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3942018
No recomendado para menores de 12 años Versión española - Biutiful  (Presentación y coloquio) - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Buenas noches y bienvenidos a "Versión española"

en edición absolutamente "deluxe".

Javier Bardem, buenas noches. Buenas noches.

Bienvenido. Gracias.

Eduard Fernández, buenas noches. ¿Qué tal? Buenas noches.

Es un placer absoluto teneros a los dos aquí, que lo sepáis.

Muchísimas gracias por hacer un hueco

para estar con nosotros y con los espectadores

para revisar juntos este peliculón de Alejandro González-Iñárritu:

"Biutiful".

Va a proponer un montón de temas de los que tenemos que hablar.

Antes de nada, si me permitís, centraré al espectador despistado

sobre los proyectos que tenéis entre manos

o las películas que habéis hecho este año.

Javier, empiezo por ti.

Corrígeme si me equivoco en algo, porque como es mucho, puede ser.

Tienes pendiente de estreno "Madre" de Aronofsky.

Sí. Bien.

"Piratas del Caribe",

en la cual haces el gran villano de la película.

Una historia que vamos a seguir muy de cerca

porque tenemos especial predilección por su director,

Fernando León de Aranoa, que es "Escobar".

Has terminado hace poquito el rodaje con Penélope Cruz.

Y rodarás "Dios mío con el deseo" a las órdenes de Asghar Farhadi,

el director de "Una separación". Sí.

Cuéntame lo que quieras del proyecto que quieras.

Pues sí, se ha dado la ocasión de ser un año fructífero.

Pero también son películas que llevo haciendo varios años

y que justamente se estrenan todas al mismo tiempo.

Lo de Asghar Farhadi, sí, es este año.

Para mí es un sueño hecho realidad.

Es un director extraordinario.

A nivel interpretación, las historias que cuenta,

cómo las cuenta.

Viene de una formación teatral muy importante.

Es un director que le encanta ensayar.

Ensaya como dos meses antes de rodar.

¡Oh!

Eso es no es muy común.

Y bueno, estoy curioso de saber cómo se va a hacer esto,

teniendo en cuenta que es en español y que él es de Irán.

A ver cómo se hace. Qué curioso.

Sí, sí.

Pero bueno, él hizo la de "El pasado" en francés.

Es verdad.

Sé que entiende un poco de francés, tampoco lo habla muy bien, creo.

Pero bueno, está bien.

Habrá que hacerlo de tal forma, con tanta credibilidad,

que él lo pueda entender más allá de las palabras.

Exactamente. En cierto modo, es un reto.

Que esa Torre de Babel no tenga fronteras.

Eduard, tú has pasado un año también muy completo.

El último año encima de los escenarios

abordando "Panorama desde el puente" de Arthur Miller, primero en catalán

y después en castellano.

Has terminado ese pedazo de espectáculo

hace muy poco tiempo.

Puedo hacerlo por un millón de dólares.

Has sido una de las caras de este año

con "El hombre de las mil caras", efectivamente,

con Francisco Paesa a las órdenes de Alberto Rodríguez.

Otra vez nominado al Goya, y esa Concha de Plata

en el Festival de Cine de San Sebastián,

uno de los grandes personajes que ha tenido el cine español

en los últimos tiempos. Has abordado comedia.

"La noche que mi madre mató a mi padre", de Inés París.

Tienes pendiente de estreno una película de Álex de la Iglesia,

"Perfectos desconocidos".

También empiezas a rodar "La zona"

a las órdenes de los hermanos Sánchez Cabezudo,

que son una joya. -Una maravilla.

Cuenta lo que quieras de todo este abanico de cosas.

Que el director de la obra de teatro era francés.

Tampoco entendía el catalán ni lo hablaba,

y lo hemos hecho también así.

Tenía traductor al lado, pero se podía y estaba bien.

Y es verdad que ellos pillan el subtexto, digamos,

o lo que estás dando por debajo, y van dirigiendo.

Y no fue nada dificultoso y fue muy bonito.

Pues sí, he hecho todo esto.

Me ha hecho mucha ilusión la Concha de Plata, en casita está.

Y voy a rodar "La zona" con Jorge Sánchez Cabezudo,

y su hermano Alberto, que también escribe.

Y estoy muy ilusionado con hacer televisión,

que casi nunca he hecho

y me apetece mucho hacer esos ocho capítulos

que será muy largo,

pero muy ilusionado con el proyecto.

Todo cosas buenas.

Esta reunión aquí también me lo parece

porque ambos coincidisteis hace 18 años

en "Los lobos de Washington". ¡Uh, cuántos!

-¡Guapa! ¡18 años!

No me gusta nada dar cifras, por la cuenta que me trae,

pero es para darle valor. Claro, el 98.

El 98.

Te acerco y me voy. Coge tu parte.

¿Dónde te vas, "jodío"? ¿Dónde te vas, coño?

¡Me voy!

Ahí empecé yo en el cine. ¿Ah, sí?

¿En el cine? En el cine sí.

Iñárritu os vuelve a juntar en "Biutiful"

y me gustaría saber qué supuso para vosotros

a nivel personal y profesional este proyecto.

Javier. Pues persona y profesional,

un salto adelante a nivel de cómo afrontar el trabajo,

dónde colocarlo en el cuerpo.

