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No recomendado para menores de 16 años Víctimas del misterio - Vudú - ver ahora
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Subtitulado por Accesibilidad de TVE.

El 25 de agosto de 2003,

un hombre buscaba comida para sus pájaros

en un contenedor de basura;

pero lo que encontró fue la cabeza de una mujer.

Junto a la cabeza, había otras seis bolsas

que contenían el resto del cuerpo descuartizado.

La primera incógnita por resolver era la identidad de la víctima.

Sería al mediodía, por la tarde más o menos,

cuando recibimos una llamada

en la que se nos informaba de que se había encontrado

la cabeza de una mujer en un contenedor de basuras.

Según las primeras informaciones que nos dieron,

era de un hombre, un antiguo funcionario ya jubilado,

que era mudo,

y el hombre buscaba dentro de los contenedores de basura,

con la sorpresa de que en uno de ellos,

al romper la bolsa,

encontró la cara de una mujer.

Al abrir bien la bolsa,

ya vio que aquella cabeza

tenía incluida una peluca, unas rastas,

y entonces fue cuando saltó la alarma.

-Un señor sordomudo de Boadilla removía en la basura

y encontró la cabeza de una mujer de color.

El señor empezó a hacer aspavientos;

fue hacia Boadilla del Monte,

y paró a la Guardia Civil

y ya fue cuando encontraron el cadáver.

-Había encontrado a una persona en un contenedor descuartizada;

bueno, en cuatro contenedores, por lo que comenta la gente,

porque eso solo lo saben las fuerzas de seguridad.

-Una vez que confirmamos la llamada,

que llegamos al punto,

nos dirigimos al contenedor

y ya vemos directamente una de las bolsas abiertas,

en la cual comprobamos que efectivamente

había una cabeza humana de una chica de color.

Correcto.

Al vaciar los contenedores,

los agentes encontraron varias bolsas

en las que se repartía

el cuerpo descuartizado de la víctima.

El homicida en cuestión se preocupó muy mucho

de que cada trozo de esa persona fuera metido dentro de tres bolsas.

Abrías las tres bolsas, te encontrabas la cabeza;

abrías las siguientes bolsas y la escena era muy dantesca

porque ibas encontrando los miembros amputados

de esta persona,

la cual íbamos recomponiendo igual que un puzle.

-En tres contenedores no había nada;

estaba todo en uno.

Se encontraron siete u ocho bolsas

y efectivamente se confirmó que la cabeza pertenecía

a una mujer de raza negra joven

y con el resto de las bolsas

se fue completando, digamos, el puzle.

-Ninguna de ellas por fuera mostraba ningún signo

de sangre ni de nada;

estaban totalmente impecables.

Estaba todo perfecto.

Nos llamaba la atención cómo había realizado los cortes;

todos estaban realizados por la parte de las articulaciones;

era muy llamativo. Había sido muy meticuloso.

-Me llamó la atención el hecho de que el descuartizamiento

había sido hecho con mucha precisión.

En esos casos los médicos forenses pensamos

si tenía algún conocimiento de anatomía;

o bien médico o alguna profesión sanitaria,

o incluso un carnicero

también sabe perfectamente descuartizar, ¿no?

La autopsia confirmó que se había utilizado un cuchillo

para el descuartizamiento.

Habitualmente estudiamos la sección del corte.

O sea, el corte siempre, en las partes blandas no,

pero normalmente en hueso deja una mella

del instrumento cortante, que nos permite

cotejarlo con otros datos controles que tenemos,

otros cortes controles,

y nos permite determinar con qué herramienta se ha hecho.

Cuando los investigadores atendieron a los cortes,

vieron que no era un principiante;

quien los había hecho sabía perfectamente

cómo realizar esos trazos

para que quedaran completamente limpios y que no hubiera sangre,

y se empieza a barajar la posibilidad

de que se trate de un ritual.

La pregunta clave es:

¿quién realizó esos cortes y para qué?

Encontramos otra pequeña bolsa aparte donde iba el bolso,

que nos acercó a la posibilidad

de que esta mujer trabajara en la prostitución,

puesto que en este bolso que encontramos

exclusivamente había preservativos y toallitas higiénicas,

que no iban empaquetadas, iban sueltas.

-El detalle del bolso es muy significativo.

Carecía de documentación;

pero apareció el bolso, un bolso negro pequeño,

y tenía exclusivamente cinco preservativos

y algunos pañuelos de papel.

Era muy probable que fuera una chica

que se dedicara a la prostitución, como así fue.

La aparición del bolso de la víctima en un contenedor

guiaría la intuición de los investigadores;

les llevaría hasta el ambiente marginal de la prostitución,

de la Casa de Campo,

que se había trasladado al Parque del Oeste.

Allí comenzaría la investigación,

interrogando a muchas de las compañeras de la víctima.

Esa misma noche la policía se traslada

a las zonas de prostitución, intentando encontrar alguna pista

que sirviera para identificar a la víctima.

Lo que hicimos para que no fuera tan desagradable

fue hacer una foto de la cara de esa persona,

de la cabeza de esa persona;

le pusimos una sábana como si estuviese arropada;

o sea que no diese la sensación

en ningún momento de que era una cabeza

que estaba separada del cuerpo.

Lo fuimos enseñando en la zona por la que estaba entonces,

Casa de Campo,

Pintor Rosales...

Y no pudimos encontrar en esa misma noche

absolutamente nada.

