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No recomendado para menores de 12 años Víctor Ros - Capítulo 5: Ladrones de niños - ver ahora
Transcripción completa

No sé para qué lee el periódico.

Si es leer las noticias y amargarse la vida.

Qué vergüenza.

¿Quien es este? Venancio Márquez.

Han traído el cadáver de su hijo de Cuba.

La guerra es así, muere gente. Unos mueren y otros mienten.

El Heraldo dice que las bajas son 10 000.

No las 2000 que decía el Ministerio.

¿10 000? ¿Sabe cuantos oficiales hay?

Diez. Joder, hasta para eso hay clases.

Bueno, dejémonos de penas que nos vamos de celebración.

Es el cumpleaños de mi hija.

Esas cosas, ¿no es mejor celebrarlas en familia?

Usted es como si lo fuera.

A ver si Emilia se anima al verle. Que últimamente está muy mustia.

¿Algún problema? Lee demasiadas novelas de amor.

Espero que no se haya encaprichado. Hombre, está en la edad.

¡Víctor, que sólo tiene quince años!

Cómo vea que tontea con alguien le rompo la cabeza.

¿A su hija? No, a mi hija, no. A él.

A ella la meto a monja.

¿Emilia?

Huele que alimenta. Adelante.

¿Emilia no viene con vosotros? No.

Hace dos horas que tendría que haber llegado.

Pensaba que te habría ido a buscar.

Quizás se ha entretenido.

No. Sabía que venía usted. Estaba muy ilusionada.

¿Dónde se habrá metido?

¡No, por favor! ¡No!

¡No, por favor! ¡No!

¡Por favor! ¡Por favor!

¡No! ¡Suéltame! ¡Suéltame!

¿Alguna vez ha dado Emilia signos de querer escaparse de casa?

¿Qué insinúa?

Sólo quiero saber si estaba enfadada o dolida por algo.

No, todo iba perfecto.

No todo, Alfredo.

No todo.

Me lo tomo rapidito y me voy a comisaría.

Volveré pronto para ayudarle con la cena.

Espera.

¿Dónde vas con esas pintas? A costura.

Quítate esa cinta, anda.

A mí me gusta. ¿Quieres que te miren?

Eso es de mujeres de mala vida. Es sólo una cinta.

O se quita la cinta o no sale de casa.

¿Qué hay de malo en velar por la decencia de una hija?

La decencia no se mide por una cinta del pelo.

No digas tonterías. No digo tonterías.

Si no la veo más, siempre la recordaré enfadada con nosotros.

Voy donde las monjas, a ver si saben algo.

Mariana.

¿Usted también cree que ha desaparecido por mi culpa?

No. Pero Emilia ya no es una niña.

Y sospecho que eso sí ha tenido que ver.

¡Ya va, ya va...!

Ave María Purísima. -Sin pecado concebida.

Perdone que las moleste,

Pero mi hija Emilia viene a costura cada tarde

y todavía no ha vuelto a casa. -Cerramos a las seis.

Me acuerdo bien de cuando se ha ido, porque le he prestado un libro.

-¿Iba con alguna amiga?

-No sé nada más. Debería preguntar a los vecinos.

Rezaremos para que su hija aparezca pronto.

¿Quiere acompañarnos?

-No, prefiero seguir buscando, gracias.

¿Nada?

-No hay ninguna muchacha con su descripción

en el parte de fallecidos, ni en hospitales.

-Me acabo de enterar.

Vamos a seguir buscando.

Tenemos a todos peinando Madrid. Hasta los que tenían el día libre.

Si no, se las hubieran tenido que ver conmigo.

No van a encontrar nada.

Es una venganza.

Alguien a quien metí en la cárcel se está vengando.

¿Sospecha de alguien?

Hay tres nombres que no se me van de la cabeza:

Nicanor Ortega, Genaro Parra y Rodolfo Ríos.

Sánchez, averigüe la situación de esos tipos.

Sí, señor.

Tal vez podríamos informar a la prensa.

No. Mejor no.

Los tipos a los que ha detenido Blázquez hurgarían en la herida.

Y la investigación se nos iría de las manos.

-Encontraremos a su hija, Blázquez.

Sí. ¿Pero la encontraremos viva?

¡Clara!

Pero si apenas se te nota el embarazo.

Tengo el estómago revuelto.

Tenía que haberte acompañado Faustino.

No puede.

No podía cancelar las lecciones de piano.

Y le impone ver a nuestro padre.

Ya sabes como es Faustino. Le falta coraje.

Venga, cuéntamelo todo. ¿Que tal con tu marido?

Fernando es es el hombre ideal. Es cariñoso, respeta mis ideas,

me apoya para que lleve la escuela. Me ha encontrado un trabajo.

Un marido que quiere que su esposa trabaje.

Es un hombre del futuro.

Suponiendo que los hombres mejoren en el futuro.

No nos podemos quejar. Es cierto.

¿Y tanto trabajo te deja tiempo para cuidar de tu esposo?

Él también está muy ocupado.

Un poquito de independencia nunca viene mal.

Cómo me alegro de que todo vaya bien.

Rodolfo Ríos no puede ser.

Le detuvieron hace un año y está cumpliendo pena.

¿Y los otros dos? Está Sánchez en ello.

-¿Hay novedades? -Las hay.

Nicanor Ortega está muerto.

Hace un mes intentó robar un banco. Un agente de paisano se lo cargó.

¿Y Genaro Parra?

Cumplió pena hace mes y medio. Está en la calle.

¡Se lo he dicho todo! ¡Les he dicho dónde escondí el dinero!

¡No falta ni una peseta!

Pero, por favor déjenme ir a ver a mi hija.

No estás en condiciones de pedir nada.

¡Tengo que verla! Está muy enferma.

Llévenme con los grilletes si hace falta. Pero necesito verla.

Eso se piensa antes de atracar una joyería.

Qué fácil es dar consejos cuando se tiene para comer.

Tengo que verla. ¡Se lo suplico!

¿Tiene usted hijos?

Una niña de cinco años.

Si mi hija muere y no puedo verla,

yo me encargaré de que usted vea morir a la suya.

¿Blázquez?

Es él.

¿Cómo ha ido?

