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No recomendado para menores de 12 años Versión española - Mi vida sin mí  - ver ahora
Transcripción completa

"Esta eres tú.

Los ojos cerrados, bajo la lluvia.

Nunca imaginaste que harías algo así.

Nunca te habías visto como...

No sé cómo describirlo, como...

Una de esas a las que les gusta la luna

o que pasan horas contemplando el mar o una puesta de sol.

Seguro que sabes de qué gente estoy hablando.

O tal vez no.

Da igual.

A ti te gusta estar así.

Desafiando el frío,

sintiendo cómo el agua empapa tu camiseta y te moja la piel.

Y notar cómo la tierra se vuelve mullida bajo tus pies y...

El olor...

y el sonido de la lluvia al golpear las hojas.

Todas esas cosas que dicen los libros que no has leído.

Esta eres tú.

Quién lo iba a decir.

Tú".

(Música minimalista)

(REPITE ALGO EN OTRO IDIOMA DE UNA GRABACIÓN)

(CONTINÚA REPITIENDO PALABRAS DE LA GRABACIÓN)

(GRABACIÓN) Lección 3. Diálogo.

-¡Uh!

¡Kung-fu! Ten este y dame el grande.

Vale. -¡Ni se te ocurra...!

¿Por qué siempre te toca...?

Oye, ¿por qué siempre te toca el grande? ¿Por qué, eh?

Porque merezco el grande.

A lo mejor deberías intentar...

borrar un poco la pizarra.

-¡Sí!

Laurie. -Intento echarlo para otro lado.

¿No lo estabas dejando? -Lo estoy dejando, dejando.

¡Qué bien!

-No puedo dejar el tabaco... y dejar de comer a la vez.

No tienes que dejar de comer, ¿por qué ibas a hacerlo?

-Para ti es fácil decirlo. Pierdes kilos sólo pensando.

Eh, de un mes a esta parte, tú estás más delgada.

Eso son cosas tuyas. -Ya te digo yo que no.

Cuando estás tan foca como yo, solamente te fijas

es en el cuerpo de las mujeres.

No te fijas en otra cosa.

Laurie, estás loca.

Tú no estás gorda para nada, ¿vale?

Conozco gordos y tú no estás entre ellos.

Mira tu tripa, no es la de una gorda.

Y yo como lo mismo, ayer me zampé un kilo de helado.

-Hace siglos que no pruebo el helado.

Oye, no estarás haciendo una de esas dietas de helado, ¿no?

Sí, la de Ben y Jerry.

-¿En serio? No.

-¿Sabes en qué estoy pensando? ¿En qué?

-En una mazorca de maíz.

Bien rebozadita de sal y de mantequilla.

¡Ay, hablar de dietas me da hambre!

Hasta mañana. Adiós. Hasta mañana.

Adiós. -Adiós.

(Casete en otro idioma)

¿Don buscará otro trabajo?

Don siempre busca otro trabajo.

Creo que yo podría buscarle algo en el hotel.

No, déjalo.

Sólo faltaría que discutierais también allí.

(Casete en otro idioma)

¿Por qué escuchas eso tan raro?

¿Por qué no puedes escuchar música como la gente normal?

(APAGA LA RADIO)

Nadie es normal.

No existe gente normal, mamá.

Muffins para el desayuno de las niñas.

No tienen buen aspecto, pero están bien.

¿Quién ha alquilado esa casa?

No lo sé. Creo que se mudan el domingo.

Barry Manilow. ¿Qué?

Barry Manilow es normal.

Buenas noches, mamá.

(Ladridos)

(Ronquidos)

Anda, córrete, córrete.

(SUSURRANDO) Hazme sitio, cariño.

Porque eres tú.

¡Qué gusto!

-¡Uh! ¿Son tus pies o me estás tocando con cubitos de hielo?

¡Cubitos! -Sí, son cubitos.

¡Oh, vale, los calentaré! Es la única solución.

También tengo frío por aquí. -Bien, vamos allá.

¿Metiste la ropa sucia en la cesta?

-Sí. Gracias.

-¿Estás cansada?

Vale.

No, no, no, no, no...

-Eres muy pequeña, te lo contaré cuando seas mayor.

-¿Queréis más leche? -No, ahora.

-Daos prisa, nos vamos dentro de 5 min, ¿vale?

-¿Lo ves? Has tirado la leche, eres muy pequeña.

-Patsy, ¿no sabes beber un vaso de leche sin tirarla, eh?

Eh, eh, eh, no, no, no, no. ¿Qué estás haciendo?

-Por qué Los Picapiedra no van a la playa.

-No sé y no cambies de tema. Dónde guarda mamá los jerséis.

Eh. -Hola.

Hola.

-Me he comido los cereales y Patsy no.

Oh, no. No pasa nada, ha sido un accidente.

Debajo de la cama de las niñas hay otro jersey.

Arriba esos brazos.

Hay que quitarte esto, ¿vale, cariño?

¡Te has puesto perdida de leche! ¡Oh, se ha ido!

¿Dónde está Patsy? No lo sé.

¡Aquí está Patsy! -Toma, aquí tienes.

Toma, anda, póntelo. Gracias.

-Anoche me llamó el hermano de Lance, tiene algo.

¿De verdad? -Sí.

¿Y las llaves? Las he dejado puestas.

-¿En serio? A ponerse los abrigos.

-Han abierto una constructora de piscinas...

-Mami, ¿no le cuento a Patsy de dónde vienen los niños?

Es demasiado pequeña. Venga, póntelo, cariño.

-...una constructora de piscinas. ¿No me digas?

-Sí... Sí.

Buena suerte. -Sí. Gracias.

Oye, ¿puedes ir tú a buscar a las niñas al colegio?

Sí, claro, descuida. -Vale.

Niñas, voy a ir calentando el coche.

Y nos vamos dentro de dos minutos.

-¡Oh no! -Dos minutos.

Y quiero que ayudes a Patsy a ponerse el suyo.

Tienes que ayudar.

Adiós, que tengáis un buen día. -Adiós.

-¡Te pillé, te pillé, te pillé, te pillé!

(GIME)

(SE QUEJA DE DOLOR)

¡Ooooh!

Ann, Ann, estoy tendiendo ropa, ¿quieres que te tienda algo?

Ann, ¿estás ahí?

-Meta su ropa aquí y póngase la bata.

Oiga, ¿tardaré mucho? Debo ir a por mis hijas.

-No tengo la menor idea. ¿Puedo decírselo a mi madre?

-No podemos hacer excepciones.

¿Su madre está fuera?

Sí, me ha acompañado, Ann Matland. No le he dicho nada.

-Veré que puedo hacer. Ahora póngase la bata.

Gracias.

-John, Charlie Bob, Seymour, Jack y Bill.

-Venga conmigo.

¿Sabe si la otra enfermera dijo a mi madre que fuera a por mis hijas?

-¿A quién se lo dijo? No sé, a una enfermera.

-¿Sabe cuántas enfermeras trabajamos aquí?

¿Sabe lo que es esperar sola en el colegio

mientras los demás niños se han ido con sus madres?

-Sí, lo sé.

Veré si encuentro a su madre.

-Hola, soy el Dr. Thompson.

Voy a revisar el resultado de la ecografía.

¿Por qué repetimos esto?

-¿Qué tal sus hijas?

Estoy preocupada. Nadie ha dicho a mi madre que las busque.

