Versión europea La 2

Versión europea

Sábado a las 22.00 horas

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No recomendado para menores de 16 años Versión europea - Mi familia italiana - ver ahora
Transcripción completa

(Música animada)

(HOMBRE) Saverio, ¿qué decir de Saverio?

Nació para ser actor.

Con talento natural,

la ligereza de un niño,

la profundidad de un viejo...

Un genio.

Aún recuerdo la primera vez que lo vi actuar.

Ay, qué tiempos...

¡Qué tiempos inolvidables!

Cinco diría yo que son las etapas fundamentales

en la carrera de Saverio.

Los inicios teatrales...

(Música de piano)

"Ey, guys!"

(CANTA EN INGLÉS)

(OFF) "Después...

la inolvidable época de la comedia a la italiana. (RÍE)

Ay, Saverio sabía hacer realmente de todo.

Sabía actuar, cantar, bailar..."

Después llegaron sus grandes películas comprometidas.

Creo que debemos organizarnos.

Porque solos no somos nadie y el patrón puede hacer lo que sea.

Despedirnos y hacer que nos matemos entre nosotros

por una hora extraordinaria.

(OFF) "Ay, qué época maravillosa, maravillosa".

Mi hijo ha crecido y me lo he perdido.

Salgo de casa cuando duerme y cuando también duerme.

Pero terminó, terminó.

fue el año decisivo para Saverio.

Ya había alcanzado el éxito en todo el mundo,

había ganado su primera Palma de Oro

y se abría de par en par ante él

aquella maravillosa etapa francesa....

(Música)

Sí, doctor, gracias por llamarme.

No, no, bien. Ven, Saverio.

Acabo de llegar a la estación, no las he visto.

Sí, estoy tranquila, muy tranquila.

Me tomé las pastillas, sí.

Sé que es la prueba que esperábamos...

hace tiempo.

Sí, son mis hermanas, lo sé.

Sí, sí, yo...

Valgo tanto como ellas, de acuerdo.

Aunque... no voy a verlas mucho tiempo.

Estaremos dos días.

No oponer resistencia, será lo que deba ser, sí.

¿Estás bien, mi amor? Sí, sí...

(OFF) "¿Y cómo olvidar la etapa sueca?

Los grandes conflictos metafísicos,

el hombre frente a su propio abismo".

(PIENSA) "¿Quién soy yo?".

Stephanie. Yo soy Solveig.

Solveig. Es increíble.

¿Cómo estás? -Bien.

Estás guapísima. Si... Si eras una niña.

¿Y él? -Saverio, ven.

Ven, Saverio. Di "bon jour" a tu tía sueca.

"Bon jour". -Buenos días.

¡Aquí están! Las hijas actrices.

Un placer. Marco Serra, de la prensa.

Encantada. -Bienvenidas.

Gracias. -¿Nos vamos?

Sí, sí, por aquí.

No puedo creer cuánto has cambiado.

¿Cuánto tiempo hace que no se veían?

Eh... Diez años, desde el funeral de papá.

Diez años.

Pero qué rico es.

¿Y cuántos más tienes?

Dos. -Otros dos.

Veronique, la hija del actor Serge Verroux,

que conoció rodando "Le reveur", "La soñadora",

y Stella, la directora de "Les saisones de ma vie",

"Las estaciones de mi vida". -"Les saisones de ma vie".

(TARAREA) -"Saisones".

Con cada película, un hijo. -No, tampoco es eso.

Hasta ahora he rodado casi 40 películas.

37. 37, creo.

¿Usted lo sabe todo? -Bueno, es normal.

Me licencié con una tesis sobre su padre, así que...

Así que...

si olvidáramos algo de nuestra vida, usted podría ayudarnos.

Oh, no. Yo lo que quiero es saber más sobre toda su familia.

Tengo la intención de escribir un artículo, ¿sabe?

Habrá que tener cuidado con lo que decimos.

Mi vida...

¿No os parece que es idéntico a papá?

No, esperad, no os dejéis engañar.

Mirad sus ojos.

¿Eh?

Es idéntico a él cuando rodó "El secreto del Coyote".

Mira. Yo estaba escondida ahí detrás.

¿En serio? Sí.

Voy a acercarlo.

No. Este es mi piececín.

Hay que ver. (RÍE)

Pero qué mono. Fíjate.

Pues le voy a dar un besito. ¡Deja!

Quería estar con mi papá y él me puso detrás de la roca.

Me dijo: "No puedes moverte,

que no se te oiga respirar por ningún motivo".

Pero lo que no me dijo fue que después iba a disparar.

Efectivamente. Sí.

No me moví ni hice ruido, pero me hice pis encima.

Tu padre era un sádico,. Qué va, quería verme contenta.

No nos veíamos apenas.

Era la...

la época en que vivía con su nueva familia de España.

Y tú siempre lo has perdonado.

Mira que era guapo.

(TV) "¡Vamos, amigos! ¡Vamos, amigos!".

Es verdad.

¡Vamos, niños!

Esta es la casa que compró el abuelo cuando era famoso.

Aquí ha pasado mamá todos los veranos.

¡Huy, qué alegría!

¡Segunda!

¡Hola, Rita! Bienvenida.

¡Mi "mamma" italiana! ¿Cómo estás?

¿Qué tal? ¿Cómo estás? ¿Cómo estás? Bien.

¿Dónde está tu "mamma" española? Ahí.

¡Oh!

Mami.

¡Ramona!

Niños, venid a saludar a la abuela italiana.

Dios mío, dos nietos de sopetón.

Te has cambiado el color del pelo. Rojo jungla, ¿te gusta?

Oh, sí, sí. ¿Cómo estás?

¿Cómo estás? Oh, agotada.

Cuando era joven resulta que siempre

me negué a viajar sin una niñera,

y ahora la niñera soy yo.

Segunda dice que me viene bien ejercer de abuela,

en vista de que nunca ejercí como madre.

Me castiga. Como a mí, como a mí.

Con tal de tener una familia unida,

llamaría "mamma" hasta a la puta americana.

¿Habéis invitado también a la puta americana?

No, no, no.

No me lo digas, porque yo me marcho.

Solo a la hija, a la hija. ¿A Schilley?

¿Y por qué la has invitado, si ni siquiera vino al funeral?

Ramona, después de 30 años de cuernos, ¿todavía...?

Eh, los primeros no se olvidan jamás.

Mira, nos poníamos aquí debajo Susanna, Stephanie y yo

y movíamos esto y hacíamos como que nevaba.

Ay, y luego el jardinero venía y se lo contaba a mi padre.

Tras el rodaje, y nunca se enfadaba.

Decía: "Mis hijas juegan a hacer cine".

Era precioso.

Mama Rita.

Alfonso, mi marido. ¿Lo recuerdas de mi boda?

Estaba contigo ante el altar. Ah.

¿Qué tal, Alfonso? Bien, bien, feliz de haber llegado.

Está usted como siempre, bellísima.

Es hijo de un diplomático.

Alfonso, estamos en familia.

Puedes dejar de besarles la mano a todas, ¿eh?

Una familia un poco...

¿Cómo se dice? ¿Ampliada?

Intercontinental. Ah.

Pero ante todo una familia, ¿eh? ¡Saverio, Cristóbal!

Hablamos de esta reunión familiar desde hace un año

y yo ya no puedo más.

¿Qué se dice? (AMBOS) Hola, abuela Rita.

¡Hola! Gracias, niños, gracias.

A todas nos llega la hora.

No, no, a mí no, porque Susanna no quiere niños.

¿Dónde está Susanna?

Eh... Está atando los últimos cabos de la celebración.

Ah. Eh... Sí.

Susanna es el pilar de la familia.

En verano aquí ella ejercía de madre de todas.

Ya sé por qué no quiere niños.

¿Quién ha puesto esto aquí? Susanna.

En cada cuarto ha puesto una foto de Saverio con una hija.

Y con una esposa. Sí.

Menos mal que estamos solo tú y yo. Ya.

Si no, esta casa iba a ser como un harén.

Rodábamos "El amante extranjero".

Buena película.

Cuánto nos divertimos.

Pues sí, os divertisteis mucho, sí.

Los periódicos estaban llenos de vuestras fotos.

"Ramona y Saverio en San Morritz esquiando",

"Ramona y Saverio en la Costa Brava"...

Aquel día decidí que no iba a abrir ni un periódico más

Sin embargo volviste a abrirlos

cuando la puta americana se quedó preñada.

Hasta fuiste a España.

(RÍE) Para consolarte. Ya.

Estabas embarazada de Segunda.

Los periódicos hablaban de ti y de la americana,

embarazadas a la vez.

Y Saverio no quería reconocerla.

Pero nos hicimos amigas ¿no? Amigas en la desgracia.

Quiero que sepas que no fui yo quien te quitó a Saverio, Rita.

