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Para todos los públicos Últimas preguntas - La sabiduría de los años - ver ahora
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(Música)

Hola, amigos, buenos días.

¿Han visto que ambiente tenemos hoy en el estudio?

Estamos en víspera de la Navidad y lo vamos a celebrar

como nos gusta, en familia.

Y lo vamos a celebrar también captando una sugerencia

que el papa Francisco ha insistido mucho.

¿Lo más reciente? Pues en el sínodo que celebraba el pasado octubre

con los obispos.

Un sínodo sobre los jóvenes y en el que también se hablaba

del encuentro entre generaciones.

Precisamente de ese encuentro entre generaciones

tiene que ver este libro,

un libro que es iniciativa del propio papa Francisco.

Se llama "La sabiduría de los años"

y está firmado por el Papa Francisco y amigos.

Están hoy aquí, con nosotros, dos de esos amigos.

Jesús Landáburu, muy buenos días. Hola, buenos días.

Miguel Boronat, buenos días. Muy buenos días.

Gracias por estar con nosotros,

porque el Papa lo que ha querido es que personas mayores

de todo el mundo, cuenten alguna experiencia de su vida

y la compartan con los más jóvenes.

Y por parte de España, ha habido cuatro personas

y dos de ellos son quienes hoy nos acompañan.

Me imagino... Seguro que Jesús Landáburu,

seguro que muchas personas le van a ubicar

como jugador del Atlético de Madrid,

del Real Valladolid también. Sí.

Seguro que ya le tienen más que ubicado.

Y Miguel Boronat,

que ha dedicado toda su vida profesional a la psiquiatría, ¿no?

Sí. Bueno, muchas cosas que contar.

¿Qué pasó cuando a ustedes de pronto les dicen

que van a escribir un libro que ha pedido el papa

o van a participar en un libro que ha pedido el papa?

Bueno, la primera impresión

fue en los inicios del proyecto,

y todavía era una cosa así, difusa,

no se sabía muy bien en qué iba a consistir.

Pero, teniendo como referencia el libro anterior,

que hicieron... de los niños que escribían una carta al Papa,

pues más o menos me ubicaba,

y me hacía una idea de qué iba el proyecto

y me parecía algo muy bonito,

interesante y me sentía con muchas ganas de participar

y colaborar de él.

Y esa participación

en la que cada persona habla de alguna historia

o cuestión que le ha pasado su vida.

Usted habla del trabajo, la fortaleza,

incluso cuando las cosas no salen bien.

A veces se nos olvida que hay que seguir.

Sí. Cuéntenos un poco.

Cuando el viento nos da de cara, es más difícil navegar.

Lo que yo cuento en el libro fue

mi experiencia como futbolista,

algo que me pasó en mis tiempos cuando jugaba en el Barça,

que pasé de ser titular

y jugar todos los domingos una temporada,

a, de repente, no contar para nada con el nuevo entrenador.

Entonces, mi reacción fue

la de "que se fastidie mi capitán, que ahora no ceno".

Y, entonces, pues, nada, entrenaba con desgana y...

estaba desmotivado,

y al final eso sirvió para darle la razón al entrenador

y que no jugara.

Unos años después, me pasó algo muy parecido

en el Atlético de Madrid.

Acabé una temporada muy buena,

cambiamos de entrenador para la temporada siguiente y...

Igual, no iba ni convocado.

Pero ya era un poco más mayor, tenía más experiencia,

más maduro, y entonces lo que hice fue todo lo contrario,

entrenar más,

entrenaba por mi cuenta cuando el equipo viajaba y yo no,

pues yo me iba a entrenar solo y demás.

Enseguida me puse en forma

y acabé jugando y siendo titular otra vez.

Eso yo me imagino que, claro, en ese caso era como futbolista,

pero en todos los órdenes de la vida, imagino que es algo,

y por eso ha elegido usted esa experiencia, Jesús,

que quiere transmitir, por ejemplo, a sus nietos.

Aunque las cosas no vengan bien dadas

o parezca que no vienen bien dadas...

Hay que seguir ahí. Sí, sí.

Además, eso sirve...

