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No recomendado para menores de 12 años Versión española - Mi panadería en Brooklyn (coloquio) - ver ahora
Transcripción completa

Final feliz para los protagonistas

que nos deja un excelente sabor de boca.

Aquí seguimos con Gustavo Ron,

coguionista y director de la película.

Buenas noches de nuevo. Buenas noches.

Samantha, otra vez buenas noches. Buenas noches.

Estábamos aquí disfrutando de Nueva York.

Ya superambientada.

Vamos.

Enrique, buenas noches. Buenas noches.

Ay, perdón. No me llames Dimitry.

No te iba a llamar Dimitry.

Lo sabía.

-La hemos visto intensamente.

-Sí, sí, sí.

Bueno, yo empezaría hablando de algo que es la herencia,

que es un concepto muy bonito de la película

y una herencia que es física,

que es la propia "boulangerie",

que tiene además cierta complejidad porque carga algunas deudas,

y una herencia que me gusta más

y que tiene mucho sentido en la peli

y que es el legado de valores.

¿Cuáles de esos valores os gustan más?

¿Cuáles destacaríais? ¿Cuáles son más útiles?

Vamos a empezar por ahí, venga.

A mí me da envidia la herencia.

Me da envidia cuando la tía se muere

y le regala la "boulangerie".

Aunque tenga deudas,

me da una envidia que me muero en ese momento

porque me parece lo más bonito que te pueda pasar.

No que se te muera la tía,

pero heredar un negocio tan apasionante

como una tienda en medio de Brooklyn,

en esa esquina maravillosa, con esa luz,

con esa cocina que es increíble...

Me extraña un poco la reacción, ¿no?

Ese miedo escénico que también puedo entender

que tienen al principio

cuando se enfrentan a llevar el negocio.

Pero a mí me da envidia.

No me extraña.

Envidia sana. Envidia sana, efectivamente.

Acordamos que te ibas a Europa

y yo me hacía cargo de la "boulangerie".

-Pero le prometí a Isabelle una cosa.

Le dije que cuidaría de este sitio.

Ahí se enfrentan a una situación de "qué hacemos".

¿Mantenemos lo que nuestra tía quería

que era la cocina de toda la vida?

Sobre todo, en el mundo de la bollería.

La bollería de tradición italiana.

Esa forma de hacer que es muy particular.

-Gracias. -De nada.

O nos vamos a lo que se está haciendo

que es el mundo de los "muffins"

y de esa repostería más moderna y americana, ¿no?

Y, después, el mensaje.

El valor de decir

que no necesitas salir de tus raíces para poder innovar.

Al revés.

Que seas muy fiel a tus sabores y la forma de hacer las cosas

va a conseguir

que termines siendo mejor que los demás.

Yo me quedo con eso.

Para mí eso es muy aplicable al cine.

¿Qué opinas de eso que acaba de decir?

Creo que nosotros premiamos mucho

cuando hablamos en "Masterchef" y en nuestra vida profesional

heredar lo que has aprendido en tu familia.

Es bonita esa parte

cuando viene el proveedor de congelados

que no lo quiere ni ver.

Me gusta

porque hay que luchar por conservar la tradición.

Creo que sin tradición no existe todo lo demás.

Toda la vanguardia y todo lo que se hace después

tiene una base de tradición

y cuanto más casero sea todo, más bonito es.

Creo que perdemos un poco hoy en día

por el tema que nos obsesiona a todos

que es el beneficio, el "profit".

El famoso "profit" que yo no puedo soportar,

porque todo lo tenemos que contabilizar

y todo se tiene que hacer rápido para ganar más.

No.

Me da igual ganar menos, pero quiero que esté espectacular.

Para mí es la parte bonita de la película.

Sabes perfectamente

que hemos hecho la bollería siempre a mano.

¿Por qué iba a cambiar nada ahora?

Vende tus cruasanes de plástico a una cadena de restaurantes.

Nada va a cambiar aquí.

Enrique.

Para añadir se me ocurre el triunvirato de parejas.

Serían Blanca e Ian,

Chloe y Aitor,

y, luego, el abogado guapo americano con ella.

Lo que sí que veo que hay una...

Como que está tratado muy bien por parte de guion

y, luego, por parte de interpretación

que ellos experimentan un cambio por amor por ellas.

Él, por ejemplo, un abogado.

