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No recomendado para menores de 12 años Víctor Ros - Capítulo 6: Las huellas del crimen - ver ahora
Transcripción completa

Hay que sacar a De la Rubia y llevarlo a Viena.

¿Le interesan nuestros criminales? Es el embrión

de una policía europea.

Por el futuro, Osborne.

¿Aldanza también era del sello? De los mejores.

Luego enloqueció.

Vengo a detenerlo.

Le ofrezco investigar el crimen en todo el mundo.

Métase la oferta por donde le quepa.

No me detendrá.

-Intentaba reclutar gente.

Por eso vendría a Madrid. Y por eso sabía tanto de mí.

¡Quieto!

¿Qué hace aquí? Ha matado al diputado Escobar.

-Yo le robé, pero no le maté.

-¿Le ha pasado algo?

Sí,...

...nada que no pueda arreglar.

Ese hombre es inocente.

Lo maté yo.

¿Quieren matarlo? Lo intentarán cuanto antes.

-Ros lo sabe todo. Tenemos que abortar el plan.

-De ninguna manera. Sé cómo neutralizar a Víctor Ros.

Es raro que no hayan llegado. -Se habrán entretenido por ahí.

-¿Ros y el jefe?

No se retrasan. No parecen españoles.

No hay que forzar el trabajo. Vaya faenón hizo ayer Guerrita.

Cuatro orejas y un rabo. Y yo, en casa de mi suegra.

-Comisario, para usted.

El jefe quiere que nos reunamos en su casa.

Es raro, ¿no?

Sus razones tendrá. ¿Y Ros?

Dice que ya está avisado. ¡Vamos!

¡Joder!

Está viva. -Cloroformo.

-Vamos.

¡Santo Cristo!

¿Qué ha pasado aquí?

No lo sé. -¿Cuánto hace que está aquí?

No lo sé. -¿Había alguien más?

No lo sé. -¿Lo ha matado o no?

¡No!

-Blázquez, lléveselo a comisaría.

¿Detenido?

Vamos. Todo se arreglará, tranquilo.

Quiero que se encargue. Interrogue a los criados,

empezando por esa, cuando se despierte.

-¿Y a Ros? ¿Le interrogo también?

-Sí, pero espéreme. Quiero estar presente.

-¿Y a su mujer? -No. De eso me encargo yo.

El regalito viene con el cargo.

¿Sigue sin recordar nada?

Nada coherente. ¿Ni siquiera cómo llegó a la casa?

Ayer nos reunimos en su casa

para hablar de un atentado que se prepara contra Cánovas.

¿Quieren asesinar al presidente?

Sí.

Intentarán hacerlo pronto. El presidente vuelve esta noche.

Mañana hablaré con él.

El Sello de Brandenburgo, Escobar... Estamos ante una conspiración.

¿Los documentos? ¿Qué documentos?

Los que demuestran el complot.

¿No han aparecido? No.

Fernando iba a ver a Cánovas para enseñárselos

y luego iba a reunirse con la Brigada.

¿Y ustedes qué hacían en casa de Fernando?

Nos citaron por carta.

No. La reunión iba a ser en la Brigada.

Todo es una trampa. Es una trampa.

Pues si es una trampa, les ha salido de puta madre.

Sobre todo, teniendo en cuenta que usted está enamorado de su mujer.

¿Lo saben todos? No, jefe. Lo sé yo.

¡Clara! ¿Qué pasa con ella?

Fui a verla.

Dime que no me quieres.

Dímelo y te dejaré en paz.

¡Mire que le gusta meterse en problemas!

Dime que no piensas en mí

y cuando resuelva este caso, me iré lejos de aquí.

¿Por qué me haces esto, Víctor? Porque no puedo más.

Intenté olvidarme con el trabajo. Me engañé siguiendo con Lola.

Pero no puedo olvidarte.

¿Qué le contestó ella?

Ni yo a ti tampoco. Pero ¿qué puedo hacer, Víctor?

Si hiciera caso a mi corazón, me iría contigo ahora mismo,

pero no puedo hacerle eso a Fernando.

No se lo merece.

¿A qué hora ha sido eso?

Antes de las diez. ¿Y después?

Después me fui para comisaría andando.

Usted no ha venido a comisaría.

Lo siguiente que recuerdo es...

Ya lo sabe.

Esto tiene muy mala pinta.

Tiene motivo, estaba allí, su sangre por toda la ropa.

Si hubiera un Víctor Ros por ahí fuera, igual podría solucionarlo.

Pero el único que hay va para presidio.

Deje que me marche.

Con lo que hay, es suficiente para darme garrote.

Necesito estar fuera, demostrar mi inocencia y detener lo de Cánovas.

Debo estar loco.

Venga, pégueme. ¿Qué?

¡Que me pegue! Si no, no se lo va a creer nadie.

No se lo va a creer nadie, de todas formas.

Dígale a Córcoles que establezca la hora de la muerte.

Vale.

Y los documentos. Tienen que encontrarlos.

Pégueme.

Blázquez.

Gracias.

Lo siento.

Hasta mañana. Adiós, Carmela.

Hasta mañana, Petra.

¡Comisario! ¿Ocurre algo?

Se trata de su marido.

¿Está seguro de que ha sido el inspector Ros?

Todo apunta a él.

Espere. Discúlpeme, pero tengo que hacerle unas preguntas.

¿Estaba usted en casa cuando llegó Ros?

¿Cuándo vio a su marido por última vez?

Esta mañana. Serían las nueve. Luego salí a dar mis clases.

¿Y a Ros?

Ayer. Fernando le mostró unos documentos que afectaban

a la seguridad nacional. ¿Seguridad nacional?

Sí. Los encontró en una caja de seguridad del diputado Escobar.

¿Sabe de qué trataban esos documentos?

De un complot para asesinar a Cánovas.

¿Qué le ha pasado? Ros se ha escapado.

