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No recomendado para menores de 12 años Versión española - Las ovejas no pierden el tren (coloquio) - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Dejamos a nuestros protagonistas ante una nueva perspectiva de vida,

no sabemos si Alberto encontrará en el campo

la inspiración para escribir,

lo que sí parece es que respira mejor y está más contento.

Como decíamos,

esta noche queremos dar la vuelta al orden habitual de las cosas

y acercarnos a la España rural.

No podemos estar mejor acompañados, damos de nuevo la bienvenida

a nuestros invitados de hoy.

Sergio del Molino, buenas noches. Buenas noches.

Cristina Beltrán y Rafael Navarro de Castro.

Buenas noches, voy a recordar un poquito quiénes sois cada uno.

Por si algún espectador se ha enganchado más tarde.

Sergio, escritor, periodista, columnista,

autor de muchos libros, pero, concretamente, hoy estás aquí

por ser autor de "La España vacía. Viaje por un país que nunca fue",

que fue considerado el libro del año 2016 para la prensa

y el gremio de los libreros de Madrid.

Cristina, socióloga,

como decíamos, a finales de los 90 conoces al que es tu pareja,

comienzas una nueva vida y pasas de ser profesora de sociología

en la Universidad Rey Juan Carlos

para instalarte en una zona rural de Potes, Cantabria,

donde has tenido y has criado a tus dos hijos.

Trabajas como Agente de Desarrollo para la Mancomunidad

de Liébana y Peñarrubia. Eso es.

Y Rafael, también eres sociólogo, exurbanita.

Has trabajado en varias cosas cercanas a nuestro plató,

a lo que tiene que ver con nosotros.

Pero un día decides abandonar este ritmo de vida,

vendes tu buhardilla y te vas a vivir a la sierra de Granada

donde, ¿después de cuántos años...?

18 años.

Después de 18 años sigues haciendo una vida muy distinta

a la que habías llevado hasta entonces.

Allí has criado tu hija y has escrito

una belleza de libro de tengo aquí conmigo,

"La tierra desnuda",

en el cual das voz a los campesinos y a un modo de vivir milenario

que está a punto de desaparecer.

Es uno de los temas que vamos a abordar.

Muchas gracias a los tres otra vez por estar aquí.

Hemos pasado un buen rato viendo la película, la verdad,

yo empezaría hablando de ella.

Si Álvaro Fernández Armero dibuja realmente

una familia que tiene posibilidades de sobrevivir

o permanecer en el campo

o son neo rurales de difícil adaptación al medio.

¿Quién empieza?

Venga, Sergio, o Rafael. Venga.

Tú por tu propia experiencia.

Tú por ser neo rural adaptado.

Hombre, yo les veo con pocas posibilidades de adaptarse al medio.

De todas maneras, la película pinta un campo

que puede ser que se adapten, porque tampoco es tan difícil.

Fíjate qué rápido el protagonista, el escritor que está bloqueado,

que no puede escribir,

pero de repente, encuentra un trabajo rapidísimo en el campo.

De repente ayuda a su vecino ganadero y empieza a ganar dinero.

Por la cara que estás poniendo, te veo cierto escepticismo.

Claro.

El problema del campo no es el campo, es todo muy bonito,

pero hay que sobrevivir.

El problema del campo es encontrar un trabajo allí, en ese lugar,

ganarte la vida y que pase el tiempo.

Eso es lo verdaderamente complicado.

¿Tú cómo lo has conseguido?

Yo lo he conseguido con todas las dificultades del mundo.

Yo he hecho de todo en el campo para sobrevivir,

incluso monté una granja de gallinas ecológicas,

pero hago de todo, hago mil cosas al mismo tiempo.

O sea, tu proceso ha sido parecido

al del personaje de Raúl Arévalo, ¿o no?

No, yo no escribía antes,

es que tampoco tomas las decisiones definitivas

de te vas al campo...

Yo me fui al campo pensando:

"Seguiré trabajando en el mundo del audiovisual,

me voy a Madrid una semana y luego vuelvo y tal".