Le van a echar a la calle,

pero se pone de lado de ella porque se ha enamorado.

El personaje de Aitor

que empieza siendo arrogante e insoportable

acaba completamente cambiando porque se encuentra con el amor

y el personaje de Ian va a casi dar la vida por ella

en ese momento de "Arsénico por compasión".

Qué bonito. Muy parecido.

A mí esas cosas me tocan mucho

y creo que es una buena manera,

en este momento, además, en el que estamos,

de señalar

que los hombres podemos cambiar por amor

y hacer las cosas bien en un momento dado.

Los tíos sois como esos regalos en que lo mejor es el envoltorio.

-Las tías sois como los melones...

-Acaba esa frase y no volverás a pisar este local.

Creo que es una fábula que invita a reflexionar

sobre el compromiso, sobre el esfuerzo,

sobre la lucha, sobre las cosas bien hechas,

sobre perseguir los sueños,

sobre la integridad de los personajes,

sobre el legado...

Sobre todo, cosas muy importantes y muy necesarias en la vida, ¿no?

Sí.

Es verdad que cuando me planteé escribirla

viniendo de "Vivir para siempre",

quería hacer algo mucho más ligero.

Y por eso quería introducir temas que fueran surrealistas.

Quería volver a los años 50 o "Arsénico por compasión".

Ese tipo de comedias

que no necesitan justificar cosas absolutamente surrealistas

como dos ancianos que son asesinos en serie.

Por cada cinco litros de vino añejo pongo una cucharadita de arsénico.

Luego, media cucharadita de estramonio

y añado una pizca de cianuro.

-Es un buen combinado.

Marta, tal vez, podrías prepararnos un té.

¿Marta?

El otro día dijo que su nombre era Laura.

-Tomad asiento.

Y quería ir más por esa línea,

pero cuando te metes

con el tema de cómo sacamos la panadería

y cómo podemos hacer que un barrio entero se vuelque

para que esto tenga sentido

tienes que tirar de la pasión.

No solamente la pasión de lo que estás diciendo,

sino también con mucha convicción

de que al final esa pasión te va a llevar a ganar.

Pase lo que pase tienes que ser muy fiel a eso

y esa pasión te va a llevar a ganar al final.

Samantha, trabajaste y estudiaste en Nueva York

y supongo que la película te ha trasladado emocionalmente.

Me encanta ver películas de Nueva York

y de Brooklyn y de cualquier sitio de Nueva York

porque me llena.

Me gustaría que me contaras tu experiencia

porque creo que ibas en patines repartiendo paellas por la vida.

Me encanta contar la historia

porque la gente cree que la llevaba en la cabeza.

Y no, no.

Me fui a vivir a Nueva York en el 95 cuando acabé de estudiar cocina.

Había acabado de estudiar y trabajar y no sé qué

y me tenía que poner a trabajar en Madrid.

Ya hacía mis pinitos de cáterin.

Siempre he trabajado y cocinado en casas

para ganar mis dineritos.

Me fui a Nueva York con una mano delante y otra detrás

y me llevé una paella.

Una paella para 40 personas en el avión

como equipaje de mano.

Yo llegué a Nueva York y hacía paellas a domicilio

para la gente española que vivía en Nueva York,

-Yo estaba ahí. -Sí, estabas ahí.

Pero, bueno, qué buena idea.

Del 94 al 97 estuve allí.

-Estoy segura de que hemos coincidido.

-Me suena, sabes que sí.

-El principio de la fiesta era la paella.

Luego, se complicaba porque he sido muy fiestera.

No es ningún secreto.

Me iba a China Town, "one pound", "one pound" no sé qué,

con la lista entera que sabía de memoria.

Mi lista de compra,

iba a los chinos y compraba arroz y mis verduritas,

todo a una mochila y con la paella en la mano subía.

Calle 72,

un autobús en la tercera avenida y para arriba.

Ya era un control ya...

Tenía la paella, la bolsa y tal.

Llegaba a la casa del señor, llegaba a las 17:00,

picaba, mi sofrito y empezaba y luego...

Yo siempre comparo la paella al volante de un camión

porque tenía cuatro fuegos eléctricos

que son los que hay, era una cocina muy grande

e iba alternando para que el arroz no se pegara.

Y, bueno, salía un poco quemada,

poco hecho por aquí y muy hecha por allá,

pero para ellos... La pera.

