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No recomendado para menores de 12 años Versión española - Pan negro - ver ahora
Transcripción completa

Culet...

Culet...

(CON DIFICULTAD) -Pitorliua...

¡Pauleta!

¡Pauleta!

-¿Qué? El carro de Dionís se ha despeñado

en el bosque. -¿Pero qué dices?

¿Y Culet? Estaban ahí tirados,

para mí que están muertos.

-¿Dónde están? En la curva de la paja.

-Quien la hace, la paga.

¿Cómo estás? Bien.

Enseguida iremos a casa, tu madre está muy preocupada.

-Venga, un, dos, ya.

-Farriol, espera. Toma, pasaos mañana por el cuartel,

el alcalde y el juez también querrán veros,

es por el testimonio del chico. Se ha portado muy bien.

Los papeles, ¿sabes? Ahora todo es un mar de papeles.

No tenías que pararte. ¿Pero, padre...?

Ni padre no hostias, ya verás lo que nos espera ahora.

Anda, tira. ¿Qué, qué ha pasado?

Dicen que un accidente por un corrimiento de tierras.

Ay, Virgen santa, qué muerte más triste.

Y el pobre Culet, que apenas empezaba a vivir.

Desde la guerra este bosque está maldito.

¡Florència! No le metas más miedo al crío.

Padre, ¿les pongo la pinza?

¡Padre! ¿Qué?

Si les pongo la pinza, estos siempre tiran

la comida al suelo. Estás en todo tú, ¿eh?

Va, pónsela.

¿Y los pájaros de Culet y su padre?

¿Ahora quién los cuidará?

Pauleta, supongo.

LO malo es quién cuidará de ella. (GRITA) ¡Andreu, Andreu, baja!

Llegues tarde a la escuela. Eh, antes hemos de ir a ver

al alcalde y al comisario. Pues yo no puedo esperar,

tendría que estar en la fábrica.

¿Quién firma, este o yo? -Los dos.

Andreu.

-Aquí está escrito lo que nos has dicho.

¿Sabrás escribir tu nombre, no? Tan buen estudiante

que dicen que eres... Ahora firma.

-Pobre mujer. Andreu, aquí pone que el niño

aún no estaba muerto cuando lo encontraste.

¿No le dio tiempo a decir nada? No.

-Un nombre, algo, para nosotros es importante.

Bueno, dijo algo raro... Me pareció que decía Pitorliua.

-¿Y te suena de algo ese nombre? Hay un pájaro que se llama así.

Uno pequeño que es muy manso. -Sí, sí, sí,

pero aparte del pájaro.

La gente dice que en la cueva de las Baumas

hay una especie de fantasma al que llaman Pirtorliua.

-Llévate el chico a la salita y que le den un café con leche,

se ha portado muy bien. Y tú espera, no hemos terminado.

-Aunque parezca un accidente, cuesta creer.

Pensamos que alguien se ha cargado a Dionís Seguí.

Y, fantasías del niño aparte, todo esto también nos recuerda

a aquello de Piturliua.

-No te preocupes por nada, zagal. ¿Qué has dicho?

-Que no te preocupes, chaval.

Ahora te darán de merendar.

-El pan blanco no es para ti, coge el otro.

-Siempre habéis sido culo de mierda, tú y Dionís, ¿eh?

Demasiados negocios juntos, los pájaros, los sindicatos

y otras cosas de las que es mejor ni hablar.

Yo de ti iría con cuidado, hay muchos que aún

os la tienen jurada. ¿Se ha acabado ya el sermón?

-Solo quería avisarte. Quedan muchos rojos por depurar.

Sería una lástima que acabaras como Dionís,

no por vosotros, por los críos y las viudas

que no se metieron en nada.

Andreu, Andreu, va, deja eso, que nos vamos.

-Se ve que no eres como tu padre, tú irás por buen camino.

Irá por donde nos dé la gana, no es cosa tuya.

-No eligió muy bien, no, Florència. ¿A ti tendría que haberte elegido?

-Mejor le hubiera ido.

Estos desgraciados, muertos de hambre...

¿Qué haces? Las maletas, ¿no lo ves?

¿Y a dónde vas? A Francia.

El comisario cree que a Dionís Seguí

lo han asesinado. ¿Qué, quién ha sido?

No sé quién, puede haber sido cualquiera,

hasta uno de esos renegados del ayuntamiento,

y ahora estoy seguro de que irán a por mí.

¿Por qué? Porque Dionís y yo no

significamos demasiado, Florència.

No tenías que haberte metido en política.

Defendía mis ideas. Sí, ya ver dónde te llevan,

yo trabajando como una burra

y tú contus pájaros y de tus ideales,

mira lo que has conseguido. Todo lo he hecho

para que no falte de nada en esta casa.

Y ahora igual. Hablaré con los dueños de la casa

de mi madre antes de irme por si os pueden ayudar.

Menudos son los Manubens, donde meten las narices

todo acaba mal.

¿O es que ya no te acuerdas de la desgracia de Pitorliua?

(GRITA) ¡Me cago en Dios! ¿Cómo me voy a olvidar

si siempre me estás jodiendo con la misma historia?

¡Estoy harto de oírtelo, me voy basta!

Si sales por esa puerta, te mataré todos los pájaros,

porque yo no pienso subir al altillo a darles nada.

Ni agua, ni mijo, ni grano, ¡nada!

Un pájaro muerto, y mira bien lo que te digo, Florència,

un solo pájaro muerto y te acordarás toda la vida.

¡Sal! Perdona, no te lo tomes así.

Sal, te digo.

¿No ves que eres lo que más quiero?

No lo hagas más difícil.

No lo hagas más difícil.

(JADEAN)

Sirena.

En el el carro tienes un hatillo, con todo lo que puedas necesitar.

Yo ahora tendré que trabajar mucho y no podré cuidar de ti.

En casa de la abuela estarás bien, podrás jugar

con Quirze y con Núria, que ha venido de su pueblo.

¿Qué Núria? La hija del tío Alfonso,

el que se fue a Francia.

Cuidado con la escalera, Andreu.

Siéntate.

Espérame aquí.

Ahora vuelvo.

(TOSE)

Toma, para la abuela que se haga un vestido.

Pórtate bien en la nueva escuela y estudia mucho,

no quiero que acabes enterrado en una fábrica,

conmigo basta y sobra. Iré a veros todos los domingos,

más no podré porque estaréis muy lejos.

Tu padre se va,

pero nos quiere.

No lo olvides.

Ahora tienes que ser un hombre y aguantar.

¿Y qué harás en Francia? Pues no sé.

Iré a ver al tío Fonso y ya veremos,

pero no te preocupes que volveré pronto

y vosotros vendréis conmigo.

Padre, ese Pitorliua de la cueva, ¿existe?

Eso son bobadas. ¿No puede ser que fuera él

quien mató a Culet y a su padre? A ver, Andreu, ¿cómo puedes

ser tan mayor y creer en fantasmas? ¿Y por qué la gente que va

a la fábrica oye gritos en la cueva de las Baumas?

Tonterías, y no quieras saber tantas cosas

o acabarás ciego como aquel rey del cuento de la abuela.

Conduce.

Mira, Andreu, Pitorliua era uno que durante la guerra

se refugió en esa cueva por cosas de política,

ni fantasmas ni gaitas, ¿estamos?

Sí, padre.

¿Me dejas tus gafas? No, las gafas no son para jugar.

Ten...