-No se preocupe por eso, solamente serán unos minutos.

Vale.

-Ann, ¿me disculpa un momento?

Sí, claro, es su hospital.

(TARAREA)

-Ann, el Dr. Stuart y el Dr. Lance. Hola.

¿Saben si han dicho a mi madre que recoja a mis hijas?

-Sólo será un momento.

Ann, ¿su marido vive con usted? Sí.

Construye piscinas. Hoy está fuera.

-¿Y usted trabaja en la universidad?

Limpio la universidad, de noche.

-Tiene 23 años.

En diciembre cumplo 24. Soy acuario.

Y usted, ¿de qué signo es? Dígame, qué coño me pasa.

-Hemos repetido la eco tres veces.

¿Está segura de que prefiere no avisar a su marido?

Sí, prefiero no avisarle.

-Hemos hecho la eco tres veces y he solicitado una biop...

¿Y...?

-Usted tiene un tumor.

En ambos ovarios.

Ha alcanzado el estómago y empieza a extenderse al hígado.

¡Vaya!

Va muy rápido, ¿no?

-Ann, si usted tuviera 20 años más, el proceso tumoral

sería mucho más lento e, incluso, podríamos operar pero...

Sus células son muy jóvenes, demasiado jóvenes.

Y me temo que...

me temo que no podemos hacer nada.

¡Joder!

¿Cuánto?

-Dos meses, tal vez tres.

Y yo, pensando que estaba embarazada.

-No. Me temo que no.

Cuando se sentó a mi lado, supe que era algo grave.

-Mi despacho está en obras y están cambiado el aire acondicionado.

No, eso no es cierto.

No soy capaz de sentarme frente a alguien y decirle que va a morir.

Nunca he tenido fuerzas para...

En el hospital empieza a comentarse.

Su familia querrá consultar para tener una segunda opinión.

¿Alguien que me diga lo mismo pero mirándome a los ojos?

-¿Quiere tomar un café?

No.

-¿Un bourbon?

¿Ahora viene un cigarrillo? -No.

¿Tiene un caramelo? -Me parece...

Sí.

Está muy bueno.

¿De qué sabor es?

-Jengibre.

Es muy bueno.

Pica un poco pero está rico.

-Le he preparado algunos folletos en los que, más o menos,

se explica todo.

Y algunas recetas para evitar las náuseas.

Quiero verla dentro de una semana, le he apuntado la cita

y mi línea directa, por si me necesita.

Ya, gracias.

¿Me da otro caramelo para el camino?

-Era el último que me quedaba. Ah.

-El próximo día tendré más caramelos.

"Tu padre se bebía una botella de bourbon, era su desayuno.

Tú, con una cerveza ya estás mareada.

Y en el instituto no te drogabas.

Como mucho, una calada del porro de Don.

Y sin tragarte el humo, como el tío ese que fue Presidente de EEUU.

Bill Clinton".

¿Y han esperado mucho?

Menos mal. Gracias, mamá, te debo una.

Ah, no, no, me harán análisis de sangre.

Parece ser que tengo anemia. Por eso me desmayaba.

Sí.

No, no, ya sabes cómo son, cuando te cogen no te sueltan.

Tienen una máquina nueva, son como niños.

Te dejo, mamá, la enfermera ya viene a buscarme.

Vale. Adiós y gracias.

"Ahora te apetecería probar todas las drogas del mundo.

Pero todas las drogas del mundo no cambiarán la sensación

de que tu vida ha sido un sueño y empiezas a despertar".

(Música triste)

-"A mí me gusta comer en plato", dijo el gato.

"Deberías probarlo", rió el gato un buen rato.

"Y eso me enfadó, se acabó la diversión" dije: "largo, adiós".

Hola. ¡Hola!

-Hola, mami. Hola.

¿Habéis sido buenas? -Mamá, ¿nos cuentas un cuento?

Papá lo cuenta muy deprisa.

-¿Eh, conque sí? Gracias, monstruito.

No leo tan deprisa.

¿Cómo estás? Bien. Tengo anemia.

Por eso me he desmayado.

Tengo que tomar hierro y vitaminas. ¿Qué tal con Lance?

-Empiezo el lunes. ¿Qué me dices?

¡Eso es fantástico! -Lo sé, lo sé.

Y al menos hay trabajo para un año.

Es estupendo. -Sí, genial, una pasada.

¿Les has dado de cenar? -Papá nos ha dado batido y patatas.

Dijo que no te lo dijéramos. Ha sido muy guay.

-Mami, he comido todas las patatas y todo el batido.

-Las patatas fritas son verdura.

Son un buen alimento, uno de los más completos.

Oh, ha sido un detallito, he conseguido trabajo.

¿Qué bobada es esa? -Perdona.

Llega el viaje en canoa. -Bueno, ¿qué hago, me quedo...?

¿Qué hago? No, me voy. No, quédate, quédate.

Buenas noches, hijas. -Buenas noches.

Muy bien.

-Adiós. Cerrad los ojos.

Cerrad los ojos, el viaje está empezando.

¡Oh, no! ¡Oh, no, cada vez hay más olas!

¡Chis! ¡Oh! ¡Y entonces chocamos contra el agua!

¡Oh, no! ¿Qué es eso? -¿Es un tiburón?

Es un tiburón, ¡y está enfadado con nosotras!

Creía que este río era el océano. ¡Qué enfadado está!

¡Aaah!

(TV) "Sin embargo, creo que ha sido acertada por del...".

-Iba a comérmelas. ¿No puedo?

¿Irás a trabajar? Sí, tengo que ir.

-Tu madre dijo que volvería por su cuenta si querías descansar.

Tengo que ir.

-Creí que estabas embarazada.

Sí, y yo.

-¿Seguro que estás bien?

Sí, sólo un poco cansada, nada más.

-¿Sabes? El mes que viene, cuando cobre, iremos a Whalebay Beach.

¿Te gustaría? Sí.

Estaría bien. Patsy todavía no ha visto el mar. Buena idea.

-Sí.

Tengo buenos presentimientos.

Con lo de las piscinas, ¿sabes?

Sí, de verdad.

"Pensar. No estás acostumbrada a pensar.

Cuando tienes un hijo a los 17 años con el único hombre

al que has besado en tu vida. Y luego otro a los 19.

Y, además, vives en un remolque en el jardín de tu madre

y tu padre lleva diez años en la cárcel, no tienes tiempo.

Quizás se te ha olvidado por falta de práctica".

(Carraspeo)

-¿Qué es esto? -Café.

-Pedí un expreso. -La máquina no funciona.

-Y por qué no me lo dijo Si la máquina no funciona,

habría pedido otra cosa.

-Creía que quería un café.

-Me ha traído un café pero... -De acuerdo, lo que usted diga.

Pero, tranquilo, vuelva la semana que viene.

-Vale, muchas gracias.

Hola. ¿Me presta un bolígrafo?

-Claro, cariño. Pero antes dime qué quieres para apuntarlo.

Después te dejo el bolígrafo y así todos contentos.

Muy bien, tomaré...

-No pidas expreso porque la máquina no funciona.

Tampoco capuchino, es la misma cafetera.

Entonces tomaré...

Pastas danesas.

-No habrá hasta mañana.

Pues tráigame un café y...

algo dulce, cualquier cosa dulce.

-Tarta de queso con piña, qué tal.