El asesinato en sí

y las propias circunstancias de las compañeras de la difunta

indicaban que no era un asesinato convencional.

La cuestión, llegados a este punto,

era intentar romper ese cerco de silencio de las compañeras,

que parecían estar sometidas ante algo tan intangible

como es el miedo;

ante algo tan real como es el vudú.

Dando por hecho esa premisa de que podía ser una prostituta,

ahí solo hay dos caminos:

uno, el de su entorno, proxenetas, y otro el cliente; no hay más.

Hay una serie de circunstancias

que evidentemente nos invitan a dudar:

el estado en el que se encuentra el cadáver,

las diferentes situaciones a las que ha sido sometido...

Da la sensación de que estamos ante un claro proceso ritual.

Debemos pensar que la policía, cuando empieza a investigar,

se queda muy sorprendida,

y es precisamente cuando abre esta vía del vudú,

en el momento en que se dan cuenta de que en la ropa interior

de algunas de las chicas hay conchas sujetas con imperdibles;

son métodos de protección contra el vudú.

Se dan cuenta de que en los alrededores de donde trabajan

se encuentran pequeños muñecos, fetiches de protección,

contra ese mal.

Por tanto, hay una evidencia de que de una forma u otra

se llevó a cabo un ritual.

La hipótesis del crimen ritual se ve reforzada por la brutalidad

con que se ejecuta el asesinato.

Detrás del mismo, podrían estar

las mafias nigerianas de la prostitución.

Las mafias nigerianas, las subsaharianas,

pero las nigerianas en concreto,

quizá sean las más crueles, las más inhumanas

y las más duras con sus víctimas.

Si hablamos de las nigerianas, interviene esa violencia psíquica

que podemos hablar que es el vudú, que es la magia negra;

con la violencia física que les imponen.

-Incluso teníamos una bolsa en exclusiva

donde iban las vísceras, los órganos internos de la víctima.

Yo creo que la forma en que fueron extraídas las vísceras,

más que esconder la forma en la que se puede realizar un ritual;

un ritual no tiene por qué ser sangriento,

puede ir de no ser sangriento a ser extremadamente sangriento;

pero en este caso yo creo que lo que pretendía era

dar un escarmiento;

es decir, si en un momento dado

a alguna de las chicas que formaban parte de ese grupo,

que habían sido aterrorizadas en un proceso de ritual vudú,

pretendía hacer lo mismo, es decir, salirse del grupo,

"que sepas te puede pasar esto".

Por tanto, cuanto más salvaje sea la acción, mayor será el miedo.

El vudú es un arma poderosísima;

no de captación, ojo, sino de coacción.

Es decir, son las 200 cadenas

que llevan las mujeres subsaharianas,

que cuando se las ve en la calle que están siendo prostituidas,

todo el mundo dice: "¿Por qué no corren o gritan?".

"¿Por qué no piden ayuda?".

Esas son las cadenas que no vemos.

-Los proxenetas de estas chicas no solo les retienen el pasaporte,

sino que parece que les retienen el alma.

Hay una forma de dominar a la persona

que yo creo que no se puede controlar,

porque no consiste en dar palizas o en secuestrar;

es un dominio que se produce a distancia,

con miles de kilómetros de distancia.

Es el miedo; es el vudú en este caso.

Las redes de trata de blanca se sirven precisamente

de algo tan intangible como es esta creencia

y especialmente el terror que puede llegar a provocar,

para controlarlas.

En este caso en concreto tenemos la evidencia

de que efectivamente

estamos hablando de un ritual o unos rituales vudú,

pero con una intención: controlar mediante el miedo.

Llega el brujo;

a esa mujer se le hacen cortes por todo su cuerpo,

se le obliga a comer el corazón de un pollo vivo,

con las manos atadas, con la boca directamente;

se le recogen muestras de menstruación, de cabello,

de bello púbico,

y también de las personas que quiere,

y con todo eso se construye ese atado que es un contrato

que hará que esa mujer jamás, jamás, lo incumpla.

El ritual vudú cuando se realiza

en la tierra de la que salen estas chicas

es prácticamente un calco de lo que se suele hacer.

Parece mentira que en pleno siglo XXI se sigan haciendo

este tipo de cosas.

Pero estamos en un entorno clandestino,

donde hay una sacerdotisa y un sacerdote,

que en un principio dibujan en el suelo

una serie de símbolos, los "bebés" se llaman,

que es la forma mediante la cual ellos atraen

la atención de los "loas", los espíritus,

que deben venir a concedernos lo que le pidamos

A partir de ahí se crea un "body", un muñeco,

el prototipo de muñeco vudú que podemos tener en mente;

se coge piel de la persona a la que se quiere "embrujar",

se coge cabello, y se sella el pacto.

Evidentemente cuando son enviadas a España,

ese pacto hay que alimentarlo conforme van pasando los años.

Por tanto, son una sucesión de rituales que se siguen haciendo

para continuar alimentando que la magia es efectiva,

que como te salgas de esto o tú o tu familia podéis morir

y sobre todo para que el miedo no se pierda.

El vudú es algo que les aterroriza por una muerte horrible para ellas,

pero también mucho sufrimiento para todas las personas que aman.

-Todo lo que yo diga lo debes hacer sí o sí;

no hay ningún impedimento. Y la gente lo hace sin problema.

-Con lo cual es muy difícil que una mujer subsahariana denuncie.

Y en el caso de que lo haga,

las represalias de las redes son durísimas.