Lo que le ha contado Ros coincide exactamente

con lo que me ha contado Clara. Lo de los documentos,

lo de que Fernando iba esta mañana a hablar con Cánovas...

Razón de más para pensar que es verdad.

O que es un plan de dos amantes. Se cargan al marido

y luego salen con la excusa de un complot contra el presidente.

¿Duda de Ros? Ya me dirá.

Los documentos no aparecen.

Y los criados tenían el día libre menos a la que anestesiaron.

Solo lo podía saber la viuda.

Si uno duda de la palabra de un compañero,

ni es policía ni es compañero. Puede marcharse, Blázquez.

Estoy seguro de que le ha dejado escapar.

-Y yo.

Pero bastante grave es tener a un policía implicado

como para tener a más. -¿Se cree lo del atentado a Cánovas?

-Le seré sincero: el Sello de Brandenburgo no me da buena espina.

Y que se haya escapado De la Rubia, tampoco.

-¿Qué hacemos, entonces?

Usted, buscar a Ros. Yo iré a ver al presidente Cánovas.

-¡Ya sé que me quieren asesinar!

Todos los anarquistas quieren mi cabeza.

Y más desde el proceso de Montjuic. -Los tiros no van por ahí.

-Los documentos misteriosos de los que me ha hablado.

Tráigamelos y le creeré. -Sí, señor presidente.

Permítame que le haga una pregunta. -Sí.

-¿Don Fernando de la Escosura le había pedido una reunión?

-Sí. Pero no es ninguna novedad.

Cada semana venía a verme a pedirme más presupuesto para su Brigada.

¡Un inspector de policía que mata a su propio jefe!

¡Es un escándalo!

-Haríamos bien en no descartar otras posibilidades.

-A ver si lo entiendo.

Encuentran a ese inspector en el lugar del crimen,

con las manos manchadas de sangre.

-Sí, señor.

-¡Quiero la máxima dureza con Ros! ¡Un castigo ejemplar!

¿Algún problema?

-Señor presidente,

Ros

se ha escapado.

-¡Santa inutilidad!

Es usted comandante, ¿no es así, Buendía?

-Sí, señor. De Infantería.

-Pues encuentre a Ros cuanto antes o le mando a Cuba.

Allí necesitan gente de su experiencia.

Nada más.

-Así que te persigue la policía. Has vuelto a tus principios.

Ya está. Eso parece.

Gracias. Supongo que tendrás que esconderte.

Pues sí.

Tranquilo. Tengo un escondrijo cojonudo.

Antes te encontrarían en la jungla de Filipinas que allí.

También necesito que Blázquez sepa dónde estoy.

Sin problema. ¿Cómo lo harás?

Si se puede quitar algo de un bolsillo sin que se den cuenta,

también se puede meter algo, ¿no?

Lo preguntaré por última vez.

¿Alguno de ustedes sabe dónde está Ros?

Blázquez, ¿tiene algo que decir?

No, señor. -Permiso para hablar, señor.

-Concedido.

-No sé si el inspector Ros es un asesino.

pero imbécil no es. -Como no se explique mejor..

-El jefe sabe de crímenes y de pruebas más que nadie.

No sería tan tonto como para dejarse pillar.

Que yo muy listo no soy, pero hasta ahí llego.

-Yo opino lo mismo. jefe.

-Y yo opino que como me manden a Cuba,

no me van a picar los mosquitos a mí solo.

¡Eso es lo que yo opino!

-Disculpen. -¿Quién es usted?

-¿Don Fernando De la Escosura, por favor?

Soy Marcelo Picorelli, de la policía metropolitana de Buenos Aires.

Don Fernando me invitó a dar un curso sobre huellas.

Éramos pocos y parió la abuela.

¿Cómo que no está don Fernando en Madrid?

Quedamos en que me recibiría él en persona.

¿Tardará en volver? -Bastante tiempo, me temo.

Yo no he cruzado el océano para nada. Daré el curso igual.

Tal vez no sea el mejor momento.

-Está bien. Iré a hablar con la embajada de mi país.

-¡Espere! Siéntese, por favor.

Dará su conferencia mañana.

No es una conferencia, es un curso de tres días.

¿Y no puede resumir un poco?

Por favor, espere.

Llévele a una pensión y que lo carguen a nuestra cuenta.

-No me vendría mal algo de dinero en metálico.

-Encárguese de todo.

Buena estancia en Madrid, señor Pecorelli.

Es Picorelli, con "i".

¿Se ha traído todo el ajuar? Es material para mis conferencias.

Para que luego digan que el saber no ocupa lugar.

Déjeme una. -Pero con cuidado.

-Disculpe.

Pase, pase.

La diplomacia española no es precisamente exquisita.

¿Y qué se esperaba? ¿El Grand Hotel de París?

Bueno, si no necesita nada...

¿No le ordenó su jefe que me diera dinero en metálico?

Ah, es verdad. Se me olvidaba.

¿Le han escondido en una sacristía?

Aquí nadie sospechará. El cura es amigo de Luis. ¿Alguna novedad?

No. Bueno, sí.

Ha venido un pesado argentino a dar clases de huellas dactilares.

¿Marcelo Picorelli? ¿Le conoce?

Es la mano derecha de Juan Vucetich, de la Policía de Buenos Aires.

¿El primero que ha utilizado

las huellas dactilares para resolver un asesinato?

El mismo.

¿Se puede descubrir a un asesino por la huella?

Y es solo el inicio de una nueva policía, ya lo verá.

Hola. Te traigo ropa. Pero no es de señoritingo.

Gracias.

¿Cómo va Córcoles con la autopsia?

No hay misterio. Fernando murió degollado.

A eso de las 11, 12 de la mañana. 11, 12...

Yo a esa hora estaba...

Usted no sabe ni a qué hora llegó.

Si Clara declarara... Ni hablar. Eso sería mentir.

Y manchar la memoria de Fernando.

¿Han encontrado los documentos del complot?

No.

¿Puede usted asegurar que no mató a Fernando?