Les encantaba.

Era mi negocio.

Yo ahí me hice unas tarjetas.

Me llamaba Samantha Vallejo-Nágera y dije:

"Esto no va a funcionar".

Puse Samantha de España.

Por eso, me llamo Samantha de España.

-Por eso la conocía como Samantha de España.

Qué pena no haberte conocido

porque a un valenciano

saber que se podía comer una buena paella

en aquellos años

le hubieras dado la vida.

-Estoy segura de que nos hemos conocido.

Creo que rodar en Nueva York no era la idea de partida.

Beatriz Bodegas, que es la productora,

había rodado allí "La vida inesperada",

una película de Jorge Torregrossa y guion de Elvira Lindo

que protagoniza Javier Cámara

que hemos visto en el programa,

y te animó a que Brooklyn fuera el escenario.

Ellos habían estado justo el año anterior.

Yo, cuando conocí a Bea,

estaba explorando la posibilidad de hacer Londres y Bucarest.

Entonces, se estaba complicando todo y ella nos lo dijo.

Jorge Torregrossa también me contó

que la experiencia había sido maravillosa,

que había estado muy bien y que habían estado.

Es una ciudad

que gestiona noventaitantos rodajes al año.

Son auténticos profesionales en lo que significa ir a rodar

y te ponen todo tipo de facilidades.

Al contrario que otras ciudades del mundo,

que lo consideran una agresión.

Todo el mundo quiere rodar aquí

desde "Érase una vez en América"

y nosotros también queríamos.

En lugar de decirte que imposible, te dicen:

"Sí, pero el 22 de noviembre".

Están tan acostumbrados a tener rodajes

y hay tantos rodajes

que hay profesionales del revientarrodaje.

Es gente que se planta,

porque sabe dónde está este rodaje, a nosotros nos pasó,

empieza a hacer ruido,

tienen todo el derecho a cantar o lo que sea,

y si quieres que se vayan, les tienes que dar pasta.

Y a nosotros nos pilló en mi primera secuencia,

que además estaba con el acento ruso en la cabeza,

como que lo tenía que oír y repetir.

-Había un tío con un martillo. -Con un martillo enorme.

Se le fue, se le dio X dinero y ya dejó de...

Pero qué arte, ¿no?

La picaresca. Oye, que es trabajo.

-Sí, sí.

Están tan acostumbrados que saben que se gana dinero.

Es gente que va a reventar rodajes. Qué gracia.

¿Tienes algún título o algún autor que os sirviera de referente?

Es verdad que me fui al mundo de la cocina.

Me metí, sobre todo, en una cosa muy divertida

que es la cocina como alimento para estados de ánimo

y como elemento de curar.

Pero a nivel psicológico.

Es decir, este tipo de ensalada con estos alimentos concretos

te eleva el estado de ánimo, ¿no?

Me empecé a leer libros.

Estaban en inglés.

Se llamaba "Mood food".

Básicamente, te llevaban a alimentos y a lo que hacían.

El chocolate como antidepresivo que todo el mundo conoce.

Descubrí también que servía para las dos cosas.

Para relajarse y activarse dependiendo de con lo qué mezclaras.

Decías:

"¿Con qué personaje te identificarías más?".

Cuando estaba allí escribiendo, con Chloe,

porque me metí a lo loco a ese mundo de antioxidantes,

de cómo los alimentos te regeneran por dentro.

Y también cambié mi forma de comer, que es curioso.

¿Por qué?

Porque no era nada fan de las ensaladas

y descubrí que es el invento del siglo.

-¿Una calada? -No, no fumo.

Y tú tampoco deberías.

-Lo sé, lo sé.

No deberías caer nunca en tu trampa.

Vamos a hablar de tu personaje,

que aporta un tono de humor a la trama.

Dime cómo creaste a Dimitry

cómo ensayas ese acento que pedía el director.

Te puedo decir incluso cómo es el antes del rodaje.

Me llama el productor que estaba en la película

y me dice:

"Está Gustavo Ron que va a hacer una película".

No me explicó el género.

Me dice:

"Y sería para hacer de traficante ruso".

¿Perdona? ¿Hola? Me encanta.

Digo: "Ramiro, estás hablando con Enrique Arce".

Dile que sí.

"¿Cómo que traficante ruso?". "Sí, es un traficante".

Primero me imaginé a un malo.

Un traficante tal y cual.