Tras varias visitas infructuosas a las áreas de prostitución,

los investigadores piden ayuda a una de las ONG

que trabaja sobre el terreno.

Solicitamos la colaboración de Médicos sin Frontera

porque en ese época se dedicaban a repartir preservativos,

había una campaña contra enfermedades de transmisión sexual,

y tenían una serie de listas donde aparecían

todas las chicas que ejercían la prostitución,

de diferentes razas, lugares, países;

con el ánimo de que alguien echase de menos a esa muchacha.

Al tercer día tuvimos la grata recompensa

de que nos llamaron y que existía una chica

que faltaba ya desde hacía unos días,

y que otra mujer la había reconocido.

El nombre de la desaparecida era Edith Napoleón.

Si ella bajó a trabajar con normalidad

y ven cómo se va con un cliente,

ahí hay una relativa normalidad.

-Le enseñamos la fotografía y la reconoció.

-Son muy difíciles; no quieren colaborar.

La policía en principio para ellas están en el otro lado;

digamos, en la vida cotidiana,

hasta que la convences de que quieres ayudar,

que no quieres que se repita.

A muchas prostitutas que ejercen su trabajo

bajo el yugo de proxenetas o de organizaciones criminales,

no les gusta tener trato con la policía.

Suelen ser extranjeras, y no ven en ellos a protectores,

sino a posibles enemigos.

De ahí que el hecho de que una de ellas

llegara a denunciar la desaparición de su compañera

y colaborara con la Policía para desmantelar la red

tiene muchísimo mérito,

pues le suponía una confrontación directa con sus jefes.

La mujer que reconoció a la víctima se llamaba Charity,

era su amiga y trabajaban juntas cada noche

en el Parque del Oeste de Madrid.

Charity vivía con Edith en un "piso patera";

es decir, ahí habitaban cuatro mujeres y dos hombres,

todos africanos, en condiciones infrahumanas.

Cuando los investigadores acceden a este piso,

lo que les llama la atención,

más allá de esas condiciones de vida que tienen,

son una serie de altares en los que aparecen elementos

como plumas, bello púbico, velas...

Da la sensación de que forman parte de un extraño ritual.

La Policía de Móstoles confirmó que Charity había puesto

una denuncia por la desaparición de su amiga,

y Charity pasó a ser testigo protegido

para que colaborase sin ningún temor.

Charity cuenta a los investigadores que la última vez que ve a Edith

es en torno a las dos de la mañana.

La ha visto subirse a un vehículo, de un cliente habitual;

ella le conoce bien,

hacía meses también le prestó un servicio.

Esa mujer era Charity; esa fue nuestra gran amiga Charity.

-Ella fue la que confirmó que de forma habitual practicaba

la prostitución en el Paseo de Camoes,

y colaboró desde el principio.

-Decía que era de Sierra Leona, si no recuerdo mal;

pero tampoco podías hacer mucho caso a ella,

porque viajaban de Sierra Leona, de Nigeria,

y luego solían decir otros países para buscar asilo político...

-Si dicen que son de Nigeria, Nigeria es un país estable,

con un gobierno democrático...

¿Dónde van? Sierra Leona o países con conflictos bélicos

donde no pueden ser expulsados.

-Nos explicó que ella en su día ya había estado

con la última persona que se vio con esta chica, con Napoleón.

A pesar de que lo conocían como un cliente habitual,

Charity actuó como cumple el protocolo entre ellas.

Apuntó la matrícula de aquel cliente.

Estas mujeres tienen la costumbre de, como trabajan en la calle

y están desprotegidas totalmente,

cuando se montan en el coche de algún cliente,

ellas por precaución suelen anotar la matrícula completa del vehículo;

matrícula y modelo.

En este caso, como el cliente en cuestión ya era conocido,

parte de esa matrícula se había perdido

y nos quedaba la numeración y una letra apenas.

El modelo del coche era un Ford Focus matrícula 9156 B.

Las dos últimas letras no las pudo apuntar.

Había apuntado la matrícula, con buena intención,

pero que cuando se aporta una matrícula incompleta,

cada error que tengas puede suponer 10 000 coches.

Es decir, aportó los cuatro números

y lo que ella pensó que era la primera letra,

que a la postre era errónea.

-Fue un trabajo muy tedioso,

puesto que nos salían cientos de vehículos,

por no decir miles de vehículos,

en los cuales coincidía la numeración con la marca.

Charity había estado un año antes con ese hombre,

por lo cual la investigación en ese momento dio un vuelco

y nos centramos en ella.

No había llegado a estar en su casa,

pero sí en el garaje de su casa,

y una vez dentro del garaje él le dijo a ella

que no podía subirla a casa porque tenía gente;

cosa que no era así, puesto que vivía solo.

Ese día pensamos que Charity salvó la vida.

Nos dijo que era una persona de raza blanca,

rubio, al que le gustaban exclusivamente las mujeres de color

a las que trataba con una delicadeza extrema,

les hablaba en un perfecto inglés,

les proponía matrimonio; las embaucaba de alguna manera

para que ellas bajasen las defensas.

Charity había comentado a los investigadores

que aquel cliente quería casarse con una subsahariana.

Los explotadores, sus amos y señores,

son los que controlan qué chica se casa con quién,

y sobre todo por cuánto.

El deseo casi obsesivo por casarse con una subsahariana

abre una inquietante posibilidad,

y es que podríamos estar hablando de un cliente que estaba negociando

con la mafia de trata para acordar un matrimonio.