No. No puedo.

¿Y ese moratón?

Tiene como un pinchazo.

Me drogaron.

Al salir del aula de Clara, iba andando para comisaría.

¿Para qué tanto lío?

¿No habría sido más fácil matarte junto a tu jefe?

Es verdad. Riña pasional y "pim-pam".

Sí. Y me recuerda a la manera de actuar de alguien.

¿En quién está pensando?

Si se lo dijera, me tomaría por loco.

Tengo un plan. Pero hay que trabajar en equipo.

No será la primera vez.

La última vez que le vi fue ayer por la noche. Hablamos un momento.

¿No lo ha vuelto a ver desde entonces?

No.

Le aviso de que puedo poner este antro patas arriba.

Hágalo. No lo encontrará.

¿De qué hablaron anoche?

¿Está pensando en qué mentira me va a contar?

Yo nunca mentiría a la policía, inspector.

Hablamos de mi boda con el Marqués de Peralías.

¿Se casa con un marqués? Sí.

Y está en el salón. Puede preguntarle.

¿Ha averiguado algo?

En el burdel no está. Y nadie le ha visto por La Cebada.

Siga buscando. Cánovas quiere que encontremos a Ros.

No se cree lo del atentado. -¿Y usted sí?

Yo ya no sé qué creer.

Pero quiero que monte una unidad de vigilancia.

Gente que no dude en matar.

Consiga una foto de De la Rubia.

Si le ven, no duden en disparar.

¿Qué tal, De la Rubia?

¿Preparado para cumplir con lo pactado?

-Me gustaría que antes me explicaran cómo voy a salir de España.

-Aquí están sus billetes de tren:

Madrid-Irún, Irún-París y París-Ginebra.

-¿Y el pasaporte?

-Se lo daremos cuando acabe todo.

-¿No confían en mí? -Sí. Pero poco.

-¿Cuándo tengo que actuar?

-Actuar. Usted siempre tan teatral.

Si le digo la verdad, aún no lo sé. Pero pronto.

Depende de que neutralicemos a un buen conocido suyo:

el inspector Ros.

-¿Quieren que lo mate también? -No.

Tenemos otros planes para él.

Le avisaremos cuando todo esté listo. Lleváoslo.

¿Son los documentos de Fernando? -Sí. Ahora no queda prueba ninguna.

-¿Qué hacemos con Ros?

¿Esperamos a que lo encuentren?

-¿La policía española, encontrar a Ros?

No sea ridículo.

No, amigo Osborne. A Ros

lo encontraremos nosotros.

Búsquese a otra.

¿No sería mejor que te fueras a tu habitación?

Allí no te molestará nadie.

Tienes razón. No pinto nada aquí. Voy a cambiarme.

¿Adónde vas?

Adonde me necesitan.

Señora, tiene usted visita.

¿A estas horas?

¿Qué haces aquí?

No puede estar sola esta noche.

La cosa está así. El jefe está escondido.

¿Y usted sabe dónde está? Sí,

pero negaré saberlo y ustedes, que les he dicho nada.

¿Y esa sonrisa, Córcoles?

Son los nervios. Nunca me había visto en una así.

Si le preguntan por la sonrisa, diga que le ha tocado la lotería

o le doy dos hostias. Que sonreír tanto es sospechoso.

Ros jura que no mató a Fernando

y necesito su ayuda. ¿Puedo contar con ustedes?

Cuente conmigo. -Y conmigo.

La cosa pinta muy fea.

No les podría asegurar que Víctor es inocente.

Yo le creo. -Perdone, jefe.

No nos está preguntando si creemos que es inocente,

sino si vamos a ayudar a Ros, ¿no? Pues ya hemos dicho que sí.

¿Qué hora es?

Las diez. Debo irme.

Tengo una cita muy importante.

Gracias, Lola. No era necesario que te quedaras hasta tan tarde.

Sí. Lo era. Cuando la realidad es una pesadilla,

en los despertares es mejor estar acompañada.

Oye, ¿y esa cita tan importante?

Es con los Marqueses de Peralías. Me voy a casar con su hijo.

¿Con Ernesto? Pero si es... Maricón perdido.

La de vueltas que dais para llamar a las cosas por su nombre.

Es buena gente y es una oportunidad para cambiar de vida.

Hablé con Víctor hace dos días.

Lo sé. Me lo contó esta mañana. Te aprecia mucho, Lola.

Pero está enamorado de ti.

Que la verdad, no estás mal.

Pero yo creo que soy más guapa que tú.

¿Y qué más da ya eso? Lo he perdido todo.

¿Cómo que qué más da? Víctor volverá, puedes estar segura.

Los que le han hecho esto a tu marido lo pagarán.

¿De acuerdo?

Los patrones fundamentales son

el arco, el verticilo, la presilla interna y la presilla externa.

-La presilla es condenadilla.

-Podría hacer sus comentarios más alto,

más que nada para que no se ría sólo el señor Córcoles.

En 1892, dirigidos por el señor Vucetic,

descubrimos que una madre mató a sus dos hijos.

Se había inflingido una herida en el cuello, para culpar a otro.

¿Y cómo descubrieron que era ella?

Dejó la huella de un dedo en una mancha de sangre de la puerta.

-Era la puerta de su casa, normal. -Lo que no era tan normal

es que coincidiera con las que encontramos en el cuchillo asesino.

¿Pudieron encontrar su huella en el mango?

Todos los seres humanos generamos grasa.

Los dedos no son una excepción y dejan su marca.

-Señor Piccolino,

Pero si el delincuente huye y no se tiene una muestra de sus huellas,

¿cómo identificarlo?

En Argentina tenemos un archivo fotográfico,

antropométrico y dactilar de todos los delincuentes

detenidos alguna vez. ¿Tienen ese archivo?

Ríen

-Señores, por favor. ¡Señores!

-¿De qué carajo se ríen?

Como veo que son hombres de poca fe, pasaremos a la práctica.

