www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.0.3/js
2950015
No recomendado para menores de 12 años Víctor Ros - Capítulo 1: El misterio de la casa Aranda - ver ahora reproducir video 01h 15 min
Transcripción completa

¡Ay!

Buenas noches, madre. Buenas noches.

¿Qué hace cosiendo a estas horas?

Hay que trabajar para vivir.

No hace falta, que para traer dinero a casa, ya me valgo yo.

¿A quién le has robado esta vez? A alguien que le sobraba.

Hijo, si te viera tu padre... Padre trabajó como un esclavo.

Y cuando enfermó no pudo pagar un médico.

A mí no me pasará lo mismo.

¿Están todos en sus puesto? Sí.

Venga, conquense, di lo que te ronda por la buhardilla.

-Robar una joyería es demasiado para nosotros...

Somos tironeros y chirleros.

¿Estás o no estás con nosotros?

Estoy.

-Hay moros en la costa. Yo me encargo.

Si me pasa algo, la que manda eres tú, Juana.

¡Cómo va a mandar ella, si es una mujer!

Es una mujer. Pero tiene más cojones que muchos hombres.

Venga, vamos.

Silbato

¡Eh!

Te tenemos, cabrón.

Venga, chaval, baja.

Ten cuidado, no te vayas a romper una pierna.

Así que tú eres el famoso Víctor, el extremeño.

Saca todo lo que lleves encima.

Cuando digo todo, es todo. Los brazos.

¿También robas libros? No lo he robado. Lo compré.

¿Que lo compraste? Pero ¿tú sabes leer, zagal?

Más que tú, murciano de mierda.

¿Cómo sabes que soy murciano?

Tú sabrás, zagal.

-Señor, han robado en una joyería de la calle Pozas.

Dicen que han sido unos chavales.

Llévatelo a los calabozos.

Blázquez, ven conmigo. Eh, mi libro.

¿Qué, chaval, debutas?

Oye, que te estoy hablando... -Déjalo, Montoya.

La primera vez siempre es la peor.

Y el primer bofetón,

el que más duele.

¿Por qué te han detenido?

Por ser pobre.

Ríen

-Nos ha jodido mayo... Como todos los que estamos aquí.

-Tú eres un chirlero, ¿verdad?

¿Por qué lo dices? Porque yo también empecé así.

¿Quién te ha detenido? Martínez.

-Buen tipo.

¿Buen tipo?

¡Es un policía! -Todos tenemos nuestro trabajo.

Nosotros robamos, él nos detiene. Pero sin rencor.

Si te lo encuentras en una taberna, te invita a vinos.

¡Estáis locos!

-No. Lo que estamos es acostumbrados, chaval.

-Ya conocerás a otros peores, como Ortigosa.

Sí. El muy cabrón me dio tal paliza,

que casi confieso hasta lo que no había hecho.

Esta vez me han pillado porque he querido.

Pero no pienso volver más aquí.

-Volverás. Todos volvemos.

Fíjate en Luis Candelas, como él no ha habido nadie.

Y le dieron garrote vil.

Así que te gustan las aventuras de Ulises...

¿Por qué? Siempre consigue lo que busca,

aunque tenga enemigos más fuertes.

Eso se llama astucia.

Y tú, ¿qué buscas en la vida, extremeño?

Si quieres le digo a Blázquez que pase,

tiene la mano más ligera.

Solo busco no ser menos que los demás.

También buscas que tu madre no trabaje como una esclava.

Lo sé. Pero eso no se consigue robando joyerías.

¡Yo no he robado ninguna joyería, joder!

¡Blázquez!

¿Les han pillado? Todavía no. Esta es tu parte.

Uno de los tuyos le llevó estas alhajas a tu madre.

Y tu madre me las ha traído.

Te voy a hacer una oferta, Víctor.

Mírame. He hablado con tu madre

y le he pedido que te deje bajo mi tutela.

A cambio, le conseguiré un trabajo digno, con un sueldo suficiente.

¿No tiene usted hijos? No. ¿Por qué?

Porque parece que quiera que yo lo sea.

O eso

o es que es usted maricón.

Llévatelo a los calabozos.

¿Qué tengo que hacer? Estudiar.

¿Para qué?

¡Para que salgas del hoyo del que casi nadie sale!

Esta es mi dirección.

Te espero allí a las tres en punto.

Si te retrasas un minuto, lo entenderé como un "no".

No tengo reloj.

Toma. Piensa muy bien lo que decides, extremeño.

Y ahora, vete.

Vamos, vete.

Me parece que se ha quedado usted sin reloj y sin preso.

¿Por qué hace esto?

Este chico es especial.

Sabe leer, pese a ser pobre.

Con 14 años manda a chavales más grandes.

Y nos ha engañado como tontos para robar una joyería.

¿Conoces mejores virtudes para ser policía?

¿Quiere convertir a un chirlero en policía?

En policía no, Blázquez.

En el mejor policía.

¡Víctor, espera!

¿Qué haces aquí, Juana? No nos puedes dejar, Víctor.

No puedo fallar a mi madre.

¡¿Y a nosotros, sí?!

Tú eras el que no se conformaba con robar carteras, y te seguimos.

Nos hemos jugado el pellejo por ti, ¿eso no cuenta?

Aquí es. No entres ahí.

No te conviertas en uno de ellos.

Es la hora.

¡Eres un traidor! ¿Me oyes? ¡Un traidor!

¡Un traidor!

¡Bienvenido, inspector Víctor Ros!

Croquetas de bacalao, mis preferidas.

¿Y esto? Ah, el potaje que tanto le gustaba a mi madre.

Lo hago una vez a la semana.

Y dejo la ventana abierta para que le llegue el olorcillo al cielo.

Gracias, doña Angustias,

por lo que hicieron por nosotros.

La buena gente se merece que la ayuden, Víctor.

Estamos muy contentos de tu vuelta.

Nos tenías muy preocupados con lo de Asturias.

Fueron tiempos duros. Pero ya pasaron.

Venga, que se enfría. Vamos.

¿No vas a bendecir la mesa? Ya la hemos bendecido a mediodía.

A Dios no hay que molestarle,

tiene muchos asuntos que resolver, como yo.

Ahora que Víctor está aquí,

podría ayudarte. Por ganas no será.

Pero en poco le puede ayudar el alumno al maestro.

¿De qué se trata?

Un asesino de prostitutas.

"Ya ha matado a cuatro".

Hubo un caso parecido en Londres. En el 88, creo.

Sí, el de Jack el destripador.

El asesino de estas mujeres se le parece mucho.

"Es como un fantasma al que nadie ve".

Jack el destripador sigue libre, y mató once mujeres.

Tenía entendido que fueron cinco.