Es lo más dulce que hay. Bueno, es lo único.

Sí, bien, tarta de queso con piña. -Muy bien.

"Cosas que hacer antes de morir:

Decir a mis hijas que las quiero varias veces al día.

Buscar a Don una buena chica que les guste a las niñas.

Grabar a mis hijas mensajes de cumpleaños

hasta que cumplan los 18.

Ir todos juntos a Whalebay Beach y hacer un gran picnic.

Fumar y beber todo lo que quiera.

Decir lo que pienso.

Hacer el amor con otros hombres para ver cómo es.

Hacer que alguien se enamore de mí.

Ir a ver a papá a la cárcel.

Ponerme uñas postizas y hacer algo con mi pelo".

-La tarta más dulce del Universo, aquí tienes.

Puedes quedarte con el boli cuanto quieras.

Ya rellené la Bonoloto.

¿Qué hará si le toca? ¿Ya lo sabe?

-Ah, ya lo creo, cariño.

Quiero ser como ella.

Quiero tener su nariz, su boca,

sus ojos, su pelo, su cintura.

Cariño, me voy a parecer tanto a Cher que la gente me dirá:

"¡Qué espantoso lo que le pasó al pobre Sonny! ¿No?"

Qué te parece.

Creo que es una soberana gilipollez.

Era broma, me parece estupendo.

Penny, Patsy, estoy haciendo una montaña de tortitas.

Y si no venís enseguida, me las comeré todas yo solita.

-¡Ya voy, mami! Ah, ñam, ñam...

Buenos días, bichito.

-Hola, mami. Hola, cariño. Buenos días.

Veo que Patsy no quiere tortitas. No hay tortitas para Patsy.

¡Mi monito!

¿Quién quiere tortitas? -¿Hoy es domingo, es mi cumpleaños?

No, pero, ¿sabes qué?

Esta noche he soñado que os levantabais

como leonas hambrientas y devorabais mucha comida.

(LAS TRES RUGEN)

-Hola, hola. Hola.

-¿Me lo cortas, por fa? Sí, ahora. Ya está.

-Oye, ¿las llevas tú al colegio?

(RUGEN)

(RUGE)

¡Oh, no, el jefe de nuestra manada! ¡A por él, Patsy!

Adiós. Os quiero, leoncitas.

Os quiero mucho. (RUGEN)

-Adiós.

Os quiero.

(Claxon)

(Milli Vanilli - Baby Don't Forget My Number)

Me apetece... algo diferente.

-¿Diferente?

Bueno, a lo que llevo ahora.

-¿Qué tal trencitas?

Pero nos llevaría todo el día.

Y los miércoles estoy sola.

No, trencitas, no, ni hablar.

-Pues... es buen pelo para trencitas.

Y te apetece algo diferente. O sea...

Sí están muy bien y a ti te quedan muy bien pero...

Había pensado algo más...

¿Qué tal rubia? -¿Rubia?

Algo que... me ilumine la cara.

-Algo que te ilumine.

¿Así? También pensaba en uñas postizas.

No tengo casi uñas y...

-Oh, la chica que hace las uñas no viene los miércoles.

Entonces por qué no vuelvo mañana y así podremos hacerlo todo, ¿no?

-¿Las trencitas también? Eso ya lo pensaré.

Pues, hasta mañana. Adiós. -Adiós.

Hoy hemos atendido dos congresos.

Y he tenido que hacer una tarta

con forma de neumático para 300.

(Casete en otro idioma en la radio) ¡Me duele todo!

Me duele hasta la cadera.

Mañana llamaré y pediré cita con el médico.

Las rodillas se quejan otra vez.

Esa tarta pesaba al menos 15 kilos.

¿Qué tal tú, te encuentras mejor?

Sí, estoy bien.

Dicen que este fin de semana va a nevar, pero yo no lo creo.

¡Odio la nieve!

La nieve me gusta todavía menos que la lluvia.

(TV) "Porque siempre serás un vulgar adefesio con un padre

que se ganaba la vida en un ultramarinos...

Con este dinero podré alejarme de cada cosa putrefacta

que me recuerde a este lugar o a ti.

-Vuelve. -No, me has tomado por un títere.

'Márchate, Veda'; 'vuelve, Veda'. Y no es tan fácil".

"Sola.

Estás sola.

Nunca has estado tan sola en tu vida.

Y las mentiras son tu única compañía".

(Murmullo)

-¿Qué te pongo? Una Molson Canadian, por favor.

-Hola. Hola.

-Nunca te había visto por aquí. No.

-Perdona por lo de las trencitas esta mañana.

No tenía que haberlo sugerido.

Pero tenía una de esas mañanas extrañas.

¿No te ocurre nunca que el mundo te supera por todas partes?

¡No sabes lo estresante que es ser peluquera!

Es mucho lo que la gente espera de ti.

Y a veces no puedes soportar la presión.

Todo el mundo quiere que le pongas guapo.

Pero, simplemente, no siempre eso es posible.

Oye, no te preocupes, yo también tenía una mañana rara.

-Oye, ¿puedo hacerte una pregunta personal?

¿Te gusta Milli Vanilli?

¿Eso dos chicos que no cantaban?

-Oh... ahí te equivocas, cantaban. Su productora no les dejaba.

Les chantajeó amenazándoles con contar a todos su secreto.

Y así se quedó con todos los royalties.

¡Fue una gran injusticia!

Luego demostraron que sabían cantar.

Pero, para entonces, nadie quiso escucharles.

Eran demasiado frágiles para la industria de la música.

¿Qué tipo de música te gusta? ¿Música?

¡Dios, no escucho música desde hace tanto!

Me gustaba Nirvana. Fui a uno de sus conciertos.

En realidad, el último que hicieron. Allí...

Allí es donde conocí a Don, mi marido. Él estaba...

-Oh, espera un momento, tengo que ir a bailar.

El DJ es amigo mío. Ahora vuelvo.

(Milli Vanilli - Baby Don't Forget My Number)

Voy a ir aquí al lado a por un café.

A lo mejor te apetece que te traiga uno.

No, gracias. Vale.

No, sí. Por favor, sí.

Con leche y azúcar, por favor. Gracias.

El café se ha enfriado.

Estaba agotada.

He sacado y doblado tu colada.

Gracias.

Había puesto suavizante, ¿no?

No habías puesto detergente.

¿Me has estado mirando mientras dormía?

Sí, un ratito. Perdona.

¿Por qué?

¿He estado roncando o...?

No, pero cuando dormías, se te caía la baba.

¿Eres tú...?

¿Eres la... chica de la cafetería

que escribía en el diario el otro día?

Gracias por la chaqueta.

(Pitido) Es tuya, ¿no?

Sí, pero quédatela, no hay quien pare de frío en la calle

y yo... yo estoy acostumbrado...

Estuve tres años en Alaska. Bueno, dos y medio.

Es igual.

¡Me encanta el frío! Hace que me sienta viva.

He de irme, tengo dos hijas que me esperan, ya sabes.

Claro.

Bueno.

Gracias.

Ya nos veremos. Me llamo Lee.

Ann.

¿Seguro que no necesitas la chaqueta?

Seguro, sí, quédatela. Gracias.

No he estado en Alaska. Siempre me ha gustado cómo suena.

Te la devolveré, no te preocupes.

Quédatela. Me gusta la idea de que...

Seas tú quien la lleve. ¡Qué bonito!

