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Para todos los públicos UNED - 18/01/19 - ver ahora
Transcripción completa

En el antiguo Egipto los sacerdotes fueron, quizás,

los primeros observadores del firmamento y de la Luna.

Sabemos que desde las terrazas de los templos,

observaban el firmamento, la Luna;

gracias a ellos, tenemos, por ejemplo, hoy día,

ese establecimiento de los 365 días del año y de las 24 horas del día.

Igualmente, en Egipto, eran muy importantes los calendarios lunares.

Se cree que en la fase anterior a la unificación del Estado,

la vida en el país del Nilo

se regía en función de esos calendarios de la Luna.

No es de extrañar que la Luna siga rigiendo las estaciones.

De hecho, tenemos conocimiento de que en Egipto

esos ciclos lunares marcaban las tres estaciones

que ellos tenían en su calendario, en su año.

Y esta concepción, esta idea de los ciclos lunares

se conserva todavía en muchos de los cultos religiosos.

En el antiguo Egipto tenemos muchas representaciones de la Luna.

Es curioso que la iconografía que vemos en muchas de las divinidades

presenta una doble faceta de la Luna, como luna creciente y luna llena.

Muchos de estos dioses

los vemos representados con este doble atributo;

uno de ellos, por ejemplo, es Thot,

que es el dios de la sabiduría y de la escritura,

que es un ibis, cuyo pico curvado se asemeja con esa forma de la Luna.

Es curioso, por ejemplo,

podemos verlo en un fantástico relieve del templo de Abidos,

donde vemos esa representación de ese ibis con ese pico curvado.

Sabemos, además, que hay otros dioses egipcios

que se vinculaban a la Luna, como, por ejemplo, Osiris.

Tenemos representaciones de Osiris relacionado con la Luna.

Lo vemos, por ejemplo,

en las representaciones del conocido templo de Dendera,

donde vemos muchas representaciones vinculadas con la Astronomía.

Es curioso, por ejemplo, que en este templo de Dendera

vemos la representación, por ejemplo, de 14 peldaños,

que son esos 14 ciclos, que son parte de ese ciclo lunar.

Una especie de simbología mezclada con la idea de la religión.

En este templo de Dendera

vemos igualmente representaciones muy curiosas,

por ejemplo, del ojo de Horus relacionado con esa idea de la Luna.

En definitiva, lo que podemos ver es que, en el antiguo Egipto,

la Luna marcaba de una manera muy importante

sus ciclos y su vida diaria.

Por ejemplo, tenemos constancia

de numerosas estelas que se han hallado en Deir el-Medina.

Ese lugar, Deir el-Medina, era el poblado de trabajadores

que construyeron las tumbas del Valle de los Reyes,

donde se enterraron los monarcas del Reino Nuevo.

Aquí, se han encontrado numerosas estelas

dedicadas, por estos trabajadores, a la Luna.

En el siglo IV a.C. vivió el gran filósofo Aristóteles.

Propuso un modelo del Cosmos,

según el cual el Universo estaba dividido en dos partes,

un mundo supralunar, donde todo es perfecto, inmutable,

y un mundo sublunar, donde se encuentran la Tierra, el ser humano,

y donde todo es corrupto y perecedero.

La Luna, como antesala de ese mundo supralunar es,

en la cosmología de Aristóteles, un cuerpo también perfecto y puro.

La cosmología de Aristóteles

pervivió hasta bien entrado el Renacimiento en Europa.

El motivo es que esos conceptos más básicos

estaban de acuerdo con las sagradas escrituras,

mantenían a la Tierra y al hombre como el centro del Universo,

el centro de la Creación.

Esta idea de la Luna pura

también se mantuvo hasta bien entrado el Renacimiento.

Sin embargo, cuando nosotros miramos a la Luna,

vemos, a simple vista, que tiene manchas.

¿Cómo intentaron los antiguos

explicar estas aparentes imperfecciones?

Hubo ideas de distinto tipo.

Hubo quien intentó reconciliarlo con la idea

de la Luna pura de Aristóteles,

proponiendo que, al ser la antesala de ese mundo supralunar,

está corrupta, parcialmente,

por la suciedad del mundo sublunar y de la Tierra.

Hubo quien propuso que la Luna es un espejo,

y que lo que estamos viendo reflejado

son los continentes y los mares de la propia Tierra.

Entre los siglos I y II d.C., ya en la era cristiana, vivió Plutarco;

propuso una idea muy rompedora para su época,

y es que la Luna no es un cuerpo perfecto,

sino que tiene continentes y mares, es un cuerpo parecido a la Tierra.

Sin embargo, esta idea no prevalecería.

Llegaríamos a la época del Renacimiento con...

aún la idea de esa Luna pura.

Sin embargo, sí hubo algunos artistas

que representaron en sus obras esa Luna con manchas.

Por ejemplo, una de las representaciones más antiguas

que conocemos, donde aparece esta Luna imperfecta,

es del artista flamenco Jan Van Eyck.

Hacia 1435 realizó un díptico,

en una de las partes aparece la crucifixión,

con los dos ladrones a ambos lados de Cristo crucificado,

y aparece muy pequeñita, tan solo unos centímetros de tamaño,

la Luna con las manchas.

Es una representación muy relista de la Luna,

tal y como la vemos a simple vista.

