor; si se ha ido,

no ha sido por la puerta...

O al menos yo no lo he visto...

-Inspector Ros,

buenas tardes ¿Podríamos ayudarle en algo?

No es a ti a quien busco.

Aldanza...

¿dónde estás Aldanza?

¡Da la cara!

¡Esta vez te voy a matar con mis propias manos!

¿Con sus propias manos? ¿está usted seguro de eso, Ros?

Porque no es cosa fácil acabar con un fantasma.

Aunque yo podría acortarle el camino a usted...

Es curioso, verdad Ros,

cómo en unas pocas horas

se puede pasar de ser el mejor policía del país,

a convertirse en un perdedor.

Curioso y, por cierto,

acompañarle en el sentimiento

por el desgraciado incidente con su esposa.

Nadie esperaba que terminara así.

De hecho,

he pensado que le gustaría conservar lo que fue a recoger para usted...

Una verdadera lástima que no pudiera entregárselo personalmente...

Y si tuviera algo de fe,

te diría que lo saludaras de mi parte...

¡vámonos!

¡Alto!

¡Jefe!

¡Jefe!

¡Jefe, jefe!

¡Míreme, míreme, míreme, míreme!

Respire

¡no, no me haga esto, por favor!

no me haga esto, ¡aguante!

¡Un médico, necesito ayuda!

Es cuestión de tiempo; pero se va a poner bien.

¿Pero y por qué no puedo pasar a verle?

-Está muy débil; Y ya sabes que es muy orgulloso;

no iba a gustarle que le vieras así...

(Estruendo)

¡Maldita sea, jefe!

Vamos, tranquilo.

Necesito salir...

¿Pero se ha vuelto loco? Se le pueden abrir las heridas...

No me puedo quedar en esta cama...

Blázquez... Necesito algo para el dolor...

Tengo que ir a por ellos...

Escuche, no sabe lo que dice.

Ya le hemos dado todos los calmantes que podíamos darle...

¡No, no, necesito más!

Tranquilícese, por favor, vamos Crespo, ayúdeme.

Vamos jefe.

No.

Tranquilo, tranquilo...

Jefe, tiene dos pinchazos con mala baba...

Hasta que la cosa cicatrice, no se va a poder mover...

Y si lo hace, la cosa se puede poner muy fea...

Es lo que ha dicho el doctor...

¿Qué estáis haciendo todos aquí?

Usted es lo más importante ahora...

Jefe,

no voy a permitir que se muera...

Necesito un favor.

Ya le he dicho que tengo que hablar con la señora.

Los marqueses están ocupados, señor...

Tendrá que volver en otro momento.

Blázquez, disculpen, ¡pero que sorpresa!

...No se preocupe Salvador, yo me encargo,...

No quisiera molestarla.

Pero, ¿qué dices? Pasa y sírvete una copa.

Acabamos de llegar de Viena.

Nos hemos traído con nosotros a Madame Paladino;

tienes que ver sus trucos...

Lola, Lola, mucho me temo que esta no es una visita de cortesía...

Tengo que decirle algo.

¿Cómo has dejado que te hagan esto...?

Has venido...

¿Acaso pensabas que no lo iba a hacer?

¿Y a tu marido le ha parecido bien?

Ernesto opina poco sobre mi vida. Al igual que yo de la suya.

Por lo visto, es norma común en la alta sociedad...

La única diferencia es que nosotros así somos felices.

Siempre supe que serías una marquesa perfecta.

Lo siento,

lo siento mucho...

Necesito salir de esta cama.

Ahí fuera están los que organizaron todo esto,

los que mataron a Clara;

si sigo aquí encerrado,

se van a escapar de la ciudad.

Víctor, necesitas descansar...

Descansar, ¿para qué?

Clara está muerta...

Yo solo voy a descansar cuando...

¿Hasta que tú también mueras?

Nadie en la comisaría va a atrapar a esta gente, nadie.

Solo pido una oportunidad.

Su último regalo.

¿Qué quieres que haga?

¿Quieres que te mande de cabeza al hoyo?

-¡Ya le he dicho todo lo que sé!