Te la devolveré, ¿vale?

"Ahora ves las cosas claras.

Ves todas las vidas robadas y las voces enlatadas...

Milli Vanilli por todas partes.

Miras todas las cosas que no puedes comprar.

Y que, ahora, ya ni quieres comprar.

Todas esas cosas que permanecerán cuando te vayas,

cuando estés muerta.

Y caes en la cuenta de que todo lo que hay en los escaparates:

todas las modelos de los catálogos, todos los colores, ofertas,

todas las recetas de Martha Stewart,

todas las montañas de comida grasienta...

Están ahí para mantenernos alejados de la muerte y no lo consiguen".

Lo que pasaba era que ella quería tanto a su hija

que no le dijo que era su madre.

No quería... Creyó que sería lo mejor y así, los padres

del chico la aceptarían.

Y el chico le pediría que se casara con él. Y eso es lo que más quería.

Pero fue un sacrificio enorme y ella sufrió mucho por eso.

¡Hola! Y...

-La abuela nos está contando una historia de una mamá.

Y le pasan cosas muy malas y es muy triste.

¡Vaya, qué raro!

Hola, Patsy. Las he bañado y...

Penny se ha comido tres rebanadas de bizcocho.

Y Patsy leche. Últimamente no la probaba.

Gracias.

-La historia de la abuela es una peli y le gusta mucho.

¿Ah, sí? Sí, de Joan Crawford.

Ah, estupendo.

Venga, vamos. Patsy, vamos, andando.

Patsy, deja eso, vamos.

Sólo quería entretenerlas para que no vieran tanta televisión.

La próxima vez me callaré.

-Mami, no quiero ir al cole mañana.

¡No quiero, no quiero!

Lo sé, lo sé, lo sé.

Te he dado las gracias. Dejémoslo.

No quiero tus gracias.

Perfecto, no te las doy.

Sólo he cuidado de tus hijas mientras te ibas de compras.

Fuiste tú quien me lo pidió.

Sí, eso es lo que te pedí,

no que les llenaras la cabeza con estúpidas historias.

¿Entonces qué historias quieres?

¿La "Cenicienta"? ¿Una de madrastras asesinas?

¿Quieres eso? -¡Sí!

Anda, vamos.

Hay momentos en que eres como tu padre.

Y perdona que te lo diga, no me gusta.

No, hay momentos en que soy como tú y tampoco me gusta. Vamos.

¿A que no sabéis qué vamos a hacer?

-¡Ay, auh!

Lo sé, Patsy. Perdona, pero lo tienes muy enredado.

-Patsy es una quejica.

Penny, por favor, no te metas con ella.

También te quejas cuando te cepillo.

Déjala. -No me he metido con ella.

¿Decir que es una quejica no es meterte con ella?

Creo que sí.

-No me he metido con ella.

-No soy una quejica. Vale. Se acabó, niñas.

A dormir las dos.

-El muñeco también. Que descanses, monito.

¿Quieres tu gatito? -Sí.

Tapaos bien con el edredón.

Buenas noches, bichito.

¿No quieres un beso? -No me he metido con ella.

Penny, he dicho que ya se acabó, ¿vale?

Buenas noches. -Buenas noches.

-Eres igual que la abuela.

Eh, ¿quieres pollo que ha sobrado?

-¿No vas a decir hola? Hola.

-¡Hola! ¿Cuántas cervezas has tomado?

-Una o dos... ¿o cuatro? No lo sé.

¿Quieres pollo o no? -No, quiero un beso.

Quiero un beso grande y jugoso.

(Pitido del horno)

Ya está el pollo.

-Bien. El pollo.

¡Qué rico!

¿Hace mucho que se han dormido? Sí, hace un rato.

Penny se ha vuelto a meter con Patsy.

Le dije que no y se ha enfadado.

-¿Sí? Sí, un poco.

-Hemos empezado una piscina en Rushmore.

¿Sí? -¿Y sabes?

Tiene forma de media luna. ¿Es alucinante!

Esa familia tiene una gran casa de tres plantas y con un porche

como el de "Lo que el viento se llevó".

¡Es una pasada! ¿Eres feliz?

Bueno, ¿estás contento con tu trabajo?

-Sí, no está mal. Bueno, no es igual que la fábrica

pero es mejor que nada.

Tengo que irme a trabajar.

-¿Me vas a dejar con un hueso frío?

Si quieres, puedes calentarlo.

Pero creía que te gustaba la comida fría. Cómelo frío.

-Cántame.

No, tengo que ir a trabajar. -Anda, ya sabes que me gusta.

Por favor, cántame.

# I may not always love you

# But long as there are stars above you

# You never need to doubt it

# I'll make you so sure about it

# God only knows what I'd be without you

# God only knows what I'd be without you... #

Hola. -Hola.

Adiós.

-Adiós.

Hola, Penny, bichito.

No estaré en tu fiesta de cumpleaños,

aunque es lo que más me apetecería en el mundo.

Seguro que la abuela te ha hecho una tarta con tu nombre

en letras grandes de chocolate.

Penny.

Quiero que sepas que el día que naciste,

al cogerte en mis brazos, fue el día más feliz de mi vida.

¡Estaba tan feliz que no podía ni hablar!

Acaricié tus piececitos y lloré de felicidad.

Sin ti nunca habría aprendido que los leones comen tortas

o que la cama puede ser una canoa.

Por favor, cuida de Patsy, eh.

Sé que es difícil porque, a veces, se pone pesada contigo.

Sé que no es fácil ser la hermana mayor.

Pero también sé que lo harás muy bien.

Mami te envía millones y millones de besos.

Feliz cumpleaños, Patsy, mi cielo.

¡Cinco añazos!

Seguro que Penny cuida muy bien de ti.

Y seguro que ya no se mete contigo.

No quiero que estés triste porque no estoy en tu cumpleaños.

¿Prometido?

Me acuerdo muy bien de tu primer cumpleaños.

Te pusiste a llorar sin parar.

¿Y sabes por qué?

Porque no te gustaba cómo cantábamos el "Cumpleaños Feliz".

Cada vez que empezábamos a cantar, tú te ponías a gritar

porque no te gustaba nada.

Feliz cumpleaños, mi pequeña.

Mamá te quiere con locura.

Bichito, quiero que seas feliz.

Ya sé que no es fácil porque...

A veces pasan cosas... y la gente no siempre es como queremos.

Habla con papá si algo te preocupa, ¿vale?

Él sabe más de lo que crees.

Si algo te preocupa o no estás segura,

pregúntale. Él te lo dirá.

La abuela sabe muchas cosas.

Me gustaría mucho que te las contara.

Ten paciencia con ella, ¿vale?

Es... créeme, es buena persona, aunque a veces no lo parezca.

Ninguno de los sueños de su vida se ha hecho realidad.

Intenta comprenderla.

No te enfades con ella.

Si tienes una nueva mamá, tienes que quererla, ¿me oyes?

No le hagas la vida imposible por intentar serme leal a mí...

Ya lo sé.

Ya sé que no es lo mismo.

Pase lo que pase, debes acabar los estudios.

Aunque estés harta y creas que ya no aguantas ni un día más,

termina los estudios.

Me gustaría poder hablar contigo de los chicos,

de amigos, novios, no sé... de todas esas cosas.

Aunque creo que no te ayudaría mucho.