Van a poner la huella en estos papeles.

Esto es una guarrada. -¡Blázquez!

Ponga sus dedos ahí y así acabaremos antes.

Es como tocar un piano. -Más o menos.

-¿Para qué nos toma las huellas? ¿Ven esos vasos?

-Sí. -Como ven, todos son distintos.

Yo saldré de la sala

y ustedes van a tocar uno de esos vasos. Uno cada uno.

Uno cada uno. -Exacto.

Cuando vuelva compararé las huellas de los vasos

con las que les estoy tomando.

y les diré qué vaso ha tocado cada uno.

-¡Madre del amor hermoso!

¿Lleva mucho tiempo así?

Casi un año. Una embolia. No controla nada, el pobre.

¿Y usted? ¿Lleva mucho tiempo por Madrid?

Varios años, sí. ¿Y en qué trabaja?

Es costurera, madre.

Vaya, no sabía que ahora las putas cosieran.

¿A quién quieres engañar? Hice que un criado te siguiera

y me contó que te vio en el burdel donde trabaja.

Váyase ahora mismo. -Pero, madre...

¿No ves que sólo quiere nuestra fortuna?

-Espere, la acompaño. Ya me sé el camino.

Ha sido humillante.

¿Y sabes lo peor? Ernesto no ha hecho nada por evitarlo.

Podrías intentarlo otra vez, hablar con ella.

No quiero ver a esa zorra engreída nunca más.

Odio a la gente con aires de superioridad.

En el fondo, me alegro de lo que ha pasado.

No digas tonterías, Lola.

Me iba a casar para dejar de ser puta.

Pero tragar con esta gente es aguantar carros y carretas

por una seguridad económica. Y eso también es ser una puta.

¿Adónde vamos? ¿Le gusta el bacalao?

Sí, mucho.

Pues donde vamos dan un bacalao estupendo, ¿verdad?

El mejor. -Qué bien.

Caballeros. Todo vuestro. Yo voy por los trastos.

¡No, por favor!

¿Qué infamia es ésta? ¡Habrá un conflicto diplomático!

Cálmese, se lo suplico.

¿Quién es usted? Soy el inspector Ros.

Dirijo la BrigadaMetropolitana. Pues no le he visto por allí.

Estoy perseguido por la policía. ¿Por qué?

Por el asesinato de don Fernando de la Escosura.

¿El delegado de Gobernación? Él me invitó a venir acá.

Así es.

Ni se te ocurra moverte.

Le necesito, Picorelli.

Yo no maté a Fernando y usted lo va a demostrar con su ciencia.

Vaya, un español que confía en la ciencia. Eso es un milagro.

Creo en la ciencia y en la justicia.

Y necesito saber quién mató a Fernando.

¿Me ayudará?

¿Tengo otra opción?

Sí. Decir que no y mis amigos le dejarán en el centro de Madrid.

-Víctor. No puedo obligarle.

Si quiere, es libre.

Le ayudaré. Lo que no sé es cómo.

No tengo qué analizar, ni mi instrumental.

Aquí está todo.

El arma, la ropa de Fernando y las huellas dactilares la brigada

y del propio Fernando, como usted dijo, jefe.

Y ahora me tomará las mías.

Necesitamos saber si aquí hay otras huellas que no sean las nuestras.

Deje que le ayude.

¿Es posible eso de las huellas? A mí me parece magia, la verdad.

Pues como funcione la magia, los ladrones estamos jodidos.

Tendremos que robar con guantes. Y gato con guantes, no caza.

-¿Cómo es que nadie sabe dónde está el argentino?

¡Vamos a ser el hazmerreír de este país!

Si no sabemos mantener el orden en nuestra propia casa,

¿quién va a creer que podemos mantener la seguridad en las calles?

¡Mañana se entierra a don Fernando y no tenemos nada!

Salgan ahora mismo a la calle y busquen debajo de las piedras.

¡Necesito resultados! ¡Y los quiero ya!

Usted quédese un momento.

¿De verdad que no hay nada que deba saber?

¿Acaso duda usted de mí?

Yo ahora mismo, Blázquez, dudo hasta de la madre que me parió.

Luis. -Corre.

-Coged al niño.

-No. Déjame a mí.

¿Ése no es el hijo de Luis, el Conquense?

¿Qué pasa, Juanito?

Unos hombres se han llevado a mi padre.

Lleve al niño a mi casa y quédese allí, vigilando.

Sí, señor. Vamos, chaval.

Vamos a casa de Luis, a ver qué encontramos.

Ha debido ser una buena pelea.

Alguien se dejó la cartera.

O la birló para decirnos quién le atacó.

Como carterista no tiene rival.

Un pasaporte.

De Lewis Osborne, del Sello de Brandenburgo.

Ros tenía razón. Sí, se alegrará cuando vea esto.

Sabe dónde está escondido Ros, ¿verdad?

¿Se lo dirá a Buendía?

¿Dónde está Víctor Ros?

-Ni idea.

Vale, vale.

No estoy seguro, pero creo que está

con tu puta madre.

-No estamos en el barrio, Luis. Aquí tu chulería no sirve.

Además, ¿tenías un hijo, no?

¿Sabes? Aquí mi buen amigo, míster Osborne,

no sólo cultiva su intelecto, sino que además es lo que en su patria

llaman un "sportsman".

Como supongo que no sabrás inglés, te explico.

Significa deportista.

"Mens sana in corpore sano".

Tenemos toda la noche.

Avísame cuando hable.

En la ropa y en el abrecartas hay huellas que no son

ni de sus compañeros, ni suyas ni de don Fernando.

Ahora hay que averiguar a quién pertenecen.

¿Qué ocurre? Han secuestrado a Luis.

Mierda. ¿Y Juanito? Está en mi casa.

Lo único bueno es que sabemos quién ha sido.

Mire.

Lewis Osborne.

Luis debió robarle la cartera sin que se enterara.