Pero claro, eso es muy difícil de sostener,

porque estás en la distancia, tienes muchos viajes, de repente,

nace mi hija, con lo cual,

yo también tengo que cuidar a mi hija.

Y ya no me puedo ir una semana, y entonces,

empiezo a pensar en fórmulas para sobrevivir en el campo.

La mejor fórmula de sobrevivir en el campo es no gastar nada.

(RÍEN)

Esa es la mejor forma,

que es lo que hacen los campesinos de los que hablo.

Los campesinos de los que yo hablo son autosuficientes.

Ellos hacen todo.

Su vino, su aceite, su queso, su pan, su leche, sus verduras,

la carne que comen...

Ellos hacen todo y no necesitan nada.

Por eso pueden o han podido durante miles de años vivir en el campo.

Pero claro, yo no soy capaz de eso.

Yo hubo un día en el que quise ser campesino

pero descubrí que no era capaz de hacer tantas cosas,

de saber tanto como ellos y de conformarme con una vida,

digamos, tan austera.

Así que no es tan fácil, ¿eh?

Es muy difícil. No es tan fácil.

Salvo que uno tenga una forma de ganarse la vida en la distancia,

tal vez a través de Internet o tal vez escribiendo...

Si eres capaz de vivir de la literatura,

pero eso es más difícil que vivir del campo.

(RÍE) Muy interesante.

Hay otra imposibilidad,

otra colisión entre realidad y ficción en la película

que es cuando, al principio, intenta,

está bloqueado el escritor, y se refugia en el porno.

Con las conexiones ahora mismo que hay en la España rural,

no se puede ver porno.

(RÍEN)

El porno no llega a la España rural tampoco.

Entonces es una distracción que tampoco está a su alcance.

O no está al alcance de cualquier neorrural que se vaya,

porque no conecta el ordenador.

Hay un Internet que va a pedales, prácticamente, en muchos sitios.

Y no podría ni siquiera encontrar esa huida.

Al margen de eso,

es verdad que en muchas comarcas deshabitadas

de la España vacía, se vive con muy poquito.

Pero se vive con muy poquito, hay datos de algunas comarcas,

las medias de renta per cápita es de 8.000 euros al año.

Cuando la media española es de 27, casi 30.

Y 8000,

estamos hablando de verdad de realidades muy austeras,

donde se vive con muy poquito dinero,

porque se gana muy poquito dinero, evidentemente.

Y es verdad que hay un mantra de que, con la crisis,

como se plantea en la película, mucha gente se iba a ir al campo.

Y que ahora como no hace falta ir a trabajar

y en muchas profesiones liberales puedes trabajar desde casa.

Yo mismo, soy escritor y con un ordenador

y conectándome a Internet, puedo trabajar donde sea.

Y no me he ido al campo.

Y no me he ido y no se ha ido mucha gente.

Y una de las razones es, precisamente, esa falta de Internet.

Esa imposibilidad de poder conectarte,

que te lo pone muy difícil para poder irte.

-Volviendo a la película,

yo estaba precisamente pensando esto que decía Sergio.

El negocio de ella podía prosperar si tiene buena conexión

y no está demasiado lejos de la ciudad

y el acceso a la carretera no es muy difícil, ¿por qué no?

Pero creo que es francamente difícil

que un periodista que no tiene ninguna conexión con el mundo rural

llegue a ser un buen agricultor.

Eso es pura ficción.

¿Pastor?

¿Eso es verdad?

-Completamente.

¿El perfil del personaje de granjero sí se acerca

a algo de lo que conocéis?

Se parece, lo que pasa es que la película,

lo que no cuenta con veracidad,

es que pueda dar trabajo a su...

a este urbanita que ha llegado y que pueda pagarle.

-¿Y esto? -¿Pues no estás trabajando?

Los trabajos se pagan, copón.

