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Para todos los públicos UNED - 23/02/18 - ver ahora
Transcripción completa

De acuerdo con la Convención de Ginebra

sobre el Estatuto de los Refugiados,

un refugiado es una persona que debido a fundados temores

de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad,

pertenencia a un determinado grupo u opiniones políticas,

se encuentre fuera del país de su nacionalidad

y no pueda o, a causa de dichos temores,

no quiera acogerse a la protección de su país,

o que careciendo de nacionalidad y hallándose,

a consecuencia de tales acontecimientos

fuera del país donde tuviera su residencia habitual,

no pueda, o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados,

toda persona señalada por estas circunstancias vitales,

tiene derecho a solicitar asilo en cualquier país

que garantice sus derechos fundamentales.

No obstante, estas palabras se quedan grandes,

si atendemos a la realidad de los 65 millones de refugiados

que actualmente vagan por el mundo en busca de un lugar seguro.

Sólo entre 2015 y 2016 la guerra de Siria,

la escalada bélica de Irak y Afganistán

y el conflicto de Sudán del Sur,

lanzaron contra las puertas de Europa

a más de dos millones de personas.

Una situación que ha hecho mutar

el estado de ánimo de los líderes europeos

respecto a la denominada "crisis de los refugiados".

Las causas de tales vacilaciones,

en buena medida circunscritas a la interminable guerra de Siria,

tienen una sombra muy alargada.

Este fenómeno que de repente aparece en los medios de comunicación

y luego, de repente, desaparece,

que se llama, "La crisis de los refugiados".

Y se dio este nombre al fenómeno de la llegada de miles de personas

desde Siria hasta la Unión Europea,

a Grecia, y después a los demás países europeos.

Pero claro, ¿dónde estaban estos refugiados?

porque no estaban en Siria, salían de Turquía,

¿por qué llegaron hasta la Unión Europea

y por qué ahora han desaparecido de los medios de comunicación?

Siria es una pieza más de un Oriente Medio

donde está ubicado, más o menos,

el 60 o el 65% del petróleo y del gas del planeta.

A parte de que estamos hablando

de una zona geopolítica de primer orden,

porque las tres letras de BRICS,

que es una alianza que quiere convertirse en un contrapoder,

tanto a lo militar de la OTAN, como a la Unión Europea

y los poderes neoliberales del mundo.

Tres letras de BRICS están en Oriente Medio o Asia Central.

La C de China, la I de la India y la R de Rusia.

Por lo tanto, ocupar militarmente

todo lo que es Afganistán, Siria, Irak, Yemen,

además de las bases militares que hay en la región por parte de la OTAN,

esto ubica por qué todo este conflicto está ubicado en esta zona.

En el año 2009 Bashar al-Ásad

anunciaba la construcción de la Tubería Chiita,

un megagaseoducto de financiación ruso-iraní,

que conectaría Irán, Irak y Siria con Europa.

Al mismo tiempo, Estados Unidos y Arabia Saudí

firmaban un acuerdo para la construcción del Arab Gas Pipeline,

otro megagaseoducto que recorrería Egipto,

Jordania, Siria, Líbano e Israel.

Las ciudades sirias de Homs, Palmira y Aleppo,

proyectadas como nodos del primer gaseoducto,

terminaron en ruinas.

Y lo que había sido una revuelta social,

en principio pacífica, adquirió la dimensión de guerra civil.

Abriendo así, un nuevo ciclo histórico de muerte y de huida

en una de las regiones más estratégicas del mundo.

Mientras, desde el año 91, que es la caída de la Unión Soviética

y, por lo tanto, un nuevo mapa de la región,

cerca de 120 millones de personas han perdido su hogar,

han tenido que huir de sus casas.

No solo de Siria.

Estamos hablando de millones de afganos, iraquíes,

y en este momento también Yemen...

Porque estamos hablando de un mismo escenario

y Siria es una pieza más.

A partir de 2013, con la transformación del conflicto

en una guerra de proxys, en que las potencias internacionales

empezaron a lidiar sus intereses con muertos sirios,

el número de personas refugiadas empezó a crecer de modo alarmante.

Hace apenas unos meses, ACNUR anunciaba

que se había roto la barrera de los cinco millones,

la cuarta parte de la población del país.

De ellos, alrededor de tres millones se han registrado en Turquía,

otro millón en Líbano,

algo más de 600.000 en Jordania y de 200.000 en Irak.

De ello se deduce que los países vecinos de Siria

han acogido a cinco veces más refugiados sirios

que toda la Unión Europea que,

a día de hoy, no pasa del medio millón.

La señora Merkel, cuando ocurrió esa llegada masiva,

ella ha tenido una postura muy original

diciendo que se trata de gente que pide socorro,

se trata de peticionarios de asilo, nosotros tenemos que acogerlos.

¿Por qué Merkel ha dicho eso?

Bueno, yo creo que hay dos razones fundamentales.

La primera es que Merkel es una mujer que ha experimentado en carne viva

lo que es ser peticionario de asilo, porque ella misma ha pedido asilo

saliendo de manera ilegal de Alemania del Este.

Y ella entonces ha tomado esa posición porque es una mujer,

yo la critico por su postura económica,

es la emperatriz de la austeridad ultraliberal,

pero debo reconocer que es una mujer que ve lejos,

en el sentido de que esa mujer sabe perfectamente que Alemania,

dentro de 20, 25 años, va a perder su peso demográfico en Europa.

