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No recomendado para menores de 16 años Víctimas del misterio - Parricidio en Santander - ver ahora
Transcripción completa

El 20 de junio de 2013

Anna Calegari es encontrada muerta en su casa.

Parece haber sido asesinada de varios golpes en la cabeza.

Dos meses después detienen a su nieto Álvaro, de 16 años,

acusado del asesinato de su abuela.

061, buenas tardes.

-Hola, buenas tardes. -Sí, dígame.

-Ya le he explicado a la chica, que nos hemos encontrado

a la abuela de mi hijo, que está... muerta.

La ha visto el niño, que venía a pasar la noche con ella,

y dice que está en el sofá con sangre en la cabeza.

-¿Ya ha entrado usted?

-Ay, está... Está como respirando.

-¿Está respirando? -Sí.

-Vamos a enviar la ayuda inmediatamente.

-Cuando llego a la casa, no veo nada.

O sea, no veo a la abuela.

Entro y le pregunto a Álvaro:

"¿Dónde está tu abuela?". No se veía en el sofá.

Y nada, me dice: "No, está en el butacón".

Me giro y, al girar,

pues me encuentro a Anna...

Pues eso, estaba blanca, pálida,

estaba haciendo una especie de ruidos.

Yo había oído como que estaba respirando,

pero al darme la vuelta y verla,

me di cuenta de que estaba muerta.

Anna, una tarotista argentina de origen italiano,

tenía tres hijos a los que hablaba a menudo en italiano:

Máximo, el padre de Álvaro,

Solanch, que vive en Argentina,

y Daniel, que vive también en España,

pero que tiene una mala relación con su madre.

Anna era una mujer con un carácter fuerte,

fuerte, y de fuertes convicciones.

O sea, cuando se le metía algo en la cabeza,

era lo que ella decía.

Y pues... Máximo era su hijo preferido

y mi hijo era su ojito derecho.

Y con el resto de sus hijos,

no tenía ese tipo de relación. No tenían una buena relación.

-Con mi abuela la relación que tenía era buena,

porque siempre desde pequeño me ha comprado todo lo quería,

si quería ir a algún sitio me llevaba,

nunca me echaba bronca por nada,

si mis padres me castigaban ella me dejaba salir...

Álvaro era el ojito derecho de su abuela.

De hecho, su abuela decide vender un inmueble en Argentina,

precisamente por eso su hijo Máximo viaja hasta allí,

vende el inmueble,

y hasta que el dinero no está ingresado en la cuenta de Anna,

no regresa.

Cuando regresa,

ya su madre ha fallecido, porque es asesinada,

el mismo día en que ese dinero ingresa en la cuenta.

Pero, claro, es que el dinero estaba destinado,

tal y como había dicho la propia Anna,

para comprar una casa a Álvaro.

Álvaro sufría una invalidez,

que le impedía llevar una vida relativamente normal, digamos,

y su abuela quería que quedara bien cubierto.

A mí me sorprende muchísimo

que un nieto sea capaz de coger y, sabiendo esto

y profesándose el amor que se profesaban,

asesinara a su abuela.

Para nosotros y según cómo ha sucedido todo

y las circunstancias en las que ha sucedido,

coincidiendo con una herencia que no iba a ser recibida

por otras partes de los familiares, solamente por mi hijo,

estamos totalmente convencidos

de que la persona que asesinó a mi madre

es una persona muy cercana.

Los investigadores en principio

clasificaron el escenario como un accidente.

Un dato revelador les hizo pensar

que estaban ante un supuesto criminal.

Al día siguiente el grupo de Homicidios

de la Guardia Civil de Cantabria

encuentra cerca del domicilio, la escena del crimen,

el arma homicida en un basurero.

Era una jarra de cristal envuelta en una bolsa de plástico.

En la bolsa en la que se introdujo la jarra que se utilizó

como elemento para acabar con la vida de esta persona

había una huella perteneciente a Álvaro.

Pero algo que no sé por qué pasó casi casi de puntillas

por este caso

es que había otra huella.

¿A quién pertenecía esa huella? ¿Quién era esa tercera persona?

En la mesa del salón había dos tazas,

dos platos, un azucarero,

un cenicero lleno de colillas,

había una caja de Chesterfield, que ella nunca fumaba esa marca,

y encima estaba arrugada

y ella nunca, nunca en la vida, cuando terminaba las cajetillas,

las estrujaba.

Y un sándwich de pan bimbo, que ella tenía dentadura postiza

y nunca tomaba pan bimbo porque se le quedaba pegado.

-La pregunta que entre tantas nos hacemos

es que una de las huellas que aparece en la bolsa

donde se encuentra la jarra con la que matan a mi madre

es una huella desconocida,

que no es ni de mi hijo ni de ninguno

de los que vivíamos allí ni de los que estaban allí.

¿Qué hace una huella en una bolsa de una vivienda

de alguien desconocido?

Durante 15 años Anna estuvo viviendo en Madrid

y en ese tiempo pasaba consulta tanto en el Retiro como tarotista,

al igual que lo hacía también en su casa.

Quizá para saber si pudo haber una implicación directa

entre el tarot y el asesinato,

sería interesante saber precisamente eso,

qué tipo de tarot y qué perfil de gente iba a su consulta.

A las seis de la tarde del día de su asesinato,

Anna llama a su hijo Máximo

y le confirma que el dinero de la venta del piso

ya está en su cuenta.

Además, le revela que hay algo que le preocupa especialmente,

pero ya se lo contará cuando le vea.

En el registro de llamadas, aparece precisamente

que Anna intenta contactar de nuevo con Máximo,

pero se encuentra con una centralita y no lo logra.

Es curioso porque en declaraciones posteriores

Máximo asegura que ya en la primera llamada

nota que su madre está intranquila.