La vida de un ganadero con 400,

ahí se ven 20 o 30 ovejas,

pero la vida de un ganadero con 400 ovejas

o cabras, por ejemplo,

que yo tengo mis vecinos y a mis amigos en el pueblo

que se dedican a ello,

es una vida de 12 horas de trabajo al día,

7 días a la semana, 4 semanas al mes y 12 meses al año.

Quiero decir, que no hay descanso.

Y no pueden contratar a alguien que les lleven las ovejas a pasear

o que les dé de comer.

Normalmente lo hace la familia.

Será el hijo el que saldrá con las cabras al monte

o será la mujer.

Pero viven justitos.

No es: "Tengo las ovejas,

le pido a mi vecino que me eche una mano

y voy y le pago porque me sobra dinero".

No, no tienen dinero. El problema en el campo es ese.

Una vida muy sacrificada,

durísima por la que consigues más o menos sobrevivir.

En muchos casos no se consigue ni sobrevivir.

Los rebaños en mi valle se van contando con los dedos de la mano.

Antes, toda la sierra estaba llena de rebaños y ahora ya quedan 10.

Dentro de unos años, quedarán 5. Y dentro de 20 no quedará ninguno.

¿En España ha desaparecido la vida granjera pequeña escala?

La vida campesina a pequeña escala, sí.

Yo creo que sobreviven

los agricultores y ganaderos grandes.

Los ganaderos de intensivo, por ejemplo.

Los que tienen los animales encerrados en granjas.

Produciendo a base de piensos y de química.

Pero el pastor que tiene sus cabras o sus ovejas

como en la película en el monte, como toda la vida,

lo tiene muy complicado.

Y ese es el problema del campo. Ese es el problema fundamental.

No el problema del Internet.

Porque si el que produce la leche no consigue sobrevivir de eso

por más que todos bebamos leche

y comamos quesos y mantequilla y además, la pagamos y bien pagada.

Pero ellos no pueden sobrevivir,

creo que ese es el "quid" de la cuestión del campo.

Solo funciona...

Solo se puede vivir en la agricultura

y ganadería a grandísima escala.

Solo pueden las grandes explotaciones

y si produces para inundar el mercado y exportarlo.

Por ejemplo,

hay un proyecto ahora en Soria de hacer una macrogranja

con no sé cuántos millones de vacas...

Pero esos proyectos son los que permiten vivir

porque ha desaparecido el circuito del pequeño agricultor y ganadero.

Nos lo hemos cargado con el paso del tiempo.

Y es muy difícil que estos agricultores y ganaderos,

con el precio al que se les paga el producto,

puedan vivir y sacar un sueldo.

Y eso es verdad.

Es la principal quizá inconsistencia del personaje en la película.

Pero por otro lado,

a mí me gusta del personaje que está casi rozando la caricatura,

casi citando a Paco Martínez Soria pero no llega a ello.

Tiene un fondo de...

de redondez el personaje que me gusta mucho

y que lo lleva a un terreno que no es el del cateto.

Que lo saca de ahí y eso me gusta mucho.

Y la conversación

y la relación que tiene con él,

además de una extremada generosidad.

Porque al principio lo que hace, la primera interacción, cuando dice:

"Yo te arrimo un poco de leña".

-Yo te arrimo una poca, hombre.

-Pero hoy por ti y mañana por mí.

Y cuando es mañana por mí, el otro personaje no responde.

Le dice: "Oye, vente para acá", y se esconde.

En lugar de tirarle al pilón,

que hubiera sido la reacción adecuada y normal de decir:

"Este tipo, encima que le he ayudado,

le he dado leña y no me da...". En lugar de tirarle al pilón,

insiste en esa relación de amistad con una extremada generosidad.

Y eso me gusta, está muy bien trazado.

¿Porque hay valores que reconocéis en eso?

En esa colaboración constante,

en esa telaraña de ayuda y de colaboración que, quizás,

los urbanitas no tenemos tan desarrollada.

Por lo menos, en comunidad.

Quizá en familia, amigos, sí. Pero comunidad quizá menos.