Fue un aprendizaje extraordinario

en el sentido, no solo a nivel actoral,

sino a nivel de qué hacer con el instrumento que tenemos.

Porque el actor trabaja un instrumento:

el cuerpo, la mente, el sentimiento.

No hay nada fuera, como el pianista con el piano

y el pintor con la pintura. Somos una única cosa.

Entonces, hay que cuidar el instrumento.

Es una película en la que el instrumento

se quedó muy tocado, por dónde tenía que pasar.

A nivel personal y actoral, se juntaron las dos cosas.

Y para mí siempre es un placer

y siempre me quedo con muchas más ganas de trabajar con él.

Ya sabemos que los actores somos el 50 % del trabajo.

El otro 50 % es el compañero. Es verdad.

Y cuando el compañero es como Eduard, pues uno ya se relaja y confía.

Es cierto. Eduard.

Bueno, pues yo encantado de trabajar con Iñárritu.

De trabajar con Javier una vez más.

Es verdad que la amistad que tienes hace más fácil el camino.

Hay unos cuantos pasos que ya te lo saltas

y llegas directamente donde toca.

Haciendo un personaje de reparto,

que tienes claro cuál es tu papel y qué lugar ocupas.

En este caso, es un hermano realmente peligroso

y había que estar ahí a su lado.

Penosamente para mí, no precisamente para apoyarle.

Pero sí, tenía que hacer mi papel, que era darle.

Eso a veces me costaba y no me gustaba.

Me hubiera gustado acariciarle un poco más, pero no podía.

Vete a trabajar en un chino.

Este retraso me cuesta una fortuna.

-¿Qué te ha pasado? -Ha habido un problema, Tito.

No me jodas, coño. ¿Por qué no has venido a verme?

¡Joder!

Javier, ¿qué valor destacarías de la película

si tuvieras que definirlo tú como espectador,

y por qué recomiendas que se queden con nosotros hoy?

Yo creo que es una película que merece la pena.

Creo que tiene muchos elementos de buen cine.

Una fotografía excelente, una dirección extraordinaria,

hay algunos trabajos...

Pero si tengo que rescatar algo de todo lo que se cuenta, quizás...

A mí me pegó mucho la identidad del hombre.

Creo que, al final, habla mucho de lo que es ser un hombre,

lo que ser un padre significaría.

Algo de eso hay en la película.

Cómo él encuentra un lugar como hombre, como padre

a lo largo de su viaje.

Y creo que eso es bonito

y me gusta reconocer esa parte del personaje.

Pues vamos a verla, si os parece.

Vamos a volver a ver "Biutiful".

El año pasado, Alejandro González-Iñárritu

hizo historia al conseguir su segundo Óscar consecutivo

como director, por "El renacido".

Un año antes lo obtuvo por "Birdman".

Pero, antes de todo eso, invitó a Javier Bardem

a un paseo por el infierno que, sin duda, valió la pena.

Premio en Cannes, premio Goya, y nominación al Óscar de Hollywood.

Ahí es nada.

Junto a la omnipresente figura de Javier,

un brillante elenco de actores consagrados

como el extraordinario Eduard Fernández,

más turbio y ladino que nunca,

y otros rostros menos conocidos que son una maravillosa sorpresa,

como la indescifrable Maricel Álvarez.

Vamos a entregarnos a esta tragedia contemporánea

en una Barcelona desoladora

por la que nunca transitan los millones de turistas

que la visitan cada año.

Nos vemos de este absorbente tour emocional

para seguir conversando con estos dos maestros

que tengo la suerte de tener hoy a mi lado.

Nos vemos luego.

(Música)

(Música)

Después de su tortuoso descenso a los infiernos,

Uxbal ha encontrado por fin descanso junto a su padre

en un purgatorio gélido y luminoso.

Allí, el hombre que escuchaba a los muertos

solo tendrá que dejarse llevar.

Aquí seguimos con Javier Bardem.

Buenas noches de nuevo. Buenas noches.

Eduard Fernández, buenas noches. ¿Qué tal?

Siempre que terminamos de ver una película

nos da la sensación de conocer mucho mejor al actor

que antes del proceso con el personaje.

Y, realmente,

lo que te ha pedido aquí Iñárritu es tan bestia, es tan brutal.

Cada uno de los planos de la película,

está Uxbal, está Javier Bardem.

Yo quería preguntarte

cómo fue tu viaje a la cabeza de este personaje.

Un personaje tan contradictorio, tan complejo

Bueno, cómo se hace no lo sé.

Fue un viaje de compromiso, evidentemente.

Con el material, con el director, Alejandro Iñárritu.

Es un director extraordinario, es excelente.

Y es muy exigente.

Primero consigo mismo,

por eso también da la carrera queda,

es uno de los mejores directores que el mundo.

Las interpretaciones que hay en sus películas

siempre son muy especiales.

Le da muchísima calidad al trabajo doctoral

y creo que es un grandísimo montador.

Sabemos todos que, en el cine especialmente,

uno hace lo que hace y luego queda en manos de un señor

que decide qué trabajo se va a ver.

Eso da siempre mucho reparo,

tú has hecho una cosa y no sabes lo que vas a ver.

Con Iñárritu uno está tranquilo.

Igual que con Fernando León, Amenábar...

Sabes que para coger las joyas.