Da la sensación de que alguien está con ella.

Cuando decide volver a llamar a Máximo, ¿es por este motivo,

porque se sentía presionada por una tercera persona,

quién sabe si la dueña de esa segunda huella de la bolsa?

Los meses siguientes pasan entre investigaciones.

La Guardia Civil queda

habitualmente con la familia para hacer preguntas.

En este caso siempre los principales sospechosos

es el entorno, la familia.

La policía durante esos meses se hizo muy amiga nuestra.

O sea, se suponía que estaban investigando la muerte de Anna

y, vamos, nos visitaban con frecuencia,

quedábamos con ellos...

Es una estrategia dejar que los familiares se confíen.

En este caso, a Álvaro, por mandato judicial,

ya se le había pinchado el teléfono.

Nunca pensé que fuesen a sospechar de mí,

pero porque yo no había hecho nada.

Lo cierto es que después de tomar declaración

a todos los familiares de la víctima,

ningún dato resultaba relevante.

La instructora advirtió a los investigadores;

si no aparecía algo importante, archivaría el caso.

El dos de septiembre de 2013,

dos meses después de la muerte de Anna

y unos días más tarde del informe del juez

amenazando con cerrar el caso,

la Policía detiene a Álvaro acusado de la muerte de su abuela.

Ese día recibimos una llamada de los investigadores;

una entre tantas, pues quedábamos con ellos varias veces a la semana,

y nos comentan si podemos quedar con ellos

porque quieren que Álvaro

a ver si puede hacer otras declaraciones rutinarias.

Nos encontramos con ellos

y nos dicen si les podemos acompañar a Santander.

Les decimos que no hay problema,

pero ellos nos dicen si no nos importa

que nuestro hijo vaya en el coche solo con ellos.

Preferimos que vaya uno de los padres en el vehículo.

Ellos nos argumentan que no tienen sitio,

porque el vehículo era pequeño.

Según las declaraciones de los guardias civiles,

a los padres de Álvaro

se le informó que este estaba detenido.

Es el protocolo establecido en la Ley del Menor.

De habernos dicho que iban a detenerlo;

primero, no se sube al coche,

segundo, solicito la orden de detención,

y por supuesto llamo a un abogado.

-El día que me "detienen", entre comillas,

que realmente yo no sé ni que estoy detenido.

Me acuerdo de que incluso Paco, que es el que iba conduciendo,

me dijo: "Sabes por qué estamos aquí".

Y dije: "Sí, me ha dicho mi padre

que hay que hacer unas declaraciones".

Me dijo: "No, no estamos por eso" y le dije: "Entonces no sé".

Me dijo: "Es porque te acusamos de matar a tu abuela".

Yo iba callado, mirando por la ventanilla,

no tenía nada que decirles.

Me pregunta Rafa que si no voy a decirles nada.

Le dije que no, que no tenía nada que decirles.

"Sabemos que has sido tú,

porque tenemos pruebas y has tenido que ser tú".

Dije: "Es que yo no he matado a mi abuela".

"Sabemos que has sido tú, hay pruebas".

"Va a ser perjudicial para tu familia

y piensa que si dices lo que te estamos diciendo,

no va a pasar nada,

porque además somos la policía, ¿a quién van a creer?".

-Llegamos a Santander y nada más bajar del coche

nos dicen que no podemos ver a nuestro hijo

y que nuestro hijo está detenido por el asesinato de su abuela

porque ha confesado ser el culpable.

-Y hubo un momento en que me derrumbé

y les dije: "Sí, he sido yo".

Y me preguntaron que cómo había sido.

Claro, yo no sabía qué decir.

Si he sido yo, vale; pero ¿por qué?

Pues lo primero que se me ocurrió,

le dije que había discutido con mi abuela.

-Yo estaba en estado de "shock";

o sea, no entendía nada,

porque, claro, yo había estado allí.

Yo había llegado, mi hijo estaba con la misma ropa

que le había dejado...

No me cuadraban los tiempos.

Dicen que empiece a declarar y empiezo la declaración.

Empiezo a contar la historia que más o menos me había inventado

con lo de la discusión, con lo que sabía de la jarra,

y que le tendría que haber dado más de un golpe para matarla.

Porque en la declaración aquella ellos incluso me corregían.

Porque claro, como estaba contando algo inventado,

pero tenía que contar lo que se suponía que había pasado,

ellos en el fondo me ayudaron a que yo tuviese ideas

para contar una historia

de cómo podía haber matado a mi abuela.

Según la nueva versión,

Álvaro se baja del coche de su madre a las 21.07.

Este es un hecho contrastado

porque lo captó una cámara de seguridad de la zona.

Al bajarse del coche, Álvaro recorre a pie

los 500 m aproximadamente

que le separaban de la urbanización donde vivía Anna.

Entra en la casa y saluda a su abuela.

Después deja la mochila en su habitación.

Pasa a la cocina y se sirve una Coca-Cola.

Anna le pregunta si ha ido a entrenar

y él le contesta que no.

Ella le increpa y le dice que, si sigue así,

será un inútil toda su vida.

Álvaro pierde los nervios

y golpea a su abuela con la jarra varias veces hasta matarla.

Entonces a las 21.19

llama a su madre para contarle lo sucedido.

Según la familia de Álvaro,

esta versión de los hechos tenía alguna incongruencia.

En la confesión que dicen ellos que hace mi hijo,

que él fue a la cocina, mientras discute con su abuela,

a buscar una jarra de Coca-Cola y con la misma jarra

asesina a su abuela,

pues resulta que en el lugar del crimen no hay

ni Coca-Cola en la jarra, ni Coca-Cola en la vivienda.