Ahí sí los reconocéis en la película, ¿no?

A mí el personaje sí que me ha gustado en el sentido

de que sí que refleja en parte la realidad de estos ganaderos.

Es un hombre de edad avanzada y está solo.

Y sabemos todos que una explotación ganadera,

o agraria, una persona sola no es viable,

que ha sido un poco el drama de nuestros territorios rurales.

Estaban pensados para ser una economía familiar.

Entonces claro, el estar solo es realmente inviable.

En tu libro cuentas, como decíamos,

a través del Blas y de la Antonia cuentas

precisamente esos 80 años de historia, ¿no?

Me gustaría que nos resumieras cómo ha sido su vida,

qué ha sucedido para que desaparezca,

tras más de 10.000 años de historia,

ese pequeño agricultor ganadero que está en peligro de extinción.

Bueno, "La tierra desnuda" cuenta la vida

de los campesinos casi en el último siglo.

Y se centra sobre todo en la dureza de esa vida.

Y la incertidumbre de esa vida. Y la austeridad que exige esa vida.

Me ha gustado...

Lo que he pretendido, sobre todo, es resaltar

los valores de los que hablabas antes.

Estos valores que son la austeridad,

aunque sea completamente anacrónico reivindicar la austeridad

en el siglo XXI en la sociedad del despilfarro.

Pero ellos sí sabían conformarse con lo que tenían,

sabían ayudarse unos a otros,

como el personaje de la película es capaz de ayudar.

Ellos se juntaban para la aceituna, para la siega, para la vendimia,

para la matanza...

Se ayudaban unos a otros.

Otra cosa que ha desaparecido o va a desaparecer con ellos.

Porque en la ciudad, ¿quién le echa una mano a nadie?

Y sobre todo, sobre todo,

el respeto al medio ambiente, el respeto por su valle,

por la tierra,

cómo han cuidado su valle.

Cómo si se les seca un árbol, plantan otro.

Cómo han mimado la tierra, han mimado la naturaleza...

Profundamente ecologistas sin saberlo.

Sin perfilar el término, ¿no?

Claro, a ellos no les digas que son ecologistas,

porque les parece un insulto, ese término no lo aceptan.

Porque está como vilipendiado. Pero lo han sido sin pretenderlo.

Y eso desaparece con ellos.

Mi valle, conforme van muriendo los campesinos,

que ya tienen todos 80 o 90 años,

nadie quiere conseguir su vida

porque los hijos no quieren saber nada del campo.

Pero nada en absoluto porque saben lo dura

que ha sido la vida de sus padres y no quieren repetirla.

Y lo incierta que ha sido,

ellos quieren un sueldo más o menos estable como sea.

Y en el campo eso es muy difícil. Hagas lo que hagas.

Son esos valores los que yo quiero rescatar con la novela.

El respeto al medio ambiente,

la manera de relacionarse con las plantas, con los objetos,

con las personas...

Cómo te diría... Nosotros lo tiramos todo.

Ellos no,

tienen las mismas herramientas durante 30 años.

Están segando con la misma hoz 30 años.

Y lo miman todo, lo cuidan todo.

Es una forma de ser que para mí es un desastre que desaparezca

y por eso he querido hacerles este homenaje,

de decir: "Bueno, van a desaparecer".

Yo esto ya lo sé, pero al menos, que quede constancia.

Que les demos una despedida.

¿Nos podríamos aproximar, Rafael,

a las consecuencias que tendrá su desaparición

en términos sociales y económicos de estabilidad, de sostenibilidad?

Pues no lo sé...

Con rebote a vosotros, por favor.

Yo te puedo contar

las consecuencias inmediatas que yo veo.

Que son cerezos secos y muertos,

olivos abandonados que nadie coge la aceituna...

Si descuidamos el valle,

a pequeña escala, el valle se va a secar.

¿Quién conserva las acequias, que tienen 1000 años,

y que durante 1000 años han estado regando el valle

y lo han convertido en el verdor que es ahora?