Ya había estado con la vestuarista francesa, ¿se te había olvidado?

¿Olvidárseme? ¿Esa francesa de "merde"?

Así es en francés.

Lo vestía y lo desvestía en la "roulotte".

"Oh, está guapo con todo, pero cuando lo visto de blanco...".

De paso le bajaba los calzoncillos.

Stephanie es como su madre, tres hijos de padres diferentes.

Bueno, sale a Saverio en eso.

Qué bonita casa. Ajá.

Murió aquí, ¿verdad?

Sí, precisamente en esta cama.

¿Y precisamente me metes aquí?

Bueno, yo lo cuidé hasta su último aliento.

Sí, las italianas sois especialistas

en reapropiaros maridos moribundos.

Pensé que te haría ilusión

dormir en su cama. ¡Mami!

Mami, mira. Mira esta fotografía mía con papá.

Mira qué cariñoso. Qué bonita. Cuánto me quería.

Sí, cuando posaba era siempre muy cariñoso.

Sí. Ya vale de hacerte la víctima.

Solo cuentan los buenos recuerdos.

¿Te acuerdas de mi osito rosa?

El osito rosa.

Cómo iba a olvidarlo. ¿Qué sería de él?

¡Alfonso!

¡Alfonso, mi amor! ¿Qué haces?

Estoy intentando fumarme un cigarrillo.

Sube, por favor, que te quiero enseñar una foto con mi padre.

¡Ya voy! ¡Saverio, Cristóbal, cuidado!

(HOMBRE) Ya estamos. Es aquí.

Venga, vamos, bajad.

¡Vaya!

¿Ves? La tía Susanna y la tía Segunda se escondían siempre aquí.

Y cuando pasaba yo, ellas me daban un susto.

Se metían las dos... Se metían las dos siempre conmigo.

100 puntos si adivina por qué.

Porque era la más pequeña, imagino. -No, es muy amable,

pero soy la segunda y Segunda la tercera.

La verdad es que es un poco extraño,

pero no, no, se confabulaban... se confabulaban contra mí

porque mi madre le había quitado a papá a la madre de Susanna.

Tome nota de esto.

Buenos días. ¿Y usted es...?

Yo soy Alfonso, el marido de Segunda.

Ah, hola.

¿No nos conocimos ya en mi boda?

Eh... No, me confundes con... con Susanna. Yo...

no pude ir a la boda porque estaba rodando.

"Amants pour une nuit", "Amantes por una noche".

Oh, interesante.

Saverio, estos son tus primos españoles, hazte amigo de ellos.

Ya te he dicho que si no, me enfado.

Lo has prometido. ¿Dónde están las demás?

Dentro. -Pues que...

empiece el "show".

Buena suerte. -Gracias.

¿Quién eres tú? -Solveig, la última hija.

Oh. La última, pero no menos importante.

¿Tú quién eres?

Yo soy Alfonso, el marido de Segunda.

Ah. -¿Quieres un cigarrillo?

Gracias, no fumo. -Oh.

Usted es Alfonso Vázquez Serrano De Ortega,

productor de vinos y primer y único marido de Segunda,

la segunda... no la tercera hija de Saverio.

¿Se dedica usted a la heráldica? -No, a Saverio Crispo.

Hice mi tesis sobre él. -Bien.

Entre.

Un hombre en esta casa es un artículo raro.

Qué bonita tu última película. Gracias.

"Tus zapatos sobre mi corazón".

No, se llamaba "Camina sobre mi corazón",

"Tu marche sur mon coeur".

En Italia no se estrenó, qué raro.

Se estrenan todas las películas francesas de éxito.

¡Stephanie! ¡Segunda!

¡Cuánto tiempo! Oh.

¿Cómo estás? He visto a tus hijos fuera.

¿Y los tuyos? Qué altos.

Eh... Me he traído solo a Saverio.

Los dos mayores se han quedado con sus dos padres.

Dos.

¿Y el padre del último de dónde es?

De Jamaica.

Ah, qué exótico.

¿Y tú quién eres? Solveig.

¡Ay, tesoro! Segunda.

Ya lo sé.

¡Solveig! Madre mía, cuánto has crecido.

Hola. No te habría reconocido.

Cielo. Hola Rita. Hola Ramona.

Oh, Solveig, pero qué guapa.

Solveig, leí la crítica de tu último espectáculo.

¡Ha nacido una nueva estrella!

Gracias.

Buenos días. Buenos días.

Encantado, un placer. Eres el novio de Solveig...

Oh, no, no, no. Yo soy Marco Serra.

Marco Serra. ¿Eres el nuevo novio de Estefanía?

Stephanie. No, él es...

Él es el... Es el especialista en nosotros.

Está a la caza de nuevos secretos, me pareció entender.

Bueno... Han escrito ya todo.

De mujeres, esposas, hijos.

¿Y de la perrita? Podemos hablar de la perrita.

Ahí está, ¿la ve?

Hasta ella tenía que ser hembra.

Sí, dormía siempre en su cama.

Después, un buen día... ¡Puf! Desapareció.

Desde entonces, no quiso volver a ver a un perro, por suerte.

Rita, ¿qué le hiciste? Ramona, deberías agradecérmelo.

Imagínate si todas las noches se mete en la cama con una perrita.

Samanta o.. o Estefania. ¿Cómo Estefania?

Es que al principio la perrita iba a llamarse Estefania, sí.

Adiós. Por favor, mañana no te pongas delante,

que mi madre no vea que has estado. Tú tranquila.

No puedo estar tranquila.

No puedo estar tranquila.

¿No comprendes que están esperando a crucificarme?

¿Quiénes, Susanna? ¿Que quiénes?

Picci, mi madre, mis hermanas, Ramona, mi padre...

Claro, tu padre. Que sí, lo siento.

Él está ahí esperando a decirme: "Lo has hecho mal todo.

Lo has hecho mal. Has elegido mal los carteles, las películas,

has elegido mal el texto de la placa".

Si él odiaba las homenajes, los funerales, los muertos...

Sí, claro, los de los otros. Lo suyo le importaba.

Te lo dijo él...

Sí, me lo dijo él.

Antes de morir, me dijo:

"Susanita, recuerda que ya han escrito de todo sobre mí,

sobre mi vida, mujeres, hijas, escándalos....

Controla tú". Sí, "Vela tú por mí".

Claro, eres su vestal, ¿eh?

¿Qué, ahora resulta que soy virgen? No, claro que no.

No, no, no. Para, para.

Para, para, para. Ahora no, no puedo.

No puedo, que ya han llegado. Anda, quita.

Hasta la noche.

No, no, que vamos a estar todas juntas.

Hasta mañana entonces. Sí, pero...

No muy adelante, lo sé.

Mejor ponte muy atrás.

Tranquila.

Tranquila, tranquila... No sé cómo.

Oye, qué bien lo has organizado todo, Susi.

¿Tú crees?

Me ilusiona hacerlo por él.

A él no creo que le importe mucho.

¿Qué he dicho? Es la verdad. Papá está muerto.

Pero tenemos la responsabilidad de su apellido.

Si hubiera podido cambiármelo... ¿Y por qué no lo has hecho?

Te habría encantado, ¿eh?

Esto está buenísimo. ¿Lo has hecho tú?

No, mi madre.

Marta, su madre, cocinaba para papá.

Marta, pues claro.

Arroz, patatas y mejillones.

¿Y es tu madre? -Sí.

¡Es increíble! Dame un beso.

¿Cómo está? -Muy bien.

Va a ir a la procesión.

Tenía mucho cariño a Saverio.

Estas albóndigas están deliciosas.

¿Y dónde está Solveig?

Fue a comprar vino con Alfonso.

(ALFONSO) Los vinos aquí son de cepa indígena y uva roja.

Qué barbaridad, aquí hay tantos...

Hay muchos, pero solo unos pocos tienen el cuerpo perfecto.

El cuerpo.

El cuerpo se percibe en el centro de la lengua

y colma la boca cuando es pulposo, carnoso.

Oh, Dios.

Si dices que es como el cuerpo, te refieres al cuerpo...

De las mujeres.

El vino es el dios de todos los líquidos,

de los jugos de la vida, de la naturaleza húmeda.

El dios apasionado por las mujeres.

Hay que irse.

Segunda solo nos ha dicho que compremos vino para la cena.

¡No la aguanto! Es que no la aguanto.

(CHISTA) Pero a ver,

¿te acuerdas en el funeral? Delante, como si fuera una diva.

Pues yo eso mañana no pienso permitírselo.

(CHISTA) ¿Por qué estás tan tensa, Susi?

Querría que hubiese acabado todo.

Sueño con papá todas las noches. Pobrecita.

Segunda.

Tengo la sensación de que él

no ha llegado a irse jamás de esta casa,

Dios mío. Que nos observa, que nos controla.

Pero, si me olvido de ser su hija, me pongo peor.