Digo: "Bueno, ruso...".

"Sí, porque necesitan españoles y tú hablas inglés".

Ya hablando en la comida nos enamoramos.

-Fuimos a comer a Valencia.

-Fuimos a comer una paella a un sitio en Valencia.

Nos dimos cuenta de las cosas que teníamos en común

y me dijo:

"Ya está, el papel es tuyo".

Hubo una parte del proceso en la que él dijo:

"¿Te atreves a hacer el acento ruso o lo cambiamos a un latino?".

¿Te acuerdas de ese momento?

Lo podemos hacer latino.

-No fue un momento de no creer en él,

sino de decir:

"Ya lo tenemos, le voy a dar la opción".

Si se siente más cómodo, me da igual.

Puede ser puertorriqueño, cubano...

-Y me leí el guion y dije:

"Esto es muy bonito y tiene que ser un ruso".

Y una cosa preciosa.

Estudié la carrera en Nueva York

y justo pude tener la oportunidad de trabajar este personaje

con el que había sido mi profesor de dicción

20 años antes.

Me...

Fue una cosa muy bonita reencontrarme con él.

Pero ya no como alumno,

sino como profesional que está trabajando

y que le contrata.

Eso fue precioso.

Y era su último año además en la American Academy.

O sea que fue un regalazo todo el proceso.

-Aprendió a hablar ruso.

-Es increíble. -Sí, sí.

-He visto la peli,

pero durante todos estos años

me he olvidado completamente de muchas cosas

y el trozo final que yo digo en ruso

me lo sigo sabiendo de memoria.

A ver.

(HABLA EN RUSO)

Eso lo tengo metido.

Me lo curré tanto...

Muy bien.

¡Bravo! ¡Bravo!

De vez en cuando, cuando no sé dónde está,

me llega un wásap y me lo graba.

-El tío es pánico. Dices: "No sé qué está diciendo".

-Es el final de "Crimen y castigo". -El final.

Pero me lo tengo que estudiar bien porque no vale...

-Tiene que ser como... -Tuyo.

-El padrenuestro.

La cocina es alquimia de amor.

Los lunes, desde hoy,

demostraremos que comer bien puede hacerte más feliz.

El actor Aitor Luna, que da vida a Fernando Mendilíbar,

se llama el personaje,

que es una estrella, seductor, arrogante

y con un programa de televisión.

Quiero que me digas

qué te ha parecido el dibujo de ese personaje.

Lo veo un poco exagerado porque no tiene por qué ser así.

Yo estoy en un programa con mis dos compañeros

y no les veo...

Me choca un poco.

Está gracioso para la película, pero no tiene por qué ser así.

He hecho programas de este tipo.

Es divertidísimo.

Yo me lo pasé muy bien cuando hice mi programa.

Se llamaba "El toque de Samantha".

Y este tipo de cosas me sonaba tanto al plató,

la otra que estaba preparando, que la has quemado...

Esas broncas de último hora, que no te sale lo que quieres...

Sí, pero sin arrogancia.

(HABLA EN INGLÉS)

Hablando de disciplina,

Aitor llegó a esa película sin hablar mucho inglés.

-Sí.

-Tú lo ves y parece que lleva toda la vida.

Es porque le metió tantas horas,

tanto trabajo y tanta voluntad...

-Se obsesionó. -Es un crac.

-Y yo creo que a partir de ahí...

Se compraba todos los...

Me decía: "Vámonos".

Íbamos a librerías en Nueva York

y se compraba libros de cómo pronunciar, de esto...

El tipo es superdisciplinado y supertrabajador.

Es muy difícil hacer un papel en comedia

cuando no es tu idioma y cuando ni siquiera lo...

Ahí rompo una lanza por él porque estuvo fantástico.

Es maravilloso.

No había hecho comedia en cine.

Era la primera vez y había un montón de cosas.

Tienen mucho mérito los tres.

Y es un gran cocinero.

Anda, ¿sí?

Es una cosa que iba a decir.

Cuando hemos grabado,

que hemos hecho "Masterchef" con Paz Vega,

la veía cocinar y dije:

"Le va a salir más trabajo de cocinero

porque hoy en día está de moda las películas de cocina

y el papel de una actriz que sepa cocinar...".

Hay veces que yo lo noto mucho.

Me falta el carpacho.