¿Quién la ha tocado? Solo yo.

Lo mismo podemos encontrar algo.

¿Qué le ha hecho a ese inglés para que le odie tanto?

Él es solo un mandado.

Sólo hay una explicación para todo esto: Aldanza.

¡No diga tontunas! ¡Murió en el incendio!

Siempre he creído que lo tenía preparado para engañarnos.

"No me cogerá, Ros".

Antes prefiero la muerte.

Es un psicópata que confunde la investigación criminal con un juego.

Aquella vez le gané yo. Y ahora quiere desquitarse.

¿Qué tiene que ver asesinar a Cánovas con todo esto?

Ni idea.

Solo hay una explicación para que aún no hayan atentado contra él.

¿Cuál? Aldanza quiere atraparme antes.

Teme que yo pueda impedir el atentado.

Por eso ha secuestrado a Luis.

Todo pasa porque Luis no les habla de este escondrijo.

No lo hará. Pero temo por él. Tengo que salir en su busca.

Ni hablar.

Si su teoría es cierta, si le enchironan o le atrapa Aldanza,

Cánovas es hombre muerto, ¿no?

Somos policías. Salvar al presidente es lo primero.

Aunque no duerma, mañana a primera hora

tendrá los resultados.

¿Ha dicho algo?

Siéntale.

Tenemos a tu hijo.

Dinos dónde está el señor Ros y te vas de aquí con él.

Jura en inglés

Déjame ver.

Ve a curarte eso. ¡Lewis!

Tu hijo... -¡Venga, hombre!

Si le tuvieras, me lo habrías enseñado.

-Había que intentarlo.

Seréis muy finos y educados, pero al final hacéis lo que todos:

dar leña.

-No me lo vas a decir, ¿verdad?

-Yo no he salido del barrio,

y apenas junto cuatro letras, pero...

El caso es que en el barrio

aprendes dos o tres cosas, pero son para toda la vida.

Una de ellas

es que no puedes dejar tirados a los tuyos.

Y Víctor es de los míos.

-¿Aunque volver a ver a tu hijo dependa de ello?

Yo no voy a volver a ver a mi hijo.

¿Verdad?

-Verdad.

¡Las tengo!

¡Mire! Son las mismas que encontramos antes.

Ya puede probar su inocencia.

Dios santo, lo han destrozado.

-Tiene tres costillas rotas. Una afectó al pulmón derecho.

Hubiera muerto igual. ¿Cuándo le han traído?

A primera hora. Lo encontraron en la misma puerta de su casa.

-Es un aviso.

El siguiente ya sabe lo que le espera si no canta.

Murió luchando. Y marcando al enemigo.

Le arrancó el lóbulo de la oreja izquierda.

Estaba en su estómago.

"¿Estás o no estás con nosotros?".

Estoy.

Por tu hijo.

No puede haber mejor brindis.

Que yo sea un burro no quiere decir que él lo sea.

En este tema necesito tu ayuda. Siempre la vas a tener.

Necesito ver a Juanito.

Si permito que se vaya y no vuelve, estoy destituido.

Y el juez espera noticias. Se las dará.

Sánchez, espere fuera.

¿Se sabe algo...?

¡Ay, Dios, pobrecito mío!

Vámonos.

¿Has encontrado a mi padre?

¿Está muerto?

Sí.

Lo lo siento mucho.

Perdóname.

¿Por qué? Tú ya le salvaste una vez.

Y él me ha salvado a mí ahora.

¿Qué tal lleva lo de la oreja? -Peor que la nariz.

-No parece que esté Víctor.

-A veces pienso que está obsesionado con Ros.

Si es el único que puede detenernos,

¿por qué no lo matamos junto a Fernando?

-Nunca entenderá nada, Lewis.

Uno compite con los mejores para ser mejor todavía.

Y Víctor es un gran policía. Mucho mejor que usted, de hecho.

El Sello necesita hombres como él.

-Después de todo lo que le hemos hecho,

¿cree que vendría con nosotros?

-Vendrá. Ros es como los pura sangre.

Son salvajes hasta que los domas.

¿Dónde se habrá metido?

¡Víctor! Clara.

¿Qué haces aquí? Si te ve alguien... Ya no importa.

Quería pedirte perdón por no ir al cementerio.

De aquí voy directo a comisaría.

Tengo pruebas de quién mató a Fernando.

¿Qué pasó, Víctor?

Me drogaron. Todo fue una trampa.

Tengo que pedirte una cosa.

No quiero que nadie sepa que te vi esa misma mañana.

La memoria de Fernando no lo merece.

A veces pienso que nada es real.

Que mañana me levantaré y nada de esto ha pasado.

Ha pasado, Clara. Y es terrible.

Pero no podemos darnos por vencidos.

Cuídate.

Me alegro de que Víctor pueda demostrar su inocencia

Gracias por avisarme.

Es lo menos que podía hacer

después de lo que me has ayudado estos días.

Aunque a veces me pregunto si hago bien.

¿Por qué? Tú quieres a Víctor.

Es como recordarte lo que te duele.

Y quien te lo recuerda soy yo.

Las cosas son como son.

Si hay algo que he aprendido es a superar las adversidades.

Ojalá aprenda yo esa asignatura. Lo hará, seguro.

Y le vendrá bien para no ser tan finolis.

Mira quien habló, la futura marquesa de Peralías.

¿Algún problema? No.

Simplemente, no seré marquesa.

La madre de Ernesto me trató como a una mierda.

Sabe a qué me dedico. Aquí, si puta naces, puta te quedas.

No, Lola. Y no puedes dejar que te humille nadie.

¿Y qué puedo hacer?

Defender tu dignidad siempre sirve si quieres cambiar de vida.

Como puede ver, Ros no empuñó nunca el arma asesina.

Sus huellas no están.

-Aquí hay un montón de huellas, o lo que sean.

Son las de los miembros de la Brigada.

Están las de Blázquez, las de Córcoles...