Susi, ¿y Walter viene? Oh, Walter.

Claro que viene Walter.

Fue quien montó sus últimas películas.

Viene a la proyección, pero aquí no.

Mi madre no lo soporta.

¿Después de veinte años y sigue con esta historia?

¿No sabe que estáis juntos? Sí, claro que lo sabe,

pero no se habla de eso.

Susi, calma.

Hay que sobrellevarlo.

Te gusta, ¿eh? Sí, eso creo.

¿Podemos ir al jardín? Porfa, porfa.

Pero no salgáis del jardín.

Quedaos dentro y no salgáis a las balconadas.

Lo mismo digo, por favor, ¿eh? Ay, estos niños...

No, si a las 11:00 es lo de la placa

y después tenemos que ir al ayuntamiento,

como muy tarde debemos estar listas a las 10:00.

No hagamos esperar a la gente, por favor, no lo hagamos.

¿Me pasas el azúcar? Sí.

¿Cómo tenemos que ir vestidos? Porque estará la prensa.

Oh, Ramona, toda para ti.

Pero ¿qué dices? Soy vieja, Rita.

Ya me han olvidado.

Ahora les importan las actrices jóvenes, jóvenes...

¡Silveig! ¡Solveig!

Solveig, Stephanie... ¿Y las hijas no actrices?

Pues... Ellas trabajan, entre bastidores, pero trabajan.

¿Shelley no viene?

Le escribí. No sabía cuándo podría venir.

Como si no aparece. Mamá.

¿Un poco más de vino?

No, no.

Pero... ¿cómo es?

¿Qué hace?

¿Alguno la ha visto? Yo,

cuando fui a Nueva York con la fundación Crispo.

Menudo trabajo te dejó papá a tiempo completo.

¿Por qué, a ti no?

No. Yo, a diferencia de ti, me he tenido que ganar todo yo sola.

Aquí no se discute.

¿Cómo es Shelley?

Eh... Pues una chiquilla rubia,

llena de "piercings",

con gafas oscuras que no se quitaba nunca...

Se dedica a la música electrónica. (AMBAS) ¿Se parece a papá?

Pues no lo sé, no se la veía con tantas historias en la cara.

Claro que a saber cómo la habéis invitado...

Estefania, deja de considerarla siempre una víctima.

Me llamo Stephanie. Como iba diciendo,

Saverio la reconoció, ¿no?

Y es una historia pasada.

Pero no olvidada. Mamá, te lo ruego, ¿eh?

Sí, lo sé, Segunda, solo los buenos recuerdos.

Pero las dos fotografías juntas en el periódico,

con las dos niñas en brazos, y el titular:

"Saverio, dos mujeres, dos hijas".

Me sentía como si fuera la mujer de un sultán.

La primera mujer del sultán sigo siendo yo, querida.

No debe de estar mal.

Quiero decir

que los sultanes no tienen una mala vida, ¿eh?

Sobre Saverio ya se ha dicho y escrito todo, se ha contado todo.

¿Qué quieres descubrir? Su vida es un libro abierto.

A mí me crees, ¿no?

Saverio para mí era como de la familia,

como un hermano mayor.

Sí, pero en lo que respecta a las hijas, las tengo contadas.

Está Susanna, la primogénita,

Stephanie, la actriz francesa,

Segunda, la madre de familia

y Solveig, la joven actriz sueca.

Pero antes de esta, me falta... -La americana.

La hija del ADN. -Shelley.

Saverio decía siempre:

"Las peores películas las hice en Hollywood".

Y tenía razón.

Lo maquillaban moreno con un bigotito de emigrante.

Pero qué tiempos...

Cuánto nos hemos divertido...

Las americanas se peleaban por llevárselo al catre.

El "latin lover".

Pero un buen día,

una de ellas se presenta con una criatura en brazos.

Ja.

Saverio les pasó dinero cada mes, durante mucho tiempo,

a dos perfectas desconocidas, hasta que un día, la chica...

por fin se hizo la prueba de ADN,

y se confirmó que efectivamente era hija suya.

Saverio no dejó que les faltara nunca nada, pero...

jamás quiso volver a verla.

No estoy volviendo a ti para bajarte los calzoncillos.

Cuando nos conocimos,

Alfonso me llevó a su bodega

y me contó un montón de historias sobre el vino.

Ya...

El dios de la naturaleza húmeda.

Exacto.

Antes de casarnos,

hizo una etiqueta con mi nombre.

Luz de mi vida,

Soy la luz de su vida.

¿Te gusta? Qué romántico.

Romántico.

¿Os parece que esto puede valer para mañana?

Uh. -O quizá algo más largo.

No está tan mal.

Me mandan siempre estos vestidos de los cojones

que no se puede poner nadie.

Ayúdame a bajarme la cremallera.

Lo hacen aposta para que te sientas como una mierda.

Venga, ábrelo. Te lo regalo,

Pero si te queda bien. Muy bien.

Gracias.

Fuera también los zapatos, me hacen daño en el juanete.

Yo no quería venir, esta casa me produce ansiedad.

¿Por qué dices eso?

Papá estaba encantado de tenernos a todas aquí en verano.

Cenaba siempre con nosotras, ¿no te acuerdas?

Solo recuerdo que salía todas las noche.

Una mañana había tenido una pesadilla.

Fui hacia él porque tenía miedo.

Me miró como a un fantasma y me dijo: "¿Tú quién eres?".

"¿Tú quién eres?" Y luego se... se volvió a dormir.

Stephanie, tú dramatizas siempre. Claro.

Papá estaba orgulloso de nosotras, lo decía en cada entrevista, ¿eh?

Cuando pienso en el teatro que tenemos que hacer mañana

con todos los periodistas,

me da una ansiedad que no puedo ni respirar.

Mujer, para eso no haber venido.

¿Te habrías puesto contenta?

Dímelo francamente, ¿te habrías puesto contenta?

No, pero como dices que... que estás tan mal,

que te da ansiedad...

Lo ha dicho ella, ¿eh? No yo. Que no respira.

Mi psicoanalista y yo decidimos

que habría sido peor que no hubiera venido.

Ah. Porque soy hija suya también.

¿Estamos? Claro.

Faltaría más.

¿Cómo estoy?

(AMBAS) Guapísima.

Efectivamente a ti te queda mejor.

Yo vine solo vine dos veces a esta casa, era pequeña.

No me acuerdo de nada.

¿No recuerdas nada?

No se acuerda de que yo la bañaba.

Sí, te preparaba la comida,

porque odiabas a muerte a la chica sueca que venía contigo.

Que se lo montaba con el sobrino del jardinero.

Sí, se lo cepillaba en el cobertizo.

En todas las entrevistas me preguntan sobre él

y nunca sé qué responder.

No vivió con nosotras en Estocolmo.

Recuerdo que cuando se marchó,

mi madre puso un ramillete de flores junto a su fotografía.

Cuando pasaba por delante repetía:

"Como besaba él, no besaba ninguno."

(RÍE) A los periodistas les decía:

"La más guapa de todas es mi pequeñina sueca".

¿Cómo era papá?

Como tú, el más guapo de todos.

Egocéntrico, como todos los actores.

Cuando actuaba no pensaba en otra cosa.

Pues tenía suerte. Yo cuando trabajo...

tengo que organizar todas las cosas de los niños.

Era gracioso, irónico, fuerte...

Se comía la vida.

Iba sembrando hijas y las dejaba.

Una vez rodando me sentó en su regazo.

Soplaba la brisa y me dijo:

"Susanita, la vida es un juego...

No hay tomársela muy en serio.

Hay que...

dejarse llevar por la ligera brisa que te lleva hasta el fondo.

Ven aquí".

(SAVERIO, TV) "De todas mis mujeres tengo un buen recuerdo,

son puentes que he atravesado en los paisajes del mundo.

Y cada una me ha dejado el recuerdo más bonito: una hija.

Todos sus nombres empiezas con la letra ese,

una especie de... marca de fábrica.

En el fondo mis hijas son mis verdaderas mujeres".

Pero qué capullo eras, Saverio.

(Música de orquesta)

¿Cuándo has ido a la peluquería?

Me lo he arreglado yo misma.

Oh, qué hábil.

¿Cómo es que en todos estos años

tú y yo no hemos acabado nunca juntos?

Bueno, yo creo que nos faltó muy poco.

¿Cuándo? ¿Cómo que cuándo?

Cuando Saverio y tú

alquilasteis aquella maravillosa villa con piscina

y él siempre estaba fuera con sus clases de montar a caballo.

Sí, sí, pues claro que me acuerdo.

¿Qué pasa?

Pedro.

Pero ¿a qué ha venido?

A jodernos la vida, como siempre.

Y ahora quiero dar las gracias a la persona que todos estos años

ha tenido el cometido más difícil, el más importante,

recopilar, conservar y catalogar

todo lo referente a nuestro Saverio,

la directora de la fundación Crispo, Susanna Crispo.