Sacar el carpacho para que esté fresquito

y cortarlo y ya.

Es fácil coger hábitos,

pero creo que se nota

la persona que cocina todos los días.

Eso es verdad.

A ti se te notó, a Paz también...

Por ejemplo, Ona Carbonell, que ganó el año pasado,

se había preparado para "Masterchef".

Pero una cosa relámpago.

No cocina en su casa y eso se notaba.

Se preparaba los menús que te mueres.

Siempre he visto una gran relación entre ambas profesiones.

Aunque no lo parezca.

Siempre he dicho

que la hostelería es la preproducción de una película

en la que no llegas a empezar ni terminar de rodar nunca.

Estás preparándote para algo que tiene continuidad.

-Es la "mise en place".

-Exacto.

La "mise en place". No llega nunca al servicio.

-Trabajas bajo muchísimo estrés

y para servir cosas que son tremendamente exquisitas.

Como pequeñas obras de arte que es eso que hacemos nosotros.

Como decía Fernán Gómez: "Esperar para correr".

-Lo nuestro es más efímero y lo vuestro se queda en el tiempo.

Una película se queda y un plato te lo comer y ya está.

Y una función de teatro también, Samantha.

Sería lo mismo, ¿no? Sería un plato.

Hay una cosa muy chula

que la película expresa maravillosamente.

"La cocina es alquimia de amor".

Es amor y es sexo.

Es erotismo puro o puede serlo.

¿Cómo mezclan el sexo y la comida?

¿Cómo casa esto?

Me encantan las escenas en la cocina de amor.

Creo que son cosas muy cotidianas las dos.

Muy del día a día.

No hace falta tener nada para hacerlo.

-Sí.

Es verdad.

Desde que vimos "Como agua para chocolate", ¿no?

Yo creo que es como la vida misma.

Tal parecía

que un extraño fenómeno de alquimia, no solo la sangre de Tita,

sino todo su ser,

se había disuelto en la salsa de las rosas.

Es como todos los sentidos puestos a juego

y a mí me parecía muy divertido jugar con eso en la comedia.

Quizás lo explotamos menos de lo que podríamos haber hecho.

Estoy trabajando en una cosa que lo explota mucho más

porque al verlo vi que funcionaba muy bien.

Os funciona muy bien.

Yo me acuerdo cuando rodábamos untar mermelada

y ese día bajaban todas las chicas a plató

porque se hacían muchísima gracia.

Parecía una especie de "show" de "boys".

"Vamos a pasárnoslo bien viendo esto".

Era muy divertido rodar aquello.

Pensé: "Lo hemos estirado poco".

Estoy empezando a sentirme como una tostada.

-Espera.

Viendo tus películas, Gustavo,

se nota que disfrutas mucho dirigiendo a los actores.

Quiero que me cuentes

por qué a los americanos les sorprendía tu forma de dirigir.

Yo ahora ya no puedo decir

que donde más he trabajado es en Inglaterra

porque llevo tres años en España con "Velvet" y "45"

y ya vamos igualando fuerzas.

Pero en Inglaterra se trabaja mucho

desde el respeto de unos hacia otros.

Entonces, cuando estás en "set", hay mucho silencio

y estás acostumbrado a no gritar las instrucciones,

sino a trabajar con la gente incluso casi susurrando.

Y a la gente la tratas de usted.

Es decir, dentro del respeto profesional.

No vas empujando a nadie.

Por lo visto,

estos chicos con los que hemos trabajado

tienen mucha carrera de series en Estados Unidos

donde se saca el látigo y van a machete.

Qué horror.

El primer día que rodamos,

además esto me lo decía tu compañero maravilloso...

-Ian.

-Griffin. -Griffin.

Decía:

"Nunca un director me había tratado tan bien".

Nosotros nos mirábamos como diciendo:

"Si no he hecho nada".

Simplemente, hemos hablado de lo que vas a hacer

y te he dicho que está fenomenal y que vamos a tirar más por aquí.

Nada más, ¿no?

Es que ante el mal trato depende del actor.

Yo me bloqueo. No sé tú, Enrique.

Como te estén metiendo caña... Yo creo que no se puede.

-He tenido de todo

y te puedo asegurar

que no lo gestiono ni mal ni bien.

Creo que hay personas que...

Una época se pusieron...

Te acordarás tú.

Hubo una época en la que se puso super de moda

que el buen ayudante de dirección tenía que ir pegando gritos

como un descosido.