Pero, evidentemente, para llegar esa joya

hay que picar mucho.

Y a él le gusta mucho meterse la mina,

la mina emocional, ir abajo...

Y está bien, porque no lo primero que sale es lo más valioso.

Y él lo sabe.

Tenemos muchas trabas los actores en el sentido en que tenemos truco,

tenemos manipulación, tenemos mentira...

Tenemos miedo, tenemos aprensión.

Todo eso hay que ir taladrándolo para llegar al germen, al diamante.

Y, a veces, es difícil.

Porque en el material, a veces, como "Biutiful", no hay descanso.

No hay ninguna escena donde hubiese placer.

Solamente un momento que hay un cumpleaños.

Y ni siquiera, hay una reunión con la familia, y los niños,

donde hay un mínimo de esperanza.

Y llevar eso durante seis meses, que fue un rodaje muy largo,

pues cansa emocionalmente.

Dicho esto, qué suerte, qué privilegio, qué honor.

¿Y cuál es el aprendizaje?

¿Y qué intenté rescatar de ahí, del personaje?

Pues la nobleza, lo que has dicho tú.

El hecho de, entre tanta miseria y tanta oscuridad,

encontrar una flor, un poco de luz.

Para que los hijos lo heredasen.

Entender el respeto, la empatía.

Por lo menos, el sentimiento de empatía hacia el otro.

Un tipo que, justamente, está traficando con personas.

Pero, a través de su viaje personal,

encuentra la necesidad de que esos hijos entiendan

que al final el otro es importante verlo, reconocerlo,

pedir ayuda cuando uno lo necesita, y también ayudar.

Pero no desde lo melifluo

sino desde una cosa más profunda.

La necesidad de reconocer al otro.

-Uxbal, vino hecha un trapo. Estaba llorando abajo.

Me llamó, estaba abajo, ¿y qué quieres que haga?

¿No le abro la puerta? En parte es tu culpa.

-Se ve también hacia dónde quiere ir el personaje.

Hacia dónde aprieta, cuáles son sus circunstancias,

cómo va buscando esa luz, cómo va buscando ese lugar agradable

o noble o bonito.

Claro, después ves la película...

Es una película densa.

Si eres padre, creo yo,

te afecta bastante más. -Sí.

Es duro, es triste...

Es bonito, a la vez.

Pero siempre bonito, con un color gris oscuro.

Con algo de rojo, a lo mejor.

Pero sí, es duro.

Ahora que tú haces alusión, efectivamente, a la paternidad,

yo creo que precisamente es el amor a sus hijos

algo medular en la historia.

Precisamente es algo que acciona una tecla en el personaje

que le da esa capacidad de empatizar.

¿Hay algo más sagrado que la paternidad?

Ese es un tema que me interesaba mucho.

Yo no era padre entonces.

Y, sin duda, esta película tocó una tecla en mí

frente a mi futura paternidad, que no tardé mucho más.

Unos años más tarde, no muchos.

Porque toqué el tema. Tuve que tocarlo.

Una vez más, si trabajas con Iñárritu

no puedes tocarlo desde la mentira.

Tienes que tocarlo y encontrar esa parte tuya

donde hay un padre.

Y la toqué. Y me gustó.

Me aterrorizó.

Era de ficción, los niños no eran míos.

Se iban a su casa con sus padres, pero había un asunto ahí que tocar

que me descolocó y también me complementó.

Sí. En algunos aspectos.

Y me parecía muy interesante la figura de un padre soltero

con dos hijos.

Que no es algo que sea muy común en cine.

Es más la madre con los hijos.

Y eso me pareció bonito.

-"Hipopótamo" no empieza con "I".

-Me sentí cuidado por Iñárritu porque él me dirigía bien,

el material estaba bien escrito, y sabía dónde tenía que dirigirme

para tocar todos esos aspectos de lo que podría suponer un padre

en unas circunstancias así, solo con dos hijos.

-Papá.

¿Cómo se escribe "beautiful"?

-Así, como suena. -¿Con "I"?

-Yo creo que Iñárritu, en esta película y en general,

intenta imprimir en el cine, en la película,

cosas realmente muy sutiles.

Va escribiendo, pero casi lo que escribe

es el marco de lo que luego tendrá que ser,

que ahí es donde Javier tuvo que hacer lo que has comentado.

Tiene que ir buscando qué hay dentro de ese marco.

Con mucha verdad, haciéndolo muy de verdad.

Pero...

Una vez recuerdo que me lo dijo Iñárritu.

En el rodaje o lo que sea, en plan "cómo estás", me dijo:

"Yo creo que eso imprime, que eso se nota en la película".

Yo creo que toda esa sutilidad intenta meterla ahí.

Creo que lo del padre es esencial.

Es evidente que cuando eres padre, te cambia la vida.

Es otra vida. Alguien debajo de ti te necesita

y, por tanto, eso es importante. Eso sí.

Y tú pasas un poco a otro nivel, y ahí está esa personita

que es casi la protagonista de tu vida.

Es eso de que ser padre te da casi superpoderes.

(RÍEN) ¿No?

Y, como todo superhéroe, tienes una responsabilidad.

-Totalmente. -Está la kriptonita.

¡Exactamente!

Que es el niño cuando te da la espalda.

¡No! ¡Y te hundes!

Claro, exactamente. "¡Déjame ya, papá!".