El ser capaz de superar un fracaso,

sirve para alimentarte y te da fuerza

y te hace enfrentarte a otras situaciones

con más fuerza y energía.

Has vivido una experiencia que ha resultado positiva

y que te ha salido bien y eso te ayuda luego.

¿Y el papa que le dijo?

Porque ellos cuentan su experiencia,

pero luego el papa continúa ese diálogo.

¿Qué le dijo el papa?

Sí, bueno, el Papa contesta de una manera muy cariñosa,

muy entrañable que, bueno,

es una experiencia muy humana, el fracaso.

Y que hay que enfrentarse a él sin lloriquear

y encararlo.

Él además añade

que el cristianismo se basa en un fracaso,

la muerte en la cruz

y luego la gloria de la resurrección,

pero, en principio, se basa en un fracaso.

La experiencia de Miguel tiene que ver con la muerte

y con la providencia. Cuéntenos un poquito.

Bueno, sí, con la muerte,

porque esto me ocurría a mí cuando mi padre estaba muriéndose,

murió relativamente joven, y al lado de su cama,

me quedaba algún día sin ir a clase, a la facultad.

Me queda con él charlando y me dijo eso un día,

habló de que se iba a morir pronto,

que no tuviéramos ningún miedo porque había tenido la ocasión

de vivir la resurrección ya.

Y entonces, bueno...

"¿Qué me dices?", fue un poco mi duda.

Y dice: "Sí, porque visto esto, ¿no?

Que yo voy a estar con vosotros,

os voy a ver, os veo y es una gozada.

Entonces no os preocupéis".

¿Cómo se queda un hijo ante esas palabras?

Pues mal no, mal no.

Yo me quedé...

Probablemente muy esperanzado, muy rico, muy confuso.

Pregunté a toda la gente de mi entorno: "Oye, ¿y esto?".

Dos jesuitas que venían por casa,

que le habían dado la extremaunción 15 días antes,

tuvimos una ceremonia en casa grande.

Nos juntamos, somos 13 hermanos, entonces...

con todos los nietos y...

Nos juntamos 50 personas en casa para la extremaunción.

Y hablándolo con ellos, decía: "Oye, ¿y esto cómo lo veis?".

Bueno, confuso, pero realmente ilusionado y esperanzado,

un poco...

Mi padre siempre, el encuentro entre mis padres,

lo que yo les oía decir es, a mi madre preocupada:

"Carmelo, que esto no sale".

Las cuentas...

Mi padre siempre diciendo:

"Dios proveerá, no te preocupes, Gloria".

Bueno, ese es un poco el...

Ahí he crecido yo,

en ese magma de Dios proveerá.

¿Un magma que quiere transmitir a sus nietos, por ejemplo?

Imagino que a los hijos sí que se les habla...

Pero con los más pequeños

que es lo que quiere provocar también el papa.

Sí, sin duda, lo que pasa es que no es fácil, no sé cómo,

pero sí que es verdad, de alguna manera,

como me dice el papa,

tengo la suerte de que me contesta también.

¿Qué le dice?

Bueno, que eso de "Dios proveerá" es tan bonito y tan grande,

que en definitiva lo que exige es un despojarse de todo.

Y esto sí que intento yo transmitirles.

No merece la pena nada, más que vivir en servicio, ¿no?

Vivir para los demás.

Vivir con los demás, sirviéndoles y echándoles una mano.

Esto es un poco lo que les intentó transmitir.

No les hablo de estas cosas del proveer o no proveer

ni de la providencia porque me parece que los niños

no tiene sentido, pero sí que vean que hay que ayudar,

que hay que estar pendiente del otro para echar una mano.

Esa es un poco la trasmisión que hacemos

yo, muy bien secundado por mi mujer.

Su mujer que está por aquí. Ya tantos, no cabíamos en el set,

pero sí que están por aquí junto con sus hijos.

¿Cómo es su papel de abuelos?

Aparte de quedarse con los niños cuando los papás no pueden,

de ir a recogerles al colegio, todas esas cosas que seguro

ustedes han hecho en alguna ocasión o en muchas.

Pero ese papel de abuelos, ¿cómo lo ven, Jesús, Miguel?

No sé.