Tenemos también una obra maravillosa de Bramantino, realizada en 1490,

de Cristo resucitado,

que está en el Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid.

Aparece también una Luna con manchas,

contrastes de claros y oscuros, que incluso nos recuerda una cara.

Estas obras fueron anteriores

a los dibujos que, en 1505, realizaría Leonardo Da Vinci,

donde plasma los contrastes de las manchas

en sus dibujos de la Luna.

En 1609, tuvo lugar un acontecimiento histórico

en la historia de la Astronomía.

Galileo Galilei apuntó por primera vez el telescopio al cielo

para estudiar el Cosmos.

Se dio cuenta, cuando apuntó a la Luna, que no es un cuerpo perfecto,

sino que tiene relieve, tiene cráteres, tiene montañas;

la idea de esa Luna perfecta empezaba a diluirse.

En el barroco, una obra muy popular,

que se representó numerosas veces, fue la Inmaculada.

Aparece la Virgen tal y como es descrita en el Apocalipsis,

una mujer iluminada por el Sol, coronada de estrellas, sobre la Luna.

Esa Luna, en las Inmaculadas,

como, por ejemplo, las de Murillo, del siglo XVII,

aparece siempre representada como una superficie perfecta y cristalina,

sigue transmitiendo la idea de una Luna pura.

Viene influida por las ideas de los mitos de la cultura romana,

donde la diosa Diana, diosa de la caza, personificada en la Luna,

era una diosa casta,

igual que lo era su equivalente en la mitología griega, Artemisa.

Es decir, la Luna pura aparece

en distintas épocas y en distintas culturas.

En las Inmaculadas, es una perfecta alegoría con la virginidad de María.

Esa Luna perfecta se asocia con la pureza de la Inmaculada.

En 1612 el artista Ludovico Cigoli, amigo de Galileo, realizó un fresco,

en una cúpula de una capilla de la Basílica Mayor de Roma, muy curioso.

Representa a una Inmaculada,

coronada de estrellas, iluminada por el Sol sobre la Luna,

pero ya la Luna no es perfecta, aparece de hecho plagada de cráteres.

Cigoli está realizando una Luna

inspirada en los dibujos que el propio Galileo realizó

a partir de sus observaciones con el telescopio.

Cigoli está haciendo dos cosas,

incorporar los resultados de los estudios de Galileo

y, además, está adoptando la postura de que la fe

tiene que tener cabida para el avance del conocimiento.

La fe tiene que adaptarse al avance de ese conocimiento.

El siglo XVII puede ser considerado

como el siglo del nacimiento de la selenografía,

es decir, aquella parte de la Astronomía

dedicada al estudio de la superficie de la Luna.

Tras las observaciones realizadas por Galileo Galilei

con su telescopio, durante el año 1609, de la superficie de la Luna,

este astro dejó de ser aquella esfera pura y perfecta,

como postulaba el filósofo de la antigüedad Aristóteles,

sino que se rebeló como un cuerpo celeste repleto de cráteres.

Además, tras estas observaciones realizadas por Galileo,

el interés por la Luna y su observación fue in crescendo

entre los astrónomos del siglo XVII.

Uno de esos astrónomos fue el belga Michael Florent Van Langren,

cosmógrafo del rey Felipe IV de España.

Van Langren fue el autor de una selenografía, o mapa lunar,

publicado en el año 1645.

Este mapa lunar de Van Langren formaba parte de un programa

de observación e investigación astronómica,

más amplio, concebido por su autor, que tenía por finalidad última

resolver el problema de determinar la longitud geográfica,

a través de la observación de determinadas características

que aparecían y desaparecían de la superficie de la Luna,

no sólo durante los eclipses lunares, que ocurrían ocasionalmente,

sino a lo largo de todo el ciclo lunar.

El mapa lunar de Van Langren llevaba por título, en latín,

"Pleni Luni lumina Austriaca Philippica",

que se podría traducir al castellano como

"El resplandeciente Felipe de Austria".

Este título resultaba perfectamente coherente,

por una parte, con la intención de su autor,

que no era otra sino la de honrar a su protector y mecenas,

el rey de España,

como, por otra parte, con el contenido del propio mapa lunar.

Van Langren había reparado en que Galileo,

en sus observaciones astronómicas,

y en sus observaciones más específicamente de la Luna,

no había otorgado un nombre específico

a los distintos accidentes que había observado sobre su superficie.

Por lo tanto, Van Langren se dedicó a otorgar una precisa nomenclatura

a cada una de esas montañas, mares, etc., que aparecían sobre el astro.

En esta nomenclatura que otorgó Van Langren

a los diferentes accidentes de la superficie lunar,

los miembros de la casa de Austria

y especialmente Felipe IV ocupaban un lugar preeminente.

Al rey español, conocido también como el rey planeta,

le dedicó o bautizó a la mayor de las montañas

con el nombre de Felipe IV,

mientras que el mayor de los oceanos

observados desde la Tierra, en la Luna,

llevó por nombre el de Océano Filípico.

Otros miembros de la casa de Austria

representados en este mapa lunar fueron...

el hijo y sucesor, por aquel entonces, de Felipe IV,

el príncipe Baltasar Carlos o la infanta Isabel Clara Eugenia,

que había sido gobernadora de los Países Bajos

y, asimismo, protectora del propio cosmógrafo Van Langren.