-¿Quién te dijo que mandaras a Ros a ese callejón?!

-No lo había visto en mi vida.

Me dijo que si volvía el policía preguntando por el Tarso...

que lo mandara a su casa. Y me dio unos billetes...

-¿Cómo era ese cabrón? ¿No tenía nombre?

-¿Aldanza?

-Yo le juro que no sé cómo salió de la tumba.

Pero ése fue el nombre que me dio.

-Hazle el papeleo,

éste se va a tirar una buena temporada en la sombra.

-Yo no sé cómo podía vivir aquí dentro.

No se puede respirar con este olor a alpiste...

-No hay nada más que basura.

Señora, ¿sabe si su inquilino recibía visitas?

-No llevaba más de un mes en la habitación.

-¿Esto qué es?

Las cocheras de Diligencias y Postas Generales...

-De ahí sacaron los carruajes del golpe a la joyería...

-¿Y no lo denunciaron?

-Y ahora, ¿qué hago yo con todo esto?

-Puede quemarlo, señora.

A Tarso no le va a hacer ninguna falta en el cementerio...

-Al final, te vas a convertir en un buen policía...

No hagas que me arrepienta de esto...

¿Cómo se encuentra?

Creo que algo mejor, pero ahora necesita dormir...

Lo que no sé es si mañana tendrá fuerzas para asistir al funeral...

No, gracias.

Me gustaría haber entrado a verle esta noche...

Quería estar solo.

¿Y Juan? ¿Va a ir al funeral con su esposa?

Salieron de casa de los Alvear.

Han estado toda la noche en el velatorio.

No sé de dónde saca las fuerzas para ponerse en pie...

Memorare, O piissima Virgo Maria,

a saeculo non esse auditum,

quemquam ad tua currentem praesidia, tua implorantem auxilia,

tua petentem suffragia, esse derelictum.

Ego tali animatus confidentia, ad te, Virgo Virginum,

Mater, curro, ad te venio, coram te gemens peccator assisto.

Noli, Mater Verbi, verba mea despicere;

sed audi propitia et exaudi.

Amen.

(Pájaros)

Carballo y Aitor fueron a las cocheras de las Postas Generales

porque pensaban que los carruajes los habían robado de allí...

Pero esto es un callejón sin salida, Blázquez,

porque los coches que faltan no coinciden con los que había

en la joyería...

¿De qué modelo eran esos carruajes?

Víctor, ahora lo que importa es que usted se recupere.

Deje esto en nuestras manos... Estamos deseando tenerle de vuelta.

Y, entonces, le prometo que Aldanza,

si es que fue él, estará entre rejas...

Jefe, hay un coche fuera esperando.

¿Por qué no va al médic...

Tengo otras cosas que hacer...

¿Cuánto has tomado?

Lo suficiente...

No te preocupes;

sólo hasta que las heridas se curen...

¿Y ahora qué vas a hacer?

Resolver el caso más importante de mi vida.

Ojalá sea así,

solo espero que sepas cuándo tienes que parar...

Y que cuides de él,

porque te necesita.

Cuidaré de él.

Prométeme que vas a tardar mucho tiempo en ocupar esa tumba...

Te lo prometo.

Aún me quedan muchas cosas por hacer...

Quiero ayudarte.

Lo sé, Juanito.

Pero esto tengo que terminarlo solo.

Lo entiendes ¿verdad?

Quédate en casa de Blázquez;

y nos vamos a ver más pronto de lo que tu crees.

¿Ya sabes quién lo hizo?

Todavía no.

Pero muy pronto voy a resolver el acertijo.

El acertijo:

¿Qué es lo que hasta

el ser mas insignificante de la tierra puede encontrar,

y Dios en todo el Universo jamás hallará?

...Un semejante.

Todos los seres podemos encontrar un igual, salvo Dios,

que solo hay uno.

Eres un genio, Juan.

¿Me has llamado Juan?...

Ven, acércate...

abrázame.

(Pájaro)

¿Sabes una cosa, Blázquez?

Hasta hace bien poco, todos los científicos de Europa

pensaban que esa ave no tenía patas...