Presentando a los refugiados como una solución

al relevo generacional de sus sociedades,

Alemania y Suecia aprobaban en 2015

el 55% de las solicitudes de asilo de la Unión Europea.

A mucha distancia de Siria, Eritrea e Irak,

fueron los países más beneficiados.

En apoyo a este humanitarismo político,

los medios de comunicación derramaron ríos de tinta

sobre la cuestión de los refugiados.

Las imágenes de horror y violencia en el interior de Siria

y de las filas interminables de refugiados en un camino sin fin,

inundaban las pantallas de televisión,

alimentando una oleada de solidaridad que recorría Europa.

Cuando pusieron la imagen del niño kurdo sirio

en todos los medios de comunicación,

el objetivo era reclutar la opinión pública,

de que ahí hay una dictadura, hay un dictador,

que obliga a su gente a huir de su país.

Y muchos, como este bebé, mueren en el mar.

Por lo tanto, nosotros, desde Occidente tenemos que hacer algo.

Pues todo eso ha sido, de alguna manera, un montaje,

un montaje que, además, no ha fructificado.

Querían tener con esta imagen,

la opinión pública europea en favor de una intervención militar

directa para derrocar a Bashar al-Ásad.

Y por lo tanto, tener parte de participación

en el botín de la guerra, que son gaseoductos

y la posición estratégica de Siria.

Esto es, la geopolítica,

o esa parte de la historia de los refugiados sirios

obviada por los grandes titulares de prensa,

cada vez más lejos de las causas,

del análisis y de la conexión de todos los elementos en juego.

Un discurso mucho mejor hilado que ayudaría a pensar,

o mejor dicho, a re-pensar,

cómo la denominada "crisis de los refugiados"

ilustra la gran paradoja entre globalización y desigualdad.

Millones de personas tropezando con fronteras, alambradas, muros,

mientras los estados nacionales de la vieja Europa

defienden sus intereses estratégicos

y sortean con claro desdén el signo de estos tiempos.

Paradójicamente, la globalización tiene como mascarón de proa

que se acaben las fronteras,

pero sin embargo exige que se mantengan muros interiores

y exige que ese plan tenga una lógica de fragmentación social.

Al mismo tiempo, a ese proceso de globalización

que le interesa que circulen las mercancías

y circule la mano de obra,

lo que no puede evitar es la desigualdad,

y la desigualdad significa muros, quizá no muros físicos,

pero sí muros que separan, que distinguen y que, además,

acrecientan la diferencia entre sectores de la población.

Es la prueba evidente del fracaso del proceso de construcción europeo

desde la puesta en marcha del mercado único en 1986.

Lo que demuestra, desgraciadamente, es la ausencia total a nivel político

de acuerdos entre los diversos países europeos.

No estamos de acuerdo sobre la política económica,

no estamos de acuerdo sobre la política monetaria,

no estamos de acuerdo sobre la política de los refugiados,

es un fin de ciclo, y la desgracia es que,

como consecuencia de ese fracaso,

hemos visto estos últimos diez años desarrollarse de manera muy peligrosa

movimientos de extrema derecha

que se están aprovechando de estos fracasos sociales.

Una prueba más de la naturaleza sistémica

de la cuestión de los refugiados y de su profunda raigambre económica.

Desde que estalló la crisis financiera mundial de 2008

la atmósfera de descontento general había comenzado a inflamar

la retórica racial contra inmigrantes y refugiados.

La incapacidad del stablishment europeo para bandear la crisis,

con sus interminables recetas de austeridad,

provocó una oleada de movimientos de extrema derecha

en Alemania, Hungría, Eslovaquia, Dinamarca, Austria y Francia.

Una lucha de fuerzas que ponía en riesgo la supervivencia

de los partidos políticos en el poder y que obligaba

a los líderes europeos a replegar drásticamente políticas de asilo.

El error de nuestra respuesta consiste en que

el punto de vista egoísta se impone sobre el punto de vista europeísta.

Al ser predominante el punto de vista egoísta

de yo tengo que controlar a los refugiados y, sobre todo,

yo cedo a la tentación de utilizar la existencia de los refugiados

como un argumento de política interna

para cultivar la línea clásica y más burda del “miedo a...”

en este caso miedo a una avalancha incontrolable de refugiados,

que no es así, pero ese es el mensaje,

en la medida en que se trata de gestionar cada uno lo que le interesa

la respuesta no puede no ser una respuesta deficiente.

Porque el fenómeno de los refugiados es un fenómeno global,

no es un problema sólo de los sirios,

son 65 millones de personas en el mundo,

y es un movimiento global, y lo mismo que el de los emigrantes,

no se pueden abordar desde respuestas sectoriales,

nacionales, sino que tienen que ser respuestas europeas.

Es decir que paradójicamente, el problema es que ha faltado Europa

en la respuesta europea.

En la escena bélica, Estados Unidos y la OTAN

optaron por mantener una estrategia de caos controlado.

Un eufemismo que ha sembrado miles de muertos en la región.

Las masacres con armas químicas,

perpetradas o no, por el gobierno de al-Ásad

fueron excusa perfecta para las intervenciones militares

de los Estados Unidos.

Ofensivas que a su vez despertaron la ira de Rusia,

tentada a jugar una nueva guerra fría en suelo sirio.