Probablemente, el resto era obra de un imitador.

Eso me ha dicho Aldanza. ¿El nuevo comisario?

Ojalá lo fuera. No.

Hizo fortuna y ahora dedica su ocio

a investigar científicamente.

Me está ayudando. Me encantará conocerle.

Será pronto. Mañana cenamos con él. Te encantará.

Es un caballero.

Me regaló un ramo de flores el día de mi cumpleaños.

Otros se gastan su dinero en fiestas,

él en luchar por una sociedad mejor.

Ojalá hubiera muchos así en España.

Señor inspector.

A sus órdenes. Menos formulismos, Blázquez.

La experiencia es un grado.

Usted es inspector y yo sargento.

No dejó a Don Armando que le soltara.

Intentó convencerme, pero no pudo.

Le presento al agente Crespo. -A sus órdenes.

De momento, no somos más.

Nos llaman la nueva Brigada Metropolitana,

pero somos cuatro gatos.

¿Y la mesa del señor Ros? Esta mañana la traen, señor.

¿Qué tal su hija? Será toda una mujer.

Guapísima. Tiene ya 14 años. Déle recuerdos.

Dígale que se mejore del catarro.

¿Cómo sabe que tiene catarro?

Por tres razones. La primera: sus ojeras.

La segunda: siempre ha sido elegante

y lleva una corbata horrible.

Eso solo puede significar

que algo le ha hecho pasar la noche en vela.

¿Y la tercera razón? La principal y definitiva.

Antes de entrar,

nos hemos encontrado con mujer y nos lo ha contado.

-Señor, acaban de encontrar a otra mujer muerta.

¿Cerca de una iglesia? Sí.

Crespo, acompáñeme.

Encárguese de hacer las presentaciones con el comisario.

¿La has descubierto tú?

Ve soltando las monedas que había junto al cadáver.

No había nada, señor. ¿Quieres ir al calabozo?

Allí se divierten mucho con los chavales como tú.

Corre anda, corre.

Su currículo es intachable.

Tres años infiltrado con los radicales asturianos

desactivando la célula más importante del norte.

Ah, y su famoso caso de Figueras.

Por cierto, ¿cómo supo que el asesino de ese marqués fue su hijo,

y no el anarquista que habían detenido?

Porque no me fío de las primeras apariencias.

Pues va a tener un caso donde aplicar sus método.

Anoche se produjo un intento de homicidio.

Una joven, Aurora Alvear, casada hace un par de semanas

intentó matar a su marido.

-Si ya sabemos quién es la culpable, con detenerla

Y lo habríamos hecho de no ser porque

es la tercera vez que ocurre en esa casa.

La primera vez fue hace 40 años. -Eso suena a una maldición.

No me diga que cree en fantasmas.

¿Yo? No, no, pero que a veces pasan cosas inexplicables, sí.

A primera vista impresiona.

A ver si es verdad que cree en fantasmas, Blázquez.

¿Y usted, comisario, también cree en espíritus malignos?

-Vayamos dentro, nos esperan.

Mi hija no ha recuperado el raciocinio

y el médico ha prohibido que se incomode a mi yerno.

Cualquier pregunta que tengan que hacer, me las harán a mí.

-Y las cumpliremos, don Augusto.

Si tiene algo que preguntar, pregunte ahora.

¿Qué relación tenían su hija y su marido?

-Inmejorable, apenas llevaban dos semanas casados.

Algo iría mal si su hija le acuchilló.

Es esta casa, está embrujada.

Si hubiera conocido su fama, no la habría comprado.

¿Cómo ocurrieron los hechos?

De noche, mi hija Aurora bajó a la biblioteca,

cogió un libro y, tras leerlo, fue a la cocina a por un cuchillo.

Y luego ya saben lo que pasó. ¿Qué libro era?

"La divina comedia". Estaba en el suelo.

¿Podemos verlo?

Mi hija Clara está en la biblioteca. Les atenderá.

El comisario y yo tenemos cosas de qué hablar.

-Sí, vayan ustedes.

-No se dejen llevar por su imaginación.

Es amante de las novelas de detectives,

y a veces pierde el contacto con la realidad.

Comisario, por aquí. -Sí.

-De la mujer que lea, huye: que siempre es fea.

Madre, madre.

No es tan fea.

-Juro que dejé el libro en su sitio, lo juro.

¿Qué está pasando aquí?

¿Y quién es usted para querer saberlo?

El inspector Víctor Ros. Sargento Blázquez.

Vaya, perdonen. Mi madre se ha desmayado.

¿Me permite?

¡Víctor, espere!

-El libro... Arreglado.

El libro se ha convertido en cenizas. Es obra del demonio.

Madre... Nuria, llévesela a sus aposentos.

-Sí.

Soy Clara Alvear. Gracias por su ayuda.

Veo que es usted un hombre de acción.

A veces no queda más remedio... ¿Qué ha ocurrido?

Mi madre venía a quemar el libro maldito.

Pero no ha hecho falta, se ha quemado solo.

¿Eso es posible?

Blázquez, sujete aquí.

¿Qué hace?

Recogemos las cenizas para analizarlas.

Y otra cosa. Sé que no será del agrado de su padre,

pero nos gustaría interrogar a todos lo que durmieron aquí anoche.

Yo me encargo de ello.

Además de doña Aurora y su esposo, el señor Donato,

dormimos Gregorio, el mayordomo y yo.

El resto trabaja hasta la hora de la cena.

¿Qué recuerda de anoche?

Estaba cogiendo el sueño cuando empecé a oír unas voces

que hablaban bajito... Unas voces. Como unos susurros.

-Si usted lo dice, eso serían. -¿Y qué decían?

"Sucubus" o algo así. ¿"Sucubus"?

-"Sucubus".

-¿Qué quiere decir? Nada especial, tranquila.

¿Qué pasó después de las voces?

"Luego me levanté y vi a la señora en la biblioteca".

"Cogió un libro y empezó a leer cosas muy raras".

-"Descendimos del puente por la testa,

donde se une a la orilla, (VOZ) "Sucubus".

y entonces la fosa fue manifiesta...".

-Señora, ¿le ocurre algo?

Después la vi coger el cuchillo en la cocina.

Y fui a buscar al mayordomo.

"Cuando llegamos a la habitación, ya le había metido tres cuchilladas".

Menos mal que Gregorio le quitó el cuchillo, porque si no lo mata.

¿Qué ocurrió después?

-Intenté parar la hemorragia del señor con un torniquete.

Antes de eso, ¿no oyó algo raro?, algo como "sucubus".

No. Tengo un sueño muy profundo.

¿Cuánto hace que trabaja aquí? Toda la vida.

Cuando el primero, mi madre era ama de llaves.