Yo tenía 17 años cuando tú naciste, Penny.

Justo la edad que tú tienes ahora.

Debes tener fe en ti misma

y confiar en tu capacidad para hacer cosas,

para continuar adelante.

Miles de besos y abrazos.

Aunque sé que ya has dejado de ser una niña.

-Ann, ¿estás bien?

¿Qué te pasa?

¿Es por esa dieta?

Ann.

¿Por qué has vomitado?

¿No estarás tomando píldoras adelgazantes?

¿Quieres saber por qué vomito?

¿Quieres saberlo?

Vomito porque, cuando tenía 8 años, mi mejor amiga fue diciendo

por ahí que yo era una zorra.

Vomito porque, cuando tenía 15, no me invitaron a la única fiesta

a la que he querido ir en toda mi vida.

Porque, a los 17 años, tuve mi primer hijo y crecí a la fuerza.

Y ya no me quedan sueños.

¡Y, joder, sin sueños no se puede vivir!

Vomito porque no he visto a mi padre desde que le encerraron.

Y no tengo nada de él, ni siquiera una puta y mísera postal.

Y en los anuncios te venden una felicidad de mierda.

Y mis hijas se pasan el día cantando esa puta mierda

de canciones de esa puta mierda de anuncios.

-Aunque te lo pida,

aunque me ponga de rodillas y te lo suplique,

por favor, no me des el nombre de esa dieta que sigues.

Hola. ¿No te habré levantado?

Soy... Ann.

¿Puedo darte el libro ahora?

Sí, ahora.

Sí, ya, sé dónde es.

(Truenos)

Debería haberte dejado una gabardina.

Se ha mojado un poco.

Tranquila, es igual.

¿Qué ha pasado?

¿No pagaste las letras de los muebles y se los llevaron?

No.

La verdad es que estaba...

Pensando en ir a comprar muebles un día, pero no he tenido tiempo.

Lo siento, te ofrecería algo pero... no tengo nada.

Ni siquiera tengo vasos.

¿Ni galletitas o algo parecido?

Nada.

Te habría comprado algo de haber sabido que venías.

Habría... comprado algo. Puedo vivir sin galletas.

(Truenos)

¿Quién se llevó tus muebles?

Alguien...

Se los llevó, sí.

¿Y no compras otros porque crees que ella puede volver?

(Truenos)

¿Quieres sentarte?

Gracias.

¿Te echo una mano? No, gracias.

¿Qué hacías en Alaska?

Soy agrimensor.

Perito terrenos para construir autopistas,

puentes y cosas de esas...

Pero antes estuve en... Chile.

Y antes estuve en...

Carolina del Norte.

Y antes en Halifax...

¿Cómo se llaman tus hijas?

Penny y Patsy.

¿Quieres ver una foto?

Vale.

Parecen felices.

Se parecen a ti.

¿Te parezco feliz?

No, feliz, no. Eres preciosa.

Como tus hijas.

¿Has pensado en mí?

Sí.

He estado pensando mucho en ti.

Demasiado.

Tengo una hermana que...

Trabaja en una emisora de radio del Norte.

Y me graba cintas y luego me las envía con música

de la que a ella le gusta y...

La última la tengo ahora en el coche. Tal vez...

Podríamos ir a escucharla, si quieres.

(Pitidos)

(Canción en italiano)

Si no me besas ahora, me pongo a gritar.

(GRITA) ¡Cállate!

¡Joder! Si no me besas ahora, me pongo a gritar.

-Hola, Ann.

¿Es una terapia para vencer su timidez?

-Algo parecido.

No vino la semana pasada.

No consideré que hubiera motivo.

-Tenemos que hacerle otra ecografía y una biopsia...

No, no, lo siento.

No quiero más historias de esas.

Lo siento, no quiero. Necesito sentir que tengo cierto control.

No quiero más pruebas si no van a salvarme.

No quiero quedarme a morir.

Y que mis hijas me recuerden como una moribunda.

-¿A qué ha venido pues?

Este paquete...

Quiero que se haga cargo de él. -No lo sé, qué es.

Son mensajes de cumpleaños para mis dos hijas hasta que cumplan los 18.

-¿Y quiere que se los entregue yo?

¿Por qué no se lo dice a su marido? Porque...

No... Porque Don es un desastre completo.

Tal vez equivocaría los años, se olvidaría...

O tal vez se los daría a la vez.

Las niñas no entenderían nada si lo hiciera.

¡Dígame que lo hará, por favor!

-Sólo lo haré si me promete que vendrá a buscar su medicación.

Imagino que las náuseas han ido a más y que no tiene apetito.

Morir no es tan fácil como parece, no tiene por qué sentirse mal

y sufrir todo el tiempo.

Es que...

Me da miedo venir un día y no volver a salir de aquí. No sé.

Y tengo tantas cosas que hacer antes de morir.

¡Tengo tantas cosas que hacer! Tengo que hacerlas.

-Solamente serán calmantes.

Le prometo que no habrá más pruebas.

Tan sólo mitigaremos el dolor.

Y, a propósito...

le he traído más caramelos.

¿Se ocupará de las cintas? -De acuerdo.

Lo haré como... parte de su terapia.

¡Dios!

¡Qué ricos están!

-No entiendo nada.

He estado calculando las calorías de hoy y no tomé más de 1500.

En teoría necesito 2000, debería haber perdido peso.

Pues me he pesado antes de salir y resulta que peso medio kilo más.

Debe de ser mi metabolismo.

Deberían compensarnos a los que tenemos metabolismos lentos.

No sé, una especie de prima. Laurie.

¿Vienes a cenar mañana a casa?

-Sí, perfecto.

Bien. -De régimen, ¿no?

No me saltaré la dieta.

"En el supermercado hace frío y eso te gusta.

La gente siempre lee atentamente la etiqueta de sus productos

para ver cuánta química llevan.

Y luego suspira resignada metiéndolos en el carrito pensando:

'Es malo para mí, para mi familia, pero nos gusta'.

En un supermercado nadie piensa en la muerte".

(Imagina escuchar música italiana)

-60 dólares con 80.

Niñas, terminaos el puré de patatas.

-¡Ay, Dios, qué buenas están las costillas!

¿Cómo te quedan tiernas? A mí no me quedan así.

Las dejo en leche dos horas en la nevera.

-Las dejas en leche en la nevera durante dos horas.

Sí. -A ver si me acuerdo.

-Patsy. Eh, no juegues con la comida. ¡Patsy!

Ann, dile que no juegue.

Haz lo que te dice tu padre.

No juegues y come un poco más.

-Es más divertido jugar que comer.

-¿Tú no sabes que comer también puede ser muy divertido?

-¿Por qué?

-Pues porque... bueno, porque haces cosas nuevas,

pruebas cosas nuevas y eso es divertido.

-El puré no es nuevo.

Es mejor hacer cosas con él.

Laurie, ¿te sirvo más salsa?

Toma, la ha hecho Don.

-¡Caramba! No sabía que tu marido cocinara.

Toma, límpiate las manos. -Patsy.

-No tenía ni idea de que hubiera maridos que cocinaran.

-Lo que hago no es cocinar. Eché miel en la salsa barbacoa.

-Ah, eso es mejor que nada. Podrías... haber mentido

y decir que la hiciste tú.

No, Don nunca miente. No sabe mentir.

-Oye, cómo os conocisteis. -Ah, en un concierto de Nirvana.