Tú preocúpate solo de estar bien, esta es la única obligación

que tendríais que tener los niños.

-Los niños van a bajar para ir a la escuela.

Será mejor que no te vean. Va, llévate esto también.

Hala, madre, vamos.

-Ay, Ció, primero la muerte de Bernat, después tu marido,

Fonso perdido por Francia y ahora Farriol.

El único hijo que me quedaba. -Ese cabeza hueca de Farriol...

Lo que nos falta son hombres y no más críos ni problemas.

-Deja en paz a tu hermano, ahora Andreu es de casa

y se quedará aquí el tiempo que haga falta.

Demasiado hará Florència trabajando todo el día

para parar el golpe. (LOS NIÑOS RÍEN)

-Que no, era así. -Así era.

-Quirze, saluda a tu primo. -¿Qué, cómo va?

Bien. -¿Y de Núria no te acuerdas?

-¿Cómo se va a acordar si Fonso se ha pasado media vida en Manlleu?

-Tu prima hace poco que vive aquí, Andreu se quedará

con nosotros una temporada.

¿Y de tía Enriqueta, no te acuerdas?

-¡Ven aquí, precioso!

Estás hecho un hombre, ¿eh? -¿Te vienes?

-Mañana hablaremos con el maestro. Vamos, a la escuela.

¿Qué le pasa en la mano? -Nada que te importe.

-Ció... Le explotó una granada

jugando en el río y le arrancó todos los deditos,

pero no le dirás nada a tu prima.

No le gusta nada hablar de eso. -Hoy volveré tarde,...

...todo Vic se ha puesto de acuerdo para venir hoy

a la sastrería.

-Ahora, ve a decirle adiós a tu padre.

Mira, Andreu,

yo ahora ya no estaré. Y la gente es mala...

Tú ve siempre con la cabeza alta y, si te dicen cosas feas de mí

o de nuestra familia, no les hagas caso.

Todo lo que hago es por ti.

¿A qué viene tanto decir sí? A que yo también padre.

-La victoria nunca es neutral ni inmerecida.

La victoria nunca es

neutral ni inmerecida.

Hay que alejarse de los vencidos...

Hay que alejarse de los...

(HACE HINCAPIÉ EN EL SONIDO DE LA V) Vencidos.

-¡Mierda!

Como se aleja uno de la peste.

Se te ha caído esto.

Como se aleja uno de la peste.

Vae victis.

Que significa: "Ay, de los vencidos"

Los vencidos no tienen derecho ni a pequeña nota

a pie de página en el gran libro de la historia

porque la historia la escriben siempre los ganadores.

(TOSE)

Conste aún así que yo estoy siempre

a favor de los vencedores, porque tienen más mérito.

¿Alguien sabe por qué? -Yo.

Porque son más valientes. -No,

porque han sabido ganar.

Y solo puede ganar aquel que sabe ganar,

así como también tienen más mérito los ricos que los pobres.

¿Alguien sabe por qué? -Por el dinero.

(TODOS RÍEN)

-Casi, casi.

Vaya mierda de maestro, siempre con la misma matraca.

-El señor Madern es un borracho pero tiene razón en lo que dice.

-¿En qué tiene razón, lista?

¿En que eres más corta que una cola de conejo?

-Tiene razón en que de los piojosos como vosotros hay

que huir como de la peste. Pues lárgate.

¿O es que te asusta ir sola por el bosque, rata miedosa?

-Ratas, vosotros, que de rojos que sois

acabaréis como Pitorliua, escondidos

en una cueva como monstruos.

Pitorliua no es ningún monstruo, me lo dijo mi padre.

-¿Y tu padre qué sabrá? Pitorliua, de tanto estar

en la cueva, se volvió un monstruo y aún se le ve

a veces correr desnudo por el bosque.

-¡Tonterías! ¿Y qué tipo de monstruo es?

-Un pajarraco, bueno, mitad persona, mitad pájaro.

Pero de estos pájaros que uno no sabe si son una cosa u otra,

hasta que se aparean. Mira que eres burra.

-Sí, no estoy tan bien amaestrada como tú.

¿Qué quieres decir? -Pues que a mí el maestro

no me hace el caso que a ti. Eres peor que la tiña.

(CANTA) -El maestro que me enseña, lairi, lairu, laireta,

el maestro que me enseña se enamoró de mí.

¡Eres una guarra y una mentirosa!

-Desgraciados, como perros, que no tenéis ni padre ni madre.

¡Y tú, Núria, terminarás en el bosque corriendo desnuda

como una golfa, como tu tía Enriqueta con su bicicleta

que ya se ha metido el luto por el culo y se revuelca

por las matas con la Guardia Civil! ¡Putones, que no sois más

que unos putones sin ninguna vergüenza!

Ruido en los matorrales.

Ruido en los matorrales.

Toque de campanas.

-Buenos días, hala, daos prisa que ya ha salido el sol

y si llegáis tarde me riñen a mí, ¿eh?

-No jodas, ¿tan pronto? Nunca nos dejas dormir...

¿Y tú qué? Que no me dejas dormir porque no paras de roncar.

-¿Qué dices?

-¿Qué haces, marrana? Venga para dentro

y vístete de una vez, venga.

¿Qué hacías esta mañana en el balcón?

No hacía nada. Estabas desnuda.

¿Es que me espías o qué? No, pero te he visto hacerlo

otras veces.

¿Qué haces, guarro? -Me duelen los sabañones.

Mira que eres cerdo. -Tú calla, pasmado.

¡Anda y vete por ahí!

Oye, ¿y no tienes miedo que se lo digan a tu padre

cuando vuelva? A mi padre no podrán

decirle nada. Ah, ¿no, y por qué no?

Porque no, porque mi padre está muerto.

¿Muerto, muerto? Muerto y bien muerto.

¿Pero no está en Francia? Eso es lo que quieren que creamos,

yo hago como que no sé nada pero lo sé.

Jura que lo que te diga no lo sabrá nadie.

Te lo juro.

Mi padre se colgó de una viga.

Dinamitó los puentes del pueblo para que no entraran los nacionales

y después se fue a casa y se ahorcó.

Yo lo encontré de madrugada, solo, me dio tanta pena

que no sabía qué hacer.

Me quité toda la ropa y salí al balcón

y me quedé... como vacía.

Por eso, ahora cuando me añoro hago lo mismo.

¿Y tu madre? Me lo escondió.

Después se fue de casa con un hombre casado

y me dejó con una pariente suya que no estaba por mí,

hasta que la abuela se hartó y me llevó con ella al mas.

Ahora ya lo sabes y si abres la boca

te corto los huevos, ¿entendido?

De ti me fío.

Tú eres distinto.

-¿Qué quiere decir que te has enamorado de mí, Gudiol?

-Pues que me he enamorado mucho de ti.

-¿Y yo qué quieres que te diga?

-¿Por qué no te vienes a vivir conmigo?

-Gudiol, yo no pienso irme a vivir contigo,

yo soy muy necesaria. ¿No te das cuenta que soy

muy necesaria? Doy de comer a los animales,

voy cada día a Vic...

-Tranquila, yo tengo dinero. -¡Te lo metes por el culo,

tu dinero!

-¡Enriqueta! -¿Qué?

-No deberías tratar a Gudiol así, es un buen hombre.

-Pues quédatelo tú. -A mí no me hace ninguna falta.

-Ni a mí tampoco, me dejo la vista cada día en la sastrería

para ganarme un jornal. -¿Y qué?