¡Bravo! Gracias de corazón, señora,

por todo lo que ha hecho. Gracias a ustedes.

Y ahora, ¿quién tendrá el honor?

Eh... Pues la más joven.

Es una gran promesa, ha heredado el talento de papá.

¡Solveig!

(Aplausos)

¿Dónde se ha metido Pedro?

Tenemos que pararle los pies antes de que alguien lo entreviste.

Se muere porque llegue su momento. No... No lo veo.

Saverio jamás se dejó absorber por el éxito,

Estar rodando, para él, era casi como estar de vacaciones.

En el fondo siempre siguió siendo

ese chaval de pueblo que todos habéis conocido.

Las cosas sencillas...

¡Patatas, arroz y mejillones!

Para él, las patatas con arroz y mejillones eran una religión.

Incluso en París lo mandaba preparar, ¿no?

Pero eran otros tiempos, otros tiempos.

Eran otros... Corta, corta, Picci, corta.

¿Alguna pregunta? -Disculpen, este no es el mío.

¡Solveig! Solveig.

Solveig. ¿Qué pasa?

Que yo tengo el de Solveig.

Perdón, tengo el cartel de Solveig. -Toma.

Están todos mezclados.

Susanna. Susi.

Trae. Toma.

Segunda, el tuyo.

Ahora estate calladita, anda.

Disculpen.

¿Alguna pregunta?

Una pregunta para las hijas actrices.

¿Cómo las afecta haber emprendido la misma carrera de su padre?

Pues yo, personalmente... -Mi padre es inalcanzable, un faro.

(SUSURRA) El micrófono...

(Distorsión aguda)

Yo jamás he pretendido competir con él.

Perdón, no...

Yo no tengo el...

No va.

¿Por qué no...?

Una pregunta para todas las hijas. ¿Cómo era él como padre?

Eh... Sí. Para mí...

era, digamos...

Digamos... el hombre más fascinante que he conocido en mi vida.

Eh... Cuando era pequeña,

eh... tenía un álbum con todas las fotografías

que recortaba de los periódicos,

donde aparecía con... con mi madre.

(CARRASPEA) Eh...

A menudo estaban de viaje...

(Distorsión aguda)

Eh...

Y yo los veía solo por...

solo por la televisión.

Y he visto... ¿Qué...?

...todas sus películas.

Ay, mamaíta.

Oh, oh, Segunda.

Ya vale, ya vale.

Me gustaría responder, pero mi micrófono no se oye.

Por favor, hablemos de Saverio, el actor.

Dejemos en paz su vida privada.

Tengo una pregunta para su mujer.

Eh... ¿Para cuál?

Es en realidad entre una y otra.

Entre la etapa italiana y la española.

Saverio va a Francia, se establece allí

y durante dos años no rueda ninguna película.

Ahí nací yo. -Se habló de una depresión.

"La Biblia de Picci" lo omite.

Eh... Bueno, Saverio siempre tuvo altibajos de humor,

pero es típico del oficio de actor.

A veces están a 1.000 por hora y a veces deprimidos.

Cierto. Aquella vez la depresión

le duró un poco más de tiempo.

Después... Después del paréntesis francés, fue a España.

(SUSURRA) ¿Paréntesis francés? Y conoció a Ramona,

que... le subió el ánimo.

Me ha pasado la patata caliente.

La verdad es que Saverio...

necesitaba ocupar el centro de la pantalla

y el centro de la vida.

(Aplausos)

Buenos días.

Buenos días.

Me llamo Pedro del Río,

Trabajé en muchas películas de Saverio.

Yo era su doble.

Veo a tantos amigos aquí... y a toda su gran familia.

Se ha escrito mucho sobre él,

pero pienso que aún queda mucho que decir de la vida de Saverio.

Pues...

Claro.

La vida de un actor como Saverio

tiene aún facetas que estudiar y descubrir.

¿Hay más preguntas?

¿Por qué la hija americana no ha venido?

Eh... Es que Shelley no estaba segura de poder venir.

Gracias a todos. Gracias.

(Aplausos)

Pedro, pero ¿por qué has venido?

No quería quedar excluido como en el funeral.

Ramona se las apañó para encerrarme en la capilla que no era

y pasé allí la noche.

Pero ¿tú has pensado por lo que llegó a pasar esa mujer?

El periódico, las dos hijas,

el juicio contra la puta americana....

Se merece un poco de paz, ¿no? Creo.

De todos modos, él hablaba mucho más de ti.

Eres la única a la que amó de verdad.

Sí, yo era la madre.

Rita, por una vez quiero sentirme parte de la familia yo también.

¿Y qué le digo a Ramona?

Cuando te ha visto se ha quedado blanca.

Vale, te buscaré entrada para la proyección,

pero nada de tonterías. Eh.. Y la cena.

Quiero entrar en su casa, Rita.

Tú ya entraste en su casa.

¿Se te ha olvidado?

Cuando te llamé, él aún estaba caliente.

Os habéis compinchado para no dejarme hablar, lo acordasteis.

¿Tú crees que yo he llorado aposta?

Yo no soy actriz.

No me sé ningún truco para llorar como tú.

Pues Rita sí lo hizo aposta, como... como de pequeña.

"El paréntesis francés", "La hija de la vestuarista"...

Tu madre era vestuarista. Claro.

Susanna, tú me odias,

y siempre por la misma razón. No seas dramática,

no seas dramática.

Yo he dejado hablar a Solveig

y le pedí que descubriera la placa

porque es la más pequeña, ¿sabes?

Y no sé si te acuerdas, en el funeral era una cría

y nadie le preguntaba.

En cambio tú ibas de diva.

Hablabas con los periodistas y yo con los de pompas fúnebres.

Tú me odias. Ajá.

Simplemente porque mi madre le robó a Saverio a tu madre.

Sí, claro. Por favor, no nos pongamos así.

Es la fiesta por papá. Somos hermanas.

Pasábamos todo el verano juntas aquí. ¿vale?

Sí, vale. A vosotras

siempre os llevaba al rodaje, a mí jamás.

Porque estabas siempre protestando.

Protestaba porque así él no tenía más remedio que cogerme en brazos

y yo podía olerlo.

Eau Sauvage, de Dior, el olor de papá.

Se lo he comprado a Alfonso.

Hombres así y perfumes así ya no se hacen.

Escuchadme, ¿quién era ese que se ha levantado de pronto,

el español, al final de la rueda de prensa?

Ah, me suena haberlo visto en alguna parte.

Me ha recordado a mi osito rosa.

¿Qué? El osito rosa.

No sé por qué, pero cuando se ha levantado a hablar

he pensado en mi osito rosa de cuando era pequeña.

Por cierto, os aviso,

hay que ir con cuidado porque, Marco Serra, el periodista,

está a la caza de noticias.

¿Qué? Pero ¿y ese qué quiere saber?

Qué sé yo, noticias de Shelley, bobadas.

Por ejemplo, me preguntó por qué Segunda se llama Segunda,

si es la tercera hija.

¿Qué pasa, lo sabéis? (AMBAS) No.

Sí lo sabéis.

(RÍE)

¿Así que patatas, arroz y mejillones

era la comida preferida de Saverio? Claro.

Lo pongo también en mi biografía.

Y también lo confirma Serughetti.

Oye, al menos de lo que se metía en el estómago sí que sé, ¿eh?

Por una tortilla de patata,

Saverio era capaz de vender a su madre.

¿Ah, sí? Sí.

Vale, lo puedo incluir en la próxima edición.

Disculpa. Faltaría más.

Un segundo.

¿Qué ha dicho el "cowboy"?

Que por una vez quiere ser parte de la familia.

¡Oh! Que está en su derecho

y quiere ir esta noche a la proyección.

¿Tú lo crees? Bueno...

Eh... Es un mentiroso, Rita,

se tira de los caballos, de las motos...

Vamos. Un demente.

En España, como una imbécil, lo dejé entrar en nuestra casa.

Y entonces, ¿qué hacemos?

Dice que durante el funeral lo encerraste en una capilla

y pasó allí toda la noche. Sí, sí.

Mujer... Somos una familia respetable.

Siempre demasiado para él.

Oye, Ramona, intenta ser razonable.

Está aquí y quiere ir a la proyección, ¿qué hacemos?

¿Lo amordazamos y lo encerramos en el sótano?

¿Eh? Tienes razón, no es posible.

No es posible. Entonces, ¿qué hacemos?

Matarlo. Sí. Matarlo.

¡Míralo! Habla, habla... Y habla.

Se muere por volver a estar bajo los focos.

¿Tú crees? Seguro.

¿Seguro? Seguro.

Antes, dígame, ¿a qué se refería

cuando dijo que aún queda mucho por saber sobre Saverio Crispo?

Le he prometido a mamá Rita que me portaré como un niño bueno.