Estrechando el cerco. Buscamos a Genaro Parra.

¿Puede acompañarme un momento?

Don Fernando quiere vernos. Y es urgente.

Adelante.

¿Permiso? -Pase.

-Buenos días. -Comisario Buendía e inspector Ros.

-Señor. Encantado.

Don Marcial Escobar, es diputado en las Cortes

y viene a pedir nuestra colaboración.

Tomen asiento.

Y bien, ¿en qué le podemos ayudar?

-Hay que sacar de la cárcel a Eduardo de la Rubia para trasladarlo a Viena.

¿Quieren liberar a De la Rubia?

Es un asesino confeso. Y muy peligroso.

No. De la Rubia será trasladado a Viena,

a un centro donde estudian a los criminales peligrosos.

¿Ahora nos interesa la ciencia? Ros.

¿Desde cuando interesamos al Sello de Brandenburgo?

Veo que les conoce.

Así no tengo que explicarle de qué va.

-A mí, sí. Si es tan amable.

¿Con qué permiso puede llevarse un preso español el Sello...

-De Brandenburgo. -De donde sea, señor.

Es un atentado contra la independencia de nuestra policía.

Es el embrión de una policía interestatal europea.

Puedo hacer que mañana mismo sea cesado y destinado a Cuba.

-¿Me está amenazando? -Haya paz, señores.

Son ordenes directas de Presidencia y hay que acatarlas.

-Bueno, parece que ya está decidido,

así que no sé qué pintamos aquí.

-Las autoridades austriacas piden el visto bueno de nuestra policía.

Tienen que firmar y sellar este informe

que yo mismo me he molestado en redactar.

Si me disculpan, tengo otras obligaciones.

-Permita que le acompañe.

Pase, señor.

Por aquí.

¿Por qué De la Rubia?

Lo reclaman específicamente los de Brandenburgo.

¿Qué sabe de ellos? Intentaron reclutarme hace tiempo.

Fue un honor. ¿Y por qué no aceptó?

Quería volver a Madrid, ver a don Armando.

Hay algún problema?

Que no me creo nada de todo esto. Marcial Escobar

es de los más reaccionarios.

Es hombre de confianza del propio Cánovas.

No podemos dudar de su honorabilidad. Con el debido respeto,

yo dudaré de quien no nos da medios y nos quita presos.

No me dé lecciones.

Sé lo difícil que es atrapar asesinos.

No es menos difícil lidiar con nuestros políticos.

Deje eso de mi cuenta.

El agente que custodiará a De la Rubia ha pedido hablar con usted.

Es un inglés. Un tal Osborne. ¿Lewis Osborne?

¿Le conoce? Así es.

¡Yo no he hecho nada! ¡Lo juro! ¡Os estáis equivocando!

-Seguro.

¡Parra!

¿Te acuerdas de mí?

Por el futuro.

Por el futuro, Lewis Osborne. "Osborne".

¿Cómo uno de los detectives más afamados de Scotland Yard

deja su cargo?

Siempre hay que buscar nuevos retos. Sabes que si fuera por dinero,

me habría quedado en Andalucía. Un inglés andaluz.

Irlandés. Lo sabes. Tú sí que eres un bicho raro.

Lo mismo le da al Sello de Brandenburgo

por estudiar tu cerebro, como a De la Rubia.

¿Por qué entraste en El Sello? Creo en una policía europea.

Los gobiernos de cada país no miran por el bien general.

Los políticos solo miran por sus intereses.

¿Y tú? ¿Por qué no te vienes con nosotros?

Sabes que tienes las puertas abiertas.

¿Qué te retiene? Familia no tienes.

¿Una mujer?

Cobrarías tres veces lo que cobras en Madrid.

Tendrías todos los medios a tu alcance.

He estado tentado de irme. Y lo estoy.

Antes tenía a don Armando. Tenía ilusiones.

Siento lo de tu padrino. Lo leí en la prensa.

Gracias.

Hiciste un gran trabajo con Aldanza.

Lograste lo que no conseguimos nosotros: acabar con él.

¿Le seguíais? Sí. Nos traicionó.

¿Pertenecía al Sello? Sí. Era de los mejores.

Sabía de medicina forense, de Criminología. Todo.

Como ninguno.

Pero luego enloqueció. Quería ir más allá,

como un Dios que decidía qué era lo bueno y qué era lo malo.

Sé de lo que me hablas. Le intentamos detener.

Siempre escapaba. Cambiaba de nombre.

Conocía nuestros métodos.

Sabemos que intentaba reclutar gente para crear un nuevo Sello.

Probablemente por eso vino a Madrid. Por eso sabía todo de mí.

¿Sabes?

Estoy tranquilo sabiendo que tú vas a custodiar a De la Rubia.

Un honor escuchar esas palabras.

Creo que te buscan.

¡¿Dónde tienes a mi hija?! ¡¿Dónde está?!

¡Blázquez! ¡Blázquez!

Como vuelva a tocarlo, lo enchirono.

Parece que tenemos un chivato en la Brigada.

Usted cállese.

Déjemelo cinco minutos más.

Sólo cinco minutos y nos dirá donde está Emilia.

Si le dejo, no podrá ni hablar.

Llévelo a un médico.

¡Es el secuestrador de mi hija! ¿Tiene pruebas de ello?

¿Tengo que repetir la orden, Crespo?

Vamos. Vamos.

¿Qué se creen ustedes dos?

¿Que todo se arregla pegando al detenido?

Entiendo que esté ofuscado por lo de su hija.

Si ese hombre es culpable, lo mejor es soltarle y vigilarle.

Así nos llevará a Emilia.

Tiene razón. Yo me encargo de seguirle.

No. Lo hará Sánchez.

¿Cuántas noches lleva viniendo por aquí?

¿El Marqués? Cuatro noches.

Es raro. se deja su buen dinero invitando a copas a las chicas.

Pero todavía no se ha decidido a acostarse con ninguna.

Hemos hecho una apuesta. A la que se lo lleve a la cama,

le regalamos un mantón de Manila.

¿Y tú ya has hablado con él?

Sí. Es amable y educado.

Y muy viajado.

De tanto viajar se ha quedado sin fuerzas para otras cosas.