Evidentemente ellas por sí solas no pueden hacer estos acuerdos

porque están totalmente sometidas a los mafiosos.

Faith es una de esas mujeres que ha sido víctima de trata.

Faith, como Edith y como Charity,

llegó a Europa bajo el control de los traficantes nigerianos

y fue explotada hasta que tuvo

las agallas de enfrentarse a la mafia

y liberarse de sus cadenas.

Su historia comienza en 2005,

cuando su hermana la entrega a los traficantes.

Mi hermana me dijo que iba a ayudar a una mujer

en Italia,

en la peluquería,

y que el viaje era para eso;

para tener trabajo en la peluquería de esta mujer en Italia.

Nos teníamos que reunir con una mujer

en un santuario,

donde tuvimos que hacer un ritual de juramento

antes de empezar el viaje que ella me había propuesto.

-En esta casa están preparando un rito vudú.

Es un rito para poseer a las prostitutas.

-En el santuario cogían sangre de mis partes íntimas

y pelo de mi pubis,

y hacían un ritual que no sé muy bien en qué consiste.

-Para ellos forma parte de su religión, de su cultura.

Ese contrato consiste en una noche con su familia,

con sus vecinos, con amigos,

porque están felices; ella es la elegida.

-Cuando a una mujer le hacen el "yuyu",

es como si firmara un pacto con el diablo.

Tendrá que trabajar de prostituta para la "madame",

para la mafia, en Europa, durante dos años.

-Con pelo de mi pubis se hacía un juramento

en el que yo tenía que cumplir,

realizar el pago,

que en aquel momento me dijeron que eran 45 000 euros,

que tampoco sabía lo que era porque no sabía lo que era un euro;

pero sabía que tenía que pagar y que si no pagaba

me podía pasar algo.

-El brujo está poseído. Le preguntamos qué le pasaría

a una prostituta si incumpliera el "yuyu".

Es explícito;

le pasaría lo mismo que a la gallina.

-No podemos imaginar que una mujer de repente se levanta una mañana

y dice: "Ay, voy a irme a ejercer de puta a Europa",

y se cogen un hatillo y se ponen a caminar.

Eso no existe; hay una captación endémica;

es decir, redes muy bien organizadas

que están captando constantemente.

-Sabes que la organización te va a llevar a Europa,

pero tienes que pagar esta deuda,

una deuda entre 55 000 y 60 000 euros.

-Cuando llega a España su deuda es en torno a los 50 o 60 000 euros.

Esas mujeres nunca jamás van a poder pagarla.

-Tienen que cruzar innumerables fronteras,

innumerables controles que les impiden el paso,

¿y cómo van a pasar?

Pues sencillamente obligándolas a ejercer la prostitución con ellos;

es decir, siendo obligadas a ser violadas

por estos controladores de rutas.

-El camino fue difícil para mí y una chica que venía conmigo

porque el guía que nos llevaba

siempre quería abusar de nosotras.

Después de un tiempo y de querer seguir abusando de mí

y yo no querer,

dijo que llamaría a otros que él conocía

para que hicieran conmigo lo que quisieran;

me cogieran, me ataran, me pegaran...

Hasta que me desmayé y no sé lo que hicieron conmigo.

-Se les ofrece venir a Europa a trabajar,

en muchos casos se les dice que van a ejercer la prostitución;

en ningún caso cómo va a ser, de qué manera se les explotará.

-Va a intentar llevarlas inicialmente a Ceuta o Melilla.

Ahí la cruzan, la marcan, para saber de qué red es cada una.

Como si fueran ganado.

Les ven las señales: "Esta es de fulano, de mengano"...

Porque ahí sí que se cosifica a la mujer, por supuesto.

-Llegan con tatuajes tribales.

Son tatuajes que se les hace en el origen

para que cuando lleguen aquí se sepa quién son.

Es decir, esta es churra, esta es merina, vitorina;

esta es mía, esta es tuya.

Es así de lamentable.

Se las marca como se marca el ganado,

porque estamos hablando de carne, de ganado.

Faith trabajó de prostituta en Italia

hasta que pudo pagar parte de su deuda

y huir hacia España.

Charity decidió colaborar con la Policía

para encontrar al asesino de su amiga Edith

y eso la colocaba automáticamente en situación de peligro de muerte.

El siguiente paso de la investigación

era que Charity pudiese localizar la puerta de la casa

en la que estuvo con ese cliente con el que se fue Edith

la noche de su desaparición.

Ella nos decía que tardaba escasamente siete o diez minutos

en llegar; muy poco tiempo,

desde su lugar de trabajo hasta la vivienda de él.

Al preguntarle cuál era la vivienda,

nos decía que vivía en Las Rozas.

Entonces lo que hicimos fue hacer ese itinerario

en la misma franja horaria en la que más o menos

se la vio a ella con vida por última vez.

Abrimos un arco bastante amplio de diferentes localidades

para poder llegar hasta ellas

y con ella misma, con nuestra testigo,

intentar saber si alguna de esas localidades

guardaba algún parámetro o alguna similitud

con lo que ella recordaba.

-¿Te suena algún edificio de estos? -No.

-¿Cuánto hace que no la ves?

Según le dijiste a la gente de Médicos sin Frontera

llevabas ya bastante tiempo sin verla; dos días o por ahí, ¿no?

-Sí, pasó bastante tiempo, sí, dos días,

y no me cogía el teléfono. -No te cogía el teléfono.

Dices que llegaste a estar con ese hombre.