Walter.

Susanna.

Pero ¿qué haces aquí?

Estoy apartado para que tu madre no me vea.

Estupendo, mi amor. ¿Comes?

Claro, arroz, patatas y mejillones, el plato preferido de Saverio.

Por favor, me tienes que ayudar.

Aparte de que papá comía solo orecchiette con brotes de nabo.

¿Qué pasa? Marco Serra.

Está haciendo un montón de preguntas sobre nuestra familia.

¿Quién es Marco Serra? Ese tío de ahí,

un periodista del pueblo. ¿Con quién está hablando?

Pedro, Pedro... Siempre metiéndote en líos.

Eh, ¿es que lo conoces? Sí.

No, come después. ¿Y a qué líos te refieres?

No te preocupes. Yo me encargo, tú tranquila, ¿eh?

Los dobles, si no corren riesgos, no están a gusto.

Pedro, el "cowboy". -Hola.

Walter, el montador. -Siempre en buena forma, ¿eh?

Marco Serra, un placer. -Walter Sabatini, encantado.

No te lo perdonaré jamás. ¿De qué hablas?

Hago una cabalgada de nueve planos

y montas solo el primer plano de Saverio.

Yo solo cumplo órdenes. La culpa siempre es del director.

Ya, es lo que decís todos.

¿Nos damos un paseo?

Estaba hablando con este joven.

Me preguntaba sobre Saverio, si sabía cabalgar.

Le estaba diciendo que yo

le enseñé a cabalgar, a disparar... -Sí.

Y muchas otras cosas. -En efecto.

Yo quería profundizar sobre eso.

Muchas otras cosas, quizá demasiadas.

Disculpe. Vamos a tomar el aire.

Anda, ven. -Sí, sí.

Walter, cuánto me alegro de verte.

Me gustaría que estuvieran todos muertos.

O quizá que estuvieran a miles de kilómetros de mí.

Sí, tengo que guardar la calma,

pase lo que pase. Adiós, doctor.

Stephanie ¿pero qué le pasa?

¿Usted sabe por qué...

por qué Segunda se llama así, a pesar de ser yo la segunda hija?

No sé, ¿quizá nació usted

después de su hermana? -No, no, no.

No, no, porque...

porque mi madre fue solo un paréntesis.

Ella es su verdadera segunda hija. Yo soy solo... No soy nada, soy...

un accidente de mi madre

mientras le bajaba los pantalones en la "roulotte".

Por eso me ha salido siempre todo mal

y he sentido que soy una mierda

y que me he equivocado en todo, porque soy su hija ilegítima.

Pero ¿no era Shelley la...?

Sí, pero Shelley al menos tiene los análisis de ADN.

Yo... Ojalá tuviera unos análisis de ADN.

Pero tú tienes a Saverio.

Sí, a Saverio.

Creo que a ti muchos te han caminado sobre el corazón.

Todo el sindicato de actores, los protagonistas,

los secundarios y algún que otro extra.

Menuda sorpresa les has dado a todos al presentarte aquí así.

Ya, bueno, era natural que apareciera.

Sí, es verdad. -¡Dámela!

¡Eh, eh! -¡Dámela!

¿De quién es la pistola? -Es mía.

Dámela.

Ahora la tengo yo. Se acabó la pelea.

Que no, luego os la da. Le gusta jugar.

Siempre fascinado por las pistolas, ¿eh?

¿Cómo te va, Walter? ¿Sigues con la primera hija?

¿Aún os ocultáis?

Sí, creo que lo haremos toda la vida.

La culpa es tuya también. tuya y de Saverio.

Amarse a escondidas puede ser muy excitante, Walter.

Sí, pero a todos no nos excitan las mismas cosas.

Tú eres especialista y yo montador.

Pero después de 25 años de clandestinidad,

¿qué me gustaría? ¿Qué es lo que más deseo?

Un beso, un beso en público, delante de todos

cómo se los dan maridos y mujeres.

(ALFONSO) Yo no lo soy. -Es tan buena y amable con todos...

Está contenta. -Pero yo no estoy contento.

(SUSURRA) Solveig, Solveig...

Hazme sufrir.

Desde que te vi la primera vez,

comprendí que me equivoqué de hermana.

Yo quiero a mi hermana. -Y yo.

Así que tenemos un amor en común.

Vámonos. -¿Cómo va a pasar esto

en el décimo aniversario de la muerte de papá?

(ALFONSO) Él es el culpable.

(Disparos de cámara)

¿Qué haces, sinvergüenza?

¡Pedro, espera!

¿Adónde vas? Espera.

Ay, ¿dónde estabas? Susi nos busca para la foto.

¿Has visto a Alfonso? Ha desaparecido.

¿Eh? No... No lo sé, no lo he visto. He salido a fumar.

Pero he decidido no hacerlo.

Si se empieza, no se puede parar.

De fumar.

¿Qué te pasa?

¡Pedro!

¿Adónde ha ido el fotógrafo? -¿Eh?

He intentado cogerlo,

pero me ha dado un puñetazo y se ha esfumado en la plaza.

¿Usted quién es?

Me he pasado la vida siguiendo

y pegando a los "paparazzi" de Saverio.

Pedro.

Por lo que más quieras, un trabajo limpio.

(Música del Lejano Oeste)

Amigo... Dame la cámara de fotos.

Mamá, pero ¿quién es Pedro?

La señora de rosa, ¿puede dar un paso adelante? Gracias.

Un doble, uno de tantos.

Todos los que conocieron a tu padre

se creen que saben muchas cosas de él.

-¡Sonrían!

Segunda dice que le recuerda a su osito rosa.

Ah, pues no sé. ¡Madre de Dios! El osito rosa.

(FOTÓGRAFO) Y ahora con los maridos.

¿Qué maridos?

Pues...

Uno. Tenemos a uno.

¡Alfonso!

Ay, Alfonso. ¿Qué ha pasado, cariño?

Que me... me... he resbalado. ¿Dónde te has resbalado?

¿Dónde? Ahí, ahí.

Pero si tienes sangre.

Claro que tengo sangre. Me he dado una hostia de tres pares de cojones.

Ay, mi vida. ¿Listos?

-Solveig, siento por ti una atracción inexorable

y contra la pasión no se puede hacer nada.

Es como...

cuando fumas un cigarrillo por primera vez y te gusta.

Te gusta tanto que...

tienes que fumarte otro sin falta.

Yo no fumo.

Alfonso, tenemos que olvidarnos de lo que ha sucedido.

¡Es mi hermana! -De dos madres diferentes.

Pero del mismo padre.

Además, este sitio no me gusta.

Cuando era pequeña,

mi niñera sueca se encontraba aquí con el jardinero.

Las tradiciones son importantes, amor.

Espera. Espera, espera, espera...

Entre nosotros no ha pasado nada y no debe pasar nada.

¿Dónde pongo los platos de fruta?

Ponlos ahí. Y dobla las servilletas, por favor.

Así que Pedro va a la proyección.

En medio de tanta gente, ¿quién notará su presencia?

Ahora vamos a vestirnos y no se hable más, ¿eh?

Ya está. Vamos, camina.

Eh, disculpen. ¿Sí?

Verán, es que mi madre me ha dicho

que no era el arroz con patatas y mejillones

el plato preferido de Saverio, sino el puré de habas.

¿Tu madre?

Sí, su madre ha trabajado para nosotros durante muchos años.

¿Cómo te llamas?

Saveria.

Con esta no habíamos contado. No tiene nada que ver.

Tendrás un padre guapísimo, ¿no, Saveria?

Nunca lo he conocido.

Acabemos de una vez esta celebración, Rita.

Como nos despistemos, con el poco dinero que nos ha dejado,

tendremos que montar un internado femenino.

¿Qué es ese asunto del osito rosa?

El pedazo de mierda...

había salido con la niña

y había quedado en el parque de atracciones con Pedro.

Segunda había vuelto a casa con ese osito rosa

que Pedro había ganado disparando.

Él sabía hacer de todo con las armas.

"¿Quién te lo ha regalado, mi vida?", le dije yo.

"El amigo de papá".

Se lo arranqué de las manos y lo hice pedazos.

Pobre hija mía.

Mira que atreverse a llevársela cuando se veían...

Cuando te casaste con Saverio, ya sabías la verdad.

El artículo había salido.

¿Por qué lo hiciste?

Porque era una imbécil.

Con las mujeres estaba siempre con el fusil preparado,

pero con el de los caballos...

Una mañana me despierto

y la cama junto a mí estaba vacía.

Habíamos llegado tarde la noche anterior

y yo estaba completamente alelada.

Salgo al jardín en camisón y los veo...

los veo...

al borde de la piscina,

en traje de baño, como dos críos.

Se sonreían.

Y Pedro...

la ponía la mano sobre el hombro.

De pronto, lo comprendí todo.