Y aunque vicisitudes de alta política,

como el levantamiento de las sanciones a Irán,

rebajaron las tensiones, la respuesta marcial de países

como Francia a los actos de terrorismo yihaidista,

volvía a avivarlas.

Desde la barrera, la OTAN se negaba a intervenir en el conflicto,

y sellaba así la versión militar del gran desacuerdo político europeo.

Entonces la señora Merkel tomó esta decisión

de llegar a un acuerdo con Turquía, ahí firmaron el acuerdo de devolver

a los refugiados a no se sabe dónde.

Porque muchos de ellos no son sirios, muchos de ellos son afganos,

iraquíes y de otros países, hay miles de iraníes,

a dónde les vamos a llevar, ¿a zonas de guerra?

hemos dicho que en Afganistán y en Irak,

a pesar de que no nos lo dicen, hay guerra.

Entonces todas estas personas se han quedado en el limbo

o son entregadas a unas autoridades que ya están enfadados, por lo tanto,

esto es infringir todos y cada uno de los artículos

de las convenciones internacionales de ayuda a los refugiados.

Han entrado en la tercera fase de la crisis de los refugiados

que es expulsarlos.

Centinela de la emigración hacia Europa,

Turquía ha empujado a la Unión Europea

a una “política de principios con pragmatismo”.

Ella incluye el acuerdo firmado en marzo de 2016,

denominado "Pacto de la Vergüenza" por las organizaciones humanitarias,

un término mucho menos eufemístico.

El compromiso de Erdogan de aceptar en su territorio

a todos los inmigrantes y refugiados llegados de forma irregular a Grecia

quedó rubricado con una sustancial suma de 6.000 millones de euros.

Lo que hay que entender es que en el conjunto europeo,

no es somos todos hermanos, nos queremos, somos europeos,

eso es un discurso para la televisión, para los creyentes.

No, no, el conjunto europeo es la realidad, los intereses,

y ahí basta con participar, lo he hecho yo como diputado europeo,

a una reunión de reparto sobre presupuestos,

para ver lo que son los intereses económicos de cada país.

Los países del Este han rechazado rotundamente el apoyo,

la solidaridad con los refugiados,

sobre todo con ese gobierno ultraconservador, de extrema derecha,

un gobierno que nunca hubiera podido

entrar en la Unión Europa en los años 2000,

el gobierno de Hungría porque no respeta

los acervos jurídicos europeos.

Y hemos visto también la divergencia entre Francia y Alemania.

El segundo elemento, mucho más profundo y mucho más grave,

es que detrás de esas divergencias

se demuestra claramente que la Unión Europea, hasta la fecha,

es una comunidad de intereses, pero no una comunidad de pertenencia.

El Gobierno de Hungría aprobaba una ley que permitía

la detención de todos los solicitantes de asilo

y su deportación a Serbia.

Una decisión que la Unión Europea condenaba,

mientras ponía en marcha un ambicioso plan

de externalización de fronteras.

Afganistán, Jordania, Líbano

y sobre todo Turquía en Oriente Próximo,

pero también Níger Senegal, Etiopía y Libia,

en el norte de África,

aceptaban el encargo europeo de contener la inmigración ilegal

a cambio de millones de euros.

En el otro extremo de la cuerda, miles de refugiados

quedaban abocados a las peligrosas rutas marítimas

controladas por los traficantes de personas.

La idea de re-nacionalización es una idea que muchos observadores

han denunciado en la lógica regresiva, involutiva,

que están viviendo una buena parte de los estados de la Unión Europea

y que por otra parte, está súper presente

en los nuevos estados de la ampliación del Este.

Es decir, Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia,

también Rumanía, por ejemplo, tienen una lógica que no es europea,

sino que es la lógica de recuperar su autonomía

después de haber estado bajo

la presencia y el dominio del bloque soviético.

Tienen un enfoque muy propio de la guerra fría.

Los países del Este cada vez que la Unión Europea

quería posicionarse de manera autónoma

frente a los Estados Unidos o frente a Rusia,

los países del Este apoyaban sistemáticamente,

por razones históricas que puedo entender, a los Estados Unidos.

Han apoyado a Bush cuando la guerra de 2003,

la invasión de Irak,

han apoyado las intervenciones militares en Afganistán.

Fundamentalmente su tropismo es un tropismo norteamericano,

no es un tropismo europeo.

Porque a ver, los que sabemos de historia,

sabemos también que es muy fácil hacer un golpe de estado

con un asesinato selectivo, eso se ha hecho siempre.

Por qué no matamos a Sadam Husseim,

por qué no matamos en este momento a Bashar al-Ásad...

Es que el problema no son estos mandatarios malos malísimos.

La cuestión que ahora se está haciendo es cambiar

las fronteras de los países importantes de Oriente Medio.

Esto significa que va a nacer del seno de Irak desintegrado,

varios estados; del seno de Siria, varios estados;

posiblemente de Arabia Saudí y de Turquía también.

El plan que está en marcha es desintegración

de los países importantes de Oriente Medio

y convertirlos en mini-estados. bajo cualquier pretexto.

Devolver a los refugiados a su sitio,

matar a Bashar al-Ásad que es un dictador,

o ir a luchar contra Al Qaeda o Estado Islámico, son pretextos.