-Sí, pero...

-¿Estuviste en su casa?

-No, no; yo estuve con él hace más de un año más o menos,

y me llevó a su piso, entramos el garaje...

-Sí. -Y ya está.

No me dejó subir porque decía que había gente.

-¿Pero la casa era una casa de vecinos, un chalé...?

-No, era un bloque de vecinos.

-Ajá. -Y nada,

yo recuerdo que la puerta del garaje era de color gris...

-Ajá.

-Y poco más. Era de noche y no podía ver mucho más.

-¿No parasteis?

¿Fuisteis directamente desde donde estabas tú a su casa?

¿No hicisteis ninguna parada para tomar nada...?

-Directamente. -Directamente.

No se paró en ningún momento. -No.

-Bien, bien.

-Habíamos hecho el recorrido de casi todas las poblaciones.

Estaba ya atardeciendo

y habíamos dejado como última población

esta.

Pensábamos que si nos comentaban que había sido en Las Rozas,

que alguien había trasladado el cadáver aquí,

por proximidad, por las carreteras y tal.

Y al entrar en Boadilla, nuestra sorpresa fue

cuando sin mediar palabra,

ella dijo: "Aquí es".

-Aquí, justo ahí. Vive ahí. Vive ahí.

-¿Seguro? -Segurísimo.

-Mi compañero y yo nos quedamos mirándonos

diciendo: "¿Aquí? Si esto no es Las Rozas".

Lo que hicieron los investigadores fue tratar de confundir a Charity.

Recorrieron las calles por varios sitios

y ella siempre dio con el lugar

donde presuntamente habían ocurrido los hechos.

Para no dar importancia en este sentido,

recorrimos las calles, entramos por sentidos diferentes,

para ver si a ella podía llevarle a error esa identificación;

pero en ningún momento le llevó a error.

Siempre señalaba el mismo portal, entrásemos por donde entrásemos,

por la izquierda, por la derecha, de frente...

-Aquí, vive aquí. Vive aquí.

-¿Aquí? -Sí.

Vive aquí, en ese portal.

-¿Seguro, Charity? -Estoy segura.

Me acuerdo perfecto.

-Incluso esperamos tiempo para que se hiciera de noche,

para que le pudiera confundir;

ella seguía marcando la misma vivienda.

El siguiente paso es investigación pura y dura:

saber quién vivía allí.

La Policía investiga si algún vecino

tiene un vehículo como el que había descrito Charity;

pero no era así;

el coche no estaba allí.

Estuvimos mirando por si alguien había vivido,

si había alguien que hubiera visto ese coche ahí; pero nada.

Estamos hablando de un bloque relativamente pequeño,

con muy poca gente,

y que solo va a dormir; la relación vecinal era muy pobre.

Una vez que comprobaron que el vehículo no estaba allí,

hicieron las gestiones oportunas para averiguar quién vivía allí.

Con estos datos, montaron un archivo fotográfico

partiendo de la base que tiene la Policía Nacional del DNI.

Una vez elaborado, se lo mostraron a Charity

en busca de la identificación de aquel cliente.

Siguiente paso. Una vez que sabemos que ese vehículo no está ahí,

procedemos a ver físicamente quiénes viven ahí.

Llegamos a casa de Charity,

le plantamos aquella cantidad grande de fotografías,

y nuestra sorpresa fue cuando nos señaló a una persona.

Ese hombre era José Luis Pérez Carrillo;

un empresario de 35 años sin antecedentes penales

que tenía un negocio de diseño gráfico

en una población a las afueras de Madrid.

Una investigación en la que tienes un rostro y un nombre

tiene muchas posibilidades de acabar con éxito.

El operativo entonces es cuando tiene que empezar.

Intentamos localizar a esa persona, saber quién es, cómo se llama,

dónde vive, cuál es su trabajo, qué vehículos tiene...

Y evidentemente uno de esos vehículos

coincidía la numeración y la marca y modelo

con el vehículo en el que se vio por última vez montarse a Edith.

-El coche estaba a nombre de la empresa;

todo era tropiezos,

y cuando el trabajo resulta como terminó en pocos días

es porque se hizo todo muy bien.

-Lo que buscábamos era la última persona que estuvo con Edith;

esa persona perfectamente podía no ser el autor,

pero en este caso sí lo fue.

Se montó un dispositivo de vigilancia discreta

por parte nuestra,

y de madrugada,

la madrugada del día cuarto al quinto,

los compañeros ven como en la calle entra esa vehículo.

Entra un vehículo con las características

del coche del supuesto sospechoso.

Los compañeros ya lo que hacen es aproximarse al portal,

introducirse en el portal.

Este portal no tenía ascensor directo.

El autor tenía que subir directamente por las escaleras.

Y le esperan.

En ese momento se procede a su detención,

se le informa de por qué se le detiene,

y su única preocupación es recoger la correspondencia del buzón

y decir que él no la ha violado.

Una vez detenido José Luis, llama la atención

que su principal preocupación es recoger del buzón el correo

y afirmar, sin que nadie le pregunte,

que él no la ha violado.

Esto responde a un perfil curioso.

Da la sensación de que él estaba esperando

que esa detención se produjera.

Él o quien lo haya hecho por él.

No podemos descartar la posibilidad de que sea un grupo de personas.

La ha descuartizado

y lo que verdaderamente sorprende es que su preocupación sea

que no ha la violado; que se sepa que no la ha violado.

José Luis en la primera declaración dijo que había sido un accidente.