La culpa es tuya. -¿Qué es culpa mía?

Es culpa tuya. -Pero ¿qué?

Cuando Saverio se puso malo,

¿quién os encubría cuando os veíais a escondidas?

No, no me acuerdo de nada -¡Waltercito!

Ah, sí, sí, anda que... -No.

Por eso Rita jamás me ha perdonado.

Ah, ¿sí? -Claro.

Ah, qué cosas. -Sí.

Venía a mí cuando no podía más de mujeres, familia, hijas.

Me llamaba: "Pedro, compro pescado,

voy a tu casa y me haces una sopa".

¿Una sopa?

La sopa de pescado, como la hacía su madre, Angelina.

Y tú sabías hacerla. -Bueno.

Al principio me equivocaba siempre.

Primero hay que poner la sepia y el calamar,

y luego las escorpinas. -Claro, primero los duros.

-Sí, lo sé, pero...

Se comía la sopa y...

y rebañaba el plato con pan.

Después...

Después le daba un...

un masajito en la nuca.

Y después le dabas un masajito. -Sí.

Y ¿sabes? ¿Sabes?

Y se quedaba dormido igual que un niño.

Y yo... yo lo tapaba con una manta.

Espera, un momento. Me llaman, Susanna.

Ah, Susanna. -Espera un momento.

¡Susanna!

Walter, te digo que no salgo viva del día de hoy.

No, no puedo más. ¿Qué ha pasado?

¿Que qué ha pasado? Sí, te noto muy alterada.

No...

No sé cómo decirlo.

Diciéndomelo sin más. ¿Por teléfono?

¿Y cómo, si no?

No, ¿dónde estás?

(RÍE) Estoy aquí, con Pedro. ¿Con quién?

Sí, con Pedro.

Nos estamos contando viejas batallitas.

¿Batallitas, dices? ¿Con Pedro?

Sí, tenemos muchísimos recuerdos en común, Susanna.

¿Susi?

¿Susanna?

Susi, ¿estás ahí?

Susanna, ¿estás ahí?

¿Me oyes?

¡Estáis divinos!

Pero ¿y tu mamá? ¿No te viste para la proyección?

No, porque no me ha traído otra ropa.

La tía Segunda te viste, tesoro. A ver cómo te está.

¿Te gusta? Sí.

Guapísimo.

Solveig.

No, no, no, no, ¿qué haces? ¿Estás loco?

Déjame, no, no podemos.

Sí podemos. -No puedes estar aquí.

¿Por qué?

Estoy desnuda.

Me estoy vistiendo.

Tenemos que ir a la proyección de papá.

Papá.

Oye, que tampoco soy tan viejo.

Mira qué guapo.

Pero, ¿cómo lo has vestido?

Tenía ganas de estar elegante como todos.

Dice que no le has traído nada para esta noche.

No, he traído lo que hace falta.

Sinceramente, no visto a mis hijos como payasos.

Eh, pensaba que le hacía un favor.

Lo he hecho por él. Pues no hagas nada por él.

Ocúpate de tus hijos y de tu marido que será mejor.

¿Cómo se quita esta corbata?

Niños, por favor, fuera de aquí y deja a Saverio.

Salid.

¿Qué has querido decir?

Lo que has oído, que te ocupes de tu familia.

¿Y de mi marido?

¿Qué tiene que ver Alfonso, Stephanie?

Tú siempre estás...

dándote esos aires de esposa perfecta.

Parece que solo tienes recuerdos felices.

Todas tus fábulas, todas tus hermanas.

¡Menudas hermanas!

¿Hermanas?

¿Alfonso? ¿Qué quieres decir?

No pensaba decírtelo, pero...

en el fondo, en el fondo nuestras vidas son un desastre

las de todas.

Y tú, siempre dándotelas de perfectita

me pones de los nervios.

Y encima ahora te pones a vestir a mi hijo...

Solveig.

No lo sé. No estoy segura. A lo mejor he visto mal. ¡Oye!

Corre, vamos, corred. Cuidado. -Deprisa, deprisa.

¡Susanna! ¡Susanna!

¿Qué pasa? ¡Susanna!

No puedo haber visto bien. Es una alucinación.

¿Qué pasa? Dime que no es verdad.

Pero ¿qué? Alfonso y Solveig.

¿Dónde? En ese cuarto.

Pero no, mujer, no es verdad. ¿Me oyes?

No está...

Pero ¿cómo te tiras a mi hermana

en la conmemoración de mi padre, Alfonso?

¡Cálmate, Segunda, cálmate!

Pero ¿qué ocurre?

¡Stephanie me lo ha dicho!

Stephanie lo ha visto. (ALFONSO) Estás alucinando.

Pero si te he visto. ¡Estás alucinando, Segunda!

¡Largo!

¡Lárgate!

(ALFONSO) Vale.

¿Cómo has podido? Pero si eres mi hermana.

Yo no quería, soy sueca.

¡Tú eres una cretina!

¿Qué tendrá que ver que seas sueca?

Tal vez quiere decir que en Suecia

acostarse con un hombre es como beber un vaso de agua.

No, es él quien me ha hecho beber.

Me encerró en el cobertizo y después se coló en mi cuarto.

Los hombres no se detienen ante nada.

Tu padre tampoco se habría detenido.

No me parece buena manera de consolarla.

Además, no todos son como papá, por suerte.

Muy bonito lo que has hecho, Estefanía.

Precioso.

Me llamo Stephanie y soy francesa. ¿Ya te has olvidado?

Jamás, jamás. Jamás.

Desde que me llegó el telegrama:

"No vuelvo, me gusta el aire del Sena...".

Susanna tenía diez años.

En la fiesta de papá, delante de los niños.

La conmemoración por papá.

Mejor habríamos hecho destruyéndolo todo.

Pero ¿qué dices, Susanna? ¡Mamá, mamá!

Pero tú míranos. ¡Por favor, míranos!

¿Cómo estamos, eh? ¿Cómo estamos?

Ninguna de nosotras tiene una vida decente.

Seguimos haciendo todo lo posible

para atraer una sola mirada suya, ¡de un muerto!

¡Anda ya! Y encima, en un momento,

estamos todas dispuestas a robarnos el papel,

el marido, el nombre, porque todas tenemos en la cabeza una idea:

la del gran hombre, el gran padre.

¡Por favor, mamá! Era solamente un gran actor

que hacía soñar a las mujeres cuando ni siquiera le gustaban.

Ay, Dios. Le gustaban mucho, Susanna.

Las mujeres y los hombres, todos, con tal de ser amado.

Ramona, ¿y tu pelo?

¿Eh?

Oh. (RÍE)

Me la quito en cuanto puedo.

Me parece que llevo puesta una rata muerta.

¿Cuántas pelucas nos han colocado en la cabeza, Rita,

cuando actuábamos? Una más o una menos...

Tenéis que crecer todas.

Bette Davis en "Eva al desnudo" decía:

"Sin un él no somos mujeres".

Yo...

sin un pelo,

sin un hombre me siento...

por fin

yo misma.

Y esta noche festejamos a tu padre, Segunda.

Mañana pensarás qué hacer con el padre de tus hijos.

Una cosa.

¿Cómo es eso de que a papá le gustaban hombres y mujeres?

¿Es una expresión italiana? Sí, una expresión italiana.

Ramona, cuenta la historia del osito rosa.

¿Mi osito rosa?

Vuestro padre tuvo muchas mujeres, pero solo un hombre.

Una broma muy buena, Rita.

No, no, no es una broma, papá se acostaba con el doble.

¡Pero, Susanna! Bueno, es la verdad, ¿no?

Pero, vamos, ¿quién se lo cree?

Lo han dicho de todos los grandes actores: Marlon Brando, Cary Grant.

James Dean.

Montgomery Clift. Errol Flynn.

También de Rock Hudson.

De Rodolfo Valentino.

Demasiadas mujeres, estaría cansado.

Tomó una bocanada de aire fresco.

¿El amigo de papá en el parque de atracciones?

Ay, mi padre, mi marido, ¡no lo soporto!

Se moría por tener un varón. Al final, de un modo u otro...

Vamos a ver el lado positivo.

Al menos así no se nos presentará ninguna otra hija.

Cierto.

¿Adónde vas? ¡Lejos!

Lejos de esta familia de locos.

No quiero saber nada ni de padres ni de... ¡No me toques!

Ni de maridos ni de nada. Perdóname.

No me dejas explicarte... Casi te caes.

¿Qué quieres explicarme? ¿Qué me vas a explicar?

¿Cuántas mujeres? ¿Cuántas bocanadas de aire fresco?

Y por favor, Alfonso, ¿cuántos hombres?

¿Hombres?

Por favor. Por favor, ¿cuántos hombres?

Madre mía. ¡Este coche de mierda!

Siempre quisiste un coche de lujo

y esto no sé ni cómo va.

¡Ah! ¡Ay!