Y era un patrón,

sobre todo, en los ayudantes de dirección.

Y era un patrón

y veías que detrás no había ninguna maldad.

Había una forma de.

Y, de repente, eso dejó de estar.

Hay personas que lo tienen y personas que no.

Con los directores pasa lo mismo.

Intento entender quiénes son, cuál es su idiosincrasia,

de dónde vienen y por qué hablan así.

Sé que nunca hay nada personal.

Sé que piensan que es lo mejor para mí,

pero soy bastante duro a la hora de...

No me bloqueo.

Ni me sube ni me baja.

Voy con los deberes hechos y hago lo que tengo que hacer.

Culturalmente,

el americano está más preparado para funcionar mejor

desde la presión, el insulto y tal.

Es algo cultural de ellos.

Los rusos ya lo han llevado al extremo

con estas entrenadoras de gimnasia que las machacan y hacen "bullying".

Y, sin embargo, sí que da resultados.

Yo creo que en España estamos acostumbrados a otra cosa.

-Los latinos somos muy disfrutones.

Hay que disfrutar trabajando y hay que comer

y hay que parar y no sé qué.

A veces, demasiado

porque yo creo que se tarda mucho en hacer las cosas,

pero creo que también lo disfrutamos.

Yo creo que la gente viene a España

y se da cuenta de lo maravilloso que es vivir aquí.

Aquí se viene a dejarse la piel.

Lo más importante: seguridad.

Además, te ha salido bien. Está rico.

Nosotros, al final, valoramos realmente lo que vemos

y valoramos el esfuerzo, la actitud...

-Tenéis muchísima presión

porque se supone que nunca podéis fallar.

Vas con la presión de hacerlo fantástico

porque eres quien eres.

-Nadie me invita a su casa.

Es un horror porque creen que soy un ogro.

A ver, me encanta comer de todo, pero es un poco lo que dices tú.

Y, bueno, cuando entrevisto a chicas para cuidarme a los niños,

para trabajar en mi casa,

no quiere ninguna

porque creen que yo quiero esferas

en el día a día de la comida de mis hijos

Macarrones en esferas con chorizo en esferas y espuma

Yo como normal.

Macarrones con chorizo, filete... Lo de siempre.

Y me encanta comer normal, pero rico.

Nada más.

Háblame del personaje de Blanca Suárez.

Blanca...

A ver qué opinas tú.

Cada uno ha tenido que ensayar un acento.

A ella le tocaba hablar inglés con acento chileno.

Es verdad que mi coguionista es de Chile

y se vino a Nueva York e hizo de "coach" con ella.

Pero también tela marinera que hacerse el personaje...

Además, para que funcione en la trama,

al doblarlo al español, hace de italiana

y añadía mayores dificultades cuando se tenía que doblar y demás.

Yo creo que está brillante ella.

Es como decías antes, un ángel. Es un ángel.

Es una luz. Es un ángel.

(HABLA EN INGLÉS)

Creo que debemos hablar de la parte formal de la película

porque tiene una factura impecable

y quiero saber qué transmitiste al equipo,

qué les pedías, qué querías que te dieran...

Por ejemplo, con la fotografía de Miguel Gilaberte,

la música de Lucio Godoy...

¿Cuáles han sido las secuencias más complicadas?

Lo más complicado de rodar

fueron los lugares más icónicos de Nueva York

porque tienes...

Como te decía antes,

te dan un día concreto para rodar

y cualquier cosa que te dejes en el tintero

ya no puedes volver.

Yo me llevé a Miguel a Brooklyn.

Él se conoció...

Como tres meses antes de rodar se tiró ahí conmigo...

Nos pillamos un piso por Airbnb

y recorrimos las localizaciones donde íbamos a rodar

y teníamos todo superpateado. Qué bien.

Hasta sabíamos las horas del día en que había que ir

para que la luz fuese buena.

Ahí fuimos muy al milímetro.

¿Y qué le pedías a Lucio Godoy para la música?

A Lucio le lancé una propuesta un tanto surrealista

porque le lancé una tarantela mexicana,

la de "Sal al balcón", que era como de mariachis,

y le pedí que la convirtiera en el "leitmotiv" de la película.

Como Lucio es guerrero por naturaleza,

él iba a contrarrestar con una propuesta.