Yo tenía tres años. En el segundo era criado.

Se cerró la casa, nadie quería comprarla.

Fueron 10 largos años. -¿Y ha vuelto aquí de nuevo?

-Cuando supe que tenía inquilinos, vine y me contrataron.

No tiene miedo a la leyenda.

-Tengo más miedo a las personas que a los espíritus.

Puede retirarse.

-Es el mayordomo. Estuvo aquí las tres noches chungas.

Sí. Y la primera vez tenía tres años.

Estaríamos ante el asesino más joven de la historia.

Lo mismo eso le marcó y repitió la faena.

Fue el primero en atenderlo. Nadie cura a quien quiere matar.

No se fíe, lo mismo hizo Perdigón.

¿Quién es ese? El miura que mató a Espartero.

Le mostró nobleza y al tercer capotazo, lo corneó.

Le siguen gustando los toros.

En los toros se aprende más que en la universidad.

Yo prefiero el teatro, allí los muertos son de mentira.

¿Cuándo va a terminar todo esto?

¿Conocías a la víctima?

Trabajaba aquí cuando yo llegué hace un año.

Pero se quedó embarazada de un cliente

y luego la dejó tirada en la calle.

¿Sabes quién es? Se llevó el secreto a la tumba.

Le había jurado a su novio que no se lo diría a nadie.

¿Cómo se puede ser tan ingenua?

¿Sospechas de algún cliente de la casa?

Aquí vienen ministros, militares periodistas,

empresarios de intachable reputación...

¿Cree que le dejarían interrogar a alguno de ellos?

¿Por qué no dejas esto, Lola? Eres muy joven.

¿Y trabajar de criada para que me folle el señorito de la casa?

Aquí cobro más por lo mismo. ¿Por qué no deja usted la policía?

¿Por qué me preguntas eso?

Policías y putas nos parecemos.

Ustedes son sargentos, inspectores, guardias...

Nosotras somos putas de lujo, de tugurio y las de la calle.

Además, a los dos nos pasa lo mismo.

Vemos la basura que guarda la gente,

pero tenemos que guardar sus secretos.

Disculpe si le he molestado.

Sé que usted es el único que se preocupa por nosotras.

"El señor Aldanza esperaba a dos personas".

Sí. La otra no tardará en llegar.

Espere aquí, por favor.

Si desea comunicarse conmigo,

solo tiene que llamarme por el primer tubo y acudiré.

¿Esto como funciona? Muy sencillo.

Cada uno está conectado con una parte de la casa.

El de arriba llevaría su voz a la zona de servicio.

Vaya. Magnifico artilugio.

Si me disculpa.

Es un honor conocerle, señor Ros. El honor es mío, señor Aldanza.

Tiene usted una biblioteca magnífica.

Galton, Bertillon, Lombroso, los grandes de la criminología.

Gracias.

Lástima que no se hayan editado en castellano todavía.

Eso no es problema.

Armando me dijo que habla inglés y francés.

Mi padrino se empeñó en que estudiara.

Encontrar a un policía español que hable idiomas es un hecho insólito.

Puede usar mi biblioteca cuando lo desee.

No lo repita dos veces.

Ese debe ser su padrino. Salgamos a recibirlo.

¿Qué datos tiene del asesino?

Sabemos que es un hombre.

Por la fuerza y porque las mujeres no suelen actuar así.

Son más discretas, no buscan el espectáculo.

Cierto.

Por la trayectoria de la herida,

nuestro hombre mide unos 180 centímetros.

Ataca de frente

y la herida está siempre en el costado derecho. Es zurdo.

Y la incisión es mortal. Sabe de anatomía, sin duda.

¿Un médico?

Un militar bien adiestrado... Sea quien sea, es alguien pudiente.

Deja 30 monedas de plata junto a cada víctima.

Con eso, una familia puede vivir bastante.

30 monedas.

Lo que le dieron a Judas por vender a Cristo.

Se está vengando de alguien con esas mujeres.

Hay otro dato, todas las víctimas habían sido madres.

No creo que sea un dato relevante.

Muchas chicas acaban haciendo la calle por quedarse embarazadas.

Si son criadas, las echan de las casas.

Y si son prostitutas, las echan.

¿Y que tal lleva el caso de la señorita Alvear?

No te sorprendas, el señor Aldanza tiene contactos en todas partes.

Me han dicho que el señor Alvear está fuera de sí.

No me sorprende.

Primero, la crisis económica, y ahora lo de su pobre hija.

¿Crisis económica? ¿No lo sabía?

No.

Fue víctima de una estafa por parte de un banco.

Lo increíble es que le estafaron con el mismo método piramidal

que usó la hija de Larra en el 78.

¡Si levantara la cabeza...!

Ha tenido más imitadores su hija robando que él escribiendo.

Si le puedo ayudar...

Sí. Me gustaría saber si Aurora Alvear

tiene verdaderamente fiebres tropicales...

¿O está siendo envenenada?

Tráigame una muestra de su cabello y lo averiguaremos.

A veces creo que lo suyo es magia.

Es ciencia, amigo.

Estamos en una época de adelantos que van a cambiar el mundo.

Y para bien.

Angustias no te perdona que estés en una pensión.

Mañana le enviaré un ramo de rosas. No sé si bastará.

Buenas noches.

Y gracias por presentarme a Aldanza.

Haremos grandes cosas juntos, ya lo verás.

Hasta mañana.

No tan deprisa, amigo.

No llevo nada. Eso ya lo veremos.

¿Luis?

¿Víctor el extremeño?

Señor. Si me permite, señor

yo me fumo el puro, que usted no tiene mucha práctica.

Gracias.

Veamos. En este plato hay un trozo de cuero.

En este, las hojas de un libro. En un tercer plato,

Crespo está vertiendo las cenizas de ese puro que casi me mata.

Fíjense.

¿Qué pretende? ¿Quemarnos el edificio?

Es un sencillo experimento, señor comisario.

En este pañuelo están las cenizas del libro

de la biblioteca. ¿El que dicen que se quemó solo?

Dígame cuál de las tres cenizas aquí expuestas

es similar a las de este pañuelo.

Las del tercer plato.

¿Querían engañarnos con un puro?

Quieren que creamos en fantasmas.

Y está dentro de la casa.

Averigüe quién es. Le doy una orden:

no vuelva a arrojar agua a la señora Alvear.

Su marido está muy molesto.

Pero... Ni peros, ni peras.

No le gustó que interrogaran a los criados.

Pidió que solo habláramos con él.

¿Y cómo se puede investigar un crimen sin hablar con los testigos?

Con mucho cuidado.

Don Augusto es un grande de España.

Y lo que es más importante: amigo de Cánovas.

Una queja suya y estamos todos de patitas en la calle.