El problema es que haces que todo el pueblo hable de ti.

-Porque a la gente le encanta hablar mal con las modistas.

-Por lo que sea, todo eso se acabará si te casas.

-¿Con este viejo medio jorobado? -Es lo que más te conviene,

tú necesitas un hombre y él una niñera para sus hijos.

¿Y tú qué miras?

Va, coge este cesto y ven conmigo.

(GRITA) ¡No toquéis las mantas, que no las toquéis,

que están infectadas! ¿Qué queréis, pillar una enfermedad

como los tísicos de los Camilos? ¡Venga, fuera de aquí!

Hay que lavarlas del derecho y del revés, hervir, rascar,

machacar y retorcer, y aún así no se les va

el olor a muerto. ¡Ave María!

Estos puñeteros frailes, los enfermos venga a morirse

pero las mantas bien que las aprovechan.

Buenos días.

Pon las mantas aquí, espérame en la cocina.

(HABLA DE FORMA INCOMPRENSIBLE)

-Eh, tú, dame un par de galletas. ¿De estas?

-Sí, claro.

No te acerques, estoy enfermo y se contagia.

Déjalas ahí encima.

Gracias.

¿Tú vives en el mas de aquí al lado, verdad?

¿Por qué no me traes comida alguna vez?

Cuando esté en el huerto... Aquí no, ¿eh?

Aquí los frailes nos matan de hambre.

¿Por qué hacías aquello el otro día?

-¿El qué? Esto.

-Ah, esto. Movía las alas.

¿No te pasa a veces que estás aburrido y cansado

y le pegarías fuego a todo?

No, bueno, quizás sí. -Pues a mí sí que me pasa.

Y cuando me pasa me salen unas alas,

aquí, en la espalda, que se mueven solas

y empiezo a volar. Arriba, como si me diera la fiebre,

como si pudiera borrarlo todo.

¿Y sabes qué pienso?

¿Qué, qué piensas?

-Que si en ese momento quisiera, si dijera que sí,

moviendo mis alas pasaría a otro mundo.

(GRITA) ¡Andreu!

-Te buscan.

Andreu, venga, va.

-Y cuando esta bestia tan extraña estuvo en lo más adentro

del castillo donde todo estaba oscuro, y bien oscuro,

de repente, una lechuza blanca paso volando por delante.

Y también oía las voces de la gente que venían

con cencerros y campanillas y luces de carburo,

y tenía mucho, mucho miedo porque sabía que le iban a matar.

(AMBOS RÍEN)

-Bueno, ¿me escucháis o qué? Sí.

-¿Sabéis por qué querían matarle? Porque era un monstruo.

-Y porque era diferente. -Y porque se había comido

a una niña, abuela. -Sí, eso también, pero sobre todo

porque era diferente.

Y ahora escuchadme bien, ahora nos iremos todos

a la cama, porque pronto saldrán los fantasmas.

Golpe.

¿Lo veis? Los hay por toda la casa. -Eso son bobadas.

-Sí, bobadas, están por todas partes y lo ven todo

y lo oyen todo, sobre todo por las noches

que es cuando se aparecen. -Nada, un puchero que se ha caído.

Crujido de una puerta.

Pasos.

Tictac de un reloj.

Cerradura.

Y lo vi salir, bien negro, yéndose para arriba,

hacia el desván. -¿Y la abuela lo vio?

No, me preguntó cómo era y se echó a reír.

-Pues claro, bobo, ¿no ves que lo soñaste?

-Quirze, ve al pozo a por agua. Que no.

Gritos.

-Va, madre, que la llaman.

Ven, vente.

Es la del desván, sube una noche y verás.

-¡Andreu, Andreu! Joan el mozo vendrá el domingo

a recogerte. ¿Por qué?

-Para que vayas al pueblo con tu madre.

Si no hueles de vez en cuando tu casa, al final

sabrás de dónde vienes. Hala, que llegaréis

a la escuela.

¿Y eso? La merienda.

Vamos. No, tú espera a Quirze.

(SILBA)

-¿Por qué le llevas comida a estos, no ves que están podridos?

¿Cómo que podridos? -Pues eso, podridos.

Como las manzanas o las peras, que por fuera parece que están bien

pero por dentro están llenas de mierda.

Solo tienen manchas en los pulmones, de comer poco

y trabajar mucho. -¿Alguno tiene pinta

de haber levantado en su vida un saco de patatas?

¿Y de dónde les viene la enfermedad?

-El vicio se la ha pegado. Parecen angelitos,

pero cuando es de noche saltan como demonios

de cama en cama. ¿Para qué?

-¿Tú estás bobo? Para pasarse la calentura.

Algunos se mueren de tanto meneársela.

Pero si todos son hombres. -¿Y qué?

Hay hombres que se ponen del revés y hacen de mujeres,

como Pitorliua. ¿Es que no has oído nunca

hablar de maricones? Lo que he oído es

que se mueren ahogados de tanto echar sangre por la boca.

-¡Porque se han corrido hasta que se les secó el espinazo!

¡Bastante desgracia tienen con su enfermedad, animal!

-A ver si no acabarás como uno de esos con tanto leer

y tanta mandanga.

-¿Qué, está rico el chocolate? Sí.

-Uh, vaya letra de notario.

Te gusta mucho subir aquí arriba a mirar todo eso tan precioso,

tú no eres como Quirze y Núria, tú. En mi pueblo no tenemos cosas así.

-Aquí antes se instalaban los amos para pasar el verano,

pero ahora, ahora ya no con tantas casas que tienen.

¡Y si vieras los baños que gastan, eso sí

que te gustaría! Tienen hasta una especie

de cosa de porcelana que lo llaman "bidet",

que sirve solo para lavarse el culo.

(AMBOS RÍEN) (GRITA) -¿Qué hacéis aquí?

Andreu, te he dicho mil veces que no hagas los deberes aquí,

que me rallas la mesa. Y cuidado con esos platos

que un día de estos los Manubens los pueden reclamar.

-Si vienen por aquí es solamente para llevarse

su parte de la cosecha y el ganado. -A cenar, los niños esperan.

(GRITA) ¡Andreu, baja! (GRITA) ¡Ya va!

Venga, Andreu, date prisa, pronto llegará Joan el mozo

con el carro, no le hagas esperar o llegaréis de noche

al mas de la abuela.

Yo tengo que ir al ayuntamiento, me piden no sé qué papeles

de tu padre. Ese pedazo de burro del alcalde

tiene los sesos de pasta de boniato, con una sola idea fija:

no quiere perder. ¿Tú tenías que casarte con él, no?

No, tuve un montón de pretendientes, yo.

Bien guapa que era, pero desde la primera vez

que vi a tu padre no hubo otro, con él me hubiera ido

al fin del mundo.

Ten, para ti.

Para que te haga compañía en el mas.

¿Por qué ha tenido que irse mi padre?

Por envidia, demasiado bueno, mira, demasiado guapo

y demasiada política.

¿Y este ángel? Ay, no toques esto.

Son mis cosas y a ti no te importan.

¿Pero qué ha hecho mi padre? Nada, que no quería pasarse

el día en el campo, quería ir a la escuela de noche

y aprender, como tú, que quieres ser médico.

Y le tocó el maestro más revolucionario de todos.

Terminó afiliado a un partido de izquierdas

y los otros tenderos le hicieron boicot.

¿Qué es boicot? Hacer la puñeta,

y se la hicieron tanto que tuvimos que cerrar

la carnicería. Y para traer cuatro perras

se arregló con Dionís, empezó con esto de los pájaros

y los concursos de piar y todas estas tonterías.