Un poco...

Complicado porque...

Se dice que los abuelos,

lo que hacemos es disfrutar de los nietos

y que los eduquen los padres, pero, bueno,

también debemos de contribuir

en la medida de nuestras posibilidades.

Y a mí me resulta difícil, desde luego,

después de haberme criado,

por así decirlo, primero en un internado y luego,

en un equipo de fútbol, pues ver a los niños como niños.

Es curioso.

Y dejar que sean

de tres, de seis, de nueve años.

Eso es un poco complicado para mí.

Por eso, soy de otra generación.

Y porque la experiencia, claro,

fue otra totalmente distinta a la que están viviendo ellos.

Es curioso, claro. Un ambiente muy distinto.

Pero, bueno, ahí, Chusa, mi mujer,

tiene más mano que yo para ellos.

¿Y Miguel? Para mí no es fácil.

Tampoco. Es decir, no es fácil...

Yo soy poco niñero.

Bueno, disfruto mucho viéndoles, pero pasa una cosa:

yo ahora voy descubriendo y sí que quise cuando me jubilé,

dejé la psiquiatría, es decir...

Como que me daba cuenta o yo percibía

que yo era más psiquiatra que Miguel.

Y, claro,

quiero dejar de ser psiquiatra para empezar a ser Miguel,

esa es un poco la historia.

Porque, al final, con ese relato que yo cojo de mi padre,

él lo que dice, en un momento dado, que yo me quedo extrañado, dice:

"Me he sentido maduro por primera vez".

A mí me parece que la madurez

es esto que vamos intentando alcanzar ahora como abuelos,

no sé si ejerciendo bien o no, pero, en todo caso,

viviendo ese otro papel.

Es decir, yo creo que, al final, me preguntabas tú un día la muerte,

la muerte es la madurez.

La muerte es la madurez.

Cuando uno se hace maduro del todo, muere y se encuentra con Él.

Plenamente con uno mismo y plenamente con Dios,

desde el punto de vista cristiano.

A mí me parece que en ese sentido, la muerte es la madurez.

De igual la edad a la que llegues.

Pues uno madura a los cinco años y se ha muerto en accidente

o por enfermedad.

O madura a los 80 o a los 103,

que ahora tenemos muchos mayores de 100.

Bueno, no lo sé.

Entonces, mi pelea es esta, madurar, madurar.

Fíjense qué diálogo tan interesante

en apenas unos minutos

que hemos estado en el programa, porque tenemos otra sorpresa ahora.

Pero imagínense lo que puede dar de sí un libro como este, editado,

por cierto, de un modo precioso, por la editorial Mensajero.

Hay unas fotografías maravillosas.

De verdad que merece la pena,

por ejemplo, como regalo de Navidad,

se me ocurre, este libro, "La sabiduría de los años".

Puede ser, incluso, un regalo familiar,

para disfrutar y para que se produzca

ese encuentro que estamos diciendo entre distintas generaciones.

Los niños están impacientes porque saben lo que viene ahora.

Yo creo que están un poquito impacientes,

así que vamos a pasar a eso,

que es esa sorpresa que teníamos preparada.

Estamos a punto de comenzar la Navidad y, bueno,

habrá que ir preparando el portal de Belén,

¿falta alguien, están todos? Vamos a verlo.

Yo les doy las gracias a Jesús y a Miguel,

gracias, de verdad, por haber estado con nosotros.

Nos vamos todos, ¿os pasáis allí a escuchar un cuento

que nos va a contar Carmen Sara Floriano?

¿Sí? Pues, venga, adelante, todos para allá.

Gracias.

La historia que os voy a contar se llama "Re-cuento en el portal"

y sucedió hace mucho tiempo,

una noche de invierno en la que hacía mucho frío.

El pobre buey Rodrigo estaba muy pero que muy sofocado.

"Esto es un desastre, ¡un verdadero desastre!

No puede ser, no puede ser.

Venga, todo el mundo en fila, vamos a empezarlo otra vez".

El perro guardián,

Canelo, lo miraba desde lejos y le preguntaba a la mula Margarita:

"Oye, ¿tú sabes qué le pasa al buey Rodrigo?