Ahora el presidente es Sagasta, ¿no?

-No me extraña que se confunda.

Es un quítate tú "pa" ponerme yo...

Crespo, a ver cómo va lo de mi mesa. A sus órdenes, señor.

Sánchez, consígame una pizarra, la más grande.

Blázquez, interrogue al anterior propietario de la casa Aranda.

Hágalo con tacto: será familiar del último asesinado.

Yo seguiré investigando.

Lo mismo eso no le gusta al comisario.

Estoy aquí para investigar, no para hacer política.

¿Cenizas de tabaco?

De puro habano.

No puede ser. Alguien dejó las cenizas...

El libro.

Vuelve a estar aquí. ¡Madre del amor hermoso!

Debe ser esta.

Es parte del Canto XXIV,

el dedicado a los ladrones y a los castigos que les esperan:

"Descendimos del puente por la testa..."

No siga, no sea que pase algo terrible otra vez.

No se preocupe: no hay ningún fantasma.

Sólo alguien que quiere engañarnos.

Pues, desde luego, nos está engañando muy bien.

Si me disculpan...

¿Cómo ha podido saber la página que leía mi hermana?

Fíjese: la esquina superior derecha estaba doblada...

Alguien tenía interés en que su hermana abriera por aquí.

¿Puedo llevármelo? Claro.

Ayer se fue sin interrogarme.

No estaba aquí la noche de los hechos.

¿No tiene preguntas que hacerme?

Yo le puedo decir cosas que mi padre nunca le diría.

De acuerdo. Pero entonces mejor ir a otro sitio.

"In nomine pater et filii et spiritus sancti".

Que Dios perdone sus pecados, amén.

¿No va a rezar un padrenuestro por su alma?

Pero si era una prostituta.

¿No lo era María Magdalena y era amiga de Cristo?

Está bien, rezaré un padre nuestro.

Y tres avemarías.

Reza en latín

¿Cómo se llevaban su hermana y su marido?

Mal. Mi hermana se casó porque la obligó mi padre.

Estaba enamorada de otro hombre, un pianista.

¿Pudo convencerla de matar a su marido?

No es capaz ni de matar a una mosca.

Y es pobre.

Por eso su padre casó a su hermana con el señor...

Donato Vergel.

Así es. Pero se equivocó.

Es un vividor que quiere nuestro dinero, no darnos el suyo.

Aunque mi padre no tiene ni idea.

¿Cómo sabe usted eso?

Leí una carta de una amante que tiene en Barcelona.

Sería usted una buena policía.

Ya me gustaría. Pero soy mujer. Y a las mujeres en este país

no nos dejan ni votar, como bien sabe.

¿Su padre también leestá buscando marido?

Sí, pero la va a dar igual.

Yo me casaré con el hombre que quiera.

Ese hombre será la envidia de todos los demás.

Eso que me ha dicho es precioso.

¿Le puedo pedir un favor muy especial?

No debe saberlo nadie.

Lo que usted quiera.

¿Podría darme una muestra de los cabellos de su hermana?

Ni ha notado que le arrancaba el cabello.

No sé. Está como...

Lo siento. No he dormido. He pasado la noche

cuidando de mi hermana.

Me hace estar especialmente sensible.

No hay nada más digno que llorar por quien se quiere.

Conclusiones de lo que llevamos visto y comprobado.

Augusto es un mentiroso arruinado. ¿Cómo lo sabe?

Me lo dijo anoche el señor Aldanza y esta mañana su hija.

Casó a Aurora buscando la fortuna del tal Donato Vergel.

Pinchó en hueso, que diría usted.

El apuñalado es un vividor

que se casó buscando la fortuna de los Alvear,

sin saber de su ruina. Justo castigo.

¿Sabe algo del anterior propietario?

Sí, el señor Rojas es hijo del último asesinado.

Lógico que quisiera vender la casa. Nadie quería vivir allí.

Ha estado cerrada diez años hasta que llegó don Augusto.

Precisamente por la leyenda de la casa,

regateó el precio de la venta. Y ahora viene lo mejor:

Alvear hizo un seguro de vida a su hija y a su marido.

Si éste la palma, el dinero del seguro pasa a su hija.

Así que uno más en el ajo.

No es el último: también está Faustino.

Ese es nuevo.

Es el antiguo novio de Aurora. Un pianista.

Tendremos que pedir otra pizarra si seguimos sumando sospechosos.

Y no lo entiendo.

Está demostrado con testigos que Aurora apuñaló a su marido.

Y no una vez. Cierto.

¿Qué seguimos investigando?

Si no fuera de buena familia, éste caso ya estaría cerrado.

Tiene razón. Pero hay algo que no cuadra:

El estado de Aurora, su inconsciencia.

Es tan víctima como su marido.

¿Sabe algo de la leyenda? Rojas no quiere hablar del tema:

Dice que hablemos con la madre del mayordomo.

Vive en un asilo por San Bernardo.

-¡Ya tengo su mesa, señor!

-¡Crespo! ¡Ésa es la mesa de mi jefe!

-¿Cuánto tiempo lleva con ella? -Dos años.

-Dentro de dos años te la devuelvo. ¡Eh! Y sin rechistar.

Podríamos haber cogido el tranvía. No se queje, nos viene bien andar.

Lo dirá por usted. Será por ahí.

El señor Barbosa

volvió rico de Filipinas. Hará de eso más de 40 años:

yo era una jovencita. Háblenos de el.

Estaba casado con una filipina.

Se llamaba Genoveva. Era guapísima.

Y muy apasionada.

Había noches que no se podía dormir del...

Bueno, ya se pueden imaginar.

-Nos lo imaginamos.

-Volvió rico de Filipinas.

Dicen que traía un tesoro enorme en baúles

y habían hecho una obra

para hacer habitaciones ocultas donde esconderlo.

¿Por qué tenían que esconderlo?

Se lo había robado a unos piratas holandeses,

en un lugar llamado el Rincón del Diablo.

Vino uno de ellos, era muy rubio, un tal van Hook.

-Te creía muerto.

Discutió con el señor Barbosa.

Le acusaba de haberle robado su parte del tesoro en Filipinas.

El señor Barbosa le apuntó con una pistola

y le amenazó con matarle. ¿Qué pasó luego?

-Lanzó una exclamación en un idioma extraño y se fue.

Jura en otro idioma

-¡Fuera de mi casa!

Lo peor viene después:

La señora no paraba de llorar.

Hacía ceremonias por la noche.

Mató a su marido y la ingresaron en un manicomio.

-¡Por los clavos de Cristo!

¿Alguna vez se escucharon voces en la casa?

Susurros que dijeran palabras extrañas. "Sucubus".

¿Ha vuelto a pasar?