Y sin patas, ¿cómo iba a posarse en ningún sitio?

Por eso la llamaron Ave del Paraíso.

¿Y esta clase de biología natural, no podría dármela en casa,

mientras le atiende el médico?

Fueron los taxidermistas de Nueva Guinea

quienes les cortaban las patas para que duraran más...

Y nosotros nos lo creímos...

Como yo hice con la idea de que Aldanza estaba detrás del robo...

Otra maniobra de despiste, como lo de la joyería...

He sido un idiota Blázquez...

Ni vaciaron el ataúd de Aldanza ni él se fue por su propio pie.

Solo les bastó cambiar la lápida a una tumba vacía...

Fíjese en la tierra;

no hay raíces...

esto no lleva aquí ni dos semanas.

Entonces... ¿Aldanza...?

Aldanza estará enterrado en algún nicho sin nombre.

Los gusanos deben haber dado buena cuenta de él...

Estamos como al principio.

No, es evidente que están bien organizados,

pero sólo había una forma de saber

dónde estaría Clara la mañana del sábado,

¿quién estaba al tanto de que iría a recoger esa medalla?

¿quién estaba al tanto de mi homenaje?

¿quién puede entrar y salir de una comisaría

sin llamar la atención?

Un policía.

¿Qué está haciendo, señor?

Somos policías, ¿no?

Sólo cumplo la ley más vieja del mundo:

ojo por ojo.

¡No! ella se queda...

Jefe, jefe, la esposa no tiene nada que ver.

¡Arrodíllate!

¡Aitor! ¿Qué está pasando?

-Tranquila, tranquila, Elisa.

Mírame.

Jefe, no.

Señor Ros... ¿qué he hecho mal?

¡Dímelo tú!

Hemos ido a comisaría

y nos han dicho que has venido a ver a tu esposa

¿De qué se está muriendo? ¿De tuberculosis?

Vaya ¿por eso vendiste a Clara?

¿Para pagarle este sanatorio de lujo?

¡Yo no he vendido a nadie!

Debí darme cuenta en la joyería...

Eres listo, pero también eres un cobarde.

No habrías disparado si no fuera para salvarte a ti

y no a mi.

Ese hombre no iba a dispararme, ese hombre tenía miedo a morir,

así que seguramente hubiese declarado en tu contra,

lo hubiese contado todo, ¿verdad?

Tu les dijiste dónde estaba Clara la mañana del sábado.

Tu eras el encargado de ese homenaje.

Di algo Aitor, di algo, por los clavos de Cristo.

Di que nada de esto es cierto, dilo, ¡dilo!

Nos vendió, Blázquez, nos vendió.

Luego, en la joyería cogió la medalla

y se la dio al que mató al Gordo...

¿También les diste la idea de hablarme de Aldanza?

¿Cuánto dijiste que hacía que había muerto?

Cuatro años y siete meses...

Yo no sabía que iba a acabar así...

Te tenía por un amigo Aitor.

Yo te abrí las puertas de la Metropolitana,

te lo enseñé todo...

Déjelo, por favor...

Creía que eras un hombre leal...

¿Quién vino a hablar de lealtad?

Cuando llegué a la brigada,

me hicieron mil promesas;

iba a ser el mejor trabajo del mundo...

pero, ¿qué cumplió? Nada.

Sólo le interesaba su propio beneficio.

Sus artículos en la prensa.

Su palacio con la señorita Alvear...

Y, mientras tanto, los pobres desgraciados

como nosotros, muriéndonos de hambre...

¿A eso lo resumes todo? ¿Al dinero?

¿No habría hecho usted cualquier cosa

con tal de salvar a su esposa...?

Yo necesitaba ese dinero...

Jefe, jefe, usted no es así

¡No me toque!

Tranquilícese, por favor.

¿Quién te pagó, Aitor?

¿Quién te pagó?

¿Y luego, qué?

¿Esperar a que vengan a pegarme un tiro por chivato?

Tú eliges.

Jefe, jefe, jefe...

¡He dicho que no me toque!

Sarabia, Sarabia, Sarabia...

Sólo sé que se llama Sarabia...