-No lo sé.

Pero es que, desde que ha llegado el nuevo,

no para de decir que tenemos que contarnos.

-¿Qué tenemos que contarnos?

¿Y para qué quiere que nos contemos?

-Pues no tengo ni idea".

El buen Rodrigo seguía sofocado.

Y, entonces,

Canelo miro allá, hacia lo lejos, que estaba el recién llegado,

era un burrito, ¿queréis verlo?

Se llamaba Lanudo.

El burrito Lanudo se presentó, acababa de llegar al portal.

La mula Margarita asomó el hocico y miró un poco más para allá:

"Oye, ¿y esos dos que están ahí?

¿Esos quiénes son?

-¡Ah!

Esos son María y José".

-Como yo. -Como tú.

"Que han venido, los he traído desde Nazaret

y hemos hecho un viaje muy largo por el desierto.

La mula Margarita miró a María,

que tenía una barriga gorda, gorda, gorda.

"Pobrecita María, ¿qué le pasa?

¿Está enferma?

-No".

¿Sabéis qué le pasaba a María?

Que estaba esperando un bebé.

Además, por lo gordota que tenía la barriga,

Lanudo le dijo: "Yo creo que el bebé va a nacer aquí".

"¡Ah!

Pero ¿cómo?", dijo la mula Margarita.

Y miró alrededor.

"Pero si en este establo,

no hay camas ni mantas ni agua caliente

ni mesas ni cenas ni nada".

"Ya lo sé", dijo Lanudo.

"Pero es que hemos ido preguntando por todas las posadas de Belén

y no había sitio en ningún lado.

Como ha venido tanta gente para el censo".

"¿Cómo?", preguntó Canelo.

"¿Para el censo? ¿Eso qué es?

-Pues el censo es,

es una lista

en la que tienen que apuntarse todos los habitantes de un lugar

y contarse y así saber cuántos son".

En ese momento, asomó el hocico el buey Rodrigo:

"¿Veis? Lo sabía.

Tenía yo razón, que tenemos que contarnos.

¡Menos mal que estoy yo aquí

para poner orden entre tanto desastre!

Vamos, los animales de todo el portal, pónganse en fila,

que voy a empezar a contar".

Los animalitos empezaron a colocarse uno detrás de otros.

"¡Shhh, oye, oye, oye!

¡Que nos estáis pisando!", gritaban las hormigas.

"¡Pues quitaos de en medio,

que nosotras hemos llegado primero!",

protestaron las ovejas.

"No, no, los primeros hemos sido nosotros", dijeron los ratones.

"Pero nos habéis quitado el sitio cuando habéis llegado vosotras.

-No, no, es que cuando ha llegado el gato,

vosotras habéis salido corriendo".

"Shhh, a mí no me echéis la culpa", dijo el gato.

"Que yo estoy aquí porque me han llamado.

-Bueno, como a todos".

"¡Ya está bien!", dijo el buey Rodrigo.

"Silencio.

Por el poder que a mí mismo me otorga,

a las once y siete minutos de la noche,

doy comienzo al recuento en el portal.

Empezamos con las ovejas.

A ver las ovejas". Por allí tenéis cara de ovejita.

"A ver, una oveja, dos ovejas, tres ovejas y cuatro ovejas.

Hay cuatro ovejas en el portal", contó el buey Rodrigo.

"Ahora seguimos con el gato.

¡El gato!

Hay cuatro ovejas y un gato, mira qué fácil".

Ahora les tocaba el turno a las hormigas.

Tú eres el gato, María, pero mira lo que viene por ahí.

¡Un montón de hormigas!

"Incorrecto",

dijo la primera hormiga de toda la filita.

"Somos exactamente seis montones y medio.

-Pues mira qué bien, ya no tenemos que contarlas".

Ya tenemos... ¿Cuántas eran, Lucía?

Cuatro ovejas, un gato y seis montones y medio de hormigas.

Y así fueron pasando uno detrás de otro,

todos los animales del portal:

las gallinas, los cochinos, la vaca.

Hasta que ya el buey Rodrigo los contó a todos y, por último,

contó a la mula Margarita, al perro Canelo y a sí mismo.