En este sentido, los medios de comunicación,

en su difusión de los hechos relacionados

con los atentados yihaidistas en suelo europeo,

han vuelto a desplegar toda su artillería emocional.

Sin desdeñar los daños humanos

ni el terror desatado en distintas ciudades europeas,

el último de ellos en Barcelona,

estos medios olvidan con demasiada frecuencia,

los actos terroristas que suceden al otro lado del muro.

La razón, probablemente, es que estos sucesos periféricos

desvían demasiado la atención de la trama fundamental del relato.

Los estados europeos que gestionan la crisis

necesitan utilizar una vía de escape, una coartada,

la vía clásica es la del enemigo exterior,

para tratar de mantener la adhesión de clases que,

al verse privadas de sus derechos,

han echado mano de nuevo del enemigo exterior,

del agresor externo, y ahora recientemente,

incluso con los elementos más agudos de agresor externo,

el agente, la infiltración terrorista,

que es el máximo peligro,

para presentar un discurso de vuelta al viejo patrón

de la soberanía nacional,

a una concepción westfaliana en un contexto que no tiene nada que ver,

como es el europeo.

A ver, luchar contra el ejército de Bashar al-Ásad no es broma,

estamos hablando de un ejército

que había sido preparado para luchar contra Israel,

cómo es que no puede contra cuatro prácticamente lumpen-proletariado,

porque es lo que son.

No han podido el régimen de Bashar al-Ásad o los países de la zona,

estamos hablando de Turquía, que es miembro de la OTAN,

¿cómo no ha podido parar este grupo?

Tanto Al Qaeda como su supuesto líder que era Bin Laden,

como ahora el Estado Islámico,

porque estos cambian de nombre dependiendo del escenario,

es como un escenario de teatro, ¿no?

Mira, hay un símil muy interesante.

El coco lo utilizamos los mayores cuando tenemos hijos, y les decimos,

niño duerme que viene el coco, y el niño nunca se pregunta,

cómo es que mis padres, que son grandes, adultos,

no pueden acabar con este coco para que no me meta miedo.

Es que a ver niño, si acabamos con el coco, no nos obedecerás.

Este fantasma del terrorismo

sirve para hacer obedecer a la opinión pública,

justificar el militarismo, la venta de armas...

El conflicto de Siria,

junto con todos los conflictos históricos de la región,

se ha convertido en el escenario fundamental

del mayor negocio del mundo: la libre compraventa de armas.

Ligeramente a la sombra de Estados Unidos,

el primer país productor de armas del mundo,

España ocupa el séptimo puesto.

Ambos países tienen clientes que no respetan los derechos humanos.

En 2016, España exportó 4.000 millones de euros

en material de defensa de los cuales Arabia Saudí reembolsó más de 116.

Entre tanto, cierta idea de militarismo pacifista

va moldeando los grandes medios.

A su lado, se hace cada vez más grande y siniestra

esa idea del otro, el diferente, el potencial terrorista.

Mira, se habla mucho por ejemplo de islamofobia, de xenofobia,

yo creo que es más aporofobia.

Aporofobia es una palabra que hay que recuperar, es el miedo,

el rechazo hacia el pobre.

Si estos refugiados sirios hubieran venido con maletines de dólares,

como vienen los qataríes, o como vienen los jeques saudíes,

que son reaccionarios, son wahabitas, decapitan a la gente en su país,

financian al terrorismo internacional, no habría problema,

acogemos a miles de ellos, que vengan jeques árabes con dinero.

Pero no queremos a refugiados que sean sudacas, moros, sirios,

porque representa la pobreza, es una competición,

es un rival para la clase trabajadora de aquí;

entonces, es una manipulación.

Aquí la gente no tiene odio al islam,

sino al islam que se identifica con los refugiados llegados

de determinadas zonas de los países de Oriente Medio.

De hecho sucede que, mientras los muros exteriores

se muestran relativamente porosos a la globalización tecno-económica,

en forma, por ejemplo, de mercenarios terroristas

que atraviesan fronteras con total libertad,

otros muros invisibles se alzan en el interior

de los estados de la Unión Europea.

Son los muros de las democracias occidentales,

los muros de la desigualdad,

los muros del empobrecimiento de una clase media

que ha visto interpelada su solidaridad en un mal momento.

El proceso de vaciamiento del derecho de asilo,

la mercantilización de un derecho básico como el asilo,

la deconstrucción de refugiados que aparecen como delincuentes...

Porque hemos pasado de campos de acogida

a campos de concentración que son prisiones,

su tratamiento en cualquier caso como infra-seres humanos.

Y nosotros estamos vaciando como sujetos de derecho a esos sujetos,

y volviendo al mito de Atenas, porque Atenas es, de alguna manera,

la cuna de algunos de los elementos universales

que Occidente ha legado al mundo, el canon de belleza,

el canon de verdad, el canon de justicia,

sale de Atenas antes que de Roma.

Pero eso es posible gracias a que Atenas

tiene institucionalizada la esclavitud,

y ese es el proceso en el que estamos otra vez,

sé que es duro decirlo, pero estamos de-construyendo

a sujetos de derechos para convertirlos

en infra-sujetos jurídicos otra vez y el campo de esa deconstrucción,

son sobre todo inmigrantes, extranjeros pobres, refugiados.