Él pagaba los gastos de Elisa...

sólo quería que le dijera

cómo hacer para llamar la atención de toda la policía.

De usted.

Yo le dije a Clara que fuera a por la medalla...

¿Dónde te veías con el tal Sarabia?

En la calle del Salitre,

en el número once...

Blázquez tiene razón.

Yo no soy así.

Yo no soy como tú.

Lo siento...

-¡Arena de San Isidro, azul y blanca, el arenero!

-¿Has pedido el carruaje?

-Ahí está, esperando.

-Refresca, tendría que haberme cogido la pelliza.

-Por algo lo dirán, en Madrid nueve meses de invierno

y tres de infierno.

(Ruido)

Creo que esta moneda es tuya...

Le felicitaría, inspector Ros,

pero creo que llega usted demasiado tarde...

Que no tenga nada que perder, juega en tu contra, Sarabia.

¿Y usted no debería de estar ahora mismo poniendo flores

en la tumba de su amada esposa?

Ven aquí, ven aquí,

tú no eres más que un peón, ¿verdad?

Todo esto te viene grande...

A lo mejor, al que le viene grande es a usted.

Llevároslo a los calabozos.

A ver si tiene tanto aguante como dice...

Vamos, vamos.

Antes mártir que confesor...

¡Blázquez!

No, ¡Blázquez, no!

No, ¡ven aquí!

¡Dime quién está detrás de todo esto, dímelo, dímelo!

¡No!

Cianuro...

Señor, sé dónde se han llevado

el oro que robaron del Banco de España.

Ros... ¿de qué está usted hablando?

Hemos dado con el hombre que organizó el golpe;

según los archivos que he consultado,

a ese hombre se le dio por muerto hace dos años

en un accidente en la mina de Matildes, en La Unión.

Su nombre es Ángel Sarabia.

¿Y cree que fue allí donde contrató al Gordo,

el artificiero?

Exacto, el problema es que ha ingerido un veneno

y no hemos podido interrogarle, eso sí,

hemos encontrado esto en su bolsillo.

Esto no tiene ni pies ni cabeza...

Señor, la cantidad de oro que robaron

no la podían transportar por los caminos.

Esas diligencias que robaron en la Casa de Postas,

son de un modelo especial, me lo dijo Carballo.

Sí, no coincidían con las que había en el atraco a la joyería.

Porque son las que se usaron para robar el oro.

Esas diligencias se pueden encastrar en un tren,

y luego se convierten en vagones de correo.

Luego se fueron directamente a la Estación de Atocha

y desaparecieron.

¿Y este sinsentido?

Es un telegrama cifrado, algo rudimentario.

El cono de Apolonio nos puede ayudar,

a falta de la vara original...

El oso. Veinticuatro de febrero.

Medianoche.

El sábado, justo una hora después

de que se produjera el atraco al Banco de España,

salió un ferrocarril que hace la línea Madrid-Cádiz.

Una de las estaciones de parada es Linares,

allí desengancharon algunos vagones.

Lo sé porque en el mando de puesto de Jaén me lo han confirmado.

En Linares,

hay un café cantante conocido como "El Oso".

Señor, sabe que soy el único que puede encontrar ese oro...

Tiene que darme carta blanca para partir de inmediato.

¿Es consciente de cuánto nos jugamos?

(Tren)

Emma vive en Lisboa.

La esposa de Blázquez te la acompañará con ella.

Estarás bien con la hermana de Clara,

y un tiempo fuera de Madrid...

Víctor, quiero ir a contigo Linares.

A lo mejor os puedo ayudar en algo...

Lo sé, pero no es seguro, Juan.

Y yo ahora no te puedo perder, eres lo único que me queda.

Ven aquí...

¡Jefe!

jefe, nos tenemos que ir,

el tren está a punto de partir.

Pórtate bien.

Este es el plan,

estarán esperando a Sarabia.

Buendía ha ocultado su muerte.

Yo estaré en la taberna.

Deje que den las doce de la noche

y, entonces, entre...

Quien sea, estará esperándole,

entre la gente del café. Usted, búsqueme.

¿Qué va a ser?