Lo han conservado los campesinos.

Cuando ellos no estén, ¿quién va a conservar las acequias?

¿Y cuando no estén las acequias? El valle es un desierto en 20 años.

Pues esa es la primera consecuencia.

Es medioambiental.

Económicamente,

todo el mundo irá terminando en las ciudades y el campo será...

Quedarán pequeños productos turísticos.

Porque está la fórmula que dice Cristina

de gente que puede hacer trabajos en el campo

si está bien comunicado,

si tiene Internet, si tiene unas cosas.

Pero esas cosas no van a sostener el territorio.

Esas gentes no van a sostener los olivares, los sembrados,

las huertas, las acequias... No lo van a sostener.

-Para nada. -Entonces vale, nos vamos allí,

somos diseñadores o artesanos o escritores, por ejemplo,

y podemos trabajar allí pero el territorio no se va a mantener.

Y necesitamos que se mantenga el territorio.

-Efectivamente. Cristina.

Sí,

podemos enriquecer la ya diversa vida rural

con diferentes procedencias,

lo que estamos hablando,

diferentes oficios o gente que venimos a aportar otra cosa.

Pero sin duda, la estructura del mundo rural

tiene que ser lo que ha sido siempre,

entre otras cosas, la producción de alimentos.

Por seguridad alimentaria en primer lugar, en segundo lugar,

por respeto a su cultura.

Y en tercer lugar, por cosas que a lo mejor nos parecen tan raras

como la prevención de los incendios.

Una de las cosas por las cuales la preocupación por el mundo rural

ha vuelto a la agenda principal

de la preocupación nacional ha sido por la oleada de incendios

que estamos teniendo. Está poniendo en relevancia

que la permanencia de las sociedades rurales

tiene mucho que ver

con la supervivencia, también de las ciudades.

-Sí, hay un proyecto muy bonito en Extremadura,

el Proyecto Mosaico,

que es una...

Quiere plantear una política de prevención de incendios basándose

en recuperar las tareas ganaderas tradicionales,

por eso se llama Proyecto Mosaico,

porque si lo miras desde una foto aérea,

el campo se ve repartido el mosaico y no es un bosque uniforme.

Con lo cual, cuando hay un incendio,

el bosque encuentra un prado y se detiene.

Y no se crean esos incendios enormes

que son consecuencia directa de la despoblación.

-Claro.

-Yo creo que la vida rural ha desaparecido ya.

Ya estamos viviendo su extinción,

no es qué va a pasar cuando desaparezca, sino que ya...

Y hemos presenciado en un par de generaciones cómo ha desaparecido

una forma de vida milenaria,

por eso es tan valiosa la novela de Rafael.

Porque realmente cuenta esa extinción

a la que hemos asistido en directo.

Ya no existe ese mundo.

Ya no... Quedan pequeñas trazas y pequeños restos folclóricos.

Y en el mejor de los casos o en el peor de los casos,

lo que quedan decorados.

Y es lo que va a quedar del campo.

Yo creo que van a quedar decorados e interpretaciones,

gente que se va a disfrazar de campesina para evocar

lo que fue una vida que ya no existe.

Pero incluso aunque se recupere la vida de los pueblos

porque vayamos algunos a vivir,

y decimos: "De repente es más barato,

en lugar de montarme mi estudio en la ciudad,

que me sale muy caro,

me lo monto en una casita en un pueblo y me sale muy barato".

Vamos a llevar la vida urbana a los pueblos.

-Efectivamente. -No vamos a llevar la vida rural,

esa vida ha desaparecido. No se va a reeditar.

Con lo que es muy importante me parece muy importante

que queden huellas artísticas y reflexiones,

porque ya ha desaparecido.

No vamos a tener contacto con ese mundo.

La última generación que ha tenido contacto

somos nosotros.

Nuestros hijos no sabrán de qué hablamos.

Cristina, el agricultor que muestra la película,

el personaje de Pepe Oliva,

parece no tomarse muy en serio el trabajo de escritor.