Tuvimos muchas tormentas de ideas

y, al final,

la mezcla de ambas cosas fue maravillosa

y él supo llevar muy bien

la melodía de cuento que queríamos crear.

Me parece de los mejores trabajos que le he visto a Lucio

en cuanto a orquestación y a melodías.

Y después tuvimos la suerte de poder ir a Londres

a grabar con la sinfónica de allí y en los estudios.

Fue un lujo.

Lo disfruté un montón.

Tendremos que observar y estudiar y cuando estemos seguros, actuar.

-¿Y mientras tanto?

Rodaste con Fernando Fernán Gómez en "Mia Sarah" en 2006,

poco antes de que falleciera,

y creo que tuvisteis buena relación y te dio más de algún consejo.

No sé si quieres compartir algo con nosotros, Gustavo.

Pues tú también has trabajado con él.

Yo ahora estoy trabajando con Pepe Sacristán,

que es como lo más parecido que hay a Fernán Gómez.

Él dice que está en tercero de Fernán Gómez.

Sí, sí, sí.

Y yo muchas veces me doy cuenta de que se le echa de menos.

Sobre todo,

lo que decíamos antes de nuestra profesión.

La de cosas que aprender de alguien con tanta experiencia

y, sobre todo,

lo divertidas que eran todas las conversaciones con él

sobre cualquier tema.

Esa cosa innata que tenía él

de llevar la contraria a quien fuera por la diversión de hacerlo.

Yo tuve la suerte

de que me invitaba a sus tertulias de los lunes en su casa

y allí conocí a Pepe y Manuel Sande y Álvaro de Luna

y mucha gente...

Penélope Cruz, por ejemplo, pasaba por ahí de vez en cuando.

Y para mí fueron años muy entrañables.

Fue una maravilla

poder pasar con él esos últimos años de su vida

y se murió cuando estaba yo en Estados Unidos.

Cuando ya volví, ya había muerto.

Estuve allí en el teatro con Emma y con todos sus amigos

y después se le ha echado un montón de menos.

Es una generación que ha marcado nuestra historia.

Totalmente.

Creo que son referentes en muchas cosas.

Sí.

Yo creo que también es bonito,

ahora, por ejemplo, cuando he estado haciendo "Velvet",

el ver cómo los actores nuevos tienen la oportunidad

de trabajar con Pepe Sacristán.

Que es de lo que nos queda.

Es el eslabón que nos une con aquellos.

Quedan muy pocos actores de esa generación.

Y se aprende mucho viéndolos trabajar.

Solamente viendo cómo se paran en el "set"

y esperan su momento.

Tienen una disciplina y un saber hacer

que no te lo enseñan en las escuelas y tienes que verlo.

-Sí.

No protestan nunca.

-No, nunca.

-De repente, tienes a Concha Velasco

y no te dice:

"Oye, mi escena no está puesta ahí".

-Yo creo que no hay que perderlo de vista

porque en ese momento empiezas a perder el terreno.

Creo que es muy importante

ahora que vivimos tiempos un poco confusos

protegernos entre nosotros también.

El defender mucho mucho la cultura.

Eso es fundamental.

Fundamental, fundamental.

Muchísimas gracias a los tres.

Hemos pasado un rato delicioso, igual que la película.

Gracias, de verdad,

por haber sacado tiempo para estar con nosotros.

Ha sido un placer enorme

y ha sido una genial idea invitar a Samantha

para hablar de cine,

de repostería, de cocina y todo esto.

Samantha, millones de gracias. Gracias a vosotros.

Me ha encantado la peli.

Ha sido un programa de cocine.

¡Muy bien! ¡Sí, señor!

¡Sí, señor!

Gracias a los tres, de verdad.

Te invitaremos a cenar a casa.

Pero no innoves, no innoves.

Muchas gracias.

Hasta aquí nuestro delicioso programa de hoy.

Ya sabéis que os esperamos la próxima semana

para seguir compartiendo el mejor cine español reciente.

Mientras tanto,

como dicen los compañeros de "Masterchef",

póngale sabor a la vida.

Eso te iba a decir yo.

(Música)

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Versión española - Mi panadería en Brooklyn (coloquio)

13 may 2019

En el coloquio participan el director, Gustavo Ron, director de "Mi panadería en Brooklyn", el actor Enrique Arce, y Samantha Vallejo, Jurado de MasterChef.

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