Si tú tienes la desgracia de irte con una prostituta

y darle un mal golpe,

si eres un ciudadano normal, lo primero que haces es asustarte

y llamar a los servicios de emergencia o a alguien,

y no te complicas la existencia hasta niveles tan extremos.

Es evidente que estaba premeditado y más que buscado.

En este caso no estamos hablando de un ciudadano normal.

De hecho, sus propios actos van en el sentido

de que da la sensación de que esconde más de lo que cuenta.

Entonces, ¿a quién estaba encubriendo?

¿Qué asunto tremendamente turbio había detrás de la muerte de Edith?

Y quizá una de las preguntas fundamentales:

¿qué relación tenía José Luis con los proxenetas de Edith?

Supuestamente alega que se tomó unas copas

y se le fue de las manos.

Se le fue de las manos y, como no sabía qué hacer,

pues optó por el plan b. ¿Y cuál era el plan b?

Matarla y descuartizarla;

pero que no lo recuerda bien porque estaba muy bebido.

El laboratorio encontró una casa impecable;

impecable. O sea, totalmente limpia y ordenada.

No había ni una sola botella de alcohol.

En el vecindario le conocían por un empresario,

muy sensato, muy normal, muy buen vecino,

jamás le vieron beber...

Llevaba una vida pulcra; un vecino ejemplar.

-De los dos años y medio que lleva el chaval por aquí,

lo único Coca-Cola Light.

Venía a comer el menú y tomaba Coca-Cola Light;

alcohol nunca, al menos aquí.

-Bueno, un chico con su vida hecha, normal, con una buena posición,

casi por encima de la media, con su pequeño negocio...

Detrás de un crimen especialmente macabro,

existe el tópico de pensar que estos sujetos no son normales;

son diferentes a nosotros.

Hay un proverbio chino que dice

que ningún grillo pesa 50 kg más que otro.

En el fondo todos somos muy similares.

¿Qué es lo normal y lo anormal?

En el ámbito criminológico

lo normal es lo estadísticamente habitual.

Lo sorprendente de este tipo de sujetos es que habitualmente,

después de cometer un crimen especialmente violento o cruel,

reingresan en su entorno social con absoluta normalidad.

Se convierten de nuevo en ese padre encantador,

en el amante esposo,

en el buen compañero de trabajo,

en el excelente vecino,

en el activo miembro de su comunidad;

es lo que llamamos la fachada compensatoria.

Y se mueven entre nosotros como un ciudadano más.

Por eso es tan difícil detectarlos.

Según se pudo saber a posteriori,

una vez que la lleva a casa,

la golpea, la estrangula, con una sola mano,

la acuesta,

y posteriormente en la bañera procede a descuartizarla,

con un gran cuchillo de cocina.

-Parece que la estranguló a mano.

Se sorprendió de lo que había pasado

y vino la otra parte en la cual ya no hay alcohol,

y viene la fase tan difícil que es cómo deshacerse de un cadáver.

Deshacerse del cadáver es probablemente

una de las partes más complicadas de un asesinato.

Cuando el agresor se deshace de la víctima en un entorno boscoso

puede resultar más o menos complejo;

pero cuando tiene que hacerlo en un entorno urbano,

sacar un cuerpo de edificio, obviamente si estás solo,

necesitas reducir las dimensiones del mismo;

para ello es necesario mutilarlo, descuartizarlo.

La criminología nos dice que no existe el crimen perfecto,

porque siempre queda algo, por pequeño que sea,

que acaba llevando a la pista y a aquel que ha cometido el acto.

Claro, cuando uno comete un crimen

normalmente no lo hace de forma calculada;

sino en un estado de enajenación.

Por eso, cuando estamos ante un crimen de este tipo,

lo difícil no es el asesinato;

lo difícil es cómo deshacerte después del cuerpo.

Hay que saber dónde están las inserciones y articulaciones

para que sea una labor menos engorrosa.

Pero es que luego hay que empaquetarlo, limpiar el escenario

y conseguir sacarlo fuera, en este caso, del edificio,

sin ser visto.

Llamó a la empleada de hogar y le dijo que no volviera,

le puso la justificación que fuera, y efectivamente necesitaba tiempo.

Aparentemente el que entrara al piso y lo viera,

estaba impoluto.

-Había cambiado incluso las gomas que tienen los sifones del baño,

de los lavabos; lo había cambiado todo.

O sea, había hecho una limpieza increíble.

-Intuimos que había sido toda la escena en la bañera,

se desmontó la bañera;

creo que había cambiado incluso

alguna pieza de la bañera de goma que estaría manchada de sangre,

y aun así al desmontarla aparecieron restos biológicos.

-Gracias a la gente de laboratorio, ahí no hay escapatoria.

Se encontraron restos lo suficientemente incriminatorios

para saber que Edith Napoleón estuvo en esa vivienda.

-La unidad investigadora nos remitió diferentes evidencias

y diferentes hisopos,

que analizamos.

En concreto se obtuvo una mezcla de perfiles

en tres evidencias:

en un hisopo del mango de la ducha,

un hisopo del tirador externo del frigorífico

y del sumidero de la bañera.

-Tuvo que pensar cómo deshacerse del cadáver de la mejor manera

y, claro, ahí tenía plena responsabilidad

de lo que estaba haciendo; sabía lo que hacía

y lo que quería hacer.

Un sujeto aparentemente normal que es capaz de cometer

un crimen aberrante.