Pero yo no necesito ningún mantón.

¿Lo piensas traducir todo esta noche?

Quiero saber quién es el asesino y cómo lo atrapa Sherlock Holmes.

Es un lince de detective.

Ese Holmes y yo. Él mete a los asesinos

en la cárcel y tu marido los saca.

¿Qué pasa, cariño? ¿Conoces a Marcial Escobar?

Es el principal defensor de la exención militar para los ricos.

Hará un año que le tiré unos huevos a la salida de las Cortes.

¿Qué hizo para merecer tal homenaje?

Decir que la mujer es un animal con el pelo largo y las ideas cortas.

A veces pienso que tendría que ir contigo a tirar huevos a más de uno.

Le dije que si nosotras teníamos el pelo largo

y las ideas cortas, él tenía cortas las dos cosas.

Que había copiado a Schopenhauer.

Muy bien. Bueno, cuéntame.

¿Qué ha hecho ahora ese impresentable?

Nos ha obligado a soltar a un asesino que atrapó Víctor.

¿El asesino del anillo Rosacruz?

He tenido que apoyar a ese reaccionario ante Ros.

Así es mi vida, dar la razón a gente que no trago

y discutir con un hombre al que admiro.

¿Dónde tienes la cabeza?

Entre tus manos.

Eso ya lo sé, bobo.

Me refiero a tus pensamientos.

Perdona.

Te dije de dejar todos mis problemas en la puerta cuando viniera a verte.

A veces es difícil.

Ayer desapareció la hija de Blázquez.

¿Emilia?

¿La de la carta de amor? Sí.

Me dijiste que era una niña. 15 recién cumplidos.

¿En qué estás pensando?

He oído que raptan chicas para llevarlas a un burdel de Madrid.

Quizás solo es un rumor. ¿Qué burdel es ése?

No lo sé. Ni el nombre ni el sitio. Ya te digo que son cotilleos.

Se dicen tantas cosas que una ya no sabe lo que es verdad o no.

Cadáver identificado como Marcial Escobar.

¿Causa de la muerte?

Herida de arma blanca con perforación del miocardio.

-Le pegaron un navajazo en el corazón.

Continúe.

-Lividez cadavérica inexistente por la hemorragia masiva.

Rigidez que sitúa la muerte entre las 6 y las 9 horas anteriores.

¿No puede hablar en cristiano este hombre?

Murió alrededor de la medianoche.

¿Algo más?

No llevaba cartera.

También le quitaron el anillo.

-¿Lo mataron para robarle?

-Eso parece.

Este caso tiene prioridad máxima. Quiero a la Brigada en ello.

Y, Víctor, necesito su dedicación absoluta.

Don Fernando. ¿Qué?

¿Y la hija de Blázquez?

Su vida no es menos importante que la de un diputado.

-A ella tienen posibilidades de encontrarla con vida.

-Mire, Ros. Nunca le he metido presión,

pero ahora necesito resultados.

Haré todo lo que esté en mi mano. -Eso espero.

Cómo ven estamos en una situación extrema,

pero en estos momentos se demuestra la valía.

Y yo confío en la suya. Discursos.

Lo del político le quitará recursos a la búsqueda de mi hija.

La próxima vez le pido la placa y la pistola.

Le traigo de nuevo.

Le vi dando un sobre a un muchacho para que lo entregase en comisaría.

Dentro había esta nota.

"Pégate un tiro o tu hija morirá a medio día".

¡Hijo de puta!

¡Blázquez! Tranquillo.

¡Blázquez, tranquilo!

¡Blázquez!

Crespo, llévese al detenido al calabozo.

Ahora le interrogaremos. Los dos.

Sánchez y Carballo, ocúpense del caso Escobar.

Vean los informes y hablen con la familia para saber todo.

Solo con esto te podemos meter en la cárcel una buena temporada.

Me da igual.

No me queda nada. No pude acompañar a mi hija cuando murió.

Mi esposa no pudo aguantar el dolor y también se me fue.

Sólo pedía unos días para volver luego a la cárcel.

Nada más que eso, cabrón. ¡Nada más!

No se vuelva loco. ¡No me da la gana!

¡Estoy hasta los huevos de cómo lleva el caso!

No haga una locura. Cállese.

Pon aquí dónde tienes a mi hija.

¿Querías matarme, verdad? ¿Quieres matarme?

¡Dispara!

¡Venga, mátame!

Pero después escribe dónde tienes a mi hija. ¿Me lo juras?

Nunca he sido un asesino y nunca lo seré.

Y menos de una niña.

Quería que sufriera como sufrí yo.

No supe lo de su hija hasta que ustedes me detuvieron.

Por eso envié la nota.

¿Qué le dije?

¿Todo era un teatrillo?

Acompañe a este hombre a casa. Sí.

No haga ninguna una tontería.

¿Cómo lo sabía?

Lo ha dicho el propio Genaro: si hubiera secuestrado a su hija,...

...el anónimo lo hubiéramos recibido antes.

No después de detenerlo.

Este hombre le odia, Blázquez. Y no digo que no tenga razón.

El odio genera un crimen pasional que deja huellas.

Y el secuestro de su hija está hecho con limpieza.

Buscamos la pareja de esta alianza.

Por dentro vienen dos nombres, Marcial y Julia.

Ojalá me llegase material de esta calidad.

Aquí somos más humildes.

-Jacinto, que nos conocemos,

por aquí ha pasado hasta el que le robaron a Alfonso XII.

-Sí, y por eso me metieron en la cárcel.

Yo las cosas muy caras, las evito.

¿A éste también le robaron en un putiferio?

-Menos bromas, que le mataron anoche. -¿Anoche?

Pues ahora no vais a encontrar nada.

Esperarán a que pase el lío para moverlo.

-También buscamos...

Sánchez, recite la lista, haga el favor.

-También buscamos una cadena de oro con un crucifijo,

un reloj de bolsillo de plata, marca Pocket, de 1870,

y un maletín de cuero negro con las iniciales M.E.

¡Quieto parado!

Correr es de cobardes y de malos toreros.

¿Alguna noticia de Emilia?

Pues yo sí tengo una.

Cariño, cuéntale lo que me has dicho antes.