No solo esto, sino que además comprobamos,

porque hablaban de que no había ido a entrenar a balonmano,

y casualmente conseguimos un certificado de la Federación,

además de la testifical del entrenador,

en la que nos había dicho que el entrenamiento

había terminado hacía más de un mes,

que no iban a entrenar los chavales.

-Ya cuando el tema era que había discutido con su abuela

por el tema de la discapacidad, ahí ya sí que no me cuadró nada.

Álvaro se autoinculpa,

se reconoce como asesino de su propia abuela.

A partir de ahí la Policía, evidentemente le lee sus derechos

y se lo lleva detenido.

Lo interesante es que en esa declaración se dice,

ocurre algo,

que en un principio pasa totalmente desapercibido.

Cuando Álvaro terminó la declaración en la Guardia Civil

se me acercó y me dijo con voz de miedo:

"Mamá, dile a papá que yo no he sido".

Y estaba allí la abogada de oficio, que también lo escuchó.

-Yo declaro la historia que me invento,

pero yo realmente en el momento en que les dije a ellos que sí,

cuando ellos me dicen:

"Va a subir tu madre cuando declares",

yo en ese momento tenía claro que le iba a decir a mi madre

que le dijese a mi padre

que yo no había sido, para que lo supiese.

Porque yo cuando le dije a mi madre al oído, después de declarar:

"Dile a papá que yo no he sido"...

¿Sabes? Se lo dije...

Pensando en: "Tú tranquila que sé lo que estoy haciendo".

Yo no dudo que eso sea cierto, porque había testigos;

pero resulta muy extraño que una madre no intente defender

a su hijo a gritos, en aquel momento.

¿Por qué no dijo nada,

por qué no reveló lo que le había dicho al oído?

¿Y cómo es posible que al día siguiente,

cuando declara ante el fiscal,

ni la madre ni su propia abogada digan nada

en relación a esta frase exculpatoria?

Ese es probablemente... el mayor error de mi vida.

El no haber sabido reaccionar.

El no haber cogido en ese momento, haberme levantado y haber dicho:

"¿Qué cojones está pasando aquí?".

O sea...

Soy una persona supertranquila, ¿sabes?

Y en ese momento estaba en estado de "shock".

Estaba escuchando unas cosas de la boca de mi hijo...

que no me las creía; o sea, no me las creía.

Y estaba... totalmente sin palabras.

O sea, si me pinchan, no sangro.

Y es probablemente... el mayor error.

O sea, es de lo que más me arrepiento,

de no haber cogido en ese momento y haberme levantado de la silla

y haber dicho: "¿Qué está pasando aquí?".

"¿Qué está pasando aquí?".

-Cuando vuelvo a declarar en Fiscalía

el día que entro al centro de menores,

que vuelvo a decir que había sido yo quien mató a mi abuela,

en ese momento dije que había sido yo

porque hacía caso a lo que me estaban diciendo

y en el fondo la imaginación que tenía yo

de "si no, va a ser peor para ti, para tu familia

y para tus padres",

pues era que a lo mejor les acusaban a ellos.

Es cierto que hay situaciones

en las que un sujeto puede llegar a autoinculparse

de algo que no ha hecho.

¿Es ese el supuesto que estamos tratando?

El 3 de septiembre de 2013,

después de declararse culpable por dos veces,

internan a Álvaro en el centro de menores Parayás.

Cuando habla con los servicios técnicos del centro,

vuelve a confirmar su culpabilidad;

pero durante la segunda visita que los padres realizan a Parayás,

Álvaro les dice que él no mató a su abuela.

Nosotros cuando hacemos la segunda visita...

En la primera Álvaro no quiere hablar del tema.

Entonces en la segunda visita,

cuando vemos que no nos cuenta, tenía mucho miedo,

optamos por, en vez de que nos lo diga,

ir hablando del tema,

sabiendo nosotros las pruebas que había,

y que él nos fuera contando.

Claro, cuando él nos empezó a contar teóricamente

cómo había matado a la abuela,

empezó a caer en mogollón de errores y fallos.

Y ahí es cuando Álvaro se viene abajo,

se pone a llorar y dice: "Es que yo no lo he hecho,

estoy haciendo lo que me dijo la policía".

-Tampoco quería decirlo porque en ese momento

no sabía cómo contarlo, lo que había pasado.

Y cuando vienen a visitarme,

ellos están interesados en saber cómo de repente

he pasado de no haber sido yo

a haber contado una historia en la que mato yo a mi abuela;

no les cuadraba nada.

Me dicen: "Pero esto que estás diciendo lo dijiste de otra forma".

Y... pues me vine abajo y les dije que no,

que yo no había sido y que había mentido.

-Esa misma semana, cuando nos enteramos

de lo que había pasado,

pedimos una nueva declaración de Álvaro

y no se nos concedió hasta tres meses después.

Tras su confesión inicial

y su petición de una declaración ampliatoria,

su nueva versión sonaba a una estrategia de la defensa.

El día 11 de septiembre de 2014 comienza el juicio contra Álvaro.

Una de las cuestiones a resolver

era el tiempo que permaneció en la casa,

y para esto era determinante aclarar cuánto tardó

en el trayecto desde el coche a la casa.

No era lo mismo que él hubiese estado en la casa cuatro minutos

que nueve.

Se hizo una reconstrucción del trayecto que hay

desde que sale Álvaro del coche hasta que entra en la casa.

El tiempo que tenía Álvaro para enfadarse con su abuela

era limitadísimo.

Hay una cámara que ve pasar el coche donde viaja Álvaro,

el coche de su madre, en el que va,

a las 21.07.

-Dejé a Álvaro justo aquí a las 21.07

y esas imágenes están grabadas

por la cámara de seguridad de la Bosch.

-La llamada de Álvaro a la madre diciendo que la abuela está muerta

es a las 21.19.

Es decir, hay un margen estrechísimo.