Y fue el último de Nirvana, desde que Kurt Cobain...

-¿No, no me digas? -Sí.

-¿Y aún tenéis las entradas? Ahora deben de valer una fortuna.

-No, no las guardamos.

Estábamos demasiado emocionados como para...

-Ann se pasó el concierto llorando.

En aquella época a mí no me gustaba Nirvana.

Me estaba aburriendo y miraba a la gente...

Y entonces vi a Ann.

Una chica preciosa, llorando sin parar.

Sí, me acerqué a ella y le ofrecí un pañuelo.

Pero yo no tenía pañuelo.

Ni siquiera uno de papel.

Entonces, me quité la camiseta y se la di.

Así nos conocimos. -Fue muy romántico.

¿Queda más puré de patatas? Sí, claro.

-Eres una cerda.

En el fondo es una buena persona. -¡Joder, Ann!

Don, por favor, no hables tan alto. -Penny tenía razón, mira.

La tía se ha tragado ocho costillas.

Y, ¡joder, eran costillas enormes!

¿No lo has visto? Claro que lo he visto.

-¡Qué forma de zampar!

Su novio la dejó plantada el día antes de la boda.

-¿Que pasó, la invitó a cenar en un bufé libre y le cobraron más?

Eso no tiene gracia, Don, ninguna gracia.

-"Comer puede ser divertido".

¿Comer puede ser divertido?

Es muy buena persona, de verdad que sí. Es que...

La comida es su obsesión.

-Todo lo contrario de lo que te pasa a ti.

Es la anemia. La semana que viene voy al hospital a por vitaminas.

-¿Te acompaño?

Gracias, pero no hace falta. -Vale.

Hoy me he dado cuenta de la suerte que tuvimos al conocernos.

A pesar de todo...

A pesar de vivir en este agujero.

A pesar de no tener nada nuevo.

A pesar de no ir nunca de vacaciones.

Jamás me has reprochado nada.

Ni una vez.

Y me...

Me gustaría ser mejor para ti.

Te quiero, Don, te quiero.

¡No lo olvides nunca!

Te quiero.

-Yo se lo pregunto. Oye, ¿qué haces?

-Estoy barriendo. ¿Y vosotras?

-Soy la reina bruja y enseño a la brujita a hacer hechizos.

-¡Yo soy la brujita! -¿De verdad?

¿Y qué hechizos sabes hacer?

-Hechizos normales. Convertir sapos en coches

y lagartijas en aviones.

-Me encantaría saber hacer eso, ¿me enseñáis?

-Sí, pero no traje mi libro de magia.

Hola. Soy Ann.

-Hola. Has conocido a Penny y Patsy.

-Sí, yo también soy Ann. ¿Sí?

¡Qué curioso! Encantada.

¿Te acabas de mudar? -Sí, hace unos días.

Estaba limpiando un poco el jardín. Está muy bien.

-Son un encanto. (RÍE)

Sí, con sus disfraces...

Oye, sé que parecerá raro, nos acabamos de conocer.

Pero tengo que salir y mi marido

y mi madre no han vuelto aún. ¿Podrías echar un ojo a las niñas?

-Claro, no hay problema. Hoy no pensaba moverme.

Y creo que me van a enseñar magia. Es verdad, son muy buenas brujas.

Un millón de gracias.

Hasta ahora, niñas, portaos bien, ¿vale?

Ann cuidará de vosotras un rato.

Muchas gracias. -No hay de qué.

-Abracadabra.

-Ayudadme. ¿Quién es Patsy y quién es Penny?

Hola. Hola.

Me dolía el cuerpo pensando que no vendrías.

No iba a venir. Me alegro de que estés aquí.

Espera.

¿Es una cinta de tu hermana? Sí.

(Música) ¿Bailas?

# Cuando te encontré, # ¡qué emoción

# sintió mi corazón!

# Le hiciste estremecer

# y suspiró por ti.

# Cuando te besé, ¡qué emoción

# sintió mi corazón,

# ¡qué extraña sensación

# sentí dentro de mí! #

-Entonces la sirenita fue y le dijo al taxista:

"Quiero ver Nueva York, por favor, enséñamelo".

"Pero es grande, no se puede recorrer andando".

Así que el taxista la llevó al Empire State Building.

Y fijaos si es alto que tiene dos ascensores.

Porque no tenía cable para uno sólo.

Entonces pusieron dos. Así que cogieron el primer ascensor.

Y después cogieron el segundo, que era tan rápido como un cohete.

Llegaron a lo más alto de Empire State Building.

Y la sirenita empezó a mirar abajo y dijo:

"Las personas desde aquí parecen hormigas".

¡Hola, niñas! ¿Qué tal?

-Hemos jugado a brujas y princesas. ¿Sí?

-Y Ann nos ha hecho trenzas. ¡Oh, qué bonitas! Gracias, Ann.

Perdona por tardar tanto. -No, lo hemos pasado bien.

¿Sí? -Son un encanto.

-Sí. Bien.

Coged los sombreros.

-¿Mañana nos contarás el final del cuento de la sirenita?

-Claro, cuando quieras.

Ahora al baño y a cenar. Y si hay tiempo,

volveremos para el final.

-Adiós, Ann. Muchas gracias, Ann.

-De nada. ¡Andando!

(Tarareos de Penny y Patsy)

Ann. -¿Sí?

Voy a hacer café. ¿Te apetece? -Claro.

En cuanto acabe con esto. Vale.

¿Quieres azúcar? -No, no, gracias.

¿Por qué? No estarás a dieta, ¿no?

-No. ¿Debería? No.

Es que tengo una amiga que está obsesionada con las dietas.

-¡Qué rollo!

He conocido a demasiada gente enferma de anorexia y bulimia.

Soy enfermera. ¿Ah, sí?

-No me preocupa.

Tienes unas hijas preciosas.

Sí, son un cielo. Sí, lo sé.

Y tú, ¿tienes hijos? -No, no creo que los tenga.

¿Por qué no? Bueno... ¿crees que es una estupidez traerlos al mundo?

-No. ¿No has encontrado al tío adecuado?

-Aún no. Pero no es por eso.

¿No puedes tenerlos?

-No. Bueno, no lo sé.

La verdad, no...

Bueno...

Yo estaba en el último curso de enfermería

y tuvimos que hacer prácticas en un hospital infantil.

Decidí especializarme en niños porque siempre me gustaron.

No sé. A lo mejor porque yo era hija única.

No lo sé, es igual.

Una noche, estaba de guardia y me avisaron para un parto.

Una mujer que esperaba gemelos,

que había salido de cuentas... Los bebés peligraban.

Así que, decidieron hacerle una cesárea

y le pusieron anestesia general.

Y...

Cuando nacieron, vieron que eran siameses.

¿Sabes lo que son? Estaban unidos por el torso

y compartían los pulmones. Apenas lloraban.

No eran repulsivos.

Eran como cualquier otro bebé.

Pero...

No iban a poder sobrevivir. Imposible.

Así que...

Los metimos en una incubadora mientras los médicos

y el padre decidían qué hacer.

El padre no quiso ni verlos.

Entonces lo que decidieron fue sacarlos de la incubadora y...

Esperar a que murieran.

Yo me ofrecí a estar con ellos hasta que...

La idea de que murieran solos en aquella sala

era algo que no podía soportar.