Otra de las categorías que asignó Van Langren en su mapa lunar

fue la de los nombres de determinados gobernantes,

y protectores y mecenas de las ciencias matemáticas,

como el rey Carlos I de Inglaterra o Cristián IV de Dinamarca.

Pero, además, en esta exhaustiva nomenclatura

que asignó Van Langren a los accidentes de la superficie lunar,

incluyó los nombres de algunos reputados astrónomos,

tanto de la antigüedad, como el matemático siracusano Arquímedes

o el geógrafo Claudio Ptolomeo,

pero también algunos nombres propios de la edad moderna

como Nicolás Copérnico o Kepler.

Con todo, este mapa de la Luna, realizado por Van Langren,

es considerada como la primera selenografía.

Dos años después de la publicación de este mapa grabado de la Luna,

otro astrónomo, el polaco Johannes Hevelius,

publicó su tratado dedicado precisamente a este mismo asunto,

titulado "Selenografía";

en él recogía los datos recabados durante años

de observaciones astronómicas realizadas gracias al telescopio

y, asimismo, incluyó, entre otros grabados,

algunas representaciones de la Luna.

A diferencia de Van Langren,

Johannes Hevelius optó por asignar una nomenclatura algo diferente

a los distintos accidentes que aparecían sobre la superficie lunar.

Hevelius se decantó

por utilizar nombres geográficos de la antigüedad clásica.

Este hecho, y lo complicado e intrincado

de algunos de estos nombres hizo que, en la actualidad,

dada la complejidad de algunos de estos nombres,

apenas se conserven o se utilicen unos pocos

de los que asignó Hevelius a la geografía lunar.

A lo largo del siglo XVII, y cinco años después...

de la publicación del referido tratado de Hevelius,

otro astrónomo, llamado Giovanni Battista Riccioli, un jesuita,

publicó, asimismo, un tratado que llevaba por título Almagestum Novum.

Esta obra es considerada por la crítica historiográfica

como una de las obras más importantes que reflejan

cómo la Compañía de Jesús asimiló las novedades celestes

que se habían ido produciendo

a lo largo de la primera mitad del siglo XVII.

Si bien, la Compañía de Jesús,

continuó manteniendo el principio de centralidad de la Tierra.

En el cuarto libro del Almagestum Novum

aparecen dos esplendidos grabados,

relizados y dibujados por el discípulo de Riccioli,

llamado Francesco Maria Grimaldi, de la superficie lunar;

el primero de ellos ofrece una visión más panorámica de la Luna

y de sus fases.

En el segundo de estos grabados es donde encontramos

la exhaustiva labor de nomenclatura, desarrollada por el jesuita,

de los distintos accidentes de la topografía lunar.

Riccioli utilizó un método similar al de Van Langren;

de hecho, en buena medida, se valió de algunos de los nombres

que había utilizado el cosmógrafo belga unos años antes,

en el primer mapa de la Luna, pero, a diferencia de él,

la organización de estos nombres en su mapa lunar

fue bastante más sistemática,

organizándolos por periodos, por escuelas filosóficas, etc.

Tanto éxito tuvo este mapa lunar que hasta prácticamente el año 1800

la mayor parte de las selenografías que se publicaron

con posterioridad a la de Riccioli,

se valían de la toponimia utilizada por el jesuita.

En el siglo XIX, el método científico estaba ya muy asentado.

Los artistas, los escritores, los científicos,

empezaban a soñar con la posibilidad de viajar a la Luna.

En el siglo XIX comenzó a utilizarse la fotografía,

empezó a aplicarse también a estudios científicos,

pero todavía no tenía la suficiente calidad como para...

aplicarse a estudios astronómicos como la Luna, por ejemplo.

Hubo dos científicos británicos: James Carpenter y James Nasmyth,

que en el siglo XIX publicaron un libro dedicado a la Luna, en 1874.

Quisieron introducir dibujos, imágenes, del relieve de la Luna.

La fotografía no permitía obtener suficiente detalle.

Lo que hizo el propio Nasmyth

fue crear una serie de yesos, de escayolas,

reproduciendo el relieve de la Luna, con los cráteres, las montañas,

a partir de dibujos que los dos científicos hicieron

en base a numerosas observaciones

que hicieron de la Luna con telescopio,

donde se apreciaba con mucha más nitidez el relieve.

Estos moldes de yeso,

los fotografiaron desde distintos ángulos, con distintas iluminaciones,

y estas fotografías son las que incluyeron en el libro,

que, de hecho, parecen imágenes reales de la Luna.

Imaginaron, además,

cómo serían las sensaciones de alguien que viajara a la Luna.

La ausencia de sonido por la falta de aire, la dificultad para respirar,

los contrastes de luces y de colores

debido a la distinta composición del relieve.

Imaginaron cómo sería la experiencia de viajar a la Luna.

A finales del siglo XIX llegaría el cine, con los hermanos Lumière,

pero fue Georges Méliès el que hizo realidad los sueños,

lo llevó al cine.

Georges Méliès empezó siendo mago

y quiso incorporar la fantasia de la magia en el cine.

Una de las películas que realizó fue "El viaje a la luna",

inspirada en la obra de Julio Verne;

fue una inspiración libre,

inspirada en la novela de Julio Verne,

donde un grupo muy loco de astrónomos,

dirigidos por el propio Georges Méliès, que actúa en la película,

hacen un viaje a la Luna.