A este nivel, hay un acuerdo económico para mantener, digamos,

la política de estabilidad, o sea, hay un acuerdo entre ellos

para mantener las reglas fundamentales de esa política,

de restricción de la función del estado social en Europa,

y el resto tenemos el eje franco―alemán

como eje que vertebra, estabilizador, de la Unión Europea.

Este eje está en crisis hoy,

y la crisis se ha vuelto mucho más importante

desde la salida de Gran Bretaña.

Eso, ¿qué significa?

Uno, que la Unión Europea no tiene cabeza política.

No hay una cabeza política,

no hay una unión política entre los países europeos.

Hemos creado las condiciones de integración económica,

pero no hemos sido capaces de crear una unión política.

La cuestión no es el espacio, no son los países,

sino las clases que toman el poder

en diferentes países de la Unión Europea o del mundo.

O sea, yo creo que a nivel mundial

estamos ante el ascenso de la extrema derecha;

se está instalando en los países europeos de los más democráticos;

esto hay que pararlo.

La extrema derecha que está ascendiendo.

El resto son cortinas de humo.

Hasta aquí la primera parte de nuestra reflexión

sobre la crisis de los refugiados y sobre este desengaño de Europa.

Una crisis sistémica que ha traicionado

los principios constitutivos de la Unión Europea

y que obliga a replantear seriamente su futuro.

La segunda parte, construida a partir de vivencias más personales,

tratará de arrojar un poco más de luz.

En 2011, exactamente en este año,

en nuestra historia moderna como sirios,

han pasado muchos cambios.

Pero para mí, decir "primavera árabe",

porque como la "primavera árabe" es una expresión usada por los medios,

los medios internacionales, para nosotros en Siria,

y también yo me permito hablar de los jóvenes en otros países árabes,

es una expresión que fue un poco

contra lo que quería la gente en este levantamiento,

que es un levantamiento del pueblo.

En Siria, la gente ha hecho el levantamiento por varias razones,

pero han empezado, sobre todo, con la palabra libertad.

Algunos de ellos saben exactamente qué significa libertad,

pero hay otros que sólo querían libertad

sin saber qué significa libertad.

Por eso yo no puedo apoyar como dijiste tú,

esa expresión de "primavera árabe",

porque la "primavera árabe" puede ser también algo muy poético,

hablar de gente que querían sus derechos como ser humano,

pedir un cambio, y otras, que no querían para nada,

que su vida cambie para ser peor.

Así, siendo una mujer fotógrafa en Siria,

fue muy difícil porque no hubo antes otras mujeres

que hicieran esta profesión en Siria.

Es por eso que para mí, cuando llegó la guerra en Siria,

yo había hecho mi propia guerra para crear mi profesión,

y también tenía esta lucha de cambiar este estereotipo con los medios.

Por eso yo elegí hablar de la vida de las personas

que no querían la violencia, no querían formar parte de la guerra,

pero querían seguir viviendo y luchar para vivir en Siria.

Las dictaduras árabes, han pasado 40, 50, 60 años,

controlando a la población de una manera muy férrea,

sin ningún tipo de libertad.

Había mucho malestar; ya en el año 2001, 2002,

ya notabas que la sociedad árabe estaba esperando una salida.

Y por efecto simpatía, después de las revoluciones en Túnez, en Libia,

en Egipto, en Barheim, o en Yemen, que al principio eran exitosas,

luego fueron secuestradas por circunstancias internacionales,

los sirios se levantaron.

Se levantaron con manifestaciones muy legítimas,

donde no pedían, cuidado, un cambio de régimen,

ni pedían una intervención internacional,

y esto es muy importante destacarlo.

Lo que pedían era el final de la corrupción,

lo que pedían era la libertad de los presos políticos,

que es una de las grandes características

de las dictaduras árabes.

En un momento dado, en una ciudad del Sur, en Dara,

un grupo de adolescentes hizo una pintada en el colegio.

En este contexto de hay protestas... vamos a pedir la libertad...

Y la pintada era: “el pueblo quiere la caída del régimen”,

que era exactamente el slogan de las demás revoluciones,

en Egipto, en Túnez...

repitieron un poco lo que veían, digamos, en la televisión.

Aquellos niños fueron detenidos,

fueron torturados, les arrancaron las uñas, desaparecieron en prisión.

Y los padres pidieron explicaciones.

Fueron a las autoridades, devuélvanos a nuestros hijos, decían.

Y las autoridades les dijeron, literalmente: "Haced otros hijos".

En 2011, cuando ha salido la gente a pedir como revolución,

a pedir libertad, yo te digo que las primeras manifestaciones

han salido de las mezquitas después de la oración del viernes,

en Damasco.

Yo sólo voy a explicarte qué significa esto para la gente

que no quería participar ni en revolución,

ni en manifestación en Siria, ni en guerra, ni en nada.

Y son gente que trabajan durante la semana, y el viernes para ellos,

es para ir a hacer un picnic con sus familias...

Y este día, yo puedo decirte,

que hay muchos sirios que para ellos el viernes,

que fue un día feliz para descansar,

ha cambiado este viernes de un día feliz para descansar

y pasar buen tiempo, a un día de total miedo.

Esto sí que llevó a una gran revulsión dentro de la sociedad,

comenzaron manifestaciones muy grandes en Dara

que se terminaron extendiendo al resto de las ciudades.

Y el régimen reaccionó disparando.

Y cada funeral, se convertía en una manifestación aún mayor.