-Que Emilia ya no quería jugar con nosotras.

-Anda, cuenta por qué.

Decía que éramos unas niñas. Prefería a su nueva amiga.

Se iban juntas de paseo. Un día la seguimos

y llegamos hasta el Retiro. ¿Al Retiro?

¿Viste a esa amiga alguna vez?

Era una señorita muy elegante. Muy guapa.

¿Te dijo su nombre?

¿Tienen alguna foto de Emilia?

También tenemos la de la Comunión, pero era más jovencilla.

Esa también vale.

Tenía usted razón.

Mi hija buscaba alguien que la escuchara.

¿Por qué no la escuchaba yo?

No le dé vueltas a eso ahora.

¿Qué ha averiguado?

Hay seis vigilantes que se turnan de a dos.

No recuerdan nada sospechoso.

No debieron secuestrarla aquí. Pasa gente.

Aquí se ganaban su confianza. Luego la llevarían a otro sitio.

Ese tipo está aquí todos los días,

desde hace dos semanas.

Dicen que debe estar pirado, pero que no molesta.

Ni pide limosna ni nada.

Siga preguntando por el parque.

Buenas tardes. Brigada Metropolitana.

¿Podemos hablar con usted?

¿Qué quieren?

Investigamos una desaparición.

¿De una muchacha?

Sí. ¿Sabe algo de ella?

Sí, es mi hija.

Ya era hora de que mandasen a alguien.

Vengo cada día para dar con el que se la llevó.

Creo que hablamos de niñas distintas.

Emilia es mi hija.

Claro. Por eso lo investigan.

Y a los demás que nos zurzan.

Denuncié hace dos semanas la desaparición de mi hija

y ni me hicieron caso.

¿A quién le importa que desaparezca una niña de familia pobre?

Espere. A nosotros.

Mi hija también venía por aquí con quien se la llevó.

Si usted estuvo aquí hace dos días, quizás la vio.

¿Puede echar un vistazo a esta fotografía?

Sí, me suena la cara.

Estaba con su hermana mayor.

No tiene ninguna hermana.

Pues lo parecía.

¿No llevas la cinta que te regalé?

-Mi padre me lo ha prohibido. -Padres. Se preocupan por tonterías.

-¿Los tuyos también? -Mucho.

A mí me gustaba pintarme y nunca me dejaban.

-Yo nunca me he pintado.

-El secreto está en dar un toque de rubor a la mejilla sin que se note.

Si quieres, te enseño.

-¿Y me enseñarás a hacer los tirabuzones?

-Por supuesto que sí.

¿Su hija también tenía una nueva amiga?

No lo sé. Solo me enteré de que iba a pasear al Retiro.

Luego, como la policía no me decía nada, investigué.

¿Por su cuenta?

Si no se mueve el árbol, no caen las manzanas.

Y qué descubrió?

Que hay un burdel donde ponen a trabajar a niñas puras.

Como mi hija.

14 añitos tiene.

¿Cómo lo sabe? Me llegó el rumor.

Fui a un burdel. Luego a otro.

Pero a ése no me dejaron pasar.

Debe ir ahí gente muy importante y por eso no investigan.

Se llama Pompadour. Dígame la dirección, por favor.

Les presento a las chicas.

Cándida, Manolita, Enriqueta y Tere.

¿Qué les parecen?

Muy bien, pero buscamos que tengan algo especial.

Por el dinero que hemos pagado, no esperamos menos.

Lo sé, quieren desflorar las rosas. ¿Tienen alguna preferencia?

¿Éstas son las únicas chicas que tiene?

¿Le parece feo el ramillete?

Les aseguro que ninguna va a decepcionarles.

¿Cuántos años tiene ella?

16. 16.

Yo no le echaría más de 14. A ninguna.

¿Cuál de ellas quieren que les acompañe?

Todas. Nos llevamos a todas.

¿A todas? Sí.

Y a usted. Ellas se van a ir a su casa. Y usted a la puta cárcel.

¡Remigio!

Remigio está durmiendo.

Si me deja un recado, ya se lo doy.

Gracias, Crespo. Llévese a esta arpía.

Sí, señor. Vamos.

Id todas a vuestra habitaciones y esperad allí.

Tranquilas, no os pasará nada.

La he perdido, jefe. La he perdido para siempre.

No tenemos que darnos por vencidos, Blázquez.

¡Socorro! ¡Socorro!

¡Déjenme salir!

¡Por favor!

¡Socorro!

¡¡Déjenme salir!!

¡Por favor!

¿Qué hace él aquí? Tu amigo mató al diputado Escobar.

Había llevado lo robado a un usurero, jefe.

La cartera, el anillo, el maletín y 50 000 pesetas.

Lo hemos recuperado todo. Menos la llave.

Dejadnos solos.

Sí. Yo robé a ese hombre.

Pero no lo maté. No soy un asesino.

Cuéntame todo lo que pasó anoche.

Serían las doce.

Amaro y yo veníamos del Barrio de Salamanca.

No habíamos recaudado nada. Al pasar por Atocha le vimos.

¿Adónde vas tan deprisa, señor elegante?

-Déjenme en paz.

-Antes, nos vas a dar todo lo que lleves encima.

No. ¡El maletín no! ¡El maletín no!

¡Socorro!

¡Ayúdenme!

Vi que alguien estaba mirando y salimos corriendo.

¡Socorro! ¡Ayúdenme!

Escobar recibió una puñalada mortal. No fuimos nosotros.

A la mañana siguiente llevamos lo robado a un usurero de Lavapiés.

Ahí me empecé a mosquear. No quiso el anillo. Era caro.

En la taberna, todos hablaban del asesinato.

Al ver que era un politicastro, me cagué en todo.

Fui a recuperar lo empeñado. Lo demás, ya lo sabes.

¿No le reconociste?

Si hubiera sabido quién era, ni me acerco a él.

Tienen la ley de su parte. No es rentable tocarles un pelo.

¿Dónde está la llave en forma de cruz?

Ni idea. Te lo juro.

No te puedo ayudar si no me dices la verdad.

¡Te la estoy diciendo! Tenéis el dinero, que era una pasta.

¿Qué coño gano yo quedándome con esa puta llave?