Corren todo tipo de aventuras, observan el Universo desde la Luna,

observan la Tierra, Saturno, etc., es una película llena de fantasia.

Ya en la época contemporánea y, sobre todo, a mediados del siglo XX,

con la carrera espacial,

los artistas se han inspirado muchísimo

con todos los avances que han representado

las misiones a otros planetas, a otros mundos.

Un ejemplo, es el artista chino Cai Guo-Qiang.

Una de sus obras está inspirada

en imágenes tomadas por una de las misiones

durante el programa Apolo de la década de 1960, de la NASA,

para explorar la Luna y observar la Tierra desde el espacio.

En esta obra, es un proyecto que propone

para generaciones futuras de la humanidad,

se aprecia la Tierra en la distancia,

en primer plano la Luna,

que es inspirada en una de estas imágenes tomadas por la misión Apolo.

Lo que está proponiendo es...

una observación de un espectáculo de pólvora instalado en la Luna,

con una hilera de fusibles y de pólvora

que sigue la forma de la muralla china;

propone hacerlo estallar durante una noche de eclipse de Luna,

para que generaciones futuras puedan observarlo desde la Tierra.

Es un proyecto para la humanidad, donde el artista propone...

una iniciativa que conecte al ser humano con el Cosmos;

busca, Cai Guo-Qiang, lo que el ser humano ha buscado desde siempre,

la unión espiritual entre el ser humano y el Cosmos.

Ricardo Mairal Usón ha sido elegido rector de la UNED.

El acto de toma de posesión se llevó a cabo en el salón de actos

del edificio de Humanidades de la UNED el 20 de diciembre.

Pedro Duque Duque,

ministro de Ciencia, Innovación y Universidades presidió el acto.

Estoy encantado de darle continuidad a la UNED, después de...

los magníficos rectores que anteriormente hemos tenido,

pues volvemos a tener un magnífico rector, elegido...

por todo el mundo, como es de ley.

Realmente estamos muy de acuerdo con la elección que se ha producido,

creo que tenemos una nueva etapa

en la que realmente tenemos que trabajar mucho, porque...

la universidad pública a distancia recupere y, desde luego,

incremente su posición de liderazgo en las enseñanzas a distancia...

en España y en todo el mundo de habla hispana.

Para mí hoy es un día muy emotivo, con un gran significado,

porque no puedo pensar en mayor honor para un académico

que dirigir su institución.

Asumo este reto con una enorme ilusión,

con una gran satisfacción, que considero un privilegio,

por poder defender los intereses de la universidad en la que creo.

El objetivo fundamental es llevar y conducir a la institución

hacia el escenario donde yo creo que debe estar,

que es un escenario donde se dirimen

gran parte de las políticas educativas.

Lo que supone iniciar una serie de proyectos como, por ejemplo,

la renovación tecnológica, el renovar la oferta académica,

que esté de acuerdo a las exigencias de la sociedad del conocimiento,

potenciar nuestra investigación

y desarrollar y fortalecer nuestra presencia internacional.

Estos son algunos de los muchos proyectos que tenemos,

que aspiran a colocar en una posición privilegiada,

de liderazgo y de vanguardia,

a nuestra institución de aquí a los próximos cuatro años.

Acompañaron también al rector, en la mesa presidencial:

Alejandro Tiana Ferrer, rector precedente de la UNED,

actual secretario de Estado de Educación...

Almudena Rodríguez Moya, secretaria general de la UNED,

y Dolores Sáenz de Cenzano Ureña, secretaria del Consejo Social.

A continuación,

se procedió a entregar los premios del Consejo Social de la UNED.

Unos premios que reconocen y premian el esfuerzo,

la excelencia y el buen hacer de docentes,

alumnos, personal de administración y servicios,

centros asociados y centros de la UNED en el extranjero.

Es un día del año que es...

especialmente importante por muchas razones.

Por el reconocimiento que supone, desde el Consejo Social,

que es el órgano, recordemos, que vela precisamente...

por esa conexión entre la universidad y la sociedad,

supone el reconocimiento a muchos investigadores, a muchos profesores,

a muchos personal de administración y servicios,

que están aquí en Madrid, que están en los centros asociados,

y que, con su trabajo, nos están permitiendo aportar ideas

a este gran proyecto que es nuestra universidad.

Trabajos que abordan diferentes aspectos,

pero que todos son consustanciales

para el buen funcionamiento de nuestra universidad.

Una entrega de premios muy emotiva, ya que familiares y amigos...

acompañan a los premiados en un momento importante de sus vidas.

Este premio es el reconocimiento a un esfuerzo muy grande porque...

yo creo que como la mayoría de personas que estudiamos en la UNED,

lo estamos compaginando con otros estudios,

o con otro trabajo, con familia.

Entonces, es como el momento de decir

"mi esfuerzo tiene recompensa y es algo de agradecer".

Estoy muy ilusionado porque...

la UNED me ha dado este premio después de trabajar bastante,

incluso el poder traer aquí a gente de Cádiz,

de enseñarnos sus laboratorios,

los profesores de la UNED son geniales,

nos han estado todo el tiempo acogiendo,

siempre muy atentos con el correo electrónico,

en todo momento todo lo que necesitásemos.