Voy a tumbarme un rato, hoy comenzamos el turno de noche

y estoy reventada antes de empezar.

(RONCA)

Maullido de un gato.

(RONCA)

¿Andreu, Andreu?

Andreu, ¿qué haces aquí arriba? Creía que eras un fantasma.

¿Cómo has entrado? La llave estaba puesta.

¡Ven aquí! Aúpa, ¡jo, cómo has crecido!

¿Estás bien? Yo sí, padre.

¿Y tú qué haces aquí?

He tenido que volver.

Cuando ya estaba en los montes me puse enfermo y...

Y ya ves. ¿Y no te puede ver un médico?

Con el mal que yo tengo no valen médicos, ni medicinas,

ni nada. ¿Qué tienes?

Tráeme esa jaula.

La roja.

Mira.

¿Ves este pinzón? Estos son los pájaros

más salvajes que hay, siempre quieren escapar.

He de tenerlo en una jaula de pajitas porque si no

se rompe el pico y las alas. Esto es lo que me pasa.

¿Me entiendes?

Los pájaros son para volar y ser libres, Andreu,

como los ángeles, que no tienen fronteras.

Les podemos enjaular pero no cambiar su manera de ser.

Los ideales de la gente, aquello que uno quiere,

a donde uno quiere llegar, también son así,

pero si no se cumplen, las personas pueden

volverse muy malas.

Por eso hay que luchar por los ideales,

cada cual por los suyos.

Canto de una lechuza.

¿Oyes la lechuza?

Canto de una lechuza.

Vamos, venga, coge este saquito y ayúdame.

¿Y qué tal la nueva escuela? Me han dicho que vas muy bien.

No me gusta esta escuela. ¿Ah, no?

¿Y por qué? Porque siempre están hablando

de los que han ganado y de los que han perdido.

Y a nosotros nos señalan como si fuéramos la peste.

Nada de vergüenza, ¿eh? La cabeza bien alta

que no hemos hecho daño a nadie. Los facciosos son ellos

y se lo van a tragar, ¿a que sí?

¿Tú no querías ser médico? Sí, padre.

Ya sabes que para una familia de payeses como nosotros

estudiar es un lujo, pero para ti haremos

lo que haga falta.

Ya verás como el tiempo lo arregla todo.

Eso dice siempre la abuela, pero a mí me parece

que cada vez va peor. Igual tienes razón,

quizás sería mejor si el tiempo fuera para atrás.

Toque de campanas.

¿Oyes? La lechuza lo anunciaba,

ahora en el convento, llevan a extrema unción

a uno que se muere. Algunos animales huelen la muerte,

la de los demás o la suya.

Y ahora baja, que ya viene el día.

¿Podré volver? Claro, puedes volver cuando quieras

pero no le digas nada a tus primos ni a nadie.

(SISEA) ¿Cuál es la primera condición de un secreto?

Que nadie puede saberlo.

¿Subiste a ver al fantasma?

No hace falta que te calles, ya sé que ahí está

tu padre escondido. Te harán lo mismo que con el mío,

los mayores lo esconden todo con mentiras.

-¡Eh, Eh, venid!

¿Veis lo que os decía? Seguro que ya está

con el guardia civil.

¿Por qué no vamos a ver lo que hace la tía Enriqueta?

A la tía déjala en paz. Quiero ver lo que hacen.

¿Y qué quieres que hagan? ¡Chingar!

¿Chingar?

¿No sabes qué es chingar? Claro que lo sé.

Qué vas a saber.

Échate.

Mano muerta, mano muerta, llama a esta puerta.

El maestro dice que eso es el nido del ruiseñor

o la casita del cuco. ¿El señor Madern?

¿O sea que es verdad lo que dice Roviretes?

El señor Madern es un cerdo. El señor Madern es

la única persona que me ha tratado bien.

Eso lo dirás tú.

¿Y desde cuándo lo hacéis? Desde Corpus.

Los chicos de la escuela, como saben que me desnudaba

por los balcones, me daban cromos

para enseñarles lo de abajo.

Él se enteró pero, en vez de reñirme, me daba unos céntimos.

¿Y no te da asco? ¿A mí? Puf, a mí me da igual.

Él dice que soy como un árbol o una piedra

porque no pido nunca nada. ¿Pues por qué lo haces?

Porque me gusta.

Pero... contigo es diferente.

Contigo lo hago porque te quiero.

¡Tú lo que eres es una marrana! ¡Y tú un cobarde, como tu padre!

Déjame en paz, lisiada, mano podrida.

¡Va, dame un beso, va!

Pitorliua...

(RONCA)

Llaman a la puerta.

-Florència, ¿qué haces aquí a estas horas?

Cierra el portón. Gracias a Dios que he llegado

antes que ellos. -¿Que quién, qué dices?

La Guardia Civil ha venido

a registrar la casa. -¿Y eso?

Buscan a Farriol, saben que no está en Francia

y quieren endosarle la muerte de Dionís.

¿Las llaves están aquí? -En la repisa.

Es mejor se vaya, cuanto antes.

-¿Qué haces aquí? Hala, ve a despertar

a tía Enriqueta. ¡Ve!

¡Y no salgas del cuarto!

¿Qué pasa? ¿Dónde está la tía?

Yo que sé.

Venga, Farriol, apúrate, la Guardia Civil puede

llegar en cualquier momento. ¿Y a dónde voy?

Vete ahora que aún es de noche. -Intenta llegar al mas

de Gudiol, después ya veremos.

Pasos.

-¡Farriol, vienen a buscarte, me lo ha dicho un guardia civil!

¿Dónde están? -Ya están en la cerca.

No, Farriol, no salgas, quédate en el desván.

-Sí, hijo, es lo más seguro.

Llaman a la puerta.

-¡Ya están aquí! -Vosotros al cuarto de una vez.

¿Qué pasa? -Registro reglamentario.

-Tenemos la casa y los establos abiertos

venid cuando queráis.

-Ya habéis oído, adelante. -¿Ahora?

-Mejor hacerlo cuanto antes aunque solo sea

para acallar las denuncias. -¿Qué denuncias?

-Con los antecedentes de esta familia no sería

extraño encontrar algo escondido. -Nosotros no tenemos nada.

-Algún conejo saldrá. -¿Qué buscan?

-Y yo qué sé qué coño buscan, lo que no hay.

-Igual se creen que tenemos arena para vender de estraperlo

o traemos tabaco de contrabando de Andorra,

alguien nos busca la ruina.

-El desván está cerrado. -¿Y las llaves?

-Las tienen los amos.

Revienta la puerta.

-¡Venga, más fuerte!

¡Adelante, coño!

(REZA) -Virgen santa, protección, Virgen santa...

Disparo.

Disparo.

(REZA) -Virgen santa, protección, Virgen santa...

-Chis, eh, eh.

¿Puedo besar a mi hijo?

(SUSURRA) Dile a tu madre que no sea cabezota

y que hable con los Manubens.

-Ten, tómate esto. Esto no hay quien lo pare.

No podremos salvarle. -Sí, Florència.

Se pueden presentar recursos, hablar con abogados,

con el ayuntamiento, el sindicato, el movimiento,

mover cielo y tierra si hace falta. Ay, Ció, todo esto se lo inventan

porque se significó demasiado, no se lo perdonan.

-Florència... ¿Y qué te ha dicho al oído?