Y ahora viene lo mejor. Córcoles, por favor.

Hay huellas de otra persona que aparecen en todas partes,

en casa de don Fernando

y en la billetera encontrada en la casa del segundo asesinado.

-¿Y de quién son esas huellas, según ustedes?

De Lewis Osborne. Encontramos su cartera en casa de Luis.

Todo está muy claro, como puede ver.

Eso lo dirá usted. Porque aquí veo sólo manchurrones

que no logro distinguir.

-¡Son huellas dactilares! En Argentina...

-¡Me da igual Argentina que Paraguay! Estamos en España.

Entiendo que quieran salvar a un compañero.

Pero le encontraron en el lugar del crimen.

Tenía sangre en las manos. -Blanco y en botella, leche.

-Cierto, pero si la leche tiene cianuro, te mata.

Hay que analizar el líquido,

como hay que analizar las huellas. -No me dé órdenes.

Yo juzgo por las pruebas que la Policía me aporta y por lo que veo.

Y aquí no veo nada.

-¡Pues vuelva a graduarse las gafas, viejo ignorante!

¿Pero usted en qué siglo vive? -¿Quiere que le detenga por desacato?

-Llévese a Picorelli.

-¡La concha de tu madre! ¡No se puede ser más asno!

-Señor, le pido disculpas.

-¿Tienen algo más que añadir?

Sí. Don Fernando llevaba varias horas cadáver

cuando encontramos a Ros. ¿No es así, Córcoles?

-Mínimo tres horas.

¿El detenido puede demostrar dónde estuvo a esa hora?

Ya veo que no.

Por lo tanto, el reo va esta misma noche a la Cárcel Modelo de Moncloa.

Aquí está la orden.

Espero que no se les escape otra vez.

¿La cárcel Modelo? Ros no aguantará vivo allí.

Hay muchos delincuentes que él mismo encerró.

Por su cara, no trae buenas noticias.

No. El juez no ha aceptado las huellas como pruebas.

¿Cree que lo maté?

No. Las huellas lo prueban, diga lo que diga ese vejestorio.

Me alegra que esté abierto a las nuevas técnicas.

Eso no le va a servir de nada. Esta noche le trasladan a la Modelo.

Intentaré que le aíslen en una celda.

No me preocupa.

Me preocupa que pague quien ha hecho esto. Y que no maten a Cánovas.

¿Está seguro del atentado? Sí.

En cuanto Aldanza sepa... ¿Aldanza? Pero si...

No está muerto, se lo juro.

El que estará muerto mañana es Cánovas.

Tengo una unidad vigilando. De la Rubia se la saltará.

¿Qué haría si fuera yo?

¿Se puede saber qué está haciendo aquí?

Venir a hablar con usted.

Y de paso, cuidar de su esposo. ¡Váyase ahora mismo!

Me iré. Pero antes me va a escuchar.

Deprisa, por favor.

Me carga la gente como usted,

que cree que la dignidad es tener dinero.

Quiero que sepa que su hijo vino a buscarme a mí.

No yo a él. Yo no soy una caza fortunas. Yo trabajo.

Curioso trabajo el suyo. Si no hubiera putas,

muchas esposas rezarían porque existieran.

¿A dónde quiere llegar? A que si no me acepta, usted sabrá.

Puedo cuidar de su marido como cuidé de mi padre.

Si a su hijo se le alegra la cosa pensando en algún novio,

puedo darle un nieto guapo.

Nunca he sido madre ni he abortado, para que lo sepa.

Nunca sería desleal con su hijo ni con usted.

Tengo la fuerza que ustedes no tienen: la que te da la necesidad,

el querer huir de la miseria.

Puedo no gustarle, lo entiendo y lo respeto.

Pero no merezco su desprecio.

Si a usted le hubiera tocado vivir mi vida, habría hecho lo mismo.

Lola, ¿qué hace aquí?

Tranquilo, ya me iba. No, espere. ¿Ha visto esto?

Su amigo Víctor ha sido detenido y trasladado a la cárcel.

Sale en todos los periódicos.

¿Cómo es posible?

Clara me dijo que tenía pruebas de que no había sido él.

¿Usted y Clara se hablan?

Eso es lo de menos ahora, ¿qué ha pasado?

Lleva el caso un juez más viejo que La Tana.

Y no dio validez a las pruebas.

No descarto que tuviera presiones para no soltar a Ros.

¡Qué cabrones!

Ha sido un escándalo y a mayor ruido, más prisa

y penas más ejemplares.

Si le contara la de grandes crímenes

que se han solucionado condenando a gente inocente...

¿No se puede hacer nada?

La única opción es que Clara dijera que estaba con él.

Y estuvo. Clara me lo dijo. Antes de las diez.

Necesitaría mentir. Decir que estuvo hasta las doce y media.

Pues que mienta.

Víctor no quiere que Clara declare.

Piensa que sería manchar el honor y la memoria de Fernando.

¿Estamos locos o qué?

No puedo entender lo tonta que es la gente.

¡El honor! ¿De qué sirve el honor si te dan garrote?

Cuando la necesidad aprieta, ni honor ni leches.

Lo mismo pienso yo.

Ya veremos ahora si Ros prefiere pasar su vida en la cárcel

o unirse a nosotros. En fin, hoy es el día señalado.

Repasemos todo, Osborne. -Según la agenda del presidente,

un periodista de Le Journal le entrevistará a las 4 de la tarde.

El periodista, un tal Routier,

ha alquilado los servicios de un fotógrafo

de "El Heraldo".

-¿Qué tal se le da la fotografía? -Haré un buen retrato.

-Ahí tiene todo lo que nos pidió para cambiar su imagen.

Y la cámara de fotos, por supuesto.

Es su gran día, De la Rubia.

No muchos pasan a la historia por matar a un presidente.

-Y pocos son los que salen vivos.

-Usted lo hará. Le necesito para otras empresas.

Aquí tiene la ruta perfecta para salir de allí.