La verdad es que la UNED me parece una universidad genial,

yo recomiendo a cualquier persona que...

tenga ilusión de estudiar un máster en Ciencia y Tecnología,

que opte por mirar primero aquí, en la UNED.

Estoy encantada con el premio,

es la primera vez que recibo un premio de este tipo

y, sobre todo, me emociona y me ilusiona

que se premia el esfuerzo, la dedicación,

la inversión de tiempo que hacemos los estudiantes

cuando nos metemos en un máster,

ya después de tener otros estudios universitarios.

El premio que me ha dado la UNED

me supone una satisfacción personal enorme,

porque es un reconocimiento oficial a un esfuerzo muy duro,

pues durante todo el curso académico

que por la UNED, muchas veces, es trabajando y estudiando a la vez,

es un sacrificio enorme.

Después de mucho esfuerzo estudiando,

de compaginarlo con estudios, con trabajo,

la UNED me ofreció la oportunidad de hacer una segunda carrera,

y después de toda esa ilusión de volver a empezar,

de empezar algo nuevo que me hacía mucha ilusión,

el recibir este premio es...

un pico más a esa ilusión y a ese esfuerzo,

y a esa motivación de estar buscando una salida y un futuro profesional,

dentro de lo que es la motivación de por sí de aprender algo

tan interesante como lo que yo hago.

Para mí el premio ha sido... lo he sentido con orgullo,

me ha hecho ver que el trabajo, que el esfuerzo se recompensa,

y seguir adelante con motivación y más esfuerzo.

El viernes 21 se produjo la toma de posesión

de la nueva secretaria general de la UNED, Rebeca de Juan Díaz,

y de los nuevos vicerrectores.

El acto tuvo lugar en el edificio

de la Facultad de Educación de la UNED.

Estoy muy satisfecho con el equipo de gobierno que he logrado reunir,

pues es lo que me va a permitir y a garantizar

responder a los compromisos que adquirí en la campaña electoral,

que no es otra cosa que dar ese salto hacia la modernización

que reclama nuestra universidad.

Es un equipo comprometido, un equipo con iniciativa,

un equipo que está absolutamente...

y va a estar absolutamente dedicado a cumplir ese gran proyecto

que es el proyecto de todos, el de nuestra universidad.

La verdad que esta etapa que comienza hoy,

con un gran equipo pero, sobre todo, con un equipo transversal,

con una política institucional clara,

en la que queremos que todos los vicerrectorados

trabajen conjuntamente para poder desarrollar

lo que realmente queremos implementar en esta universidad,

que es la modernización de la universidad,

yendo hacia la internacionalización

y con una clara política institucional de implementación

de agendas internacionales de los objetivos de desarrollo sostenible,

y en el que participe toda la comunidad universitaria.

Considero importante

esta introducción del Vicerrectorado de Economía,

en el que se pretende organizar los recursos,

tener una mayor colaboración con el Ministerio,

lograr un incremento de esos ingresos que consideramos tan importantes

y, también, no sólo la organización

de todos los recursos dentro de lo que vemos en la sede central,

sino, sobre todo, también, con los centros asociados,

pieza clave de esta universidad.

Un Vicerrectorado de Investigación existe en todas las universidades,

pero la novedad de este equipo es que hemos dado en cambiar el nombre

y meterle tres conceptos nuevos:

la investigación, la transferencia del conocimiento

y la divulgación científica.

El apoyo en nuestro empeño en la divulgación científica

y en lo que es la diplomacia científica,

va a ser el objetivo y el gran reto de este vicerrectorado

en esta nueva legislatura.

Es muy importante seguir potenciando la investigación,

pero despertar vocaciones en jóvenes investigadores

es aún mucho más importante.

Tenemos que transferirlas a las empresas,

tenemos que contar con empresas

que vengan a traer los recursos a esta universidad,

y eso va a ser otro de los objetivos fundamentales que vamos a tener

y por el que vamos a luchar toda la universidad,

y, desde luego, desde el Vicerrectorado de Investigación,

Transferencia del Conocimiento y Divulgación Científica,

van a tener todo nuestro apoyo para conseguirlo.

Una semana cargada de ilusiones, premios

y proyectos de futuro para nuestra universidad.

El término vocación me parece un poco genérico,

para mí es que, cuando eres joven, tienes cierta empatía con las cosas,

tienes cierta curiosidad, tienes ganas de cambio,

que las cosas cambien, que la sociedad cambie,

te sientes con mucha fuerza,

piensas que puedes hacer que haya menos injusticias sociales,

que haya una serie de cuestiones

que estás viendo de joven y que no te gustan.

Yo solamente recomendaría a la gente

que se va a dedicar al ejercicio profesional, que conozcan el derecho,

que sean generalistas, que conozcan todo el derecho,

y una vez que conocen todo el derecho, si una parte les gusta,

que se especialicen.

A veces, de alguna manera, se "abusa" de la vocación,

porque la gente tiene muchas ganas de ejercer,

muchas ganas de dedicarse a una profesión

y se prima más o se disminuye más,

la retribución económica con ese deseo de poder ejercer,

me refiero, por ejemplo, cuando uno termina la carrera,

no tiene medios económicos, no tiene clientela,

pues lo que menos mira es la retribución económica,

porque lo que más le interesa es tener un asunto, salir a aprender,

salir a tener su primer asunto, su primer juicio,

y no miras, muchas veces, el aspecto económico del ejercicio,

igual es un error, porque cada profesión

tiene que tener una retribución económica digna.