Efectivamente.

Quiero saber cómo te recibieron a ti en Potes.

Cómo te sentiste tú siendo una neorrural.

Bueno, fue curioso y divertido.

Yo nunca me he sentido muy identificada

con la categoría de neorrural.

Realmente, ahora mismo no sé ni lo que soy.

Mi integración, no sé cómo habrá sido la tuya,

pero yo ya no soy mucho del mundo rural ni mucho de la ciudad.

No sé muy bien lo que soy.

Pero lo curioso... -A mí me llaman en el pueblo

"el mezclaíllo".

-¿Sabes cómo nos llaman a nosotros?

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

"El mezclaíllo".

Cuando yo llegué,

los primeros años notaba que a las personas

como yo nos llamaban "paracaidistas",

lo cual refleja una buena metáfora de lo que...

consideraban que éramos, algo ajeno,

que no sabían muy bien qué habíamos venido a hacer allí.

Y como salidos de la nada.

Recuerdo la primera vez que fui a abrirme una cuenta corriente

y me preguntaron:

"De profesión sus labores, ¿no?". Y yo:

"Alto, alto, que soy socióloga".

Claro,

pero yo llevo allí 18 años, igual que tú, y en 18 años,

el mundo rural ha cambiado muchísimo.

Y al igual que las personas de las que tú hablas,

del gran trauma,

llevan la ruralidad en la ciudad y habitan, no en la ciudad,

sino también sus pueblos,

yo creo que las personas que habitamos el mundo rural

que procedemos de ciudades

también llevamos la ciudad en nuestra cabeza.

Y entre todos estamos construyendo quizá

un mundo rural bastante distinto.

Es una síntesis complicada.

Que es lo que tú dices, Sergio.

Pero está en construcción.

-Sí, sí. -No solo necesitamos Internet,

también a nuestros ganaderos y agricultores.

Pero tenemos que hacer algo nuevo entre todos.

Yo no podría decir jamás que me han tratado mal,

a mí me han tratado muy bien, he tenido oportunidades fantásticas,

estoy super satisfecha de mi vida allí.

Pero tengo que decir que es ambivalente en cualquier caso.

Claro.

Claro. Porque nadie deja...

Nadie deja el mundo que conoce a coste cero.

Es decir, hay una transición que es difícil.

Pero luego construyes algo. Y está muy bien,

de eso también he aprendido mucho.

A mediados del siglo XX,

que habla tu precioso libro también "La España vacía".

Se produce en España un tremendo éxodo rural

que deja vacíos centenares de pueblos

y desborda la población en las grandes ciudades.

Lo que tú llamas,

un concepto fundamental en tu libro: "el gran trauma".

¿En qué es diferente el éxodo rural español al resto de países?

¿Cuáles son sus peculiaridades?

Bueno, el último éxodo rural,

que yo me refiero al "gran trauma" sucede a partir del año 59.

Porque desde el siglo XVIII ya empieza a producirse.

A mediados del siglo XX.

Del último todavía vivimos los efectos.

Se distinguen en varias cuestiones, una de ellas es que es más tardío.

En el resto de Europa se produce mucho antes.

En España,

como la industrialización es más tardía,

se produce cuando en el resto de Europa

ya los efectos están un poco minimizados.

Y se produce en un periodo de tiempo mucho más corto, con lo cual,

afecta de una forma mucho más traumática a todo el país.

En apenas 20 años, en menos, en realidad en 15 años,

el mapa demográfico español se da la vuelta.

España pasa de ser un país eminentemente campesino

a ser un país urbano.

Y eso ocurre en 15-20 años.

Eso es un cambio social tan grande,

y cultural tan grande, que todavía creo

que no lo hemos asumido.

Y todavía lo estamos viviendo.

Ese éxodo todavía se está produciendo.

Y la crisis económica,

que está en el trasfondo de "Las ovejas no pierden el tren",

la película que hemos visto, ha acentuado mucho.