Que no seas tan tozuda y hables con los Manubens.

Con esta gente no iremos a ninguna parte.

-Florència, no seas así.

Preferiría no tratarlos, hay algo que no cuadra con ellos.

-Las mujeres no entendemos de eso.

(GRITA) ¿Quieres que vaya a chuparles el culo?

-Si pueden ayudar a tu marido, todo lo que hagas es poco.

(LLORA)

Saldremos adelante, Andreu, no puede ser que todo

nos salga tan mal.

Yo soy de otra manera, pero tu padre

se pondrá enfermo si no sale pronto de este infierno.

Toma, ponte estos calcetines. No quiero, tienen agujeros.

¿No nos quieren con la cabeza gacha?

Pues bien hacha, así verán si somos pobres o no.

Pobres ya lo somos, ¿para qué disfrazarse?

No basta con serlo, hay que parecerlo, va.

A mi padre eso no le gustaría. Tu padre ha dicho la suya

y mira cómo le ha ido.

La señora Manubens es muy rica y le gustan mucho los niños

porque no ha tenido.

O sea que sé amable y haznos quedar bien, ¿eh?

Va, pon esa cara de lástima que te he enseñado.

¡Va!

Va, levanta, levanta.

-Sal.

¿Cómo estás, Florència? Ay, todo lo que se imagine

es poco, señora. -Lo siento mucho, de veras.

Huy, este debe ser Andreu.

¡Como se parece a Farriol!

Los mismos ojos, clavado.

Este niño necesita un buen bistec. Claro, señora, pobre,

no tiene la culpa y yo no sé si sabré hacer de padre y de madre.

Un crío necesita a un padre al lado para subir como Dios manda.

Ustedes que tienen influencia y las autoridades le hacen caso...

-A ver, a ver si nos aclaramos, ¿tu marido qué ha hecho?

No ha hecho nada, señora, si es incapaz de matar a una mosca.

-Algo malo habrá hecho cuando el fiscal

pide pena de muerte.

Dicen que mató a Dionís Seguí pero eso son los tenderos,

que va a por él, no le perdonan que les hiciera

competencia ni que se metiera en política.

-¿Qué le pasa a este niño?

Tengo pis. (RÍE)

-Anda, ven, ven conmigo. Cuando acabes ve a la cocina,

le diré a la chica que te dé de merendar.

Pepa, acompáñale al servicio y después le preparas

un buen chocolate, ¿eh, chaval?

Y tú ven conmigo, mejor hablamos de todo eso sin el chico delante.

-Siéntate, es para ti, para merendar.

Tictac de un reloj.

-Florència. ¿Sí?

-Ten, se la llevas al alcalde y él ya sabrá qué debe hacer.

Ay, gracias, señora. (LA BESA)

No sé cómo se lo vamos a pagar, Farriol es un buen hombre.

-Va, no empecemos, no empecemos. Haré lo que pueda

pero ya sabes lo que pienso.

Dionís Seguí no fue una buena compañía.

Y perdona que te lo diga pero... Que quieras a tu marido

no significa que sea inocente.

Te traigo una carta de la Manubens.

-Anda, pasa.

Venga, levántate. -Deja al chico.

Mejor lo hablamos tú y yo solos. Espérame aquí.

(GRITA) ¡Ah, no!

-Debiste escoger mejor, Florència,

ahora tengo mejor ganado donde elegir.

Estoy harto de ir con mi madre a ver a industriales y chocolateros

para darles lástima. ¿Pero es verdad o no

que tu padre mató a aquellos? Mentiras, los mató

Pitorliua, yo lo sé. Eso no puede ser.

¿Por qué no puede ser? Porque Pitorliua murió hace años,

me lo dijo el señor Madern. ¿Y los gritos que se oyen

en la cueva de las Baumas qué? Bobadas.

Pitorliua está enterrado está enterrado

en el cementerio de tu pueblo.

¿No es este domingo cuando hacéis la fiesta de matar judíos?

Sí. Pues cuando vayas a ver a tu madre,

iré contigo.

¿Quién es? Es la mujer de Dionís Seguí,

la pobre está chalada. Mira, allí está.

¿Cómo lo sabes? El señor Madern me dijo

que es el único nicho con un arcángel grabado,

plateado además.

Mi madre tiene una foto de un chico con este nombre.

Las flores están frescas. -Se las pone tu madre.

¿Mi madre, por qué?

-Será para ayudarle a purgar sus pecados.

¿Qué pecados?

-Pecados impuros contra natura.

Pobre, si no lo hubieran desgraciado...

¿Qué le hicieron? -¿Vosotros sabéis

lo que es un castrado? Un marica fabricado

porque no tiene huevos. -Exacto.

Como no les sirven para nada se los arrancan,

como hicieron con él.

¿Pero por qué?

-Le gustaba hacer de puta para el hermano de la Manubens

y se metía con él en las cuevas, hasta que un día lo escarmentaron.

Solo querían hacerle la untada pero parece que alguien

había traído cordel de capar cerdos y le ataron todos los colgajos,

para darle miedo, para reírse. Pero la cosa se fue animando

y de un buen tirón...

Se los arrancaron. ¿Quién fue?

-Una panda de machos del pueblo, pero la faena de verdad

la hicieron entre dos. ¿Quiénes eran esos dos?

-Dos hijo putas.

Uno, está enterrado ahí detrás y el otro...

(ESCUPE)

Pronto lo tendremos por aquí.

¡Eso es mentira! Mi padre dice que Pitorliua

aún vive, escondido en una cueva. -Pues ya lo ves.

No te fíes de lo que diga tu padre.

Algún día abrirás los ojos.

En la cueva de las Baumas lo único que queda

es la sangre de Pitorliua y su maldita sombra.

Que el infierno se la lleve, la historia del pájaro de la cueva.

¿Y Núria? En la iglesia,

quería ver la fiesta de matar judíos.

Anda, entra y como algo, te he traído higos.

¿Por qué tienes una foto de Pitorliua?

¿Eso te enseñan en la escuela, a fisgar en lo de los demás?

¿Por qué no me cuentas nunca nada? Tú quieres saber todas

mis cosas y yo no puedo saber nada de las tuyas.

Mira, Andreu, guardo unas fotografías de Marcel Saurí

porque cuando se fue del pueblo me las dejó.

¿Por qué, ¿era tu novio? No, qué va.

Marcel era la persona más buena que he conocido.

¡Y alegre!

Nos queríamos como hermanos pero era muy, muy delicado.

No estaba hecho para este pueblo y le hicieron la vida imposible.

¿Qué le hicieron? Ay, le echaron del pueblo y basta.

Todo esto son cosas pasadas y enterradas.

Pero te voy a decir algo,

ahora me siento orgullosa de haber guardado sus retratos.

No es nada malo, tener la foto de un amigo

que te ha traído flores,

que te ha tratado como si fueras una princesa.

Me sirve de consuelo, cuando pienso cómo lo trataron los demás.

¿Tú crees que no ha vuelto a entrar nadie?

Sí, hombre. Aún debe haber piedras

manchadas de sangre o los cuchillos...

No seas pardillo, usaron una cuerda.

¿Y si después lo mataron qué? No murió aquí.

Se pudo escapar.

Aquí es donde le caparon.

Parece mentira que pudiera vivir sin...

Y tú parece mentira que hayas vivido siempre

en el campo, ¿y los cerdos, los caballos?

Ya, pero una persona...

Va, enciende.

Mira, fue aquí.