Yo terminé tarde la carrera,

estuve primero en la Autónoma y después estuve en la Complutense,

y trabajaba a la vez,

con lo cual prácticamente iba libre a los exámenes,

iba poco a la universidad, iba a los exámenes prácticamente,

y a algunas clases de algunos profesores

que veía que eran magistrales,

entonces algunas clases no me las perdía.

Cuando terminé la carrera,

pues la formación que tienes es prácticamente nula.

Hice un curso en la Escuela de Práctica Jurídica,

que lo recomiendo a la gente que quiera empezar en el ejercicio,

hice el curso general, el curso especial de penal,

y, luego, me inscribí al turno de oficio,

entonces, fundamentalmente, tengo clientes del turno de oficio,

que son la mayoría, y luego tengo clientes particulares,

evidentemente, los clientes particulares

son los que me permiten vivir.

El turno de oficio es lo que se llama la justicia gratuita,

el turno de oficio es un turno de abogados,

en el que las personas que no tienen recursos económicos,

para litigar o para defenderse,

por ejemplo, en penal, todos tienen derecho a un abogado,

con lo cual, si no te lo puedes pagar tú,

te nombran uno del turno de oficio,

si tienes un pleito civil, o quieres, por ejemplo, divorciarte,

si no tienes medios económicos, pides un abogado del turno de oficio,

y el abogado del turno de oficio te lo hace gratuitamente,

si tienes derecho a la justicia gratuita,

porque no tengas recursos económicos, y el Estado paga al abogado.

El problema que tiene esta profesión,

no es un problema es una realidad,

es que tienes que estar continuamente estudiando,

porque el Derecho cambia continuamente,

a parte que muchos de los cambios los promueven los propios abogados,

en sus alegaciones,

en los procedimientos legales en que intervienen,

promueven, un poco, esos cambios legislativos,

con lo cual el Derecho está completamente cambiando

y tienes que estar continuamente estudiando.

En 1492, durante el mandato de los Reyes Católicos,

con la toma de Granada,

finalizó el largo proceso de conquista de la península ibérica

que los reinos cristianos habían comenzado en el siglo VIII,

acabando con casi 700 años

de presencia islámica en este territorio.

El 2 de enero se produjo

la protocolaria entrega de llaves de la ciudad,

delante de la fortaleza de la Alhambra.

En ella, Boabdil reconocía la superioridad de Isabel y Fernando,

quienes se encargaron, desde entonces, de cristianizar la ciudad.

Esta entrega de llaves, así como la contienda bélica,

fue ilustrada en numerosas obras de arte.

La primera crónica visual del evento

la encontramos en los relieves

de la sillería del coro bajo de la catedral de Toledo,

obra de Rodrigo Alemán, donde, escena tras escena,

ilustra las distintas batallas vencidas

por los ejércitos cristianos,

con toda profusión de detalles y posturas,

sirviendo de modelo para otras composiciones posteriores,

incluso en el siglo XVIII.

Tras la conquista de la capital nazarí

se produce un doble fenómeno frente al islam:

por una parte, se tiene que convertir a los musulmanes

que vivían en territorio peninsular,

y, por otra, existe todavía la necesidad de reafirmar

el dominio hispánico en el Mediterráneo,

principalmente en las plazas norteafricanas,

idea que recoge el ideal de cruzada de origen medieval.

La primera de las tareas no fue fácil.

Se dieron distintos planes de evangelización,

más o menos pacíficos, para asimilar a la población islámica.

Hernando de Talavera, obispo de la recién creada diócesis,

intentó convertirlos a través de la negociación, sin imposiciones.

Su programa pronto fue detenido

y puesto en crisis por el Cardenal Cisneros,

confesor de la reina,

quien impuso una política mucho más agresiva,

que finalizó con una revuelta

de parte de los musulmanes residentes en el área granadina.

Cisneros mandó realizar una serie de bautismos forzosos.

Con ellos, los musulmanes se convertían en "moriscos",

término empleado para definir

a los nuevos conversos al cristianismo procedentes del islam.

Una vez sofocado el alzamiento, gran parte de estos moriscos fueron

o expulsados o reubicados en distintos lugares de la península,

como Valencia, donde esta conversión forzosa

se dio a cabo durante la batalla de las Germanías,

en la década de los años 20 del siglo XVI.

Una guerra que enfrentó a nobles y campesinos del lugar.

Tras este suceso, los moriscos son tratados,

por gran parte de los estamentos políticos y religiosos,

como un enemigo interno que debía controlarse,

pues podría tener contacto

con el imperio otomano o los piratas berberiscos

y poner, con ello, en serios problemas a la corona hispánica.

Los moriscos fueron tildados de quintacolumnistas

y, poco a poco, fueron siendo reprimidos

en su forma de vestir y costumbres,

elementos que sedujeron a los distintos viajeros

que llegaban a España, quienes entendieron la identidad morisca

como un elemento orientalizante

reminiscencia del pasado islámico del territorio.

Esta represión supuso nuevos enfrentamientos con los cristianos,

como sucedió en 1568 en la batalla de las Alpujarras,

donde Juan de Austria, hermano bastardo de Felipe II,

tuvo que intervenir para pacificar el territorio.