Sí, el punto débil.

Eduard, tienes en tu haber otros personajes

que están cerca de Satanás por algún lado.

Desde luego. Tienes ese "Fausto 5.0".

Fausto era más cachondo que este, tenía más gracia.

¿Que no se acuerda?

¿No se acuerda?

Hombre, pues debería.

Me quitó usted el estómago.

Santos. Santos Vela.

-Ese era muy divertido de hacer.

Hacer de Mefistófeles era muy divertido

porque era inmune absolutamente a todo.

A cualquier comentario, a cualquier cosa.

Yo iba siempre a lo peor. Podías estar inmune.

Me decían: "Eres muy pesado", y yo: "Sí".

(RÍE) Era inmune absolutamente a todo.

Eso es como ser un poco Dios, de alguna manera.

El diablo es un poco Dios.

Era muy divertido de hacer, muy entretenido.

Me lo pasaba muy bien porque puedes jugar de verdad

con el otro que tienes delante.

Con sus miedos, con todo.

Los chinos, la mitad no sabe lo que es un albañil.

Español no habla ninguno y con esa cara chino que tienen...

¿Cómo hincas el diente a este hermano? ¿A este Tito?

A este hermano tan particular que tiene Uxbal.

Yo creo que era muy claro el personaje.

Lo habíamos hablado con Iñárritu.

Era un personaje muy claro, muy definido.

Un personaje de soporte para la historia.

Unos rasgos clarísimos.

Era lo peor para Uxbal...

Era seguirle empujando hacia la negrura, hacia lo peor.

Y solo falta que se líe con su mujer.

Una escena que, por cierto, tuvimos que repetir.

Era un plano secuencia.

La escena que yo estoy en la cama con Maricel Álvarez.

Que está estupenda en la película, por cierto.

Tuvimos que volver a repetirla

porque pusimos una música de Donna Summer, creo que era.

Y ella se hizo de no sé qué religión

y dijo que con su música no podía haber ningún desnudo.

Y estaba rodada con la música.

Así que tuvimos que volverla a rodar directamente toda la secuencia.

Me acuerdo que tuviste que rodarla, pero no sabía que era...

Fue de los pocos días que yo no rodé, por eso no quería saber nada.

Claro, fue todo un día de rodaje esa secuencia.

Es estupenda.

Tres cuartos.

Así.

La marcamos ahí, por favor.

¿Qué destacaríais en la dirección de Iñárritu?

¿Qué le hace distinto?

¿Cuál es su excelencia?

¿Dónde pondríais el foco vosotros?

Yo creo que tiene muchísimos méritos.

Si tuviese que elegir uno...

Creo que tiene un concepto excelente y un entendimiento del cine.

Es un tipo que se lo ve todo y se lo ha visto todo.

Creo que es muy bueno recogiendo equipos.

Creo que siempre lleva a gente muy excelente en lo suyo.

No es que hablemos de nosotros, el excelente.

Yo soy de andar por casa, no hablo de eso.

Pero a nivel técnico, lo que decimos: sonido...

Y luego, el trabajo suyo con los actores es de gran respeto.

Sabe que el actor, como dice él,

sus películas son de "afectos" especiales.

No de efectos especiales.

Primero sale él, te quedas un segundo tú ahí,

y empiezas a ir.

-Si sigues hasta el final, él te va a acompañar.

Y es cuestión de fe, es cuestión de entrar ahí

y saber que eso que vas a dar va a ser bien cuidado.

Lo va a coger, lo va a mimar, y lo va a poner ahí.

Para que el espectador lo vea.

Entonces, hay que...

No es un rodaje cómodo, en el sentido de:

"Voy, lo hago un par de veces, cumplo y me voy".

No, es todo lo contrario.

Eduard. No, y menos para ti.

Yo recuerdo a Javier cómo estaba durante el rodaje.

Tú no te veías desde fuera, yo sí.

Estabas realmente aislado en tu mundo.

-En una casa en la montaña.

Hostia, era duro...

Estabas en un lugar muy finito, muy sensible,

como si no tuvieras piel y te tocan y dices: "¡Ay!".

Estaba un poco así, y muy recogido.

Yo con él lo siento...

Una sensación que también me recuerda a Mariano Barroso, de tenerlo aquí.

Está muy cerquita tuyo Iñárritu, está a tu lado,

viéndote y guiándote y diciendo: "Tira, tira".

Siguiéndote.

Me entendí muy fácil, ya te digo.

Cada uno tiene su papel, y el mío era muy concreto.

Y solo hay que acertar en la concreción y tirar, acompañar.

Era muy concreto, nos entendimos muy bien.

Recuerdo un día haciendo una escena en el coche

que, por cierto, no se montó.

Después de ir a enterrar al padre,

teníamos una escena en coche, que volvíamos.

Yo me reía de ti porque hablabas con los muertos.

"¿Has estado charlando con los muertos o qué?".

¿No? Esa la cortó.

Igual era un poco excesivo para ese momento.

También es muy ligero rodar.

No es un rodaje pesado en el sentido de la mecánica

que te modifique mucho como actor, sino que va muy a favor, realmente.

Consigue hacerla ligera, algo que realmente no lo es.

Tiene mucho mérito.

Pero después de hacer varias me dijo:

"Eduard, esta próxima hazla..." y yo: "Tal, tal y tal".