Pitorliua...

Fíjate, Dionís...

El marido de Pauleta.

Mira, el otro empieza por F. Francesc o Ferrán...

O... O Farriol.

Ya es de noche, nos tenemos que ir.

¿Núria, Núria?

Graznido.

(GRAZNA)

Gritos.

-¿Y los maricones?

(GRITA)

(TODOS GRITANLA VEZ)

(RÍE) -¡Maricón!

(GRITA) ¡Ah, ah!

(GRITA) ¡Ah!

¡Andreu, Andreu!

¿Dónde vas así no ves que te vas a enfriar?

¿Qué te pasa, eh, qué te pasa? Anda, ve a vestirte,

nos han dado un permiso para ir a ver a tu padre.

Yo a la cárcel no pienso ir. ¿Qué puñeta pasa ahora?

Sé lo que mi padre le hizo a Pitorliua.

¿Qué sabes? No disimules, le capó

como si fuera un cerdo. ¿De dónde has sacado eso?

Vi a Pauleta en el cementerio y... ¿Y crees que tienes

que hacerle caso a esa mujer? ¿No ves que está trastornada?

¡Madre, no me digas más mentiras, joder!

Ven aquí.

Ven.

Mira, Andreu, tu padre lo ha pasado muy mal todos estos años.

Vivíamos solo de mi jornal y estábamos a punto

de perder la casa.

Entonces, Dionís le propuso un trabajo.

¿Y eso qué tiene que ver? El trabajo era asustar

a ese chico para irse del pueblo, la Manubens les daba

un dinero a cambio. Para caparlo.

No, solo para hacerle la untada.

LO que pasa es que Dionís era un animal

y Dios me perdone de hablar así de un muerto.

También era un mala entraña.

Pero te aseguro que tu padre no tuvo nada que ver

en cómo acabó todo aquello.

No le juzgues, tú no sabes lo mal que lo ha pasado

viéndome trabajar como una burra y oyéndote decir

que querías ser médico.

Y ver que no podía darnos nada de nada.

Ti padre quizás se ha equivocado, pero lo ha hecho por nosotros,

sobre todo por ti.

Si ahora le fallas se hundirá del todo.

(DAN PALMADAS) -¡Venga!

-¡Eh, mira, ya salen! (TODOS GRITAN A LA VEZ)

¿Es aquel, le ves? No sé, no estoy seguro.

Ven, ven.

(TODOS GRITAN A LA VEZ)

-Señoras, por favor.

Señoras, por favor...

¿Cómo estás? Bien.

SE te ha curado la herida. ¿Qué?

¡La herida se te ha curado! Sí, sí, ya se ha curado.

Te he traído ropa y comida, la he dejado en guardia.

Tu madre y los demás te mandan muchos besos,

están cebando un cerdo para cuando salgas.

No, Florència, esto se acabó.

Aguanta, todo irá bien, ya verás.

¿Qué tal el niño?

Bien, no pierde los estudios y va muy bien.

Corre, ve a darle un beso a tu padre.

Dale esto a tu madre, dile que se lo dé a los Manubens.

-Señora, vigile al niño a lo envío al sitio de una patada.

Sí, sí, sí, Andreu, ven aquí.

¿Qué te ha dado tu padre? Escóndelo, escóndelo.

(LLORA)

(SOPLA)

Abuela, ¿la señora Manubens es la dueña del pueblo?

-Huy, con tanto dinero, ya puede, ya.

Pero tiene cara triste, ¿no? A mí no me lo parece.

-Pobres, perdieron un niño que aún no cumplía

un año y no tuvieron más.

Y este es Pere, su hermano, lo malcasaron con una mujer

a la que no quería y lo despacharon a Francia.

En paz descanse. Él, que lo hubiera tenido todo,

ya ves. En cambio nosotros,

que no tenemos de nada, bueno, al menos estamos vivos.

¿Puedo irme? -Espera,

que aún no hemos terminado. -¡Andreu!

Cuando termines con la foto, ven a mi cuarto.

De acuerdo. -Te espero.

-Eh, tú, mira aquí.

(LLAMA A LA PUERTA)

-No sé a qué vienen tantos retratos.

Solo sirven para clavarlos en los nichos.

Entra.

Siéntate.

No sabía que tu padre estuviera preso.

Me lo han dicho los Manubens. Me han preguntado por ti,

por tu capacidad, tus conocimientos,

tu comportamiento...

Me han dicho que te preguntaran si te gustaría que se ocuparan

de tus estudios.

Si te gustaría llegar a hacer una carrera

porque parece que la causa de tu padre no va muy bien.

Mi madre dice que el abogado lo solucionará.

-No, sí, claro, claro, si hasta el último momento

no se sabe, pero... Pero dicen que si la cosa

sale mal, tu madre sola se podría arreglar mejor.

¿Eh? Sin ti, quiero decir. ¿Qué te parece?

No sé. -Mira, los señores Manubens

no tienen hijos y buscan uno para adoptarlo.

Yo ya tengo padre y madre. -Ya...

Mira, Andreu, lo que tienes que tener claro

es si quieres estudiar o quedarte aquí,

trabajando en el campo o en la fábrica, es lo que hay.

Espera.

¿Qué? Han venido a buscar a Andreu.

-Sí, dile que sale ahora mismo, sí.

Esta es la decisión importante de verdad.

Piénsalo, es una buena oportunidad.

Y que sepas que si te lo digo es porque os quiero mucho,

tanto a ti como a tus primos. Pues no hace falta

que nos quiera tanto.

-Hala, va, que te esperan.

Andreu, mira, yo perdí a mis padres muy joven,

por eso hago lo que hago en vez de lo que quería hacer.

Y de haber tenido una oportunidad así no la había dejado escapar.

Usted es usted y yo soy yo.

¿Qué quería? Nada.

-Andreu, vamos.

Tu madre te espera en casa. ¿Qué ha pasado?

-Os han dado un permiso para ir a la cárcel.

Pero si ya estuvimos la semana pasada.

-Creo que se lo llevan a Barcelona. -Huy, mala señal.

Eso lo hacen con los que no regresan.

-¿Eres burra o qué?

(LLORA)

Aúpa.

Venga, siéntate, que yo ya estoy harto de estar sentado

todo el día. Me han dicho si querías un cura.

Nada de curas, todos son unos traidores

y unos chupasangres. Mira, Andreu...

¿Sí?

¿Sabes? Esta noche he oído cantar a la lechuza.

Y he sabido que cantaba por mí.

Pero no estoy triste o sea que tú tampoco

tienes que estarlo.

¿No volveremos a vernos más, verdad?

No.

Ahora, Andreu, escúchame bien, que no tenemos mucho tiempo.

La guerra nos ha hecho mucho daño a todos.

Pero lo peor de la guerra no es pasar hambre

o tener que huir, incluso que nos maten.

Lo peor es que nos hagan perder los ideales,

porque sin ideales una persona no es nadie.

Por eso, lo que más me importa es lo que tienes aquí.

Y aquí.

Eso debes guardarlo como un tesoro.

¿Lo harás?

Y ahora vete, tu madre y yo tenemos mucho que hablar

antes de que se nos acabe el tiempo.

Te he traído una cosa.

Para que te haga compañía.

Ya no podremos hacernos mucha compañía,

mejor lo llevas a casa, con los otros.

¿Y me lo cuidas, eh?

Y a tu madre también.

Cuídalo mucho.

(LLORA)

(GOLPEA LA PUERTA)

Canto de un pájaro.