Y cada manifestación era reprimida de una manera aún más fuerte.

En algunos barrios, la oposición comenzó a ser fuerte,

la deserción también comenzó por parte del ejército que disparaba;

había parte del ejército que no entendía

por qué tenía que disparar a sus vecinos.

Comenzó gente a desertar y a montar

lo que fue el origen del ejército libre de Siria.

El primer día que vimos sangre de una persona siria en suelo sirio,

y esta sangre de persona siria en suelo sirio,

es razón de que otra persona siria ha matado a esta persona.

Esto para mí es una guerra civil

porque nosotros nos estamos matando el uno al otro.

En este caos muchas personas han perdido su vida,

porque estaban allí en un momento incorrecto,

un día que pasaban para allá.

Por eso, todo lo que han utilizado los medios internacionales

para hablar de lo que ha pasado en Siria

fue injusto para los pueblos sirios,

no importa cuál fue su posición política.

Entonces, yo creo que la simplificación del mensaje,

lo que hacer es pervertir todo este tipo de información;

creo que los medios no están haciendo bien el trabajo.

Se simplifica mucho, antes se pasaban meses

para hacer una sola cobertura en un sitio.

Yo pasaba tres meses en Irak durante la invasión.

Ahora pasas una semana y pareces el gran experto.

Y en una semana no te da tiempo a entender.

Es decir, hay una cantidad de factores que no se analizan

y que explican los motivos que hay detrás de un conflicto como éste,

que efectivamente, hacen que el público se distancie,

que no comprenda, y que por tanto, no sepa cómo actuar.

Médicos sin Fronteras es una organización humanitaria

y médica que nace en el 71.

Es un grupo de gente, de médicos, enfermeros y periodistas

que vienen de Biafra y de Paquistán

y que se unen con la historia de vamos a crear una organización

que asista y que haga también de testimonio.

El presidente de Médicos sin Fronteras,

que recogió el premio Nobel de la Paz en 1999,

decía una frase que a mí me encanta y siempre la digo, que dice:

“No sabemos si las palabras curan, pero sabemos que el silencio mata”.

Entonces, esa forma parte de nuestra filosofía,

es decir, para nosotros es muy importante la dignidad,

de persona a persona, no a nivel vertical sino a nivel horizontal.

Después es muy importante también la imparcialidad, es decir,

tratar a todo el mundo sin importar religión,

sexo o idiosincrasia de la persona.

Y después la neutralidad,

estar siempre en los dos bandos del conflicto.

Entonces había una gran demanda de intervención internacional,

no en forma de invasión, no en forma de tropas,

lo que querían era zonas de exclusión aéreas.

Es decir, zonas seguras donde la población que estaba siendo atacada,

pudiera huir.

Y la comunidad internacional,

básicamente, volvió la mirada a otro lado.

Eso hizo que la revolución se armase,

eso hizo que las potencias regionales,

Irán, Arabia Saudí, por supuesto,

Qatar, Emiratos Árabes, Turquía, Iraq...

todos los países de alrededor comenzaran a lidiar sus intereses,

en la forma de armas y de yihadistas, y la sociedad siria, por desgracia,

dejó entrar a todos aquellos yihadistas porque decían:

“Nadie nos ayuda, finalmente, alguien nos ayuda, Ahlam”,

bienvenidos sean.

En Siria empezamos a trabajar en 2011,

que es cuando empieza el conflicto y estamos trabajando hasta ahora.

Pero en ese proceso ha habido una evolución,

porque al principio empezamos a trabajar allí.

En 2013, como hay un incidente de seguridad,

un secuestro de seis compañeros,

decidimos trabajar con el personal nacional

y después, cuando esos ataques a las asistencias sanitarias,

se hacen virulentos, de tal forma que es que tenemos

116 hospitales atacados en 2015, de los cuales 65 son en Siria,

pues cómo eso supone que personal

que antes consideraba que los hospitales eran seguros,

porque hay unas convenciones de Ginebra

que se firmaron en el siglo XIX,

que hasta ahora habían estado respetadas,

cómo ese personal tiene miedo de ir a los centros sanitarios

porque considera que ya no es seguro.

Lo que está pasando en mi país es muy complejo

hasta el punto de que nosotros los sirios

hemos pasado casi dos y tres años sin entender lo que estaba pasando.

Porque si los países, o la comunidad internacional,

quería terminar la guerra en Siria,

o querían que no empezara la guerra en Siria,

ellos pudieron hacer o buscar una solución política

entre el pueblo sirio y el gobierno sirio.

Y si hubieran pensado en hacerlo, hoy no tendríamos guerra.

Pero yo te digo, te confirmo, y siempre en la historia de Siria,

siempre había un acto de Europa, de Estados Unidos,

un acto de ocupación y más allá,

para utilizar la localización estratégica de Siria,

y más allá de que tenemos gas en nuestro mar,

muy importante para Europa, tenemos el petróleo,

ahora preguntamos por qué todo este conflicto

está metido en la zona donde hay el petróleo,

entre Siria e Irak, tenemos agua muy importante para Oriente Medio,

con los ríos que tenemos y otros recursos importantes

internacionalmente.

Por eso hacemos preguntas un poco naif.

Y así fue como dejaron entrar a gente que tenía otra agenda,

otra agenda política.

Que era más luchar por una causa,

por un interés político por ocupar el poder.