Sí. ¿Cuándo los oyó?

Cuando los nuevos dueños de la casa...

Una noche la señora mató a su marido.

¡Cinco putas muertas! ¿Y qué tenemos. ¡Nada!

Si fueran cigarreras o costureras, no las llamaría por su oficio.

Diría cinco mujeres muertas. ¿Va a decirme cómo debo expresarme?

Le pedía un respeto a las fallecidas.

Y yo le pido que atrape al asesino.

Le he dado lo que me ha pedido.

He dejado que hiciera las autopsias Armona.

Aldanza.

¡Cómo se llame! ¡Deje de corregirme, que soy su jefe!

Suerte ha tenido de que ese Alenza tenga los contactos que tiene.

Si no, ¿de qué?

Sabemos cómo es el asesino, su altura, que es zurdo.

Pero no saben quién es, que es lo que importa.

Hay que detener a alguien y cargarle las muertes.

¿A quién?

A quien sea. Anda que no hay maleantes.

¿Aunque no sea el asesino? No puedo esperar más.

Los periódicos quieren hablar y no les puedo frenar.

Si se hace público tendremos testigos.

¿Está usted loco? ¿Y manchar nuestra imagen?

El pueblo necesita buenas noticias.

Y más ahora que vamos a entrar en guerra.

¿Otra vez África?

No. Otra vez, Cuba.

Mañana empiezan a salir tropas para La Habana.

Por eso necesito dar buenas noticias. Y usted me las va a conseguir.

Tiene dos días. ¿Y si no lo consigo?

Quedará fuera del caso.

¿Le queda claro?

Es impresionante.

Debería ver los de Scotland Yard.

Eso es una policía moderna.

¿Me trae lo que le dije? Sí, aquí está.

Huele a lilas.

¿Sabe que la lila violeta simboliza el primer amor?

No.

Es precioso.

Y preciso.

Es un Carl Zeiss. Me lo regaló su creador, Ernst Abbe.

Un físico y matemático. -¿Y para qué nos servirá?

-Nos permitirá ver aumentado el cabello de doña Aurora.

Échele una ojeada a esto.

Fíjese en la raíz y el tubo. La pigmentación es uniforme.

Y harían falta más análisis, pero si quiere mi veredicto,

esa muchacha no ha sufrido envenenamiento alguno.

Me fío de usted. No es un tema del que sea experto.

Un día las policías tendrán en su plantilla científicos expertos

que resolverán crímenes sin salir de los laboratorios.

-A los carteristas se los trinca en la calle.

¿Puedo?

-Mire, mire. Como si estuviera en su laboratorio.

-¿Eso es un pelo? -Efectivamente.

Si no hay envenenamiento,

debo plantearme líneas de trabajo más...

Más... ¿Esotéricas?

Por decirlo de algún modo.

Yo no creo en esas cosas,

pero tengo un viejo amigo que sabe mucho del tema.

¿Quiere que concierte una cita?

Les repito que aquí no hay ningún tesoro.

Dejen eso inmediatamente.

Antes me gustaría hacerle una pregunta.

¿Cuánto hubiera ganado su hija si su marido hubiera muerto?

Encargó un seguro de vida. ¡Es indignante!

Mañana mismo voy a pedir al comisario que les retire de este caso.

-No debió preguntarle eso.

¿Qué buscan en realidad?

Una cámara hueca. Tuberías ocultas.

Blázquez, aquí suena a vacío.

Salga y dé unos golpecitos desde el otro lado de la pared.

¿Le sirvió de algo el cabello de Aurora?

Temía que fuese víctima de un envenenamiento.

Afortunadamente, no es así.

Pero sigo sin saber qué la mantiene en ese estado.

¿Qué hay al otro lado? Una habitación de invitados.

¿Me puede guiar hasta allí?

Eres maravillosa, Lola.

Por eso me pagan.

Quiero sacarte de esta vida. Quiero que vivas como una señora.

¿A cuántas como yo les has prometido lo mismo?

¡A ninguna!

Cásate conmigo, Lola.

Quiero que seas mía para siempre.

¿Y no te vale con que sea tuya otro ratito?

Ven aquí.

No, ven tú aquí.

¿Cómo se atreve a apartarle del caso?

Quiere resultados. Y no se los estoy dando.

Debe luchar, no puede venirse abajo.

Es el maestro de todos nosotros.

El maestro está muy cansado, Víctor.

No cambia nada en nuestra policía.

En Inglaterra, en Francia,

los métodos científicos avanzan.

En Argentina han resuelto un crimen por la huella del dedo.

Países que un día fueron nuestros, han avanzado más.

Y ahora, otra guerra con Cuba.

¡Qué pena! Miles de jóvenes llevados al matadero.

¡A cenar!

No puedo quedarme. Tengo guardia.

Buenas noches. Hasta mañana.

"Sucubus".

¡Aurora! ¿Qué te pasa?

"Sucubus".

"Sucubus".

"Sucubus".

"Sucubus".

¿Está bien?

¿Qué hace aquí? Venía a relevarle en la guardia.

Gracias.

Gracias.

¿Donato Vergel? -¿Quiénes son ustedes?

-El sargento Blázquez y el inspector Ros.

-No quiero hablar. Pues tiene que hacerlo.

¡Esto es un atropello!

Jefe, tal vez... Déjeme hacer, Blázquez.

Además, serán sólo dos preguntas.

¿Hubo algo que le extrañara al llegar a la Casa Aranda?

Sí. Que don Augusto no tuviera un real.

Si llego a saberlo, no me caso con la estirada de su hija.

Estirada y asesina. ¿Sabe que está enferma?

Lo único que sé es que está loca y me lo ocultaron.

Voy a separarme de ella, le pediré la nulidad a la Iglesia.

¡Quiero salir de esa casa cuanto antes!

Se oyen voces, ruidos.

Yo no creía en esas paparruchas de los espíritus, pero esa casa

me da miedo.

En cuanto consiga lo que me deben,

me vuelvo a Barcelona. ¿Le debe dinero?

Me prometió que, en cuanto encuentre prometido,

se resolverá nuestra situación. O eso o hago pública su ruina.

Yo también tengo mis contactos.

¿Quiere casar a Clara? Sí.

Es tan estirada como su hermana, o peor.

Organiza manifestaciones para pedir el voto femenino.

¡Lo que le faltaba a este país! ¡Que votaran las mujeres!

Venga, alcánceme el vaso de agua, que se me ha quedado la boca seca.

Llame al enfermero: yo no soy su criado.

¿Cómo, si me ha alejado la campanilla?

Haga usted algún esfuerzo en su vida.

Vamos.

Oiga.

Sir Arthur Williams,

antropólogo, psicólogo y experto en asuntos paranormales

y, a pesar de esto último, gran amigo mío.