Yo hace poco estuve estudiando

las estadísticas de población del INE de los últimos 10 años

y ves cómo hay una caída en picado a partir de 2008-2009

en las provincias más rurales de interior.

Hay una caída en picado.

Se está acelerando otra vez ese éxodo rural.

Entonces,

estamos todavía viviendo en ese cambio de ciclo de España

que ha hecho de España un país nuevo,

que no tiene absolutamente nada que ver

con el país campesino que era entonces.

Y todavía nos cuesta reconocerlo,

por eso lo llamo "gran trauma".

Porque sucedió en menos de una generación

y todavía estamos asimilando ese cambio.

Y muy rápido. Todavía hay mucha memoria viva

en España y mucha gente que conoció ese país,

que vivió en un país

y ha envejecido y va a morir en un país muy distinto

que le cuesta mucho reconocer.

Y creo que eso nos explica mucho y hablamos muy poco de ello.

Es muy importante para entender cómo es España.

¿Y si hablamos de servicios, de las cosas que faltan?

Es el momento de hablar de ello.

¿Qué pasa con la educación, con la comunicación...?

En la zona en la que vivo yo, que es bastante peculiar,

es una zona,

la comarca de Liébana, que la conoceréis probablemente,

en 1950 tenía más de 13.000 habitantes.

Y ahora no llegamos a 6.000 y perdiendo.

Un proceso acelerado desde el año 2000.

Sin embargo, yo sería optimista en cuanto al tema de los servicios.

Porque sí que está habiendo un esfuerzo

por parte de las administraciones

y con inversiones bastante fuertes, nunca suficientes,

y tenemos que seguir pidiendo.

Nuestro principal problema es la orografía.

Y no hay mucho que hacer al respecto.

Porque tampoco queremos que se nos cargue

en el Desfiladero de La Hermida

ni otro de los accesos que son bellezas naturales.

Elegimos vivir ahí, otros no, y esto es lo que hay.

Aunque está habiendo muchas mejoras.

Con respecto a lo de la educación, yo he criado ahí a mis dos hijos.

Uno tiene 17 años y la pequeña tiene 14.

Estoy contentísima con la educación que han recibido.

Yo también he visto con mis propios ojos cómo de haber un simple

consultorio médico con instalaciones

precarias ahora tenemos un centro de salud estupendo.

Yo sí que veo avances en ese sentido.

¿Faltan cosas? Faltan.

Pero también tenemos que valorar el camino que estamos haciendo.

Bueno, este optimismo no es el habitual.

Bueno,

yo añadiría que aunque haya que insistir

en la reclamación de los servicios,

los colegios, la sanidad,

hasta los cajeros automáticos que se decía

el otro día en la manifestación,

creo que no debería eso hacer que perdamos

de vista el verdadero problema, que es el del trabajo.

-Sí. -Sí.

-Porque muchas veces es como...

¿Es que si hubiese esos servicios la gente se iría?

¿Con Internet la gente se iría a los pueblos?

¿Con una buena conexión a Internet?

No, se irían cuatro, pero eso no... Ya.

A veces perdemos de vista esto.

Decir: "Nos quejamos por esto

y está muy bien porque tenemos que exigirlo,

que nuestros hijos tengan la misma atención sanitaria

que cualquier niño de una ciudad y en las mismas condiciones".

Pero no olvidemos que el problema del campo es...

-Es económico.

-Es económico y es cómo se sobrevive en el campo,

cómo se trabaja en el campo y de qué se vive.

Esta es la clave.

-Con el campo y con qué se vive, aparte,

en una comunidad de servicios.

Es que la agricultura es una parte muy pequeñita.

-Exactamente eso iba a decir.

-Entonces claro, el problema es de qué vives.

Y con la despoblación y el mundo rural,

lo que pasa es que siempre hay muchas ocurrencias.

De gente a la que se le ocurren cosas.

Por ejemplo, cuando vino la crisis de los refugiados de Siria,

mucha gente se apuntó:

"Pues si tenemos un montón de país vacío.