-Tendrás que llevar luto un año, tu madre toda la vida.

Toque de campanas.

-Pobre...

Pobre...

Pobre...

(LLORA) Fusilado como un criminal...

No me lo han dejado ver ni en el último momento.

-Quirze, siéntate, Núria ven aquí.

Aquí.

No sueltes ni una lágrima.

Ya no tenemos que dar lástima a nadie.

-Me encargo del luto, no ha habido tiempo

de hacer los recordatorios, los repartiremos el domingo

si nos dejan hacer los funerales. Saluda a Masía.

Gracias a él podemos enterrar a tu padre

porque nos ha dejado el nicho, si no lo hubieran metido

en un hoyo, como a un perro. -Tienes que venir aquí.

-¡No les haga caso! -¿Qué quiere que le diga

a esta pobre mujer? -Que lo sentimos y nada más.

-No puedo enterrarlo... -¡Coño con el cura!

-¿Pero por qué no empiezan? No lo sé.

-¿Qué pasa? Ya estamos todos. -El cura dice que no tiene sentido

hacerle las exequias a un hombre que ha estado

renegando de los curas hasta el último momento.

Que si quiere, podemos rezar conjuntamente.

¡Y una mierda vamos a rezar, Andreu, vámonos de aquí!

Ciento veinte kilos de grasa y basta.

Ni un rincón le ha quedado para guardar eso que llaman

caridad cristiana. -No le haga caso,

se ha vuelto loca.

-Florència, ¿dónde vas? ¡Que me oigan!

-Florència, no, ahora no.

Florència, déjalo, no hay derecho, ¿no ves que no hay derecho?

Ya le tenéis muerto, ¿estáis contentos ahora?

¿Sirve de algo esta muerte, eh? ¿Sirve de algo no dejarlo

enterrar como Dios manda?

Ya os diré yo para qué os sirve...

Para pisar una vez más a los que no bajan

la cabeza ante vosotros.

-No me hagas hablar. Teníais que matarme con él,

a su lado, ¿o no soy lo bastante roja?

-No se lo tengan en cuenta, entiendan

que se le va la cabeza. -Nos hacemos cargo de su estado,

ya hablaremos más adelante. Me habéis destrozado la vida.

¿Me oyes? -Demasiado he hecho por ti

y por todos vosotros. ¿Ah, sí? Pan negro.

Y azúcar rojo.

Encima con cartilla de racionamiento y horas a la cola.

Esto es lo único que nos habéis dado,

un pan sin alma ni virtud, muerto.

Como todos nosotros, por esta puta guerra

que nos ha matado a todos. -A todos los que se lo merecían.

(ESCUPE)

(TOSE)

Va, madre, vámonos.

Cuando tu madre te llevaba en el vientre,

tenían que haberla echado a los cerdos

a que se la comieran viva.

Vamos, aquí no tenemos nada más que hacer.

-Tira.

(SOPLA)

Llaman a la puerta.

Pauleta, ¿qué haces aquí? -He venido a daros el pésame.

Andreu, mete las jaulas en el porche.

-Que se quede. Los jóvenes tienen tragaderas

y será mejor que se acostumbre a oír cosas fuertes.

Catorce veces me ha llamado el juez para preguntarme

si sospechaba de alguien.

Si la muerte de Dionís tenía que ver con lo de Pitorliua.

¡Otra vez con trapos sucios! ¿No ves que están todos muertos?

Pitorliua, tu marido, el mío, todos.

-Menos la mujer de Pere Manubens, que está bien viva.

¿Dónde quieres ir a parar, Pauleta?

-Después de la desgracia de Pitorliua,

Pere Manubens se fue a Francia, pero antes le casaron.

Cuando murió, el año pasado, su hermana, la Manubens,

le encargó a Dionís que robara las actas matrimoniales

de su hermano para invalidar el matrimonio y quedarse

con toda la fortuna. ¿Y por qué no se lo dices al juez?

En vez de contármelo a mí. -Porque con los Manubens

puedes estar con ellos pero no contra ellos.

Ya se lo dije a Dionís, pero él, tozudo como era,

cuando tuvo los papeles le hizo chantaje a la Manubens

y la mala puta se lo sacó de encima.

Igual que hizo con tu marido.

A Farriol lo han fusilado por rojo. -A Farriol lo han matado a garrote,

porque de rojo ya no tenía nada.

Era como mi marido, un desgraciado, un traidor

y un asesino a sueldo, pero peor.

Porque Dionís, con todo lo que era, nunca habría sido capaz

de matar a un niño.

¿Qué quieres decir? -¿Quieres que te lo diga más claro?

¿Quieres que te diga a quién pagaron esta vez

para rematarlo todo? (GRITA) ¡Esto sí que no

te lo consiento! -¡Sí me la vas a consentir,

se la debo a mi hijo!

¡Fuera de aquí!

-Tu padre, siempre hablando de ideales y ya ves

la mierda de ideales que tenía. He dicho: "Fuera de aquí".

-Lo que no entiendo es este silencio de Farriol,

que cuando no tenía nada que perder parece

que se ha dejado matar.

Pauleta, ya nos has dado el pésame. ya te puedes ir.

Y no vuelvas nunca más. -Buenas noches.

Y ahora a dormir si podéis.

¿Cómo pudo ser capaz mi padre de matar a Culet?

Perdónanos, Andreu, tienes que perdonarnos,

a mí y a tu padre.

No hemos sabido hacerlo mejor.

¡Déjame!

(LLORA)

Ya no hay más fantasmas, ¿eh?

¿Por qué te has quitado el brazalete de luto?

Porque no quiero saber nada de mi padre.

Ni de mi madre tampoco.

La tía Ció me quiere poner a trabajar en la fábrica.

Y a mí los Manubens me quieren llevar a igualada.

Te quieren pescar.

Escucha, Andreu, ¿por qué no nos escapamos juntos?

¿Los dos, a dónde? A Vic, en tren.

Allá no nos conoce nadie.

¿Eh, qué te parece? Yo he pensado mucho,

prendemos fuego al pueblo, cuando la siesta,

y, mientras todos corran asustados a apagar el fuego, huimos.

¿Hacemos un pacto?

Hecho.

Pero primero haremos un conjuro.

-Ya está aquí el conejo, lo hemos hecho con cebolla,

como a ustedes les gusta. -Esto sí que es un pecado.

-Ustedes se lo merecen todo, han sido tan comprensivos

con todos nosotros. -Deja.

-Entra, Andreu, los señores Manubens hablaban de ti.

-Comentábamos lo mal que lo habéis pasado tú y tu madre

con la muerte de tu padre. -Pero ahora

ya ha pasado todo, ¿verdad?

Ten, esto es para ti, chocolate.

Gracias.

-Hemos pensado que quizás podrías ayudar a tu madre.

Una boca más en casa siempre es una carga,

sobre todo si no lleva un jornal.

¿Qué te parece comenzar el año que viene el bachillerato

en los Escolapios de Igualada? -Después podrías hacer una carrera.

Tu madre no tendría ningún gasto, ni se tendrá que preocupar.

-Y en casa tendrás sitio para estudiar y para todo.

-Andreu, por el amor de Dios, di alguna cosa.

-Deja, Ció, deja que se lo piense. Ya me gusta, ya,

que no sea un alocado. -Será como ahora, Andreu,

pero diferente. -Pensadlo tú y tu madre.

Con ella ya hemos hablado.