-Un honor, Aldanza. ¿En qué puedo ayudarles?

Una joven en trance ha intentado asesinar a su marido.

¿No hubo un caso parecido en Madrid?

Hace diez años. Lo conocemos.

Lo que le cuento ha ocurrido en la misma casa.

¡Eso es fantástico!

-Dígale eso al pobre marido.

El ataque ha ocurrido tras escucharse una palabra:

"Sucubus". ¿Le dice algo?

Puede ser una clave. ¿Una clave?

Por lo que cuenta, una de dos:

o esa mujer es una farsante y está imitando el asesinato anterior,

o está hipnotizada.

Ni María Guerrero conseguiría una interpretación así.

Explíqueme lo de la hipnosis.

Hay mentalistas que convierten a sus hipnotizados en esclavos.

Introducen en su memoria una clave, una palabra.

Cada vez que el hipnotizado oye dicha palabra,

es como si recibiera una orden, y la ejecuta.

Esa muchacha, ¿ha vuelto en sí o sigue en trance?

Sigue en trance. Y no es víctima de envenenamiento.

-¿En qué piensa?

-Sólo he visto a dos mentalistas capaces de eso:

Uno, un cubano llamado Lautaro.

Un hombre gordo, grande y negro como la noche.

El otro genio se llama Uberti.

-Es italiano, seguro.

-No, era su... "nickname". Apodo.

Un personaje de "La Divina Comedia".

Puede ser nuestro hombre.

Lo dudo: cumple pena en Londres por estafa.

Uberti ha conseguido lo que nadie había logrado:

mantener a una persona en trance casi un año.

Fue en París y la hipnotizada, también era una mujer.

Creo que me voy a pedir otro chocolate.

Me van a detener, lo sé.

-¿Quieres calmarte de una vez?

-Es fácil cuando no tienes un policía frente a tu puerta.

-No tienen pruebas, ni las tendrán.

-Te dije que bastaba con una muerte.

-Eso lo decido yo.

-Vámonos adonde no nos conozcan. Adonde podamos olvidar todo.

-Si te quieres ir, vete. Pero yo no quiero olvidar.

-Brunetto suena ridículo. Prefería Uberti.

¿Alguna novedad? El "Modus operandi" es el mismo.

El que la mató sólo se adelantó a la naturaleza.

Mire esta pústula,

la paciente estaba enferma de sífilis.

Nos abre una vía de investigación.

¿Alguien a quien había contagiado? Es una buena pista a seguir.

Pronto detendrá al culpable, ya lo verá.

Eso a ella le servirá de poco.

¿Otro libro?

Sí. Y fíjese: está doblada la esquina

de la página que leyó mi hermana.

Parece cosa de fábula.

-Sal ahora mismo, debo hablar con estos señores.

¿Cómo han tratado así a mi yerno? ¿No saben lo que es la educación?

¿Sabe lo que es una investigación?

¿Se atreve a responderme?

Iré a ver al comisario Buendía.

Les juro que voy a conseguir que les destinen a la policía colonial.

¿Cuántas veces te he dicho que es de mala educación fisgonear?

-¡No dé un paso más, don Augusto!

¡Y ustedes, las manos arriba!

¿Y éste quién es? Faustino, el pianista.

Ya nos conocemos todos.

Usted arruinó mi vida separándome de Aurora.

Ahora va a pagar por ello.

¿Un registro de enfermedades contagiosas?

No sabe usted lo que pide.

Los hombres que vienen aquí están avergonzados.

La sífilis no se contagia en las bibliotecas.

Habrá que evitar que se propague.

Será más fácil encontrar un remedio.

¿Cómo dice que se llama la prostituta?

Emilia Fuentes, La Coronela. ¿La conocía?

Nunca la traté, pero un paciente mío

culpaba a esa mujer de haberle contagiado.

Un motivo para vengarse.

Sin duda. Voy a mirar en mis archivos.

Todo sea por ayudarle a encontrar al asesino de esas pobres mujeres.

Le doy su nombre, pero,

No diga que se lo he dado yo, no debería hacerlo.

¿Sabe cuál es su oficio?

Trabajaba en el Matadero Municipal, ¿por qué?

¿Me permite, por favor?

Aurora y yo éramos el uno para el otro.

La casó con ese indeseable por dinero.

Le voy a matar, don Augusto,

le voy a matar.

Si le va a matar, mátelo de una vez,

que es más denso que una obra de Echegaray.

¿-Qué dice, majadero? ¿Le gusta Echegaray?

¡Siéntese o le pego un tiro!

Apúntele a él, se lo merece.

La ha liado por casarla con quien no quiere.

¿Quiere usted que me maten?

No tenga miedo. Éste hombre no le va disparar.

Baje el arma ahora mismo.

¡No lo haré!

Piénselo bien.

Soy policía. Usted es pianista. Y no ha cogido un arma en su vida.

Contaré hasta tres.

Uno,

dos

y tres.

-¡Quieto!

Vamos, Blázquez. Nos llevamos a este infeliz a comisaría.

Perdón. Gracias.

¿Puedo hablar con usted?

Espéreme fuera.

¿Se encuentra...?

Vaya tomándole declaración. Siéntese ahí.

Se ha dado bien la jornada.

No crea. Y a usted, ¿qué tal?

Tengo un sospechoso. Ginés Cañas.

La última le había contagiado la sífilis.

No es mal motivo para matar.

Ya veremos. -Don Armando,

ya tiene al sospechoso en el calabozo.

Ahora voy.

Ven esta noche a casa. Es importante.

Sobre todo si no puedo probar que Cañas es culpable.

Allí estaré.

¿Sabe lo que le puede caer por su estupidez?

No se puede ir pegando tiros por un desengaño amoroso.

Las calles de Madrid estarían llenas de cadáveres.

-No me importaría que uno fuera el mío.

-Si le sirve de consuelo, el marido de su amada

va a pedir la nulidad a la Iglesia.

-Da igual. Ya nada será lo mismo. Aurora ha cambiado.

¿A qué se refiere?

Cuando la casaron por la fuerza cayó en la desesperación.

Me rehuía.

Decía que le dolía verme.

Un día la seguí.

La vi entrar en una casa de la calle Mayor.

¿Sabe a quién iba a ver?

A un vidente, un tal Doctor Brunetto.

Es nuestro hombre.

¿La Coronela está muerta? Me alegro.

En mala hora la conocí.

¿Por qué la mató? Sabemos que le contagió la sífilis.

No es difícil saberlo, mire.

Por esto me despidieron del trabajo.

Por eso pegué a mi jefe.

Toda la vida trabajando allí y cuando caes enfermo,

te dejan en la puta calle.