¿Me crees tan estúpido de matar a alguien

y llevar al día siguiente lo que he robado a un usurero?

Yo no le maté.

Lo sé.

Te tengo que llevar al calabozo. ¿Puedo pedirte un favor?

¡Tío Víctor! ¿Qué haces aquí?

Tenemos que hablar, Juanito. ¿Le ha pasado algo a mi padre?

Sí. Pero nada que el tío Víctor no pueda arreglar.

Anda, coge tus cosas. Te vienes a casa.

Llanto

Hola.

¿Hay alguien ahí?

-Sí, quiero salir de aquí. ¡Quiero salir de aquí!

-Soy Emilia. ¿Tú cómo te llamas?

-Ramona.

Quiero salir. Quiero salir de aquí.

-Mi padre es policía. Vendrán a sacarnos de aquí.

Muy pronto, ya lo verás.

-¡Cállate, coño! ¿Me has oído?

¡La puta que te parió! ¡Qué te calles!

¿Me estás escuchando, niña?

-¡Suéltala o te pego un tiro!

Largo de mi vista.

Creía que nunca atrevería a subir con una.

Mi tiempo me ha costado decidirme.

No se va a arrepentir por elegirme, se lo aseguro.

No.

¿Prefiere quitarse la ropa usted? No. Prefiero no quitarme la ropa.

Vaya. es usted un morbosillo. Quiere hacerlo vestido.

Sí. Ciertamente soy un poco morbosillo, como usted dice.

Pero, ¿cómo podría decírselo?

Sí. El joven ése con el que le he visto un par de veces.

El de los ojos azules.

¿Víctor? Ese. Pues le diré una cosa.

Tiene un culo estupendo.

Si le preocupa no llevarse el mantón de Manila

que se ha apostado, tranquila. Le puedo comprar media docena.

¿Qué quiere de mí, Ernesto?

Porque si quiere que le presente a Víctor,

le aseguro que no es de su cuerda.

No. La que me interesa es usted, Lola.

No le entiendo.

Es usted muy guapa. Y tiene una clase...

¿Cómo le diría? Natural. ¿Sabe usted leer?

Estoy aprendiendo. Perfecto.

Le pondré un profesor y así aprenderá antes.

Y otro de protocolo. Doy cenas en mi casa y viene gente...

Deje de organizarme la vida. ¿Se puede saber qué quiere de mí?

Pues está muy claro, ¿no? Quiero que sea mi esposa.

Venga, despierta. Que ya son las nueve.

Pero si me acosté a las cuatro. Déjame dormir, anda.

Ni hablar, tienes que contarme tu cita con el marqués.

No me lo puedo creer.

¿Me despiertas sólo por eso?

Eres una cotilla.

Tengo que salir a la calle Postas a por unos botones

y me muero de la curiosidad. Venga, ¿qué paso?

Ni me tocó.

¿Nada?

No. El marqués necesita una mujer como yo tener tres codos.

¿Es marica? Más que un palomo cojo.

¿Y, entonces, qué quería de ti? Quiere que me case con él.

No entiendo nada. Ni yo.

Al parecer, su padre está muy enfermo.

Y heredará el título cuando muera

pero no las tierras, ni gran parte de su dinero, si no se casa.

¿Y que te propone a cambio? Quiere que aprenda modales, a leer.

Esas cosas. Y que vaya con él a cenas,

a la ópera...

Me prometió que me trataría como a una reina.

Él tendría sus líos y yo los míos. Con discreción, claro.

¿Y qué le dijiste?

¿Qué le voy a decir? Sabes que yo no soy muy de paripés.

Tú eres tonta, hija mía.

¿No ves que estás ante la oportunidad de tu vida?

Serás rica y podrás hacer lo que quieras.

Es el sueño de toda mujer, Lola. Yo tengo otros sueños.

Sí.

Y te van a llevar por la calle de la amargura.

Buenos días. Buenos días.

He dejado a Juanito en recepción. Podría llevárselo a tomar algo.

Sí, señor. -Gracias.

Debería llamar a las monjas para que se hagan cargo del niño.

Hay que acabar de investigar lo de su padre.

¿Qué mas quiere? ¿Una foto de su amigo apuñalando a Escobar?

Creo que he demostrado más de una vez

que las cosas no son lo que parecen.

Dése prisa, porque mañana se lo llevan a la cárcel.

¡Comisario! -Sí.

Anoche detuvimos a la madame del Pompadour.

Lo sé.

Me ha llamado más de un cliente suyo

de los que prefiero no decir el nombre ni el cargo.

A eso me refería. No puede dejar libre a esa proxeneta.

Ha secuestrado a niñas de 13 años, como mi hija.

Si sale del calabozo, será por encima de mi cadáver.

No puedo detener a muchos de sus clientes, me costaría el puesto.

Pero sus mujeres recibirán anónimos

para que sepan quiénes son sus maridos.

El odio de una esposa puede ser peor que la condena de un juez.

Gracias, señor. No me las dé.

No me las dé. Ha sido idea del inspector Ros.

-Una idea brillante, Ros.

Gracias. Señores, ahora a trabajar.

Repasemos la situación.

Es sencillo, no tenemos nada.

No es venganza personal. No estaba en ese burdel.

Era poco probable que estuviera allí.

En cuanto hubieran sabido que era hija de policía,

la habrían soltado o...

La habrían matado, ¿eso quería decir?

Es mi hija, jefe.

Ya es hora que vuelva a pensar más como policía que como padre.

Me alegra oír eso. Pero discrepo en que no tenemos nada.

Los secuestradores citaban a las niñas en el Retiro

y lo tenemos vigilado. ¿Las niñas? ¿Hay más?

Hay un hombre en el parque que va todos los días

a buscar pistas de su hija. Desapareció hace dos semanas.

Habrá que revisar si hay más denuncias

por desaparición menores. Sánchez, encárguese de ello.

Carballo, encárguese que vigilen estaciones de tren y carreteras.

¿Las quieren sacar de la ciudad?

O de España. Me recuerda a un caso sucedido hace unos años en Londres.

Blázquez, usted controle la vigilancia en El Retiro.

Carballo, gracias.

¿Qué quiere? -Que no chilles demasiado.