No pienso quedarme... y usted tampoco.

Debemos fingir una pelea.

¡Que alguien llame a los guardias!

La posibilidad de que vengan los guardias,

le asustará.

Se irá corriendo del café al notar que el asunto se puede poner feo...

¡Blázquez, Blázquez!

¡Ostia!

Por ahí, se fue por ahí, por la calle Riscos.

Le han dado fuerte,

¿se encuentra bien?

Está ahí dentro, le queremos vivo.

¡Quieto, no tienes escapatoria!

Ah, ¿Sí?

¿y quién dice eso?

El que se acaba de encamar con tu madre.

A la madre ni la miente,

que todavía te meto un tiro entre pecho y espalda.

Entonces le voy a dejar a deber el servicio que me ha hecho.

Que guasa tiene usted, gachó,

solo le digo una cosa,

por aquí dicen que los cojos tienen muy mala leche.

¡Alto!

¡Quieto, alto, alto!

¡Blázquez!

¡Blázquez! ¿estás bien?

Estoy bien, estoy bien, jefe, estoy bien, estoy bien.

Que no escape, que no escape...

Ahora sí que me cago en la madre que lo parió...

Tranquilo, ¡tranquilo compañero!

¿Esto es lo que me mandan cuando pido refuerzos?

¿Las sobras de la capital?

¿Es que no había ningún militar disponible?

¿Qué hago yo ahora con dos policías cojos?

El cojo es él.

Yo solo tengo unas heridas en el estómago,

pero muy pronto estaremos bien, capitán.

Y de sobras, nada.

El inspector Ros tiene una hoja de servicios

que se podría enmarcar...

Como la actuación en la joyería Marabini, ¿no?

Creo que el premio por ese servicio,

es que estén hoy aquí, en Linares...

Señores: esto es la Guardia Civil.

Si yo hubiera estado al mando,

estaríais ahora mismo en un barco rumbo a Cuba.

¡Hércules!

-¿Capitán?

-¡Hágase cargo de los nuevos!

Espero que aprendan algo

con esta "colaboración"

entre las fuerzas del Estado.

Llévatelos, que se presenten ante el Sargento Giralda.

-A sus órdenes mi capitán.

Hay que buscar un par de mesas, o por lo menos, unas sillas,

que no veo yo que aguantéis mucho tiempo de pie...

Tajo no os va a faltar; que aquí en Linares,

todos los días son fiesta...

Sargento Giralda, los de la capital...

-Adelante.

Bienvenidos a Linares, señores

¿Un clarete para celebrar...?

Señores,

creo que no hemos empezado con buen pie....

-Acérquense no se lo pierdan,

les voy a relatar las maravillosas hazañas de Víctor Ros,

el mejor policía de España,

y tal vez, del mundo entero.

Es una de una de las 12 monedas

que hizo el Gobierno provisional, en 1870,

una de las cuales, desapareció ese día.

Usted cree, que el sargento Giralda,

está implicado en el asunto.

Lo que creo es que esta mañana nos ha mentido tanto,

como nosotros a él.

¿De dónde has sacado esta moneda?

No es habitual encontrar algo así...

Nos la dio el Estepeño.

-Con esto es suficiente para darnos avío.

-No tienes ni idea,

cómo se las gastan los bandoleros de Sierra Morena.

-Usted nos sabe, que es que le quiten,

a uno que es lo que más quiere.

¿Y porque nadie hace nada contra esos Bandoleros?

Y qué van a hacer... La Sierra es un laberinto,

y nadie mejor que el Estepeño la conoce.

A lo mejor ha llegado el momento de que abandonemos la aldea.

Aquí nadie va a tener que abandonar este pueblo.

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Víctor Ros - T2. Capítulo 1: Ave del paraíso

20 jul 2019

Has pasado 3 años desde que Víctor Ros acabará con Aldanza. La vida sonríe al inspector. El atraco a una importante joyería dará un un vuelco a su vida y pondrá en peligro el destino de España. Su nueva y peligrosa misión le conduce a Linares (Jaén) una ciudad en pleno auge a finales del s. XIX.

Histórico de emisiones:
03/11/16

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