Tras ello, la imagen de los moriscos se vuelve todavía más nefanda,

precipitando la decisión de expulsarlos en 1609,

por el interés de Felipe III y su valido

de demostrar el poder cristiano,

unificar bajo un mismo credo toda la península ibérica,

justo en un momento de crisis política.

Esta expulsión fue plasmada por diversos artistas valencianos

por designio del propio rey,

e incluso Felipe IV realizó un concurso, que ganó Velázquez,

para ilustrar la polémica decisión

de su predecesor en el trono.

De dicho concurso,

sólo conservamos el bello boceto que Carducho realizara.

De modo paralelo,

la política expansionista de la monarquía hispánica

continuó con campañas en el norte de África.

En 1507, Cisneros comandó la conquista de Orán,

un punto estratégicamente muy importante

para el control del Mediterráneo.

El propio arzobispo se encargó de publicitar su victoria con...

un magnífico fresco en la capilla Mozárabe de la catedral de Toledo,

realizada por Juan de Borgoña.

Además, esta batalla estuvo presente en distintos retratos

de este prelado hasta el siglo XVIII.

En ella, se muestra la supremacía del cristianismo

frente al musulmán vencido.

Pocos años después, en 1535, Carlos V, ante la amenaza turca,

reactivó los combates en el norte de África

para demostrar su poder militar

y evitar los desembarcos en el sur de Italia,

territorio perteneciente a la corona hispánica.

La toma de Túnez, supuso la más sonada de sus victorias.

Ayudado por las tropas de Muley Hasan,

tomó este territorio y dio un golpe sobre la mesa

en su camino a convertirse en el Emperador de la cristiandad.

Nada más vencer,

realizó diversas entradas triunfales en el sur de Italia,

donde se creó un programa iconográfico

de glorificación del Emperador,

donde turcos y etíopes fueron representados de muy diversa índole,

mediante alegorías e imágenes de sumisión.

Otro aspecto muy importante del estudio de la imagen del otro,

sería analizar cómo fue representado en las escrituras efímeras.

En estos lienzos, en estas esculturas,

que fueron construidas para la llegada de un monarca a las ciudades,

para celebrar los desposorios de los reyes,

e incluso para conmemorar el fallecimiento

y glorificar la figura de este rey o reina que acaba de morir.

En estas obras podemos ver una imagen más cercana al pueblo.

Hay que tener en cuenta

que gran parte de las pinturas o tapices realizados para los palacios

eran vistos por una población muy reducida,

aquellos cercanos al monarca o al conde o al duque,

mientras que las pinturas que decoraban este tipo de arquitecturas

eran más cercanas al pueblo que podía disfrutar de dichos eventos.

Esta importancia del público

tampoco está estudiada en el caso de la arquitectura efímera,

la imagen del otro.

¿Cómo se construye la alteridad para el pueblo?

¿Cómo se consume esa imagen efímera?

De esta contienda, poseemos una espléndida crónica visual:

los tapices basados en los dibujos realizados

por Jan Cornelisz Vermeyen en colaboración Pieter Coecke,

tejidos en Flandes por Willem de Pannemaker,

por designio de María de Hungría, entre 1548 y 1554,

con el beneplácito de su hermano, el emperador,

conservados actualmente por Patrimonio Nacional.

Los artistas que acudieron junto con Carlos V a Túnez,

muestran el fulgor de la batalla, no sin problemas de representación.

En ella, participaron musulmanes aliados,

parte de las tropas de Muley Hassan,

así como enemigos, principalmente turcos jenízaros.

Por ello, tuvieron que intentar distinguir mediante los vestidos

y las actitudes más o menos sangrientas y crueles,

a ambos grupos de musulmanes.

Esto no fue nada fácil,

y como expusiera Miguel Ángel de Bunes y Miguel Falomir,

tuvieron que realizar pequeñas modificaciones

de la propia historia, de lo que realmente sucedió,

con tal de distinguir a unos y otros:

el enemigo no era ya el musulmán, sino más bien el temible turco.

El éxito de esta obra fue tal que se realizaron diversas copias,

viajaron por toda la península para festividades regias

e incluso fueron a Inglaterra

para la boda de Felipe II con María Tudor en la catedral de Winchester,

aunque, finalmente, allí no fueron expuestas.

Durante el reinado de este rey citado

se produjo una de las batallas más famosas del mundo moderno:

la de Lepanto.

Que si bien no supuso un cambio

en el rumbo real de la política europea frente al islam,

sí que contó con una publicística de alto nivel,

por lo que supuso la unión de las flotas hispánicas

bajo el control de don Juan de Austria;

genovesas, capitaneadas por los Doria,

las venecianas de Sebastián Venier

y la de los Estados Pontificios, dirigidas por Marco Antonio Colonna.

Bajo el nombre de la Liga Santa

se luchó frente a un enemigo común: el Turco, como imagen de infiel...

que quería acabar con la supremacía europea del Mediterráneo.

Poseemos diversas manifestaciones visuales de esta batalla,

principalmente realizadas por artistas italianos,

quienes exaltaron las victorias de la Santa Liga

e intentan mostrar de un modo, más o menos alegórico,

el poder de las tropas aliadas frente al turco

y la sumisión de los otomanos.

Esta imagen victoriosa se difunde por todo el Mediterráneo,

principalmente en Génova,

uno de los enclaves estratégicos más importantes.