Y él: "Sí, exacto". "Vale".

Te entiendes casi por...

Vas entendiendo lo que te pide.

Fue realmente fácil.

No me acuerdo de cómo te llamabas.

-Mario. -Mario.

Cristina.

Tú has trabajado muchos personajes muy contenidos.

Con Cesc Gay en "En la ciudad", en "Ficción",

de Marc Coll, "Tres días con la familia".

No estoy bien.

No estoy bien.

Has hecho personajes muy dramáticos muy contenidos.

Como trabaja la contención también Javier en este personaje.

Me gustaría que me contarais cómo se trabaja esa contención.

¿Cómo sabes, en contraposición con el exceso...?

Como es Tito, que es todo lo contrario.

Pero en las dos vertientes hay que conseguir un equilibrio.

Hay que saber que no te estás pasando.

Ni de ruido ni de silencio.

Entonces, habladme los dos, compartidlo, ¿cómo...?

Yo creo que está en el material.

La propuesta de Uxbal como personaje

siempre era alguien muy detrás, en la sombra.

De hecho, trabaja en las sombras.

Su trabajo tiene que estar en la sombra.

Y es una persona que se intenta diluir entre la gente

y pasar desapercibido.

Y eso también en su vida.

Creo que es un personaje emocional, no es mental ni instintivo.

Es un personaje más emocional.

Pero es una emoción totalmente reprimida.

Que solamente sale al final, que es ese abrazo con la niña,

y poco más.

Eso sí lo hablé. Tienes una emoción reprimida.

Porque si fuese una emoción sana, sería un personaje sano.

Y no es un personaje del todo sano.

Mírame a los ojos.

Mírame bien la cara.

Acuérdate de mí, por favor.

No me olvides, Ana.

-Este es Francisco Paesa.

-Ahora pensaba en esto...

No en esta, en "El hombre de las mil caras",

que realmente también es un personaje sujetado, digamos.

Pero con una gran máscara...

que sí que es visible, el Paesa.

Pero es como si fuera un muñeco de ventrílocuo.

Es como si Paesa estuviera aquí llevando el muñeco de ventrílocuo,

que es su cara, y él estuviera al lado

y estuviera, realmente, tapado

y no sabe nadie qué piensa ni qué hace.

Son imágenes que uno se crea para hacerlo.

Pero era, realmente, muy distinto.

Y este sí, Paesa sí que era absolutamente mental.

Es muy buena esa imagen. Sí, es buena.

-La he descubierto ahora, pero bueno. -¡Qué pena!

(RÍEN) Es que es muy buena esa imagen

pensando en el personaje. -Sí.

Es que es muy bueno, es que este sabe.

(RÍE) Hombre que si sabe. ¡Menudo!

-¿Dónde está Roldán? -No te lo puedo decir.

-Te metería en problemas. -Eso lo decido yo. ¿Dónde está?

-No te lo puedo decir. -¿Por qué no?

(Móvil)

Porque no sabes callarte.

Sé que contaste que viste a Roldán en mi despacho.

En esa secuencia tremenda

en la que mueren todos los ilegales asiáticos allí,

en esa habitación imposible, llena de humedad,

cerrada, sin oxígeno...

Además, nos recuerda a dramas actuales

como el tema de los refugiados. Totalmente.

Nos pone el espejo de lo que no queremos mirar.

Igual que Uxbal empieza a compadecerse

a través de su propia enfermedad, de su despedida,

¿qué le tiene que pasar a esta sociedad...?

La metáfora, ¿qué le tiene que pasar a esta sociedad

para que miremos a los demás?

Yo creo que, en parte, es un desastre todo.

En parte es un horror, no dejamos venir a los refugiados,

y en parte se está despertando otro tipo de conciencia en la gente

que yo creo que es mucho mayor que hace tiempo.

Falta que esa conciencia que tiene gran parte de la población

pase a los políticos,

y que los políticos sean capaces de administrar eso

y de crear unas leyes o unos sistemas en los que podamos acoger a la gente.

Pero creo que se está despertando una cierta conciencia en la gente

a un nivel sutil, mayor que hace un tiempo.

Me fui a Barcelona un mes antes de rodar

y estuve en sitios, en lugares,

donde pude ver con mis propios ojos eso.

Esas situaciones de ilegalidad y de hacinamiento,

y de explotación.

Que, en algunos casos, se pudo incluso denunciar.

Porque no nos llevaban a sitios donde había esos talleres ilegales.

Porque no sabíamos de ello, no sabíamos llegar a eso,

y también porque si lo vemos, se denuncia.

Pero sí conocíamos gente que había estado en contacto,

que había visto, que nos decían...

Que había estado mucho con subsaharianos que habían venido,

que estaban trabajando el cobre,

que vivían como viven los personajes de la película.

Y bueno, eso es así, eso existe. Es una realidad que se negaba.

En algunas críticas decía que eso no existía en Barcelona.

(RISA SARCÁSTICA)

Como cualquier ciudad en Europa, existe.

El hecho de crear esta zanja,

esta imposición a los refugiados que huyen de las guerras,

de la miseria, de la guerra, del asesinato de sus propios hijos,

hacinarlos en campos de concentración a los que llaman "campos de acogida".

No son así, viven en las peores condiciones.

Eso habla mucho de la vergüenza que deberíamos sentir

como continente.