Vivieron 30 horas.

Los tuve en mis brazos 30 horas.

Les canté todas las canciones que sabía.

Canciones de un mundo que nunca verían.

En fin, cada... vez se hacían más y más pequeños en mis brazos.

Primero murió el niño y...

Seis horas después la niña.

Yo...

Desde aquel día me especialicé en enfermería geriátrica. Sí.

Perdóname, Ann.

Perdóname, no sé por qué te he contado esta historia.

Gracias por el café. Yo, mejor me voy.

Lo siento.

¿Quieres venir a cenar la semana que viene?

-¿Estás segura? Sí, me gustaría que vinieras.

A las niñas también les encantaría.

Además, tienes que acabar de contarles el cuento.

-Claro que me encantaría venir y... Esa historia es feliz.

Gracias, de verdad, me encantaría.

(Una puerta se cierra)

Léeme algo. Léeme algo de lo que estás leyendo ahora.

Ahora, en este momento, estoy leyendo un libro muy triste.

Precioso pero triste.

No más triste que lo que me han contado hoy.

Cuéntamelo.

No. Me pondría muy triste.

Ya, no quieres contarlo porque es parte de tu vida.

Y no quieres que yo sepa nada de tu vida.

Me gusta que no me preguntes.

No lo hago, porque he aprendido a no hacerlo.

Cuando miras a alguien...

y le miras de verdad,

puedes ver el 50%...

de lo que es.

Pretender saber el resto es lo que destruye todo.

Es lo que he aprendido.

Quien te quitó los muebles te enseñó eso, ¿no?

Eso es todo cuanto me dejó.

¿De verdad quieres que te lea algo?

¡Por favor, por favor, léeme algo! De acuerdo.

Venga, escoge.

"Hacia la boda", de John Berger.

Sus capacidades, una a una, desaparecían.

Y no existía noche ni estrellas...

Tan sólo un sótano del que no podía salir

y en el que nadie podía permanecer.

Y le dan medicinas que le sientan mal

pero que detienen su muerte.

Al menos, por ahora,

está asustada...

No creo que sea tan malo. No, si me gusta, es que...

Ahora no quiero leer.

He mentido.

Al decirte que si miras a alguien, conoces el 50%.

Porque, cuando te miro a ti, no sé...

Apenas si llego a ver un 10%.

Y ese 10%...

(SUSURRANDO) No es malo. Eso no es malo.

¿O sí?

Hoy es mi cumpleaños, puedes felicitarme.

Muchas felicidades.

¿No piensas arrancar?

Tengo que decirte algo, mamá.

Ah. Debe de ser serio,

sino me lo habrías dicho mientras conducías.

¿Dónde está mi padre?

¿Vas a ir a verle?

¿Eso te molesta?

No.

Ni siquiera eso puede molestarme ya.

Hace un año exacto, el día de mi cumpleaños decidí

que debía hacer algo, no sé por qué.

Así que me maquillé un poco. Después...

Cogí el vestido menos viejo que tenía y fui a un bar.

Pedí un güisqui.

Entonces me puse a hablar con el camarero.

Era casi un crío.

Acababa de empezar a trabajar allí. Era su primer empleo.

Charlamos de esto y de aquello. y le dije que era mi cumpleaños.

Al cabo de cinco minutos,

se presentó con una vela en un plato de cacahuetes.

Y... yo me eché a llorar.

Lloré con tantas ganas que el chico se asustó y...

Apagó la vela y escondió el plato de cacahuetes.

Le dije: "No, no apagues la vela ni escondas los cacahuetes".

En este año no he hecho más que pensar en...

Aquel plato de cacahuetes y de cómo me hizo llorar.

Así que, este año me he preparado una tarta.

Sabía que si volvía a ese bar, al chico le daría un infarto.

Arranca el coche.

-Cinco minutos.

También le falta poco.

-¿Le hago daño? No, nada.

-Domina las uñas. No le pidas que te haga una permanente...

Pero con las uñas, es la mejor.

-Yo tengo diploma en manicura y todo.

A mí las cabezas y los pelos no me interesan.

Yo, de lo que sé es de manos.

¿También te gustan Milli Vanilli?

-Yo soy de Segovia.

Nosotros allí no sabemos nada de Milli Vanilli.

-Milli Vanilli es universal.

Muchas gracias. -Gracias.

-Pues, hasta la próxima.

No. -¿No?

¿Sabes? Las trencitas te favorecen mucho.

-¿Tú crees? Sí.

Adiós. -Adiós.

Hola.

Hola.

-¿Cómo estás, Ann?

Esta es Penny y esta Patsy.

Penny tiene seis años y Patsy cuatro.

-Son muy guapas las dos. No has perdido el tiempo.

Ni que lo digas.

-¿Qué hace tu marido? ¿Don?

Construye piscinas. -¿Así que piscinas?

Sí, le va bien.

-Yo tengo trabajo aquí.

Hago zapatillas de deporte.

Una zapatilla puede tener hasta 86 piezas, ¿lo sabías?

No.

-Verás, aquí cosemos los laterales y en otra cárcel las terminan.

Es un buen trabajo. Te creo.

-Siempre se necesitará el calzado.

Tu madre continuará odiándome.

Mamá odia a todo el mundo.

-Sí, pero seguro que a mí el que más.

Sí, a veces sí.

-Hay gente que no podemos

llevar la vida que los demás pretenden que llevemos, ¿sabes?

Por mucho que lo intentas

no lo consigues. Entiendo.

-Tú me crees, ¿verdad? Sí.

Te creo. -¡Es duro!

¡Saber que amas a alguien y no puedes hacerle feliz!

Les quieres pero no puedes...

Quererles como ellos quieren ser queridos. ¿Me explico?

Si me dices qué número calzan las niñas, les haré unas zapatillas.

Vale.

Quiero tocarte la cara.

Me acuerdo de cómo era su tacto.

He olvidado cosas pero esa no.

Y me acuerdo de que...

Antes de salir de casa, siempre ponías un disco de cascabeles.

Y entonces te ibas enseguida.

-Me gustaba oír aquella música que salía de casa mientras bajaba.

Era muy bonita. -Lo era.

Siempre era la misma. -Era la "Serenata de las mulas".

Era una preciosidad.

Cuídate mucho, papá.

-Y tú también.

Y no olvides enviarme la talla de las niñas, eh.

Descuida.

(Chirrido y portazo)

Eh, Penny, pásalo bien en el cole. Dame un beso.

¿Vale? Que tengas un día estupendo.

-Quiero que te pongas buena, mami. Tienes que ponerte buena.

Vale, tú, pásalo bien. -Adiós.

Patsy.

-Dame un abrazo, mami. ¡Te daré uno grande!

¿Qué te ha parecido este? -Muy bien.

Tengo que irme. ¿Tienes que ir al cole ya?

Vale. Entonces no quiero entretenerte.

Eh. -Eh.

¿Seguro que esto es anemia?

Deberías consultar con otro médico.

No, me han hecho cientos de pruebas y...

He estado tomando vitaminas, me han dicho que descanse.

Ya sabéis, yo os he cuidado cuando estabais malos.

Ahora os toca cuidarme.

-Vale. Me encantará cuidar de ti. Vale.

-Sí. A ver qué tal.

-Vale. Adiós. Adiós.

-Adiós.

Don, quiero que entiendas por qué no te dije que iba a morir.

Ese era...