Entonces se atomizó completamente la oposición,

el ejército libre de Siria hoy está compuesto por miles de facciones.

El régimen también jugó un papel muy importante

liberando a yihadistas de prisión,

yihadistas que habían combatido en Irak contra la invasión,

y que habían terminado siendo detenidos por Siria,

los libera sabiendo que iban a jugar un papel en todo aquello.

Porque el régimen siempre culpó a la población que se manifestaba;

los calificaba de terroristas.

El discurso era estamos luchando contra el terrorismo,

estos son infliltrados, no son sirios,

han venido de otros lugares del planeta para derrocar al régimen,

cuando en realidad el control del régimen sobre las fronteras sirias

era en aquel entonces extraordinario.

No hay ningún país en el mundo que pueda aceptar que las fronteras

van a estar abiertas y que entren yihadistas a sus territorios, ¿vale?

No me gusta utilizar la otra expresión de terrorismo,

no me interesa, porque es creada por los medios,

pero por qué está permitido que Arabia Saudí y Qatar

dejen salir de sus países a chicos jóvenes y entrar a Turquía,

por los aeropuertos en Turquía, que entran hasta Siria.

Por qué todos los medios están hablando de poner estas imágenes,

quién es el malo y quién es el bueno.

Por qué hay este interés de Estados Unidos y países europeos,

y también esta creación de Yihad en Siria por países árabes.

Y ahora mismo la situación de Siria es un tablero internacional de juegos

es un poco lo que fue el Líbano en su guerra civil.

Muchos países juegan sus propias guerras internacionales

en territorio sirio y con sangre siria.

Entonces, por un lado están Bashar al-Ásad

ayudado por Irán, por Irak y por Rusia.

Y por otro lado está la oposición, ayudada por Turquía, por Egipto,

por Saudi, por Qatar, por Emiratos y por Estados Unidos.

Y cada uno juega sus intereses, pero en cualquier caso,

nadie tiene el interés de una salida pacífica,

que es lo que más me preocupa, con lo cual el conflicto,

el final del conflicto parece lejano.

Actualmente las condiciones que nos encontramos son circunstancias

en las que se han externalizado las fronteras, por lo tanto,

sabemos que se está viviendo,

que los refugiados que vienen huyendo del conflicto,

y de nuevo, según los tratados que hemos firmado,

tendrían que tener derecho a un asilo, a una demanda de asilo,

sabemos que estas personas están siendo retenidas en terceros países,

donde las condiciones de trato no son las mismas que en Europa,

donde hemos visto, además,

testimonios de torturas, malos tratos, malnutrición en adultos...

De hecho, lo hemos llamado claramente,

"el pacto de Turquía", el pacto de la vergüenza,

y de hecho lo hemos manifestado de una forma muy contundente

cuando en mayo de 2016 decidimos

rechazar cualquier fondo que venga de la Unión Europea

y decidimos salirnos de los campos de internamiento

como rechazo a esa política, porque creemos realmente

que está afectando a la vida de muchos millones de personas.

Mi familia y yo, somos una familia muy cercana, muy fuerte

y siempre nuestras decisiones tienen que ser para todos

y nunca quería salir de Siria, nunca, hasta el punto de que yo,

durante la guerra en Siria, que la guerra me tocó mucho

y fue muy peligroso para mí

hacer mi trabajo en el tiempo de guerra en Siria.

Y cada día para mí, fue un día que pudo ser un encuentro con la muerte,

hasta el punto de que un día, nunca voy a olvidarlo,

tres veces durante el mismo día, tuve un encuentro con la muerte.

Tres veces sobreviví en un día entero.

Y con respeto a la gente que no cree en Dios,

yo la verdad, no es el tema aquí,

pero yo sé que sobrevivir tres veces aquel día fue por una razón.

Y yo sé que, si yo voy a estar en la vida,

puedo hacer cosas más valientes que si yo voy a morir.

Así, para mí este día ha cambiado muchas miradas

porque me confronté con gente, que son mi gente,

pero querían matarme.

El hecho de que haya cinco millones de personas

que hayan abandonado Siria,

te da una imagen de la entidad del conflicto,

del nivel de destrucción dentro.

Si salen es porque no queda nada para vivir dentro.

Yo he conocido a mucha gente que salió,

no después de perder su casa, después de perder varias casas,

o sea su casa era destruida,

alquilaban una casa o entraban en una casa a vivir,

una vez que esta era destruida pasaban a otro domicilio,

y cuando esto les había pasado varias veces y ya no tenían donde ir,

literalmente, es cuando cogen todo lo que tienen, a los niños,

a los ancianos a las espaldas y cruzan la frontera,

que por lo general, se hace a pie.

Es una experiencia bastante traumática.

Y luego me encantaría también que la gente pudiera empatizar

con el trauma que arrastran, lo que han visto.

Todo refugiado que ha tomado esa decisión,

es porque ha visto tal nivel de muerte, de destrucción, de violencia,

que está completamente traumatizado.

Son generaciones bajo trauma.

Se calcula que el 90% de la población en un conflicto

ha vivido una situación estresante.

Una situación estresante puede ser

desde la desaparición de alguien cercano, como la muerte,

como que te hayan destruido tus propiedades,

como que hayas sufrido torturas, etc.