Tú tranquila, que te va a gustar.

¡Suélteme!

¡Que me suelte!

-Ni la toques.

-Es que chillaba.

Chillaba. -¡Fuera!

Es la segunda vez que le pillo. Ya sabes lo que tienes que hacer.

Y no te manches. Tenemos una cita, recuerda.

Tranquila.

Nadie te hará daño.

-Yo confiaba en usted.

-Y yo te he enseñado que puedes tener otra vida,

lejos de un padre que no te respeta.

-Déjeme salir de aquí, por favor.

-No. Te espera un destino mejor.

Serás la esposa de un terrateniente.

En Argentina te espera.

-No voy a ir a Argentina. -Es curioso.

Todas las demás chicas lloran, rezan...

Hasta me imploran que las deje libres. Tú no.

-Mi padre es policía.

Y ni él ni Víctor Ros van a permitir que se salga con la suya.

-No me habías dicho que era policía.

-Para que no tuviera miedo y no se alejara de mí. Ahora es distinto.

-¿Y quién es ése Víctor Ros? -Pronto le conocerá, tranquila.

Disparo

¿Qué ha sido eso?

Te dije que ese hombre no te volvería a molestar.

¿Alguna novedad? No.

Bárbara. Es hija de un policía.

Tenemos que irnos ya. -No.

Nos queda una chica para completar la entrega.

Ahí está.

Tienes razón. Debemos irnos cuanto antes.

¿Cuánto tardarías en preparar el viaje?

-Podríamos salir mañana. -Encárgate de todo.

¿Y la chica pendiente?

-Sé dónde vive, ya me las arreglo sola.

Juanito, pórtate bien.

Haz Todo que lo te diga. ¿De acuerdo?

¡Inspector Ros! ¡Qué ilusión verle! ¡Aurora!

¿Todo bien por Lisboa?

Sí.

Y gracias a usted. Me salvó la vida.

-¿Quiénes son estas mujeres, tío? Unas buenas amigas, Juan.

¿Tío? ¿Me he perdido algo?

Bueno, hago las funciones, que se dice.

¿Qué te trae por aquí?

Necesito que me hagas un favor. Lo que necesites.

Ven conmigo, que tu tío y mi hermana tienen cosas que hablar.

Gracias.

¿Qué necesitas?

Su padre está detenido y no quiero que esté solo.

Doña Patro puede cuidarlo por las tardes,

pero por las mañanas no.

Esta tarde también puede venirse.

Fernando sale de viaje a Burgos y pasa la noche fuera.

Quiero decirle que te he pedido este favor.

Me parece lo correcto.

Oye, si de paso Juanito aprende a juntar algunas letras, estupendo.

Claro que sí.

Con esta frase comienza el libro más importante de la literatura:

Don Quijote de la Mancha.

¿Alguien se atreve a leerla en voz alta?

¿Quieres ir al baño, Juan?

No. Quiero leer la frase.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...

¿Cómo sabe que me voy de viaje? Me lo ha dicho Clara.

Necesitaba dejarle al niño. No quiero que vaya a la inclusa.

Le agradezco el detalle de hablar conmigo.

Si hay alguien en quien puedo confiar es en usted.

Gracias.

¿Qué tal lo de la hija de Blázquez?

Cubrimos todo lo que podemos. pero aún no veo la luz.

Lo mismo con lo del diputado.

El presidente felicita a la Brigada por resolver tan rápido el caso.

Aunque usted no tiene tan claro que su amigo sea el culpable.

Luis es un ladrón. Y los ladrones no matan.

Es un chirlero: lleva navaja.

De cada tres madrileños, dos la llevan.

Luis siempre ha ido a lo seguro.

Yo soñaba con robar joyerías, bancos.

Y él decía que sólo valía para carterista.

Además, no es imbécil.

Curioso pasado el suyo. Y lo de imbécil, ¿por qué lo dice?

Nadie lleva a un usurero lo que ha robado

a las pocas horas de matar. Hay algo más en este caso.

Que no aparezca la llave es un dato.

O que llevara un maletín con 50 000 pesetas en plena noche.

No me cree? -Sí.

Estoy empezando a pensar que hay cosas que no cuadran.

Lea.

¿De la Rubia se ha escapado?

Sí. En la frontera con Francia.

No me lo puedo creer. ¿Por qué?

Usted ya avisó de que pasaría. Sí, pero no con Osborne.

Era una de las joyas de Scotland Yard. ¿Se sabe algo?

El informe apenas da detalles.

Quiero que me informe directamente de lo que pueda descubrir.

Sí, señor.

¿Dónde les has visto?

En la calle Postas, a la altura del siete.

Conozco bien esa dirección.

Gracias.

Te lo he dicho siempre. Ese hombre no te iba a hacer bien.

¿Puedes dejarme sola?

¿Qué tal se ha portado? Estupendamente.

No me tenías que mentir para que me quedara con él.

Yo no te he mentido. Me has dicho que le enseñara a leer.

Y sabe leer perfectamente.

¿Juan sabe leer? Sí.

Su padre le llevó a una profesora del barrio.

Le dijo que tenía que ser tan listo como su tío Víctor.

Te quiere mucho.

No me querrá tanto cuando sepa que enviaré a su padre al garrote vil.

Seguro que descubres que no fue él.

No lo sé.

No encuentro a la hija de Blázquez,

puedo perder a mi amigo de la infancia.

Siempre hay algo que me ilumina.

Y ahora que más lo necesito, nada. Estoy a oscuras, Clara.

Completamente a oscuras.

Será mejor que me vaya.

Mañana salgo a primera hora para Bilbao.

Creo que esta noche me tienes que contar muchas cosas.

¿Adónde vamos? Adonde Clara.

¿Por qué no me has dicho que sabes leer?

Yo tengo mis secretos.

¿Y tienes muchos?

No. Pero algunos no los conoce ni mi padre.

¡Detenido el asesino del diputado Escobar!

¡El General Weyler, nuevo capitán general de Cuba!

¡Detenido el asesino del diputado Escobar!

¡El General Weyler, nuevo capitán general de Cuba!

¡Detenido el asesino del diputado Escobar!

¡El General Weyler, nuevo capitán general de Cuba!