El único regalo que podía haceros a ti y a las niñas, ¿sabes?

Ahorraros los viajes al hospital y todo el ajetreo, no sé.

Y un montón de horas muertas esperando.

Piénsalo bien y me darás la razón.

Ahora tienes que ser feliz.

Cuidar de las niñas y hacer que también sean felices.

Inventa un cielo para mí.

Que no se pongan tristes al recordarme.

Háblales de las grandes cosas que hicimos juntos.

Te quiero, Don.

Siempre serás el chico que secó mis lágrimas con su camiseta.

(CANTA EN INGLÉS)

Siento desafinar tanto, pero nunca he afinado bien.

Hola, mamá.

Bueno, sé que no me perdonarás que no te dijera que iba a morir.

En fin, una cosa más para reprocharle al mundo, supongo.

Te quiero. Sé que tú me quieres.

Y sé que adoras a las niñas.

Por favor, mamá, ¡díselo!

Intenta demostrarles que las quieres, un poco cada día.

Y procura disfrutar de la vida, aunque sólo sea un poco.

Puede que... quién sabe, tal vez algún día acabes ligando.

Sería divertido.

O podrías poner un anuncio en el periódico. No sé...

Creo que lo podrías pasar bien, eres muy guapa y...

Tienes un gran corazón. Tienes que intentar

disfrutar más de las cosas.

Por favor, ayuda a Don.

Cuenta a las niñas las historias que quieras.

Incluso las pelis de Joan Crawford.

(Música en la radio del coche)

Tu hermana sabe elegir las canciones.

¿Te gusta? Sí, es preciosa.

Es Blossom Dearie. ¿La conoces? No, ¿quién es?

¿Blossom Dearie? Ah, es una mujer fantástica.

Sigue cantando a sus 83 años.

¿83? Aún canta, en un pequeño local

que hay detrás de un restaurante chino.

Tiene una voz muy fina

y un cuerpo muy delgado. Y una personalidad...

83 Sí, 83.

Me encantaría llevarte allí.

¡Oh, Ann, me gustaría llevarte a tantos sitios!

Dime a qué sitios te gustaría llevarme.

Muy bien.

En el sur de Chile hay un desierto...

¡Alucinante! Es puro blanco. Y tan plano que la vista se pierde.

Lo único que rompe la línea del horizonte

son unas diminutas casitas azules.

Y por la mañana, el cielo se vuelve

completamente verde. Es como de otro mundo.

Ah, y en Argentina...

Hay un glaciar que, en primavera,

cuando llega el deshielo...

Se llena de enormes bloques de hielo.

¡Enormes! Son como edificios

que se deslizan hasta las aguas de un lago.

Y el corazón se revuelve dentro del pecho, es sobrecogedor.

Y México y Alaska...

¿Estás bien?

¿Qué te pasa? Es... no veré esos lugares.

Ann, ¿qué pasa? ¿Qué te ocurre?

¿No quieres decírmelo?

Lo siento mucho, Lee.

Necesito salir de aquí. Muy bien.

Camarero, ¿me trae la cuenta?

Gracias.

Siempre he querido venir aquí.

¿Puedes pedirles que metan esto en una bolsa para llevar?

Claro. Gracias.

Te espero fuera, ¿vale?

(Sirena de barco)

Tienes que irte.

No tardará en llegar, trabaja cerca de aquí.

Es mejor que él venga a buscarme. Esto me pasa a veces.

Ann, quiero decirte algo, debo decírtelo ahora.

Lee, yo... Te quiero.

Me he enamorado de ti.

Y creo que el mundo es un poco menos malo porque existes.

Siento que quiero pasar contigo... Compartir el resto de mi vida.

Y todo eso, las palpitaciones, los nervios,

el sufrimiento, la felicidad y el miedo.

Quiero... Deseo acariciarte a todas horas.

Quiero cuidar de ti y de tus hijas.

Incluso buscarle un trabajo decente a tu marido

y comprarte una casa digna.

Ten cuidado.

Eso suena al clásico enamoramiento.

Estoy enamorado. Clásicamente enamorado.

Con el clásico marido que está a punto de aparecer.

Y la clásica tristeza que llega cada vez que te marchas con él.

Y las lágrimas y los gritos y todos lo demás.

Me voy.

Pero no me gustaría ver que te vas con otro.

Con algún desconocido.

Así que estaré vigilando.

Salvo que sea tu marido.

(Una puerta se cierra)

Me da mucha vergüenza, te invito a cenar y te encargas de todo.

-No, tranquila, sólo hay que calentar esto.

-No sé cómo vas a ese restaurante.

Ya me encontraba bien.

-Una anemia tan fuerte hay que tomársela en serio.

-Sí, escucha a la enfermera Ann, Ann.

(NIÑAS) ¡Ann, Ann, Ann, Ann!

-Muy bien. ¿Sabéis lo que os digo?

Que vayáis a lavaros las manos.

-A lavarse, niñas. -Vamos.

Hay que lavarse las manos porque esto está listo.

-Don. Tú también. -¿Sí?

De acuerdo, jefa.

"Rezas para que esta sea tu vida sin ti.

Rezas para que las niñas quieran a esta mujer que se llama como tú.

Y para que tu marido acabe por quererla.

Para que vivan en la casa de al lado y las niñas usen

el remolque para jugar.

Y apenas recuerden a su madre,

que dormía de día y las llevaba en canoa.

Rezas para que tengan momentos de felicidad tan intensos,

que cualquier pena parezca pequeña a su lado.

Rezas a no sabes qué ni a quién, pero rezas.

Y no sientes nostalgia por la vida que no tendrás.

Porque, para entonces, habrás muerto.

Y los muertos no sienten nada. Ni siquiera nostalgia".

(SUBE EL VOLUMEN DE LA RADIO)

(GRABACIÓN) "Mi querido Lee.

Imagino que cuando te llegue esta cinta ya sabrás que he muerto.

Y, bueno... esas cosas.

Quizás estés enfadado conmigo o dolido o triste o molesto.

O quizás todo a la vez.

Sólo quiero que sepas que me enamoré de ti.

No me atrevía a decírtelo porque...

Pensé que, en cierto modo, lo sabías.

Y no me di cuenta de cómo se iba el tiempo.

Tiempo es la única cosa que no me ha sobrado últimamente.

La vida vale más de lo que crees, amor mío.

Lo sé porque...

Tú llegaste a enamorarte de mí, aunque sólo vieras, ¿un 10%?

¿O un... cinco tal vez?

Si hubieras visto todo, quizá no te habría gustado.

O te habría gustado, a pesar de ello.

Ya nunca lo sabremos.

Ah, una última cosa, Lee. ¡Por el amor de Dios,

pinta las paredes y compra algunos muebles! ¿De acuerdo?

No quiero que la próxima mujer que lleves a tu casa

se haga una idea equivocada y escape antes de conocerte.

No todas están tan locas como yo.

Me encantó bailar contigo".

(Música melancólica)

Versión española - Mi vida sin mí

10 feb 2019

A una joven madre la pronostican que le quedan dos meses de vida. Con la sensación de que su vida ha sido un sueño, confecciona una lista de cosas que hacer antes de morir, entre otras, vivir una aventura extramatrimonial y encontrar la manera de permanecer en el tiempo en la memoria de sus hijas.

Contenido disponible hasta el 17 de febrero de 2019.

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