Una de las construcciones

que mejor ejemplifica la victoria de la Liga Santa contra los turcos

es el Palacio del Príncipe,

gracias al patronazgo de los Doria en Génova.

En dicho palacio, además,

vivieron temporalmente distintos nobles españoles,

quienes, admirados por su belleza,

intentaron trasladar a sus lugares de origen

la iconografía anti-islámica.

Este palacio tuvo una importante repercusión en España,

pues don Álvaro de Bazán, Caballero de Santiago

y almirante de las flotas españolas que combatieron en Lepanto,

que habitó en él, intentó recrearlo, en menor escala,

en su villa de la ciudad de Viso del Marqués.

Para ello encargó todo un programa iconográfico donde,

entre distintas efigies de turcos,

aparecían representadas las ciudades que fueron conquistadas

por las tropas españolas.

El conjunto fue realizado

por artistas italianos de la familia Peroli.

Volviendo a Italia, en los Estados Pontificios,

Lepanto también tuvo una amplia repercusión

en la creación de la iconografía de los enemigos.

Se produjo un fenómeno muy curioso,

el judío, hasta entonces máximo enemigo de la fe,

comenzó a ser sustituido por los turcos.

Este asunto en España es mucho menos usual.

Bien es cierto que poseemos diversas escenas de martirio

donde los musulmanes asumen el rol de los judíos,

pero se tiene bastante cuidado en su elección,

debido a la alta población de origen morisco

que podría insurreccionarse

ante una iconografía netamente anti-islámica.

Con el paso de los años,

una vez expulsados estos conversos musulmanes,

tras firmarse distintas treguas y debido a la gran crisis

que sufrió la monarquía de los Austrias en sus últimos años,

la imagen del turco deja de ocupar un lugar preponderante

en la iconografía regia, quedando relegada, principalmente,

a las figuras de Santiago Matamoros

y a las manifestaciones efímeras y festividades locales.

Fue entonces, en los primeros años del siglo XVIII,

al comenzar la guerra de sucesión española,

cuando Portugal aspiró, bajo el reinado de Pedro II (1683-1706),

a ocupar un lugar preeminente

en el tablero geopolítico de la Europa del sur y, con ello,

a autoerigirse como estandartes de la lucha ante el infiel.

Un nuevo proceso de crecimiento se inició en 1690

con el descubrimiento de oro en la región de Minas Gerais,

aprovechándose, ahora,

de la nueva riqueza minera del interior de Brasil.

Pero fue fundamentalmente durante el reinado de su hijo,

Juan V (1706-1750),

cuando se hicieron los más importantes avances

en materia diplomática ante la Santa Sede

y las rentas de la Corona se emplearon fastuosamente

en hacer de Lisboa "una nueva Roma".

Esta política cultural,

atrajo alguno de los mejores artistas italianos del momento,

como Filippo Juvarra o Domenico Dupra,

al igual que franceses y españoles.

Todos ellos se encargaron de difundir esta idea

de un estado preocupado por el control de los mares

y de defender el cristianismo ante sus enemigos,

para reafirmar su preponderancia

frente a otros países que históricamente lo habían hecho.

En realidad prestar atención a la propaganda bélica,

más o menos explícita, en el contexto ibérico,

en las circunstancias de la guerra de religión,

incluso, a principios del siglo XVIII,

es enormemente interesante a la hora de buscar imágenes del islam,

en esas circunstancias en las que Portugal emerge

como potencia militar,

en el momento en que el imperio español

todavía se está lamiendo las heridas después de la guerra de sucesión.

Portugal desarrolla, a principios del siglo XVIII,

coincidiendo fundamentalmente con el reinado de João V,

una intensa actividad diplomática en Roma,

destinada a hacer visible, en la vida política y cultural,

los intereses del reino.

En este sentido, se produce un momento álgido de especial interés,

entre 1716 y 1717,

coincidiendo con la batalla en el Cabo Matapán contra la armada turca,

en la que interviene Portugal

dando apoyo a las flotas cristianas reunidas por Clemente XI,

y es en estas circunstancias en las que se lleva a cabo

una serie de carruajes para una entrada triunfal,

la del Marquess of Fontes, en abril de 1716,

y de las cuales se conservan los tres coches principales,

que tienen unas interesantes imágenes

que nos permiten estudiar esta alteridad religiosa,

en concreto, la imagen del turco y del moro.

Con esto vemos una migración del foco principal

de la creación de la iconografía del musulmán y turco

en la península ibérica y en el Mediterráneo.

De la primera amplia producción creada con Cisneros,

Carlos V y Felipe II,

poco a poco, esta política visual

de representación del musulmán enemigo,

deja de ser capital en la iconografía regiopolítica,

mientras que Portugal toma un lugar preponderante.

En resumen, es importante constatar

que la vida política y militar mediterránea

estuvo marcada con las relaciones con los turcos

y los musulmanes norteafricanos.

Los artistas se encargaron de plasmar visualmente estas contiendas

y de difundir un odio hacia el enemigo,

de crear una propaganda triunfalista.

Lejos quedaban las cruzadas medievales,

pero su recuerdo se mantuvo

a través de estas guerras de religión en la edad moderna,

unas guerras donde la imagen tuvo un valor fundamental

como crónica y difusión de las victorias cristianas.

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UNED - 18/01/19

18 ene 2019

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