¡Hija puta! ¡Que me lo...! ¡Alfonso!

¡Lo he matado!

Hola, doctor. ¿Lo molesto?

Solo quiero decirle que todo lo que podía pasar ha pasado.

Ya no sé qué más podría pasar.

Lo raro es que me siento mucho mejor.

Sí, es muy...

Me he dado cuenta de que yo también tengo valor

y de que mi vida no es tan catastrófica.

Ah, no, mis hermanas, las pobres, están al límite de sus nervios.

Hasta me preocupan...

Sírveme un poco más, anda.

Dámela.

¿Cómo está? Puede que le haya roto un brazo.

Pude haberlo matado. Pudiste.

Para uno que teníamos, uno.

La noche antes de vuestra boda, ¿qué te dije?

Mamá, por favor, ¡cállate! Por favor.

¿Qué le dijiste, Ramona? Yo quiero saberlo, sí.

Que le había besado la mano a la modista

con mucha pasión. Ah, ¿sí?

Sí, la que le cosía el vestido de novia.

Pero si una no quiere verlo... Ah, di...

¿Cuándo hemos querido verlo nosotras? Jamás, jamás.

No podéis volver a darnos lecciones de vida.

Exacto.

Pero ¿cómo es posible que no lo vieras?

Me lo encontraba comiendo, cenando, desayunando y pensaba:

"Qué divertido es este muchacho, que simpático".

Pero también tú, cuando leíste el artículo, pudiste dejado.

Yo he dejado a tres.

Cuando tienes éxito y eres feliz,

los periódicos solo quieren destruirte.

"Solo son maldades", pensaba yo.

Éramos jóvenes, nos queríamos.

Cómo abrazaba a todas en las películas, cómo la besaba...

Dios, si se lo digo a mi madre, le da un síncope.

Yo tardé 30 años en creérmelo.

Tenía un hombre maravilloso en la cabeza.

Adoraba tenerlo al lado y oler su perfume.

Eau Sauvage...

(RÍE) Y luego piensas que tú lo cambiarás,

que contigo será diferente.

Yo, en una noche,

me destrocé la vida así, la mía y la de Susanna.

Pero ¿se puede... saber qué tengo que ver yo?

Nada, nada. No tenías nada que ver. No habías nacido todavía.

Mamá, ¿por qué no dejas ya de beber?

Déjame beber, ¿vale?

Quiero contaros una cosa que no le he contado nunca a nadie.

Tú estate calladita.

Yo estaba locamente enamorada de tu padre.

Sí, y él no se quería casar.

Yo todavía era actriz, trabajaba en el teatro.

Viajaba por toda Italia seis meses al año, ¿sabéis?

Por la noche cuando llegaba a casa me colgaba del teléfono

para saber... qué había hecho él,

con quién había estado, si... si me había puesto los cuernos.

Y lloraba y me desesperaba. Un infierno, era un infierno.

Y no me daba ni cuenta de las miradas del empresario.

Rita, tú eras la actriz más guapa y prometedora de tu generación.

Sí.

De viejas somos todas muy generosas.

Bueno, para hacerlo breve, el empresario, una noche,

me invitó a cenar tras la función.

Y yo venga a hablarle de Saverio,

de cómo... de cómo me hacía sufrir

y de los cuernos que me ponía.

Pero ¿cómo podías ser tan boba? Perdona.

Si no hubiera sido tan boba,

esa noche me habría cambiado la vida completamente.

Al menos esa noche echarías un polvo.

(RÍE) Adivina.

(RÍE A CARCAJADAS) ¿Qué, qué?

¿Qué? Adivina.

(RÍE A CARCAJADAS)

Tres, cuatro, cinco polvos.

(RÍE A CARCAJADAS)

Fue precioso.

Fue bonito.

Y después, una noche,

mientras estábamos en mi cama,

abrazados, al calorcito, ¡ring!

¿Y era papá?

Sí, era papá, sí.

Era papá. ¡Era papá!

Era papá. (RÍE)

Sí, era... Me estaba buscando, no me había encontrado.

Estaba celoso.

Fuera de sí.

Y me pidió en matrimonio enseguida. Oh...

Ocho o nueve meses después naciste tú.

¿Ocho o nueve?

Susanna, ¿qué importancia puede tener ocho o nueve meses?

El otro, el empresario, era también actor, guapo, alto,

simpático...

Nos moríamos de risa en el camerino.

¡No os imagináis! (RÍE A CARCAJADAS)

Ay, Dios, Dios, qué tiempos.

Ay, madre mía, ¿qué vas a hacer? Es agua pasada.

(RÍE)

Así que tú... en realidad, eres hija del empresario.

Ha dicho que no sabe si fueron ocho o nueve.

No se sabe, no se sabe.

Mamá, Ramona, ¿hay otras sorpresitas en el guión?

Porque mejor parar la proyección, que prefiero no saberlo.

¿Estamos? Dios, la proyección habrá terminado

Oh, madre mía.

Vamos.

Y que a ninguna de vosotras se le ocurra celebrar el 20 aniversario.

Eh, la peluca. ¿Qué?

¿Qué le pasa?

Qué aburrido es el cine de hoy, ¿no creen?

Antes las historias nacían así, por casualidad,

charlando con los amigos... -¿Cuándo van a llegar?

-...con una copa de vino.

Hemos vivido un periodo inolvidable, maravilloso,

pero ahora se ha acabado. Se ha acabado.

Amén. -No, tenemos que cortarlo.

No aguanto más.

Lleva 30 años poniéndonos la cabeza como un bombo con tanto recuerdo.

Debería estar a punto de llegar su familia,

sus hijas, las mujeres que Saverio tanto amó.

Ya me encargo yo. ¡Disculpe!

Disculpe un momento.

Solo para animar un poco la velada.

Es que... nos estamos aburriendo un poco, ¿sabe?

(Risas)

Gracias, gracias.

Así usted puede descansar un poco.

Por favor.

Estupendo. -Gracias.

Gracias, gracias.

Quién soy yo, se preguntarán.

No soy un pariente, pero una vez

el gran Saverio Crispo

lloró sobre este hombro.

¡Oh!

Pobrecito.

Ay, Dios. ¡Pobrecito!

No había recibido el aplauso que se esperaba

al acabar el espectáculo.

"Lloro un poquito, Pedro, y se me pasa".

¿Por qué está él ahí?

No llegabais, así que... Pon en marcha la proyección, amor.

¿Estás bien? -¿Qué ha pasado?

Nos hemos amotinado. Ah.

El oficio de actor es extraño.

A ver, yo aquí...

Yo aquí, vamos.

Se mezcla con la vida y la confunde.

Yo también una vez quise ser actor.

Para ser actor, Pedro, no debes saber exactamente quién eres.

(RÍE) Y lo bueno es...

que cuando estabas con Saverio,

no sabías nunca quién estaba delante.

(Murmullos entre el público)

Hoy hace un día precioso.

(Música)

Prrrr, babam.

-Los zapatos. -Los zapatos. (SILBA)

(SAVERIO) Corta, corta.

La fuerza del hombre...

-Se ha despegado.

¿No?

La, la.

-Me he pasado la vida haciendo de él de espaldas.

¡Ese soy yo! De lejos,

en las escenas de acción. Aquí...

Aquí me abrasé con un disparo de mortero.

Los proyectiles que se usan en el set no te matan, no,

pero te producen quemaduras.

Sigue siendo un exhibicionista.

Después de la primera película nos hicimos amigos.

¿Lo ven?

-¡Amigos! ¡Combatid!

(SUSPIRA) Es difícil olvidarlo.

-¡Adelante, amigos! ¡Todos juntos!

-Me hizo sufrir, pero lo repetiría todo.

Lo tengo marcado sobre todo el cuerpo.

¡Me gustaría veros empalados por los calzones!

Qué canalla.

-Hijo de puta.

Cornudo.

Hijo de puta, cuacuaracuá.

Nos has hecho conmovernos, Saverio.

Reír.

Y también soñar.

(SAVERIO) (RÍE A CARCAJADAS)

¡Qué miedo!

Pero ¿quién eras tú?

No podías dormir solo.

¿Ves? Me abro la camisa y aparecen mujeres.

¡Las mujeres!

-Eh, ¿os importaría...?

¡Ámame!

Ámame.

Mi fuego arde. Tu hielo se derretirá.

Desnúdate.

Las mujeres.

Una vez me dijo:

"Nunca he pensado mucho en las mujeres.

Nunca las he comprendido del todo.

Hacía lo que ellas esperaban".

-A las señoras les beso la mano.

"Pero ¿por qué ellas han pensado tanto en mí?".

Soy yo, soy yo. -Eres tú.

-Ya lo sé, ya lo sé.

Ah, dos minutos de descanso.

Y de mí alejada, por desconocidas orillas vaga.

¡Cuán amargo

es el sabor de tu ausencia!