Como Gobiernos que no están tomando responsabilidades.

Los que salen en la película son los más afortunados.

Son los que han llegado. Imagínate.

Sí, lo cuentan, además.

Javier Bardem por "Biutiful".

(Aplausos)

Siguiendo con vuestro trabajo,

la crítica en Cannes te daba como favorito

y, efectivamente, ganas el premio a la mejor interpretación.

Fuiste nominado a los Óscar.

Dos años antes ganaste Óscar con "No es país para viejos",

de los hermanos Coen.

Y quería saber en profundidad,

¿tú cómo vives estos reconocimientos?

¿Qué te pasa? ¿Cómo lo estás viviendo?

Lo viví muy bien, con una paella para 12

que hizo este señor. -Sí, señor.

-Una paella que salió muy rica. -Salió estupenda.

Estrenamos y nos dijeron que nos quedáramos cerca

por si había premio, ya sabéis cómo son los festivales.

Siempre dicen: "Quédate cerca". Además, era de los días últimos.

Se presentó uno de los últimos días del festival.

Con lo cual, te dicen: "No os vayáis, por si acaso".

Entonces, nos quedamos en una casa rural por ahí.

Con unos amigos y tal.

Y este señor se hizo una paella para 12...

pero vamos, exquisita.

Y después de la paella, llamaron y dijeron...

Eduard, es muy sexy, los tíos cocinando, que lo sepas.

Sí. (RÍEN)

-Buenos, tendrías que verle con el delantal.

(RÍEN) Aun así.

Totalmente, yo que no cocino una... mierda, voy a decirlo.

Lo miraba con unos ojos así. Impresionado, claro.

-Y llamaron al rato. -Con el café después de la paella.

"Oye, que tenéis que volver, que hay premio".

Y yo me quedé... Bueno, menuda sobremesa.

Menuda sobremesa. Qué barbaridad.

La Concha de Plata al mejor actor es para...

Eduard Fernández por "El hombre de las mil caras".

(Aplausos)

Concha de Plata en la pasada edición del Festival de San Sebastián

por ese Paesa del que hemos hablado en "El hombre de las mil caras".

Diez veces ha sido nominado este señor a los Goya.

Ese momento de la cara...

Tienes que soportar ese momento en el que hay cuatro fotos

y a tres se les queda cara como de puerro.

Pues eso lo has vivido... Ocho puerros.

Ocho puerros. (RÍEN)

¡Ocho acelgas!

Pero bueno, quería saber, así como íntimamente y de verdad,

cómo vivís esos momentos.

¿Qué os pasa en el corazón? Pues mira, yo creo...

De entrada, está muy bien montado.

Esos premios están montados para ponerte nervioso,

para hacer toda la parafernalia. -Para que haya "show".

Para vender no sé qué.

Yo creo que, de alguna manera, en una frase Fernández.

Me hago mayor y hago frases Pérez Fernández.

Los premios no son más que una trampita del sistema

que nos coge como rehenes para vender cosas.

-Totalmente. -Es un poco eso.

Lo que pasa es que caes.

Está tan bien montado, que al final te dicen: "¿Te lo quieres llevar?".

"Sí, sí, lo quiero, lo quiero". (RÍE)

Y te dicen: "¿Qué te pasa?". Y yo: "No sé, macho, me he poseído".

-Es un poco así, francamente. -"¡Para mí, para mí!".

"¡Que te meto!", al de al lado. "¡Ese es mío!".

Y tú dices: "¿Qué te pasa, tronco? Estaba muy tranquilo hace un rato".

Es tal cual. Es así.

Por tanto, si luego no te lo dan, tienes la oportunidad de pensar

que realmente no tiene nada que ver con tu profesión.

Si te lo dan, igual piensas que sí. (RÍEN)

Qué bueno. Hay que hacerlo con deportividad.

Haciendo la propaganda a lo que toca,

intentando no inmiscuirte, cosas que no es fácil.

En todo caso, me hizo mucha ilusión la Concha de Plata.

Claro, hace ilusión. Claro.

Somos material sensible.

Como dice Javier, este es el instrumento.

Yo creo que los actores estamos todo el día...

necesitados de aprobación. De aprobación y de afecto.

-Pero como un pozo sin fondo. -Sí.

Hay un agujerito, y por mucho que te den no se llena.

El asunto es qué hacer con eso.

No engancharse a eso, qué hacer con eso,

y que eso sea un motor de motivación y de construcción

hacia algo que es mucho más importante que esto

que es la obra, el trabajo... Eso es.

No quedarte enganchado a eso.

Y es verdad que cuando sucede el tema del reconocimiento,

uno se queda enganchado porque no tiene que ver nada con el trabajo

sin embargo, como tú has explicado, te lo venden que sí y tú te lo crees.

Es verdad.

Y es como: "Chicos, vamos a ver. ¿Cómo compito yo con este señor

que ha hecho un trabajo extraordinario

y que no tiene nada que ver con el mío?".

Si hiciéramos todos la misma película con el mismo director, a la vez,

veríamos quién lo hace mejor. Y aun así, lo haríamos distinto.

Sería muy jodido para el espectador tener que ver 18 películas iguales.

Aun así sería propuestas distintas. Claro.

Fliparíamos con ambas.

Eso decimos siempre: el actor es autor.