Se hizo una reconstrucción, primero policial en la instrucción.

-Les daba un tiempo mucho mayor

del que necesitaban para poder inculpar a mi hijo.

Entonces nunca vimos esa reconstrucción

porque dijeron que la cámara no funcionaba,

que tenían problemas técnicos.

La jueza autoriza otra reconstrucción

y da unos ocho minutos más o menos de trayecto.

Eso significaba que como mucho

Álvaro estuvo tan solo tres minutos en la casa.

Ellos esta reconstrucción no la toman como válida,

porque dicen que Álvaro en la reconstrucción

ha ido andando demasiado lento.

-Se hizo otra reconstrucción en la que el que andaba,

al que se le grababa,

era uno de los guardias civiles, un auténtico atleta,

que nos llevó a todos al galope.

-Hay que tener en cuenta

que Álvaro tiene una invalidez en un brazo,

que tiene que saltar un muro, quitarse la mochila;

todo esto lo pasaron por alto.

-Eso era para intentar alargar ese tiempo en el que uno se enfada,

coge una jarra, mata a su abuela...

La versión oficial de lo que ocurrió el día del crimen

y la versión de Álvaro

van a variar y dependen mucho de si realmente estuvo

en el interior del domicilio cuatro minutos o nueve.

Una vez que se desarrolla la investigación,

se hace una media del tiempo que pudo emplear Álvaro

y se concluyó que fueron cinco minutos.

Por la personalidad de Álvaro, en ese tiempo,

¿sería capaz de cometer algo así?

-Por la personalidad de Álvaro sería muy poco probable.

Es muy difícil que no ya llegara a un ataque de ira;

es muy difícil que consiga enfadarse mucho

en tan poco tiempo.

-Habrá quien piense que en ese tiempo

es posible hacer todo esto.

Para todas esas personas que piensen que eso es posible,

tenemos otras pruebas que demuestran su inocencia.

Entre ellas tenemos pruebas de que había una tercera persona

esa tarde con Anna en su casa.

Hay una serie de puntos que creo que son vitales

para resolver este caso y que, sin embargo,

de una forma absolutamente incomprensible

se pasa por encima de ellos.

Vayamos a la posibilidad de que en esa casa hubiera

una tercera persona.

Vayamos a la posibilidad de que esa persona sea

o bien inductora o bien el asesino.

Hay un momento en el que Conchi,

la esposa de Máximo, va a la casa y se da cuenta de que allí

ha habido movimiento.

Hay dos tazas, hay dos platos, hay un azucarero;

cuando esta persona, la asesinada, era diabética;

hay un cenicero que está lleno de colillas

de un tabaco que no fumaba Anna;

hay un sándwich, cuando ella no podía comerlo

porque tenía dentadura postiza.

¿Qué ocurre?

Es decir, tenemos suficientes muestras para recoger ADN

e intentar saber quién es esa tercera persona,

que podría ser la clave de este caso.

¿Recuerda como junto al sofá donde estaba la fallecida

había una mesa con restos de comida, etc.?

-Sí, lo que hemos comentado antes. -¿No cogieron de allí ningún resto?

Porque había dos tazas, dos platos;

es decir, ¿no se podía pensar que la fallecida había estado

con alguien allí?

-Ya le digo que no recuerdo si pasamos huellas.

Solo lo hacemos si se ha revelado realmente; si no, no se pone...

-Huellas y ADN. Es decir, se podría haber recogido...

-Se podría haber hecho un frotis, que no se hizo.

-Hay algo muy importante que no se ha tenido en cuenta

ni en el juicio ni en la investigación.

El día anterior al asesinato de mi madre

dos vecinos declaran que escuchan una discusión muy fuerte,

con una persona adulta y en italiano.

-A mí me llamó la atención que estaba lloviendo

y había una señora en aquel banco de allí sentada,

mojándose,

y hablando por teléfono muy alto.

Salí a ver qué pasaba

y lo único que sé es que estaba chillando,

que hablaba muy alto, como discutiendo con alguien;

pero no entendía lo que decía

porque hablaba en un idioma que no era el castellano.

-Mi madre con la única persona que discutía en momento de euforia

en italiano

era con mi hermano mayor.

-El día anterior un policía nacional

que vive justo debajo de la casa

oyó una fuerte discusión. Estaba con la novia en casa.

Estuvo él a punto de subir

porque incluso oyó dos fuertes golpes,

y era una discusión con un hombre,

mayor;

o sea, no era un adolescente.

Y fue en el interior de la vivienda porque él declaró en el juicio

que se escuchaban los pasos del parqué,

y que una vez finalizó discusión, esa persona no salió de casa.

-¿Qué cosas concretas hicieron

para determinar qué varón podía ser?

Descartado Álvaro.

-En este momento no lo recuerdo; tampoco sé si lo hice yo.

-¿Comprobaron qué pisos de los vecinos,

de abajo, de arriba, estaban ocupados?

Para ver en qué pisos,

si hubo una discusión, pudo haber...

-Yo no lo comprobé. -Usted no lo comprobó.

Otro de los factores importantes en la investigación

era concretar la hora de la muerte de Anna Calegari.

La determinación de la hora de la muerte era fundamental

para situar a Álvaro dentro de la escena del crimen

o fuera de la escena del crimen.

La tesis nuestra es que Álvaro no estaba

en el momento en que fue asesinada Anna,

porque contrariamente a lo que decía

el informe forense del juzgado,

que es un informe forense curioso,

porque no tiene ni toma de temperatura,

no pregunta a los médicos de urgencias cuál es el aspecto

cuando han llegado,

porque fueron los primeros que llegaron, etc.,

data la hora de la muerte con una precisión casi de segundos.