¡Detenido el asesino del diputado Escobar!

¡El General Weyler...!

Buenos días.

Jefe, hay novedades.

El libro que llevaba mi hija cuando la secuestraron.

¿Dónde ha aparecido?

Una de mis alumnas es hija de un tendero.

Un trapero le llevó el libro.

En cuanto vio el sello del convento me lo hizo llegar.

¿Dónde encontró el trapero el libro? En Lavapiés.

-Eso y nada es lo mismo.

-¿No va a servir de nada haber encontrado el libro?

-Siento ser tan pesimista.

Los traperos llevan todo lo que encuentran allí o al canal.

Allí llevan la basura de toda la ciudad.

Apartan lo que haya de valor para llevarlo al Rastro.

Los trapos van a las fábricas de papel, el papel a las de cartón,

los huesos a las refinerías y las botellas

a los almacenes de vino. El resto lo queman.

¿Qué será esta sustancia? El libro está lleno de ella.

Huele raro. Probablemente a mierda.

Perdón, hermana.

No perdemos nada por llevárselo a Córcoles.

Yo mismo lo haré. No, ya me encargo.

Usted vaya al Rastro, a ver si encuentran más cosas de su hija.

Gracias, hermana.

-Hermana.

Carballo.

¿Quién ha permitido hacerle una foto a Luis?

Buendía. Es lo normal.

Mire, Ros, no soy yo de dar muchos consejos,

pero si su amigo Luis quiere ver a su hijo, mejor ahora.

Mañana lo llevan a la cárcel de la Moncloa.

Y le aseguro que no es sitio para que vaya un niño.

Juan,

no tardaré mucho en volver, ya lo verás.

-No me mientas, padre. Lo sé todo.

No es culpa suya.

Vi tu foto en un periódico que estaba tirado.

-Sabes que yo no lo he hecho, ¿verdad?

-Si no te voy a ver más, te tengo que confesar una cosa.

-¿Has hecho algo malo, hijo? -Te he robado una cosa.

La trajiste a casa el otro día.

¡Es tan bonita!

Sánchez me dijo que su esposa decía que la llevaba siempre.

Tiene un número. Debe ser de una caja de seguridad.

Lo es. Del Banco Vitalicio.

Yo también tengo una caja de seguridad allí.

Deberíamos pedir permiso a un juez.

O a la familia, para ver qué guardaba Escobar.

Mejor actuar con sigilo. Ya me encargo yo.

¿Avanzan en lo de la hija de Blázquez?

No todo lo que quisiera. Malos tiempos los que vivimos.

Cierto. Y aún pueden ser todavía peores.

Señor.

Cada dos años, en las mismas fechas,

hay varias denuncias. Desde hace seis años.

Nunca se encontró nada.

Tres oleadas de desapariciones y nosotros sin saberlo.

Porque no se investigó.

Ahora lo hacemos porque Emilia es hija mía. ¡Qué vergüenza!

¿Encontró alguna ropa de su hija en El rastro?

Carballo, este hombre quiere hablar con usted.

Dice que es urgente.

Vamos, acompáñeme.

Estamos muy ocupados.

Le rogaría que fuese rápido. ¿Qué quería?

-¿Es usted el que detuvo al hombre acusado de asesinar a Escobar?

-Ya es un caso cerrado. -No lo creo.

-¿Por qué está tan seguro de eso?

-Porque ese hombre es inocente.

-¿Cómo lo sabe?

-Porque a Marcial Escobar lo maté yo.

Iba a matarlo cuando iban a robarle.

Dejé que todo pasara y fui a por él.

-¡Socorro!

¡Ayúdeme! ¡Ayúdeme, por favor!

Al principio no me atreví. No había matado a nadie en mi vida.

Váyase al infierno.

-¡Le daré dinero si me ayuda!

-Pero cuando me dijo que me daría dinero...

¡No quiero tu puto dinero, cabrón!

No pude contenerme.

¡Dinero!

Lo único en lo que somos iguales ricos y pobres es en que nos morimos.

Y en el más allá no hay bancos. Eso espero.

¿Por qué le mató?

Porque me robó a mi hijo.

Era un ladrón de niños.

¡Qué vergüenza!

¿Quien es este? Venancio Márquez.

Han traído el cadáver de su hijo de Cuba.

Ud. se encadenó frente al Congreso.

Mi hijo murió en Cuba.

La semana pasada me llegaron sus pertenencias.

¿Qué tiene que ver Cuba con todo esto?

Mi negocio, una panadería, quebró hace años.

Estábamos en la miseria.

Mi hijo decidió salvarnos yendo a la guerra en lugar de otro.

Cobró su buen dinero, pero a cambio de su vida.

¿Mató a Escobar porque fue el defensor

de la exención? Eso lo supe después.

Yo de lo que me enteré es de quién pagó a mi hijo

por que fuera en su lugar a Cuba. ¿Quién?

El hijo de don Marcial Escobar.

¿Qué se nos ha perdido en Cuba para que nuestros hijos mueran allí?

Cuba es España.

Si lo es, que vayan a luchar allí todos.

Los hijos de los ricos y los de los pobres. O todos o ninguno.

¿Sabe lo que supone su confesión?

Que me den garrote vil.

Ya me he despedido de mi mujer y he dejado todo en orden.

Si no se hubiera entregado, podría seguir con su vida,

atender a su esposa.

Si no hubieran detenido a nadie, no habría venido.

Pero ese hombre no puede pagar por lo que yo hice.

Que gente como Escobar no tenga conciencia,

no significa que los demás no la tengamos.

No.

Ya sé qué es lo que impregnaba el libro. Es afrecho.

-¿Qué coño es eso?

-Malta prensada. Lo que queda después de prensarla.

A las cerveceras madrileñas les debe sobrar el dinero.

En Cataluña y las Vascongadas se reutiliza.

Aquí la tiran. No lo entiendo.

El que recogió el libro lo hizo al lado de una fábrica

de cerveza. Así es.

En Madrid hay seis. Las he señalado, miren.

Libertad, Santa Bárbara, Bastero, Leganitos, Universidad y Lavapiés.

Lavapiés. Es la que está más cerca de la estación de Atocha.