De estas personas, un 30% va a tener patologías psicológicas graves,

que va a necesitar una atención médica en el futuro.

Una de las cosas que durante el principio

más nos dificultaba poder hacer este seguimiento es ese tránsito;

las personas no querían quedarse más de tres días en un sitio,

aunque estuvieran mal física o mentalmente,

porque no sabían qué iba a pasar mañana con la frontera.

Y no se querían arriesgar porque su objetivo era llegar

adonde tuviesen que llegar.

Es decir, sabemos que la gente se va a seguir arriesgando,

sabemos que la gente está huyendo de conflictos,

sabemos o por lo menos hemos dicho que tienen derecho a recibir acogida

tal como hemos firmado la Unión Europea y los países separados

en la convención de Ginebra.

No lo estamos haciendo,

entonces la gente se está arriesgando a esos tránsitos,

a esos viajes que son, bueno, no tienen palabras...

Si podemos poner todos los nombres de las personas

que han perdido su vida en el mar,

este es lo mínimo que podemos hacer para guardar su dignidad,

pero todas estas personas que han puesto dinero,

pero al final han perdido su vida y no han llegado hasta Europa.

Yo pienso que la culpa principal de todo lo que está pasando,

de más extra sufrimiento a la gente de Siria,

no solo sufrimiento en la guerra, sufrimiento de salir de Siria,

en el camino para llegar hasta Europa,

la culpa es de los políticos europeos

que no están ayudando a las personas sirias de tener un camino más digno

y más pacífico y poder vivir en paz de nuevo.

En Grecia, una de las cosas más bonitas,

es que la mayoría de los traductores que tenemos son personas refugiadas.

Entonces pues podemos hablar mucho con ellos.

Y es la historia de cómo al principio no huyes

porque quieres quedarte en tu casa, porque piensas que va a pasar,

porque esto no es nada, que son cosas de meses,

después empiezas a ver que empieza a afectar a gente que conoces

y te lo planteas pero bueno, quieres estar con tu madre,

quieres estar con tu abuelo, quieres estar con tu hijo,

y de pronto esto se va haciendo más hasta que llega un momento

que ves tan amenazada tu vida que decides que quieres correr el riesgo.

Con lo cual me parece que Europa se está equivocando dramáticamente,

dramáticamente, y que toda esa humillación

y ese trauma tiene una posibilidad,

un potencial enorme, de convertirse en agresividad.

Y es muy curioso, además, que no se ha dado publicidad

a incendios intencionados contra centros de refugiados,

ataques contra refugiados, que ha habido muchísimos,

ha habido muchas agresiones físicas contra ellos,

agresiones verbales continuas...

A mí me parece que forma parte

de ese discurso maniqueo de nosotros contra ellos,

de criminalizar un poco la figura del refugiado

para justificar nuestras propias decisiones de no querer,

ese egoísmo europeo de que nuestros principios

se aplican sólo a los nuestros, es decir, sí que se está haciendo,

insisto, es un poco el discurso que se crea el 11 de septiembre

de “nosotros y ellos”, ellos son diferentes...

Para mí, como Julia,

lo más frustrante es que sabes que en ese momento estás haciendo

que una persona no haya naufragado, por decirlo de alguna forma,

pero sabes que va a ir a un sistema que no va bien.

A un sistema donde se les está encerrando

en unas condiciones infrahumanas.

Entonces, hay una alegría pero hay una tristeza a la vez.

No le puedo decir a la persona a partir de ahora todo va a ir bien.

Eso no se lo puedo decir, porque por desgracia las políticas europeas,

no nos permiten decir eso.

La misión de Grecia ha sido la misión que más me ha costado,

con diferencia, y llevo varios años trabajando en esto,

y he hecho misiones que no han sido fáciles,

pero ha sido la misión de la que más enfadada he vuelto.

Y además con gran, gran diferencia.

Ha sido una sensación de frustración,

de enfado, de desengaño, diría desengaño.

Con una Europa en la que creía, una Europa solidaria,

que había firmado la convención de Ginebra, etc., etc.,

y cómo ver que todo eso se transformaba en papel mojado...

España como país es un país bonito y tiene muchas cosas cercanas de Siria,

es un país mediterráneo, pero al mismo tiempo, yo no pude ver nada.

Yo, en mi primer año en Barcelona,

estuve enfadada, tenía mi propio trauma de todo lo que vi,

no pude hablar de la guerra,

si la gente me dice Siria, empiezo a llorar.

No pude, no fui una persona normal en este tiempo.

Yo estuve contra todo, contra conocer el país,

contra aprender español,

porque yo siempre quería volver a Damasco,

yo siempre viajé y volví a Damasco.

Porque es mi casa, es mi hogar, es donde yo quiero vivir.

Y durante mi trabajo en Siria

documentando la vida en la sombra de la guerra en Siria,

yo estuve de una manera u otra, buscando a Siria antes de la guerra,

pero durante la guerra.

Entré en casas de personas totalmente destruidas,

estuve también buscando la vida que estaba antes en este sitio.

Lo he hecho con mucho respeto

y con mucho dolor, porque fue un dolor común,

así fue el dolor que yo no pensé en el dolor mismo.

Yo pensé cómo congelar este momento que estuvimos viviendo

para que quede en la memoria en nuestra historia humana.

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UNED - 23/02/18

23 feb 2018

Refugiados o el desengaño de Europa , I y II parte.

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