En cuanto a la data de la muerte,

las técnicas que se manejan hoy son la temperatura corporal;

perdemos un grado por cada hora una vez que se ha fallecido

hasta que el cuerpo queda a temperatura ambiente;

y la rigidez cadavérica, el rigor mortis,

que suele ser pleno entre las seis y las doce horas,

se mantiene hasta las 24, y desaparece en torno a las 36.

Con estos datos podemos establecer de una forma bastante fiable

la data de la muerte,

pero es imposible afirmar con total exactitud,

minutos y segundos, el momento en que alguien ha fallecido.

El forense llegó a la conclusión

de que el crimen se produjo a las 21.45.

Puso un margen de media hora arriba y abajo.

Estamos ante un hecho que llamó poderosamente la atención

porque en un caso como este, y especialmente

habiéndose producido como se produjo,

y habiéndose utilizado la forma de asesinato que se utilizó,

es verdaderamente difícil marcar un periodo de tiempo tan definido.

La jueza dio por válido solo el informe forense

que situaba a mi hijo en esa franja horaria

prácticamente sin margen de error.

-Los servicios de urgencia sí le toman la temperatura

y la temperatura que tiene el cadáver

son 34,5 grados, 35 grados.

Es decir, ha perdido casi dos grados en apenas 20 min

según la tesis del forense, y eso es imposible.

Según relata tanto la familia de Álvaro

como su abogado,

en el juicio no se tuvo en cuenta

ninguno de los informes forenses independientes presentados.

Según ese informe, Anna pudo haber sido asesinada

entre las cuatro de la tarde y las ocho de la noche.

Quizá es un margen muy amplio,

pero seguramente mucho más cercano a lo que se produjo.

Está claro que alguien estuvo en la casa entre las 18 y las 20 h,

y es evidente que esa fue la persona que asesinó a mi madre.

El arma homicida fue limpiada, pero de una forma muy particular,

porque se encontraron restos orgánicos de la víctima,

lo que demuestra que la usó y que además fue el arma homicida.

Pero no se encontraron restos orgánicos del agresor;

de manera que fue capaz de limpiarla sin dejar restos suyos.

O utilizar guantes.

El forense afirma que el agresor debería tener manchas de sangre

en el cuerpo y en la manga derecha.

-Si fue Álvaro, con la cantidad de golpes que fueron,

tendría que tener toda la ropa manchada de sangre.

Esa misma noche nos hicieron una inspección ocular

y no tenía ningún tipo de resto de sangre.

-Cualquiera puede coger una jarra de pinta de medio litro,

más o menos serán estándar,

y que pruebe a dar un golpe y varios,

simplemente contra un cojín o contra un colchón.

Uno se hace mucho daño aquí y se llega a hacer una escoriación

porque la jarra, al golpear, gira.

-El mismo forense que dice

que el agresor debería de haber tenido

lesiones en la mano con la que propinó los golpes.

Mi hijo no tenía lesiones en la mano.

-Tampoco se sacaron restos de ADN de esa jarra

que se encontró

a ver si realmente tenía algún resto de Álvaro,

alguna huella de Álvaro, algo de Álvaro;

hubiera sido un indicio

de que efectivamente podía haberlo hecho.

No aparecieron.

-En las versiones autoinculpatorias de mi hijo,

él dice que va a la cocina, coge una jarra,

se sirve Coca-Cola,

para posteriormente matar a su abuela.

En dicha jarra no se ha encontrado ni ADN de mi hijo

ni huellas dactilares de mi hijo, ni Coca-Cola;

tampoco se ha encontrado Coca-Cola en la vivienda

ni derramada por ningún sitio.

La única prueba que se encontró contra Álvaro

fue una huella del índice izquierdo

en la bolsa que contenía el arma homicida.

En la bolsa hay una huella mía,

que es del dedo este, que es justamente aquí,

enganchada aquí;

aparte de otras huellas que no se sabe de quién son.

La huella puede estar en la bolsa por cómo doblo yo las bolsas.

En casa, cuando vivía con mi padre, que guardaba las bolsas,

yo las enrollo...

Aparte de que debería haber más huellas,

me imagino yo,

no sé por qué se quedará solo una;

luego cuando la ato, engancho aquí el dedo y la anudo.

Cuando mato a mi abuela con la jarra esta,

una jarra igual que esta;

que la mato sin dejar huellas en la jarra,

ni de la mano derecha ni de la izquierda...

Se supone que la mato con la jarra esta

y que tengo que, sin posarla en ningún sitio,

y utilizando la mano izquierda,

porque se supone que es la que utilizo para dejar la huella,

guardarla en la bolsa,

que ya con la mano derecha, en caso de que pudiese agarrar

la jarra con la izquierda, que no puedo...

Si por ejemplo la engancho, por el peso...

Joder. Se me escapa, ¿no?

Unos segundos sí,

pero al final no tengo fuerza en los dedos.

Y claro, se supone que tengo que guardar la jarra en la bolsa,

sin posarla en ningún sitio,

sin poder aguantarla con la mano izquierda;

abrir la bolsa solo con la derecha,

que ya cuesta abrir una bolsa con una mano;

en caso de abrirla, ¿no?

La voy a poner aquí,

como tendría que estar la huella para que haya sido.

Tener la bolsa abierta...

La bolsa, mira, sí que la puedo sujetar

y no se me cae.

Y meter aquí la jarra...

Y claro, con la derecha no la puedo llevar

porque no le dejo huella, se supone;

tengo que llevarla con la izquierda y con este dedo aquí.

Claro, que la cojo con este dedo aquí y se me cae.

Otra de las situaciones anómalas que vemos en este caso,

que parece estar envuelto de un halo de oscuridad;

ya que da la sensación

de que no se ha investigado como se debía,

es precisamente el momento en el que se encuentra

esa bolsa con esas huellas

y que posee en su interior ni más ni menos que el objeto

con el que se ha cometido el crimen, la jarra.