¿Quién es realmente José Luis?

José Luis era un hombre meticuloso y ordenado.

Después de cometer el crimen y limpiar la casa,

se marchó unos días a Ibiza.

Desde que ocurren los hechos hasta que él vuelve,

tenemos conocimiento absoluto de que se fue a Ibiza.

Estuvo en Ibiza; hizo una vida fantástica;

fiestas, baños... Lo que hace cualquiera en Ibiza:

pasárselo bien.

José Luis, después de matar a Edith,

se fue de fiesta.

Encontraron en la guantera de su vehículo

fotos que lo demostraban.

Es más, se fue a Ibiza de vacaciones.

A las playas, a las discotecas...

Y uno se pregunta cómo es posible

que después de cometer un crimen tan dantesco,

de descuartizar el cuerpo de alguien,

de tirar trozos humanos en bolsas de basura a un contenedor,

tengas capacidad para divertirte, irte de vacaciones...

Lo llamamos disociación.

El sujeto es capaz de alejarse completamente del crimen.

Se distancia personal y emocionalmente.

El 30 de agosto de 2003,

el acusado fue puesto a disposición judicial

por la Guardia Civil de Móstoles.

Confesó el asesinato afirmando no recordar lo que había pasado.

José Luis Pérez Carrillo fue juzgado y condenado

a 15 años de prisión

por el asesinato de Edith Napoleón.

Desde entonces ha estado recluido en la cárcel de Soto del Real;

una población cercana a Madrid.

Como atenuante a la condena,

se tuvo en cuenta que José Luis depositó 60 101,21 euros

como indemnización a la familia.

No es nada extraño que un acusado consigne la indemnización

antes del juicio;

pretende beneficiarse del atenuante de reparación del daño.

En juicios como estos suele haber puntos ciegos,

que sorprende que no se analicen; por ejemplo,

no se barajó que ese crimen lo hubiera cometido José Luis

con más personas,

o bien inductores o bien gente que había participado literalmente.

Todos los casos de prostitución son muy difíciles de investigar;

son complicadísimos,

porque no tienen un arraigo, no tienen una pareja,

no tienen una familia,

no son crímenes pasionales

ni es violencia de género...

José Luis estaba en la cárcel,

pero quedaban por encontrar

los destinatarios de los 60 000 euros.

Xaquín López es un periodista que en aquel momento

se interesó por averiguar la identidad real

y localizar a la familia

para hacerles la entrega del dinero.

Edith no era de Sierra Leona, sino nigeriana,

y no se llamaba Edith Napoleón; ese era su apodo profesional.

Tomo contactos en Nigeria en el poblado

de donde había salido Edith.

Tú vas a ese poblado y te encuentras a muchas familias

que han enviado a alguna hija de 15, 18, 20, 22 años,

a Europa a prostituirse.

Y de estas familias, que puede haber 20, 50 o 100,

te vas a encontrar con más de una

que no sabe nada de su hija en los últimos 15 o 20 años.

Si llegas allí diciendo "Edith Napoleón, la han asesinado",

"Pues puede ser mi hija".

Pasan unos meses hasta que aparece una pareja

que dicen ser los padres de Edith.

La búsqueda parecía haber dado sus frutos.

Pero para contrastar si realmente aquellos eran sus padres,

era necesario realizar una prueba de ADN.

Me ha encargado una ONG

que está actuando en el caso de Edith Napoleón

que haber si les puedo ayudar para identificar a los padres.

Tengo dos candidatos en Nigeria.

¿Qué tengo que hacer?

-Tendrían que desplazarse a la embajada.

Ahí se les tomaría una reseña genética,

con una cadena de custodia,

y se remitiría aquí a este laboratorio

y se cotejaría con el perfil de la víctima.

-¿Para ustedes es un caso abierto?

-Para nosotros sí,

normalmente cuando un cadáver se identifica,

se queda en base de datos,

porque puede ser que aparezca un resto cadavérico de ese cadáver

y se pueda cotejar con el cadáver y pueda dar un positivo.

-Ellos se trasladan a Lagos y se hacen la prueba de ADN;

las envían a Madrid,

a través de la vía diplomática.

A todo esto habían pasado uno o dos años.

Y ahí sí que fue mi sorpresa mayúscula

cuando llamo a la sala de la Audiencia Provincial

y me dicen que no,

que estos no son los padres de Edith.

Con toda certeza, no son los padres,

pues las pruebas han sido negativas.

-Se intentó por activa y por pasiva.

Mandamos sus huellas,

su perfil de ADN a todos los sitios...

Y nunca, nunca, supimos de dónde llegó esta mujer;

así que formará parte de esa gran fosa común

que tienen todos los cementerios,

de personas que no han sido reconocidas.

Esa es la pena.

Un número, un nombre;

y nadie va a ponerle flores ni a llorarle.

Pero habrá una familia que la eche de menos

en algún sitio.

Aunque José Luis fuera el asesino, quedaban muchos flecos sueltos.

¿Por qué la mató?

Y cabe preguntarse: ¿puede alguien convertirse

de la noche a la mañana en un monstruo

capaz de matar a una mujer, descuartizarla

y esparcir sus restos por contenedores de basura?

Hay que tener una frialdad brutal,

brutal,

y un menosprecio hacia la vida terrible para hacer eso.

-¿Qué es lo que puede ocurrir para que una persona

aparentemente normal

tenga ese tipo de comportamientos tan violentos y tan asociales?