Estúdiela. Luego, ya sabe.

Me encuentro con Osborne después en el lugar convenido

para que sepa que todo ha ido bien. -¿Y después?

-Vuelvo a mi escondite y espero hasta que me vengan a buscar.

-Perfecto. Ya se saben la lección, ahora solo falta aplicarla.

Ya sabía que me iba a preguntar sobre la esclavitud, Routier.

-Es lógico.

Su apoyo a la Liga Nacional Alfonsina,

que defiende el tráfico, es criticado en toda Europa.

-¿Por Inglaterra? ¿Por Francia? ¿Por Holanda?

Todos se enriquecieron con los esclavos.

-Una última pregunta, ¿qué es para usted la política?

-"La política es el arte de aplicar en cada época de la Historia

aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible".

"En política, lo que no es posible es falso".

Perdón. Me envían de El Heraldo. -Pase, pase.

En fin, nada más. Un honor, señor Cánovas. Y muchas gracias.

-Yo se las daré cuando vea que ha escrito

lo que le he dicho, sin inventarse nada.

-Esté tranquilo.

-Iré a recoger las fotos a la redacción de su periódico.

-Muy bien.

-¿Tardará mucho? Tengo que gobernar un país.

-No se preocupe. Será un segundo.

Lola.

Puedes irte.

¿Vienes por lo de Víctor? ¿Por qué otra cosa habría de venir?

Tienes que declarar que estabas con él.

Me ha dicho Blázquez que es la única manera de sacarlo de la cárcel.

Tienes que mentir.

Víctor me dijo que no lo hiciera.

¿Por quién haces esto? ¿Por Víctor o por Fernando?

Tú me dijiste que luchara por lo mío:

ahora te toca a ti luchar por lo tuyo,

no importa la memoria de los muertos, sino los vivos.

Si Fernando pudiera hablar ahora conmigo, me diría lo mismo.

No dudes de él.

Entonces haz lo que te diría Fernando y no lo que te dice Víctor.

Todo ha salido como pensábamos,

tanto que dudaba usted.

-No sabemos nada de Cánovas.

-Oímos los disparos.

Tranquilo. Cuando ocurren estas cosas,

si el atentado no es en plena calle, se corre un muro de silencio.

-¿Sigue pensando rescatar a Víctor?

-Sería un lujo prescindir de un policía como él.

De la Rubia.

¡Es una trampa!

-¡Alto! -¡Alto, Policía!

-Nos ha vendido.

No le quedaba otro remedio. Ni a sus hombres, tampoco.

¡Víctor!

-Ya le dije que era bueno. Pues es verdad que estaba vivo.

Ya sabemos a quién le arrancó Luis media oreja.

Le queda la otra oreja y el rabo. Podemos rematar la faena.

¿Cómo logró salir vivo del incendio?

¿No encontramos un cadáver con su anillo?

Era de Gerardo de la Calle.

-Cierto.

Lástima que no pueda viajar a París. Es una ciudad preciosa.

También mató a su criado.

Debía parecer que no había supervivientes.

Para dar jaque al rey, a veces hay que sacrificar un alfil.

-¿Qué coño ha dicho? -Ni puta idea.

Llévense a Osborne y los demás.

Me gustaría charlar un rato con Aldanza.

-Si necesita ayuda, llámenos. Estaremos fuera.

Cuénteme, ¿cómo lo ha hecho? Le hacía en la cárcel.

Nunca entré en ella. Buendía y yo diseñamos un plan en secreto.

"¿Qué haría si fuera yo?". Miraría la agenda del presidente.

Ver si tiene un acto.

-¿No será un atentado al uso? No.

De la Rubia es de otro estilo.

Él es más teatral. ¿Entonces?

Lo mejor es actuar discretamente. Uno o dos hombres.

Y estar en el momento oportuno.

¿Dos hombres? O sea que con usted y yo nos bastamos.

Pero en el registro de la Modelo consta que usted ingresó allí.

Me sustituyó un amigo de Luis.

Buendía se enteró de la agenda de Cánovas para el día siguiente.

Y nos enteramos de que había contratado

a un fotógrafo de El Heraldo.

Era el escenario perfecto para De la Rubia.

Sólo tuvimos que esperarle allí.

Baja el arma o eres hombre muerto.

¡Está usted loco!

Esto es un atentado y tiene que seguir pareciéndolo.

Suponía que tendría a alguien para escuchar los disparos.

¿Cómo consiguió convencer a De la Rubia para que colaborara?

Pactamos sustituir la cadena perpetua por servir en Cuba.

No llegará allí. Se escapará.

Lo sé. Pero si hay que elegir un plato,

mejor el guiso que el postre.

Es usted brillante,

pero lucha del lado equivocado.

Teníamos la posibilidad de acabar con la guerra,

de evitar que miles de jóvenes mueran en Cuba.

Soy policía y tengo que hacer mi trabajo.

Su trabajo ha evitado una alianza con los Estados Unidos.

Me importan una mierda. Pues son el futuro, créame.

Y a veces el futuro está por encima de la vida de un presidente.

¿Futuro?

¿Quiere que le hable de mi futuro? Tengo que enterrar a mi amigo.

Tampoco podré hablar con mi padrino. Usted los mató.

Les quitó su futuro y me ha jodido el presente.

¿Ya se va? ¿No me va a detener?

No: usted está muerto. Y no se puede detener a un muerto.

Son los compañeros de Luis. Tenían ganas de conocerle.

Tranquilo, que esta vez no resucita.

-¡Espere!

Si cree que eliminándome, la pesadilla ha terminado, se equivoca.

El Sello de Brandenburgo es más que una persona.

Detrás de mí, vendrá otro.

Le estaré esperando. Nunca sabrá cuando le vigilaremos.

A usted, a Clara, a la gente que quiere.

Vamos a cambiar el mundo y usted estará en el bando equivocado.

Yo no aspiro a cambiar el mundo.

Me conformo con tener limpio el patio de mi casa.