¿Por qué digo esto? Porque la noche anterior

la Guardia Civil se dedica literalmente

a rastrear toda la zona alrededor de la casa

donde se produce el asesinato, o en ese momento la muerte,

y en los contenedores no encuentra nada.

Al día siguiente, a las tres o cuatro de la tarde,

se encuentra la bolsa con la jarra en su interior;

pero además está encima de la basura.

Si alguien la hubiera dejado ahí de noche,

la basura de los vecinos que hubieran bajado después

estaría encima de esa bolsa, pero no.

Esa bolsa no ha sido colocada de noche.

Esa bolsa fue colocada en algún momento de la tarde

posiblemente por quien cometió el crimen.

Llegados a este punto, hemos querido hacer

nuestra propia reconstrucción del trayecto

para intentar arrojar un poco de luz sobre este tema.

Bueno, este es el muro que salto yo cuando vengo aquel día,

que saltaba normalmente para entrar directamente

a la urbanización;

solo que ahora le han puesto una valla y ya no se puede saltar.

Paramos el cronómetro y seguimos por el otro lado.

Nuestra reconstrucción nos dio seis minutos y treinta segundos.

Eso significa que estuvo en la casa cinco minutos y medio.

Con ese tiempo que ha dado la reconstrucción,

ya sabemos el tiempo que Álvaro estuvo en casa.

Si alguien cree que en ese tiempo

te da tiempo a entrar en casa, saludar,

ir a la habitación a dejar tus cosas,

la mochila, volver,

ir a la cocina, coger una jarra,

echarse Coca-Cola,

discutir con tu abuela hasta llegar al punto

de matarla...

Verdaderamente alguien lo puede creer,

pero eso es científicamente imposible...

Básicamente porque yo lo he hecho un millón de veces.

Y esta es la versión de Álvaro sobre lo que ocurrió aquella tarde.

El día que pasa lo de mi abuela,

mi madre me deja en Treto, cuando cierra la tienda,

de camino a su casa me deja ahí donde mi padre.

Me deja a unos 500 metros o así de la urbanización,

como siempre;

voy andando hasta la casa, escuchando música tranquilamente.

Cuando llego allí subo en el ascensor

y entro en casa con mis llaves, como siempre.

Y cuando entro, pues saludo a mi abuela.

Entré en casa y dije: "Hola, ya estoy en casa".

Y no me respondió y no la vi ni nada,

así que me imaginé que estaría en el baño o en la cocina.

Así que fui a la habitación directo a dejar la mochila y la chaqueta,

miré el teléfono móvil por si tenía un whatsapp o algo,

y después salí al salón.

Y cuando salgo del cuarto para ir al salón,

nada más salir me encuentro a mi abuela,

que estaba en el sillón en el que está ella siempre

y me la encuentro... blanca entera,

con sangre que le cae...

Con sangre...

Con sangre que tiene por la cara, que le cae.

El 11 de septiembre comienza el juicio

contra Álvaro Menéndez Castillo,

acusado del asesinato de su abuela Anna Calegari.

Yo cuando llega el juicio

voy, no con ganas de ir a un juicio,

pero sí con ganas de hacer el juicio para que termine

y que se acabe ya todo esto.

Vamos, voy convencido por completo de que después del juicio

va a quedar claro que yo no he sido.

-Antes del juicio, la Fiscalía nos ofreció un trato.

Él se declaraba culpable

y salía... En cuanto saliese del centro, a los nueve meses,

salía y se iba para casa.

Y lo hubiésemos tenido en casa.

Y nosotros le preguntamos a él: "A ver, es tu decisión".

"Porque al fin y al cabo el que va a cumplir vas a ser tú".

Y él dijo que no, que él no había matado a la abuela

y que no, que no.

-Tenía claro que la Guardia Civil, el forense y demás

iban a ir a contar su versión.

Estaba convencido de que por muchas mentiras

que pudiesen contar o lo que sea,

que en teoría el juez

iba a decir: "Estos dicen esto, pero aquí no hay ninguna prueba,

y las pruebas que tiene que haber no están".

Yo en el fondo tenía la seguridad de...

"Es que no he sido, ¿cómo me vas a condenar?".

"Si no he sido, no me puedes condenar básicamente".

Y al final, al revés.

Me condenó.

Casi cinco meses después de concluir el juicio,

sale la sentencia que declara a Álvaro culpable

con el agravante de parentesco.

La condena se sustenta en la declaración autoinculpatoria

y en la huella encontrada en la bolsa que cubría la jarra.

Álvaro debe cumplir seis años de internamiento cerrado

y tres en libertad vigilada.

Yo en ese momento me quedo... Pues que no sabes qué hacer, ¿no?

Y tienes luego la impotencia de:

¿qué hago yo si no he hecho nada

y me está diciendo una jueza que he hecho esto?

Encima, no me está diciendo que he robado un bolso;

me está diciendo que he matado a mi abuela.

-Nunca en mi vida me había sentido tan impotente.

O sea, tan... Se nos acababa de caer... todo.

Se nos había venido el mundo encima.

Sentí que éramos algo insignificante;

que habíamos sido... pues eso, aplastados

por una cosa mucho más grande

y nos sentíamos, pues eso, nada.

Tras obtener la sentencia, Álvaro decide ponerse

en huelga de hambre para luchar por sus derechos.

Esta decisión le tendrá tres meses en el hospital.

Yo tenía claro que, aunque tenía que entrar

porque me lo había mandado un juez,

que realmente no tenía que estar ahí.

Yo antes de entrar al centro, ya se lo dije a mis padres,

a mi novia y demás; les dije que no iba

ni a comer ni a beber, ni nada en el centro,

porque a mí no me correspondía esa comida.