Hay autoría en la interpretación.

No solamente somos un instrumento para decir el texto de un escritor

y seguir la dirección de un director. Traemos la autoría de quiénes somos.

Es así.

Antes estabais comentando, mientras veíamos la película,

que hace 12 años habíais estado presentes

en el documental de Mariano Barroso, "El oficio del actor".

También estaba Luis Tosar y decíais muchas cosas interesantes

sobre esta profesión.

Quiero saber, 12 años después, en qué punto estáis.

Yo es que no sé qué dijimos. (RÍE)

Da igual. -Habría que verlo.

Habría que hacer otro.

Mariano, ¿dónde está?

-Hacemos otro. -Te invitamos a hacer uno...

¿cuántos años más tarde? 12.

12 años más tarde.

-Habría que empezar mirándolo y diciendo: "Qué barbaridad".

¿Qué creéis que habéis incorporado o subrayado o mantenido esta década?

Cada vez tengo más claro que uno es el vehículo "al servicio de".

Cada vez me interesa menos el actor al servicio de sí mismo.

Es verdad que la juventud, el ímpetu, la necesidad, la ambición...

Todo esto te lleva a un sitio donde tienes que decir:

"Aquí estoy yo".

Y es necesario en esta profesión, lo sabemos.

Pero a medida que uno va creciendo y tiene material,

cosa que también sabemos que no es fácil,

porque la mayoría de los actores no trabajan.

Creo que es importante poner el ojo en al servicio de qué estás.

Qué historia hay que contar, qué personaje,

y quitarte de en medio.

Y eso, quizá, sí ha cambiado más...

Quizá de lo que dije yo...

Estaba más presente en el yo.

Yo hago esto, yo quisiera hacer lo otro,

y ahora es como: "Cuidado con el yo".

Porque el yo está bien como primer impulso,

pero luego hay que limpiarlo con la escoba

y que salga el personaje, que salga el trabajo, otra cosa.

Has tenido una bonita evolución.

Me gustaría pensar que es así.

No lo sé.

Luego dicen: "¡Acción" y digo: "¡Yo!".

(RÍEN)

No, pero está muy bien, es muy bonito lo que dice

y tiene toda la razón. -Sí, yo también tengo claro

que es muy simple.

Cuando te dicen de hacer un personaje:

"A mí este señor me ha alquilado para un tiempo...

(RÍEN) Está guay.

...para ayudarle a contar una historia que le apetece contar".

Entonces, a través de eso, él me da permiso,

y yo también cuento un poco de lo mío,

haciendo el personaje, ahí está la autoría.

Pero, realmente...

Cada tantas semanas en la película, cojo al director y le digo:

"Perdona, ¿qué contábamos?". (RÍE)

"Para no olvidarme, constamos esto".

Y solo ayudo a contar eso que él quiere contar.

Yo no sé si podemos empezar o no.

Cada vez que puedes, Javier,

vuelves a trabajar con tu maestro, con Corazza.

Vuelves a entrenar ese instrumento del que hablamos.

Que hay que entrenarlo, efectivamente.

Y bueno, quiero saber qué significa eso para ti.

¿Qué piensas cuando ves estudiantes que están empezando?

-Pues de lo que más me gusta de mi profesión.

De hecho, llevo 25 años con él.

Aparte de ser amiguísimo y queridísimo del alma,

y respetarle y quererle tanto,

es un maestro.

Realmente, tiene un ojo que creo extraordinario

para la dirección, para el actor,

para el instrumento.

Y es traer consciencia a eso, lo que estamos hablando.

Entender que uno está aquí para hacer un trabajo.

Y, sobre todo, también ver la relación con el material,

con los compañeros, y aprender.

Como él dice, el bailarín, hasta que llega al escenario,

está horas y horas todos los días dando el mismo paso.

Para luego tener la libertad de hacer ese paso.

El pintor está con la brocha, el pianista con el piano.

El actor no.

Haces una obra de teatro. Vale, ensayas un mes y medio.

Pero luego, acaba la obra de teatro, ¿y qué haces con el material?

¿Qué haces contigo? No haces nada.

Hay que ir a un sitio a empezar a hacer músculo.

Y, sobre todo, también cuanto más mayor se hace uno,

a quitar, a reconocer, y a quitar...

A quitar lo que son las mochilas que te has puesto

porque luego el mundo es otra cosa, hay que ir a pelear,

y cuando te dice "acción" tienes que resolver, muchas veces.

"No sé cómo se hace esto, este material no funciona,

no sé hacerlo, pero tengo que hacerlo".

Para eso me pagan, me han alquilado y tengo que hacerlo.

Y uno resuelve.

Pues ahí vas a no resolver. A ver realmente qué se hace con...

Sí, sí.

Eduard, tú has vuelto al teatro de una manera muy intensa

con "Panorama desde el puente", como decíamos antes.

Tus comienzos fueron sobre las tablas con Els Joglars.

Y llevas, no sé si el último año y medio,

volcado con un Arthur Miller muy complejo.

Un personaje tremendamente complicado.

Primero en catalán y luego en castellano.

También quiero saber qué te ha pasado en ese escenario.

De todo.

Primero, la propuesta del director, que es una particular.

Una manera de trabajar, es un escenario muy vacío...

Ha quitado todo el naturalismo y la cosa más costumbrista.