"Pues qué bien, por fin, ya estamos todos".

En ese momento, se asomó tímidamente el burrito Lanudo,

colocó su pezuña así y, mirando al buey Rodrigo dijo:

"Todos no, ¿o es que a mí no me vas a contar?".

¿Qué hacemos, lo contamos?

"Bueno, vale", dijo el buen Rodrigo.

"Contaremos al burrito Lanudo también.

Ahora, ahora ya sí, ahora ya sí estamos todos".

Pero el burrito Lanudo se volvió a acercar,

colocó su pezuña y miró al buey Rodrigo.

"Todos no,

¿o es que a María y a José no los vas a contar?".

¿Qué hacemos, los contamos? (TODOS) Sí.

"Bueno, está bien, contaré también a María y a José.

Venga, ahora, ahora ya sí estamos todos".

En ese momento, sonó el llanto de un bebé.

El burrito Lanudo se acercó y volvió a decirle...

"Todos no".

¡Había nacido el niño de María y José!

La mula Margarita se acercó y todos los animalitos a verle.

"¡Pero qué niño más bonito nos ha nacido!".

¿Lo contamos a él también? (TODOS) ¡Sí!

"Bueno", dijo el buey Rodrigo.

"Pues contaremos al niño también.

Ahora ya sí estamos todos.

Por el poder que a mí mismo me otorgo,

a las doce y un minuto de la noche,

doy por finalizado el recuento en el portal".

Pero no acababa de decir la frase el buey Rodrigo,

cuando por el portal,

empezaron a llegar pastores y pastoras y ovejas y cabras,

todos con leche, galletitas y mantequilla

para dar de comer al niño.

El buey Rodrigo se sofocó mucho:

"¡Que no, que no, que no podéis pasar!

Que ya hemos terminado el recuento".

Pero nadie le escuchaba.

"Bueno, pues vale, pues os voy a contar.

Pero, venga, por favor, todo el mundo en fila, silencio".

¿Creéis que alguien le hacía caso al buey Rodrigo?

No.

Porque todos estaban de fiesta.

Entre el baile, el cante, con las panderetas,

los villancicos y las zambombas.

El niño Jesús que, de lejos estaba viendo al buey Rodrigo,

le hizo un guiño y le llamó.

Cuando ya lo tuvo cerca, le dijo algo,

algo así, algo que tendrían que escuchar

todos los presidentes de todos los países:

"No te agobies, buey Rodrigo, no importa cuántos seamos.

Aquí hay sitio para todos, aunque estemos apretados,

la Tierra es una sola casa con todas sus puertas abiertas,

donde no existen cerrojos ni muros en las fronteras".

Y así pasaron la noche, todos con la fiesta,

el baile y el cante en el portal.

Y hubo sitio para todos,

solo tuvieron que apretarse un poquito más.

Y colorín, colorete,

por la chimenea se escapa un cohete.

¿Preparadas?

¡Y fuerte, fuerte, pum!

Pues feliz Navidad. -Feliz Navidad.

-Lanzamos besitos.

Y nos damos un aplauso, que lo hemos hecho muy bien.

Bien, amigos, así despedimos este programa especial

que hoy hemos disfrutado aquí, en familia.

Gracias, Carmen Sara Floriano,

por ese cuento tan maravilloso que has compartido con nosotros.

Y nosotros, no nos queda más que desearles

que tengan una muy feliz Navidad

y que aprovechemos todos un poco lo que decíamos al comienzo.

Estos días,

que vamos a tener oportunidad quizá de estar más con la familia,

aprovecharnos de esa sabiduría de los años,

en Navidad y siempre.

Gracias, de verdad, por haberlo compartido con nosotros

y, si lo desean, nos encontramos el próximo domingo aquí,

en "Últimas preguntas". Feliz Navidad.

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Últimas preguntas - La sabiduría de los años

23 dic 2018

En la víspera de la Nochebuena nos acompañan Jesús Landáburu y Miguel Boronat, que han participado en el libro "La sabiduría de los años", en diálogo con el Papa Francisco. Carmen Sara Floriano compartirá con los más pequeños un precioso cuento de Navidad.

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