¿Por qué no metemos aquí a los refugiados?"

Y digo: "Sí, ¿pero para hacer qué?".

De qué viven, claro.

Eso qué quieres, ¿hacer en España

un campo de concentración enorme de gente?

La cuestión es irte pero para vivir de qué.

Que esto es tú lo primero que te planteaste,

"yo cómo sobrevivo aquí".

Pero claro, eso lo puede hacer una persona.

Cuando estamos hablando de miles de personas,

¿qué hacemos?

Si no hay economía, no hay tejido económico,

no hay posibilidad de plantear nada.

Primero, eso es lo fundamental. Y luego ya hablamos de servicios.

Porque tú puedes dotar, y eso es verdad que es solo dinero.

Tú puedes dotar todo de servicios,

poner Internet 24 G por todas partes

y todo lo que tú quieras y puedes poner

un médico en la puerta de cada casa.

Lo que quieras,

eso es cuestión de dotarlo de presupuestos.

Pero si luego la gente no puede vivir,

¿qué más da que esto esté dotado de servicios?

-Se vaciarán igualmente porque sus habitantes son muy mayores

y conforme van muriendo,

si nadie joven se quiere ir a vivir allí

y encuentra una forma de vida,

pues se vaciarán igualmente con servicios y sin servicios.

Pues no sé si queréis decir algo más,

que me están diciendo que se termina el tiempo ya.

Si queréis añadir algo.

Porque son temas casi inabarcables y libros fantásticos

que lo que tenemos que hacer aquí es recomendarlos.

Vamos, como por obligación.

Tenéis que comprar estos libros por obligación.

No es una cuestión de éxito editorial, que también,

porque sabréis de qué se habla,

sin obligación para formar esa conciencia

de la que estamos hablando.

Son libros de kilómetro cero. Para convivir, efectivamente.

No sé si queréis añadir algo más,

que ha sido realmente interesante escucharos.

Yo he disfrutado muchísimo de la lectura de los dos libros,

me han encantado, os felicito. Yo también.

Y solamente que me gustaría que esta atención

que tenemos ahora sobre los problemas

de la moda real no fuera una moda pasajera.

Fuera algo que ha venido para quedarse.

-Pues ojalá, sí, ojalá.

Me gustaría que esta atención, es verdad,

que se prolongase en el tiempo.

Pero es verdad que también percibo muchas inconsistencias.

Que no está claro cuál es el cuerpo de demandas

que hay ni están correctamente identificados los problemas, creo.

Con lo cual, creo que es difícil que pasemos de la retórica...

para que la cosa se prolongue en el tiempo.

Pero ojalá, ojalá se arme un corpus,

ojalá esto vaya algún sitio y tomemos

sobre todo una conciencia como país

de que no nos podemos permitir perder

lo poquito que nos queda de esa cultura milenaria.

Rafael, cierra tú.

Yo... ¿Me dejáis esa responsabilidad?

(RÍEN)

Pues no sé muy bien qué decir.

Yo creo que lo que tenemos que hacer es seguir trabajando.

Seguir contando el campo, seguir compartiéndolo,

seguir viviendo en el campo...

Y animar a la gente también a acercarse a la campo,

por qué no, ¿no?

Pues muchísimas gracias a los tres, de verdad,

ha sido un placer escucharos.

Ha sido una lección de experiencia, conocimiento y sabiduría,

que es de lo que se trata.

Y de poner en valor estas películas

no solo por el valor cinematográfico,

también por su responsabilidad a la hora de hablar

de los temas que nos ocupan.

Así que gracias a los tres

por haber estado aquí y por vuestro tiempo.

Gracias a vosotros. -Muchas gracias.

Hasta aquí nuestro programa de hoy.

Ya sabéis que os esperamos la próxima semana

para seguir compartiendo el mejor cine español reciente.

Y en el campo o en la ciudad, humanicemos la vida.

Un beso fuerte.

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Versión española - Las ovejas no pierden el tren (coloquio)

22 abr 2019

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