Que quieren sacar a esas niñas de la ciudad.

¿Por qué?

Para traficar.

Vayan allí de inmediato. Yo iré enseguida.

¿Alguna novedad? -Nada.

Les tenemos, señor.

Hemos interceptado un coche con cuatro niñas.

¿Y mi hija? No, señor.

¿Dónde lo ha interceptado? A dos calles de aquí.

Vamos. A por ellos.

Siga hasta la estación de Atocha. No pare, por favor.

¡Suéltame!

No me muevo de aquí. -¡Venga, rápido!

Vamos.

Venga. Abro el portal y nos vamos.

-¡Deténgalos!

Llévenselos. ¿Estáis bien?

No está. ¡Emilia!

No está. No está, jefe.

Vamos. Crespo, la puerta.

Vamos.

Quieto. ¡Suelta a mi hija!

No hasta no estar lejos de aquí.

Escúchame bien, si se te ocurre hacer una locura,

el garrote te parecerá divertido.

Ya, y si me entrego me trataréis como a un marqués, ¿no?

Está bien.

Tú ganas.

Emilia, tranquila. No te va pasar nada.

¿De acuerdo?

Sé que tienes ganas de darle una patada,

pero todo a su tiempo.

Ya le pillaremos. ¿De acuerdo? ¿Entendido?

Nos vamos. Yo de aquí no me muevo.

Suelte la pistola.

Ni loco. Es una orden.

¡He dicho que no, jefe!

Si no lo hace por las buenas,

será por las malas. ¡Ahora!

¡Quieto!

-¡Jefe!

Crespo.

Señor. Todo suyo.

No te muevas, hijo de puta.

¿Emilia?

-¿Tú eres Ramona? -Sí.

¿Qué tal su mano?

Estoy tan feliz que no me duele nada.

¿Le importaría acompañar a Emilia a casa?

Claro.

Emilia.

Vamos. Gracias, Jefe.

Ramona,

voy a llevarte a casa. Se lo debo a tu padre.

Feliz cumpleaños, hija mía.

¿En qué piensa, jefe? Que le veo muy lejos de aquí.

Estaba pensando en que soy un grosero.

No he traído ningún regalo a Emilia.

Estoy viva y en mi casa. ¿Qué mejor regalo puedo tener?

Yo sí tengo que hacerte un regalo, hija.

Gracias por todo.

Por librarme de ésta y por retirarme los cargos por robo.

Eso ha sido cosa de Carballo. ¿En serio?

¿Y Buendía ha aceptado?

Carballo le ha informado de que nos has ayudado en alguna ocasión.

No pienso ayudarte nunca más, Luis.

Tienes que dejar esta vida, tienes un hijo.

Pues como no me meta a cura....

Para médico o abogado llego un poco tarde.

¿Y Juanito? Te espera en casa.

Le he dejado unos libros, para que no se aburra.

¿Cuándo ibas a decirme que sabía leer?

A su tiempo.

Que yo sea un burro no significa que quiera que él lo sea.

Para eso necesitaré tu ayuda.

Para eso siempre la tendrás.

¡Vaya! ¡Cuánto tiempo sin verte!

Tengo que hablar contigo. A solas.

Aquí ya estamos suficientemente a solas.

Lola, por favor.

Debo contarte algo.

Si no lo hiciera, te estaría engañando.

Es Clara.

Nunca la conseguiré.

Nunca haría nada que la perjudicara.

A ella o a su marido.

Pero tú no te mereces ser segundo plato de nadie.

Eres una mujer maravillosa. No lo seré.

Yo también tengo que decirte algo.

Me voy a casar.

¿Con quién? Con un marqués.

Pase.

Señor. Lea estos documentos.

No se preocupe por Clara.

Le he traducido las cartas. Usted domina el inglés.

Estaban en la caja de seguridad de Escobar.

¿Quieren asesinar a Cánovas? Intentarán hacerlo pronto.

El presidente vuelve esta noche. Mañana hablaré con él.

El Sello de Brandenburgo, Escobar...

Estamos delante de una conspiración de alto nivel.

Es lo que usted intuía. No es mérito mío.

Al final, nos hemos enterado de todo porque Juanito

reconoció haber robado la llave.

Y porque un padre se ha vengado de la muerte de su hijo.

Quieren matar al presidente en mitad de una guerra.

¿Qué manera mejor de que España pierda la guerra?

Exacto. Se habla del interés de Estados Unidos en Cuba.

Así los Estados Unidos tomarían Cuba con pactos comerciales,

industriales, y sin pegar un tiro.

El único tiro lo dará De la Rubia, si no lo impedimos.

Esto demuestra que los gobiernos no mandan.

Lo hacen el dinero y las grandes empresas.

Ése es el futuro. Y no me gusta.

Ros lo sabe todo. Tenemos que abortar el plan.

-Ni pensarlo. El plan se debe llevar hasta el final.

-¿Está seguro?

-Completamente. Y no se ponga nervioso, Osborne.

Yo sé cómo neutralizar a Víctor Ros.

Dios santo.

-Una unidad lo vigila. No servirá.

Se la saltará.

Disparos

Soy Marcelo Picorelli, de Buenos Aires.

Los papeles de Fernando. -No quedan pruebas.

Somos policías. El presidente es lo primero.

Voy a por estos dos. ¡No!

¡Quiero la máxima dureza con Ros! ¡Un castigo ejemplar!

-Te persigue la policía. -¿Cuándo actúo?

-Depende de que neutralicemos a un amigo suyo: Ros.

-¿Lo mato?

¡Han venido a por mi padre!

¡Ah!

Silba

Si lo ven aparecer, no duden en disparar.

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Víctor Ros - Capítulo 5: Ladrones de niños

06 jul 2019

Todas las alarmas se disparan en la Brigada: la hija de Blázquez (Emilia) ha sido secuestrada. Todo apunta a la venganza de alguno de los criminales que en su día haya detenido Blázquez, que no es famosos por su buen trato a los detenidos. El comisario Buendía pone a todos los hombres a la búsqueda. Víctor intentará ayudar a su amigo, pero habrá asuntos de Estado que le impedirán volcarse en el caso como desearía.

Histórico de emisiones:
09/02/2015

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