-En la mente de una persona que comete un acto tan brutal,

no sabe uno qué es lo que piensa,

qué se le pasa por la mente en ese momento,

porque a día de hoy todos tenemos un demonio dentro;

hay una parte oscura,

cualquier persona puede cometer una atrocidad, cualquiera;

no necesariamente tiene que tener antecedentes.

-La verdad es que no he sido capaz en toda mi vida profesional

de llegar a entender bien lo que pasa por la mente

de la persona que comete un delito de este tipo.

Edith es una víctima del misterio partiendo de la idea

de que ni sabemos cómo se llamaba y lo que está claro es

que el asesino confeso saldrá y recuperará esa indemnización,

y es curioso ver cómo a lo largo de esta investigación

y de este proceso judicial,

no se contempla algo tan intangible pero tan real como es el vudú.

José Luis Pérez Carrillo saldrá de prisión en 2018

y ya ha solicitado la devolución del dinero

que dejó como indemnización.

No se ha encontrado destinatario

y es muy probable que el dinero vuelva a su poder.

José Luis disfrutará de libertad condicional en 2018.

Cabe preguntarse: ¿se ha rehabilitado?

¿Podemos pensar de él que no volverá a cometer

un crimen tan atroz como el que protagonizó?

Entendemos que esto iba a ser el principio de algo.

Por la forma en que realizó los hechos,

la manera tan meticulosa de limpiar la vivienda,

de empaquetar los restos humanos,

de hacer desaparecer el arma blanca.

Las dos ocasiones anteriores que tuvo la intención

con otras mujeres de raza negra de hacer lo mismo,

hasta que se decidió.

El homicida en cuestión apuntaba muchas maneras

a que hubiera sido

uno de los asesinos múltiples españoles

como más o menos barajaron los psicólogos forenses.

No dormíamos apenas.

Esto es un no dormir.

Si tú a la hora de realizar cualquier investigación,

en las primeras horas de la investigación,

no tienes algo de lo que puedas tirar,

es muy complicado luego continuarla.

Aquí el factor es humano al cien por cien.

Y si no tienes que dormir, pues no duermes;

pero han matado a una persona y debes averiguar quién ha sido.

El asesinato de Edith Napoleón se convirtió en un símbolo

del maltrato y la explotación que sufren las mujeres

trabajadoras del sexo.

En septiembre de 2003

se rindió un homenaje en el Paseo de Camoes

donde trabajaba.

Tenía 22 años, era de Sierra Leona y vino a España a buscar un futuro.

Sin embargo, encontró la muerte en Boadilla del Monte.

Edith Napoleón fue asesinada y descuartizada

tras realizar un trabajo.

Cientos de personas aunaron ayer su voz

para rescatar su memoria del olvido.

-Queremos reivindicar con este acto

la dignidad, no solo de Edith,

sino de todas las trabajadoras sexuales

y reclamar que se les escuche y se les tenga en cuenta,

y que son trabajadoras que deberían

tener reconocidos legalmente sus derechos.

-Lo paradójico es que precisamente haya esa indemnización

en forma de un cheque en una caja fuerte de un juzgado,

porque eso no es lo habitual.

Lo habitual es que si ocurre algo así,

y el juez te pone una indemnización de 60 000 euros,

tú alegues que no tienes fondos, que no tienes bienes,

y eso no se paga.

Me parece que es un fracaso de la justicia.

Hay una familia que tiene derecho

a una indemnización de 60 000 euros,

que para ellos, en Nigeria, sería un seguro de vida;

pero creo que han fallado muchos resortes.

Yo tengo una espina ahí todavía clavada en relación con esto,

de decir: "Qué pena que no se haya conseguido localizar a los padres".

-Cuando uno pierde a un padre o madre,

se queda huérfano.

Cuando pierde a su marido, pues te quedas viuda.

O si pierdes a tu mujer, te quedas viudo.

Pero hay una palabra que no existe en el diccionario,

y es cuando pierdes a un hijo.

Eso habría que preguntárselo a los padres que pierden hijos

a causa de cosas de este tipo.

¿Qué palabra hay en el diccionario? Una palabra que no existe.

José Luis Pérez Carrillo asesinó y descuartizó a Edith Napoleón

con la frialdad y precisión de un asesino en serie.

No sabemos si lo hizo solo

o en complicidad con los proxenetas para los que trabajaba Edith.

De lo que sí estamos seguros

es de que José Luis quedará libre este año

y que lo hará recuperando los 60 000 euros de la fianza.

Y es que Edith era eso;

basura.

Una ciudadana sin derechos,

expuesta a cualquier explotación,

sin poder denunciar ningún abuso que sufriera,

de los blancos a los que se la chupaba;

siento la crudeza, sí es la vida para quien no lo sepa;

ni del negro que se quedaba con su dinero

y le tenía secuestrada la libertad.

Es fácil matar a alguien así,

es fácil tirarla después en cualquier parte,

pensando que nadie la reclamará.

Puede que su asesino tenga algún problema psicológico,

pero en medio de su claridad u oscuridad de mente,

debió de pensar eso:

"Solo es una puta negra",

y procedió en consecuencia.

Saben que su víctima es más débil que otras;

creen, con razón o sin ella,

que se esforzará menos la Policía en encontrar al responsable.

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Víctimas del misterio - Vudú

07 feb 2018

Edith Napoleón fue asesinada, descuartizada y arrojada a un basurero. Trabajaba de prostituta para una mafia nigeriana que la controlaba a través del vudú.

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