Ven aquí, ella hará lo que tú digas.

Lo que más te convenga.

Lo apuntaremos para el año que viene para no perder

la plaza y ya nos diréis que sí.

¿Qué haces? He enterrado dos pájaros.

¿Los has enterrado vivos? ¿Y qué? Tú también los matas.

¿O crees que no lo sabemos?

Mira, ¿y tú?

¿Qué has traído tuyo?

(RÍE) ¿De qué te ríes?

De esta mierda de mapamundi que te han puesto.

¿Pues qué iban a poner?

¿No te gustan los pájaros? Pues lleno de pájaros...

Muertos, disecados,

así sería tu retrato.

El retrato de un asesino de pájaros.

Cuando la bomba me explotó en la mano,

los de la pandilla recogieron los trocitos

en una caja de zapatos, pero un día la desenterré.

Mano muerta, mano muerta, llama a esta puerta.

¡Déjame en paz! Tú no aguantas ni una broma.

¿Sabes qué? Un día me gustaría pegar fuego

a un pájaro.

Una bola de fuego volando por los aires,

chillando hasta caerse por tierra.

Una lluvia de cenizas es cuanto quedaría del pájaro.

¿Tú has querido morirte alguna vez?

Pues yo nunca me moriré entera.

Me iré muriendo poco a poco, un día una mano,

otro día la otra. Piensa que ya estoy

un poco enterrada. ¡Cuando esté bien muerta,

mierda a los vivos!

Mano muerta, mano muerta.

Ahora ya no podré morir. ¡Estás loca!

(RÍE)

-¿Qué es eso? Chocolate, para ti,

me lo han traído los amos. -¿Y qué querían?

Que me vaya con ellos para continuar los estudios.

-Eso es lo que tú querías. Yo lo que quiero es espabilarme

por mi cuenta. -¿Y qué piensas hacer?

Irme, me voy con mi prima, pero antes lo quemaremos todo.

-Cuidado, Andreu, esa niña está enfadada con el mundo

y tiene mala sangre. ¿Pues qué voy a hacer?

¿Irme a la fábrica o con los amos? -Vuelas demasiado bajo, Andreu.

Vuelas tan bajo que parece que solo camines.

Vuela alto y no te dejes atrapar por nadie.

¿Y cómo hago todo eso que dices? -Pensando, con la cabeza,

y después eliges lo que más te guste.

Pues ven conmigo. -No puedo.

¿Por qué no puedes? -Porque yo, un día de estos,

abriré las alas,

bien abiertas, del todo.

No te acerques.

-¿Dónde estabas? Por ahí.

-Tu madre te espera, ha venido a hablar de los Manubens.

-Ten, tómate esto y estate tranquila.

Pasa, Andreu, ha ido todo muy bien, los amos ya se han puesto

de acuerdo con tu madre. ¿Verdad?

-¿Qué quieres que diga la pobre Florència

si apenas se sostiene? -Ya está hablado todo

lo que había que hablar. ¿Ahora qué es lo que va mal?

-Siempre os habéis quejado de las condiciones

que os exigían y ahora decís amén a todo.

-Lo del niño es diferente, le van a dar estudios.

-Se lo llevan como si fuera de su ganado y tú sabes.

-¿Pues qué hay que hacer? -Dejar la tierra que no es vuestra

y largarse. -¿Ahora tendremos que irnos?

-Tú calla o te doy un bofetón.

A ver, ¿en qué piso roñoso de qué pueblo

de mala muerte cabríamos todos nosotros, viejos, críos,

tíos, tías y nueras? ¿No ves que aquí han comido

todos los que no tenían dónde caerse muerto?

-Yo me he deslomado a trabajar para ayudar.

-Cuando te ha convenido a ti y haciendo la vida

que te ha dado la gana. ¡Lo que nos ha costado

meterte en cintura! -Con el niño haced lo que queráis

pero yo no pienso estar a vuestras órdenes esperando

a que me sirváis el novio en bandeja, el novio lo elijo yo

y si sabe levantarme las faldas mejor.

-¡Basta! Aquí estamos para hablar lo de Andreu.

-¿Usted qué dice, madre? -Yo no entiendo que alguien

deje su pueblo y su familia pero si es por su bien...

¿Y a mí qué?

¿Es que nadie me pregunta?

¿No era yo el que tenía que elegir?

Andreu tiene razón. Di lo que piensas, hijo.

No quiero vivir así, ni que me señalen,

ni más mentiras,

¡No quiero ser como vosotros!

Ven aquí.

Se hará lo que tú quieras, hijo, pero quiero estar segura.

Si te das cuenta que la gente que ahora van a ser tus padres

son... ¿Te das cuenta?

Sí, sé que por su culpa mi padre está muerto.

Andreu se va.

ES lo que hubiera querido su padre.

No, madre, es lo que yo quiero.

(GRITA) ¡Eres un traidor, me lo prometiste!

¿Cómo puedes dejarme sola? Si soy capaz de dejar a mi madre,

¿Por qué no voy a dejarte a ti?

Claxon.

-Ponlo ahí dentro.

¿Qué, lo tienes todo?

Bueno, si olvidaste algo, ya pasaremos a recogerlo.

Ahora ve y despídete de tu familia.

-El Polifemo de "La Odisea" representa lo monstruoso

porque tiene un solo ojo y porque es un gigante.

Y también, y esto es lo más importante,

porque su naturaleza humana se había corrompido

hasta convertirlo en un ser de naturaleza diferente

a la que antes tenía y que llevaba escondida.

¿Sí? -Andrés Manubens tiene visita.

Tú, cara a la pared.

(CARRASPEA)

¿Cómo estás? ¿Qué, estudias mucho?

¿Te tratan bien? Sí, muy bien.

Que no tengan queja de ti, ¿eh? Que vean que te hemos

educado bien, que tienes maneras.

Puedes sentarte, madre.

Te he traído longaniza y todo de cosas que sé

que te gustan. Tuve que cambiar el turno

en la fábrica, cambiar de tren

y coger dos autobuses, no te puedes ni imaginar.

Si es tan complicado no hace falta que vengas más.

No quería decir eso, tonto.

¿Tú crees que tienes que tratarme así?

¿Sabes, Andreu? Yo también querría que todo

hubiera sido diferente.

Te aseguro que me he esforzado hasta partirme el espinazo.

Que no he hecho más que trabajar y trabajar por ti,

por tu padre, por todos.

Así hasta que me muera, que yo misma me taparé

la cara con la sábana para no dar trabajo a nadie.

Tu padre hubiera estado contento de verte aquí con tantos libros.

A mi padre déjalo en paz.

Toque de campanas.

Tengo que volver a clase.

¿Te gusta estar aquí?

Sí, me gusta mucho.

Pues si estás aquí es gracias a tu padre.

¿Te acuerdas de la carta que te dio en la cárcel

para los Manubens?

Allí les proponía no delatarles a cambio de que a ti

no te faltara de nada.

¿Entiendes?

Se dejó matar para que tú estuvieras aquí.

Yo ya he perdonado a tu padre,

quizá tú también le tendrías que perdonar.

-Eh, Andreu. ¿Qué?

-¿Quién era esa mujer tan rara? Una del pueblo,

que me ha traído un paquete.

Versión española - Pan negro

19 mar 2017

Durante la posguerra rural en Cataluña, Andreu, un niño que pertenece al bando de los perdedores, encuentra un día dos cadáveres en el bosque.

Contenido disponible hasta el 3 de abril de 2017.

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