-No quieres que tu hijo haga una huelga de hambre,

pero tienes que apoyarlo.

¿Qué es peor, una huelga de hambre o que te acusen erróneamente

de un asesinato que no has cometido y encima de tu abuela?

-La huelga de hambre fue... muy dura.

Muy dura.

Apoyar a tu hijo...

en una decisión personal que ha tomado él,

que por una parte la entiendes,

pero por otra parte, claro, es tu hijo

y no sabes si te va a sonar el teléfono

y te van a avisar del centro

con que le ha dado una bajada de azúcar,

que le ha podido pasar cualquier cosa...

Y la verdad es que lo pasé francamente mal,

porque ves pasar a tu hijo por una situación...

tan difícil.

Y todo por una injusticia, ¿sabes?

O sea, por un... No sé.

-Una decisión personal que él tomó

porque considera que no ha hecho justicia

y que no le pertenece a él ocupar ese sitio de culpable.

-Estuve en el hospital tres meses y medio,

porque allí me podían poner suero y demás.

Estando en el hospital me fue a visitar la jueza dos veces.

Y yo le expliqué por qué estaba en huelga de hambre;

le dije: "Yo estoy en huelga de hambre,

no para que me dejes libre;

si ya me has condenado, pues ¿qué voy a hacer?".

"Pero yo estoy en huelga de hambre

porque yo no tengo que comer la comida del centro,

no tengo que beber el agua del centro;

eso será para el que ha matado a mi abuela".

"Yo estoy para reivindicar mis derechos

y demostrar que aquí se ha cometido una injusticia".

Con eso lo único que conseguí fue que me pasasen

del centro de menores a El Dueso, al penal.

Claro, me dice la jueza

que me van a trasladar al penal si no como.

Dije: "Yo a la cárcel no quiero ir, ni mucho menos;

ya lo que me faltaba,

acabar en la cárcel por algo que no he hecho;

pero aun así, no voy a ir al centro de menores

a llevar una vida normal, según vosotros,

en un centro de menores en el que no tengo que estar".

"Si tengo que ir a la cárcel, voy".

Y yo sé que le hice ver a la jueza

que, aunque no me pudiese soltar,

sabía que ella ya se había dado cuenta

de que yo no había hecho lo que decían que había hecho.

En junio de 2015 sale la sentencia de apelación.

En ella la jueza afirma

que la primera declaración autoinculpatoria de Álvaro

fue obtenida de forma ilegal.

Sin embargo se da por buena

la declaración del día siguiente ante el fiscal

y se mantiene la pena de seis años de internamiento cerrado

y tres de libertad vigilada.

Para nosotros tendría que ser todo nulo

porque al final el nexo temporal

reside en que a Álvaro se le mete en un coche

y se le aísla completamente de su familia;

no se le vuelve a dejar solo

en un sitio seguro, tranquilo para él.

Está siempre acompañado de policías,

pasa la noche allí,

se le lleva al juzgado escoltado por la policía,

no se le deja acercarse a la familia...

Él siempre tiene... esos ojos detrás.

Entonces, por mucho que exista un abogado o que exista el fiscal,

entendemos que todo lo que sucede en ese día escaso,

todo lo que sucede en ese día,

debería de estar contaminado y debería ser nulo.

El 16 de noviembre de 2015, al cumplir 18 años,

Álvaro es trasladado del centro de menores

al penal de El Dueso,

donde se encuentra actualmente cumpliendo condena,

aunque tiene una salida cada dos meses.

Este documental se rueda durante una de esas salidas.

Si no reconoces el delito,

no estás haciendo tu labor;

no van a ver una evolución en ti.

Porque lo primero es aceptar el delito

y cambiar las cosas de por qué has cometido ese delito,

y si no lo reconoces, no vas a cambiar nada.

Y a una persona que no reconoce un delito,

y más un delito de asesinato, lo normal es que no le den nada.

Y yo, a pesar de que no reconozco el delito

y no les digo nunca que yo he sido,

y les insisto mucho en que aunque no me den nada

y me coma aquí los seis años,

yo siempre voy a seguir diciendo la verdad,

y yo no he matado a mi abuela,

y aun así me están dejando salir de permiso.

Andrea es la pareja de Álvaro

y ha estado a su lado en todo momento.

Pues cuando él se fue... menos de un año.

O sea, no llevábamos ni un año juntos.

-Llevábamos seis meses o siete.

-En ese momento no sabía ni cuánto tiempo iba a ser,

si iba a salir a las dos semanas,

si se iba a solucionar todo... Claro, yo no sabía.

Entonces yo dije: "Bueno, pues habrá que seguir con esto".

Yo nunca pensé que había sido él.

Pero por el hecho de cómo estuvo conmigo

desde que pasó lo de la abuela hasta que se fue al centro.

Yo creo que si lo has hecho,

en algún momento te vas a venir abajo

y lo vas a decir, o cambias tu forma de ser;

es algo que tienes que esconder.

No intento hablar de eso, pero yo se lo saco mucho;

entonces creo que en alguna de esas lo hubiese dicho

o me hubiese dicho: "Mira, pasó esto".

"Me dio un mal golpe, se cayó, se golpeó la cabeza

y pasó esto".

Yo le digo: "Vale, pues bueno,

pues habrá que afrontar lo que ha pasado".

La gente me decía: "¿Pero no tienes miedo?".

Y yo: "A ver, yo creo que he discutido yo más que él

con la abuela".

Si hubiese matado a alguien, me hubiese matado a mí.

-Nos llevamos bien.

Discutimos poco; igual porque cada mes...

Entre que no estamos juntos casi todo el tiempo

y sales seis días, pues no vas a estar discutiendo

ni enfadado, ¿no?