Parece que usted da puñetazos con mucha facilidad.

Ha sido detenido varias veces.

Cuando bebo me vuelvo un estúpido.

Pero no soy un asesino, se lo juro.

¿Cuándo fue la última vez que vio a La Coronela?

Hace dos meses. Fui a buscarla,

le dije que estaba enferma. Le dio igual.

Siguió ejerciendo y contagiando a sus clientes.

Si hubiera tenido valor, la habría matado yo.

¿Cuándo la mataron? Lo sabe: anoche.

Estaba en la iglesia de San Miguel.

Se lo pueden decir más de 20 personas,

que estaban conmigo rezando por nuestra curación.

Hable con el cura: se lo puede confirmar.

Vaya, es usted religioso.

No lo era. Pero esta enfermedad solo me la puede curar un milagro.

Puede quedársela, por las molestias.

Suéltale, Sánchez: no es el asesino. ¿Por qué está tan seguro?

Este hombre es diestro, Sánchez. Y el hombre que buscamos es zurdo.

Perdonen el retraso, estaba a punto de irme.

Como no tenía a nadie citado...

Es lo que tenemos los policías, no pedimos cita.

¿Policías?

¿No querrán que les descubra quién fue el asesino

del general Prim?

No nos interesan los casos antiguos. Preferimos la actualidad.

¿Puedo? Sí, por favor.

Veo... Veo un sargento de la Brigada Metropolitana llamado Blázquez

que va hacia un tipo con un turbante ridículo y se lo quita.

Necesita un peluquero, doctor Brunetto.

¿Prefiere que le llame Uberti? -¿Cómo lo ha sabido?

Farinatta degli Uberti y Brunetto Latino.

Los dos son personajes de "La Divina Comedia".

Su buen gusto literario le ha perdido.

Nunca he detenido a nadie tan estrafalario, lo juro.

-Pronto me dejarán en libertad. ¿Intuición o predicción?

No he hecho nada. -¿Por qué iba a verle Aurora Alvear?

-Era infeliz. Estaba casada en contra de su voluntad,

venía a preguntarme si volvería con su antiguo amor.

¿Conoce a un tal Gregorio, mayordomo de los Alvear?

Una vez acompañó a Aurora hasta aquí. Es un hombre con un aura maligna.

Tuve que pedirle que esperara fuera. Perturbaba la paz de los espíritus.

Buenas noticias: ya tenemos al culpable.

Era el mayordomo. Se ha ahorcado. Ha dejado una carta confesando.

El culpable es este hombre.

¿Sí?

¿Sabe por qué el libro maldito

volvía a aparecer en la biblioteca?

Yo se lo diré: porque el mayordomo lo cambiaba.

Tenía una caja con diez ejemplares de "La Divina Comedia".

Suelten a este payaso y vayan a la casa Aranda. Les espero allí.

¿Quién ha bajado el cuerpo? -Me lo ordenó Buendía.

El señor Alvear le dijo que limpiara esto cuanto antes.

¡Deje eso!

¿Y que me despidan? ¡Fuera!

-Es el dibujo del medallón de Uberti. El Sol de Filipinas.

Vamos a ver qué más encontramos.

Gregorio no se ha suicidado.

Lo acabo de encontrar en su habitación.

¿Quién compra un billete de tren a París y se suicida el día antes?

Pues como no le haya ahorcado el agente Crespo, ya me dirá.

Sólo estaban en la casa la criada, mis hijas y mi mujer.

No tienen fuerza para hacer eso. No. Le han obligado.

-El mayordomo no pudo superar su culpa y se ha suicidado.

El caso está cerrado.

Me voy al Ministerio a notificarlo. -Le acompaño.

¿Qué piensa hacer?

Necesito su ayuda.

Martínez, bienvenido.

Lola está con un cliente, no creo que tarde.

¿Quiere una botellita de champán?

Se lo agradezco,

pero mi sueldo no alcanza para esos dispendios.

Sabe que usted no tiene que pagar en esta casa.

Mire, ahí viene Lola.

Buenas noches, don Armando. Ya me encargo yo.

Gracias por todo, inspector. Doña Rosa.

Lola. Te estaba esperando. Lo siento, pero estoy ocupada.

¿Prefieres ir con este viejo? Deje de molestar.

¿Me lo vas a impedir tú? Tranquilo.

Espera y luego tendrás la mejor noche que puedas soñar.

Yo no te he invocado. No te he invocado.

¡Clara!

¿Sorprendida?

Les presento al verdadero culpable, el doctor Uberti

o Brunetto, como ustedes quieran llamarlo.

Pese a su túnica, no es ningún fantasma.

Es uno de los mejores mentalistas del mundo.

¡Le ordené que le soltaran!

Y no le obedecí. Este hombre hipnotizó a Aurora.

Con una sola palabra, Aurora recibía una orden que tenía que cumplir:

matar a su marido.

Y la palabra era... -"Sucubus".

Exacto.

¿Por qué Aurora no ha salido de su habitación esta noche?

La atamos a la cama, madre. La palabra se decía desde la cocina

y se extendía a través de un mecanismo ingenioso,

similar al de un buen amigo.

¿Recuerda nuestros golpecitos en la pared?

-Sí. No buscábamos un tesoro,

sino tuberías que comunican unas habitaciones con otras.

Gregorio conocía dicho mecanismo. Uberti, también.

Fueron cómplices en el asesinato ocurrido aquí hace diez años.

¿Y en este no? Se negó a colaborar.

Por eso corrió a salvar la vida al marido de Aurora aquella noche.

Esta vez quien dijo la maldita palabra fue la criada.

¿Cómo sospechó de ella? Fue quien descubrió el cadáver.

Intentó borrar el mensaje que dejó Gregorio para avisarnos.

¿El Sol de Filipinas?

El mismo que decora el medallón de este indeseable.

La habitación era un puro desorden. Su criada quiso limpiarlo primero.

¡Deje eso!

¿Y que me despidan? Fuera.

Me resultó sospechoso.

Pero ella no pudo cargar con Gregorio hasta la horca.

No. Tenía usted otra palabra clave para Gregorio,

por si ponía en peligro sus planes. Al oírla, se suicidaría.

¿Por qué lo hizo?

-Me ofreció una parte del tesoro. -No hay ningún tesoro.

Eso explíqueselo al señor Uberti. ¿O prefiere que le llame van Hook?

-¿No era el pirata al que le habían robado el tesoro?

Su hijo.

-A mi padre le robaron y le mataron en esta misma casa.

Ese tesoro me pertenece.

-Pues tendré que buscarlo más a fondo.

Hay algo que no cuadra.

¿Por qué no entraron durante los diez años que estuvo cerrada?

Pasó esos años encarcelado en Londres.