Y sin usted va a quedar resplandeciente.

Todo vuestro.

Espero que hable bien de la policía española.

-La verdad es que organización no tienen mucha,

pero saben improvisar.

Las faenas se lidian dependiendo del toro.

Tranquilo, a veces tampoco le entendemos nosotros.

Muchas gracias por todo.

Siento que nuestro primer encuentro fuera tan peculiar.

-A uno no le secuestran todos los días.

-No. -Si hay que secuestrarlo otra vez,

se le secuestra.

-No se preocupen. Me he divertido más estos días en Madrid

que en toda mi carrera.

-Por fin llega su regalo.

-¿Regalo?

-Lo siento, no he podido venir antes.

-¿Para mí? Esperemos que le guste.

Supongo que se esperaría una medalla.

Ya la he solicitado, pero en España los papeleos van lentos.

-Este regalo es mejor, se lo juro.

Siento que lo de las huellas no haya servido.

Hizo usted lo que pudo y más. Pero el juez...

-Está arreglado, tranquilo.

Te dije que no tenías que declarar.

Alguien me convenció. Yme alegro de haberlo hecho.

Pero es la memoria de Fernando. No estabas obligada a mentir.

Otro juez habría admitido las pruebas.

Ríe

¿Admitir las pruebas dactilares? Por favor, Ros.

Eso lo verán sus nietos.

Y si la verdad necesita de alguna mentira para resplandecer,

bienvenida sea. ¿No?

Bueno, me voy, que tendrán de qué hablar.

¿Quién le convenció? ¿Blázquez?

No. Fue Lola. Y creo que deberías agradecérselo.

Me alegro de que todo se haya solucionado.

Y de que el asesino de mis compañeras haya pagado por ello.

Le agradezco el detalle de venir. Es lo menos que podía hacer.

Aunque supongo que le habría hecho más ilusión que viniera otro.

Con usted ya me vale.

Dígame lo que me tenga que decir.

Nunca entendí el afecto que tenía por usted don Armando,

ni Víctor, pero ahora lo entiendo. La gente dirá lo que quiera, pero

es usted una señora con todas las letras.

Muchas gracias.

No sabía que estabas ocupada. Tranquilo, ya me iba.

Si necesita algo, lo que sea, ya sabe dónde encontrarme.

¿A que vienes? ¿A despedirte?

No. Vengo a que me cuentes lo que le dijiste a mi madre.

¿Aún está enfadada?

Todo lo contrario. ¡Acepta que nos casemos!

¿De verdad?

Nunca me había apetecido tanto abrazar a una mujer.

¿Murió como un héroe?

Sí.

Tengo miedo.

¿De qué?

De no verle más.

De no acordarme de él.

Yo te lo recordaré siempre.

Será mejor que nos vayamos.

¡Inspector Ros! ¡Inspector!

Buenas.

No sé si me recuerda. Sí, Demóstenes Pérez,

el sepulturero.

Nos ayudó con un caso.

¿Cómo le va?

Bien, muy bien.

Si pudiera hablar con Ud....

Iba a comisaría, pero me han dicho que estaba aquí.

¿Qué ocurre?

Bueno, si fuera tan amable de acompañarme...

...a solas...

¿Me esperáis en la puerta?

Síganme, por favor.

Me lo encontré esta mañana.

Si es una broma, hay que tener muy mal gusto.

No es una broma.

Es una advertencia.

¡Quieto!

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Víctor Ros - Capítulo 6: Las huellas del crimen

12 jul 2019

La Brigada recibe una carta para reunirse en casa de Fernando de la Escosura, delegado del gobierno y marido de Clara. Al llegar allí se encuentran a Fernando muerto y a Víctor Ros con las manos empapadas de sangre. La estupefacción de todos es total. Víctor es detenido y llevado a comisaría como presunto autor del asesinato. De camino a la comisaria, custodiado por Blázquez, Ros no recuerda nada. Pero Blázquez, ante la magnitud del asunto, decide que la mejor manera de solucionarlo es que Ros escape fingiendo ser agredido.

Histórico emisiones: 

16/02/2015

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  1. Marlon

    Me encanta la serie, cada vez que la veo resurge en mi la necesidad de ser escriitor y escribir una novela

    15 jul 2019
  2. dcvenus

    Que buena es esta serie. Me he quedado enganchado y yo tenia años que no me quedaba enganchado con nada. Del mas alto nivel en cualquier parte del mundo. Espero que hagan una tercera temporada.

    08 ene 2017
  3. Marisa

    Qué pasa que los capítulos se ven a trozos sin continuidad y no se sabe cómo va la trama y se repiten escenas y otras. No salen nunca???.

    06 dic 2016
  4. Elisabel

    La serie me gusta mucho. Pero no entiendo porque se sale del guión de los libros de Jerónimo Tristante

    18 oct 2016
  5. Socorro R. de Carrillo

    Felicidades por renovar la gran series de Victor Ross. Gracias por la segunda temporada que esperamos para septiembre 2016. Excelente actuación, dirección y guión. ¡Mucho éxito!

    12 jun 2016
  6. miguel

    no e3spereis mas capitulos los abarcan todos los mismos trepas de siempre

    17 may 2016
  7. Julio Jesús baquero contreras

    Excelente serie de las mejores y más entretenidas que e visto, apta para todos los públicos, inesperados golpes de humor. Yo también e visto la temporada completa y ya estoy deseando que continúe la serie, espero que rtve se plantee volver con Victor ros. Claramente una de las mejores series que a producido televison española.

    07 abr 2016
  8. alejandrogarci3

    por que no ha seguido la serie es muy buena,un saludo

    03 abr 2016
  9. Virvaldi

    Me encanta esta serie, de las mejores que ha hecho TVE, cuando sale la 2a temporada?

    31 mar 2016
  10. Lib

    Este mensaje es para unirme al pedido de que continuen con la serie. Es muy buena!

    14 mar 2016