-Igual luego cuando salga me agobias

o estoy harta ya de ti: "¿Por qué no te vas?".

No vamos a estar aquí aguantando esto

y luego a la mínima de cambio se acabó.

Pues a mí me pagas una indemnización o algo

por estar aguantándote.

Después de fracasar con la sentencia de apelación,

la familia decidió interponer un recurso

ante el Tribunal Constitucional;

pero tampoco tuvieron éxito.

El objetivo último es lograr un nuevo juicio,

pero para conseguir ese juicio necesitan tener nuevas pruebas.

Decidimos contratar un investigador privado

y este investigador privado cercioró y corroboró

las sospechas que nosotros teníamos

para en breve poder reabrir el caso,

demostrar quién fue el asesino

y presuntamente también colaboradores,

porque esto lo sabe más gente cercana,

que se lo ha callado,

y básicamente ponerlos a todos delante de la justicia.

Mi madre ha muerto por no dar el brazo a torcer

en su decisión de destinar esa herencia

a un solo nieto,

mi hijo.

Álvaro no mató a su abuela

y a día de hoy yo sé quién lo hizo.

-Yo realmente, desde el primer momento.

O sea, esa decisión ya la tomé hace cuatro años,

que era el apoyar a mi hijo

en la verdad.

O sea, se tiene que saber la verdad.

O sea, esto no puede quedar así.

Y no puede quedar así, no solo ya por nosotros;

sino porque esto le puede pasar a cualquiera.

-Yo espero que el documental sirva para que la gente sepa mi historia.

La justicia está bien hecha;

el problema son las personas que hacen esa justicia,

que esa justicia se haga.

¿Sabes? Igual con esto también se consigue

la ayuda de alguien, que me diga: "Oye, mira, te voy a ayudar;

ya que sabes quién ha sido el que realmente mató a tu abuela,

te voy a ayudar a ver si lo podemos demostrar al 100%

y entra preso".

-Yo les digo a la gente que le juzga sin saber

que se entere de lo que ha pasado,

que hable con él o con la madre,

y ahí se dará cuenta de que es inocente.

-Lo bueno es que si sabes hacerlo bien, al pesar poco...

-Nosotras triunfaríamos. -Pues eso, probad.

-Que no. -Pero atreveos un poco.

-Álvaro es un chico normal de 16 años, tranquilo,

como cualquier otro chico de su edad.

Los padres de Álvaro se separaron cuando él tenía siete años

y compartía una relación muy cercana con su abuela.

-Nunca le he visto en conflictos ni buscando movida ni nada.

Es un chaval muy tranquilo,

al cual, por ejemplo, con la minusvalía que tiene,

se lo puedes echar en cara y no te va a decir nada.

Puede jugar contigo al balonmano o lo que sea,

y va a ser competitivo; va a querer quedar el mejor.

O sea, es todo lo contrario a una minusvalía.

-Es un chaval tranquilo,

nunca he visto que tenga problemas con nadie,

no le veo agresivo con nosotros tampoco...

Podemos estar vacilándonos muchas veces

y él te vacila con otra cosa, no se queda con el remordimiento.

No me imagino a Álvaro matando a su abuela.

-¿Dónde vas? -¿Quién ha ganado?

-He ganado yo. He pasado primero.

-Ha sido un robo en toda regla.

Es impensable que un juez, unos fiscales, unos forenses,

o unos guardias civiles

tengan algún interés en meter a un niño en la cárcel.

Lo que hicieron fue culpar a Álvaro y a partir de ahí

intentar cuadrar todo con ese pensamiento que tenían.

Y si no había manera de cuadrarlo, pues ya lo hacían cuadrar ellos.

No entiendo la motivación que podría tener la Guardia Civil

en inculpar a un niño.

Hay cientos de casos que se quedan sin resolver

y no pasa nada.

No digo que hayan tenido una motivación especial

en querer encerrar a mi hijo ni mucho menos;

simplemente han ido cometiendo fallos en la investigación,

han querido ir enmendando esos fallos

y tratando de encajar piezas imposibles de encajar;

solo por el hecho,

no de culpar a esta persona que es mi hijo,

sino por el hecho de salvaguardar su buen hacer.

-Personalmente creo que fue por tapar un mal trabajo.

Y fueron tapando, tapando, tapando,

y llegó un momento en que había que taparlo todo.

El caso prácticamente se resolvió, si se puede decir así,

con Álvaro en un centro de menores.

Pero yo creo que hay suficientes enigmas

como para que nosotros ahora nos hagamos muchas preguntas.

¿Pudo Álvaro haber cometido ese asesinato

en el tiempo que se dice que se hizo?

¿Hubo una tercera persona,

de la que sabemos que hay una huella?

Yo creo que ya es importante,

y sin embargo no sabemos quién fue,

porque se obvió en la investigación.

¿Quién llevó la jarra con la bolsa al contenedor?

Creo que son demasiadas preguntas como para dejar el caso cerrado.

A día de hoy no he podido enterrar a mi madre.

No puedes enterrar a una persona que no sabes por qué murió.

A una persona la entierras en paz.

El caso de Álvaro se cerró con demasiadas dudas por resolver.

¿Disfrutó de una investigación correcta y un juicio justo?

¿Hay una tercera persona responsable y en libertad?

Mientras las dudas se resuelven,

Álvaro sigue encarcelado en el penal de El Dueso

cumpliendo condena por el asesinato de su abuela.

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Víctimas del misterio - Parricidio en Santander

31 ene 2018

Serie dedicada a sucesos reales de la historia de España. Historias basadas en las creencias, supersticiones y misterios.
El 20/06/2013, Álvaro Menéndez, de 16 años, encuentra muerta a su abuela Ana, tarotista argentina, fue acusado de haberla asesinado. Las pruebas son débiles pero está en prisión.

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