Con lo cual, te deja muy en esencia.

Y muy desnudo y muy expuesto.

Yo, en general, cuando actúo doy todo lo que puedo.

"Vull fer una denúncia".

"Immigrants il-legals".

-Hemos currado mucho.

Se aprende mucho en teatro.

Es muy buena esa exposición frente al público

y que me interesa del teatro, sobre todo cuando cumples años,

el día que llegas al teatro de esa manera.

Porque cada día llegas como llegas.

Un día muy cansado, otro día agotado, otro día con mucha fuerza,

otro día sensible, otro día fino.

Y el día sensible no es el mejor, ni el agotado...

El agotado suele ser bueno, pero tampoco es necesario.

Entonces, ver cómo...

no traicionas el estado que traes, sino que desde ahí

abarcas ese día la función y...

La función es siempre igual y siempre distinta.

Y desde ahí, cómo vas sorteando y haciendo el camino

que sabes cuál es, que tienes que recorrer ese día

sin traicionarte ni a ti ni a la obra.

Es bonito ese aprendizaje.

Un proceso maravilloso.

Precisamente en "El oficio del actor"

decías que te gustaría subir al escenario.

Sí, pero hace 12 años de eso. (RÍEN)

¡Ya no!

No sé, yo la verdad es que si me subo al escenario algún día

es con Juan Carlos Corazza, eso lo tengo clarísimo.

Porque él me conoce, él sabe...

Me sentiría supercómodo con él

por cómo trabaja conmigo.

El asunto es, ¿qué material? ¿Cuándo? ¿Dónde?

Y aun así, mi mayor respeto y admiración

a cualquier persona que se sube a un escenario.

Es como lo de los toros.

Te puede gustar o no te puede gustar,

pero un respeto para ese señor con el traje de luces.

Pues igual. Cualquier actor, me guste más o me guste menos,

sea más mayor, menos experiencia o más experiencia.

Cualquier actor que va y se pone delante de una cámara,

o un escenario, sobre todo...

Respeto máximo porque está haciendo un acto de generosidad.

Así es.

Pues me están haciendo señales de que se nos termina el tiempo.

Hemos hablado de vuestros proyectos al principio.

Por si hay algún rezagado que se ha sumado,

¿qué proyecto queréis destacar?

Lo voy a dejar para vosotros que contéis, de todo lo que tenéis,

lo que os apetezca destacar que se vaya a estrenar

o que vayáis a empezar a rodar. Eduard.

"La zona", con Jorge Sánchez Cabezudo.

Hacer televisión, me apetece.

Casi no he hecho.

Me apetece.

Estoy muy bien acompañado por Jorge que tiene muy buen guion.

Y es un reto para mí, que me hace mucha ilusión.

Te vamos a ver en ficción, en serie.

Se han llevado la joya de la corona, has aguantado hasta ahora.

Qué maravilla. Javier.

Pues el trabajo que he hecho con Aronofsky.

He trabajado con Jennifer Lawrence, que es una chica de 25 años

que es una pedazo de actriz impresionante.

Supergraciosa, superbuena compañera.

Y pude trabajar con Michelle Pfeiffer y con Ed Harris.

-¡Guau!

¡Chachán! Yo les miraba y decía:

"No me lo puedo creer".

No pueden ser más simpáticos y más cariñosos,

y qué talentazo tienen esos señores.

Entonces, para mí era para pellizcarme.

"Hostia, estoy trabajando con gente de la cual he bebido".

He puesto sus películas, los he mirado...

-Claro. Sí.

Y es muy bonito.

Porque te encuentras con el actor o con la actriz.

Y te das cuenta de que, al final, lo que nos une es lo mismo.

Los mismos sustos, los mismos miedos, las mismas cosas.

Es como lo de la paternidad. Uno lo lleva como puede.

Sí, es verdad.

Pues muchísimas gracias, Eduard y Javier.

-A ti. -Muchas gracias.

Ha sido un placer enorme esta conversación,

teneros aquí, revisar la película con vosotros,

que es una maravilla.

Y que hayáis encontrado un huequito para "Versión española".

Es un regalo. Muchísimas gracias.

A vosotros.

Pues hoy llega a nuestro concurso "Versión española SGAE"

una historia corta también rodada en Barcelona.

"Lina" es un trabajo de fin de carrera de la ESCAC,

la Escuela de Cine de Barcelona,

que tantas buenas noticias nos ha dado estos años.

Preparaos para entrar en el mundo sensible de "Lina".

Un mundo sin palabras pero lleno de imágenes cautivadoras.

Un final que nos deja helados, indefensos.

Como al borde de una piscina sin climatizar.

Felicidades a Nur Casadevall y a su equipo

por este trabajo valiente, maduro y sugerente.

Y nada más, ya sabéis que la semana que viene

volveremos a compartir más cine, largo y corto,

aquí, en "Versión española",

la casa del cine español más reciente.

Chao.

Estaba mejor allá. Así.

Tres cuartos. Así.

La chica de morado podría estar más a la derecha.

Javier, te quedas tú un segundo ahí y empiezas a ir.

Y el del sonido, dime, ¿cómo hace el viento?

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Versión española - Biutiful (Presentación y coloquio)

12 mar 2017

Cayetana Guillén Cuervo presenta la película de Versión española y un coloquio sobre la misma.

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