Un contacto me informó de ello. Envié un telegrama a Scotland Yard.

Me dijeron su verdadero apellido.

Escapó hipnotizando a los carceleros.

-Asombroso. Solo queda que despierte a Aurora.

-¡No pienso hacerlo! -¿Qué prefiere, pelanas?

¿Cárcel o morir lentamente en el garrote vil?

Relájese y déjeme a mí.

Conmigo no, Lola.

No necesito compasión.

¿Por compasión?

Es usted más hombre que todos los que me follan en este burdel.

Malas noticias, ¿verdad? Si no, no habría venido.

Mañana me van a apartar del caso.

Necesito que me hagas un favor.

Aquí está toda la documentación del caso. Los informes. Todo.

Guárdalo.

¿Aquí?

Estará más segura aquí que en comisaría.

Sobre todo si no la manejo yo.

No le digas a nadie que la tienes.

Sólo hay una persona en la quien confiar.

¿En quién? Víctor Ros.

Es como un hijo para mí.

Y el mejor policía que conozco.

¿Algún problema?

No. Armando quería verme.

Será para contarle que ha resuelto

un caso de manera maravillosa. -¿A qué espera, Humberto?

-¡Me llamo Uberti! -¡Como se llame!

¡Despiértela

o va a descubrir la de cosas que puedo hacer con ese medallón!

-Hay una escalera frente a ti.

Descendiste por ella.

Ahora volverás a andarla.

Sube un peldaño, despacio,

ahora otro.

Sólo te quedan tres peldaños.

¡Alto!

¡Uno,

dos

tres!

¡Ya!

¿Por qué estoy atada?

-¡Cariño! -¿Por qué estoy atada?

Duerma. La próxima vez que la vea no quiero ver esas ojeras.

Don Armando nos espera.

Parece que el asesino tiene un plan.

¡Quieto!

Una bala. Siete milímetros.

No pienso abandonarlas.

Ud. es necesario.

-Nuestro nuevo jefe.

-Soy Raúl Corcolés, el nuevo forense.

-¡Han matado a un coronel! -Ha muerto.

Detenida por matar a su marido.

Ha vuelto a casa. Había desaparecido hacía una semana.

-¡Detenido el asesino de Escobar!

No me creo nada. -No me dé lecciones.

-¿No viene con vosotros? -No.

-¡Por favor, no! ¡Suéltame!

-¿Dónde está mi hija?

¿Quieren matar al presidente Cánovas?

Lo intentarán pronto.

¿Me vas a pegar?

-¡Blázquez!

-¡Quieto!

-¡Tío Víctor! ¡Juanito!

-Encantado. Me quiere casar con él.

Quiero hablar con él.

¿Dónde está Aurora? No lo sé.

-¿Me concede el honor de su amistad?

Pídeme que sea tuya.

Y ese hombre, ¿le corresponde?

Por la brigada.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1: El misterio de la casa Aranda

Víctor Ros - Capítulo 1: El misterio de la casa Aranda

12 ene 2015

Madrid, 1882: Víctor Ros es un humilde muchacho de apenas 14 años que se gana la vida robando con su pandilla. Pese a su corta edad es una pesadilla para la policía de Madrid, que lucha por detenerle. Cuando lo consigue, el inspector Armando Martínez se da cuenta de que el chaval tiene una inteligencia y un instinto que es merecedor de un futuro mejor. Y le ofrece salir de la calle a cambio de cuidar de su madre y de formarle como policía.

Trece años después, tras un complicado destino en Asturias, Víctor vuelve a Madrid, destinado a la recién creada Brigada Metropolitana, donde se reencuentra con don Armando. Preocupado al verle apesadumbrado por no resolver un caso que tiene como víctimas a prostitutas callejeras, Víctor recibe su primera misión: descubrir qué hay detrás de un intento de asesinato en la casa Aranda, hogar de Aurora, la recién casada hija de don Augusto Alvear, hombre de grandes contactos en el gobierno. Aurora, en estado de trance, ha apuñalado a su marido, que ha logrado sobrevivir. Lo que en principio parece un crimen claro, ya que hay testigos, se convierte en un verdadero misterio.

ver más sobre "Víctor Ros - Capítulo 1: El misterio de la casa Aranda" ver menos sobre "Víctor Ros - Capítulo 1: El misterio de la casa Aranda"

Los últimos 114 programas de Víctor Ros

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Norma Michelle

    Que estas en la tv

    12 sep 2016
  2. Norma

    Estas tanbien en la tv? Por favor

    12 sep 2016
  3. Deb

    El capitulo 1 no se carga..

    23 may 2016
  4. Vilma

    Mire los 6 capítulos sin ningún inconveniente para mi excelente!!!!

    28 abr 2016
  5. luciabel

    no funcionaaa... se para continuamente!

    21 feb 2015
  6. Sgrum

    En la escena de los "piratas" usan un revolver Smith & Wesson No.3 (creado en 1870), cosa incongruente. Aparte del uso del revólver, los ropajes son anacrónicos. Según se dice en el capítulo, el pirata holandés es padre del malo. Por lo tanto, puede ser de 100 años antes del episodio, como mucho (antes se moría la gente a los 35-40, de media, si no era rico). Los ropajes corresponden a los piratas clásicos de Salgari, y eso es de 1700, no de 1800. En esa época ya no se usaban puñetas, ni cintos anchos, ni camisas sin botones. El pianista usa lo que parece ser una Astra 960 de 1971. También he visto una foto con un Astra 357 en manos del jefazo de la policía (se nota que es moderno por la empuñadura ergonómica, y ese Astra es del año 1972) Otro detalle a destacar: el Cuerpo de Vigilancia y el Cuerpo de Seguridad no se fusionaron hasta MIL NOVECIENTOS OCHENTA Y SEIS (y entonces se llamaban "cuerpo superior de policía" y "policía nacional", respectivamente) y ponen a los primeros con uniforme cuando les viene en gana y les hacen trabajar juntos en las mismas dependencias.

    19 feb 2015
  7. maria

    A mi también me pasa, da igual lo que intente ver, es imposible!!! y encima cuesta hasta que entre el captcha. Increible

    14 feb 2015
  8. Mariano Aznar

    Tienes razón, parece mentira lo mal que lfunciona una web que es de todos en la que todos ponemos mucho dinero para que funcione bien.

    04 feb 2015
  9. Avatar de Pastora Espinosa Pastora Espinosa

    no se que pasa, pero es que no hay manera de ver programas vuestros, es horroroso lo mal que va la pagina, ni se puede ver HIT la cancion, ni Victor Ros, El ordenador se queda bloqueado, pensando, hoy he intentado ver hit y ha comenzado 5 veces y con saltos...

    27 ene 2015