Después seguimos.

-¡Saverio! ¡Saverio! -Adiós.

Saverio odiaba las celebraciones.

No iba a los funerales, ni a las bodas.

Pero si estuviese aquí esta noche,

mirándoos

una por una...

Sois tan hermosas...

yo creo que pensaría:

"Lo que me he perdido".

(Música ligera al piano)

Ahora tienes mucho para escribir.

-Es verdad, sí. (RÍE)

Sí, escribiré que el cine de otro tiempo era grande.

Eso es indiscutible.

Pero también era más fácil de contar.

El hombre era hombre, la mujer, mujer,

el bueno era bueno, el malo, malo.

O al menos lo parecía.

Pero ese gran cine dejaba fuera...

de escena a muchos,

a muchos personajes interesantes.

Esta noche me siento ligera como una niña.

Bueno, es que eres una niña.

Con tres hijos y tres maridos. -¿Lo ves?

Tan joven y cuántas cosas has hecho.

Y nunca te acaban de bastar.

el afecto, el reconocimiento. Estás siempre...

toda la vida pidiendo limosna a todos.

A los hombres, a las mujeres.

Necesitas siempre a un hombre, a un niño entre los brazos.

Después el niño crece y se te quedan los brazos vacíos.

Aun así ahora...

no quiero tener más hijos, ya no quiero...

seducir más a los hombres.

¿De verdad?

Y has tenido que decidirlo justo esta noche.

¿Quién quiere intentarlo? -¡Yo! ¡Yo!

Un momento. En silencio.

Cristóbal, ven aquí.

Ponte ahí. Así.

Ajá. Cógela con un dedo y hazla girar.

Perfecto, tu abuelo tardó mucho más tiempo que tú.

Perfecto. Saverio, ahora tú.

Aquí, vale.

Cógela con un dedo

Con este, con este, este otro, y hazla girar.

Ay. No hay que desanimarse. Otra vez.

No nos engañemos, Alfonso.

Sabes perfectamente que nunca nos hemos llevado bien.

Yo quería un hombre guapo y me daba igual que fueras un gilipollas.

¿Soy un gilipollas? Por supuesto que lo eres.

¿Crees que no sé que hablabas con ellas de vino y te las tirabas?

Pero me daba igual, porque a mí con esto me bastaba.

Bueno, ¿y ahora qué? Ahora no.

Ahora me he dado cuenta de que los hombres guapos...

No, Alfonso. ¡Ay!

Ponte bien el hielo.

Bueno, ¿y ahora? ¿Y ahora qué?

Pues ahora nada.

Me hacía ilusión que me llevaras al altar,

presentarte a mis amigas,

darte importancia delante de los niños,

comprarte ropa...

Pero ahora no, Alfonso. No me arrepiento de nada,

porque los niños son guapísimos gracias a ti.

Pero en este momento de mi vida quiero un hombre de verdad.

¡De verdad!

Susanna, perdóname por no haberte dicho la verdad.

Siempre lo he sabido y por eso tu madre no...

no me podía ver. Mi padre, mi madre.

El empresario. Son todos ex.

¿El empresario? Sí, pero ya ha pasado todo.

Se acabó. Hola, mamá. Es mi prometido, salúdalo.

Salúdalo. Pero ¿qué pasa?

Walter, esta noche te vas a divertir.

Susanna, sí, pero creo que lo de Pedro te ha afectado.

¿Quién es Pedro? ¿Mi padre? ¿O mi padre era Saverio?

Yo qué sé. Claro que era Saverio.

¿Qué dices? No, perdona.

La madre es lo único seguro.

Ya no queda nada,

nada por descubrir de Saverio.

Pero de mí, muchísimo.

Tú serás mi descubridor.

¿Qué tengo que hacer?

Olvídate de quién soy hija.

Y monta... monta una secuencia nueva entre tú y yo.

Y corta recuerdos, discursos,

celebraciones, placas...

O las escenas con muchas palabras.

(Maracas marcando el ritmo)

¿Y eso? ¿Eh?

Pues no lo sé, no lo sé.

(Piano marca la melodía)

¿Shelley?

Hola. Hola.

¡Joder!

Pero, bueno, ¿cuántas sois?

Shelley, soy Susanna.

Susanna, hola.

Hola.

Hola. Es... es Shelley.

¿Qué tal?

Hola.

¿A qué hora es la celebración?

La verdad es que fue ayer.

Ay, Dios.

Ayer...

En Estados Unidos,

ya nadie sabe quién es Saverio Crispo.

¿De verdad? Sí.

Hice una entrevista en la televisión por mi último álbum.

¿Has hecho un álbum?

Sí, he hecho tres. -Es increíble.

Pero este, con las canciones italoamericanas,

ha vendido muchísimas copias.

A pesar de mi madre

y de la asignación que nos mandaba Saverio.

Shelley, hay una cosa que quería decirte.

Tu padre, vamos, Saverio

antes de morir me dijo que le daba mucha pena

no haberte conocido nunca

y él quería que lo supieras.

Gracias... pero la verdad es que una vez sí nos conocimos.

Ah, ¿sí?

Sí.

Pero ¿dónde?

En Venecia, en el festival.

Yo había ido expresamente,

porque sabía que había una película suya a concurso

y que él iba a presentarla.

Lo busqué por allí

y al final lo encontré en el vestíbulo del hotel.

Estaba sentado apartado con un hombre.

Me acerqué donde estaban sin decirle quién era

y me senté en la mesa con ellos.

Saverio no paraba de mirarme.

"Bien, ya está", pensé yo, "ahora va a reconocerme".

Sin embargo, entre una cosa y otra,

acabamos en su habitación.

Perdonad, ¿eh? No, no, por favor.

¡Qué habitación! Una suite repleta de rosas blancas,

con un minibar enorme,

y una vista impresionante de la laguna.

Mientras yo miraba buscando el campanario de San Marcos,

de pronto noté su mano en el culo.

No me había reconocido para nada.

La verdad es que quería acostarse conmigo.

Ay, por favor.

Me tentaba la idea.

En el fondo, esa también era una manera de tenerlo, ¿no?

Hombre...

Y... ¿qué hiciste?

Nada. Al final me dije:

"Mejor no".

No quería aprovecharme como mi madre.

Y además...

era muy viejo.

Disculpen, disculpen, yo...

Disculpen.

Es que vengo a recoger a las actrices.

Ya estamos casi listas.

No he dormido en toda la noche, Segunda.

No comprendo qué me ocurría.

Cuando lo veía de lejos, no era para nada mi tipo, créeme.

Pero cuando se me acercaba, me sentía confundida,

me daba vueltas la cabeza, el olor de su piel me aturullaba.

No te pongas así, perdóname.

Eau Sauvage... el perfume de papá,

Le compré el perfume que no debía.

Así que era eso.

Así que era eso. Oye.

¿Qué? El perfume no justifica nada, no.

Adiós. Adiós, adiós.

Ven, Saverio, date prisa, ven.

¿Esta vez puedo sentarme junto a ti?

Por supuesto.

Adiós. Adiós.

Adiós, hermana. Escríbeme, por favor.

Segunda. ¿Qué?

Nada de cambiar de idea.

Por favor. Segunda, mírame.

Sí, adiós, amor. Nos vemos en el próximo funeral.

No, no contéis conmigo.

No. (RÍE)

Adiós, Susanna.

Oh, Rita... (RÍE)

Ramona, amiga mía. Por favor.

Amiga mía, gracias por todo.

Gordo, conduzco yo, tú estás enfermo.

Estoy en perfectas condiciones.

No, sal y ponte detrás con los niños.

¿Con los niños? Sí.

Así los vigilas durante el viaje, que se porten divinamente.

Esto es increíble, esto no tiene nombre, vamos...

Gracias.

He dejado en su habitación la rata muerta.

Ya no me hace falta.

¿Y yo que hago con la rata muerta?

Déjala allí, un recuerdo para él.

Estás como una cabra. Adiós, adiós, Ramona, adiós, adiós.

Adiós. Adiós, niños.

(NIÑOS) ¡Adiós! Buen viaje.

Adiós. Bien, todos quietecitos.

¿Cinturones!

¿Y tu...

prometido?

¿Walter? Sí, Walter.

Durmiendo.

Mamá, no sabes cuánto nos hemos reído

esta noche en la habitación, ni te lo imaginas.

(Pasos)

(Puerta)

(CANTA EN ITALIANO)

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Versión europea - Mi familia italiana

09 feb 2019

Saverio Crispo, "latin lover" del gran cine italiano, es recordado por dos de sus esposas y cinco de sus hijas, en un homenaje celebrado por el 10º aniversario de su muerte. En la casa en que de pequeñas se juntaban para veranear, todas sus mujeres darán un nuevo sentido a sus vidas.

Contenido disponible hasta el 16 de febrero de 2019.

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